Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei
AMORES CRUZADOS
Capitulo 14: Mi historia
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—Así que es eso.
—Exactamente Deidara, piénsalo.
—He oído sobre Akatsuki, una organización recién formada por criminales rango S —tragó pesadamente sin perder la expresión escueta en su rostro —si lo hago, yo…
—Haz de cuenta, que podrás proteger a tu reino desde dentro —Madara lo instaba —es una buena propuesta, mas ahora que estás muerto.
Sus orbes azulinos tintinearon confundidos, detestaba sentirse tan vulnerable y atraído a un buen discurso, pero él tenía razón. Estando muerto no podía hacer mucho, pero… con esa propuesta, quizás…
'Aun es muy influenciable… quince años, apenas…'
Madara recorría con la mirada al muchacho. Las cosas iban viento en popa, y pronto tendría a otro buen guerrero en sus filas.
—A… ac… —la palabra estaba atorada en su garganta.
—A… ¿Qué?
—Acepto.
Expulsó la frase entrecerrando los ojos y agachando la cabeza. Ahora era parte de Akatsuki, había firmado su sentencia como ninja perverso. Pero… ya no importaba, después de todo estaba muerto.
Encaró con la mirada a Madara, cambiando su actitud, ahora estaba seguro y porfiado de sí.
—Me gustan tus ojos.
Deidara se sonrojó confundido, abriendo un poco más de lo normal sus parpados. Qué rayos le pasaba a ese tipo.
—No me mal interpretes —aclaró—, tu mirada es fuerte, osada. La mirada de un Akatsuki.
—Lo que usted diga… uhm.
Prefirió dejar el tema a un lado, cortando por lo suave, no tenía ánimos de continuar. Solo deseaba recogerse.
Pese a ello, sus planes de descansar se fueron a la basura, cuando el nombrado Madara decidió presentarlo en ese mismo momento a la organización, conformada por cinco miembros incluido el líder, el cual a diferencia de los demás trabajaba individualmente. Konan, la chica bonita que lo había cuidado era compañera y ¿algo más?, aparentemente, del sujeto de cabellos naranjas. El otro equipo era conformado por el tipo Aloe-vera (según su opinión), nombrado Zetsu, y un muchacho pelirrojo, de rasgos infantiles como los de él, llamado Sasori.
Madara asignó al miembro más joven, como refuerzo del equipo 3. Deidara trabajaría con la planta humana, y el chico de apariencia frugal pero apuesta.
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Los meses volaron, entre misiones y encargos, y el tiempo que no se invertía en eso, todo el mundo se la pasaba entrenando, y por supuesto, que él, a pesar de su juventud, y la sobreprotección de todos, pero en especial de Konan, no era la excepción.
Suspiró frustrado golpeando un árbol con su puño. No lo conseguía, por más que lo intentaba, la condenada figurilla de arcilla no explotaba por obra de su chakra. Necesitaba elevar su arte, a un nuevo nivel y a causa de esa ineficiencia se sentía varado en una isla desierta.
—¿Sucede algo Deidara-chan?—se acercó el pelirrojo con sorna, al frustrado rubio.
—Ya te he dicho que no me digas así —habló entre dientes.
—Cálmate —conferenció con tranquilidad, deparando su mirada en un lugar —aun sigues queriendo estallar tus esculturas —tomó entre sus manos la delicada ave que yacía en el césped —es muy bonita, deberías preservarla, ya que es arte y, el arte es eterno.
—El arte es una explosión —lo acalló de inmediato girándose sorpresivamente hacia él —el arte es una expresión sensible, que debe estar en constante evolución, para no caer en la monotonía.
—Si tú lo dices.
Sasori prefirió dejar el asunto ahí, no estaba de humor para los monólogos de su pupilo. Sí, porque a pesar de las discrepancias, lo tenía a cargo como su alumno, su destreza era única, lo único que lamentaba, es que no desease preservar las hermosas creaciones que elaboraban sus hábiles manos, haciéndolas detonar. Vaya chico, cabeza hueca.
—Tengo algo que te puede ayudar —el pelirrojo miró a la pequeña escultura con aire quemeimportista.
—Te advierto que no podrás convencerme —Deidara le quitó la figurilla a Sasori, con una mirada recelosa.
—Sé que perdería mi tiempo —el mayor lo encaró —pero ya que para ti esto es arte, creo que puedo ayudarte.
El gesto en el rostro de Deidara no cambio, solo se limitó a seguir a su superior, cuando este lo ordenó con un simple e insípido 'Ven'.
Se adentraron a la cueva y llegaron a la habitación asignada a los artistas. Deidara la ocupaba permanentemente, y Sasori… solo cuando tenía una misión extensa, en la que debía permanecer en el lugar.
