Descargo de responsabilidad: Skip Beat no nos pertenece…, desafortunadamente…
Envidia: Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee.
ENVIDIA
Nunca necesitó una amiga… Hasta que la conoció a ella.
—¿Estás lista? —preguntó.
—Tan lista como podré estar.
—Entonces no lo hagas esperar más—dijo tomando el ramo y poniéndolo en sus manos—, róbales el aliento —agregó tomando su lugar al lado de la novia.
La vida de Kanae Kotonami siempre se rigió por cuatro sencillos principios.
1. Trabaja incansablemente por tus sueños.
2. No repitas los errores de tu familia.
3. Huye de tus sobrinos y hermanos.
4. Y nunca te involucres.
Su plan, llegar a la cima del mundo del entretenimiento. Y quién sino ella para lograrlo. Después de todo era hermosa, segura, talentosa y competitiva. Todo eso estaba claro en su mente hasta que conoció a Kyoko Mogami, una chica idiota, con dotes de ama de casa, que no conocía su lugar. Un bicho raro, que desafortunadamente se adhirió a ella como una lapa y alteraba sus nervios.
Un bicho raro que había demostrado ser una fuerza que debía ser reconocida. Ella era talentosa, lo sabía, pero esa chica… Su talento aún sin pulir era sorprendente y deslumbraba; lo peor de todo era que lo hacía sin aparente esfuerzo, de forma impulsiva y sin premeditar. La primera vez que lo presenció fue el día en que las defendió frente a las niñatas de la clase de actuación, poniendo su propio pellejo en juego. La chica había tomado las palabras que ella le había dicho sobre el guion y lo había llevado a un nuevo nivel. No solo logrando una actuación brillante, sino también llevando a la otra actriz exactamente al lugar en el que quería que estuviera, para responder como esperaba que lo hiciera.
No había manera que una persona como ella sin experiencia en la actuación pudiera hacer eso. Tenía que haberlo planeado desde el comienzo…¿Qué hubiese hecho ella en su lugar? No lo sabía… Tenía que tener cuidado con ella. Aunque pareciera inofensiva era peligrosa. Bien rezaba el argot popular "De las aguas mansas líbrame Señor, que de las turbias me libro yo". Y no, no era envidia, no era que ella hubiese querido ser a la que se le ocurriera… Ella era talentosa y hermosa. Ella no tenía nada que envidiarle ¿verdad?
Ella no sentía envidia. Ni siquiera de Erika Koenji y todo su dinero. Pero si lo pensaba detenidamente era algo totalmente diferente porque ella nunca reconoció a Erika, ni como enemiga, ni como rival. Solo alguien que lograba lo que quería con el dinero de su padre. No había nada que envidiar. Kyoko por su parte era demasiado parecida a ella con su determinación por alcanzar sus sueños, con su testarudez. Kyoko era extremadamente talentosa y pronto sin notarlo empezó a desear ser un poco más como ella, empezó a verla como una amenaza, hasta que finalmente la declaró su más grande rival en la industria del entretenimiento.
Y antes de darse cuenta, sucedió: tenía una amiga, una que hasta ahora nunca necesitó y mucho menos buscó, aunque eso no evitó que ella la encontrara. Y ahora estaba nadando en la problemática situación de intentar no herir sus sentimientos y susceptibilidades cada vez que abría la boca… ¿Por qué tenía que escoger cuidadosamente sus palabras para proteger sus sentimientos? ¿Desde cuándo había empezado preocuparse por ella? Antes era fácil, no le importaba lo que los demás pensaran, pero ¿qué haría si ella la odiaba?... Todo se había vuelto problemático y complicado.
¡Ah! Y por supuesto también estaba ese sentimiento molesto que la perseguía cada vez que la escuchaba hablar de él, de su adorado y venerado senpai. Tsuruga-san es esto y esto otro, Tsuruga-san hizo, Tsuruga-san dijo… Ella no quería escuchar hablar del bendito senpai que claramente quería robársela. Con toda la atención que ella le prestaba, parecía ser lo único que ocupaba su mente. No la mal entiendan, ella no envidiaba el lugar que Ren Tsuruga tenía en la vida de Kyoko Mogami, mucho menos celaba de la atención que ella le dedicaba. Kyoko le dedicaba buena parte de su tiempo y alabanzas a ella también, pero algunas ocasiones se encontraban deseando arrebatarle a Tsuruga toda la atención que se robaba de Kyoko… Tan molesto.
Pero la envidia (sí, porque ya reconocía que era envidia), volvió a golpear la puerta de nuevo, cuando fuese Kyoko quien dejara la sección Love Me primero. Envidia de que ella había sido capaz de superar su propia debilidad, mientras ella seguía allí haciendo trabajos tontos para otros, incapaz de seguir hacia adelante. Pero la verdad sea dicha estaba feliz por su amiga, de que fuera capaz de seguir hacia adelante, de ser una pantera fiera en la sabana del mundo del entretenimiento. Mas la envidia es traicionera y volvió a golpearla cuando ella tuvo que interpretar un rol de soporte mientras su más querida amiga y jurada rival interpretaba el protagónico. No obstante, fue en ese mismo momento que Kyoko con su deslumbrante y para nada premeditada inocencia y gracia, entre halagos y búsqueda de consejo le recordó lo que realmente importaba. Ella había sido bendecida con sus propios talentos, con sus propias fortalezas, y eso, su amiga se lo había demostrado más veces de las que podía recordar.
Fue a partir de ese momento que se encontró pensando que quizás no se trataba de envidia, aunque tal vez al comienzo sí lo era, ahora solo se trataba de respeto y admiración.
Junto a la novia en el altar, ella, la dama de honor, sostuvo con orgullo su ramo mientras la novia colocaba con manos temblorosas el anillo en el dedo de su esposo.
Sonrió con la seguridad de que no estaba perdiendo a una hermana, sino ganando a un hermano.
Y ese día finalmente lo admitió. Estaba complacida de que sus caminos se hubiesen cruzado, de que Kyoko no se hubiese dado por vencida con ella. La verdad era que en ese entonces no sabía lo mucho que había necesitado una amiga de verdad. Ahora podía mirar atrás y recordar con alegría y nostalgia todas las caídas, los tropiezos, los triunfos, las risas y las luchas que compartieron. Las dos eran grandes amigas, actrices pero ante todo rivales. Rivales sin envidia, porque allí no había lugar para ella. Solo había lugar para el respeto y la admiración por el talento de la otra. Después de todo la envidia es para aquellos que no pueden aceptar la felicidad de otros. Pero la verdad era que para ella, Kanae Kotonami, la felicidad de su amiga era su felicidad.
