Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei
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… En contra de mis principios…
AMORES CRUZADOS
Capitulo 11: Ocaso del Kyuubi
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—Todo está listo.
—Calculamos todo a la perfección. Nada puede fallar.
—Muy bien ya conocen sus lugares. Itachi, Sasuke… es hora de ubicarnos.
—Antes de hacerlo ¿Estás seguro de que deseas que sea así, Deidara?
—Uhm… Sí, seré yo quien me haga personalmente cargo de mi hermano.
—¿Tienes la certeza de no querer tomar el consejo de mi hermano?
—Sí, Sasuke. El único que se hará cargo de Naruto, seré YO. Entendido.
—Entendido.
Respondieron unísonamente dos voces, y se limitaron en seguir en silencio al superior de la misión, que caminaba sosegadamente delante de ellos, con el propósito de llegar a su primer objetivo: La entrada de Konoha.
—o—
Una muchacha esperaba a las afueras del palacio, la salida de alguien en especial. La hora había llegado, su relación oficialmente debía terminar, no podía vivir con su conciencia replicándole a cada instante esa noche. Esa sensual noche.
Sakura cerró los ojos con fuerza y sacudió la cabeza; si alguien se atreviese a preguntarle si se arrepentía de los hechos cometidos, ella sencillamente respondería con un, no. ¿Qué había de malo en lo que había pasado? ¿Era tan grave realmente amar a un paria? No, un sentimiento tan gratificante no podía ser tabú, su meditación se vio interrumpida al ver una cabellera rubia salir del palacio, en medio de la servidumbre que salía apurada a la celebración del gran zorro.
—Naruto —levantó la voz Sakura, batiendo la mano, mientras se acercaba al rubio.
—Hola Sakura-chan —correspondió amablemente.
—Tenemos que hablar.
—Podría ser en otro momento… mis padres y mis abuelos me esperan en el centro de Konoha, voy retrasado.
—Tiene que ser ahora —dijo firme.
—Entonces te llevo y hablamos en el camino.
—Está bien.
Respondió y no dijo más hasta que ambos subieron al transporte y este comenzó a andar.
—Naruto…
—Sí, Sakura-chan…
—Recuerdas la conversación que tuvimos hace una semana… —Naruto la vio con una ligera sorpresa y respondió:
—Sí.
—Respecto a eso —tragó saliva, eso era difícil —no debe ser mas, nuestra relación debe acabar… —continuó sin rodeos.
—Concuerdo contigo —dijo el rubio viendo a un punto del vacío —que te parece si se lo anunciamos a mis padres apenas termine la celebración —sugirió.
—Me parece excelente —respondió sonriendo.
Los dos rieron con más fuerza, como dos amigos. Amigos… sí, siempre fueron eso, que mal identificaron sus sentimientos.
La carroza llegó al centro de Konoha, y los dos descendieron de ella.
—Papá, Mamá, ya estamos aquí —dijo el rubio.
—No tienes que decirlo, ya los vemos —continuó Minato con tono burlón.
—¡Papá! —Protestó de inmediato, Sakura y Kushina simplemente rieron frente a la escena.
—Al fin los encuentro —interrumpió una voz.
—¿Qué sucede ero-sennin? —volteó a ver el rubio.
—Que gracioso —dijo algo molesto haciendo una mueca —los vine a buscar. Los carruajes están listos.
—Entonces vamos —respondió Minato siguiendo a su padre, mientras el resto de su familia seguía sus pasos.
—o—
—¡Argh!
Dio un último grito hondo el soldado, cuando una mano fuerte terminó por estrangularlo. Al acabar con el acto el susodicho arrojó aquel desdichado como un muñeco de trapo contra las sucias paredes.
—No crees… que te pasaste —susurró una voz —él era joven… tendría mi edad quizás.
—No, no me pase —continuó—. Lo hice para que todos los de aquí tomen en cuenta nuestro poder.
El capado dio vuelta y vio los aterrados rostros de los soldados mirarle, y temblar como gelatinas.
Pobres miserables, bien era sabido por todos que Akatsuki era sinónimo de muerte, y que sus objetivos y combates jamás fallaban.
Jamás.
—Todos en línea y no opongan resistencia, a menos que deseen algo peor que la suerte de ese incompetente.
Advirtió el aparentemente superior, nadie dijo nada y más de quince soldados comenzaron a ser atados uno a uno por los dos repudiados.
Estaban corriendo con gran suerte, hasta el momento por lo menos. Y en todo caso, si surgía algún inconveniente, tenían como apoyo su kekke genkai, definitivamente todo eso había resultado más fácil de lo previsto.
