Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei
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… Mi hermano, mi amigo… mi héroe…
AMORES CRUZADOS
Capitulo 13: Memorias de un Artista
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Naruto tiritó, caminando lentamente hasta llegar al rubio mayor. Su incomprensión por el momento era grande, sus dientes castañearon y sus ojos azules se hundieron en los océanos de Deidara, donde claramente se divisaba una gran tormenta.
Sasuke al ver la tensión entre los dos hermanos, decidió intervenir, sin embargo Itachi con un gesto lo detuvo, así que el Uchiha menor se limitó a ver la escena.
Con sus cielos acuosos, Naruto, dio un paso más al frente de su hermano, y sin previo aviso estampó su puño en la mejilla del mencionado, que no hizo ni un solo ademán por evitar el golpe.
—Eres… estas… —las palabras no se organizaban en su cabeza, todo era confuso.
—Yo… Naruto… —se entrecortó nerviosamente, había practicado el discurso, y de repente todos aquellos repasos se habían ido a la basura.
Deidara volvió a girar su rostro, que se encontraba levemente inclinado debido al impacto anterior a su pómulo.
Naruto volvió a mirarlo y a negar con la cabeza temblorosamente. Rasgos pulcros, enmarcados por largos mechones dorados, los labios sonrosados y finos, levemente cubiertos por sangre a causa de su golpe, y lo innegable, un par de cielos iguales a los suyos… no, esos ojos ya no se parecían a los suyos, un notable brillo de madurez y experiencia marcaba una notoria diferencia, sin contar la estatura, que superaba visiblemente la suya.
—No… es posible —finalmente el más joven, dejo de trepidar. Pero expresar organizadamente las palabras aun le costaba —mi Aniki… él… ¡Él hubiera detenido el golpe! ¡No hubiera esperado ser noqueado como un imbécil! —gritó, intentando encontrar una excusa.
—Me lo merecía —susurró —Una escoria, que es capaz de secuestrar a su hermano ¿acaso no merece algo así, o peor?
El rubio lo encaró totalmente seguro de sí. Naruto conocía ese tono; Deidara, lo utilizaba siempre que tenía la razón. Miles de recuerdos fugaces se agolparon en su mente, mientras su cuerpo avanzó por propia voluntad.
—A… aniki… —alcanzó a pronunciar entrecortadamente, en medio del llanto tomó a su hermano de la capa con sus dos manos —no… no… en-entiendo esto…
—Yo.
—Ca… cállate… —murmuró una vez más, para de pronto elevar su voz, al grado de parecer que gritaba —¡¿Sabes cuantas noches me desvele llorándote en silencio? ¿Y lo frustrado que me sentí cuando no cumpliste tu promesa? —Musitó la última pregunta con la mirada baja, elevó de nuevo el rostro con fuego en los ojos —¡No entiendo qué objetivo tenía el que te fingieras muerto! ¡Eres un completo BAKA! —volvió a exhalar —Ahora estas aquí… y… y yo… no se qué pensar…
—Naruto —habló pausadamente, pero fuerte y claro, típico de él —uhm —de sus labios escapó la muletilla que arreaba desde niño, y con esfuerzo había logrado eliminar de su vocabulario con varias clases de etiqueta —lo lamento, se que les he causado mucho dolor, a los abuelos, a mis padres y a ti —tomó de los hombros al menor, para encararlo —créeme, que el separarme de ustedes no fue por mi voluntad, las circunstancias me arrastraron a ello.
'Acaso no entiendes, hay que hacer algo' Una voz familiar a sus espaldas, trajo a Naruto a la realidad, y volteó para encontrar a un Sasuke discutiendo con una copia suya, pero más madura, en ese caso… las cosas debían ser viceversas. Sasuke era la copia ¿Verdad?
Naruto quedo hipnotizado por la escena… Sasuke reprochaba al mayor del mismo modo que él lo hacía con Deidara, cuando eran más chicos.
Recordó entonces que hace cinco años, un año después exactamente de la supuesta muerte de Deidara, hubo un gran revuelo, al grado de que su padre, fue convocado a una reunión de urgencia por el Consejo de los Reinos. Todos los monarcas de las grandes naciones asistieron, eso no era común, pero se dio por la gravedad de la situación.
El príncipe heredero del Fuego, Itachi Uchiha, había sido secuestrado en su posesión al trono.
Si sus sospechas eran correctas, aquel que conversaba con Sasuke de modo tan suelto debía ser…
—Itachi Uchiha —una idea vaga cruzó por su mente. Sagaz, pero suficientemente importante como para pronunciarla.
Los dos Uchihas pararon de discutir, y voltearon a mirar, el mayor curvó los labios y dio un paso al frente.
—Un placer, Naruto —saludó frio, pero cortes.
