EDITADO 04/01/2016
Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei
AMORES CRUZADOS
Capitulo 22: La decisión de Hinata
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Sus ojos comenzaron a esforzarse para distinguir alguna figura en medio de la oscuridad eterna de aquella caverna, su cabeza era un nido, no entendía nada. ¿Qué hacía en un lugar como aquel? Pero aquella pregunta no duró mucho, sus recuerdos aparecieron con ferocidad en su memoria.
Akatsuki.
Se incorporó asustada e inhaló profundamente, miró con gran recelo todo a su alrededor, bien, era el momento perfecto para poner en práctica todo su entrenamiento de años, volvió a respirar con fuerza, incorporándose a lado del lecho donde estaba reposando.
No tenía en su mente más que huir de inmediato, pero no sería fácil, había antorchas en todo el lugar, aun así necesitaba más visibilidad, sin embargo había algo peor, y era el odioso vestido que llevaba, de por sí, era incomodo estar con el, no obstante debía hacer un esfuerzo, no podía quedar a merced de unos barbaros como aquellos siendo mujer, aun peor, doncella.
Dejó de pensar, se quitó los zapatos y con profundo sigilo abrió la puerta, escabulléndose por ella, a seguir el camino que debía seguir.
—o—
—Esto merece un brindis —Deidara tomó la copa de champan en sus dedos.
—Ya lo creo —apoyó Itachi, con una mueca de aprobación, extendiendo otra copa —ten Naruto, es por ti.
—Ah… vamos, no es para tanto —dijo el muchacho sonriendo ampliamente.
—¿Cómo que no es para tanto? —Regañó Deidara —triunfaste en tu primera misión, uhm… y es tu cumpleaños —sonrió con suavidad.
—Tu adorado hermanito tiene razón —intervino Itachi—, son dos excelentes razones para celebrar. Dale el gusto de que te consienta…
Un gesto mudo aunque apacible y alegre, acompañó a Itachi. Sin duda a Naruto le intrigó el hermano de Sasuke, pero por muchas razones, a él le agradó más que su 'superior', a pesar de que ahora, apreciaba muchísimo más a Sasuke.
—Pero yo no bebo —rió traviesamente Naruto—. Mamá me lo prohibió.
—¿Y desde cuando le haces caso a Mamá? —inquirió Deidara divertido.
—En la organización celebramos así. Aquí bebes porque bebes —alegó Itachi sereno —piénsalo, solo es una copa —Naruto no tuvo argumentos y tomó el licor que le ofrecía el Uchiha mayor.
—Salud… —elevó su copa Deidara.
—¡Salud! —repitieron Itachi y Naruto, imitando al rubio mayor.
El departamento central de la sucursal de Akatsuki, era un lugar de fiesta, pero pronto, eso cambiaria. Hinata se hallaba detrás de la puerta, el ruido y las risas habían llamado su atención, muy sigilosamente se había acercado al sitio, observando las siluetas en el interior, se había quedado petrificada al hacerlo, aun mas con la conversación que se desarrollaba dentro, era demasiada información para asimilarla con facilidad, así que sin pensar –siendo algo impropio de ella- empujó la puerta con una de sus manos, tembló de pies a cabeza, miró fijamente a los tres jóvenes que la observaron con asombro. Intentó decir algo con la cabeza gacha, pero no fue capaz, elevó el rostro y fijó sus ojos en Naruto que se encontraba en medio de su hermano e Itachi, caminó a prisa hasta quedar frente al muchacho y lo miró fijamente, tal cual hacían Deidara e Itachi con ella, intentó abofetearlo como lo había hecho anteriormente, pero Itachi tomó su muñeca antes de que ella pudiera hacer algo.
—¿Qué intentas? —Indagó Deidara muy serio, empujando a Naruto con levedad hacia atrás, el más joven miró todo con pesar, pero no se atrevió a contradecir el acto.