El menor finalmente hizo un nudo, atando así al último soldado. Ya no había nadie que resguardara el desfile de la familia real. Todo iba de acuerdo a lo planeado.
Perfecto.
—De acuerdo, todo está tal cual lo pidió el superior.
—Sí, ahora todo depende de él. De parte nuestra, todo está hecho —esbozó una sonrisa invisible, excepto para los ojos de su acompañante —a él simplemente le toca el jaque mate.
—o—
Las personas observaban encantadas el desfile; la celebración más importante del año se efectuaba en ese preciso instante, danzas, canticos, baile y flores, muchas flores lanzadas a los bailarines, la parada militar y finalmente las personalidades más importantes. La familia real.
En un primer carruaje viajaban las dos damas de la casa real, y junto a ellas, una joven considerada por muchos como la futura reina del fastuoso imperio.
Kushina saludó a la multitud que la rodeaba, batiendo con ímpetu su brazo, y sonriendo ampliamente. La reina madre a su lado derecho sonrió y saludó a la multitud con más moderación que su nuera, aquel toque de recato natural la hacía resaltar y llamar la atención, aunque no lo desease; finalmente a lado de ambas se hallaba Sakura saludando con discreción, mientras un rosa leve se mostraba en sus pómulos, más de uno agitó la mano con frenesí esperando llamar la atención de la encantadora muchacha.
En un tramo considerable más atrás, se observó el segundo carruaje traer a la dinastía pura, de la casa real.
Minato, el actual rey, lucia soberbio en su traje de gala, su porte altivo lo hacía distinguirse, y su admirable aura, hacia de él, un indiscutible emperador; a lado de él se encontraba Jiraiya, con una sonrisa igual de discreta, su mirada, su semblante y todo en sí, mostraba en él un digno ejemplo de hombre, sabio, fuerte e inteligente, un rey ideal, que por propia voluntad había renunciado a su cargo, pero había dejado tras de sí, un legado en el Viento, y su nombre escrito como leyenda, como uno de los famosos Sannins; finalmente a lado de ambas personalidades, e igual de llamativo se encontraba Naruto, sonriendo ampliamente y saludando con sus manos, si algo era interesante de aquel muchachito para el pueblo, era la energía que desprendía, aun no era una leyenda, aun no tenía una historia, sin embargo destacaba por la vida y el furor en sus expresiones y acciones, llenas de nobleza… algo digno, de un futuro rey.
Los dos carruajes se aproximaban al transversal número 7 de la calle principal, todos estaban tan concentrados en su algarabía que no notaron la poca vigilancia que había en el lugar. Un hombre en la acera derecha, y a su frente dos hombres con el traje militar esperando el paso de la familia real, de repente y para sorpresa de todos, cuando terminó de pasar la carroza, con las damas de la casa real, un militar de cada lado salió al centro de la avenida, Naruto, Minato y Jiraiya a una prudente distancia observaron extrañados aquel comportamiento, pero de improviso los dos supuestos soldados desaparecieron para darle paso a una gran explosión, los tres simplemente se cubrieron intentando evitar el impacto, pero curiosamente este no llegó.
Al empezar a disiparse la nube de humo, los ojos azules del soberano y el príncipe se abrieron con sorpresa frente a la visión que se presentaba ante ellos, mientras Jiraiya simplemente miro con cautela lo que se presentaba a la delantera de él.
Un Akatsuki estaba frente a la carroza, alrededor del susodicho tan solo el vacio, por reflejo, los tres aunque aturdidos miraron a todas partes, hallando a la lejanía algo de vida, entonces notaron también, que eran rodeados por una barrera de energía.
—¡¿Qué demonios quieres escoria?
Gritó aturdido el rey, a la silueta que se encontraba frente a él.
Deidara se sintió inundado de un mar de sensaciones. Seis años, y el destino era tan noble que le regalaba el hermoso momento de ver a su padre, su abuelo, y su pequeño hermano. No, Naruto ya no era un niño, casi era un hombre. Sus finos labios temblaron de la emoción y la impresión, pero reaccionando de inmediato, Deidara agitó la cabeza, y colocó sus pensamientos en orden.
Tomar a Naruto, y largarse de ahí.
—Monarcas, les ruego su colaboración —pidió modulando su voz —mientras no opongan resistencia, todo estará en orden —finalizó sin gritar, pero fuerte y claro para receptar la orden a cabalidad.
—¡Ni lo pienses! Ahora que uno de ustedes está aquí, me cobrare el 'paseíto' que le hicieron a Sakura-chan.