El joven de cabellos rojizos comenzó a hurgar en su armario, el rubio solo lo miraba ausente. No le creía. Sasori era demasiado arraigado a su dogma como para ayudarlo en su objetivo, pero cavia la mínima posibilidad de que lo asesorase, después de todo otra de las características de su maestro, era el ser impredecible.
—Lo encontré —Deidara salió de su ensimismamiento al oír la voz de su superior.
—Encontrar… ¿Qué? —Su distracción aún era visible. 'Que, chico' aquel pensamiento fugaz, se concentro en la mente de Sasori.
—Esto.
Sasori agitó levemente un pergamino que portaba en su mano izquierda, mientras que su diestra sostenía otro de sus 'títeres'. Uno que le pareció curioso… pero un muñeco al fin de cuentas.
—Ya le dije.
—Ya te escuche —interrumpió algo fastidiado —este pergamino —continuó —contiene Jutsus prohibidos —sonrió —y hay uno… bastante raro, pero te servirá.
No, él no mentía, Sasori se veía discretamente alegre, pero había seriedad en sus ojos, eso cambiaba todo.
—¿Cómo? —la curiosidad se despertó en su ser.
—Para esto traje la marioneta —el rubio arqueó una ceja sin comprender —yo, elabore esta marioneta en base a un jutsu del pergamino.
—Uhm… ¿qué tiene de especial? —se atrevió a cuestionar con burla.
—Es la marioneta de mi hermano… mejor dicho, es una marioneta elaborada con el cuerpo de mi hermano, y es capaz de utilizar todas las técnicas que él, poseía en vida.
Los zafiros de Deidara se agrandaron de la impresión. Para elaborar marionetas humanas se requerían técnicas prohibidas. Entonces el pergamino, era factible.
Sasori colocó con delicadeza a su preciada marioneta sobre la cama, para luego dirigirse hasta Deidara, sosteniendo el pergamino entre sus dedos.
—Mira —se sentó a lado del rubio, abriendo el rollo, mientras señalaba a un grabado en especial —aquí hay un jutsu, que te permite amoldar el chakra, y pasarlo a objetos inanimados, como la arcilla en este caso —tomó la figurilla que sostenía Deidara, recalcando lo dicho.
—Entonces lo hago —sonrió con amplitud, y sus ojos brillaron.
—Un momento —lo miró gravemente —para lograr aquello, deberás estar predispuesto hacer uso de bocas humanas en tus manos.
—Uhm… —miró hacia abajo… acaso había dicho —bocas humanas.
—Exacto. Cuando hagas uso del jutsu elaboraras sellos especiales para que estas aparezcan… no es algo permanente.
Deidara dudó. Y como no hacerlo, tener bocas en tus manos… ni en los peores cuentos de terror de su reino. Pero, era algo nuevo, emocionante, la puerta a un nuevo nivel para sus creaciones…
—Quiero hacerlo.
Las bocas no eran permanentes, su arte afloraría en su mayor expresión. No había problema.
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El paso del tiempo fue rápido, ya hacia un año que era parte de la organización. Y aun le parecía increíble todo lo que había vivido a sus cortos dieciséis años, tantas anécdotas, tantos secretos… y las batallas. La estratagema, ahora, le producían más adrenalina que en cualquier otra época de su vida. Ahora, su combate era arte, era explosión, era efímero, era bello… ah, pero el precio a pagar había sido alto. Padeció dolores terribles a raíz del uso del jutsu prohibido del misterioso pergamino de su maestro, al grado de quedar inconsciente por dos días, a causa de delirios, y cicatrices, no muy visibles, pero aun permanentes en sus manos.
Pero todo aquello, no importaba ya… actualmente había otra prioridad, y su nombre era, Itachi Uchiha.
La misión actual era más complicada que las anteriores, su mente repasaba una y otra vez las órdenes impartidas a su persona, debía ser exacto, no podía existir margen de error.
Observaba sigilosamente a todos los invitados de la reunión… nobles, aristócratas, su mundo giraba una vez más a su alrededor.
Algo así, fastuoso, hermoso… debía ser su posesión al trono, debía, ahora que estaba muerto, ya no seria. Sonrió sutilmente, se alegró por breves instantes al saber que frustraría un sueño similar al suyo, al dañar al joven heredero.
¿Dañarlo? No… salvarlo más bien. Gracias a las investigaciones de Zetsu, la organización estaba al tanto de la próxima jugada de Orochimaru. Un atentado en el día de la coronación del joven Uchiha. Un acción que no estaba del todo clara, y ese era precisamente su trabajo averiguar el delito en cuestión, para que Akatsuki interviniera en el momento preciso.
