AVISO: clasificado M por violencia y lenguaje.

Descargo de responsabilidad: Skip Beat no nos pertenece… desafortunadamente…


Ira: un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enfado.


IRA

Engendro

¡Oh! Esa es nueva, no la habían mencionado antes. Estaba esperando algo como bastardo, sangre sucia, maldito japonés, incluso mestizo.

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Mestizo

El primer golpe conectó contra la mandíbula, el siguiente a las costillas, luego una patada al estómago. Esos fueron solo los primeros de muchos que no pude contar. Golpes que solo se detuvieron cuando mis agresores me notaron casi inconsciente y me dejaron botado en aquella calle inmunda, donde solo se escuchaba el goteo de alguna tubería rota y el rumiar de las ratas en la basura. No era la primera vez y tampoco sería la última.

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Fracasado

Comenzó como un susurro en los pasillos, como algún comentario suelto tras puertas cerradas. Luego ya no tanto. Y pronto se trató de bromas y desplantes abiertos, sin sutilezas, sin miramientos. Y un pensamiento que vivía oculto en mi mente creció con fuerza. Yo no era como mi padre, jamás lo sería. Era un fracaso y una pena como hijo. Lentamente me comencé a hundir en el pozo de la desesperación.

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Así no, lo estás haciendo mal

Por supuesto que estaba mal. Kuon Hizuri jamás sería lo suficientemente bueno, nunca podría cumplir las expectativas alrededor del hijo de Kuu Hizuri. Porque nunca se trataba de él, de Kuon, pensó con amargura y rencor. Siempre se trataba del hijo de Kuu y Julienna, las súper estrellas.

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Mírame, maldito mestizo

No puedo mirarlo, mis ojos mostrarán todo el desprecio que siento y mi falta de decisión para responder a su ira; pero puedo sentir algo cocinándose a fuego lento bajo la superficie, siento el latir dentro de mí, creciendo, rogando ser liberado.

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Kuon… ¿Está todo bien?

Por supuesto que todo está bien, madre.

Y a ella, a mi madre, es a la primera persona que le ofrezco una sonrisa fabricada, de esas que he practicado tanto frente al espejo, de esas que ocultan mis pensamientos y sentimientos más oscuros. No necesito su ayuda. Ni la de ella, ni la de nadie. No necesito su pena.

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¿Por qué haces esto?

No lo sé. Este sentimiento sigue creciendo poco a poco dentro de mí. Y me encuentro manipulándolos, hay algo excitante y retorcido en provocarlos y luego mostrarme condescendiente, no importan los golpes que vengan después, no importa la tristeza que puedan causar.

Estoy enfermo otra vez o tal vez sería más apropiado decir que finjo estar enfermo nuevamente, porque estoy seguro de que un revolcón con la chica de turno no cuenta como enfermedad.

Descargo con fiereza el puño contra el espejo, no es suficiente, tenerlas, dominarlas, sentir sus cuerpos bajo el mío, escucharlas gritar mi nombre no es suficiente para calmar las llamas que me están consumiendo. El fuego voraz que clama ser liberado.

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Defiéndete

Se suponía que era solo para defenderme, uno, dos o tal vez tres golpes para que me dejaran en paz, pero con cada golpe la emoción crece. Y el fuego que consumía mi pecho ahora corre como lava por mis venas y mi mente recrea cada palabra, cada golpe, cada insulto recibido en los últimos años. La sangre golpea con más fuerza, más rápido, reclamando, gritando que destroce, que retribuya. Clama venganza. Y mientras descargo mi puño una vez más y los huesos se rompen con la fuerza del impacto, siento que el momento es perfecto. Mi momento. Este es de alguna manera retorcida mi momento de paz y felicidad.

De forma amortiguada escucho los gritos pidiendo clemencia. Dejo escapar una risilla y como una sombra me cierno sobre ellos, por supuesto que les demostraré clemencia. Les demostraré exactamente la misma clemencia que ellos me tuvieron en el pasado

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¿Hasta cuándo? ¿Cuándo dejaste de ser víctima para volverte victimario?