—El placer… es mío… —regresó el gesto entrecortándose, mientras sus ojos se centraban ahora en una figura más distante —Ahora entiendo —miró a Sasuke, desenredando las razones reales de su reciente visita —Teme idiota, no pensé que nos pareciéramos tanto.
—Créeme que yo tampoco pensé que algún día llegaríamos hasta este punto, Dobe.
Los mayores miraron a sus hermanos con curiosidad, era como revivir una escena entre los dos.
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—Mire 'señorita' —habló Itachi, con un tono altivo —no creas que a mí me place tener como compañero a una niña.
—Pues el sentimiento es reciproco, alimaña Uchiha.
El rubio desvió sus cielos de los ónixs de su nuevo compañero. Era el colmo que Madara-sama lo torturara de esa manera, ponerlo como 'guía' del 'nuevo elemento de Akatsuki' ¡Qué fatalidad!
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—Naruto —Deidara atrajo de nuevo la atención de su hermano —tenemos que hablar.
—Sí, creo… —intentó sonreír.
—Ahora que lo veo, estas muy pálido… —Deidara colocó su mano en la frente de Naruto para tomarle la temperatura.
—Que deducción más obvia —bostezó—, no ves que no ha comido desde ayer —afirmó Itachi serio, pero con un deje de provocación.
—¡Claro que lo sé, usoratonkachi!
En esta ocasión Naruto y Sasuke, hicieron muecas en sus rivalidad, era de familia.
—Sasuke —Deidara atrajo la atención del azabache menor.
—Sí, sempai —respondió de inmediato.
—Ve por algunas provisiones, cuando las tengas… me las llevas al… —hizo una mueca de sorna —despacho improvisado.
—Como diga —se limitó a contestar.
—Vamos, Naruto —Deidara regresó la vista a su hermano, que lo miraba con ansiedad y curiosidad.
Con la mano de su hermano aun posada en su hombro, empezó a caminar, mientras intentaba organizar por lo menos una miserable pregunta, era lo mínimo que le debía aquel hombre que había traído tanto dolor a su familia.
Llegaron al lugar, el despacho fue abierto por Deidara, quien invitó a pasar al más joven con un gesto. Naruto ingresó, y la puerta fue cerrada.
—Co… como… —intentó organizar una idea, pero fue inútil.
—No es sencillo, uhm… —¿cómo desenterrar recuerdos ocultos en su memoria?
—Por… favor, me lo debes —exigió, con una sonrisa taciturna, pero gozosa, pese a la confusión y el enfado.
—Creo que lo apropiado es empezar… por esa noche —deshizo el contacto entre sus miradas, para dirigir sus azulinos orbes a la ventana, dejando retroceder a su mente al pasado.
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—Deidara, aun estas a tiempo de regresar.
El rey habló, y sus palabras se entrelazaron con el viento, que soplaba con fuerza en la noche de luna. Al formularse la exhortación, él y su hijo detuvieron su premuroso paso.
—Papá… yo, quiero combatir. Deseo que todos conozcan mi nombre, anhelo ser una leyenda, ansió que todos sepan que mi arte bélico, es hermoso, temible y letal.
Una respuesta clara, directa, ansiosa, simple y descomplicada. Como todo en él.
Deidara encaró a su padre, hallando en su camino dos océanos calmos, que destellaban con un brillo escéptico. La voluntad que se cernía sobre su hijo, era algo para admirar o reprobar. Regularmente elogiaría esa testarudez, pero hoy no, ahora todo era demasiado peligroso.
—Está bien, pero muévete.
Una sutil orden, impregnada con un deje de enfado.
Minato le dio la espalda, y empezó a bajar por las escaleras del palacio. Su reacio primogénito había hablado, y sabía perfectamente que por el momento no podía hacer nada. Ya hallaría el modo de atarlo.
Deidara no tardó en alcanzarlo. Juntos montaron en los caballos y emprendieron la marcha. No hubo dialogo, por el momento era mejor analizar las cosas. En situaciones como esas, las palabras sobraban.
Una hora más tarde llegaron a la fortaleza. Sus músculos se encontraban entumidos, y sus pómulos gélidos, debido al golpe inclemente de la brisa y a la velocidad forzosa que tuvieron que emprender, debido a la gravedad del caso. Se adentraron al fuerte, con pasos presurosos.
Necesitaban respuestas, y las necesitaban ya.
—Buenas noches —saludó Minato, al capitán a cargo.
—Buenas noches Minato-sama, Deidara-san —correspondió el hombre, haciendo un gesto con la mano, indicándoles que pasaran al despacho.
—¿Qué me puedes decir sobre la situación actual, Inoichi?
