NOTAS 07/12/2015:

Ha sido un largo tiempo, y confesaré que me he sentido como una zorra desgraciada por haber hecho lo que hice en su momento y arrebatarles —porque este fic es de ustedes, cada vez que lo leen, lo hacen suyo— en un arranque tonto, porque no puedo definirme de otra forma, haberlo borrado.

Soy de lo peor...

¡Pero hey!

Quiero redimirme, y es lo que intentaré hacer. Ya que la ausencia de esto se prolongó lo que se prolongó, y no puedo dar marcha atrás, corregiré cada uno de los capítulos que faltan de esta historia, más de la mitad ¡Por Jebus xD! Y se los devolveré.

No se asusten, solo corregiré faltas de ortografía y dedazos, nada sustancial en realidad.

Gracias a ustedes, a esas personitas que alguna vez preguntaron o insistieron por más, a través de reviews, favoritos y follows, siempre daban un sacudón a mi letargo, las serpientes en mi cabecita y corazón siseaban, y de repente un eco lejano decía: Aredhiel, vamos, eso por lo que te fuiste, ya no duele, es hora de volver.

Así que hoy el soplo de inspiración llegó, bendita musa, hoy me reconcilio con mi fandom más querido, el fandom de mis amores, el que vio nacer a mi primer hijo... ahora lo leo de nuevo y no puedo evitar sonreír.

Yo he crecido mucho, crecí a la par de este fic, y ver ahora todo el reflejo de lo que fui —pese a mi mente soñadora e infantil—, me hace inmensamente feliz... gracias por vivirlo conmigo, si estuviste en aquel tiempo, y gracias por revivirlo, si estás leyendo esto ahora.

Nos vemos todos los lunes y viernes hasta acabar esto —de nuevo—.

No olvides, por estar aquí, ya te quiero.


EDITADO

Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic

Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei


AMORES CRUZADOS

Capitulo 16: Frente a frente

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Sus orbes jades contemplaron el paisaje a través de la diminuta ventana de su carroza. Un minúsculo rayo de sol se abrió paso entre algunos nubarrones, iluminando de a poco la maleza en el horizonte.

Suspiró agotada sin perder detalles de aquel suceso, comparándolo al reciente infierno al que se sometió su familia; pero Kami-sama había escuchado sus plegarias, y Naruto había regresado a casa, sano y salvo. Y ella, con dicha acción, pudo sentirse en paz, y aquel cargo de conciencia se había disipado un poco.

Solo un poco.

No pudo sentirse completamente contenta. No después de haber visto el estado en que regreso Naruto. Distante, azorado… y, miles de cosas, que ella por primera vez no supo descifrar.

—Lady Haruno, hemos llegado.

La voz del cochero la alertó, sacándola de su embelesamiento.

—Gracias.

Sonrió amablemente mientras tomaba la gentil mano de su sirviente, para bajar de la carroza.

Subió con lentitud las gradas de la entrada de su casa, el cansancio corporal la estaba consumiendo, sin sumar las amplias horas de desvelo, desde el secuestro de su primo, y el sol aun naciente. Pero bueno, fue su decisión estar presente en la llegada de Naruto, aunque esta fue a las tres y media de la madrugada. Eso no importaba ya, tendría tiempo suficiente para reposar por ahora.

—Niña Sakura —llamó la dulce voz de una mujer de edad.

—¿Qué sucede Rosee? —indagó con perceptible cansancio.

—La buscan.

—¿A esta hora? —se notaba contrariada.

—Sí, a esta hora, frentona.

Reconoció de inmediato aquel timbre de voz, giró sobre sí misma y se halló con un rostro familiar.

—¡Ino!

Sonrió con efusividad pese al agotamiento, la rubia caminó unos pasos y le devolvió el gesto con un abrazo.

—Sakura… ¡por Kami! Luces fatal.

Ino colocó sus manos en su cintura mientras su mirada aguamarina deparó en las ojeras de Sakura.

—¿No has dormido acaso? —siguió analizándola.

—Pues no, cerda. Lo que sucede es que Naruto…

—Sí, sí, lo sé —la interrumpió con un gesto—, mi papá me contó todo. Sé que Akatsuki lo liberaba hoy.

—Pues así es. En fin… tanto tiempo. ¿Al fin terminaste tu viaje? —escudriñó con amabilidad que reflejaba demanda, mientras invitó a la rubia a tomar asiento.

