Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic

Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei

.

te amado siempre, pero se acabo…


AMORES CRUZADOS

Capitulo 9: Un posible fin, un inevitable inicio

.

Era la tarde siguiente de la llegada de Sasuke, gracias a la discusión de este con Sakura, la susodicha se había retirado a su mansión, y aunque le incomodara permanecería en ella hasta que la visita del príncipe indeseado terminara. No había sido tan difícil hasta el momento estar en soledad, inclusive su repetitivo sueño se había anulado la noche anterior, sus empleados luego de cumplir sus labores se habían retirado a dos días de un merecido descanso, por ella estaba bien.

Caminaba lentamente por su gran jardín con un libro en la mano, mientras se deleitaba con la naturaleza, finalmente llego hasta un árbol y se sentó debajo de este para cubrirse de los escasos rayos de sol existentes. Abrió el libro y empezó a leer. Se concentró mucho, tanto que no notó cuando una sombra se acercó por detrás del árbol y delicadamente se sentó a su lado.

—Es un gran libro, a mí me gusta.

Una voz aterciopelada y fría surgió a un lado de Sakura, ella volteó asombrada y miró algo que la asusto sobremanera, un hombre con capa negra y nubes rojas, puesto un sombrero cónico. Un Akatsuki estaba a centímetros de ella, Sakura tragó saliva e intentó gritar, pero antes de que pudiera hacer algo más, el terrorista colocó uno de sus dedos sobre los labios de la muchacha de cabellos rosas.

—No grites, no te hare daño.

—Que… ¿Qué haces aquí? —tartamudeó miedosa.

—Veo que me reconociste —pronunció con un deje de orgullo —no te lastime la otra vez ¿No lo hare ahora? así que deja de temblar.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó intentando que su voz sonara relajada.

—Quería… verte —admitió.

—¿Enserio? —bajo el rostro algo sonrojada. Todo a su alrededor, de repente, parecía producto de un sueño.

—Enserio —corroboró —¿puedes leer en alta voz? deseo escucharte —exigió cortésmente.

—Yo… no… —murmuró no muy convencida —vete… tú… tú no eres bueno… —dijo colocando su razonamiento en primer lugar.

—¿Quién lo dice? —Desafió, ante una Sakura sin argumentos —Las leyes —un sutil sarcasmo marco su voz—. A veces nosotros los mal llamados criminales, somos mejores que los hombres que siguen las normas con devoción.

Sakura lo miró sorprendida, era lo mismo que ella le había reprochado a Sasuke, así que con las manos temblorosas y una sonrisita tonta, comenzó a leer el texto pausadamente para evitar trabarse. Se sentía rara, como si una desconocida emoción interna se apoderara de ella. Mas, no se inmuto, o mejor dicho lo disimulo a la perfección, en cuanto al Akatsuki, se limitaba a escucharla, le fascinaba su voz… le fascinaba ella.

La noche anterior lo había pensado detalladamente, había evaluado los pros y los contras de sus planes, hasta que finalmente lo había decidido. Él, Sasuke Uchiha, utilizaría su identidad de Akatsuki, para acercarse a Sakura, sabía que tan delicada era esa decisión, pero si ese era el único modo dominar a la muchacha, lo haría, arriesgaría el todo en aquella jugada.

Y ahora, ahí estaba, ejecutando sus planes, a lado de aquella quinceañera enamoradiza, escuchando su fina voz leer detenidamente ese libro, sonrió para sus adentros al notar el esfuerzo sobre humano de Sakura al intentar no tartamudear, sus nervios resultaban algo graciosos.

El gran Sasuke Uchiha, estaba a punto de caer a los pies de una insignificante mozuela.

Los minutos fueron pasando, sin que nadie se percatara, era tan placentera la situación y el momento, que ninguno notó nada, hasta que finalmente el viento sopló un tanto más fuerte, y Sakura levantó la mirada, para encontrarse con el sol apunto de ocultarse, miró el ocaso sorprendida ¿Cuánto tiempo había estado leyendo? no tenía idea, la única certeza real era que jamás leer algo le había sido tan placentero y torturante a la vez.

—Será mejor que me vaya —declaró en un susurro.

