EDITADO 28/12/2015
Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei
AMORES CRUZADOS
Capitulo 21: Boda
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—¿Qué te parecen Kurenai?
Anko mostró a la mujer de largos cabellos negros un juego de joyas de diamantes.
—Son perfectos Anko.
Los ojos de Kurenai relucieron con gran emoción, mientras tomó entre sus dedos el costoso collar, no espero más, y corrió hacia Hinata, haciendo gestos a las doncellas que la ayudaban, para que se apartasen de su camino.
—Mira Hinata, que hermoso es el regalo de tu prometido. Es perfecto, llevaras algo nuevo como manda la tradición.
Se acercó con suavidad a la muchacha que tenía la mirada perdida en el reflejo de su espejo, pero ella apenas se inmutó y giró hacia su maestra con gran desasosiego, como el reo que sabe que pronto será ejecutado.
—So-son hermosas… Kurenai-sensei —respondió con desinterés observando sin gestos las joyas dentro del alhajero.
—Niña —suspiró defraudada—, ni parece que te fueras a casar.
Kurenai negó con la cabeza, asentando el alhajero sobre la mesa, se alejó a la par que comenzó a impartir indicaciones respecto a la ceremonia. Anko observó toda la escena discretamente, las entendía a ambas, no obstante se encontraba a favor de Kurenai. Ella, al igual que todos, compartía la firme opinión, de que jamás existiría un mejor candidato para marido de Hinata, que el príncipe Sasuke Uchiha.
—¿Qué sucede contigo Hinata?
Le interrogó Anko con singular suavidad, Hinata se desconcertó levemente por la actitud de su maestra, pero no hizo alusión al respecto, limitándose a contestar:
—No sucede nada —no existía emoción en su rostro, solo sus ojos, eran el reflejo de su esencia derrotada. Anko lo notó.
—Yo se que, para una muchacha tan joven… —hizo una mueca. Nunca había sido buena con las palabras ¿Dónde diablos estaba Kurenai? —sé que para ti no es fácil, pero más tarde comprenderás que es lo mejor. Sasuke es un excelente chico, y en el futuro será un gran hombre…
—Es posible —le interrumpió—, pero no lo amo, solo por eso… no podre ser feliz. Jamás —No derramó ni una sola lagrima, ni se quejó, todo lo pronunció como una innegable verdad.
—¡Ay niña! —soltó una risa la mayor—. A tu edad todo el mundo cree que vive del amor. Lo importante son otras cosas, el amor se construye con el tiempo.
—NO —dijo irritada—. El amor es espontaneo, se da naturalmente, basta con ver a esa persona para saber que su alma te pertenecerá toda la vida.
—¿Qué novela has leído ahora, Hinata?
—Ninguna —contestó, mirando a Anko inquisitivamente—. ¿Por qué… yo… yo tengo que casarme sin amar a Sasuke?
—Ya te dije…
—¡No! —Cortó contrariada—. Tú vas a casarte con Kakashi-sensei enamorada. Kurenai-sensei desposó a Asuma-san porque lo ama. ¿Por qué yo no puedo gozar de ese derecho?
Anko la miró perpleja. Hinata siempre había sido una joven de carácter pasible, que aceptaba las normas y el destino sin elevar quejas, pero parecía que aquello había cambiado. No discutió mas, se limitó a mirar como su pupila dio vuelta para que tres doncellas armaran lo restante del peinado.
Anko decidió dejar de pensar, optando por continuar sus labores.
—o—
Un par de ojos negros observaron con gran inquietud el paisaje a través de la diminuta ventana del carruaje en movimiento, estremeciéndose de momento a momento inevitablemente.
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—No lo olvides Naruto, basta con un minuto que fallemos para que todo se vaya al infierno.
—Descuida, lo mantendré presente… no habrá equivocaciones.
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Ansiaba en verdad que todo saliese de acuerdo a lo planificado, había demasiado en juego, ya no era solo su boda, millares de intereses se tejían tras todo eso, y sus cabezas caerían con un segundo que tardasen, y aunque, él saldría sin duda alguna con más sencillez de aquel apuro, sus compañeros no la librarían con tal facilidad, sobre todo…
Movió la cabeza intentando despejar su mente. Todo saldría bien.
Todo debía salir bien.
—¿Qué sucede Sasuke-kun? —su voz rasposa alertó sus sentidos.
—Nada, Orochimaru-sama —contestó con calma aparente, sin mirarle a la cara.