Sus abstracciones se interrumpieron al observar a un guardia aproximarse presurosamente a la mesa destinada a la familia real. Lo observó detenidamente, bajo la sombra de su sombrero… una pequeña botella, un líquido siendo vertido en la copa principal, y un idiota escapando del lugar del delito.
"Piensan envenenarle"
Se retiro, sin que nadie lo notase, hasta encontrar a sus superiores.
—Llegas tarde, Deidara —el pelirrojo hizo un mohín de disgusto, a lo que su estudiante se limitó a responder con un leve movimiento de hombros —¿Averiguaste lo que planea Orochimaru?
—Sí, Sasori-dana…
—¿Y qué es?
—Pretenden envenenarlo, colocaron un líquido sospechoso en su copa.
—Una copa grande, labrada en oro, con piedras preciosas.
—Uhm, sí.
—Debemos apresurarnos, entonces.
—¿Por qué?
—Los Uchihas tienen como tradición realizar un brindis, después del juramento real… y es el coronado, quien lo inicia.
—Vamos ya, estaban a punto de iniciar el dichoso juramento ese —sugirió el rubio dando un paso al frente.
—Sí —respondió, girando su cabeza un momento a su derecha, observando a su compañero distante —Zetsu, vigila el terreno, cuando salgamos con el chico nos diriges por el camino más cercano y despejado.
—Lo que digas, Sasori —el aludido se acalló tras estas palabras, y, utilizando el Kagero desapareció de la vista de los otros.
—Es hora de irnos también, Deidara.
El más joven asintió, y juntos desaparecieron del sitio.
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Los nervios le carcomían, era una sensación extraña, siendo tan frio y serio. Quizás, eran los ímpetus por tomar el poder.
—… y, ahora el juramento de nuestro soberano, Itachi Uchiha.
El joven no respondió, aun continuaba meditando en su propio espacio.
—Aniki, ¡aniki! —Jaloneó al heredero un agraciado chiquillo de cabellos negros, intentando ser discreto —ya es hora —reprendió.
—Hmp… —salió de su enajenamiento —ya, ya voy —su voz se escuchó tambaleante, y su pulso se aceleró, hasta que sintió una confortadora mano sobre la suya.
—Todo estará bien, Itachi-kun… —el joven volvió sus ébanos hacia la chica que sostenía su mano, con sus finos dedos.
—Gracias, Tenten.
Sonrió muy discretamente, posiblemente podría llegar a enamorarse de ella… posiblemente.
Se puso de pie, su corazón palpitaba con fuerza, y una gran agitación recorría sus venas. Su porte distinguido inmediatamente acaparó la atención de todos los presentes.
—Yo, Itachi Uchiha, juro en la memoria de mi padre, y de todos sus antecesores, cumplir a cabalidad mi deber. Honrar mi apellido, y proteger mi reino a costa de mi vida. Y hacer lo que tenga que hacer, para llevar al Fuego, a una nueva era… —Itachi tomó la copa, y la levantó —Juro ser un buen rey, por mi nación y por ustedes. Salud.
La copa se elevó lentamente hacia sus labios, pero el líquido no llegó a tocar aquella boca sedienta, una pequeña araña, estalló cerca de su mano, vaciando el vino que se encontraba en vaso.
Todos los presentes se alarmaron, y se pusieron peor cuando un millar de armas comenzaron a ser disparadas en todas las direcciones. Los concurrentes empezaron a correr de aquí para allá, dando gritos, intentando ocultarse inútilmente del caos. Era imposible, pues no solo una cantidad admirable de armas cruzaban en todas las trayectorias, el fuego a cada instante, acompañado de un puff, y una espesa humareda lo complicaba todo.
—¡Por kami! —Tenten, se cubrió la boca con las dos manos intentando contener el pánico.
—No te preocupes Tenten, yo luchare —la muchacha regresó su estremecida mirada, al pre-adolescente de ojos oscuros.
—¡No! ¡Sasuke, tu eres muy joven!
—¡No me subestimes, yo soy tan fuerte como Itachi!
Las palabras de Sasuke fueron acalladas por explosiones más cercanas, levantó su vista al cielo y alcanzó a distinguir una sombra, aparentemente era una gran ave, que sobrevolaba aquel barullo, intentó analizar aquel curioso animal, pero su concentración fue interrumpida cuando Tenten lo abrazó fuertemente.
—Ten… Tenten… —se sonrojó, no estaba acostumbrado al contacto de una chica, aun peor, la prometida de su hermano.