—Creo que me puedo retirar, niña Sakura.

— Sí, Rosee. Gracias.

—Permiso.

La mujer mayor se retiró. Dejando solas a las dos señoritas.

—Sí, frentona. Por fin termine mi viaje, y decidí volver —respondió con calma aparente.

—No quiero andar con rodeos Ino.

Sakura ladeó la cabeza con obviedad, mientras Ino apretó con nerviosismo su abanico.

—¿Por fin lo superaste? —la rubia entrecerró los ojos fingiendo desinterés.

—De… ¿Qué hablas? —su voz se escuchó como una brisa calmada.

—Si de una vez por todas dejaste de pensar en él —la encaró con dureza, mientras Ino continuó distante.

—Te refieres… a… —le costó pronunciarlo.

—Mi primo —Sakura se puso de pie, frente a su invitada.

—Quieres decir… —eran demasiados rodeos de su parte.

—Deidara.

Ino cerró los ojos y aspiró profundamente. Aquel asunto ya había sido superado, entonces ¿Por qué se sentía así?

—No lo has olvidado ¿Verdad? —La joven rubia fue incapaz de contradecirla —supongo… que es difícil dejar de lado el recuerdo de la persona que amas.

—Sakura —detuvo aquellas palabras de lastima —Deidara era una persona muy especial para mí, pero amarlo —continuó arrogante—. No, él era solo una ilusión infantil.

—No te mientas —le recriminó —tú le querías.

—No —lo negó enfadada, mientras perdió aquella fuerza—, y aunque así haya sido. Él siempre estuvo fuera de mi alcance —intentó ser convincente.

—¿Por qué? —le encaró —¿Por qué era mayor que tú acaso?

—Tú lo has dicho —tomó algo de valor—. Él era… 'el príncipe Deidara' —comenzó agitar el abanico al sentir el calor subir a sus pómulos, en medio de rabia y vergüenza —apuesto, inteligente, ponderado, un noble que tenía a su disposición a cualquier chica que desease —frunció el ceño enfurecida —alguien como él, nunca hubiera posado sus ojos en una mocosa 'insulsa' como yo —bajó la mirada nostálgica —él estaba aun paso de ser hombre, y yo… apenas iba a empezar a ser una adolescente.

—Eres una cerda — dijo Sakura con aparente desprecio —¿acaso estas ciega? —La miró con fastidio —si él continuara con vida, habría deparado en ti. No tengo dudas.

—¡No digas tonterías frentona!

—Tonterías cerda —elevó la voz con sorna—. Por tu culpa, ahora pasare de ser la 'señorita Haruno' —miró a Ino y le sonrió —a la chica que va a lado de la 'señorita Yamanaka'.

Ino rió con semejante ocurrencia. No importaba cuando discutiese con Sakura, esta siempre tenía la capacidad de alegrarle el día, por muy nublado que este fuera.

—Cambiemos de tema, Sakura —sugirió más calmada —no estoy con ánimos de discutir, habiendo llegado apenas.

—De acuerdo —aceptó. Estaba tan agotada que prefería dejar aquellos furores por el momento —entonces dame un tema de que hablar.

—Está bien —tomó a Sakura de la mano y la sentó frente suyo —¿ya te llego la invitación para la boda del príncipe Sasuke, y la princesa Hinata?

—Sí —no supo porque, pero se le revolvió el estomago, de la misma forma, que cuando recibió la invitación.

—Pues es la primicia del año, y parece no importarte.

—No es eso… es solo…

'Que, estas celosa', aquella vocecita interna la acosó. 'No puedes aceptar que semejante belleza, ya no va a estar a tus pies'.

—Cállate —farfulló molesta.

—¡¿Qué te pasa Sakura?! —le reclamó Ino.

—No… No… —agitó las manos nerviosa —lo siento, no era a ti, Ino.

La rubia hizo una mueca de confusión, pero dejo pasar aquel acto.

—¿Piensas asistir frentona?

—Claro —cambió su semblante cómico a uno serio —es la boda más importante de la década. Dos de los máximos nobles del consejo, excluyendo a Naruto y Gaara, contraen nupcias.

—Teniendo carroza propia, es sencillo —pronunció Ino con un deje de frustración.

—¿Por qué no utilizas la carroza, en la que partiste de viaje?