—Ya… te vas —murmuró Sakura sin pensar.

—Por supuesto, ¿no querrás que me quede?

Preguntó aparentemente sarcástico, aunque en el fondo de su ser deseaba escuchar una afirmación por respuesta. En cuanto a Sakura, se limitó a bajar el rostro, se mordió el labio inferior y cerró el libro apretándolo con fuerza contra su pecho, sentía un calor insoportable en sus mejillas, tenia vergüenza, porque ella sabía lo que deseaba responder 'sí, quiero que te quedes' en ese momento se reprochaba a si misma su cobardía y sus prejuicios, si estos no existieran, ella podría dejar escapar esas palabras, pero no debía, tenía que tener presente, que ese hombre era prohibido, que él estaba al otro lado de la ley, que simplemente… él no pertenecía a su mundo.

—No —dejó escapar suavemente esa palabra.

—Me lo imaginaba —simuló su molestia—, entonces, adiós —dijo poniéndose de pie.

—Espera —dijo tomándolo del brazo.

—Que quiere, lady Sakura —expresó simulando su asombro por tan repentina reacción.

—¿Vendrás mañana? —preguntó sacando valor —es que —su mente trabajo a prisa, en busca de una excusa —aún no hemos terminado de leer el libro.

A Sasuke se le hincho el pecho de orgullo, su plan resulto a la perfección, su presa, estaba cediendo a sus deseos sin darse cuenta; era perfecto, era ideal, ahora era solo cuestión de tiempo para que Sakura admitiera que lo necesitaba con locura. Y él esperaría pacientemente a que llegara ese momento.

—Tú quieres que yo —susurró el akatsuki.

—No, no me malentiendas —se apresuró —yo, decía eso, porque dijiste que te gusto mucho el libro —se defendió.

—Sí, volveré.

Sin poder reprimir su ansiedad, Sasuke extendió su brazo y acarició con el dorso de su mano la mejilla de Sakura, se sorprendió al sentir lo suave que era esa piel. Mientras que Sakura simplemente respiró hondo al sentir el contacto, y cerró los ojos, presa de las sensaciones, le encantaba esa mano, tan dúctil y tan delicada al posarse en su rostro, aquella caricia, la estaba quemando, esos dedos eran tan sutiles, como candentes, de repente la magia se esfumo, al sentir como esa mano fuerte y blanca como la porcelana se alejaba.

—Hasta pronto, lady Sakura —batió la mano para desaparecer de repente en una nube de humo.

—Hasta pronto —correspondió Sakura al vacío.

—o—

—Muy bien Hinata, eso, camine hacia mi —repetía incansablemente la instructora de etiqueta de Hinata.

Educar y preparar a una futura esposa para el matrimonio era algo bien visto en aquella época, aun más esmerada por ende, era la educación que se le impartía a una princesa.

Desde hace una semana atrás, Hinata recibía lecciones de etiqueta, cosas básicas para el día de su boda.

Su boda.

Esa palabra que había estado presente en sus ensueños de muchacha romántica ahora le resultaba tediosa, insoportable e inclusive asquerosa, si se podría decir. La razón, simple y llanamente no podía imaginarse en los brazos de Sasuke, entregándose, dándole sus besos… su cuerpo.

Un escalofrió le recorrió la columna, se sintió desfallecer ante la sola idea de imaginarse esos labios, esas manos y ese cuerpo de Adonis poseerla por completo.

—Hinata, ¿Qué es lo que ocurre? —Le reclamó la mujer visiblemente irritada —ibas tan bien, debes concentrarte, recuerda que el chiste de esto es que tú, no dejes caer los libros.

La mujer seguía parloteando y Hinata se limitaba a oírla, solo eso, porque sus pensamientos se encontraban jugando en lo más recóndito de su memoria, cabe recalcar que su memoria tenía un nombre, y ese nombre era Naruto, su amor eterno. Porque desde ya, ella consideraba aquel joven eso, era así, era su realidad, era su única verdad, la única cosa que podía aceptar.

—¿Me entendiste Hinata? —preguntó la mujer al borde de una ulcera, al ver como sus enseñanzas eran ignoradas olímpicamente.