Pruebo el sabor metálico y con el revés de la mano limpio la sangre espesa que brota de mi boca. ¡Cuán interesante!

El enfado y la emoción se mezclan en uno solo y entonces dejo que la excitación del prospecto de la cacería me invada y mis ojos centellan con el brillo de la locura. Si jugar es lo que quieren, juego es lo que van a tener.

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Soy un cazador fantasma. La ira que vive y burbujea constantemente en mi pecho me hace más veloz, fugaz, ágil, y me deja verlos, puedo ver sus debilidades, sus aperturas, puedo ver su miedo.

El sonido de palos y puños aporreando, el de cuerpos impactando contra el pavimento, contra paredes, el de huesos rompiéndose, todos esos sonidos son música para mis oídos.

Otro más se abalanza sobre mí, lo envío girando hacia el empolvado pavimento.

¡Monstruo!, grita otro más. No es la primera vez que lo escucho. Antes de que pueda reaccionar estoy sobre él. El crudo sadismo creciendo con excitación. Se siente reconfortante mirar a los cuerpos desmadejados en el suelo, la sangre viscosa y pegajosa lavando las manos. No soy un monstruo, quizás sería más apropiado decir que soy una marioneta sin carne, ni sangre.

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Detente

Kuon, lo vas a matar detente. Escucho una voz suplicar, sigo descargando golpe tras golpe, pero la voz continua llamando, Kuon, tienes elección, todos la tenemos. Te lo estoy pidiendo. Detente.

Es una mentira, yo nunca tuve una elección.

Un ruido a mi derecha capta mi atención y sonrío cuando veo a una de las ratas tratando de dejar la fiesta antes de tiempo, me lanzo a por él. Detente, Kuon, detente, escucho la voz amortiguada.

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Cuidado

Lo veo demasiado tarde. Las luces centelleantes del auto, pero el impacto nunca llega, no el que espero contra la carrocería del auto, sino contra el pavimento del otro lado de la calle y antes de poder entender lo que está sucediendo, escucho el grito desgarrador que se quedará grabado por siempre en mi alma. Asesino grita una y otra vez mientras sostiene el cuerpo sin vida alrededor del cual lentamente se forma un charco de sangre. Toda la excitación desaparece, y soy arrastrado a un vacío sin final.

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Oculto

Él me oculta, no los deja que me vean, no me permite salir, porque para él soy un monstruo. Me encerró y luego tiró la llave; desde entonces duermo esperando que llegue el día en que pueda romper mis barrotes, retomar el control.

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Despertar

Lo puedo sentir, aquel que me encerró y tiró la llave a veces deja salir partes de mí. Cada vez le cuesta más mantenerme encerrado. ¿Quién es ella?

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Desdibujado

Puedo sentirlo, aquel que me ha encerrado llama inconscientemente por mí. Entonces lo siento, cómo nuestros brazos tiemblan, cómo su sangre golpea en nuestro pecho con más fuerza, cómo la ira se apodera de nuestro cuerpo y mente. Nos ha llamado maldito mestizo y quiero destrozarlo, arrancarle las entrañas, pero algo nos detiene. Una suave mano nos toca, una dulce voz nos llama y sin darme cuenta estoy de regreso en la jaula, solo que esta vez no existe ningún candado.

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Algunas veces él, aquel que se hace llamar Ren está en el control, pero más y más frecuentemente me escapo y salgo a jugar. Porque quiero verla a ella, estar con ella, con la pequeña belleza de ojos miel, encantadora y seductora que me hace sentir, me hace desear, la que hace desaparecer el enojo y la agonía.

En el espejo, mi otro yo me devuelve la mirada. Y sé que de alguna manera extraña, ya no puedo decir dónde comienza Tsuruga Ren y dónde termina Hizuri Kuon. Tan solo existimos, difusos los bordes que nos separan. Imprecisos, desdibujados…

Sin ira.