Descargo de responsabilidad: como desear no cuesta nada, para mi cumpleaños deseo que Skip Beat sea mío, o por lo menos Ren, si es Kuon tampoco me quejaría.
"La glotonería: el consumo excesivo de comida y bebida".
GULA
—¿Estás segura de que dijeron aquí? —preguntó extrañado un hombre a su esposa.
—Por supuesto que sí, cariño, ¿acaso crees que YO me equivocaría?
—Noooo, claro que no, mi amor —respondió apresuradamente, sabía a la perfección lo que le costaría contentar a su mujer si le llevaba la contraria—, solo que se me hace muy raro que nos hayan citado en este lugar cuando a nuestro hijo no se le da para nada esto —decía levantando las manos señalando el lugar mientras lo observaba atentamente. Era un elegante restaurante, eso no le extrañaba, lo que sí le había llamado la atención fue que ¡fuera italiano!, ¿Cuándo en su santa vida a su hijo le había gustado la comida italiana? Si por él fuera, solo se alimentaría de aire. No había salido para nada a su padre. Su hija-nuera, aún luchaba con los malos hábitos alimenticios de su hijo, tratando de poner orden sobre sus desacertadas elecciones de comida y su costumbre de no comer dentro de los horarios. En más de una ocasión dichos hábitos habían sido motivo de pleito entre la pareja, que bueno también debería decir que siempre era su hijo quien ganaba con las reconciliaciones. ¿Por qué no habría salido un poquito más como su padre y comer mejor? ¿Acaso no le sería más fácil a su hija darle de comer así?
Los guiaron a su reserva para cuatro personas. Era un restaurante que había abierto sus puertas unos cuantos meses atrás pero se especializaba en la delicadeza de sus platillos y la elegancia de su decoración. Los centros de mesas eran finas flores naturales y las velas flotaban en cuencos llenos de agua aromatizada. A media luz todos los sentidos se incrementaban. Tenue música instrumental ambientaba el restaurante.
De inmediato el camarero se acercó a ellos para entregarles el menú y preguntarles si se les ofrecía algo de tomar mientras escogían de entre las opciones del menú, los aperitivos. Decidieron ordenar un chardonnay chablis "Croix aux Moines" para empezar mientras veían la carta. Pasados unos momentos Kuu llamó por fin al mesero listo para que le tomaran la orden. El camarero con su libreta en mano, preparado para anotar, se fue quedando pálido mientras le dictaban la pequeña orden:
—De entrada un frito de Formaggi, un Pane piano di salsiccia italiana y peperoni, después me puede traer una Insalata di Mela, Spagueti a la carbonara, no, mejor, uno de Linguini Fra diavolo, y la insalata; y los linguini por favor in abundanza; un Rib Eye a la Fiorentina, de postre un Pastel Cioccolato con frambuesa, Tarta di Mela y un gelato. De tomar con la comida una soda italiana de frambuesa y con el postre un Cappuccino Disaronno. Como no conozco este restaurante me voy a conformar solo con eso, ya veré si me gusta y pido algo más. Mi esposa solo tomará un café Capuchino Corleone y un Pastel Cioccolato con frambuesa. Ya habíamos comido en casa. Muchas gracias —el mesero atónito, con los ojos que se le salían de las órbitas se apresura a la cocina para entregar la orden. Iba a necesitar cambiar a la pareja a una mesa más grande, seguramente estaban esperando a más personas que las cuatro que habían especificado al entrar. Pero algo dijo el caballero de que solo se conformaría con eso y si le gustaba ¿pediría más? ¿Acaso se iba a comer él solo todo eso? ¿Habría escuchado bien?
Los comensales de las mesas vecinas se quedaron atónitos al ver cómo los platos iban desapareciendo ante una sola persona que no se percataba de las miradas extrañas que le lanzaban los demás clientes. Algunos al verlo comer tanto, se habían levantado sin tocar siquiera su comida, otros al reconocer al extraño personaje solo sonrieron recordando su legendario apetito. Habían escuchado rumores pero nunca se imaginaron que fueran ciertos.
Estaba nervioso, muy nervioso. Se paraba de la mesa y caminaba en círculos y mientras lo hacía, terminaba su tercera ración de postre. Su esposa, trataba de tranquilizarlo. Bien sabía ella que él podría acabar en un buen día con la comida para todo un regimiento, ya les había sucedido algo parecido. Y antes de que los echaran por no poderse estar quieto su esposa le pregunta:
—Cariño, ¿estás bien?
—Sí, amor, claro que estoy bien, ¿por qué lo preguntas? —contestaba mientras se llevaba a la boca un pedazo del pastel de cioccolato de su mujer.
—Porque cuando algo te inquieta comes un poquitín de más y hoy es una de esas veces... Y te voy a pedir que dejes en paz mi pastel —respondía mientras alejaba el plato de la discordia de su estupefacto marido.
—Es que los niños ya se han tardado, y pues se me hace muy extraño que precisamente esos dos, uno llamado el rey de la puntualidad y la otra la reina, lleguen tarde. Esto no me da buena espina, ¿y si la noticia es que se van a mudar a Italia y por eso nos han citado aquí, para irse aclimatando a la comida?
—No creo que eso sea lo que nos quieran decir. Y nos citaron aquí porque en el restaurante de la vez anterior, nos pidieron no regresar a menos que avisáramos con diez días de anticipación.
—Sabes que eso no fue enteramente mi culpa, salí sin desayunar de la casa y a la hora del almuerzo al director y al productor se les ocurrió hacer una junta, así que ya no comí nada hasta llegar al restaurante, ¡estaba famélico! —la miraba haciendo la cara de cachorro abandonado como otras veces había visto a su hijo hacer con su nuera.
—Eso yo lo entiendo cariño, pero ¿por qué tenías que acabarte todo el buffet? No dejaste ni las sobras. Además hoy ya comiste, y quedamos que esperaríamos a los chicos para que nos dieran la noticia. Íbamos a cenar juntos y tú te has adelantado —miraba a su marido reprochándoselo.
—Pero mi amor, si solo comí un tentempié, no te preocupes... Cuando ellos lleguen los acompañaré con gusto con algún platillo más, y en verdad que mi hambre principal no se me ha quitado con nada —le decía con una mirada enigmática en los ojos, le encantaba la cara de enojo de su esposa, sabía perfectamente lo que significaba y cómo calmarla, ohhh sí, ella sería su postre, un delicioso postre del que jamás se cansaría.
Juliena reconoció esa mirada en los ojos de su marido y suspiró. La verdad es que el apetito de su marido no era solo de comida. Pero eso era algo que quedaba entre ellos dos...
