EDITADO 22/12/2015
Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei
AMORES CRUZADOS
Capitulo 20: Esperanza
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Su mente se extravió por un largo instante asimilando la información recibida.
—No es posible…
Sasuke levantó su oscura mirada hacia Neji, y percibió un acentuado destello de convicción en los perlados ojos de su superior, y algo en su propio interior se revolucionó en aquel momento, haciendo que sus pozos negros perdieran la gran turbación de la que era presa desde que supo de su destino a lado de Hinata, ahora, en sus pupilas negras, solo se divisó el fuerte orgullo, confianza y altivez que lo habían caracterizado siempre. Sin embargo…
—Y si algo sale mal —Sasuke apretó los labios—. Nos pondremos en evidencia… pondremos en evidencia a toda la organización —se puso de pie y se apoyó en el escritorio de Neji, dándole la espalda —mi tío nos matara, y si no lo hace él, la justicia se encargara de enviarnos a la horca.
—Lo sé —Neji no le miró—, pero nuestros motivos son superiores. Sé que venceremos —se giró para contemplar al muchacho—, no puedes acobardarte ahora.
Se colocó frente a Sasuke, con una actitud claramente desafiante, sin embargo el joven archiduque se limitó a seguir hablando.
—Yo, ya acepte ejecutar el plan de Deidara y tu hermano, porque pensé en Hinata y en ti… pensé en ambos como individuos, no como títeres —una sombra de molestia relució en Neji— y ahora simplemente decides doblegarte a tu miedo. Eres una vergüenza —levantó la voz.
—No temo por mí.
Sasuke alzó la voz impulsivamente con un atisbo de cólera, que no relució con fuerza; pese a ello, el rostro de Neji fue marcado con un imperceptible desconcierto, que intentó disipar con conclusiones propias.
Cada una de las palabras del príncipe del Fuego, eran ciertas, no temía a la ira de Madara, no temía a la muerte, no temía al escándalo social, pero en su alma si se encontraba su único miedo, y era que con su muerte, hiriera a Sakura.
—Una doncella —murmuró Neji con voz neutra, mientras las pálidas mejillas de Sasuke se ruborizaron tenues, al saber que Sakura no era precisamente eso, y todo por su causa— con mayor razón aun —prosiguió Neji— debes luchar en contra del sistema.
Neji se apoyó en la ventana, y observó la oscuridad infinita de la noche plagada de estrellas.
—Créeme, que lo que hagas o dejes de hacer no me interesa —su voz era serena, imperturbable—pero si me interesa Hinata, y mi casta existe con el único objetivo de protegerla a ella —su mirada se perdió en el vacio— es por ella que yo me inmiscuido en esto —Sasuke bajó la mirada algo herido— y mi batalla seria mas fiera aun, si mi felicidad estuviera en juego.
El último de los príncipes del Fuego se vio extrañamente perturbado, y con algo de precaución y ansiedad pronunció sus últimas palabras de aquella caótica charla.
—Dame mis instrucciones —calló un momento, y una arrogante sonrisa apareció en sus finos labios —y las de Naruto.
Arriesgaría el todo por el todo, por alcanzar a Sakura, por liberarse del compromiso con Hinata… y por borrar la estúpida sonrisa del rostro de Naruto, y verlo de nuevo bajo su poder.
—o—
—Yo creo que lo que usted ha hecho ha sido una imprudencia, Lord Orochimaru.
Enunció Kabuto con un gesto calmo, mientras tendió a su señor una copa de cristal, llena de ron.
—Nadie tiene porque saberlo —su rostro se conjugó en una retorcida sonrisa, agitando la copa entre sus dedos— para todos, seguimos allá.
—Es cierto —Kabuto caminó en medio de la estancia— pero —calló un momento—… solo podremos continuar con esa certeza, si los clones de sombra, no se han deshecho.
