Muchas gracias, en serio no saben que feliz me hizo que les gustara mi fic, sin más les dejo la última parte.
Amor
Todos los que trabajaban con la presidenta Platinum podían decir que ella era la clara muestra de toda una dama. Elegancia y porte al caminar, buenos modales en todo momento, una belleza envidiable y sobre todo amabilidad cuando hablaba con la gente. Si todos los que trabajaban con ella admitían que no había mejor presidenta que ella. Pero en estos momentos estaba completamente irreconocible, prácticamente toda persona que se encontraba cerca de ella se movía o brincaba hacia un lado al ver la mirada de enojo que tenia. Platinum iba a su oficina a paso apresurado para tomar la llamada de su socio, su asistente iba de tras de ella a paso veloz para tratar de alcanzarla. De antemano sabía que su jefa había estado organizando todo el trabajo que podía para que por lo menos tuviera una semana libre al igual que el año pasado pero tal parecía que esta vez tampoco podría estar con su hija. En cuanto Platinum llego a su oficina tomo el teléfono que estaba en espera.
—Bueno—dijo con algo de enojo.
— ¡Por fin contesta! —Se podía escuchar al hombre irritado—Creía que iba a tener que llamarla mañana. Pero no importa necesito su presencia de inmediato, ¿Cuándo puede tomar el vuelo para venir?
—Nunca—hablo decidida.
— ¿Disculpe? —pudo escuchar como el hombre sonaba confundido.
—Ya me escuchó, no pienso ir de ninguna manera a Unova—su asistente que estaba detrás estaba impresionada por lo dicho—Mi hija va a cumplir años y no puedo ir con usted.
— ¿Acaso sabe que esta diciendo? —su voz paso de confundida a enojada—Si no viene aquí de inmediato retirare todas mis acciones y perderá millones—en la mente de Platinum apareció Akira sonriendo maliciosamente—No puede comparar ambas situaciones como si tuvieran el mismo valor.
—…Tiene razón—el hombre se relajo ante lo dicho—No puedo comparar el estar con mi hija por un poco de dinero. No sé cómo fui tan tonta de hacerlo hace un año—y con eso colgó el teléfono con fuerza.
—Presidenta ¿está segura de esto? —pregunto la asistente preocupada.
—Completamente —Platinum sonrió y se encaminó de nuevo a la salida dejando su celular en su escritorio, su asistente iba a decirle algo cuando ella hablo—No te preocupes no lo necesitare en absoluto y estoy segura que tu podrás hacerte cargó de todo—nuevamente el teléfono sonó—No contestes hasta que yo ya me haya ido ¿de acuerdo? —la asistente solo asintió. Platinum salió del edificio sonriendo. Todo el mundo la llamaba genio cuando había sido tan tonta de interponer a su hija por algo tan simple como el dinero. Por el momento solo se relajaría e iría a ciudad corazón para encontrase con Pearl.
Por su parte Pearl caminaba con pasos bastante pesados hacia su oficina donde seguro encontraría al dueño del frente batalla y efectivamente ahí estaba. Un hombre algo viejo y calvo con una figura delgada y unos lentes cuadrados.
—Qué bueno que vienes necesitamos hablar —menciono el hombre tranquilo.
—Lo siento señor pero no tengo tiempo de hablar ahora mismo. Mi esposa debe ir en camino a ciudad corazón y debo apresurarme si quiero alcanzarla—dijo con los puños cerrados viendo a su jefe.
—Yo no te dado permiso para que viajes—dijo su jefe Kaito.
—No me lo dio, pero ya llevo muchos días de vacaciones acumulados y no pienso perderme de nuevo el cumpleaños de mi hija por usted—ambos se vieron desafiantes ante lo dicho.
—Tengo que recordarte que hare si te vas—dijo con sonriendo con superioridad.
— ¿Despedirme? —una sonrisa arrogante se dibujo en el rostro del rubio—Hágalo, no tengo ningún problema con ello. Ya quiero ver que dirán todos los entrenadores que han estado esperando la revancha contra mí, o el porqué este lugar se ha vuelto famoso estos últimos años.
— ¿Crees que esto es una broma? —Hablo iracundo el viejo—Te despidiere si pones un pie fuera de esta isla.
—Se lo agradecería si lo hiciera—hablo serio—Pero ambos somos consientes desde que yo llegue el frente batalla a obtenido muchas más popularidad y que en cuanto me vaya todo eso se iría conmigo—ambos se quedaron viendo desafiantes tratando de no ceder ante lo que el otro decía. Hasta que Kaito soltó un suspiro.
—Tienes una semana. Pasa un día más y puedes despedirte de este empleo para siempre—hablo enojado.