—Sí, sí Anko-sama… yo, debo caminar sobre la línea con los libros encima de mi cabeza… sin dejar que se caigan… así… —balbuceó sin prestar atención.

Colocó los libros sobre su cabeza, y alineándose sobre la línea, empezó a caminar con el característico paso de etiqueta, derrochando elegancia por cada poro de su cuerpo.

—Ahora si estamos bien —susurró Anko complacida —de acuerdo Hinata, es suficiente por hoy —anunció la mujer.

Al hacerlo, Hinata quitó los libros de su cabeza colocándolos sobre la mesa, y apoyada en ese mismo objeto se sacó los zapatos de taco, le dolían mucho los pies, no había dejado de repasar ni un solo día.

—¿Anko-sama? —habló Hinata tímidamente.

—Dime Hinata —la mujer de cabellos violetas hablo al vacío, ignorando sin intención a la muchacha, que se removió incomoda.

—Mando a preparar el carruaje, o… ¿Kakashi-san vendrá por usted? —preguntó sin mala intención, aunque un deje de picardía se dibujó en su rostro.

—No, no vendrá por mí —continuó indiferente, más un sonrojo en sus pómulos la delato —en vez de estar preguntando sobre mí, mejor dime, ¿sabes algo sobre Kurenai?

—No —respondió Hinata haciendo memoria—, lo único que sé es que aun sigue en su viaje de luna de miel con Asuma-sama.

—Ya me lo imaginaba —hizo una mueca reprimiendo una sonrisa —¿supongo que hubieras preferido que Kurenai te enseñe?

—Sí. Pero no me mal interprete, usted también es mi sensei, y la aprecio… solo que Kurenai-sensei…

—Te apoyo en la muerte de tu madre, lo sé —sonrió girando el rostro hacia la princesa —bien me voy Hinata.

—Anko-sama, yo aun no he pedido la carroza.

—No te preocupes, hable con tu padre, y el dio órdenes claras de que yo tenga una carroza disponible permanentemente.

—Está bien —asintió Hinata respetuosamente.

—Hasta pronto.

Anko se despidió, dándole un beso en la mejilla a Hinata, salió a prisa de la habitación, cuando lo hizo, todo se volvió silencio. Y Hinata, la hermosa e inestable Hinata volvió a sentirse sola, como un pequeño grano de arena en una playa inmensa.

Sola.

Desde su regreso del baile, la vida se había portado inclemente con ella, solo tenía los recuerdos de la fiesta y la mañana siguiente, hermosos recuerdos, que la herían y la relajaban a la vez, como la más exquisita droga del mundo.

Su vida familiar iba decayendo, su padre se pasaba en la embajada del Fuego aclarando puntos sobre la alianza, ¡la maldita alianza!

Su hermana, su pequeña Hanabi, había salido de campamento y no regresaría hasta su recepción para el anuncio de su compromiso, y Neji, su casi hermano, últimamente salía sin razón y sin dar explicaciones, a quien sabe dónde.

Era así como se llevaba la vida de la familia real Hyuuga, todos desfragmentados, cada quien volando por su lado, y ella, la princesa heredera, estaba sola, ahogándose poco a poco en su propia depresión. Sin esperar más, Hinata se dejó caer pesadamente en un mullido sillón, colocó sus manos en su rostro y comenzó a llorar, ¡sola! ¡SOLA!, ¿Acaso ese era su destino? Sentía que sus fuerzas la dejaban poco a poco.

Ahora que por fin aquel hermoso sentimiento llamado amor, tocaba la ventana de su corazón ocurría esto, 'que estúpida soy' se dijo entre dientes a sí misma, debía estar preparada para algo así, ella sabía que el amor era un arma de doble filo.

Primer principio del amor: la felicidad que te da es igual o más pequeña que el dolor que produce, y ella sabiendo eso se había enamorado, conociendo ese principio ella había cedido. Era algo imperdonable.

De improviso aquel pesado silencio fue interrumpido por tres toques sutiles en la puerta, al escuchar el sonido, Hinata se talló los ojos con sus muñecas, y respiró hondo.

—Adelante —intento que no le temblase la voz.

—Buenos días princesa Hinata, esta carta ha llegado para usted.

