Odio

—Vamos muchacho, demuestra que no estás aquí por suerte—una voz seria salió del hombre, el retador miraba furioso como su pokemon más poderoso no nada la talla para enfrentar al As de la torre batalla. Había logrado vencer a todos sus contrincantes sin mucho esfuerzo para poder desafiar al dueño de la torre. Pero jamás se imagino que fuera tan fuerte, apenas había pasado 5 minutos y 5 de sus pokemon habían sido debilitados.

—Aun esto no acaba, ¡Salamance usa terremoto!—el gran dragón se impulso hacia arriba para dejar caer todo su cuerpo en el campo de batalla creando una poderosa onda de tierra que se dirigía rápidamente a su oponente.

—Chimhiko salta y termínalo con envite ígneo—el mono de fuego esquivo la onda sísmica para dirigirse envuelto en llamas al dragón. El retador miro incrédulo como su pokemon era arrojado al otro lado de la sala por un ataque que no era eficaz contra él. Se acerco rápidamente para comprobar el estado de su pokemon y ver que en un costado una gran mancha de quemadura había en el.

—Salamance no puede continuar. El as de batalla Pearl es el ganador—hablo una voz electrónica dentro de la habitación. Ambos entrenadores guardaron a sus respectivos pokemon dándose un apretón de manos en señal de respeto, Pearl le dio uno que otro consejo para mejorar el rendimiento de su equipo. Cuando vio que el último retador del día se había retirado soltó un suspiro de frustración y se encamino a su oficina.

Pearl había cambiado poco desde su niñez. El pelo lo usaba más largo, usaba guantes negros y una gabardina de color verde justo como su padre vestía para representar el puesto que ocupaba. Su semblante serio le da miedo a los retadores que día a día llegaban para intentar superar el frente batalla pero que se topaban con pared al llegar a su área. En cuanto entro colgó su gabardina en un perchero y se quedo mirando su escritorio por unos segundos cuando de la nada soltó un golpe lateral hacia la pared, dejando un gran agüero en esta. Arceus como odiaba este maldito empleo, lo había alejado de su esposa y de su hija y ¿para qué?, entrenadores mediocres que llegaban sin falta a toda hora creyéndose superiores y se iban furiosos cuando él les hacía ver la realidad. Odiaba su empleo pero no mas como el motivo que lo obligó a tomarlo. El motivo por el que le ha fallado a su hija en varias ocasiones, el motivo por el cual no podía dormir junto a su esposa en 3 largos años. El maldito apellido Berlitz.

Cuando se caso tuvo que tomar el apellido como propio. Ya que a pesar de que su padre era un entrenador de renombre, no bastaba con ello y simplemente los padres de ella decidieron que él debía llamarse Pearl Berlitz, para que su apellido y el prestigio que venía con este no quedaran en el olvidó. Al principio no tuvo ningún problema con ello, solamente era un apellido pero después de un tiempo se dio cuenta del verdadero peso que llevaba consigo. Cuando Platinum tuvo que marcharse para atender la cadena de hoteles de la familia. Por supuesto al principio se molestó pero recordó que no era culpa de ella y solamente cumplía con la obligación que tenia con su familia. Después de ello llego su padre diciendo que él debía heredar el puesto de As de batalla. Por supuesto se rehusó de inmediato, el solo pensar en el hecho de estar lejos de su hija lo molestaba de sobremanera pero luego su padre le dijo algo que lo condeno.