—Gracias jefe—contesto con el mismo tono. Rápidamente tomo sus cosas y volvió a salir por la entrada del frente para encaminarse al barco que lo sacaría de ahí. Por fin podía volver a su hija de nuevo y a su esposa…solo esperaba que Iridia lo perdonara por no haber cumplido su promesa.
Después de un par de horas el barco llego a ciudad Pradera y de ahí tomo un taxi a su destino. Mientras viajaba no podía dejar de pensar en cómo abría cambiado su hija. Sería más alta, se parecería más a Platinum o a él, seria la misma niña risueña o habría cambiado su personalidad. Miles y miles de dudas llegaban a la cabeza de Pearl pero sobre todo miedo. Miedo a que su hija lo odiase por haberla dejado sola o que ya no lo quisiera y también miedo de no que su esposa lo haya olvidado. Si hace una semana hablo con ella normalmente pero más que pareja era como amigos, como si ella no quisiera pasar de ahí. Si le había dicho que lo amaba pero solo fue esa vez, ninguna de las siguientes noches se lo había vuelto a decir y el no lo hacía por miedo a una negativa. Sacudió su cabeza rápidamente, no podía dejarse vencer por pensamientos como esos. Ahora debía concentrase en lo que era importante, el ver a su hija. En cuanto llego a la ciudad espero enfrente de la catedral de la ciudad. Pasaron unas cuantos minutos pero ella no llegaba y comenzó rápidamente a desesperarse. Había hablado a su celular y la asistente de esta le había informado que lo dejo en la oficina, sin más remedio que esperar cuando comenzaba a atardecer, pero una voz muy conocida le hablo.
—Disculpa llego tarde—Pearl se voltio para ver a su esposa y quedo maravillado al verla. Platinum había cambiado desde que la vio. Tenía el cabello un poco más cortó pero completamente lacio, usaba un traje de color negro y falda del mismo color. Después de no verla tanto tiempo realmente se quedo mudo de la impresión— ¿Estás bien?
—Si, si solamente me impresione al ver lo hermosa que estabas—dijo nervioso y por increíble sonrojado. El no verla tanto tiempo en verdad le había afectado.
—Gracias, tu también te ves bien—contesto ella un poco sonrojado. Ambos se quedaron mirando un rato antes de que una corriente de aire frio llegara a ellos. Rápidamente Pearl se quito su gabardina y se la coloco a Platinum. Ella agradeció este acto y se encaminaron para poder rentar un cuarto en un hotel. Cuando lo hicieron subieron a la suite y se alistaron para dormir pero se sentían algo nerviosos al volver a dormir juntos, finalmente ambos se acostaron en sus respectivos espacios mirándose fijamente nervioso hasta que de la nada comenzaron a reír.
—Esto es algo extraño no—dijo Pearl después de dejar de reír.
—Algo pero no me molesta—hablo sonriendo Platinum.
—Tengo una idea—dijo poniendo un dedo enfrente de su cara—Que te parece si mañana después de comprar el regalo de Iridia nosotros salimos en una cita para poder volver a tomar lo que teníamos antes de separarnos.
—Me parece buena idea—hablo sonriendo Platinum. Ambos apagaron las luces del cuarto y se dieron la vuelta para dormir. A pesar de lo dicho aun seguían algo nerviosos por el estar juntos.
— ¿Platinum podrías abrazarte? —pregunto de la nada Pearl.
—…Claro—respondió algo nerviosa. Pearl se dio vuelta y abrazó por detrás a Platinum. Ambos no dijeron nada pero estaban felices de volver a dormir como lo que eran, una pareja de casados.
Al día siguiente a pesar de no querer levantarse por lo cómodos que se encontraban decidieron hacerlo para poder comprar el regalo de su hija y tener esa pequeña cita antes de dirigirse a pueblo hoja verde. Recorrieron todas las tiendas de la ciudad en busca de un buen regalo pero al no saber los gustos de su hija decidieron que lo mejor sería que ella decidiera que era lo que prefería. En la tarde ambos regresaron al hotel para cambiarse y salir de paseo por la ciudad. Pasaron la tarde entre pláticas y juegos observando lo hermoso de la ciudad. A pesar del tiempo que pasaron separados no parecía como si este hubiera estado ahí. Se sentían como unos novios en una cita normal, como eran antes de casarse. Ya en la noche volvieron a dormir juntos pero esta vez fue sin el nerviosismo del día anterior sino más bien con la felicidad de que todo el cariño que se tenían continuaba intacto. Volvieron a despertarse abrazados y se armaron de valor para ir y encontrase con su hija. Llamaron a Diamond por teléfono mientras iban rumbo al pueblo en un taxi. Este les dijo que Iridia no sospechaba nada pero que se veía algo decaída algo que les hizo sentir tristeza. Pearl le pidió al conductor que apresurara el paso para que pudieran llegar mucho antes. Ya se encontraban afuera del pueblo cuando un miedo invadió a ambos. No sabían cómo es que su hija reaccionaria al verlos pero no podían culparla de ninguna reacción que tuviera, después de todo ellos la abandonaron por mucho tiempo. Dándose la mano ambos tomaron valor y se encaminaron a la casa de su mejor amigo.