—Sasuke-kun… —abrazó al chico fraternalmente —Itachi nos salvara, ya verás.
—I… Itachi…
Escupió las palabras.
¡Por qué diablos su hermano era el todo!
Itachi era el heredero. Itachi era el genio. Itachi era el orgullo de los Uchiha.
¡Itachi era todo!
Y a Sasuke… ¡A Sasuke que se lo lleve el demonio!
—¡RAYOS! ¡Yo, también puedo!
No logró demostrarlo, unas extrañas marionetas estaban sobre ellos.
Sasori estaba hastiado de la situación. Itachi Uchiha había resultado un oponente más complicado de lo previsto, y si las cosas continuaban así, solo quedaban dos opciones. Huir del combate o matarlo. Pero ninguna se ajustaba al pedido del estúpido de su líder, el cual era, llevarlo con vida. Deidara, le ayudaba bastante, sin embargo no era suficiente, estando sobrevolando el terreno en espera del movimiento clave, no aportaba demasiado. Fue entonces cuando su subordinado sugirió la solución a todo el lio. Tomar a la muchacha, y obligar a Itachi a bajar la guardia.
Y ahí estaba, haciendo uso de sus preciadas marionetas para retener a la joven, sin importarle nada; ¿Y acaso debía interesarle algo? No. Deidara era su apoyo, él se encargaría de acorralar a los guerreros restantes de forma aérea… si era así, para que preocuparse, por él, lo demás se podía ir al diablo.
Aumentó el flujo de su chakra cuando tuvo a Tenten totalmente sometida bajo los brazos de su marioneta, la chica se movió exasperada, pero no obtuvo resultados; solo le restaba gritar… y orar a Kami-sama, para que se apiadase de ella.
—¡Auxilio…! ¡Ayúdenme! ¡POR FAVOR! —los estremecedores gritos, alertaron el fino oído de dos guerreros.
—Tenten-chan —susurró inaudible Sasuke, giró hacia el sonido, pero antes de hacer algo fue bombardeado por varios estallidos, que por mucha suerte, no dañaron sus finos y aun infantiles rasgos.
—Tenten.
En un respiro aquel nombre escapó de su garganta, volteó dubitativo y temeroso hacia el lugar, la espesa y oscura humareda, era el marco más tétrico, para una doncella atrapada por un muñeco infernal, llorando ingenua y frágil… su deber, en ese momento su único deber, era protegerle.
Se movió ágilmente con el objetivo de alcanzarla, y librarla de aquel macabro juguete, pero no lo logró, antes de llegar una fina aguja picó directamente en su cuello.
—Ve… veneno…
Pensó, mientras todo a su alrededor se volvió difuso, lo único que alcanzó a ver en medio de su delirio, fue a Tenten increpando con desesperación.
—¡Itachi!
Su salvador acababa de caer, y ella, no podía hacer nada. Sus brillantes ojos marrones se empañaron de lagrimas, un apocalipsis personal se apropió de sus sensaciones, intentó elevar una nueva suplica mas, pero… no lo consiguió, un golpe relativamente fuerte en su nuca la hizo desfallecer. La sentencia había sido dictada.
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—¡Rayos, ayúdame! —la exacerbación de Sasori no podía ser más notoria.
—¡Ya voy! —Deidara bajó suavemente al piso a su gran escultura —¿iremos en mi ave los tres?
—No hay de otra, no tenemos tiempo.
No se dignó en verle a los ojos, tan solo se limitó a darle la orden de ayudarle con el inconsciente muchacho. Y así lo hizo, ayudó a subir al ya coronado, al rey secuestrado. Estando todos arriba, la gran ave emprendió el vuelo, dejando tras sí una estela de incertidumbre, sangre… y muerte. Algo que más tarde se conocería como "la masacre a los Uchiha".
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Sus oscuras pupilas finalmente vieron algo de luz en aquella sombría cueva, la cabeza aun le dolía, y su cuerpo todavía estaba levemente entumido.
—¿Estás listo?
La joven de melena azulada, atrajo su atención.
—Sí —un leve sonido, con tinte gélido fue lo único que le dirigió.
Empezó a caminar forzosamente tras ella. A pesar de sostener un rostro sin aparente emoción, la incertidumbre estaba presente hasta en la parte más remota de su cuerpo; la razón, simple, Madara Uchiha. Su cabeza aun se debatía confusa ante la imagen de su tío-abuelo hablándole, y explicándole todo. Que incauto había sido durante todo ese tiempo. Confiar en Orochimaru, sin duda había sido su error más fatal, pero se las cobraría, solo era cuestión de tiempo.
