EDITADO 19/02/2016


ORIGINAL

Chicas lindas y chicos guapos, con ustedes el vigésimo sexto episodio de esta historia…

El arte es una explosión…

Ya verán como una cosa lleva a la otra… Arriba el telón.

Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración, al final del fanfic.

Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei


AMORES CRUZADOS

Capitulo 26: Arte, belleza… explosión.

La vida transcurría deliciosamente ociosa bajo aquel cielo nevado, por donde el sol luchaba por ingresar en medio de aquellas esponjosas y suaves nubes.

Naruto y Hinata observaban el panorama con una sonrisa en los labios, tomados de la mano, y acostados sobre las distorsionadas figuras de dos intentos de ángeles maltrechos.

Los instantes eran odiosamente efímeros, la vida golpeaba cada vez más fuerte y la fe iba agonizando lentamente, en un intento de sobrevivir a la adversidad y a las pruebas impuestas, castigos tal vez merecidos, pero no por ello menos dolorosos y frustrantes.

Y pese a eso… seguían juntos.

Naruto y Hinata estaban juntos.

Tal vez la Providencia por fin había sentido lastima de ellos, y les daba el regalo divino de unos momentos fugaces en compañía.

Instantes cortos, pero instantes al fin.

Naruto en aquel segundo tan solo guardaba un remordimiento y un miedo. Su remordimiento, el mentir sin descaro a sus padres para obrar con libertad sus acciones terroristas, y el miedo, solo perder aquel frágil ángel, nada fuera de eso lo intimidaba, solo la ausencia de Hinata.

Sus momentos juntos habían sido breves y escasos, descontando un par de encuentros antes de comenzar aquel viaje, no había habido nada más, lo más arriesgado había sido esa acalorada noche de octubre, que no paso de un frustrado intento.

Luego, y para una muy guardada frustración suya, Hinata se había negado a algo tan arriesgado de nuevo.

Pero él, como un caballero que debía ser, había aceptado esa condición. Y, pensándolo bien, ¿acaso no había esperado por Hinata toda su vida? Si lo analizaba de aquella manera, el esperar un poco más por aquel encuentro, ya no suponía tanto sacrificio.

Por supuesto, aun con promesas de castidad de parte de ambos, durante el viaje, sus escarceos amorosos habían estado al rojo vivo.

Ya no se limitaban a los besos, sus manos cobraban vida e intercambiaban caricias entre ambos.

Hinata, pura e inexperta, era mas tímida en esos momentos, simplemente se limitaba a recorrer con sus dedos los fuertes brazos de Naruto y el varonil cuello de él.

Naruto con algo más de experiencia, se atrevía a mucho más. Tenía en su mente de manera difuminada la imagen de las juveniles formas de la muchacha, pero todo era borroso, así que para reconstruir aquel hermoso cuerpo, se había encargado de sondear todo con su sentido del tacto.

Lo hacían a hurtadillas, para no molestar a Sasuke, quien realmente procuraba ser discreto y no comentar nada de lo obvio, se las había ingeniado para acorralar a Hinata y robarle besos, con algo de más suerte, y aprovechando siempre la noche, se daba el gusto de tallar su estrecha espalda sobre la ropa, mientras ella suspiraba con vergüenza y ansiedad, o de levantar el vestido de la joven para tocar sus piernas. Hinata jamás le reprocho nada, aún con la enorme vergüenza que suponía para ella ir cada vez más lejos, siempre le permitía a Naruto ir hasta donde él desee, pero para fortuna de ella, él siempre supo cuando detenerse.

Pero la mayor parte de los instantes eran así, un simple disfrute de la compañía del otro.

—Naruto-kun —susurró.

—Uhm… —ya se le había pegado la muletilla de su hermano.

—Sera… mejor volver.

—¿Por qué 'ttebayo?

Naruto preguntó fastidiado volteando su rostro, encontrándose con el semblante delicado de Hinata.

—No está bien que recarguemos el trabajo en Sasuke-san.

—Argh… Hinata. Otra vez el Teme —reprochó.

