[Flashback-12 horas antes]
Aún la mente de Mycroft daba vueltas, no era correcto invitar así sin más a un colega a salir. Las matemáticas jamás mentían, había grandes posibilidades de que se tratara de un demente o alguna de esas personas que les gusta mofarse de la desgracia ajena, pero también existía la alternativa contraria, podía estar perdiendo una gran oportunidad de encontrar a la persona ideal. Y es que Gregory Lestrade cumplía con todas las expectativas demandadas en el artículo, era un hombre preparado, exitoso y amaba su profesión, por no mencionar que trabajaban en el mismo lugar y además era Gay. ¿Qué más podía pedir? Debía por lo menos conocer a la persona que se había tomado el tiempo de responder un anuncio tan exigente como el que Mycroft postuló.
Una noche atrás el pelirrojo consultó los horarios de los profesores de literatura, quizá podría pasar inadvertido en el aula y así conocer un poco mejor a su prospecto. Así pues, a la mañana siguiente terminó con media hora de anticipación su asignatura, según los datos recavados la clase de Gregory comenzaban en 40 minutos y en lo que cruzaba al otro lado del campus llegaría en un tiempo casi limitado. Pero bueno, en estos tiempos la literatura estaba demeritada, por lo que quizá y hasta habría lugares de sobra.
Con toda la parsimonia del mundo el Matemático salió del edificio, era un día caluroso a pesar de ser invierno, pero no por eso dejaba de ser agradable. Alumnos iban y venían presurosos, algunos más descansaban en los jardines mientras estudiaban para los exámenes finales, así siempre era en ese lado del campus, estrés y caos emocional.
Al cabo de unos minutos ya estaba en el edificio de los Literatos, ahí el ambiente era más armonioso, se respiraba tranquilidad y hasta en los alumnos se percibía ese carácter afable que invita a una larga plática. Caminaban con sus libros de Shakespeare, Tolstoi y Wilde, mientras que en la otra sostenían su vaso de Starbucks, algo trillado para el gusto del Matemático, sin embargo no pareció desagradarle, después de todo agradecía dar un cambio a su ámbito social.
El pelirrojo se preguntó por un instante si así sería Gregory, ¿tendría esa sonrisa perezosa?¿tendría tantos temas de plática...?
Tardó unos minutos más en encontrar el aula donde se suponía estaría su punto de interés, subió y bajó escaleras hasta que finalmente en un tercer recorrido por el segundo piso encontró una plaquita dorada que rezaba "221".
Con suma discreción empujó la puerta para pasar un poco desapercibido, al fin y al cabo serían pocos alumnos y no deseaba llamar la atención embargo al entrar al aula, su sorpresa lo dejó un poco confundido y ¿por que no? Celoso.
El aula era más bien un auditorio completamente saturado, los alumnos se arrejuntaban unos contra otros para escuchar con mayor claridad a la persona que con entusiasmo se manifestaba en la parte baja del lugar. Mycroft tuvo que volver a consultar el papelito donde había anotado los datos de su colega, debía haber un error, es decir, él jamás tenía tantos alumnos como los había en ese sitio, si a caso en toda su carrera como docente en la universidad a penas juntaría la mitad de semejante multitud.
-Disculpa, ésta es la clase del Profesor Gregory Lestrade?- preguntó a un alumno que se encontraba cerca de la entrada.
-Sí así es.
Aún tardó un poco en asimilar la situación tan magnánima. La probabilidad era una sobre mil para tener tanta audiencia, tanta gente tan interesada en una materia y sobre todo dispuesta a escuchar lo que el profesor tenía por decir, simplemente era algo increíble.
Como pudo se abrió paso hasta llegar a una altura considerable y poder apreciar mejor al hombre que causaba tanto revuelo entre los estudiantes.