—Eso es de muy mala educación —acotó Itachi circunspecto, soltando a Hinata.
—Mala educación… —repitió Hinata las palabras de Itachi, con un temblor en su voz —ustedes me raptaron… en mi ceremonia de bodas… —comenzó a sollozar con fuerza —¡Como se atreven hablarme de modales, habiéndome hecho eso! —se tapó el rostro con las manos sin dejar de llorar.
Naruto al verla en ese estado, intentó aproximarse a ella, pero Deidara se lo impidió sosteniéndolo con fuerza, para sorpresa de él.
—Será mejor que no lo intentes, Naruto —habló Itachi —los Hyuuga son de cuidado, aun mas los de la casa principal. Y un guerrero es aun peor en aquel estado —el rubio lo miró incrédulo, pero no se atrevió a protestar.
—¿Qué pretende usted princesa? —Deidara moduló su voz para no parecer tan tosco.
Hinata se limpió las lagrimas del rostro, y clavó su clara mirada en la oceánica de Deidara, aquellos zafiros eran tan hermosos, aquel cabello rubio era tan brillante y sedoso, todo en aquel rostro era tan perfecto, aquel muchacho era tan diferente y similar a Naruto, tan fascinante, tan único, como una criatura irreal, como un elfo vagando entre mortales.
Sus ojos perlados tintinearon vacilantes antes de mirar a Itachi, un leve escalofrió la recorrió al hacerlo, le fue difícil sostenerle la mirada a él, sus ojos negros eran enigmáticos y penetrantes como la noche, fríos como el hielo, era tan parecido a Sasuke, no, aquel en frente suyo, era diferente, sus ojos denotaban un brillo especial, como una estrella que decora el cielo nocturno, como un rayo de sol que se refleja en el hielo, Sasuke carecía de aquel destello… no olvidaría esos ojos que acapararon su mayor atención, sin opacar lo demás, como el porte elegante y el atractivo innegable, características típicas de un Uchiha.
—Yo… yo solo quiero… respuestas —respiró hondo conteniendo las lágrimas.
—Es obvio ¿no? —Itachi habló para sus compañeros.
—Tienes razón —apoyó Deidara—, pero todos sabemos —que eso está en contra de nuestras reglas —Itachi sonrió levemente. Deidara le entendió de inmediato.
—Por tanto niña —tomó la palabra el Uchiha—, olvidaras ahora mismo todo esto.
Hinata sabía lo que significaba eso, dio un paso atrás presa del terror, pero se sobrepuso al recordar algo importante. Su salvación quizás.
—¡Parley! (1) —chilló a prisa Hinata.
Los Akatsukis mostraron desconcierto en sus rostros, a excepción de Itachi, que entendió todo perfectamente; pero supo de inmediato que el par de hermanos no comprendían absolutamente nada. Respiró hondo, y les tendió una mano… que no se merecían. ¡¿De cuándo acá el manual de Akatsuki era solo un adorno?!
—Lo lamento, princesa —se cruzó de brazos Itachi—. El parley. Ley de audiencia —miró con el rabillo del ojo a Deidara, que se había sonrojado con gran vergüenza, se supone que llevaba más tiempo en la organización ¿Cómo podía ser tan despistado?—, es solo valido para miembros de la organización.
—Creo que podríamos hacer una excepción Itachi —Deidara habló con serenidad—, sabes que este es un caso especial —el Uchiha le dirigió una mirada interrogante, sin embargo no refutó nada.
—Como quieras —se limitó a decir.
—Gracias —fue lo único que Naruto le susurró en voz baja a su hermano, que le sonrió con levedad.
—Naruto —se dirigió al menor que lo miró con ojos brillantes, suprimiendo una sonrisa—, ayuda a la señorita. Itachi y yo nos encargaremos de lo demás.
Deidara hizo un gesto y salió de la habitación seguido por un Itachi totalmente inexpresivo.