—Vera —un mohín de disgusto se dibujó en su semblante —en el patrullaje de rutina, descubrimos a un escuadrón enemigo, infiltrándose en nuestro territorio, pese a ello, las cosas aun nos favorecen. Creo que…
—Inoichi-sama… —Minato le interrumpió.
—Señor… —le miró confuso.
—¿Estas molesto? —se atrevió a preguntar.
—Minato-sama —algo de vergüenza relució —es solo, que hoy terminaba mi turno, y luego… podría ir con mi familia, y ver a mi hija.
—Así que todo es por la pequeña Ino.
La conversación fue interrumpida por el sonido metálico de un kunai al caer al suelo. Simplemente fue un descuido del provocador de dicho sonido… eso creyeron los dialogantes.
—¿Qué sucede Deidara? —el rey observó a su hijo levantar el arma del piso con dedos temblorosos. No, debía ser solo su imaginación.
—Nada papá, solo… se me resbalo el kunai, es todo —Deidara guardó el objeto con sus demás herramientas, con algo de torpeza. Impropio de él.
—Hijo —expresó de inmediato, no tenía tiempo para trivialidades —Inoichi- sama y yo tenemos que planificar la estrategia, sal por favor.
—Claro papá. Permiso capitán.
—Adelante —se limitó a contestar.
—Inoichi-sama —el joven rubio detuvo su trayectoria, sosteniendo el picaporte de la puerta en sus dedos, casi fuera del despacho —Sakura-chan me pidió que le diera sus saludos a Ino-chan, pero como no fue al baile… supongo que usted se los puede pasar.
—Claro.
—Gracias.
Salió del despacho, cerrando la puerta tras sí. Estando solo en el pasillo permitió que sus mejillas fueran invadidas por un leve carmesí.
Apoyó su espalda en una de las grandes columnas, intentando calmar sus nervios.
Su problema residía en que no soportaba a esa niña, no porque fuera mal educada, rebelde o grosera, todo lo contrario era ilustrada, inteligente, vivaz y bonita.
Breves y difusos recuerdos se paseaban en su cabeza. Momentos cortos, en los que accedía a acompañarla en la estancia por pedido de su pequeña prima, hasta que ella encontrara las muñecas, y a Naruto, para poder jugar todos juntos.
La mirada aguamarina de la pequeña le fastidiaba sobremanera, era un poema indescifrable para él. Confianza, dudas, caos, zozobra, ansiedad y millares de ideas, que su mente no alcanzaba a organizar.
Y su sonrisa. Única.
Para los demás reía escandalosamente. Pero para él, le reservaba un gesto sutil y esmerado en sus delicados labios, y lo producía solo cuando sus ojos se fijaban en los de ella.
—Demonios…
Susurró entre dientes. Pero que estaba pensando, Ino tenía la edad de Sakura.
Y él, él no era un pedófilo. Además había cosas más importantes en las que centrarse por ahora.
—Buenas noches, Deidara-san.
Aquel saludo lo trajo de un tirón a la realidad.
—Buenas noches, Sai-san.
Forzó el saludo para aquel sujeto que se presentaba en frente de él, con una sonrisa plana y sin gracia.
Sai era uno de los varios soldados de su batallón, pero se distinguía por una razón. Era un Uchiha. Y no uno cualquiera, era nada más y nada menos que primo en segundo grado de los príncipes del Fuego. Y el prometido de Ino. Deidara no terminaba de entender, en qué rayos pensaban los Yamanaka al comprometer a su hija con un tipo así… demasiado mayor para ella, según su criterio.
El joven de pálidas facciones contaba con dieciséis años, pertenecía a una familia aristócrata de Konoha, su madre siendo muy joven había sido prometida a uno de los miembros de la casa real Uchiha, de ese modo se podía desenredar el origen de aquel muchacho de comportamiento extraño.
—Si Yamanaka-sama y Minato-sama están planificando un contraataque, tardaran mucho. Mejor demos un paseo hasta que terminen.
Una vez más la sonrisa falsa se hacía presente en el lugar. Pero doliera o no, aquel individuo tenia la razón.
Comenzaron a caminar juntos. Hablaron de cosas sin importancia, y aunque la hubiesen tenido, su mente divagaba en la ansiedad de combatir, y no en la charla. No conocía un placer mayor que el de una buena batalla, y las explosiones, que mágicamente generaba con su ingenio y las minas. Aunque tenía la certeza, de que podía ir más lejos.
El tiempo transcurrió, y el amanecer innegable, se hizo presente, aclarando el cielo que ocultó a la luna y dio la bienvenida al sol.
—Hijo, Sai-san… —Minato llamó la atención de los dos jóvenes en medio de su recorrido.
—Buenos Días, Minato-sama.