Kabuto miró a su señor con profunda seriedad; en ocasiones aun le costaba acoplarse a las extravagancias de Orochimaru, no porque los actos realizados por su superior le repugnaran, aunque debiese ser así, sino por el peligro inminente que estos significaban para el poderoso sannin, y para él mismo, claro está.
—Niño —su voz rasposa surgió en un irritado vendaval—, los clones no se han deshecho —miró con fastidio al joven que era su mano derecha— ¿Crees que me daría el lujo de cometer un error tan estúpido? —No apartó su vista de los ojos brillantes de su vasallo— esos errores solo los cometen los mozuelos como tú —le sonrió burlonamente— yo… el gran Orochimaru, no cometo esos errores —no se apreció altivez en sus palabras, simplemente las pronunció como una innegable verdad.
Orochimaru se puso de pie y a paso lento se aproximó a Kabuto, que no se movió ni un solo ápice, ni inclusive cuando el rey del Fuego lo tomó bruscamente del brazo y le susurró al oído.
—No te metas en mis asuntos chico… porque puedo olvidar el pequeño aprecio que te tengo, y matarte —Kabuto se estremeció humillado—… ahora haz lo que te pedí, y déjame en paz.
No esperó más, y fastidiado, sacó al muchacho de cabellos blancos fuera de su habitación.
Kabuto se quedó quieto, en medio del pasillo del navío, obligándose a recordar el porqué continuaba a lado de un individuo, que lo ponía en vergüenza constantemente. Sus ojos negros se remolinaron brevemente para luego darle paso a una profunda calma, sin esperar un segundo mas, continúo con su camino para cumplir el acato que Orochimaru le había exigido.
Un muerto más, uno menos, aquella altura… no importaba.
Si un héroe, un sannin, no tenia reparos en matar a sangre fría… ¿Por qué un muchacho sin rostro debería tener escrúpulos?
La noticia aquí era que Kabuto, ya no los tenía.
«Listo» fue lo único que el joven pronunció en su mente cuando su víctima dejó de retorcerse bajo su jutsu. Luego de ello, se las ingenió para aventar el cuerpo por la borda, y miró con cierta satisfacción como el cuerpo se hundía en medio del mar; cuando la silueta desapareció de su perspicaz mirada, se dirigió al timón, dispuesto a comandar la nave, tal cual eran las ordenes de su señor.
«Más vale que esta cosa vaya rápido… lord Orochimaru, deseara estar presente en el convenio que le dará el poder sobre las grandes naciones… sin mencionar sus planes para la chiquilla…»
Enarcó una ceja cuando visualizó el último pensamiento.
Orochimaru se desharía de la dinastía Uchiha, y de la dinastía Hyuuga, y como premio reclamaría el mejor tesoro, que no era precisamente el territorio.
«Lo siento por usted, lady Hinata»
Al final de su pensamiento Kabuto soltó una burlona carcajada, mientras en su mente se paseaban las más rijosas e inverosímiles ideas.
—o—
A la luz de la luna dos amantes se abrazaron con desesperación mientras dejaron que sus cuerpos manifestasen, lo que sus labios no podían pronunciar, no porque fuera blasfemo, era el simple hecho, de que obraban incorrecto.
Un pequeño suspiro escapó de los labios de Hinata al sentir la cálida respiración de su amante en su cuello, mientras este deslizaba sus atrevidos labios en su ardorosa piel blanco invernal; ella, solo se limitó a enredar sus finos dedos —ya libres de los guantes— en los rebeldes mechones rubios de él.
Naruto volvió a estrecharla con fuerza, con desesperación, como si temiera, que aquella hermosa criatura solo fuera una ilusión, en aquel instante visualizó el broche y el cierre de la costosa prenda que cubría a su doncella, perfectamente consciente de las consecuencias que representaba el quitar dicho broche y el deslizar aquel cierre, supo que no resistiría mucho más.
—Hinata-chan… ¿Estás segura de esto?