—¿Crees que sea buena idea? —susurró el Uchiha, Deidara lo observó con indisimulada alegría.
—Es una buena idea —sonrió ampliamente. Itachi se relajó—. Además —prosiguió el rubio —Naruto es un Akatsuki, sabrá defenderse.
—Espero que no se te haya olvidado que es una Hyuuga, peor aún, la princesa heredera —continuó con calma.
—Sí, pero eso no quita el hecho de que sea una mujer —siguió despreocupadamente.
—Pero hay mujeres fuertes, que tal una sannin… Tsunade-sama, tu abuela o tu madre, la reina Kushina, por ejemplo —Deidara lo observó de soslayo, con tranquilidad.
—Lady Hinata es diferente a mi abuela y a mi madre… es fuerte de un modo distinto al físico. Si intenta algo, Naruto podrá con ella sin dificultad.
—Lo que digas —Itachi se encogió de hombros indolente.
—o—
—Hinata… —intentó hablar Naruto.
—¿Qué significa todo esto? —le interrumpió Hinata.
—Yo… —susurró.
—¡Tú, nada! —gritó reprimiendo el llanto, lo encaró —yo… yo he… he sacrificado tanto —se abrazó a sí misma —por ti, un crápula… a… a… asesino… desgraciado… —sintió ahogarse y calló.
—Las cosas no son así, Hinata-chan —intentó acercarse a ella, que dio un paso atrás totalmente aterrada—. Hinata…
Naruto tomó la mano de Hinata con fuerza, el impulso de la joven fue deshacer de inmediato el contacto, pero no pudo, y se limitó a tomar entre sus dos manos la de él, que temblaba imperceptiblemente.
—Qui… quiero… quiero creerte —lo miró a los ojos con lagrimas —pero no puedo —lo soltó súbitamente.
—¿Qué debo hacer entonces… para obtener tu confianza de nuevo? —Hinata lo miró fijamente y un fulgor inusual de decisión se presentó en sus pupilas.
—Investigare por mi cuenta todo esto —respondió con calma, manteniendo los ojos vidriosos —según lo que encuentre decidiré, si he estado o no equivocada. Si herrado, lo admitiré y te perdonare —le tendió su mano con suavidad, Naruto la tomó con sutileza —pero de no ser así, no solo, no obtendrás mi perdón. Si está en mis manos —deshizo el contacto —te… —respiró hondo tomando valor —te hundiré —bajó la cabeza sin mirarle, el muchacho no dijo nada.
Naruto se sintió devastado y sensaciones fuertes e intolerables se presentaron. El amor debería ser considerado un sentimiento auto-destructivo, en ocasiones como aquellas. No culpó a Hinata por su reacción, pero sus palabras dolían demasiado como para lograr ignorarlas.
—Aquí tienes —Naruto le tendió un paquete a la princesa, sin encararla. Hinata observó el bulto con desconfiado interés.
—¿Qué… qué es? —indagó con suavidad. Naruto suspiró.
—Ropa. Te sentirás mas cómoda con esto —golpeó con levedad el paquete—, que con ese vestido —señaló la ropa de ella—, eres libre de ponerte esto o no.
El príncipe no dijo nada más, dejó el paquete sobre la mesa, y abandonó la habitación. Hinata miró su partida con discreción, luego su atención deparó en el bulto que reposaba sobre la mesa, aguardando su respuesta.
—o—
Momentos después, Hinata se internó en un oscuro pasadizo aun cargando su vestido de novia, sin duda el mayor vestigio de aquella funesta ceremonia. Si bien, era totalmente cierto que ella no amaba a Sasuke, como toda princesa, hubiera deseado que su boda se realizase como el más mágico de los momentos. Lamentaba ahora, que eso, ya no pudiese ser.
