AVISO: clasificado M por contenido sexual.
Descargo de responsabilidad: como desear no cuesta nada, para mi cumpleaños deseo que Skip Beat sea mío, o por lo menos Ren...
"Los pensamientos excesivos de naturaleza sexual, o un deseo sexual desordenado e incontrolable".
LUJURIA
Estaba hermosa, no, mejor dicho, ella era hermosa. Me preocupó mucho el hecho de que no entrara al despacho del presidente. ¿Qué le había hecho la bruja como para que no quisiera entrar? ¿Qué le había hecho ponerse que la avergonzara al grado de asustarla? Cuando la vi, entendí. Estaba muy hermosa, demasiado para mi gusto. Vestía una minifalda que dejaba a la vista sus largas y bien torneadas piernas. En ese momento quise tenerlas alrededor de mi cintura. Un top que me hacía fijar los ojos en sus redondos pechos. Deseaba pasarles las manos y la lengua. Una pequeña, bueno, nada pequeña parte de mí despertó. Debo agradecer que trajera puesto un abrigo o hubiera pasado la peor vergüenza de mi vida. Ella hubiera entrado en pánico al ver mi reacción. Tuve que controlarme, busqué por todos lados mi cordura pero, al parecer salió por la puerta grande cuando ella entró.
Escuché decir a alguien que era duro y lindo. Bueno, duro sí estaba y mucho, pero lindo no era exactamente la palabra que se me había cruzado por la cabeza. Esto de los hermanos Heel iba a ser una completa tortura, siempre lo pensé, pero no sabía cuánta. Este proyecto va a ser mi perdición, y si no me detengo, también el de ella.
Las bromas de Dios, vaya debe estarse carcajeando a mi costa. Tener a la mujer que amas, con una minifalda que permite echar a volar la imaginación, y ¡ese top!, ¡me encanta! Ese atuendo me está matando, le viene bien, ya lo he dicho. Pero sé con certeza que quedaría mucho mejor en el suelo de esta habitación de hotel. Y ella, abajo mío. Salí con ella deprisa, necesitaba ropa, algo que la cubriera más, algo que alejara la lujuria de mi mente. Iríamos a comprar pantalones, o lo que sea, antes de que pudiera llevar a cabo mis pensamientos, mis más profundos deseos.
Ella era mi salvavidas, fue la luz que me sacó de la oscuridad de Kuon, mi escudo ante mi propia fuerza, la fuerza de él. Gracias a ella logré escapar, librarme de él. Sé que no me reconocía, sé que sabía que no era completamente yo, mejor dicho el "yo" que ella conoce, Tsuruga Ren. Vio a Kuon, mi aura oscura, mi odio, mi crueldad. Y sin embargo ahí estaba ella, conmigo, a mi lado. Dormir al suyo fue una bendición, una tortura y una maldición. Aunque ella calmaba al monstruo que habitaba en mí, no podía permitirme bajar la guardia. Quería tocarla, mis manos me quemaban por pasarlas sobre su nívea piel, si no me controlaba lo haría en cualquier momento. Saber que estaba ahí, casi a mi disposición. Fue una locura, una hermosa locura. Y así, ella sin saberlo, volvió a calmar a mi demonio interno.
Creí haberlo tenido controlado, pero fue esa maldita llamada, del imbécil de Fuwa, lo que me desquició. Perdí el poco control que había recuperado. La asusté. Los celos son malos consejeros, pero no pude controlarlos, saber que recibió a altas horas de la madrugada una llamada de él. La hice caer en la cama, y los dioses me ayuden, la deseé tanto. Me coloqué sobre ella y trabajo me costó no relajar mis brazos y mis piernas para aprisionarla bajo mi cuerpo. Estaba duro, mucho, tanto que dolía, quería que ella supiera lo que provoca en mí. Me fui acercando a ella. Lo suficiente como para sentir su cálido aliento dentro de mí. Llevé la mano a su escote. Quería quitarle la maldita cosa de una buena vez. Sin saber cómo, en un momento, ella estaba sobre mí. Al estar a horcajadas sobre mi cintura, su de por sí corta falda se subió un poco más que pude vislumbrar su erótica tanga. Perdí ante ella, no pude evitarlo. Llevé mi mano sobre su pierna, acariciándola de arriba abajo. Sé que se sobresaltó pero no me detuvo. Eso me incitó a llevarla más arriba, hacia su intimidad. Me sorprendió sentirla húmeda. La tomé por la cintura y la moví hacia mi erección. No podía controlarme. La froté contra ella. Respondió con un suave gemido. Atraje su boca a la mía y por fin la besé. La devoré como siempre había querido hacerlo. No sé si es su primer beso, pero no me importa. Haré que olvide los anteriores.