— ¿Crees que la familia de Platinum estará tranquila con que seas un simple entrenador o un comediante? Ellos están esperando que tú muestres que vales lo mismo que su heredera y este puesto es lo único que está a su altura—lamentablemente esas palabras eran completamente ciertas. Cuando estaban cerca de la familia de ella tíos, primos y personas cercanas a la familia. Ellos lo miraban despectivamente, juzgándolo y denigrándolo, creyéndolo poca cosa a lado de la heredera. Claro que sus suegros jamás lo trataron de esa manera. Siempre apoyándolo a él y a su hija en todo lo que podían pero el resto no. Y eso era precisamente por lo que tomo el trabajo. También odiaba un poco a su padre por casi obligarlo a aceptar contra su voluntad. Cualquiera que viera pensaría que lo hizo para ayudar a su hijo, pero sabía la verdad. Simplemente lo había hecho por egoísmo propio. El no quería que nadie más que su sangre tomara el puesto que había tenido por mucho tiempo y que a bases de sacrificios había logrado hacer respetar. Lo odiaba y se odiaba así mismo por hacer sufrir a su hija. Aun tenia fresca la conversación que había tenido con Dia junto a su esposa hace casi un año.

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«Hace 11 meses»

Estaba sumamente arrepentido por haberle fallado a su hija. El y Platinum habían prometido que estarían con ella en su cumpleaños y toda la semana siguiente pero cuando estaba a punto de partir una orden de asistencia llego del dueño del frente batalla. Por supuesto alegó que hace ya tiempo había pedido estas vacaciones y no podían detenerlo. Pero poco le importo al dueño y le dijo que si no se presentaba de inmediato lo despediría de su cargo. Sabiendo que no tenía otra opción término cediendo a la orden y tuvo que quedarse, rezando por que al menos Platinum si pudiera asistir al cumpleaños de Iridia. Lamentablemente ella tampoco tuvo suerte, uno de los accionistas mayores de la compañía demando la presencia de la heredera de inmediato en su región o si no cortaría todo lazo financiero y retiraría sus acciones bancarias de la cadena de hoteles haciéndole imposible poder viajar hacia donde se encontraba su hija. Al final ninguno de los dos pudo asistir y nuevamente habían roto otra promesa que le había hecho a su hija.

¿Esta Iridia contigo Dia? —pregunto temeroso Pearl al igual que Platinum. Se trataba de una llamada grupal donde ambos podían hablar al mismo tiempo a la residencia.

No, salió a comprar los ingredientes que necesitaba junto con Maylene y Rhen—hablo tranquilamente Dia ¿Querían hablar con ella?

Si Dia, necesitábamos explicarle que fue lo que pasó para que no pudiéramos asistir la semana pasada—Pearl jamás pensó que extrañaría tanto la voz de su esposa.

Se que deben hablar con ella pero tengan cuidado de las palabras que usan. Ella ahora está muy lastimada—dijo Diamond con una voz de tristeza.

Lo sabemos por eso necesitamos explicarle que fue lo que pasó—hablo Pearl algo desesperado.

No quiero regañarlos pero no debieron prometerle que estarían aquí—ambos pudieron escuchar el tonó molesto de Dia.

Se que estuvo mal de mi parte hacerle esa promesa pero jamás imagine que un socio de la compañía fuera a comportarse de esa manera—hablo Platinum justificándose.

O que el dueño del frente batalla demandara que si no me quedaba me despediría—alego Pearl.

Yo se que sus trabajos son importantes pero Iridia no. Ella solo sabe que sus padres fallaron a una promesa y que la dejaron sola el día de su cumpleaños—la pareja se quedo callada sin saber que decir—No debería decirles esto pero….Iridia a llorado todas las noches desde su cumpleaños—Pearl y Platinum se quedaron mudos ante esta información.

¿Qué? —fue lo único que atino a decir Pearl ya que Platinum no podía ni hablar.

Que ha llorado todos los días—Diamond sabía que lastimaba a sus amigos con estas palabras pero no podía ocultárselo a ellos, después de todo son los padres de Iridia—Cuando no vinieron ella lloro en los brazos de Rhen hasta quedarse dormida. Al siguiente día bajo como si nada hubiera pasado sonriendó como solo ella sabe. Nosotros decidimos no decir nada para no lastimarla pero después de ello todas las noches la escucho llorar.

¿Cómo lo sabes?—pregunto temerosa Platinum deseando que solo fuera una broma lo que oía

Porque yo la he visto llorar—hablo decaído al recordarlo—me despierto a media noche para comer algo cuando paso con su cuarto y puedo oírla. Ella llora en sueños llamándolos.