Cuando pudo percibir un poco mas de luz, dio con el final del túnel, entonces vio al culpable de todas sus angustias, pero en esta ocasión no sintió enfado ni tristeza, más bien una indescriptible ternura. Naruto parecía muy melancólico, dialogaba con Deidara sin apartar sus ojos de los de él, cada vez que terminaba una frase, el otro joven sonreía con obviedad y hablaba con calma, brindándole un consejo seguramente, entonces él, Naruto, sonreía ampliamente, como si aquellas palabras expresadas por el otro, fueran bálsamo invisible para su espíritu.
Los dos se complementaban perfectamente, sin duda los lazos de sangre obraban milagros.
—Princesa… —Itachi acaparó su atención, y atrajo la de los hermanos.
—Veo que vuestra merced esta lista —continuó Deidara—, espero sepa comportarse de ahora en adelante —no pudo evitar lanzar un dardo a la moral de la joven. Nadie, absolutamente nadie, debía tan siquiera inquietar a Naruto, sin estar dispuesto aceptar una reprimenda verbal, en mínimos casos, o la propia muerte entre sus manos. Hinata se sobrecogió. Naruto lo miro suplicante.
—Es mi culpa, no la suya. Protégela… —le susurró al oído, con sus tiernos ojos azules.
—Cuidare de ella… aunque sea una malcriada —se limitó a responderle en baja voz Deidara. Naruto solo sonrió.
Deidara se puso de pie y se dirigió a Itachi.
—Cochero —le dijo al Uchiha burlón, él no se inmuto, pero sus iris brillaron peligrosamente.
—Señorita —tomó la mano de un desencajado Deidara que se estremeció por completo bajo la atenta mirada de Naruto que sonreía burlonamente, acostumbrado ya a esas discusiones, y de Hinata que miró todo sin comprender.
—¡No vuelvas hacer esas bromas! —gritó Deidara fregándose la mano intentando limpiar el beso de Itachi, que solo torció los labios con malicia. Naruto carraspeó para que volviesen a sus actividades.
—Uhm —se aclaró la garganta Deidara—. Lady Hinata —le tendió su mano a la muchacha para ayudarla a subir a la carreta.
—Naruto —Itachi se dirigió a él, mientras montó para guiar al caballo —procura ir donde… —se abstuvo— tu sabes, e informales que todo salió bien —el más joven asintió.
—Hasta pronto —se despidió Deidara.
—Hasta pronto, a Itachi y a ti —el joven de ojos ébanos asintió, Deidara hizo igualmente.
Naruto observó como la carreta marchaba a lo lejos, y como unos ojos albos le dedicaban una fugaz mirada, su corazón brinco, sacudió la cabeza y se acercó a Elrond, su flamante corcel negro, palmó el lomo del caballo y montó en él, se colocó el sombrero, y tomó las riendas.
—A casa, Elrond.
Horas después solo se vio una sombra negra surcar el bosque con sigilo, como un fantasma silencioso acompañando a los espíritus del bosque.
—o—
—Dis… disculpen… —preguntó Hinata aferrándose a la carreta —ya… ya llegamos… quiero quitarme esto —palpó la venda que cubría sus ojos.
—Pronto princesa —respondió Deidara a la par que la carreta se detenía frente a la matriz de la organización.
Itachi fue quien bajó, y realizó los respectivos sellos que movieron la gran roca que cubría la entrada, cuando esta estuvo totalmente despejada, Itachi suspiró muy serio, les esperaba un gran problema a dentro, si salían vivos, podrían considerar que tenían mucha suerte. Volvió a la carreta y observó a una inquieta Hinata y un ensimismado Deidara, seguramente él tenía lo mismo en mente.
Ingresó a la gruta como tantas otras veces, pero la inquietud marcaba la diferencia en aquel instante, bien sabia que a esas alturas, su tío se habría enterado de todo, pero Madara era suficientemente paciente como para esperar que ellos mismos, se dirigieran al matadero.