El sannin lo observó sin inmutarse con una sonrisa contraída en el rostro. Sasuke intuyó todo, pero prefirió optar por una fingida indiferencia.
—Alégrate Sasuke-kun, es el día de tu boda —el muchacho volteó finalmente intentando descifrar el gesto impenetrable de su maestro. Como siempre, no lo consiguió.
—Lord Orochimaru, Sasuke-san, hemos llegado.
El transporte se detuvo, ni Orochimaru, ni Sasuke apartaron la mirada, aún cuando el muchacho que hacía de portero enunció lo obvio. Orochimaru sonrió con levedad, arrancando una mirada indignada de su alumno, que para mala suerte del mismo, no pudo disimular.
—Apártate, Zaku.
Orochimaru empujó a su empleado con su bastón, este obedeció a la orden de inmediato. El rey interino descendió del transporte, seguido del príncipe. La concurrencia fuera de la iglesia era numerosa, pese al tiempo faltante para que iniciara la ceremonia. Orochimaru no continuó la charla con su joven discípulo, se dirigió de inmediato hacia varios nobles de alta jerarquía, entre ellos, los padres de Naruto.
Sasuke no le siguió el paso, para él, sin duda, el mostrar el rostro ante toda esa gente, con los planes pendientes, le destrozó los nervios, prefirió abstenerse. Pero, no lo consiguió del todo.
—Sasuke-kun —el aludido giró sobre sus talones, respirando con calma.
—Tenten —susurró con una sonrisa en los labios.
—Ya te vas a casar… diecisiete años… es asombroso —murmuró incrédula, dándole un abrazo, que buena falta le hacía al muchacho.
—Sí, quien lo diría ¿no? —contestó algo incómodo.
—Sí, quién lo diría —repitió sus palabras—, eres poco más que un crio.
—Tenten —reprendió con suavidad. Ella solo sonrió.
—Sasuke.
El muchacho giró y se encontró con un semblante conocido.
—Temari-san.
La princesa le sonrió, sin soltar del brazo a su prometido, que miró todo con relativa indiferencia.
—Es inconcebible, Sasuke —rió Temari— nosotros nos comprometimos antes, y nos vamos a casar después de ti. Ves, por no querer apresurarte —codeó a Shikamaru, que la miró sin enfado, pero con desaprobación.
—Es exactamente lo que digo —intervino Tenten.
—Sin duda una coincidencia ¿no crees?
—Sí…
Aquel dialogo repentinamente desapareció para Sasuke, fue exactamente en el momento, en que sus oscuras pupilas depararon en el carruaje arribante. Era Ino, y por supuesto y más importante, Sakura.
—Permiso.
Murmuró apartándose de los dialogantes, Shikamaru fue el único que notó aquello, Tenten y Temari estaban demasiado abstraídas en su conversación, pese a ello, Shikamaru no comentó nada.
—Lady Sakura —llamó su atención apenas vio a Ino alejarse.
—Sasuke-sama —giró mirándolo a los ojos.
El muchacho contuvo un suspiro y el impulsó de besarla en ese instante.
—Le ruego desde ya —habló bajo—, que no me importune, le recuerdo que esta apunto de desposarse —ladeó los ojos incomoda.
—Estoy plenamente consciente de ello —contestó—, solo quiero aclararte algo —la joven le miró con curiosidad.
—Yo nunca mentí… he sido más sincero contigo, que con otras personas —Sakura se tensó—, te quiero —se sonrojó súbitamente, mientras el pecho le temblaba igual que cuando escuchaba la voz de su amante —cuando tome a Hinata por esposa —percibió un temblor en la voz de él—, te olvidare.
Sakura tembló más, y elevó la mirada, un súbito terror se apoderó de ella, pese a no existir ni un solo gesto en el rostro de Sasuke; decidió no buscar respuesta a aquel pavor, dio vuelta y se alejó del muchacho, con una terrible sensación de perder algo realmente importante.
—o—
—Nii-chan —susurró Hanabi con ojos brillantes—, luces tan bonita, incluso con ese vestido de abuelita.
—¡Hanabi! —Neji le regañó férvido.
—Que… yo he dicho la verdad…
—Ay Hanabi —se quejó Hiashi, tomando la mano de la menor de sus hijas—. Hinata, Hanabi y yo, ya nos vamos, tú ve con Neji. Nos encontramos allá.
—Como usted disponga, padre —se limitó a contestar sin emoción alguna.
Hiashi no dijo nada, frunció el ceño y jaló a la más joven de las princesas fuera del palacio. Hanabi no protestó, simplemente sintió una profunda tristeza, y esperó de corazón, que ella no tuviera que vivir, la misma dolorosa historia de su hermana mayor.