—Porque yo viaje en barco, y alquilaba carrozas para transportarme… y bueno, mi papá si tiene una carroza, pero se niega a prestármela.

—Ven conmigo —le sonrió con los ojos brillantes—, yo te llevo, como un viaje de amigas.

—¿De verdad, Sakura? —la miró emocionada.

—Claro —Sakura la tomó de las manos—. Mi carroza va a formar parte de la caravana real, de mi tía, y mi tío, por lo cual iremos hasta resguardadas.

—Perfecto.

Rieron con ganas, tal cual lo hacían en su infancia. Ahora, tendrían la oportunidad de revivir aquellos momentos, y fortalecer aquel lazo, que siempre las mantuvo unidas.

—o—

Miró su reflejo en el espejo con la mayor desgana del mundo, mientras se colocó el último zarcillo de su ajuar de joyas. Se sintió devastada, y pese a ello tan dichosa. Naruto, su adorado Naruto estaba a salvo. La suma por su rescate había sido cuantiosa, pero lo valía. La vida de él lo valía.

El rumor de su secuestro había corrido por todas las naciones, y en su reino no tardaron en enterarse, y cuando lo supo, elevó una plegaria a Kami-sama, que por suerte fue atendida. A los pocos días llegó la gran noticia de la liberación de su príncipe, y ella agradeció infinitamente por ello.

—Hinata —Hiashi Hyuuga asomó su cabeza por la puerta entreabierta —Sasuke-san te espera.

—Sí… pa… papá. Voy…

Y aquellas frases entrecortadas habían regresado a su vocabulario, sin ella haberlo querido.

Se puso de pie, y el amplio vestido de color cárdeno relució en todo su esplendor, estrechándose mágicamente en su cintura, haciendo resaltar las perfectas formas de su pecho, sin contar las joyas, que le brindaban mayor exquisitez a sus rasgos.

Tomó a su padre del brazo, y salieron de la habitación, caminaron por el corredor, las escaleras, hasta llegar finalmente al lugar, donde su prometido esperaba con un gesto distante.

—Sasuke-san.

El muchacho salió de su suspensión y volteó su mirada en dirección a Hiashi y Hinata.

Esa chica… debía admitir que era hermosa, admirarla era como observar a un arcángel de uno de esos cuadros de la anunciación.

—Sasuke, te encargo a Hinata —Hiashi apartó a su hija con delicadeza, y a la vez la aproximó a Sasuke —recuerden llegar dentro de una hora a la sala común para hacer el brindis privado con los nobles de la Arena, y el Viento.

—Sí, lord Hiashi.

Respondió escuetamente mientras recibió a Hinata del brazo de su padre.

Comenzaron a caminar en dirección al jardín, sin dirigirse palabra. Hinata vagó en sus pensamientos y navegó en sus penas, Sasuke simplemente meditó y la observó de reojo. Maldijo internamente al destino, por no haber conocido primero aquella chica, en vez de a Sakura Haruno.

El jardín era prácticamente un bosque, lleno de arboles, enredaderas y flores. Era mágico, pero ninguno de los dos deparaba en la exuberante belleza del sitio, solo se limitaban a caminar tomados de la mano. Supuestamente ese corto periodo de tiempo, era para que ambos se conociesen, pero la realidad, era que a pesar de estar juntos físicamente; mental y sentimentalmente se encontraban demasiado distantes.

—Sasuke-san, no puedo creer que se nos case.

Un grupo de jovencitas se aproximaron a la pareja abanicándose. Aquellas chicas, eran de ese tipo de mujeres normales a un paso de ser feas, que intentan corregir los errores de la naturaleza con kilos de maquillaje.

—No puedo creer que se vaya a casar con una… —la líder de aquel grupo miró despectivamente a Hinata —extranjera, tan pálida, tan…

Sintió el aire faltarle, y tuvo ímpetus de salir corriendo de aquel lugar. Su vida era un infierno y tuvo la sensación de que las cosas se pondrían peor, sin embargo aquellas sensaciones se desvanecieron en un breve instante.

—Tú, mocosa —su tono de voz se impuso gélido, como un colosal iceberg —te prohíbo que ofendas a mi prometida. A Hinata-san, la respetas.