—¿Para mí? —preguntó desconcertada a la sirvienta.

—Es lo que dice el sobre señorita.

—Está bien, dámelo —exigió presa de una extraña ansiedad.

—Como diga —pronunció extendiendo el sobre que Hinata tomó entre sus delgados dedos. —permiso.

—Adelante —dijo Hinata sin mirarla.

Hinata sostuvo el sobre entre sus dedos, sin atreverse a abrirlo, caminó de polo a polo en la habitación mirando con curiosidad aquel papel.

Para: Hinata Hyuuga

No había nada más, sus pasos se fueron deteniendo poco a poco, hasta quedar parada curiosamente frente a la ventana, con manos temblorosas, rompió el sello de cera y empezó a sacar el documento.

Aun con su mano tambaleante colocó el sobre en el mueble que se encontraba tras ella, para centrar toda su atención en aquel recado,

Para: Hinata, la princesa del cielo.

Se quedó fría al leer la primera línea, solo había una persona que la pudiera llamar así; sin poder contener su alegría abrazo la carta contra su pecho.

—¡Naruto! ¡Naruto-kun! —gritó eufóricamente, sin creerlo y sin poder reprimirse, comenzó a leer la carta.

.

Para: Hinata, la princesa del cielo.

Hinata, redactar estas líneas resulta ser una sensación extraña, pero más allá de la rareza siento una terrible necesidad de tener noticias tuyas, últimamente las cosas han dejado de tener sentido, a menos que piense en ti 'ttebayo.

Cada noche que transcurre, me es más difícil dormir, ¿Sabes? Siento que me duele el pecho de la angustia que me produces, desde que llegaste, y el mundo se volvió al revés.

No sé si para ti la distancia es tan incómoda como para mí, pero ya no puedo ocultar mas esta desesperación, y el único modo de aplacar esta emoción es desahogando las sensaciones en este papel. Tal vez me consideres un desequilibrado por lo que te voy a decir, pero quiero que sepas que últimamente ando escuchando tu voz, creo que el canto de las aves me va a enloquecer, es como escucharte a ti, espero esto no te ofenda.

¿Por qué son así, los misteriosos recursos que tiene la mente para aferrarse a algo incomprensible?

Te das cuenta, hasta estoy pensando demás.

Sé que el escribirte esta carta es peligroso, por lo cual si llega a tus manos, ruego que intentes responderla, sería algo bueno, pero no me enfadare si no lo haces.

¿Sabes?, Siento que estoy desvariando… así es eso que llaman amor, si es así, ¡Rayos! ¡Oh, amor! ¡Oh, maldito amor! Que provocas la primavera en los corazones, fuego infinito e inextinguible, que alimentas el alma. Amor, inexorable amor, que alimentas dos espíritus unidos por mandato divino de Dios, maldito amor… hace que todo pierda sentido.

No puedo decir más, solo quería comunicarme contigo, y con suerte saber de ti.

Todo es muy confuso, siento que comienzo a depender de ti, es tan extraño, aun así, solo puedo despedirme.

Hasta pronto, Hinata, 'ttebayo.

Atte. Naruto.

.

De repente todo se hizo nada alrededor de la joven. Silencio. Un profundo silencio en el ambiente, el suave tic del reloj, el canto de alguna ave extraña, fuera de ello no había nada. Hinata bajó el rostro apretando la carta contra su pecho, cerró los parpados y una discreta lagrima salió de uno de sus ojos viajando por su mejilla, mas en esta ocasión una sonrisa discreta se dibujo en sus sonrosados pétalos.

Aun había esperanza.

Levantó el rostro y se limpió la lágrima indiscreta, sonrió con más fuerza y un brillo desconocido apareció en sus ojos.

Seria suya, ya no le importaban las consecuencias. Con aquel peligroso pensamiento, Hinata tomó el sobre que había dejado en el sofá, introdujo la carta en el, tomó sus zapatos, y salió discretamente de la habitación.

—o—

—Mi tiempo límite se está agotando.

Se dijo Sasuke mientras revisaba los apuntes que había hecho sobre el orden militar de su objetivo, tan solo tenía dos escasos días antes de marcharse de aquel reino.