Y la estúpida sonrisa volvía a visibilizarse. En esta ocasión Deidara se limitó a ladear los ojos con un deje de molestia. Su estado de ánimo empeoró cuando su padre le indicó, que tanto él, como Sai, se quedarían a vigilar el cuartel. En otras palabras, escondidos de la acción.
Sin embargo, no replicó. Sabía que no tenía caso. Tan solo siguió órdenes.
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Esa semana de conflicto particularmente transcurrió lenta. Y la ansiedad se apodero de él. Como un artista, el tiempo era su enemigo, y aquella situación lo estaba forzando a violar sus mandamientos; pero, como buen estratega, sabía que esperar era lo conveniente en estos casos. Así, que aunque contrariado, cumplió a cabalidad lo impuesto.
—¡Deidara!
Despertó de su ensoñación, incorporándose sorprendido, por la repentina interrupción al despacho de su padre.
—¡¿Qué sucede?
—Hemos descubierto algo importante —por fin veía en el parco de Sai una emoción.
—¿Qué? —aquella palabra escapó de su boca sin pensar.
—Mi señor —interrumpió uno de los soldados, que se encontraba tras Sai —en nuestro recorrido de rutina, conseguimos averiguar la ubicación exacta de los líderes militares de la UPS.
Los océanos de Deidara se iluminaron con un brillo desconocido. La oportunidad para explayar todo su potencial estaba presente. La hora había llegado.
—Creo que lo más conveniente es informarle a Minato-sama…
—No.
Una palabra, dos letras, y un significado irrefutable.
—Mi padre no se enterara de nada.
—Pero.
—Pero nada. Él lo sabrá, cuando tengamos la cabeza de todos los líderes… no antes, ni después.
—Pero su padre es nuestro general.
—Pero esta es una orden directa de su príncipe.
Silencio. No había lugar a replicas, la orden estaba dada.
Comenzaron a armar de inmediato la estrategia. Algunos mapas, y figurillas especiales para simular el ataque en una especie de improvisada maqueta.
Siete puntos estratégicos. Maniobra de acorralamiento.
La táctica no debía tener margen de errores. Todo era cuidadosamente planificado. Una oportunidad como esa no debía desaprovecharse, tenía en bandeja de plata a todos esos traidores. Era ahora o nunca.
El punto final de acuerdo fue el uso de múltiples estallidos para lograr cercar a sus objetivos.
Perfecto.
Miercoles de madrugada, todos los implicados estaban listos. Uniformes militares robados a los enemigos, armas, papiros, y detalles sobrantes. Ocultos entre las filas enemigas, sintiendo el vértigo y el stress, se encontraban los subordinados a cargo de Deidara.
El muchacho con extrema soltura se desplazó en medio del campamento contrario, era un prodigio ¿No? Entonces debía demostrarlo, a si mismo, a su padre, a su vasallos… a todos.
El séptimo sitio estratégico estaba a su cargo, y era algo más distante que el de sus compañeros. Él lo había decidido así, quería cerrar con broche de oro aquella maniobra que le daría la gloria.
La mañana marchaba con calma, hasta que divisó la primera de las siete explosiones. Sus ojos brillaron con intensidad, pero mayor fue su gozo interno cuando vio la secuencia que empezaba a formarse.
—Deidara… —contuvo el aliento, debido a la carrera —hasta que por fin te doy alcance.
—¿Qué quieres Sai? —Preguntó con fastidio —no vez que ya es mi turno, y se supone que tu deberías estar al mando en el fuerte.
—Debemos salir inmediatamente —volvió a exhalar.
—¿Por qué?
—No se… si… en el previo, o en este punto el campo… está minado…
—¡¿Cómo?
Si Deidara intento decir algo, se quedo en eso, un simple intento, cuando sus oídos se ensordecieron con la explosión en el punto cinco. Sus ojos se abrieron sobremanera al visualizar las grandes llamaradas, y el puff… a cada instante.
—Mierda… —Sai tembló, mientras sostenía un mapa en sus manos.
—¿Qué sucede Sai? —Deidara sintió la adrenalina, pero también miedo, mucho miedo.
—Cal… calcule mal… —su rostro mostró un pequeño gesto de preocupación —el sitio no está minado en un punto… si no, desde el eje cinco… hasta aquí… —terminó tragando pesadamente.
Una detonación más fuerte y pesada se escucho, los dos voltearon el rostro al lugar y vieron las grandes llamaradas aproximarse.
—Corre… —apenas si alcanzó a expulsar un débil murmullo.
—¿Qué? —le dirigió una mirada confundida al menor.
—¡QUÉ CORRAS, SAI!
Moduló su voz al grado de igualarse por un mísero segundo con el estruendo de una explosión. Y salió corriendo.
Detrás de él, Sai, que no reaccionó con la misma rapidez.