La joven abrió los ojos a la brevedad que escuchó la pregunta, tuvo entonces la oportunidad de observar aquellos iris claros, que en una alejada noche estrellada, como la actual, la habían seducido, haciéndola caer a un precipicio del que ya no estaba dispuesta a salir. Con infinita ternura, como todo en ella, deslizó sus delicados dedos por la espalda del joven, que cerró los parpados, intentado no perder los estribos con aquellos ardientes roces, sin dejar de visualizarlo Hinata respondió con un débil murmullo repleto de amor contenido.
—S…si debo afrontar un destino inevitable, quiero llevarme tu recuerdo conmigo…
Él abrió los ojos, y una de sus fuertes manos tomó la nuca de Hinata aproximándola, hasta que sus frentes chocaron con sutileza. Ella siguió hablando, sin poder descifrar aquellos ojos de oceano.
—Ámame Naruto —se abrazó a él, disminuyendo la distancia entre sus cuerpos— y si no me quieres, miénteme… pero hazme tuya… solo esta noche… por favor…
Naruto detuvo el dulce timbre de voz con un beso lento y fogoso, el contacto no duró demasiado, pero fue suficiente para no solo silenciar a Hinata, si no para robarle el aliento y más.
—No me pidas que finja —musitó el joven de cabellos rubios sobre los rojos labios de Hinata, quien cerró los ojos en un gesto de titánico dolor—… cuando no es necesario hacerlo.
La ansiedad invadió sus orbes claras que se perdieron en las turbias palabras del muchacho, elevó sus pequeñas manos enredando tiernamente en ellas los rubios cabellos de Naruto, con quien se unió en un beso instantáneo.
Gimió con suavidad cuando sintió las fuertes, pero sutiles manos de Naruto desabrochar el vestido y hacer descender el cierre. Entonces él se separó de sus labios, y posó su ávida boca en uno de sus frágiles hombros descubiertos, por instinto bajó sus brazos, facilitando así la labor del muchacho, que con suavidad pero con prisa, hizo caer el vestido hasta su cintura.
Se sintió confundida a ciertos momentos, tanto placer le aturdía. Suspiró con vehemencia cuando las manos del joven se aventuraron a su cintura, la que apretó con fuerza, fue entonces cuando escuchó un gruñido ahogado, y comprendió todo:
—Solo desata… el último lazo.
Ella había detectado su lucha silenciosa con el corsé. Él levantó su rostro y su mejilla rozó la de ella, y los ojos de ambos centellaron llamas de deseo, como agradecimiento se atrevió a mordisquear con gran suavidad el cuello de cisne de la delicada ninfa que se presentaba ardiente en aquel instante, ella solo se estremeció, pero no hizo más, entonces él se apresuró a tomar los cordones deshaciendo el lazo con brevedad.
Hinata lo abrazó con fuerza mientras le temblaron las piernas, y su respiración se entrecortó, su vestido finalmente yació en el piso. Naruto abrió con insoportable morigeración lo restante del corsé, pero la tortura terminó pronto, y sintió como las manos de él finalmente se deleitaron con la sedosidad de la piel de su estrecha espalda, dio un gemido echando la cabeza atrás.
Naruto le besó la barbilla, Hinata le encaró, el corsé amenazaba con caer, pero ella no deparó en eso, tomó el rostro de él fundiéndose en un nuevo beso intenso, en el que se exploraron a fondo, sin reparar en la realidad…
Ni reparar en el corsé, que ahora reposaba en el suelo… invitando a dos pieles a conocerse más intrínsecamente.
—o—
—Aquí tienes.
Finalizó Neji con gran satisfacción de haber persuadido al joven Uchiha.
—Perfecto.
Pronunció Sasuke mientras observó el rollo ser guardado en un envase de metal.
—No olvides lo que te he dicho.
—No lo hare, se que solo tenemos una oportunidad.
Sasuke se puso de pie y extendió su mano, en símbolo de despedida, Neji lo imitó y estrechó su mano.