Solo dos días para verla de nuevo.

Desde hace una semana atrás había empezado a visitar la casa de Sakura, por supuesto había utilizado su identidad de Akatsuki para hacerlo, las cosas habían marchado bien, y los progresos aunque escasos, habían sido significativos; desde algún roce de sus manos, hasta alguna mirada discreta por parte de ambos, e inclusive había llegado a entrar a la fastuosa mansión, cabe recalcar que esto lo había hecho cuando los empleados tenían su fin de semana libre, es decir ayer, que fue viernes, se introdujo en aquel lugar por primera vez.

Ahora se debatía entre lo que debía y lo que quería hacer, se suponía que tenía que estar en la palacio Namikaze realizando las últimas tareas de su visita oficial, mas lo que deseaba realmente era pasar lo que quedaba de su estadía con Sakura.

Los deberes son primero.

Le reprochó la inoportuna conciencia, que pese a tener razón, no dejaba de ser irritante y molesta, como un niño malcriado exigiendo un dulce; dio un último vistazo a sus reportes, todo estaba listo, simplemente debería reunirse con su hermano y Deidara a ultimar detalles.

—Sasuke-san.

—Sí —respondió secamente a la voz que llamaba detrás de la puerta.

—Naruto-san lo está llamando, por favor tenga la amabilidad de bajar.

—Sí, sí, ya voy.

Contestó de mala gana cerrando el libro de apuntes para guardarlo en lo más remoto de su equipaje, se miró al espejo y pasó los dedos entre su corta cabellera intentando domar algunos mechones, cuando creyó estar listo, dio vuelta, y salió de la habitación.

Caminó sosegadamente por los pasillos del palacio, no tenia apuro realmente, después de todo solo era un día de campo con los anfitriones; siguió caminando hasta que finalmente llegó a la sala, donde vio a un Naruto de pie apoyado sobre uno de los sofás, con los brazos cruzados.

—Hasta que al fin se digna en bajar, lord Teme primero… —se burló el rubio.

—Muy gracioso dobe… —respondió enfadado.

—Bien Uchiha, vamos, mis abuelos y mis padres nos están esperando.

—Lo sé —respondió.

Los dos abandonaron la sala. Salieron por el pasillo central hasta llegar afuera del palacio, las cosas habían estado calmadas, si bien Sasuke sabia a la perfección que Naruto lo tenía en un concepto, "de un insoportable dolor de estómago", por lo menos no se había tomado la molestia de investigarlo e indagar, un gran logro, tomando en cuenta la perspicacia del menor.

Llegaron con los monarcas y todos se embarcaron en carruajes que los llevarían a una exclusiva hacienda de la familia real, fue un trayecto largo. Después de una hora llegaron a su destino, todo iba en un tono regular y hasta aburrido para Sasuke, sin embargo cierta carroza ya estacionada, llamo su atención.

Era la carroza de Sakura.

—Buenos días, tía Kushina, tío Minato —saludó la joven haciendo una breve reverencia mientras se despojaba de su sombrero.

—Mi Sakura —respondió Kushina fraternalmente abrazando a la menor.

—Buenos días Sakura-chan —gesticuló Minato.

—Buenos días Jiraiya-sama, Tsunade-sama —continuó al separarse de su tía.

—Buenos días Sakura-chan —saludó el sannin.

—Buenos días pequeña —correspondió una sonriente rubia.

Apenas hubo terminado con ellos se dirigió hacia Naruto y Sasuke, al llegar ignoró magistralmente al invitado y se centró en Naruto, con un saludo, un tanto distante. Extraño.

—Hola Naruto-kun —saludó Sakura con una sonrisa suave y un beso en la mejilla, muy diferente a la efusividad que solía tener, como abrazar a Naruto y aferrarse a él, como si el universo dependiera de ello.

—Hola Sakura-chan —respondió Naruto, algo relajado por la naciente barrera entre él y su prima.

Sakura se quedó unos breves momentos meditabunda. Al separarse de Naruto cruzó velozmente su mirada con la de Sasuke:

—Buenos días, Sasuke-san.

