Descargo de responsabilidad: Skip Beat no nos pertenece… Más que nada porque nadie se cree que ninguna de nosotras sea Nakamura Yoshiki…


Avaricia: Exceso en la adquisición de riquezas en particular.


AVARICIA

Desde su más tierna infancia, Mogami Kyoko trabajaba como hormiguita laboriosa. Trabajaba con gusto en el ryokan por retribuir sus cuidados a los señores Fuwa, trabajaba con gusto tres y cuatro empleos para ayudar a Sho-chan a cumplir sus sueños… Trabajaba, trabajaba, trabajaba… Hasta que tuvo la gran revelación y se dio cuenta de que le había tocado vivir en carne propia la fábula de la cigarra y la hormiga…

Pues hasta ahí podíamos llegar…

Toda la vida renunciando a sus deseos por el bien de otro… Toda la vida anhelando sin poder tener… Toda su adolescencia suspirando por poder comprarse un frasco de su adorada Odette. O maquillaje… Oh, sí, cómo lo deseaba… Todo lo que había en ella de muchacha adolescente, todo lo que era femenino y coqueto en ella, se moría por poder tener un maquillaje decente con el que dejar de ser una chica del montón… Gracias sean dadas a los cielos por poner en su camino a Moko-san y su maravilloso regalo de cumpleaños…

Pero no ansiaba solo cosas materiales, no…

Quería robarle la fama a Shotaro. Eso, lo primero.

Quería que su madre la quisiera.

Quería robarle a Tsuruga Ren sus habilidades de actuación.

Quería ganar el primer puesto entre las actrices de Japón.

Quería ser grande, la más grande actriz…

Quería… Oh, quería tantas cosas…

Pero por encima de todo, lo quería a él…

A Tsuruga Ren.

A su senpai.

A rabiar. A morir.

Es que la avaricia es una cosa muy mala…

Te llena el pecho de deseos negros, de un ansia oscura, de una necesidad que te roba el aliento y el sueño por las noches…

Quieres lo que nunca será tuyo…

Más, más, más… Kyoko necesitaba más…

Hasta que él le dio el infinito…

Y solo su infinito llenaba sus noches… Ese infinito con el que él le dijo que ella lo había salvado… Pero solo en la misma medida en que él la rescató a ella de la maldita vergüenza rosa…

Oh, su mente volaba libre en la creencia de que ese infinito era más de lo que era. Si fuera valiente, quizás, solo quizás, se hubiera atrevido a pensar que era una declaración de amor… Pero no era valiente, al menos en aquello que involucrara a su maltratado corazón, totalmente desprotegido e indefenso, cuya caja estaba abierta de par en par.

Pero no… Al final solo eran puntos Love Me. Muchísisisisimos… Pero solamente puntos…

Pero puntos enamorados que a Kyoko le valieron conseguir la graduación. Que su jefe supiera la verdad de sus sentimientos también contribuyó, claro. Y lo siguiente fue el debut y un sueldo de profesional. No la miseria que se le paga a un talento en prácticas. Un señor sueldo, íntegro para ella. Un montón de yenes que le permitieron saldar de una vez por todas los plazos pendientes de su matrícula, cambiarle la cadena a la princesa Rosa, comprarle un detallito a las chicas y a Okami-san, y además sobró para una cena especial para su senpai…

Perdón, para su novio…

Sí, su novio… Ah… ¿No lo he dicho?

Resulta que en un arrebato de avariento egoísmo, o investida por una Setsu rediviva en la persona de Mogami Kyoko, a la que llamaremos la chica en llamas, le dio un tremendo ataque de celos —entiéndase afán posesivo de que nadie toque lo que debería ser tuyo—, enfrente mismo del otro interesado… La otra, audaz o inconsciente, acabó dándose cuenta de que su integridad física se veía amenazada y salió corriendo hasta perderse en el horizonte…

De más está decir que Tsuruga Ren no perdió la oportunidad que la diosa Fortuna le brindaba…

Bueno, la cosa es que diez años después, los viejos hábitos no desaparecen. Kyoko no es avariciosa, no. Sabe muy bien lo que cuesta ganar el dinero. No lo regalan. Hay que trabajarlo. Hay que ganarlo.

Y por más que ella pertenezca a la cofradía del puño prieto, de vez en cuando se permite sus caprichos. Un buen maquillaje, algún perfume… Pero lo que le cuesta horrores es soportar al derrochador que tiene por marido, gastando el dinero a manos llenas, en ropa para ella, en joyas para ella… Ya no le queda sino aguantarse, desde que en su segundo año de casados, frente a la cajera de una tienda de lencería, el nivel 4 de ojitos de cachorro abandonado quedó oficialmente establecido.

Así que trabaja y trabaja. Como aquella hormiguita laboriosa, pero para ella y para su familia. Y sobre todo trabaja, porque uno nunca sabe lo que te puede traer la vida…

Puedes tener un accidente y no poder trabajar.

Puedes decidir retirarte y disfrutar de tus hijos.

Pueden dejar de considerarte y recibir cada vez menos ofertas para actuar.

Puede aparecer otra más guapa y joven que tú y robarte tu puesto en las listas.

Puedes decidir esconderte con tu marido en una isla remota para que nadie más vea ese cuerpo que es solo para ti.

Así que no, no es avariciosa… Tacaña tampoco…

Solo ahorradora. Precavida.

Al fin y al cabo, ya tiene todo lo que quiere…