Inquirió agitado Naruto, que saltó de la carroza y sin previo aviso, realizó un sello de manos, para realizar el Kage Bushin no Jutsu, fue demasiado veloz, y dada la situación, su padre y su abuelo no pudieron detenerlo, inesperadamente los mayores observaron el Rasengan ser disparado por las manos jóvenes del muchacho.
Deidara, como el prodigio que era, reaccionó rápido esquivando el golpe, 'igual de imprudente' pensó de inmediato, colocándose tras el rubio menor, dispuesto a noquearlo para llevárselo de ahí, pero se detuvo en el acto al sentir dos chakras poderosos, intentar atacarle; con reflejos dignos de un guerrero de la altura de él, esquivó los rasengans vinientes, sorprendiendo a su padre y su abuelo. Después de todo, aunque él fue incapaz de perfeccionar aquella técnica, al ser una herencia de combate de la familia la comprendía y sabía su funcionamiento.
—¿Cómo? —Susurró Minato asombrado, aquella técnica era prácticamente infalible estando a tan corta distancia.
—Veo que no desean conllevar las cosas con calma.
Perdóname Papá, pero es por el futuro del imperio.
Pensó Deidara, mientras se colocó al frente de los tres guerreros que lo observaban expectantes, analizando cada uno de sus movimientos, lo único que se mostró ante ellos fue un Akatsuki, colocarse de pie sin hacer ningún movimiento. Sin previo aviso y a una velocidad admirable el terrorista hizo un gran número de sellos, los tres soberanos se colocaron en posición de defensa, sin embargo no ocurrió nada, salvo que el individuo metió sus manos a los bolsillos de la capa… en medio del abrumador silencio se escuchó unas mordidas, y el chocar de dientes, se miraron a las caras sin entender y bajaron la guardia, hasta que un observador Jiraiya admiró como el sujeto sacaba las manos de los bolsillos, y abría las mismas, mostrando en las palmas un par de figurillas. Dos aves hechas de arcilla. Cuando estas estuvieron a la vista en su totalidad, Naruto y Minato las miraron fijamente.
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—Qué te parece —preguntó un niño de once años a su hermano menor.
—Aniki, es muy bonita 'ttebayo —susurró un pequeño de seis años emocionado, tomando en sus manos una pequeña escultura de arcilla, con forma de ave.
—Si de verdad te gusta, te la regalo Naruto.
—Gracias, Deidara.
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Un fugaz e inquietante recuerdo se posicionó en la mente de Naruto, al observar las avecillas que sostenía el tipejo ese. Eran idénticas a las que construía su admirado hermano, abrió los ojos sobremanera y comenzó a temblar, mientras veía como su padre y su abuelo se lanzaban al combate, cuando lo hicieron, las aves volaron de las manos del Akatsuki hacia sus antecesores, y en medio de su trayecto explotaron, Jiraiya y Minato pudieron esquivarlas a duras penas, mientras se miraban a las caras sorprendidos.
—Uhm, yo de ustedes tomaría más enserio mis esculturas —su voz se torno arrogante —ya que son arte y mi arte es una explosión.
El sujeto no dijo nada mas, y volvió a meter las manos en sus bolsillos, tanto Minato como Jiraiya, intentaron aprovechar el momento para atacarle pero Deidara fue veloz, e hizo unas pequeñas arañas explosivas para despistar, las lanzó fijamente con la intención de que su padre y su abuelo las esquivaran, fue en aquel momento cuando sus combatientes se percataron de las bocas humanas que tenía en las manos, algo aturdidos por la situación se alejaron de inmediato.
—Que… demonios es eso… —susurró Minato para su padre y su hijo.
—Ni idea… en todos mis años de combate nunca vi algo así.
—Son… bocas de… personas… —tartamudeó Naruto impresionado.
—Cálmate hijo.
—Papá…
—o—
—¡Por Kami! ¿Qué está ocurriendo? —chilló Kushina acercándose a unos soldados.
—Es Akatsuki, señora —respondió con resignación.
—¡Akatsuki! —exclamó Tsunade, seguida por una sobresaltada Sakura.
—Sí Tsunade-sama… el rey, Jiraiya-sama, y Naruto-san, están ahí.
—¡Y qué rayos esperan para ir por el mal nacido terrorista ese!
—No podemos. El lugar donde se está llevando a cabo la batalla, está rodeado por un campo de energía —el militar calló un momento —cada vez que intentamos atravesarlo ocurre una explosión, lo suficientemente fuerte como para matar a alguien, dos de nuestros soldados ya han muerto intentando lograr filtrarse. Lo lamentamos.
Tsunade bajó la mirada frustrada y no dijo más. Kushina empezó a inquietarse demasiado, y Sakura simplemente se limitó a rezar.