—Recuerda que…
—Lo sé, Neji —le interrumpió—. Hablare de inmediato con Naruto. Déjamelo a mí.
Neji le sonrió y le palmeó la espalda a penas se soltaron las manos.
—Todo va a salir bien.
Sasuke asintió, y sus ojos brillaron, dio vuelta saliendo del despacho.
Neji, tras la ida de Sasuke, apagó las lámparas de su despacho, antes de aventurarse fuera del lugar un fugaz pensamiento recorrió su mente.
«Mañana la veré»
Motivado por la llegada de cierta señorita, dejó el lugar, anhelando la llegada del amanecer.
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Alejado ya, del edificio central de la Milicia del Agua, Sasuke continuó a paso tardo el recorrido hacia su morada, no obstante algo le hizo pensar mejor las cosas y con una pequeña sonrisa taimada, optó por cambiar su camino de repente.
Algunas cosas no debían esperar.
—o—
Después del intenso beso compartido, se separaron sin perder contacto visual. Los rojos labios de Hinata se entreabrieron delicadamente y sus ojos brillaron en una mezcla de pudor y deseo, sus mejillas se colorearon de un pálido cereza, entonces supo lo que ella pretendía, y se lo impidió inmediatamente presionando su cuerpo contra el suyo, fue en aquel instante cuando sintió los delicados senos de ella rozar con su pecho, Hinata bajó el semblante intuyendo el gran sonrojo del que eran presa sus pómulos.
Segundos más tarde ambos reposaron sobre el lecho del príncipe; como llegaron hasta ahí, era un misterio, lo único que quedó claro, es el gran amor que expresaron a través de sus juveniles cuerpos.
Hinata dejó escapar un jadeo ahogado cuando Naruto se colocó sobre ella, el peso de él sobre su cuerpo le provocaba una sensación demasiado placentera, lo cual causó desconcierto que su anatomía se negó a expresar. Él no notó eso, se concentró simplemente en delinear con sus besos la clavícula de la muchacha, su húmedo recorrido lo llevó hasta los redondeados senos de ella, los cuales observó, delineó con su índice uno de los pechos de la joven, que suspiró hundiendo con más fuerza sus finos dedos en la rubia cabellera de su amante, en una clara demanda de un contacto más intenso.
Él, no se hizo de rogar, y sorbó con suave prisa los sonrosados pezones de Hinata, que gimió en voz alta mientras sus manos acariciaron mechones rubios de la cabeza de él. Naruto no se detuvo, se vio con la imperiosa necesidad de profanar aquella escultura tallada por los dioses, quitarle la inocencia y demostrar al mundo, que era el único dueño de la pudorosa esencia que se ocultaba tras el hada que se entregaba con ardor en sus brazos.
Ya no se reconocía, y pese a las agudas emociones de las que era presa, no pudo evitar preguntarse constantemente: ¿Dónde quedaba el recato cultivado por tantos años? No halló respuestas, en ese momento solo tuvo una certeza. Independientemente de las consecuencias que acarreara aquel acto, debía consumarlo, para sanear la salud de su alma, para acrecentar el amor innegable entre los dos y para satisfacer su deseo sobre aquel muchacho, que mostró sin recato su cuerpo esbelto, su sensualidad embriagante, que sometió con extremo dulzor su cuerpo de doncella.
Sintió como con tacto, él se aproximó al sur, depositando cálidos besos en su vientre plano mientras delineó su talle con las manos, fue así, que los dorados dedos del joven bordearon la pequeña prenda que ocultaba la intimidad de Hinata, entonces percibió la tensión que se apodero del cuerpo que suspiró ante sus labios.
Ella le miró atenta, amedrentada e insaciable, pudorosa y apasionada, aquellos labios rojos se tornaron más brillantes e hipnotizado por aquella visión, jaló a Hinata de una de sus manos, prácticamente sentándola sobre sus piernas, se abrazó a su talle, ella alzó los brazos aproximando sus cabezas, mientras una de las manos del joven enredó su oscura cabellera y le plantó un apasionado beso, sin dejar de explorar la estrecha y apetecible espalda de la muchacha con su otro brazo libre.