—Cambia de expresión, Hinata —Neji habló serio, pero en su voz se oía un leve toque paternal.
—Estoy condenándome a la muerte, Neji —pronunció con dolor pero sin que le temblase la voz.
—Tienes que sobreponerte —Hinata derramó dos lágrimas, sin ninguna expresión.
—No me pidas imposibles —se dispuso a continuar pero Neji la tomó de los hombros.
—Te prometo, no —se corrigió—, te juro, todo va a estar bien.
Hinata lo miró sorprendida, y se perdió en los claros ojos de su primo, no supo que fue, percepción o instinto, pero concluyó que, podría confiar su alma a Neji, sabía que él la protegería. Lo que le acabó de decir, de un modo u otro fue verdad, y ella estuvo dispuesta a creerle. Así que, solo asintió con la cabeza.
Ya en el carruaje, Hinata perdió la vista en un punto vacío, memoró un instante triste, que provocó, el inevitable sangrar de su corazón.
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—¿Que has dicho? —murmuró con indisimulada tristeza.
—Ya… me oíste Hinata —continuó Naruto sin mirarle a la cara—, se acabo. Lo de ayer fue un error —en esta ocasión si la encaró—. Estarás bien con tu prometido. Nosotros ya no tenemos nada que compartir, todo lo supimos ayer.
Hinata sintió un puñal desgarrarle el corazón. Él insinuó, dijo, que todo lo que debían saber el uno del otro, se redujo al aspecto físico. Fuera de sí, con una desmesurable furia y sufrimiento, que jamás había sentido, precipitó su mano en la mejilla de él, admitió con vergüenza para sí misma, que su mano se convulsionó con gran daño, aun así el muchacho se limpió de inmediato un pequeño hilillo de sangre, y le pareció ver en aquel instante, una profunda sorpresa en sus ojos azules. Su corazón con un gran desgarre se las arregló para seguir palpitando, en su cuerpo ya sin alma, pues esta acababa de morir de dolor.
No obstante, abrió los labios en un intento de retractarse, pero los cerró de inmediato, invitando al orgullo a formar parte de sí. Dio vuelta respirando profundamente, y con un gesto inescrutable se alejó de él, sin mirar atrás, sin dirigirle la palabra y sin poder evitar que sus tiernos ojos dejasen de llorar.
De no haber estado tan abstraída en su padecimiento, habría notado algo más que sorpresa en los ojos de Naruto, habría notado un mensaje profundo de amor verdadero.
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Una silueta triste se encaminó directo al atrio de la iglesia, mirándolo con languidez, se detuvo al llegar al altar, vigilando que no hubiera nadie alrededor, incluyendo al presbítero, cuando tuvo la certeza de que era así, hablo:
—¿Listo? —fue lo único que preguntó al vacío.
—Siempre —respondió a lo lejos.
—¿Sabes? —prosiguió con una débil sonrisa—. Confió en ti.
—Yo también creo en ti —expresó la voz en eco—, pero es extraño, debo admitir.
—No debería ser así —adujó —somos un equipo.
—Ahora, es algo más que compañerismo.
—¿Amistad? —le ayudó.
—Sí, creo que sí.
El joven sonrió y dio vuelta, aquel dialogo era peligroso.
—En tus manos… —dijo sus últimas palabras.
—En las de Kami-sama —contestó la misteriosa voz.
—o—
Media hora después del dialogo secreto, la iglesia comenzó a colmarse de invitados. Sakura iba junto con Ino, la comitiva y la familia real del Viento, a las primeras bancas derechas al atrio de la iglesia; en paralelo a ellos en las bancas centrales de la iglesia se ubicaba la familia real y la comitiva del Agua y el Fuego, mientras que a la izquierda de la iglesia, los primeros lugares, estaban asignados y ocupados por la comitiva y familia real de la Arena.
Sasuke esperaba a lado del altar, observando la puerta de la iglesia con ansiedad, que no demostraba, pero sentía acrecentarse con más fuerza.
Afuera de la impresionante arquitectura religiosa Hinata esperó dentro de la carroza sin gesto en su rostro, hasta que escuchó la voz de su padre llamarle, apenas se inmutó, giró el rostro y le tendió la mano, lista a cumplir con el destino. Lista para ir al matadero.
La marcha nupcial se escuchó en toda la iglesia, y Sasuke prestó toda la atención del mundo a la joven que en breves instantes, para todos, exceptuando él, se convertiría en su esposa.