La premura de la carrera en medio del bosque era soberbia, no había tiempo para detenerse. Ambos se ayudaban colgándose en algún árbol con el propósito de apresurarse… pero llegaron a un punto en el cual, la maleza se redujo a un término nulo.
—¿Qué hacemos ahora?
—¡Seguir corriendo, idiota!
Respondió Deidara con obviedad en medio de la carrera. Una explosión más intensa y cercana se escuchó, habían llegado a un terreno más árido, lleno de piedrecillas, que casi los habían hecho caer, por más de una ocasión.
El cansancio en sus cuerpos era latente, pero su desesperación superaba eso, así que no detenían su huida.
En medio de la veloz fuga, Deidara volteó para visualizar la situación a sus espaldas, sin percatarse del naciente acantilado. Resbaló, sosteniéndose débil y forzosamente del filo del risco. Intentó escalarlo, pero al elevarse un poco con ayuda de sus brazos, vio una explosión a escasos metros de él.
En exiguos segundos más, otra estrepitosa explosión, acompañada de nuevas llamaradas, y un grito que no alcanzó a discernir, provocaron por reflejo e impresión que se soltase del filo del risco. Cayó al vacío.
Miles de sensaciones se produjeron en su descenso. Sintió el aire cortándolo como una fina espada, cerró los parpados brevemente y permitió recordar su error. No comprendía cómo pudo ser tan estúpido de no notar eso. Se había concentrado tanto en pasar desapercibido que no había hecho un estudio profundo de la superficie.
Demonios.
No podía replicar mas, estaba pagando por su error ahora, moriría, y con eso expiaría su culpa.
El rostro de su madre apareció en esos breves instantes… los cabellos rojizos, enmarcando la piel de porcelana, que relucía con una amplia sonrisa. Entreabrió los ojos levemente, tan solo para cerrarlos y ver a su padre sonreírle orgulloso. Le había defraudado.
Sus abuelos también se hicieron presentes, y una mueca de frustración por su estupidez hizo aparición en su rostro. Y… finalmente quien esperaba su regreso con ansiedad. Naruto.
Abrió los ojos, sintiéndose como una lacra. Suspiró hondo, y volvió a oscurecer sus cielos, y una imagen más se hizo presente…
'Tú, no'.
La mirada aguamarina de una niña iluminó la oscuridad. Su oscuridad se esclareció gracias a Ino.
Pero no tuvo mucho tiempo para pensarlo, de improviso sintió frio, y una gran sensación de ahogo. ¿Así era la muerte? No. Estaba rodeado por mucha agua. Y no era que no supiera nadar, pero estaba aturdido, y débil. Así que sin fuerzas permitió que el líquido vital hiciese de él, lo que quisiese.
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Abrió los ojos lentamente, como si estos pesaran kilos, sintió el cuerpo débil, y la oscuridad y el sonido del agua al gotear a su alrededor lo inquietaron demasiado. Se incorporó apoyándose en una de las palmas de su mano, mientras la otra frotaba su sien confundida. Estaba en una especie de cueva, iluminada tenuemente por antorchas.
—Acuéstate…
Una mujer de bellas facciones, y pequeña melena azulada, lo tomó de los hombros y lo recostó en el improvisado lecho.
—¿Quién es usted? —Exhaló forzosamente sin comprender.
—Eso no importa por ahora, solo descansa.
—Así que ya despertó.
Una voz grave lo puso alerta, y volvió a incorporarse, pese a los intentos de la joven por recostarlo.
—Madara-sama, él aún está débil —lo miró algo enfadada.
—No es mucho lo que le tengo que decir. Cálmate Konan.
Habló con tranquilidad, pero fuerte. Aquel en frente suyo, expedía un aura poderosa.
—¿Tu nombre muchacho? —Exigió aquel hombre.
—Deidara —habló por compromiso, que por otra cosa.
—Interesante.
El semblante parco del sujeto, se difuminó, cuando una débil sonrisa se hizo presente, si es que se podía llamar así a la línea semi-curvilínea que formaban sus labios.
—¿Qué hago aquí? —musitó quedadamente.
—Yo te salve, si no fuera por mí, ya estarías muerto —la confianza se imprimió en su rostro.
—¿Qué? —lo miró con algo de sorpresa.
—Lo que oíste.
—Quiero irme —intentó ponerse de pie, pero se precipitó de inmediato al suelo, su caída fue detenida por Konan.
—Te recomendaría que no intentes cosas tan temerarias —le sonrió arrogantemente —a pesar de haberte repuesto en algo, tu estado aun es deplorable.
—Uhm… le agradezco que me haya salvado. Pero yo no se lo pedí, así que puedo irme.