—Naruto —suplicó con suavidad.

Naruto soltó la mano de la joven sentándose en la nieve, dejando perder su mirada en el vacío.

—Naruto.

Hinata farfulló una vez más, incorporándose igual que Naruto.

—Está bien.

El muchacho de cabellos rubios hizo una mueca, se maldecía una y mil veces por no negarse a las peticiones de la joven. Era inevitable, los ojos tiernos y claros de la chica, le removían hasta la última de las células del cuerpo.

Naruto se puso de pie y le tendió su mano a Hinata.

—Vamos entonces —resopló.

Hinata solo sonrió. Naruto amaba la ternura que proyectaba, hasta cierto punto, y tal vez inconscientemente, era manipuladora.

Sin decir una palabra más, tomados de las manos, ambos regresaron a la cabaña.

—o—

La debilidad inundaba todo su cuerpo, jamás se había sentido así, era terriblemente insoportable.

No sabía en aquel momento lo que hacía realmente, simplemente dejaba que el aire guiase su camino. Por una vez en su vida, decidió abandonarse al frío soplo del viento, con la esperanza de que este la llevara al sendero correcto, por primera vez, ya no deseaba dejarse consumir por el fuego. Eso había significado muchos problemas.

Por los instantes actuales, Ino era la brisa que la guiaba y ella no tenía más voluntad, que obedecerla.

La carroza dio un brinco, y Sakura despertó de su somnolencia. Ino colocó una mano sobre la suya.

—¿Te sientes bien? —preguntó con suavidad.

Sakura asintió con cansancio. Ino sonrió.

—Descansa —sugirió —'los dos necesitan descansar', pensó la rubia.

Sakura entendió el mensaje, sin pensarlo colocó una de sus manos sobre su vientre aun plano. Constantemente recordaba que ya no era 'Sakura', era ella y alguien más.

—No. Ya no quiero reposar —se incorporó con agotamiento—. Hablemos —respiró profundamente.

—Hablemos —Ino cerró el libro que leía, para prestar toda la atención del mundo a su amiga.

—¿Qué paso con… —calló para tomar aire, Ino hizo un gesto con el rostro— con Naruto? ¿Qué hay de ustedes? —Ino bajo la mirada sonriendo.

—No vale la pena —respondió la joven de cabellos rubios —Naruto y yo nos queremos mucho, como amigos —reflexionó—, como pareja hubiéramos fracasado —levantó la vista—, lo comprendimos a tiempo, y cortamos por lo sano —Sakura sonrió.

—¿A dónde vamos Ino? —Sakura tomó valor e indagó.

—A recorrer toda la Franja de los Reinos, hasta encontrar a ese tipo.

—Ino —murmuró con debilidad.

—No podemos rendirnos —comenzó hablar con gesto serio—, no puedes rendirte —observó la mano de Sakura reposar tranquila sobre su vientre y suspiro—, no pueden rendirse.

Sakura volvió a sonreír, para un instante después dejarse cobijar en un calmado sopor.

—o—

—Noticias —Sasuke ingreso a la cabaña atrayendo la atención de sus subordinados.

—¿Qué pasa Sasuke? —Naruto habló deprisa, dejando a Hinata con la misma interrogante en la boca.

—Fui con el forjador de espadas como quedamos.

—¿Y qué averiguo Sasuke-san?—Hinata estaba nerviosa.

—Nada, realmente importante —admitió.

—¿Entonces? —se quejó Naruto.

—Me dio una pista —aclaró Sasuke frunciendo el entrecejo.

—¿Qué es entonces? —Naruto siguió presionando con desesperación.

—Regresamos por dónde venimos.

—¿Ah? —Naruto no entendió.

—¿Hay que volver después de tanto esfuerzo?

Hinata sacó conclusiones deprisa observando a Sasuke. Este asintió con desgano.

—No.

El rubio hizo un puchero, comprendiendo finalmente la situación.

—Sí.

Sasuke se molesto dejando el abrigo y un pergamino mal doblado en la mesa.