Hinata por su parte miró todo a su alrededor sin inmutarse, pero con gran pesar en el pecho. Con una pisca de efímera esperanza, volteó a ver a la familia real del Viento, quedando con ello totalmente devastada. No supo cómo, pero de un momento a otro, su padre la entregó a Sasuke que se encontraba frente a ellos.
Apenas se hubo dado el acto, Sasuke le retiró el velo a Hinata como era tradición, y se admiró al hacerlo. Se veía hermosa, ninguna dama en aquel instante podría superarla, sus cabellos oscuros caían en desordenados bucles, llevaba sobre si, las exquisitas joyas que él le había regalado, era curiosa tanta beldad a pesar del vestido que le cubría hasta el cuello, cuando todas las novias utilizaban escote, o trajes mínimo de manga corta, y no larga como el vestido de ella.
Terminando la contemplación Sasuke y Hinata se tomaron de las manos, el muchacho la miró de reojo, y muy suavemente le susurró al oído: Todo estará bien. Hinata se sorprendió al escucharlo, pero no dudo de él ni un solo instante, pensó con ironía, como serían sencillas las cosas de no haber conocido a Naruto, tenía la certeza de que podría haberse perdido en la voz de Sasuke sin problemas. Se habría enamorado de él, sin duda.
Sin soltarse de las manos, ambos se arrodillaron frente al altar. El sacerdote empezó la ceremonia. Todos tras la joven pareja vivían diversos sentimientos. Las mujeres, en su mayoría jóvenes, como Ino y Temari, se deshacían en llanto, de la emoción; la sensibilidad de los varones era mas férrea, pero sin duda los mas imberbes, no podían disimular la enorme curiosidad que les producía aquel acto, incluso un escéptico Gaara, era parte de esta lista. Por otra parte, en lo muy recóndito de la sala, de un modo imperceptible alguien sonreía, alegre de ver como las cosas se efectuaban, con increíble y relajante exactitud.
«Hermanos» La profunda y tranquila voz del clérigo, se escuchó en todo el recinto, pese a ello, ni Sasuke, ni Hinata tenían la mente en el lugar, obraron de manera mecánica, gracias a los repasos recibidos. Sasuke divagó en su ansiedad, mientras que Hinata lo hizo en su pena.
—o—
—Muchachos —se dirigió Neji a algunos soldados —su turno a terminado —les dijo con una sonrisa.
—¿En verdad sempai? —preguntó uno de los jóvenes que rió en torno a los demás.
—He dicho que si —sonrió de nuevo antes de mirar su reloj de bolsillo —ven —tomó el aparato indicándoles la hora—, ha terminado su turno.
Todos murmuraron entre risas y se despidieron formalmente de Neji, quien solo los miró alejarse y sonrió enigmáticamente.
El joven capitán dio vuelta en dirección al bosque que rodeaba a la fastuosa iglesia, y comenzó a desabrocharse la chaqueta, mientras su mente trabajaba.
Primera ficha, listo.
—o—
—Antes de consagrar esta unión —continuó el canónigo—. Alguien en esta sala conoce una razón de peso, para no celebrar esta ceremonia.
Apenas se hubieron lanzado esas palabras al aire, una espesa humareda invadió todo el lugar, el desconcierto y la sorpresa fue grande para todos los presentes quienes sorprendidos aguardaron en sus lugares por escasos segundos. Valiosos segundos.
Cuando todos hubieron reaccionado ante el extraño fenómeno, era tarde, y no tuvieron más opción que quedarse en sus lugares.
—Buenos días —una voz alegre pero sarcástica saludó a los presentes con cinismo—, lamento interrumpir la ceremonia —todos pudieron intuir que sonreía —pero la dama debe acompañarme —acercó mas el kunai al cuello de Hinata, que tomó bocanadas de aire constantemente, presa del terror.
Sasuke observó todo quieto, fingiendo terror, esperaba que su actuación se viera creíble.
—¡Suelta a mi hija, bastardo! —Hiashi se dispuso a atacar al Akatsuki, que mantuvo prisionera a su hija.
—¡Que mala educación! —Rió satíricamente—. Algunos reyes son una porquería —canturreó—, por cierto —prosiguió al percibir la mirada de Sasuke—. Lamento no poder acceder a su petición, Lord Hiashi —aproximó más el arma a la sensible piel de la joven, que comenzó a sangrar levemente, todos se contuvieron de realizar algo, incluido Hiashi —ordenes son ordenes, mi señor —observó a Sasuke de sesgo.
