Hola! Muchas gracias a todos los que enviaron reviews para el capítulo pasado, por favor continúen, sus comentarios me llenan de felicidad y de inspiración~
Como prometí, hoy les traigo el segundo capítulo. ¡Disfruten!
Disclaimer: No, todavía no soy Thomas Astruc.
Acorralada
-Oye, Alya, ¿tu teléfono tiene recepción? –preguntaba la pelinegra, dando una mordida a su sándwich.
-No, sería un milagro si lo tuviera. ¿Por qué? –respondió la aludida, mostrando la pantalla de su celular para probar su punto.
-Pues, si nos quedamos atoradas tan lejos de la ciudad, sería un gran alivio poder contactar a Jalil para que nos mande un taxi o algo por el estilo. –dijo Marinette, dando un vistazo a su alrededor por vigésima vez. – Es una lástima que se haya enfermado, él se veía tan emocionado por venir.
-Podrías haberte quedado en el hotel a hacerle compañía. –comentó la reportera, con una sonrisa pícara y las cejas alzadas sugestivamente.
-¡Alya! –exclamó con enojo la pelinegra, casi atorándose con la comida – Jalil debe ser como diez años mayor que yo, está casado, y no me gusta en lo absoluto.
La morena dejó escapar una carcajada, para la irritación de su amiga. Algunas cosas nunca cambiarían.
-Además, seguro que él preferiría tu compañía, para consternación de Nino. – comentó Marinette, observando cómo los ojos de su amiga se abrían como platos ante la mención de su enamorado.
-Oh no, señorita, con esas cosas no se juega. – la reprendió Alya, un tanto sonrojada, antes de tomar un largo trago de agua de la botella que llevaba en su bolso. - ¿Recuerdas que te conté de lo enojado que se puso cuando le dije que iba a viajar con Jalil y contigo? Estoy segura de que eran celos, y nada podrá convencerme de lo contrario.
Cuando ambas finalizaron sus almuerzos, volvieron a ponerse en camino a lo largo de la carretera. Ya eran más de las cuatro de la tarde, no faltaba mucho para que comenzara el atardecer, y Marinette en verdad no quería estar en medio de la nada cuando cayera la noche. Ya no poseía los poderes de Ladybug, los había perdido el día en que ella y Chat Noir habían descubierto la identidad de Hawk Moth, quien resultó ser Gabriel Agreste, y habían utilizado la magia purificadora de Tikki para limpiar el corazón del hombre de toda la oscuridad que llevaba adentro.
-No llores, Marinette, -le había dicho Tikki esa noche, en su habitación- debo irme para cuidar de Nooroo y asegurarme de que esté bien después de haber estado bajo influencia de la oscuridad por tanto tiempo, y además no es correcto que Plagg y yo permanezcamos activos sin necesidad, eso podría afectar el balance de este mundo.
La pequeña kwami había abrazado la mejilla de Marinette, quien tenía dieciséis años recién cumplidos en aquel entonces, antes de adentrarse en los zarcillos que la muchacha se había retirado y vuelto a guardar en la caja donde los había encontrado por primera vez. Al día siguiente, los llevó donde el maestro Fu, quien la miró con orgullo y le prometió que cuidaría muy bien de su kwami, el de Chat Noir, y el de Hawk Moth.
-Alya, en serio, regresemos a la ciudad. –dijo la pelinegra, por tercera vez, haciendo que su amiga la mirara con fastidio.
-Mari, ¿para qué insististe en venir? ¿Para no dejarme hacer mi investigación? –le espetó la morena, irritada.
-No, tonta, ¡para detenerte cuando te pasas de la raya! –insistió Marinette, aunque sabía que no era cierto. El principal motivo por el que había ido era por su imperiosa necesidad de reencontrarse con su vida como Ladybug, ya fuera en la forma de algún otro antiguo papiro o en la de Chat Noir, pero eso no se lo podía dejar saber a su amiga. – Escucha, sé que esto es importante para ti, pero ¿no te parece que estar solas en una carretera solitaria en medio de la noche es peligroso? No tenemos recepción, no podemos llamar a nadie en caso de emergencia, no conocemos el idioma, los celulares no tienen batería suficiente para funcionar como linternas toda la noche, ¡y no tenemos la más mínima idea de cuánto falta para llegar a esa cueva que buscas!
-¡Estoy segura de que falta poco! – exclamó Alya, señalando unos acantilados que se veían en la distancia, separados de la carretera por un largo trecho de tierra cubierto de pequeños arbustos xerófilos - ¡Creo que está allá adelante! Eso fue lo que dijo la testigo, dijo que el vigilante misterioso solía ser visto por esta zona, y en el museo de El Cairo nos dijeron que la cueva de dónde sacaron el pergamino que vimos en Paris está por aquí también. ¡No puede ser una coincidencia!
-Muy bien, te creo, Alya, pero no creo que sea una buena razón para arriesgar la vida de esta manera, cuando perfectamente podríamos regresar mañana en auto. –se quejó la diseñadora, cruzándose de brazos, ojeando con desconfianza los acantilados que su amiga había señalado. – Además, nos dijeron que hace meses que nadie va para esa cueva, ¿qué hacemos si hay delincuentes escondidos adentro? ¿O animales peligrosos?