No puede ser—se podía escuchar a Platinum llorar ante lo dicho, Pearl se llevo una mano a la cabeza en señal de desesperación.

Nosotros queremos a Iridia como si fuese nuestra hija, pero ni Maylene ni yo podemos darle ese amor que tanto necesita de ustedes.

Nosotros la amamos más que nada—hablo Pearl dolido

Lo sé, pero Iridia poco a poco ha comenzado a creer lo contrarió—un pequeño sollozó de parte de Platinum se escuchó—Están por llegar así que solo les pido que piensen realmente que es lo que le van a decir y usen las palabras adecuadas para ello, voy a colgar para darles el tiempo que necesiten y luego llaman de nuevo—dijo Diamond en tono paternal.

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Después de eso pensaron por bastante tiempo que era lo que dirían. Cuando supieron que decir volvieron a llamara para que esta vez fuera Iridia quien les contestara. Después de que ambos le explicaran las razones que surgieron para no ir ella a primeras entendió y les dijo a sus padres que no había problema. Pero ambos sabían que no era cierto porque podían oír claramente la voz triste de la niña. ¡Maldición! Si tan solo no tuviera ese maldito apellido detrás suyo podría estar junto a su esposa e hija. Necesitaba dormir, despejar su mente. Salió de su oficina rumbo a su habitación y se acostó apenas toco su cama. Solo quería dormir y poder olvidarse de sus problemas por tan solo unas horas. Miró a su costado el lugar vacio de su cama, estirando su mano y colocándolo ahí anhelando tener a su esposa a su lado.

Platinum se encontraba viendo el lugar vacio de su cama con la mano sobre ella. Extrañaba tanto a su esposo e hija que no podía ni dormir. Seguía torturándose día con día al recordar la conversación que había tenido con Diamond. Desde ese día no había podido ver a su hija nuevamente, el trabajo la había mantenido completamente ocupada y no podía ni siquiera darle el lujo de faltar a él. Se sentía tan triste al no poder tener a su hija a su lado. Y ahora comprendía de sobre manera como sus padres tal vez pudieron sentirse cuando estaban fuera de casa por esta fortuna.

Cuando Iridia tenía 5 años sus padres le dijeron que era tiempo de que tomara posesión de la cadena de hoteles y se hiciera cargo de estas ya que era la única heredera directa. Ella no se rehusó, de antemano sabia que algún día tendría que pasar pero sinceramente no esperaba que fuera tan temprano y teniendo tan pequeña a su hija pero recordaba que casi exactamente a esa edad fue que sus padres la dejaron por lo mismo. Platinum jamás los odió porque sabía que era una obligación que ellos no podían ignorar pero si sentía tristeza que oculto a base de horas leyendo libros, encerrándose en ese pequeño espacio para mantener su mente entretenida y no pudiera pensar en ello. Realmente funciono porque poco a poco se fue olvidando de la ausencia de sus padres y se concentro en saber todo lo que este mundo albergaba. Pero su hija no era igual a ella, aunque se pareciera a ella físicamente por dentro era más parecida a Pearl pero diferenciando que era un poco más emocional.

Si era sincera apenas tomo el trabajo se dio cuenta del verdadero peso que llevaba su apellido con él. El no poder tener a su familia a su lado era el mayor de los problemas. Se había perdido tanto de su hija por esto. Su primer diente flojo, la felicidad al haber recibido su primer pokemon, sus alegrías y tristezas y por sobre todo los cumpleaños de Iridia. Se lamentaba el hecho de no poder ver ni siquiera el crecimiento de su hija. Diamond siempre le enviaba fotos de cómo crecía con el tiempo pero para ella no era suficiente el ver la en fotos. Quería estar con ella, abrazarla y ver con sus propios ojos el desarrollo de su hija pero no podía, tenía que conformarse con las fotos que tenia para poder saber cómo era su hija. Poco a poco comenzó a ganarle odio a lo que la separaba de su familia, su apellido.