La sala principal de la organización se abrió majestuosa frente a sus ojos, y pudo visualizar a todos los integrantes.
—Miembros de Akatsuki —el eco de la voz pasiva de Madara se escuchó en todo el lugar —hoy, es un día de celebración —se levantó de su silla —tenemos un miembro más, para nuestra misión —se colocó a lado de Itachi, y el parecido entre ambos fue innegable—. Hoy, Itachi Uchiha, se une a nosotros, parte de mi sangre ahora está aquí —miró al muchacho, que continuaba con un rostro carente de emociones, a excepción de un gran brillo lívido en su mirada —Akatsuki triunfó en esta batalla, y el triunfo, ahora nos aportara más victorias.
Todos aplaudieron, sabían que con el joven allí, las cosas se facilitarían un poco.
—Itachi —continuó —ahora que eres parte de la organización, debes saber que trabajaras en equipo, junto con uno de los presentes.
—¿Con quién? —indagó.
—Deidara —llamó al rubio, que se aproximó con lentitud hacia ellos —a partir de hoy, ustedes serán el equipo cuatro —miró a los dos aludidos, que redirigieron sus ojos con sorpresa —Y tú, Deidara, serás el permanente superior, salvo caso excepcional.
—¡Me niego! —Refutó Itachi con seriedad —este mozalbete, no puede ser mi superior —miró al rubio con escepticismo —yo soy mayor a él.
—¿A quién llamas mozalbete? ¡Imbécil! —era una ofensa, no por ser tan joven era débil, además, acaso aquel muchacho enfrente suyo, no era dos escasos años mayor.
—Itachi —Madara se dirigió con seriedad a él —en Akatsuki, los superiores son asignados por antigüedad. Y este mozalbete, lleva más tiempo que tú aquí.
Itachi giró el rostro, mostrando una leve molestia, aunque por dentro la frustración lo hacía pedazos. Levantó el semblante, y miró con incredulidad a su 'superior'.
—Mire 'señorita' —se dirigió altivamente al menor —no creas que a mí me place tener como compañero a una niña.
—Pues el sentimiento es reciproco… alimaña Uchiha.
El rubio desvió sus cielos de los ónix, de su nuevo compañero. Era el colmo que Madara-sama lo torturara de esa manera… niñera del nuevo. En fin, lo soportaría.
Un último duelo entre la noche y el cielo, impregnado en los ojos de ambos se llevó a cabo. Ya tendrían todo el tiempo para discutir y complementarse, y por sobretodo, aun en contra de sí mismos, a forjar una amistad.
—o—
—Y eso… es todo —Deidara suspiró agotado, traer de vuelta a su mente tantas cosas, no era sano.
—Así que por eso el hermano del Teme y tú, son compañeros.
—Sí, uhm —encaró a un Naruto con ojos brillantes.
—Eres… increíble ¡De veras!
—No es para tanto —sonrió tenuemente —lo que te acabo de contar, es solo mi historia.
—Pues es fabulosa.
Deidara solo sonrió, poniéndose de pie.
—Entonces que decides, ¿Vienes con nosotros?
—Claro —Naruto también se incorporó efusivamente —¿supongo que es para ofrecerme una vacante?
—Uhm… puede ser.
Respondió Deidara, extendiéndole una capa totalmente negra. El rubio sin dubitación se la colocó, y salió caminando a lado de su hermano.
—Al parecer, todo salió a pedir de boca —fue lo único que comento Itachi, quien se encontraba a lado de su caballo y Sasuke.
—Al parecer no eres tan cabeza dura, Dobe —la prepotencia en persona.
—No fastidies, Teme —lo encaró el rubio sonriente.
—Esto es para ti —Sasuke extendió una canasta llena de frutas, cortando el dialogo.
—¡Que rico!
Naruto se abalanzó, literalmente, a la comida y de esta, solo quedó el recuerdo.
—Es, hora de irnos —sugirió Deidara al ver como la ultima manzana del cesto era devorada —estamos retrasados.
—Chi… aniji… mo… semto… —Naruto habló con la boca llena.
—Uhm, sí. Pero mejor come, luego hablas —sugirió al ver los cómicos gestos en los sobrios Uchiha.
—Ya acabe.
—Entonces vámonos.
Deidara le extendió a su hermano la brida de un cuarto caballo… color negro, como los de la organización. Después de ello todos montaron, y emprendieron el viaje.
Un viaje que cambiaria la vida de cierto chico… para bien, o para mal.
CONTINUARA…
Notas de Autor:
A un paso más de plantear totalmente el nudo.
Para mí, este es uno de los capítulos que hacen atractivo el fic.
Si me apoyan o discrepan, ya saben…
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