—Muchacho —Madara lo tomó del hombro, no sin antes exigirle a Konan que se moviera un poco, a través de un gesto —es verdad que no me lo pediste, pero sea como sea, me debes la vida —un brillo tétrico se posó en los ojos ébanos del sujeto —lo único que quiero, es que descanses, y cuando te hayas renovado del todo, serás libre para hacer lo que se te dé la gana.
Deidara escuchó con atención, pese a la debilidad. No se fiaba del tipo, pero le estaba ofreciendo cuidados y reposición gratis… que mas daba, esperaría a recuperar su salud. Y después iría con su padre, que seguramente estaría muy preocupado.
No hablaron más. Sus cuidados se relegaron a Konan, una chica hermosa y agradable. Ella cuido de él, con extrema técnica, no era muy expresiva al principio, pero cedió, y comenzaron a forjar una amistad, amistad que no duraría. Según él.
Pasaron tres días, tiempo suficiente para sanar sus heridas.
Él, el poderoso y admirable Deidara no necesitaba más tiempo, no señor.
—Te recuperaste rápido muchacho.
Habló despreocupadamente, Deidara solo lo miró con aire ufano.
—No puedo quedarme más tiempo, le agradezco por todo —lo miró desafiantemente —pero, no puedo.
—Supongo —expresó vagamente —Deidara —apoyó su mano sobre el hombro del joven de orbes azuladas —te dije que no te exigiría quedarte, y como prueba quiero regalarte —salieron de la cueva, y el rubio miró con sorpresa el exterior —aquel pura sangre, para que llegues tempranamente a tu destino.
El rubio avanzó hacia el caballo, era un hermoso ejemplar, tan fino como los adorados caballos de su padre. Palmeó el lomo del corcel, que reaccionó con un leve movimiento y un relincho. Él simplemente sonrió. La vida había purgado sus errores, y hasta la providencia se compadecía de él.
Grave error.
—Es hermoso, pero yo no puedo aceptar algo así.
—Quédatelo, como agradecimiento por haberte salvado.
No. Había un tinte raro en todo eso, además el no era de aquellos que agradeciesen un favor, al menos si no lo había pedido. Pero necesitaba transporte. Qué más daba.
—Gracias —montó ágilmente el fino ejemplar.
—No me lo agradezcas, simplemente vete… y haz lo que quieras —se interrumpió un momento arqueando una ceja, que mostraba dos ojos negros brillando extrañamente —si deseas volver, las puertas de este lugar están abiertas.
—No lo hare —dijo con sorna —uhm, pero gracias, de nuevo.
No habló más, y empezó su recorrido, no entendía a que venía la última propuesta, pero no valía la pena ni considerarla, después de todo, su familia lo esperaba ¿Verdad?
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—¿Qué está tramando, Madara-sama?
Konan apareció como una sombra silenciosa, al frente de aquel hombre considerado su 'líder'.
—¿Qué insinúas Konan?
Interrogó sin mirarla a los ojos, mientras sus dedos recorrían cuidadosamente el fino labrado de su escritorio. Cerca de una gaveta cerrada con llave.
—Usted no es de los que entregan… sin recibir algo a cambio —pronunció con obviedad, mientras se acercaba a él con un gesto incrédulo —usted me ordenó cuidar de Deidara, velar su sueño para que se repusiera, y ese empeño aumento cuando supo su nombre —Konan asentó los codos sobre el escritorio y apoyo su barbilla sobre sus manos entrelazadas —y a la hora de su partida, hasta le regalo un pura sangre… color negro.
—Por eso estas aquí, Konan —reiteró calmadamente —por ese discernimiento.
Sus dedos se pacieron por la talladura, deslizándose lentamente hacia la llave, girándola con relativo cuidado, la gaveta en cuestión se abrió, y él alcanzó un folder sencillo, que colocó sobre la mesa, frente a la mirada investigativa de Konan.
—Léelo.
Ordenó sutilmente a la muchacha, que se limitó a tomar la carpeta en sus manos, y a checarla.
… Número de registro: 08721… … misiones Rango D: 4… … misiones Rango B: 35… … Experiencia en batalla…
—¿Qué tiene de especial? —Lo encaró, después de darle una superflua mirada al documento —es un registro militar, similar al de cualquier Akatsuki.
—Exacto —Madara se paró, y caminó hasta llegar con Konan, arrebatándole con rapidez y cuidado el folder —pero ¿sabes de quién es?
Los ojos de Konan se abrieron un poco más de lo habitual. Cierta sorpresa se reflejó en su rostro.
—Es de Deidara.
—Precisamente —colocó la carpeta sobre el escritorio y encaró a su supeditada —y ese registro es de unos meses atrás —la miró con más confianza —y tomando en cuenta la guerra que hace poco azoto a su reino, el muchacho debe tener un record superior ahora, es decir, es el elemento perfecto para Akatsuki.