Me atreví a decirle mi verdad. Le dije que "yo" la amaba, que estaba profundamente enamorado de ella, de Mogami Kyoko, no de Setsu, que tenía muchas más cosas que confesarle, pero que en ese momento la necesitaba. La seguí besando y ella respondió con igual intensidad. Mi lujuria y su deseo. Pasó las manos por mi pecho desnudo, haciendo que mi erección creciera aún más, si es que eso era posible. Llevé las manos al suyo. No se quitó. Fijó su mirada en mí. Poco a poco le fui desabotonando mi tortura, ese top que desde hace días lleva mi vista hacia la tentación. La dejé solo con el sostén puesto. Acerqué mi boca y besé despacio la piel por encima de la tela. Al desabrochárselo, ella se arqueó acercándose más a mis labios. Ofreciéndose por entero. Mientras con la otra mano le proporcionaba la misma atención al otro seno. Sus pezones se endurecieron, invitándome a seguir adelante.
Le pedí que me marcara, le enseñé a hacerlo. Me dejó un chupetón en el cuello pero la prueba definitiva está en mi corazón. Mis manos cobraron vida propia, yendo y viniendo por todo su cuerpo. Las suyas me recorrían a su vez. Se acercaron a mi cintura. Me desabrochó el pantalón, no sé de dónde sacó tanta valentía, no creí nunca que se atreviera a hacerlo. Levanté mis caderas para ayudarla a deshacerse del pantalón. Yo la ayudé con la falda. Solo nos quedaba la ropa interior. La acerqué a mí para volver a besarla. Le dije que quería que estuviera segura, que no se sintiera presionada, que yo podría detenerme, aunque sé que hubiera necesitado toda mi fuerza de voluntad para hacerlo. No sería fácil pero lo haría, por ella lo haría. Por toda respuesta me miró fijamente, esbozó una cálida sonrisa y me besó con fiereza. Con pasión y locura. Se levantó un poco y ella misma se desprendió de la última prenda que nos estorbaba, pero no se detuvo ahí. Me liberó a mí también, y en más de una forma. Expuestos los dos, desnudos en cuerpo y alma. Le repetía una y otra vez que la amaba con locura, que sin ella estaba perdido. Llevó sus labios a mi frente y fue bajando poco a poco, con tiernos besos hasta mi boca. Su lengua recorrió mi cuerpo y yo hice lo mismo, probándola, saboreándola por completo. Cuando llegué a su intimidad, la besé con necesidad, la suya y la mía. La llevé al clímax, y antes de que se hubiera recuperado entré en ella. Sus ojos se abrieron y llevó sus manos a mi rostro para limpiar tiernamente las lágrimas que yo no sabía estaba derramando. Escuché las palabras que añoraba oírle decir: yo también te amo. Por fin me sentía en mi hogar.
Me desperté con ella a mi lado, no supe a qué horas nos quedamos dormidos, al igual que la primera vez que dormimos en la misma cama, estábamos completamente vestidos. Todo lo de anoche solo fue un sueño, un deseo reprimido. Con el pretexto de los movimientos nocturnos la terminé abrazando, y en algún momento ella se relajó en mis brazos y me permitió hacerlo con mayor facilidad. Me levanté con cuidado de no despertarla y me dirigí al baño. Otra vez había conseguido hacerme olvidar mis cadenas, olvidarme de él y de las pesadas esposas que cargaba día a día. Me desnudo y me meto a la ducha. Me toca bañarme otra vez con el agua fría, espero que ella no se dé cuenta, sabe bien que prefiero las duchas calientes. Al salir tomo la toalla y al estarme secando me miro al espejo. No puedo creerlo. En mi cuello definitivamente hay algo extraño. Una marca indiscutible. Tengo un chupetón.