Nada podría empañar un instante así, en el que dos seres que se aman se funden como uno solo por medio de un beso, excepto…
Naruto cortó el beso con brusquedad, apegando a Hinata más contra su cuerpo desnudo, la joven se sorprendió pero no dijo nada, entonces deparó en la escrutadora mirada del chico, que parecía inspeccionar a detalle la amplia habitación.
—Vístete, Hinata.
Ordenó Naruto con una palidez nada disimulada en su dorado rostro, separándose de inmediato de la joven Hyuuga.
—¿Qué… qué sucede, Naruto?
Indagó nerviosa, cubriéndose con una de las sabanas de la cama de su amado, temerosa de que este se hubiese arrepentido, y decidiese tratarla con frialdad, como venía haciendo desde su estancia allí.
—Alguien nos ha visto.
Su mirada se dirigió a la puerta entreabierta, pronunciando con dificultad las palabras, había pánico en su rostro, pese a todo continuó colocándose una camisa. Con aquella noticia, Hinata palideció también.
—¡Por Kami! —contuvo la exclamación llevándose las manos a la boca, totalmente aterrada.
—Vístete.
Volvió a pedir con suavidad Naruto, extendiéndole todas sus prendas, incluida la capa. Hinata lo miró a los ojos, tomó la ropa, y aceptó la petición con un mudo asentimiento.
—o—
Dos sombras se escabulleron con sigilo y rapidez fuera de la Residencia de Hospedaje del Viento, caminaron a prisa con el peso en el pecho de haber cometido una abominable falta.
Pero no existe falta, cuando existe amor.
Se adentraron en el bosque con premura sin soltarse de las manos, sus dedos permanecieron entrelazados, y aunque a momentos la mano del muchacho apretó con fuerza la pequeña mano de la joven, hasta casi lastimarla, ella no deseó deshacer aquel lazo invisible que los tenía más unidos que nunca. La luna jugó un papel trascendental en su contra, su sinuoso brillo atravesó las copas de los arboles iluminando por lapsos cortos sus rostros, delatando sus identidades.
—Será mejor que vayas a casa.
—No. No quiero —agitó negativamente la cabeza—. Naruto-kun… —suplicó.
—Es lo más prudente —la estrechó con sus poderosos brazos, sin creer lo dicho por sí mismo. Ella le correspondió.
—No quiero casarme con Sasuke —le miró con infinita dulzura teñida en temor.
—Soy consciente de ello —tragó saliva, mientras acarició con el dorso de su mano la tersa mejilla de Hinata— si tengo alguna dificultad, iré a buscarte más tarde, sino, nos veremos mañana en —se rascó la cabeza pensativo.
—Mi castillo, zona oeste, hay un lago… no hay guardias —continuó con obviedad.
—De acuerdo.
Apartó el flequillo oscuro de la frente de Hinata y depositó un beso ahí, las cosas continuaron turbias, pero mejoraron.
Estaban juntos, ¿no?
Emocionada, la joven tomó el rostro del príncipe, y lo besó con el mismo ímpetu que la primera vez, siendo gratamente correspondida. Cortaron su contacto, Hinata se separó de Naruto colocándose la capucha de la capa, entonces le sonrió, dio media vuelta y comenzó a correr en dirección opuesta.
Naruto suspiró sin moverse, cuando intuyó que Hinata se había alejado lo suficiente del lugar, con extrema lentitud buscó en uno de los bolsillos de su casaca, hallando la daga, entonces, con gran apuro se giró y lanzó el arma velozmente a una de las copas de los frondosos árboles.
La misteriosa silueta, que se había encontrado oculta aquel tiempo, observando todo con profundo sigilo, se vio forzada a descender a la par de la llegada de la daga, fue entonces cuando Naruto advirtió la identidad de la misma. Se quedó petrificado sobre sus pies, y un profundo sonrojo coloreó su rostro.