-No lo entiendes, Marinette, ¡estamos demasiado cerca para retroceder ahora! –Insistió la reportera, cruzando sus brazos también, antes de darse la vuelta y reanudar la marcha, corriendo– Vuelve a la ciudad si quieres, yo iré a hacer mi trabajo.
-¡Bien! –dijo la pelinegra, dándose la vuelta y comenzando a caminar en dirección opuesta a la de Alya. Una lágrima amarga se escapó de su ojo, irritado por la arena, el sol, la terquedad de su amiga y su propia impotencia. Si ella todavía fuera Ladybug podría proteger a Alya y a sí misma contra cualquier cosa, y podrían volver cruzar la carretera rápidamente.
Había caminado durante dos minutos en dirección a la ciudad cuando la voz de su consciencia comenzó a reprenderla. ¿Querías volver a ser Ladybug, una heroína, capaz de salvar a una ciudad entera? ¿Entonces por qué dejaste que tu amiga se fuera sola a un lugar potencialmente peligroso?
Las heroínas no abandonan a sus amigas en carreteras solitarias en un país desconocido.
La chica suspiró, alzando la vista hacia el cielo, que ya comenzaba a adoptar un tinte amarillento, en preludio del atardecer.
-¿En qué me metí? –murmuró para sí misma, antes de dar media vuelta y comenzar a correr en busca de Alya. Sus músculos ardían de fatiga, su rostro parecía una fresa por su intenso color rojo, y sentía la garganta seca, los ojos irritados y la piel sudorosa, producto de un largo día completo caminando bajo el sol. Ya no tenía la fortaleza física que poseía cuando era Ladybug, pero no se había descuidado por completo, o de lo contrario no habría podido completar ni la mitad del trayecto que había recorrido ese día.
Cuando llegó hasta los acantilados que había visto antes, no había rastro de Alya por ninguna parte. Marinette trató de encontrar sus huellas, pero la tierra arenosa estaba demasiado compacta, por lo que los pies no dejaban marcas que resaltaran a simple vista, y ella no era experta buscando esa clase de cosas. Se encontraba frente a una pared de roca anaranjada que se elevaba alrededor de diez o quince metros por encima de su cabeza, en cuya parte superior parecían haber algunas plantas medio secas tratando de sobrevivir, que se extendía de forma ligeramente curvada por lo que parecían ser varios kilómetros tanto a la derecha como a la izquierda, y en la que no podía apreciarse ninguna abertura que asemejara una cueva desde el punto de vista de la chica.
-¡Alya! – gritó Marinette, su voz rebotando en la pared del acantilado y disipándose en el enorme cielo abierto, sin recibir respuesta. - ¡Alya! ¡¿Dónde estás?!
Un soplo de viento refrescó su piel y rompió ligeramente el silencio con su susurro, pero lejos de aliviarse, Marinette tragó en seco para tratar de combatir el nudo de su garganta. No podía desesperarse en ese momento, debía ser fuerte y encontrar a Alya, aunque sintiera que todos sus miedos anclaran sus pies al suelo y le impidieran moverse. Ladybug no podía darse el lujo de paralizarse o huir. Con una profunda inhalación, la chica decidió seguir la pared de roca hacia la derecha, pues parecía arquearse lejos de la carretera, y supuso que era donde había más probabilidad de que se hubiese formado una cueva.
Anduvo junto a la pared, la cual se curvaba suavemente, lejos de la carretera, hasta que dio con una esquina abrupta que al girarla, revelaba un desfiladero, completamente oculto de la vista desde la carretera, que parecía perderse en el interior de la roca. Tras meditar un momento, la chica concluyó que si Alya lo hubiese visto, seguro habría entrado en él, por lo que decidió hacer lo mismo, mientras llamaba el nombre de su amiga. Sólo el eco de su propia voz le respondió. El desfiladero describía un camino sinuoso que se estrechaba cada vez más, hasta que finalizó en lo que parecía ser la entrada de una cueva. Marinette se quedó paralizada, boquiabierta, observando la oscura abertura por donde apenas cabía una persona que además estaba obstruida con una cinta amarilla de advertencia, antes de percatarse de que en el suelo habían algunos objetos desperdigados: papel de periódico, una taza de metal, una caja de cartón desarmada, una lámpara de queroseno. Alguien, no sabía decir cuánto tiempo atrás, había estado allí, y ese alguien no era Alya, pues ella no traía ninguno de esos objetos.
Quizás esa cueva era un escondrijo de delincuentes, como ella había temido. O, quizás esos objetos los habían dejado atrás las personas que habían encontrado el pergamino que se hallaba en el museo Louvre.
-¿A-Alya? – llamó nuevamente, sin más respuesta que el eco de las paredes.