Al llegar a la estancia de los caballos, Itachi volteó y encontró la azulina vista de Deidara muy seria y fija en él, ambos asintieron, Deidara bajó del coche y se encaminó por uno de los túneles, como la mente tras todo aquel golpe, era él quien debía dar la cara primero.
Hinata intuyó que habían llegado a su destino, y eso le provocó gran sensibilidad en sus nervios, sin embargo no se atrevió a decir nada, hasta que sintió dos fuertes brazos cargarla en el aire, reprimió un grito del susto, antes de sentir como aquel individuo que la había bajado de la carreta la encaminaba por el lugar sujetándola de los hombros, y sin quitarle la venda. Hinata intentó varias veces tocar las paredes o algo que se encontrase en frente suyo, pero cada vez que lo intentaba, la mano de su guiador tomaba la suya y lo impedía; sintió después de varios quiebres, que se detuvieron frente alguna puerta seguramente, pero igual que antes no se atrevió a preguntar, luego de un breve periodo sintió los goznes de la puerta, supo que alguien salía, fue entonces cuando su lazarillo la guió al interior de aquel cuarto que no podía vislumbrar.
—Hablaremos luego —supo que no era con ella, a pesar de todo no pudo impedir que esa voz la sobresaltara por completo. Sintió como de nuevo la puerta volvía abrirse y cerrarse con rapidez—. Quítate la venda niña —Hinata obedeció y se quedó muda al instante.
Frente a ella se encontraba un hombre joven, por sus rasgos, no tardo en deducir que se trataba de un Uchiha, pero sintió un gran escalofrió al mirarlo a los ojos, su mirada era gélida, lo cual no era de extrañar en su estirpe, pero había algo más, algo tétrico que la incitaba a huir de inmediato; pero no había insistido con el Parley para dar marcha atrás al último momento, respiró hondo y se armó de valor.
—Vues… vuestra merced… es… es… —las palabras se atoraron en su garganta.
—El líder —le ayudó el sujeto. Ella solo asintió—. Si, lo soy —sonrió, sus ojos se volvieron maduros y la oscuridad que la aterró pareció desaparecer—. ¿Qué quieres?
—Yo, deseaba saber —habló muy despacio—, ¿Por qué usted ordeno mi rapto el día de mi casamiento y… —Madara la acalló.
—Yo no ordene nada —habló bruscamente— de hecho a mí me convenía que tu boda se realice. Además, no veo el porqué responderte, el Parley es solamente valido para los miembros de la organización.
—Yo le suplico —pronunció a prisa—, que no se niegue a contarme la verdad —unió sus manos anhelante—, para mí significa mucho —su voz se apagó con un pensamiento «Para mí y Naruto significa mucho»
—Lo que tu llamas "verdad", chiquilla —continuó Madara indiferente —para Akatsuki es valiosa información, que solo conocemos quienes pertenecemos al gremio —no la miró, mantenía los ojos cerrados.
—Quiere decir que solo un miembro de Akatsuki puede conocer la 'información' —continuó incomoda.
—Es lo que he dicho.
Hinata no era tonta, sabía que incluso de rodillas, él se iba a negar a contarle la verdad, pero si ella desconocía la verdad, no podría juzgar con justicia a Naruto, no podría perdonarlo o condenarlo, la incertidumbre era cruel, y no estaba dispuesta a tolerarla. Aspiró profundamente, había cometido muchas locuras últimamente en nombre del amor, en nombre de Naruto, que más daba sumar un error más, un error que quizás la uniera o separara definitivamente del hombre de su vida.
—Quiero ser miembro de Akatsuki.
CONTINUARA…
Notas de Autor (ORIGINALES):
(1) Referencia a la primera película de la saga "Los Piratas del Caribe".
En fin espero que esta historia siga siendo de su agrado. Aclaro, esta historia aún tiene pasajes ocultos que develar.
Así que adelante… por cierto…
Los amo… es enserio.
Esta frase salió del corazón para mis lectores, y es una de las cosas que mantendré intacta.
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