En ese momento Sasuke maldecía la ausencia de su razón, todo por ella. Maldita la hora que en este mundo existió una mujer que lo ignorara, que no pasase de verlo como un conocido más; esa, esa fue la formula que Sakura había realizado en Sasuke involuntariamente y que había llevado por consiguiente, a la obsesión de este, y al naciente amor que guardaba en esos instantes.

Estaba bella, más de lo normal, pensó Sasuke al analizarla detenidamente. Un vestido sin mangas, levemente descotado de color lila, con unos delicados encajes rosas, y un sombrerito de paja con grandes cintas de un rosa pálido; todo le combinaba armoniosamente, pero lo más llamativo, valga la redundancia, era el brillo en sus inquietas esmeraldas, y la sonrisa envuelta en alegría y enigma. Ella guardaba un secreto feliz, que nadie debía saber.

—Buenos días, Sakura-san.

—Bien que esperamos, empecemos con las labores —dijo un animado Jiraiya.

Inmediatamente a su voz, todos comenzaron a prestar atención a las actividades que debían realizar: primero, un juego de crocker, donde todos mostraron sus habilidades, mas el vencedor resulto Minato, luego de derrotar con una ligera facilidad a Sasuke; después, un duelo de espadas, en el que por supuesto participaron los cuatro varones, mientras las mujeres preparaban con mucha dedicación unos pastelillos de manzana.

—A comer —llamó Kushina, cuando todo estuvo listo.

Tsunade y Sakura eran las encargadas de poner la mesa, mientras Sakura colocaba el mantel y la vajilla sobre la mesa de madera, Tsunade muy cuidadosamente servía la comida; cuando todo estuvo listo todos se dispusieron a comer, no sin antes que Naruto protestara al no ver su ración de ramen, una vez que Sakura sirvió el platillo con una sonrisa, el rubio se silencio y todos comenzaron a comer.

Ya casi terminaban el almuerzo, hasta que el rey habló:

—Sasuke-san.

—Dígame Minato-sama —respondió intrigado cuando el rey lo llamó.

—Me preguntaba, ¿si no será posible que alargue su visita? —al pronunciar esto Naruto casi escupe parte del jugo que estaba bebiendo, mientras Sakura dio un suspiro, y bajó la mirada frustrada.

—No lo creo —respondió de inmediato algo inseguro —¿Por qué? —indagó curioso.

—Bueno, me hubiera gustado que estuviese presente para el festival en honor al Kyuubi, la bestia que representa y protege nuestro reino.

—Oh, el famoso Kyuubi —repitió el nombre. Se sintió algo frustrado, siempre había deseado asistir a los ritos en honor a esa bestia, pero no podía quedarse—. Créame que me apena mucho, pero usted sabe, estoy a puertas de mi ascenso al trono, y tengo una agenda muy apretada.

—Lo entiendo, no se preocupe.

Respondió el rey y continúo con lo que restaba de su comida, internamente Naruto y Sakura dieron un suspiro de alivio, no tendrían que lidiar con aquel mimado, por instinto, ambos se miraron y se dieron una sonrisa cómplice. Todo resulto para ellos perfecto.

Una vez terminada la comida, Tsunade y Kushina se llevaron la vajilla para lavarla, Jiraiya y Minato, invitaron a Sasuke a recorrer las caballerías.

Todo eso propicio una soledad de dos. Naruto y Sakura, los dos comprometidos se miraron a los ojos, el viento soplo con fuerza, e hizo volar la cabellera rosa de Sakura, los labios de la joven temblaron imperceptiblemente, desde el baile sentía que el fuego entre Naruto y ella había ido extinguiéndose paulatinamente, pero la costumbre no la había dejado revelar sus verdaderas sensaciones; en cuanto al rubio, miró aquella joven con cierta tristeza y sonrió.

—Naruto.

—Sakura —los dos hablaron y callaron al mismo tiempo.

—Sakura-chan… lo nuestro —inició con la palabra clave, no le gustaban los rodeos —ya no es como antes… —intento ser suave, no deseaba herirla.

—Lo sé —respondió firme—. Nos hemos distanciado demasiado —dijo temblorosa, pero sin ninguna duda.

—Creo… que…

—Necesitamos tiempo.