Miró con nerviosismo a su alrededor. El cielo ya tenía colores rosados, ya era muy tarde para pretender volver a la ciudad antes del anochecer. Si Alya no había encontrado la cueva todavía, no tardaría en hacerlo, pues cuando algo se metía en su cabeza, no se rendía hasta conseguirlo. ¿Cómo dejarle saber a Alya que ella se encontraba allí? Una idea llegó a su mente. Abrió su mochila y sacó su estuche de maquillaje, de donde extrajo un delineador líquido de ojos color azul que nunca había usado. Retrocedió hasta el nacimiento del desfiladero, donde pintó un pequeño gato y una mariquita, acompañados por una flecha que apuntaba hacia la cueva y una letra M. Ella esperaba que si Alya encontraba el desfiladero, vería esa señal e interpretaría que Marinette había hallado la cueva que podría tener pistas de Chat Noir y Ladybug. No era un mensaje muy explícito, pero esperaba que si algún delincuente pasaba por allí, no pensaría de inmediato que había una chica sola en la cueva.
Finalmente, armándose de valor, la muchacha sacó su celular y encendió la linterna, alumbrando la entrada de la cueva. Se percató de que parecía ser más ancha por dentro que por fuera, lo cual era un alivio, y con un respiro profundo se agachó por debajo de la cinta de advertencia y se adentró en ella. Se encontraba en un túnel oscuro, que serpenteaba por dentro de la tierra, y mostraba rastros de actividad humana por todas partes. Explorando rápidamente, encontró sillas plegables, una caja de fósforos, un envase de queroseno a medio vaciar, cuadernos y lápices, botellas plásticas transparentes, e incluso un saco de dormir. Se podía apreciar que algunas cosas eran bastante viejas, pues exhibían óxido y moho en sus superficies, pero otros parecían ser relativamente nuevos. Un poco más adelante encontró un papel protegido entre dos placas de vidrio atornillado a la pared de la cueva, en el cual había un dibujo que parecía representar un mapa de la cueva, con ciertas anotaciones principalmente en inglés y lo que ella suponía que era árabe. Daba la impresión de que habían querido acondicionar la cueva para ser un sitio turístico, pues algunos sitios estaban marcados con tinta roja, la cual se explicaba en la leyenda como "ruta de visitas". Sin embargo, era obvio que no lo habían logrado, y el lugar parecía más bien abandonado.
Observando el mapa, Marinette se percató de que había una cámara casi circular que estaba marcada como "excavación" en inglés, y otra de forma parecida que indicaba "biblioteca", sorprendentemente, en francés. Ambos sitios podrían haber sido donde habían encontrado el papiro del Louvre. Si Alya estaba en la cueva, entonces seguramente habría ido inmediatamente a explorar ambos lugares, así que la pelinegra planeaba hacer exactamente lo mismo. Sin embargo, la chica fue arrancada de sus pensamientos cuando escuchó el eco de algo de parecían ser pisadas que venían de la entrada de la cueva, no muy lejos de donde ella estaba.
-Miin hunak?* –sonó una voz masculina, en un tono que sugería una pregunta con cierto grado de enojo, pero Marinette no pudo entender ni una palabra. En la mente de la chica sólo había un pensamiento: "¡Criminales!". Sin preocuparse de mantener el sigilo, la diseñadora rompió a correr hacia el interior de la cueva, buscando ocultarse de quien fuera el dueño de esa voz.
Al eco de sus pisadas apresuradas pronto se le unió el de las pesadas zancadas del hombre, que parecía estarle dando persecución. Durante varios aterradores minutos, la chica olvidó por completo el dolor de sus músculos, la fatiga, el miedo a encontrar serpientes o escorpiones, y corrió como sólo lo había hecho casi ocho años atrás, cuando todavía era Ladybug y corría para salvar su vida y la de otros de algún akuma, pero esta vez se sentía prácticamente indefensa, como un ratón huyendo de un gato. Marinette se lanzó a la carrera a través de túneles y bifurcaciones, escogiendo el camino al azar, hasta que llegó a una cámara semicircular, parecida a las que había visto en el mapa, pero completamente vacía. Acorralada, a la chica apenas le dio tiempo de darse la vuelta antes de colisionar con el cuerpo de su perseguidor y caer.
-Khalass! –gritó el hombre, mientras se abalanzaba sobre ella, arrojándola al suelo y sujetándola firmemente para impedirle escapar.
Tras un segundo de confusión, Marinette asimiló su situación. Sus hombros estaban inmovilizados contra el suelo por un par de manos anchas, su cuerpo estaba atrapado debajo del de su perseguidor, y un par de ojos verdes extrañamente familiares taladraban su rostro en la oscuridad, enmarcados por desordenadas hebras de cabello rubio.
¡Listo el segundo capítulo!
* Aclaro que no conozco ni una palabra de árabe, y aun menos de la variante que hablan en Egipto, por lo que las frases que aparecen en este fanfic son producto de una rápida investigación por internet y el apoyo del traductor de Google. "Miin hunak?" supongo que significa algo como "¿Quién anda ahí?", y "Khalass!" algo como "¡Detente!". Si alguien conoce el idioma, por favor, siéntase libre de corregirme, me gustaría poder traerles un fanfic lo más preciso y acertado posible.
Nuevamente, muchas gracias por tomarse el tiempo de leer mi trabajo, déjenme un review para saber su opinión.
Hasta pronto~