—Suena bien, pero… no está ¿muy joven?
—Eso no es más que una trivialidad —dijo con una pizca de molestia.
—Como sea. Si lo quería aquí, debió retenerlo, no facilitarle la partida —se la notaba confundida.
—Lo sé —caminó tres pasos a la izquierda a su escritorio, como si analizara algo —tres días después de que llegue con el muchacho a cuestas, luego de sacarlo desahuciado de ese río corrientoso, me llego el primer reporte de Yahiko y Zetsu, en ese informe mencionaban sobre una gran conmoción en el Viento, pese a la victoria sobre la UPS.
—¿Y que con eso?
—El hijo del rey, su primogénito. Murió en combate, pero el mencionado resulto ser mi obra de caridad.
—Ah —soltó la silaba frunciendo el ceño—, ahora entiendo todo. Usted retraso al muchacho con el pretexto de que debía recuperarse totalmente.
—Tus suposiciones son ciertas, lo retarde con el propósito de que llegue cuando ya estese muerto para todos, y así, regrese a mi —sonrió con arrogancia —aquel chiquillo será parte de mi organización, Akatsuki.
—Que macabro, quiere hacer del pobre uno de sus esclavos más.
Madara se giró hacia la joven, acercando su rostro al de ella.
—Mi subordinado —la miró retadoramente, ella bajó el rostro estremecida —además es por una buena causa —acercó el dorso de su mano a la mejilla de ella con la intención de tocarla, pero Konan se escabulló.
—Lo sé, por eso Yahiko y yo estamos metidos en esto.
—Me alegra que lo entiendas.
Sonrió y salió del despacho, dejando a una trémula Konan, en la soledad de aquel oscuro lugar.
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Gracias al mapa y al caballo que le había proporcionado su salvador, estaba a pocos kilómetros de Konoha. Había tomado algunos días llegar a su destino, pero todo aquel recorrido había valido la pena.
El presuroso paso al cual sometió al caballo, lo hizo llegar más pronto a las afueras de la capital.
—No hay guardias —levantó levemente la voz, expresando la frase para sí —esto esta raro, uhm —se rió al poco tiempo de decir eso —si mamá escucha ese uhm, se va a poner como fiera.
Bajó del caballo y empezó a caminar halándolo de la brida. No tenía prisas, pese a ello su paso no era lento; continuó caminando cinco minutos más. El lugar continuaba desértico.
—El cementerio de Konoha… si paso por aquí, llegare más rápido.
Luego de decir, palabras obvias para él, entró por la puerta trasera del lugar. Para Deidara no representaba ningún problema, ya que no era miedoso, a diferencia de Naruto.
'Aquel enano me debe estar esperando'
Sonrió ante el recuerdo de su tonto-adorado-hermano menor. Continúo caminando, hasta que llegó al único sitio que detestaba del lugar. El mausoleo de la Casa Real Namikaze. El lugar donde descansaban en paz todos los miembros de su familia. Pero tomando en cuenta que se tardaría más tiempo para salir del sitio si lo evitaba, decidió pasar por ahí.
No, ni para visitas oficiales él se tomaba la molestia de prestar atención al lugar, pero en esta ocasión hubo algo que lo inquieto demasiado. Olor a incienso y luces oscilantes dentro de la tétricamente admirable construcción, provocaron su inevitable curiosidad, así que atando al caballo fuera, se adentro al sitio. Todo era iluminado por velas, podía leer con facilidad los nombres de sus antecesores, y de algunos otros nobles de menor rango, pero su atención deparó totalmente en un lugar irradiado por grandes cirios y decorado por coronas.
'¡Por Kami! ¿Qué significa esto?'
Su corazón se aceleró y un sudor frio lo recorrió, acaso su padre, o alguien más…
Sus cavilaciones se irrumpieron al leer en la lapida recién tallada.
Deidara Namikaze… De… hasta… Por un héroe caído en batalla…
Sus ojos tintinearon, sin comprender el contenido leído. Su mente se negó a procesar eso. Él, no podía estar muerto… él, estaba ahí… él…
Tuvo que salir de su nirvana al oír pasos aproximándose al lugar, quizás, pudiera entender algo.
Se escondió tras una especie de enorme altar que tenía el sitio. Dos mujeres cubiertas por mantos se aproximaron a su tumba, podía observarlas (a pesar de no ver sus rostros) sin que ellas lo descubriesen.
—Que desgracia para la familia real.
—No solo para ellos, para el reino entero, perdimos al sucesor del rey Minato.
—Pero oí que los trámites para que el hijo menor del rey tomara el cargo, ya se llevaron a cabo.