-¿Y bien? Entonces todo forma parte de un arquetipo, la mayoría de la gente cree aún en el amor que los cuentos de hadas nos dibujan, es como un paradigma de final perfecto, pero lo que no saben es que al final de la Cenicienta el príncipe se volvió loco porque la mujer era una compulsiva de la limpieza. Entonces..a qué quiero llegar con ésto?- sonrió Greg mientras caminaba por entre la gente -El amor va más allá de estereotipos, va más allá del sexo, el verdadero amor es más una unión espiritual y de almas, una fusión de pasiones y entendimiento. El sexo siempre fue la poción fatal del amor-.
El aula era un completo silencio, los alumnos parecían tan centrados en el monólogo de Greg que no notaron al Matemático que de a poco ya se encontraba a una distancia prudente pero lo suficientemente próxima para seguir a detalle las palabras del hombre.
Debía ser quizá alguna cosa del destino o mera coincidencia, pero no había había tanta verdad en lo que decía Gregory en esos instantes...
La falla de toda relación en la vida de Mycroft Holmes siempre había sido el sexo, tal era el caso de su relación con Robert solo se había basado en eso, sexo.
-En serio- continuó entre risas -Busquen en la literatura de la época si no me creen, todo terminó en tragedia, Lancelot y Ginevra, Tristán e Isolda, la consumación del amor llevaba a la locura, desesperación o la muerte. El amor verdadero tiene dimensiones espirituales chicos. Mientras que el amor romántico es solo una ilusión, una mentira, un mito moderno, una ilusión desalmada. Es como cuando vamos al cine, la pareja se besa y la música de fondo se amplifica, así que cuando nosotros tenemos nuestra cita con esa persona especial y atractiva y a la hora de besarnos al final de ésta, si no escuchamos a la Filarmónica entonces suponemos que esa no es nuestra pareja y la dejamos. Ahora la pregunta es...¿Por qué lo creemos?-.
En ese instante el móvil de Mycroft empezó a vibrar, exaltandole por completo, por lo que tuvo que volverse a la realidad. Su clase estaba por comenzar dentro de algunos minutos y debía cruzar el campus, así que con toda la discreción posible salió del auditorio.
Sin duda alguna Gregory cumplía con sus expectativas, de hecho era más de lo que podía esperar, estaba de acuerdo en que el sexo no era más que una mala combinación entre la relación de pareja y la comunión de almas. Por supuesto que debía invitarle a salir, es decir, eran tan semejantes que no había falla en la relación, después de todo las matemáticas no mentían.
Varias personas levantaron la mano, parecían realmente ansiosas por ser parte del debate, sus miradas chispeantes y entusiasmo hacían de ese lugar algo distinto, había algo en la personalidad de Gregory que hacía despertar un sentimiento de confort y calidez.
-Tú. Johnson- apuntó el profesor y dedicó una sonrisa motivante.
-Necesidad Biológica?.
-Hummm..no, no. A ver Lowe.
-Predisposición por parte de los padres?
-No, no tampoco. Fassy tú.
-Según la Psicología de Freud, dice que estamos dispuestos a...
-No, no tampoco, son muchos argumentos tan científicos para mi- ladeó la cabeza y volvió a sonreír -No, chicos, la respuesta es tan sencilla, porque a pesar de los mitos, advertencias y estudios, todos queremos enamorarnos ¿verdad?. Porque esa experiencia nos hace sentir completamente vivos, cada sentido se intensifica, cada emoción aumenta, nuestra realidad diaria se hace añicos y entramos al paraíso. Puede durar un momento, una hora, una tarde pero eso no disminuye su valor, porque nos quedan recuerdos que atesoramos toda nuestra vida. Entonces la pregunta final es la siguiente ¿Por qué nos enamoramos, cuando puede ser tan corto y devastadoramente doloroso?-.
-Para no sentirnos solas?- apresuró a decir una chica.
-Masoquismo!
-Desesperación.
-Ilusión?
Varias voces empezaron a manifestar su punto de vista y por supuesto Greg atendía a cada una con amabilidad, pero al final negó con la cabeza y llamó al silencio, el cual se hizo presente de inmediato.
-No, no- suspiró y volvió a su escritorio, mirando con paternalismo a todos sus alumnos -Yo creo que es, como algunos deben saber, pero es porque mientras dura...Se siente jodidamente bien-.