Hinata creyó que el aire dejo de correr en aquel momento. Sasuke no solo había detenido aquellos sutiles, pero hirientes insultos, había tomado con más ímpetu su mano. Sintió el corazón latirle con arrebato, Sasuke era apuesto, no lo negaba, pero admitía que no le atraía, sin embargo aquellos fuertes y largos dedos, por un segundo le brindaron gran seguridad, y sintiéndose débil, correspondió el gesto sujetando con más furor dicha mano.

A la distancia lucían como una hermosa pareja, aun más con aquel gesto. Naruto lo pensó así, cuando al bajar de su carroza, a través de las rejillas, vio a Sasuke y Hinata tomados fuertemente de las manos, frente a un grupo de chicas nobles, con apariencia de cortesanas.

—¿Qué ves, Naruto-chan? —Ino se colgó del cuello del rubio.

—Nada Ino-chan —sonrió levemente, mientras la rubia arqueó una ceja.

—¿Qué te hicieron los Akatsuki? Has cambiado demasiado.

—Nada —respondió fuerte y claro tomando las manos de la rubia con cierta dulzura.

—Entremos chicos —sonrió Sakura, mientras arregló su pequeño bolso de encajes.

—¡Vamos!

Ino jaloneó a Naruto con efusividad, intercambiando las cosas. En otras épocas seria Naruto el dueño de un comportamiento así, sin embargo con el bajo estado de ánimo, este era incapaz de obrar de esa manera, así que Ino se adueño de su rol. Sakura solo caminó tras los dos, riendo discretamente para sí misma.

—o—

La sala común del palacio Hyuuga, se presentó majestuosa frente a él. Este castillo mostraba una arquitectura única, que difería notablemente con la de su castillo, pero no por eso le quitaba su perfección. Tanto él, como Ino y Sakura, fueron guiados hasta aquella sala, donde de inmediato, depararon en el sitio donde se encontraban sus padres y abuelos.

—Niñas —sonrió Jiraiya —renacuajo —se dirigió a su nieto, quien hizo una mueca de disgusto —se estaban tardando demasiado.

—Es cierto hijo, no me gusta que andes por ahí.

—Tu padre tiene razón —Kushina intervino —al menos después de…

—Tranquila madre. No me sucederá nada —le sonrió con amplitud y confianza.

La reina suspiró aliviada, con una inevitable seguridad. Algo en la voz de su hijo, le enunció que lo citado, era cierto.

—Ahora que estamos presentes todos. Podemos empezar con la reunión —Orochimaru se había puesto de pie acaparando la atención de todos los asistentes.

Naruto lo observó con detenimiento, y sintió nauseas y un profundo asco. Aquel tipo aclamado como héroe, era en realidad una alimaña, peor que aquellas que habitan en las cloacas.

—Queremos hacer participes a todos los presentes del compromiso de mi hija, y el príncipe Sasuke —el rey Hiashi intervino, apareciendo tras la puerta principal con un tesoro colgado de su brazo.

Fue ahí cuando Naruto la observó de nuevo, y sintió el aire disminuir a su alrededor. Lucia hermosa, avanzaba con lentitud sin desprenderse del brazo de su padre, mirando nerviosamente a todos, y en medio de su recorrido, las pupilas perlas de Hinata, dieron con él.

Hinata abrió los ojos y los labios con cierta alegría que intentó contener, su sol, su príncipe, estaba allí. Las miradas de ambos se encontraron y el resto del panorama desapareció a su alrededor, sus almas se fugaron un instante de sus cuerpos con la intención de complementarse, tal cual debía ser.

—Sasuke-san.

La voz de su padre la trajo de un tirón a la realidad, y cayó en cuenta de la situación. Naruto suspiró, mirando la razón de su desilusión. Sasuke se aproximó a Hinata ofreciéndole su brazo, el cual ella aceptó con desgana, mientras con su otra mano, el joven de ojos negros, tomó una de las copas de champan que estaban siendo ofrecidas a sus invitados.

—Damas… Caballeros…

Interrumpió los murmullos de todo el salón, con su voz sobria y aterciopelada.

—A Hinata-san y a mí nos place dar a conocer…

Y continúo con el discurso, tal cual lo había ensayado los últimos días, su excelente memoria le dio la ventaja de pronunciar aquellas palabras con naturalidad, mientras su mente divagó por otros terrenos. En un determinado momento sus orbes negros depararon en Sakura, que lo observaba detenidamente con un brillo ¿nostálgico? No era posible, ella odiaba la faceta de príncipe de Sasuke, a pesar de lo apasionada que había resultado en brazos del Akatsuki.