—Sí, el pequeño Naruto es el heredero oficial ahora. Por cierto, pobre niño, sin duda fue uno de los miembros que más sufrió la partida del príncipe Deidara.
—Es verdad. Imagínate, el muchacho tenía escasos quince años.
—Muy jovencito —agachó la cabeza depositando unas flores —¿Sabes que mi hija se la pasa llorando noche y día? Dice que es una tragedia.
—Créeme que todas las chicas del reino están en iguales condiciones, y no es para menos, la beldad del chico era asombrosa.
—¿Tanto así?
—Aunque no lo creas. El muchacho era un verdadero Adonis. Tenía la nariz perfilada, los ojos claros, y unos rasgos finos… fue una lástima que toda esa perfección terminara sometida bajo las llamas de esa explosión.
—Dicen que murió de contado.
—Y no solo eso, su cuerpo quedo totalmente calcinado, ¡irreconocible!
—¡Por Kami-sama! Pobrecito.
—Sí, que Kami-sama lo tenga en su santa gloria —la mujer dejo una corona junto a las otras.
—Ya le rendimos homenaje al príncipe, según lo dispuso el rey.
—Sí, es mejor irnos.
Las mujeres dejaron la zona, y Deidara salió del lugar meditabundo. Volvió a observar con una mirada vaga su tumba, y recorrió con sus dedos, su nombre tallado. Entonces comprendió todo.
El cuerpo que reposaba en su supuesta tumba era el de Sai, el grito que escuchó antes de caer al risco le pertenecía aquel joven, pero todos creyeron que era él, debido a que la maniobra se realizaba en conjunto, pero cada uno de los implicados trabajaba individualmente en su punto asignado. Entonces…
—El cuerpo de Sai debió confundirse con algún soldado enemigo.
Su voz apenas fue audible, cerró los ojos y apretó su puño. Aquel que se había proclamado como su bienhechor, lo había hecho retrasar a propósito.
Furioso, con el corazón sangrante, el orgullo herido por su ingenuidad, y lágrimas frustradas salió del lugar, desató el caballo y montó en él. Regresaría aquel lugar, pero para partirle el crisma, al desgraciado que había contribuido con su aparente muerte.
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Actualmente la marcha del caballo era tranquila, el viaje había conseguido hacerle aclarar sus ideas, mas no aplacar su furia. Orgulloso como era, difícilmente perdonaría tal ofensa.
Divisó el lugar aun montando en el caballo, y vio a dos tipos revestidos con capas negras y nubes rojas, sin embargo no deparó mucho en ellos.
—Niño, no deberías andar por aquí —habló parcamente un sujeto de cabellos naranjas, ojos azules y facciones agradables, aunque mostraran una expresión ruda.
—Eso no te interesa —contuvo la furia, que reservaba para cierto idiota.
—Él tiene razón —un sujeto con grandes hojas en sus costados, un par de colores imperando en cada mitad de su cuerpo, apoyó al otro.
—Te digo lo mismo que a tu amigo, no me interesa.
—Si así lo quieres —los ojos azulados del tipo brillaron, iba iniciar con un sello, pero se detuvo a la interrupción de una voz.
—Veo que regresaste.
El cabello oscuro de aquel imbécil, flotaba al viento, y una sonrisa arrogante adornaba su rostro.
—¡IDIOTA!
Gritó con fuerza, bajándose del caballo con la intención de propinarle un buen golpe. Pero su ansiedad fue acompañada por la incomprensión, cuando el susodicho desapareció de su frente, colocándose tras él con una velocidad asombrosa. Lo tomó del cuello, y le habló al oído.
"No intentes algo tan estúpido de nuevo, 'niño', mejor ven… tengo una propuesta que hacerte"
Aflojó el agarre, y un Deidara ruborizado por contener la cólera, lo observó, y se limitó a seguirlo dentro de la cueva.
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—Entonces fue por eso —un débil murmullo afloró de un contrariado Naruto.
—Sí, fue una trampa. De otra manera, yo continuaría con vida —sonrió al darse cuenta de su expresión —para todos ¿No?
—Para mí, estás vivo ahora, ¡De veras! —le sonrió confortadoramente.
—Uhm, lo sé —le devolvió el gesto con una media sonrisa.
—Pero… ¿Por qué aceptaste a sabiendas de lo que paso?
—Déjame y te sigo contando…
Deidara rió, y entrecerró los ojos, desempolvando de nuevo, su baúl de recuerdos…
CONTINUARA…
Notas de Autor:
Este capítulo sin duda es mi orgullo, uno de los más IC que hice cuando aún no sabía muy bien el arte de escribir.
Arte… como amo a Deidara, aunque sea tan problemático, por tratarse de él, esto ha salido bien.
Sin mencionar el crack… ¡Que viva el DeIno!
Ya me emocione, mejor continuemos…
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