Concluyó la frase, aun no estaba segura de no querer aquel joven que tenía en frente, pero tampoco tenía la certeza de dejarlo ir, por una… ¿aventura?

—Piensas que necesitamos tiempo.

—Sí, Naruto-kun, debemos reflexionar, y luego tomar la decisión de seguir o acabar de una vez con esto.

—Concuerdo —dijo el joven inmediatamente —esto es el posible fin, hasta próximo aviso.

—Así es —respondió Sakura con los ojos vidriosos y con una sonrisa sincera.

Sin esperar palabras, los dos acortaron distancias y se dieron un abrazo, nacido de un impulso, era de ese tipo de gestos sinceros que se realizan por obra del corazón, aun sin saber las circunstancias, muy en el fondo de sus conciencias supieron que era el fin, todo ese amor que se habían tenido desde niños, empezaba a extinguirse, y la breve llama que aun se encontraba encendida, seria apagada, por la distancia, es como cuando a una fogata, se le tira agua o tierra para acabar con ella, en ese momento, los dos sentenciaron su relación de esa manera.

Se separaron brevemente y se miraron a los ojos, un viento mas fuerte sopló y Naruto se inclinó como si este lo empujara, por un corto lapso posó sus labios sobre la frente de Sakura, un beso… el más claro gesto de despedida, la joven simplemente cerró los ojos y se dejó llevar, este gesto de cariño era diferente, más profundo, no duro mucho y se volvieron a separar, esta vez simplemente se miraron a los ojos y se sonrieron, deshicieron el abrazo, y una paz se posiciono en sus rostros, sus conciencias ahora estaban tranquilas.

—¿Qué le pareció mis caballos pura sangre, Sasuke-sama?

—Unos excelentes ejemplares —una conversación algo lejana alertó a Naruto y Sakura, quienes inmediatamente recuperaron su postura.

—Hijo, Sakura-chan —dijo Minato al ver a los dos jóvenes.

—¿Qué sucede tío? —preguntó la joven.

—¿Dónde está mi mujer y mi mamá?

—Aquí estamos hijo — indicó Tsunade apareciendo entre la maleza, seguida por su nuera.

—Bien, es hora de empezar con la última actividad.

—¿Que tienes en mente ahora, Jiraiya? —pregunto irónica Tsunade.

—Muy graciosa —fingió molestia—, es hora de ir a ver leña para la tarde.

—Es cierto —apoyó Minato.

—Bien nos dividiremos en dos grupos de dos y uno de tres.

—De acuerdo —respondieron en coro.

Por azares del destino, Naruto fue "bendito entre las mujeres", cuando en el sorteo coincidió su madre y su abuela, el otro equipo fue Jiraiya y Minato, por ende el último equipo fue Sasuke y Sakura, todos se marcharon por su lado a buscar la preciada leña.

—¿Por qué me ignoras? —preguntó entre divertido y ardido por la actitud de la joven.

—Por idiota —respondió como queriendo herir con una espada a Sasuke.

—Creo que tu odio es injustificado.

—Es probable.

Reconoció Sakura meditabunda, por mucho que le doliera su orgullo, sabía que él tenía razón, ¿Por qué lo odiaba? La razón era muy sencilla, por temor, el instinto le advirtió a Sakura que en caso de conquista, Sasuke sería el vencedor, lo que la pobre no notó, era que su situación con el Akatsuki era la misma.

—Sasuke… tu, yo… no somos una buena combinación.

—¿Amas a otro? —fue directo.

—Sí —respondió con franqueza —estoy echándome la soga al cuello, pero está bien —habló en clave, indescifrable, excepto para Sasuke que sabía a lo que se refería.

—Entiendo.

No dijo más, y tomó el haz de leña que habían reunido, dio vuelta y sonrió para sí mismo, dejando a una sorprendida Sakura tras sí, comenzó a caminar mirando el horizonte, una decisión se poso en su mente, y la fuerza en su semblante.

La hora había llegado.

CONTINUARA…


Notas de autor:

Las cartas están echadas, y el SasuSaku y el NaruHina, están más que predispuestos a realizarse, gracias al final de la relación de Naruto y Sakura.

Creo que no hay más que decir, solo… continuar.

.

¿Reviews?