Mientras tanto en la casa ambos adultos se movían de un lado a otro decorando la casa lo mejor posible. Ambos sabían de la llegada de sus mejores amigos y querían que Iridia esta vez tuviera el mejor cumpleaños posible. Iridia se encontraba en la planta de arriba jugando con Rhen y Kenji para entretenerla y que no sospechara nada. Pero la niña era astuta y sabia que sus tíos decoraban la casa para su cumpleaños. Los quería mucho y estaba feliz de que ellos también la quisieran pero de igual manera extrañaba a sus padres. Los buenos recuerdos que tenia de ellos eran lo mejor que tenia. Pero esta vez ni siquiera le habían llamado para avisarle que irían, esta vez se olvidaron completamente de ella.
—Iridia baja por favor tenemos una sorpresa para ti—hablo Maylene desde la planta de abajo.
—Ya voy tía—ambos niños bajaron. Rhen con su hermanito en mano— ¿Tía que era lo que me querías…?—la niña se quedo muda al ver a las dos personas en la sala.
—Feliz cumpleaños hija—dijeron ambos al mismo tiempo. Iridia se quedo estática por la sorpresa mientras la pareja estaba nerviosa por no saber cómo reaccionaría su hija. Pero grande fue su sorpresa al ver como esta atravesaba rápidamente la sala para de un salto a ambos los abrazara.
—Los extrañe tanto—dijo Iridia llorando.
—Y nosotros a ti hija—dijo Platinum agachándose a su nivel para poder abrazarla mejor. Pearl también hizo lo mismo pasando sus brazos por ambas.
—Perdónanos por no haber venido antes a verte—dijo Pearl preocupado.
—No importa, mientras estén aquí eso no importa—menciono la niña devolviendo el abrazo más tranquila.
—También lamentamos no haberte traído un regalo pero no sabíamos que regalarte— menciono Pearl avergonzado de no saber los gustos de su hija—Por eso tu puedes escoger que es lo que quieres.
— ¿Lo que yo quiera? —pregunto esperanzada.
—Por supuesto—dijo Platinum.
—Quiero que se queden conmigo todo el tiempo antes de que salga de viaje—dijo Iridia esperandó que su petición se pudiera cumplir.
—Dalo por hecho —hablo Pearl. Iridia solo pudó volver a abrazar a sus padres contenta mientras el resto de personas en la casa veían la escena con suma felicidad e incluso el bebé aplaudía emocionado. El resto del día se la pasaron festejando el cumpleaños de Iridia junto con sus amigos. La semana fue algo inolvidable para los tres, jugaban con ella como cuando era pequeña, habían hablado prácticamente de cómo fue su vida de cada uno los últimos años e inclusó tenia pequeñas batallas donde los pokemon de ambos padres únicamente se dedicaban a esquivar los ataques de la pequeña Buizel. Al final de la semana Iridia estaba lista para escoger a su primer pokemon y para sorpresa de todos había escogido a Turtwig diciendo que sus padres ya tenían a los otros dos iniciales y faltaba él para completarlos, eso y que se le hacía bonito, Rhen solo rio por esto y escogió a Chimchar como su compañero. Cuando ambos estaban a puntó de partir Pearl y Platinum los detuvieron.
—Hija sabemos que te hemos descuidado y por eso te tenemos una sorpresa—hablo Pearl tranquilo—Tu madre y yo decidimos que no podemos seguir lejos de ti y perdernos tu crecimiento.
—Por eso decidimos que nos quedaremos aquí y que cuando regreses estaremos contigo sin importar nada—termino la oración su esposa.
— ¿Lo prometen? —pregunto emocionada tensionando a Diamond y Maylene que estaba presentes.
—….No podemos hacerlo—dijo Platinum tranquila—Hemos roto tantas promesas que ya no tienen valor, solo puedes confiar en que nosotros estaremos cuando tu regreses.
—De acuerdo—respondió igual de tranquila. Ambos niños se despidieron de sus respectivos padres y de sus tíos y emprendieron su viaje por la ruta fuera del pueblo. Cuando ambos se perdieron de la vista de sus padres hablaron entre ellos.
— ¿Creen poder dejar sus trabajos?—pregunto Diamond nervioso.
—No sera nada facil pero...—Contesto Platinum viendo el camino por donde se habia ido su hija—Estoy segura que lo podremos lograr.
—Nos tomara tiempo el poder arreglar nuestros asuntos pero lo terminaremos a tiempo para cuando ella regrese—Dijo Pearl de igual manera.