—o—
Las cosas se habían intensificado, y un par de golpes le habían llegado. Prodigio o no, el combatir con dos excelentes guerreros y una gran promesa, era complicado. Dos rasengans se combinaron, con la intención de llegarle por detrás, mientras intentaba a la vez esquivar un golpe directo de su hermano.
La situación era complicada.
Un fuerte puño se estrelló en su vientre y su mano se detuvo en la mejilla del menor, haciéndolos caer al suelo, evitando así los rasengans, el porrazo recibido dolía, pero lo más importante se había logrado. Evitar un ataque mortal.
'Esto se está complicando demasiado', pensó Deidara, escupiendo un poco de sangre, arrodillado en el piso y apoyado en uno de sus brazos, estaba tan concentrado en su dolor y su estrategia, que no notó un par de cielos indagadores observarlo.
Naruto recorrió con sus ojos la figura de aquel relegado, arrodillado en el piso. Reparó en determinado momento, en un líquido rojizo que se filtró por medio de las borlas del sombrero cónico, un punto débil, eso era lo que buscaba y aunque aquella muestra de debilidad debió ser suficiente, para su investigación, algo dentro de sí, evitó que su mente trabajara con la rapidez requerida en medio de batalla, aquel sujeto le inspiraba confianza. Era estúpido.
—Ríndete… estas acabado —exigió Jiraiya aproximándose.
—Se coherente. No podrás contra tres, por muy hábil que seas…
El rubio akatsuki simplemente se limitó a incorporarse y darse vuelta para encararlos. El viento sopló con relativa fuerza y la cabellera de Jiraiya flotó, mientras unos traviesos mechones jugaron inquietos en las cabelleras del rey y su hijo, Deidara, simplemente se delimitó a sostener su sombrero, pero un imprudente cabello rubio se escapó… nadie lo advirtió.
—Puede haber un ejército… mientras sean unos miserables, los venceré —respondió Deidara a su padre —el espíritu y la razón del shinobi determina la victoria en un combate —Minato tambaleó ante esas palabras. Su prodigio las había dicho anteriormente—. No importa el número y la calidad pasa a segundo plano. La fuerza real esta más allá de la habilidad.
Minato lo miró fijamente y sintió una fugaz conmoción, aquel proscrito en frente suyo, había…
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—No, no participaras en esto. Olvídalo de una vez hijo.
—Pero Papá, uhm, yo estoy listo… he demostrado talento ¿no es suficiente acaso?
—Tú has practicado pero, jamás has peleado —respondió Minato con una negación a la petición de su hijo.
—Papá, yo quiero ser una leyenda… como tú —fijó sus cielos en los océanos de su progenitor.
Un pesado silencio se hizo en la habitación.
—Entonces respóndeme esto… Para ti, ¿qué es ser un Shinobi?
El chico arqueó una ceja y ladeó los ojos. ¿Qué clase de pregunta era esa?
Teóricamente un Shinobi, era un ninja, con atribuciones militares bajo el mando de la corona pero, él era parte de la corona. La respuesta era otra.
—Un Shinobi… es aquel… —respondió lentamente, colocando sus pensamientos en orden, la pregunta era ¿Qué es ser un shinobi?, ¿no que es un shinobi? —que impulsado… por una razón… y un espíritu inquebrantable… es capaz de alcanzar la victoria… es aquel que descubre que la fuerza esta mas allá de la habilidad…
Su mirada tambaleante se fijó de nuevo en las orbes de su padre, ¿acaso era tan incoherente desear combatir por tu nación?
—Es un excelente concepto, tomando en cuenta tu escasa experiencia —Minato sonrió levemente —de acuerdo, te dejare batallar, pero obedecerás ciegamente las ordenes de tu capitán, o sea yo.
—Sí, Papá…
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El tiempo caminó lentamente y el viento sopló con fuerza de nuevo.
'No quería llegar a esto'… la sola idea era peligrosa, pero si era el único modo.
—Yo… jamás combato sin un as, bajo la manga.
Los tres se miraron dubitativos por la insinuación. Gran error, en la guerra, no hay tiempo para distracciones.
Aunque el periodo fue corto, fue suficiente para que Deidara construyera un pequeño pajarillo de arcilla que voló hasta el suelo; los contrincantes la miraron desconcertados, ¿esa pequeña cosa era un as?, Deidara simplemente evitó entretenerse y formó velozmente un par de sellos, entonces la pequeña ave, se transformó en una gran escultura alada, los tres retrocedieron asombrados, mientras Deidara sencillamente con un salto se subió a la ave, y se elevó en esta.