—Déjala ir —ordenó el joven Uchiha con lentitud, intentando abatirlo. Una actuación impecable.
—Me perdona caballero —antes de que Sasuke hiciera algo, el mercenario volvió a lanzar otra bomba, las llamas se alzaron, y aprovechando aquello y la nueva humareda, Sasuke se las ingenió para realizar el Kuchiyose no jutsu, expandiendo el fuego en todo el recinto. Nadie lo vio, su compañero pudo escapar.
«Todo en tus manos»
Volvió a pensar sentándose en el suelo agotado, respirando entrecortadamente debido a la niebla de fuego, que comenzó a causar estragos en los presentes, incluido el párroco, que yacía inconsciente en el suelo.
—o—
—¡AUXILIO!
Gritó Hinata con toda la fuerza de sus pulmones.
—¡Suélteme por favor!
Suplicó entre lagrimas la princesa, intentando deshacer el fuerte agarre de su opresor, que avanzó con rapidez fuera de la iglesia, se movió con más ímpetu intentando evitar que saliera del lugar, pero le fue imposible, de un instante a otro se vio a fuera del templo, entonces su secuestrador aflojó el agarre, ella se volteó y vio a otro Akatsuki cerrar la puerta del sitio por fuera, con extrema elegancia. Eran dos sujetos, ahora sí, estaba perdida.
—¡¿Aun no la has adormecido?! —indagó el aparente superior aproximándose a Hinata y al terrorista que se había filtrado en la iglesia.
—Lo… lo siento. Todo fue muy rápido —se excusó.
Hinata observó con extremo silencio a los dos sujetos, y su corazón palpitó de forma dificultosa, la voz de aquel hombre que había hablado primero, le resultaba tan familiar, tan extrañamente familiar. Para desgracia de ella, él lo notó, la tomó de la mano dándole vuelta velozmente, no pudo reaccionar solo sintió un fuerte golpe en la nuca, y todo se tornó nubloso, para transformarse en un intenso negro.
—¡¿Qué hiciste?! —preguntó sorprendido y exasperado, aproximándose al cuerpo inconsciente de la muchacha.
—¡Casi me reconoce! ¡Demonios! —Bramó—. ¡Es tu culpa por no haberla dormido!
—Te recuerdo, que no tengo tú experiencia —se defendió.
—Lo sé. Ya no importa —suspiró antes de continuar—, conozco bien a Hinata, es fuerte. Aquel golpe no la detendrá por mucho tiempo, sédala de una vez.
El otro apretó los labios aunque su superior no lo vio, introdujo la mano en su bolsa de herramientas, sacó una pequeña jeringa que inyectó en el cuello de Hinata.
—Ya está —murmuró.
—Bien —lo aprobó—, llévatela —dijo con las manos en la cintura, mirando fijamente un caballo.
—Pensé en llevarla en una carreta, no en eso —se quejó.
—Pues sí, la llevaras en eso —le reprendió quitándose el sombrero—, Akatsuki siempre ha realizado cosas imposibles. Es hora de que tú hagas, tu misión imposible —el menor levantó la cabeza—. Vete de una buena vez —rogó iracundo.
—Neji… —masculló.
—Me deshecho de toda la armada del reino por breves minutos, un tiempo realmente valioso para nosotros. Nos estamos jugando el pellejo, y Madara nos va a matar —observó la mirada azulina del joven que había levantado levemente su sombrero y que se hallaba postrado a lado de Hinata— es tu primera misión. La más importante, no lo eches a perder ahora.
Solo asintió bajando su sombrero, tomó a la muchacha en brazos, y volteó hacia Neji.
—Todo lo que necesitaras esta en el morral, incluido el mapa con la ruta. Protege a Hinata y suerte.
—Suerte a ti, Neji, y muchísimas gracias por ayudarnos.
—No es nada. Ahora vete.
El joven no habló mas, con extrema habilidad se las ingenio para subir y llevar a Hinata inconsciente sobre el lomo del caballo. Cabalgó a prisa, fue en aquel lapso que comprendió la razón de utilizar un caballo en vez de una carreta, el paso del animal, pese al peso que llevaba, era mucho más veloz.
En la marcha agitada, el inexperto pero talentoso terrorista dejo vagar un pensamiento.
Kami-sama, gracias.
CONTINUARA…
Notas de Autor (ORIGINALES):
Uy… como me encanta este capítulo.
Lo mismo espero que piensen todos ustedes, sino, ya saben… ~o~
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