—… Así que por ello, les agradezco que sean participes de mi… —sintió quebrársele la voz —felicidad a lado de esta bella dama.

Se separó de Hinata, tomando su mano la cual besó con delicadeza, la joven le brindó una sonrisa fingida. Todo aquel teatro había sido perfectamente diseñado, y repasado para evitar errores. De ahora en adelante ese sería su trabajo, construir un castillo imaginario en medio de las nubes.

—Salud, por la felicidad de la pareja.

Orochimaru levantó su copa, todos los presentes le siguieron la corriente, absortos en la gran noticia ninguno notó la desdicha en los rostros de los novios.

—Salud, y la mayor dicha del mundo para los dos.

Naruto se puso de pie, y sonrió ampliamente para todos, pero fijó sus orbes en Sasuke, con la intención de apoyarle, como se lo exigía su misión. El joven de cabellos azabaches sintió recuperar la compostura después de que su alma casi escapara de su cuerpo. Y le agradeció infinitamente al rubio, y por fin pudo notar que aquel chico no era un fastidio, era un apoyo fuerte y moral, como un…

—Amigo… Gracias —no perdió la actitud altiva, pero agregó sinceridad a sus palabras.

Hinata observó perpleja aquella acción. Naruto… su Naruto, había deseado la mayor dicha aquella farsa. Su rostro se descompuso, y por un breve momento se preguntó, ¿Dónde había quedado aquel joven, que a través de sus apasionadas cartas conseguía que el espíritu se le alterase?

—¡Salud!

Todos elevaron sus copas, y sonrieron, por un compromiso y una felicidad indispuesta y malversada. Algo que recriminaría inclusive Dios.

—o—

El día transcurrió con una dolorosa lentitud. Él, simplemente se limitó a sonreír y animar aquel acto de celebración. Una celebración que le carcomió el aliento.

Por el momento las cosas se habían aliviado un poco. Habiéndose reencontrado con Gaara, pudo hablar de todo. Tan placentero y tranquilizante había resultado ese intercambio de palabras, que no deparó en la hora… diez de la noche. Y él aun continuaba vagando por aquel lugar.

Las casas de hospedaje habían sido asignadas de acuerdo al imperio, por lo cual el reino del Fuego tenía su morada en medio del Viento y la Arena. Pero esas trivialidades no le importaban, de hecho, eso le relajaba, ya que para llegar a su residencia tenía que atravesar el jardín del palacio, de ese modo, quisiese o no, debía estar en contacto con la naturaleza. Y agradeció por el hecho de que fuese así, aspirar el aire fresco debido a la gran maleza, lo sacó de su decepción, y eso, era bastante.

Continuó admirando el paisaje nocturno con melancolía, mientras se sumió de nuevo en sus amarguras, todas con el nombre de una mujer…

'Hinata… su Hinata'

—Hinata… —suspiró,

—Naruto.

Volteó inseguro de sus sentidos, tan solo para admirar la delgada figura de una joven de cabellos largos, que volaban al soplo del aire, sus ojos brillaban con amargura e intensidad. Y él, en ese momento, fue incapaz de moverse, y todo aquello que se había jurado en silencio se desvaneció, y se quedo inmóvil, admirando con lentitud el espacio girando a su alrededor.

Hinata no pensó. Simplemente dejó que el anhelo hiciera de las suyas. Caminó a prisa, hasta quedar frente a él, levantó su rostro para observarle a los ojos, y con dicha acción toda su compostura se desvaneció. Sin tener ya, en que apoyarse, se dejó caer con extrema debilidad sobre él. Sus delgadas manos se aferraron aquella espalda, y permitió que su cabeza descansase en el hueco confortable entre el cuello y el hombro de él.

Naruto la sintió estremecerse, y su mente le exigió separarla de inmediato. Sin embargo su cuerpo actuó solo, y correspondió aquel gesto rodeándola con sus brazos.

Una acción espontanea.

Natural.

Y las consecuencias futuras, en aquel momento…

Se relegaron a un lado.

CONTINUARA…


Notas de Autor (ORIGINALES):

Uhm… creo que esto si está bien.

NaruHina, ¡qué lindo!

Ahora sí puedo decir que lo es.

Ya saben, si no están de acuerdo conmigo, aquí tienen la respuesta.

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