— ¿Entonces se iran?—pregunto Maylene esta vez.
—Si, nos iremos hoy mismo—respondió Platinum nuevamente—Si queremos cumplir nuestra palabra debemos darnos prisa.
—Sabes mi maestro me ha dicho que pronto se retirara y necesita que alguien se haga cargó de su gimnasio—menciono Pearl—Espero que no te moleste ser la esposa de un líder de gimnasio y no un As de batalla—dijo sonriendo.
—!Hey¡ yo fui líder de gimnasio—menciono algo ofendida Maylene.
—Lo se linda y fuiste una gran líder—dijo Diamond abrazando a su esposa. Ella solo hizo un pequeño puchero en sus brazos sacando la risa de Pearl y Platinum
—Para nada ¿pero como le vas hacer para dejar tu puesto?—pregunto curiosa.
—Lo mas probable es que ya me hayan despedido y si no es así simplemente renunciare, aunque aun debo buscar a alguien que se haga cargo de mi puesto—dijo restandole importancia.
—Y espero que a ti no te moleste no ser el esposo de una gran empresaria.
— ¿Pero cómo le vas hacer para no ser la presidenta? —pregunto curioso su esposo.
—Dejare la cadena de hoteles en mano de la junta directiva, ellos sabrán llevar la empresa bien—mencionó abrazando a su esposo al igual que sus dos amigos se abrazaban.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
«6 años después»
Una joven rubia se encaminaba a su casa. Había cambiado bastante desde que era una niña, había crecido bastante y su pelo lo tenía peinado de la misma forma pero su vestimenta había cambiado. Usaba una pañoleta de color amarillo, usaba una playera de color rojo y unos pantalones de mezclilla. Iridia tomo las llaves de su casa y entro con cuidado en esta viendo que las luces se encontraban apagadas y no había ningún ruido. Soltó un suspiro.
— ¿En serio?, de nuevo lo mismo—con una sonrisa se dirigió al patio de atrás.
— ¡SORPRESA! —sonrió al ver que en la parte de atrás se encontraban todos sus amigos de la infancia. También los DexHolders de las diferentes regiones junto a sus hijos.
— ¿Por qué no pareces sorprendida? —Pregunto Pearl confundido.
—Tal vez sea porque hacen lo mismo cada año—canturreo feliz abrazando a sus padres—Gracias mamá, papá.
—No hay de que hija—dijeron ambos al unisonó, hasta que Pearl se dio cuenta de un collar que tenia aparte del suyo—Iridia ¿y ese collar?.
— ¿Esto?, es un regalo de Rhen por mi cumpleaños y ya sabes…. —no pudo terminar su frase debido al sonrojo pero para ambos padres estaba más que claro el porqué.
—Rhen—el mencionado trago duro al oír a su tío y mirándolo con ganas de asesinarlo. Coloco su plato en la mesa y salió corriendo lo más rápido que podía—No huyas y regresa aquí—grito siguiendo a su sobrino ante la mirada y risa divertida de todos.
— ¿Qué haces ahí riendo? Ve y salva a tu hijo—Maylene empujo a su esposo para que saliera corriendó tras ellos. Pero la diferencia de velocidad era inmensa y apenas podía seguirles el ritmo.
—Hermana ¿Por qué papá persigue a Rhen? —una voz infantil saco a Iridia de la vista de su padre y su ahora novio y vio a su hermano menor de 4 años, Kenta, tenía bastante parecido con Pearl solamente que su cabello en vez de ser rubio era azul como el de Platinum.
—Simplemente están jugando—levanto al pequeño para cargarlo— Cuando se aburran regresaran a la fiesta.
Platinum solo miraba con una sonrisa a su familia. Iridia que a pesar de que no estuvieron con ella la mayor parte de su infancia jamás les reprocho nada y los seguía queriendo como si nunca se hubieran ido. A su hijo mejor que después de un tiempo de volver a vivir juntos como esposos volvieron a revivir ese amor que se tenían y producto de ello era su hijo Kenta y finalmente a su esposo que apesar del tiempo separados seguia amando como siempre y que de antemano sabia que quería mucho a Rhen y que estaba seguro que nadie más que a él podía encargarle a Iridia pero no por eso podía dejar su papel de padre celoso. Sin aviso abrazo a su hija cuando Kenta se fue a jugar con Kenji.
—¿Mamá?—exclamo algo sorprendida.
—Gracias por querernos hija—deposito un suave beso en su frente.
—No, Gracias a ustedes por estar a mi lado—dijo Iridia devolviendo el abrazo.
Y hasta aquí termina mi historia, muchas gracias por todo su apoyo y cariño a mi OC Iridia y a Rhen. Espero que lo disfrutaran tanto como yo lo hice al escribirlo. Nos vemos