Dentro de unas semanas seria el cumpleaños número de diez de Iridia y no quería perdérselo para nada así que tomando el teléfono marco un número, esperando que la persona del otro lado de la línea respondiera. Esperó algunos segundos hasta que escuchó la voz que hace tanto tiempo no escuchaba.

— ¿Bueno? —dijo Pearl adormilado.

— ¿Pearl? Soy yo Platinum—contesto feliz de oírlo.

— ¡Platinum! —pudo escuchar cómo se levantaba de golpe y escuchar un quejido de dolor por parte de este.

— ¿Estas bien?

—Si. Solo me caí de la cama—pudo escuchar un pequeña risa de parte de ella.

—Qué bueno que estés bien—dijo divertida

—Gracias. Pero ¿estás bien? Es raro que me llames—ante esto ella cambio su semblante a una sonrisa triste. También no había podido hablar tanto con su esposo como quería.

—Si no te preocupes, no podía dormir y quise llamarte para saber cómo estabas.

—Ya veo, me encuentro bien Platinum aunque bastante ocupado—dijo algo molesto.

—Si, yo también he estado ocupada todo el tiempo—por algunos segundos se quedaron sin decir nada. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que hablaron que llegaba al punto de ser extraño, como si hablaran con un amigo que hace tiempo no veían. Algo que para los dos molestaba bastante—También te llamaba porque dentro de unos días será el cumpleaños de Iridia.

—Tienes razón, ya casi cumple los diez años—dijo Pearl nostálgico.

—Si, quería ver si vas a estar ocupado ese día—pregunto nerviosa.

—Seguramente lo estaré—respondió con tono enojado—Desde que tengo el puesto todos los días estoy ocupado.

— ¿No podríamos dejar ese día libre para que vallamos juntos?

—…..—durante unos segundos se quedo callado. Realmente deseaba poder ir a ver a su hija pero no sabía si el dueño se lo permitiría—No lo sé, pero….hare lo todo lo posible por asistir—hablo decidido.

—Bien entonces te hablare mañana para saber cómo nos organizaremos—de nuevo durante algunos segundos se quedaron callados sin saber cómo continuar—Debes estar cansado te dejó.

—Bien entonces te hablo mañana—Pearl estaba a puntó de colgar cuando escuchó nuevamente la voz de Platinum.

— ¿Pearl?

— ¿Si?

— ...Te amo—dijo después de algunos segundos de juntar valor.

—….Yo también te amo—dijo con una pequeña sonrisa. Ambos durmieron con una sonrisa esa noche después de tanto tiempo. A la noche siguiente volvieron a hablar para saber cómo es que se encontrarían y que regalo llevarían, y así noche tras noche volviendo a tomar la comunicación entre ellos, no como marido y mujer si no como los viejos amigos que eran antes. Todavía no se acostumbraban a pensar en ellos mismos como pareja, había pasado tantó tiempo que les resultaba extraño. Durante las siguientes semanas estuvieron trabajando a todo lo que daban para tener al menos un día libre y asistir al cumpleaños de su hija. Rezando que ningún inconveniente se presentara. Llegó el día que tenían que salir para poder llegar a tiempo con su hija. Se irían unos dos días antes para poder encontrase, comprar el regalo y asistir al mismo tiempo con ella. Ya habían hablado con Dia en secreto para decirle que asistirían pero que no le dijera nada a Iridia. No querían decepcionarla nuevamente si algo pasaba. Ambos estaban a punto de salir de su respectivo trabajo cuando una voz lo detuvo a ambos

—Disculpe presidenta, el señor Akira desea verla inmediatamente en Unova—esa fue la voz de la asistente de Platinum.

—El dueño nos llama, necesita vernos ahora para ver cómo nos organizaremos este año—esa fue la voz de Alejandro el nuevo As de batalla de la ruleta batalla.

—"oh no" —fue el pensamiento de ambos al oír a sus compañeros de trabajo.


Bien hasta aquí llega. Necesito subirlo ya que llevo prisa. Como hoy termina el reto el siguiente y ultimo capitulo lo subo al rato.