—Es curioso ver como el mundo da vueltas —su voz aterciopelada y firme corrió a la par con la brisa—, tú ayer me dabas clases de moral, y hoy te encuentro haciendo el amor con mi prometida.
Naruto sintió un frio insoportable recorrerle toda la espina dorsal, el saberse descubierto por Sasuke, era intolerable, pero le resultó aun más desconcertante aquel brillo jocoso e indiferente que destellaban sus impasibles ojos negros.
—¿Qué pretendes? —interrogó con gesto seguro, aunque interiormente sus nervios estaban destrozados.
—Admito que deseaba humillarte —sonrió con levedad— y había planificado la manera —clavó su oscura mirada en la clara de su compañero— pero creo que nada podrá superar el azoramiento que leo en tus ojos .
—Respecto a Hinata-chan —pronunció con encogimiento.
—A ella déjala en paz —cortó de inmediato Sasuke—, tengo claro la clase de persona que es. Además, no puedo reclamar algo que no me pertenece. Hinata es una persona, no un objeto —hizo una pausa antes de proseguir— lo único que me pertenece de ella, es lo que siente por mí, y siempre he tenido claro que no es amor —miró a Naruto con curiosidad, mientras este soslayaba su contemplación— yo comparto con ella un lazo, que se formó por obligación, es verdad, pero es obvia la diferencia de nuestros sentimientos para ella. ¿No lo crees Naruto?
—¿Para qué me buscabas? —averiguó Naruto incomodo, pero evitando exaltarse.
Sasuke lo observó inconmovible, pero contestó.
—Ya te dije, para humillarte —rió burlonamente, haciendo exacerbar al menor— aunque no negare que hay algo más… más importante.
Sus oscuros iris, se dirigieron al pergamino que sostenía en su mano. Naruto reparó en ese detalle, en aquel breve intervalo.
—¿Qué es? —preguntó por reflejo.
Sasuke lo encaró sorprendido aunque regocijado, y respondió:
—Buenas noticias.
Naruto enarcó una ceja, y lo miró confuso. Sasuke no dijo nada y se sentó bajo un gran sauce, hizo un gesto a Naruto para que lo imitara, el muchacho de cabellos rubios no se hizo de rogar, y siguió muy intrigado a su compañero. Anteriormente habían peleado por insignificancias menores, y Sasuke había reaccionado mal, sin embargo, en aquella situación, que a su propio criterio era más grave, él permaneció completamente tranquilo.
—Sobre lo que viste.
—No se lo diré a nadie —intuyó de inmediato la petición de Naruto— a cambio de que calles también. Por cierto, la próxima vez asegura la puerta —«Hinata», pensó Naruto con pesar, teniendo la certeza de que la joven no había asegurado la puerta cuando se escabulló dentro de su habitación.
—De acuerdo —le pareció un trato justo— y que significa… 'buenas noticias' —Sasuke se dispuso a desenrollar el pergamino, no obstante, prefirió encarar a Naruto.
—Significa que finalmente solucionaremos el dilema de los Amores Cruzados —sonrió al ver el brillo en los cielos de Naruto, a la par que expandió el pergamino—. Aquí está la salida para acabar con mi boda.
—Significa que Sakura-chan y tú…
—Y Hinata-san y tú… -
Hablaron a la par, sin perder el contacto visual y sonrieron.
Por fin en toda la tormenta se divisó un tenue brillo de esperanza.
CONTINUARA…
Notas de Autor (ORIGINALES):
Okey, no hay más que agregar, salvo que espero que sea de su agrado… aun por la interrupción de la parejita protagónica.
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¿Reviews?
Notas de Autor (ORIGINALES):
Oh, por Dios... oh, por Dios...
No recordaba que todo este asunto estuviera tan fuerte xD
Siento no haber subido esto ayer, pero hay demasiados compromisos en estas fechas. ;)