—Nunca… vi… un ninjutsu que pudiera volar… —dijo Minato sorprendido.
—Yo tampoco hijo.
—¿Cómo combatir a eso? —preguntó Naruto consternado.
—Este ninjutsu, no tiene como propósito atacar —intervino Deidara, como quien da clases ilustrativas —solo hacer las cosas más fáciles.
Por el tono de voz que aplicó era fácil deducir que tramaba algo, sin espera de nada, unas primeras aves, similares a la voladora, aparecieron sobrevolando hacia ellos, y en medio del curso de vuelo explotaron, la distancia fue exacta, esto los obligó a separarse, lanzar un ataque, era su única opción. Demasiado tarde, Deidara fue más rápido y lanzó unas esculturas mucho más veloces y con un mayor impacto explosivo.
La humareda, el brillo del fuego, no ayudaban en nada, las cosas eran irreconocibles, lanzar un ataque sería peligroso, podría llegarle a cualquiera de ellos, algo de claridad empezó a aparecer pero fue inmediatamente nublada por una explosión igual de fuerte.
El gran sannin y el rayo amarillo, habían sido acorralados.
Para Naruto las cosas no eran mejores, su poca experiencia en combate, y las extrañas similitudes entre el relegado ese y su hermano, eran demasiadas, y no ayudaban para nada, su mirada se nubló mas a causa de una nueva explosión, cerca de su padre y su abuelo. Una gran inquietud se posicionó en su rostro, intentó aclarar todo haciendo uso del kyuubi, pero fue inútil antes de invocarlo una de las dichosas aves esas se cruzó cerca de él ocasionando un gran estruendo, todo se volvió oscuro, la humareda le provocó una sensación de ahogo. En medio de la desesperación e impotencia sintió una especie de abrazo… no, no era un abrazo, una mano lo tomó del pecho y otra le tapó la boca, pretendió moverse furioso, pero fue inútil, aquel que lo sostenía era muy fuerte.
—o—
—Itachi… ¡las explosiones! —increpó aturdido al ver la gran humareda a la distancia.
—Ya veo…
—Deidara debe estar en problemas… deberíamos…
—No —interrumpió de inmediato—. Él solo ha tenido más dificultades de las planificadas. Nada grave.
—Te recuerdo que esa estrategia la utiliza en últimos casos.
—Lo sé. Lo conozco más tiempo que tú —paró un momento —las cosas en esta ocasión son distintas, él no solo está combatiendo con ellos, sino consigo mismo. Así que cálmate y espera.
El menor hizo silencio y se quedó dubitativo, a veces maldecía la forma de hablar de su hermano, siempre en acertijos, en ocasiones era incapaz de entenderle.
—o—
—Su… suéltame —exigió Naruto forcejeando en lo que le era posible, pero sus esfuerzos eran inútiles.
—Lo lamento… pero no.
Fue lo último que escuchó antes de sentir un ligero golpe en su nuca, y ver como poco a poco todo se iba poniendo nubloso. En medio de las difusas imágenes que alcanzaban a distinguir sus ojos, miró un largo mechón rubio colarse por medio de las borlas del sombrero, un mechón tan dorado y brillante, como su propio cabello, pero tan largo como el de su…
—o—
Dos figuras se movían velozmente, evitando los ataques del contrincante con rapidez y gracia. No había tregua. Todo era marcado por ritmos perfectos, ni un solo toque, ni un solo descuido, sino…
—Estas distraída.
—No es cierto.
Sus delicados labios no terminaron de pronunciar la frase, cuando hábilmente su contrincante se deshizo de su espada, haciéndola volar en el aire.
—¿Qué sucede Hinata? —Preguntó Neji extrañado —tu rendimiento suele ser más elevado.
—No… lo sé… —respondió —me siento rara…
Hinata bajó el rostro y miró al piso, había algo en su pecho que no la dejaba tranquila. Tenía un mal presentimiento.
—Si quieres podemos descansar un momento.
—No Neji-niisan… yo… ya estoy bien.
—Seguro…
—Sí… yo…
Su corazón dio un vuelco, y una imagen se presentó en su cabeza.
Naruto.
Un combate… una lucha… sangre… un monstruo… Akatsuki…
—No puede ser —alcanzó a susurrar antes de que todo se pusiera oscuro a su alrededor.
—¡Hinata!
Un último grito escapó de los labios del hombre que consideraba su hermano, después todo se nubló a su alrededor.
CONTINUARA…
Notas de Autor:
Estoy en blanco, lo único que tengo en mente es la satisfacción de este capítulo. Uno de los mejores sin duda.
Espero haber corregido las faltas, que era lo que más me agobiaba a estas alturas…
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