—Empaquen —Sasuke ordenó eso dirigiéndose a su habitación—. Partimos a las tres de la tarde, así que procuren ser rápidos.

Naruto quiso reclamarle a Sasuke su actitud, pero Hinata apretó su mano, él volteo a verla, ella sonrió. Supo instantáneamente lo que eso significaba, dejo caer sus brazos con molestia y de la mano de Hinata se enrumbó a su cuarto a preparar todo.

—o—

Un tour de casi dos años podía escucharse como algo demasiado ostentoso, para quien no posee sangre azul, sin embargo a la larga, podía tener verdaderas ventajas, era el día de hoy, en que recordaba ello.

Sakura pasaba en una constante somnolencia, era normal en su estado y tomando en cuenta su juventud no era de extrañar, aun así le era difícil lidiar con una situación tan adulta.

Dos meses atrás había cumplido dieciséis años, y había subido un piso más en la escala de madurez; pero de madurez a mentalidad adulta había un gran trecho que no había cruzado, y que a fuerza se estaba forzando a pasar. No era algo sano, pero Sakura solo la tenía a ella, y eso probablemente si valía la pena.

—Es un lugar lindo.

Sakura observó la vegetación y un gran número de macetas con diversas flores.

—Lo sé.

Ino respondió con sencillez destensando su cuerpo.

—Y tu habitación ¿te gusta? —prosiguió la rubia.

—Ya lo creo, es hermosa —Sakura bajó la cabeza incomoda—, te molesta si me retiro. Me canso muy rápido últimamente.

—Para nada, lo entiendo.

—Gracias.

—No te preocupes, además así aprovecho para ir al río.

— ¿Hay un río por aquí?

—Sí, pero tú vas a descansar.

Ino tomó de los hombros a Sakura forzándola a subir las escaleras.

—Cerda —se quejó sin ánimo—, yo quiero conocer el río.

—No, frentesota imprudente —canturreó Ino—, vas a descansar. Es lo que quiere el bebe. Ahora tú debes vivir en pro de él.

Sakura volteó antes de llegar a la entrada de su cuarto observando a Ino con detenimiento. Hizo una mueca de disgusto y entró en su habitación. Ino negó con la cabeza.

Hoy, se sentía de buen ánimo pese al cansancio. Ir al río era algo que había planificado desde que se le ocurrió aquel viaje para ir tras la pista del misterioso Akatsuki.

Fue a su cuarto, y se deshizo del amplio vestido que llevaba, tiró las enaguas a un lado cualquiera de la cama y se vistió con la ropa más cómoda que tenia, el traje de entrenamiento shinobi.

El ser hija de un comandante general del ejército del Viento conllevaba un gran peso sobre sus hombros, pero no tenia opciones era única hija y debía heredar las técnicas de su familia.

Desde muy pequeña su padre la crió con intereses militares, no era algo apropiado para una señorita, tan frágil y de buena familia, pero así fue, y ella se convirtió en una una excelente kunoichi.

Terminó de empacar sus perfumes y aceites colocándolos en un gran bolso; su caja de herramientas la ató a su muslo derecho, y recogió su cabello en una larga coleta. Sintió por un breve instante el vértigo de ir a una guerra, pero rió de inmediato desechando la idea, aquel bosquecillo perdido en los límites del Fuego y el Agua, era un sitio demasiado tranquilo, hasta el sol de hoy no había ocurrido nada interesante, tal vez una fierecilla salvaje, pero ahí terminaba el asunto.

Bajó las escaleras con la agilidad de un elegante ciervo y tarareando una canción tomó el juego de llaves y se encaminó fuera del lugar, en dirección al centro del enigmático bosque.

—o—

Caminaban juntos por medio del sendero. Después de un azorante invierno ver el sol filtrarse por las espesas copas de los arboles resultaba extraño, aun así el paisaje aumentaba su exuberante belleza a cada paso que daban.

—Madara nos mando de misión o vacaciones, uhm.

Itachi observó de reojo a su compañero.

—Hmp.

Itachi no dijo más. Deidara hizo una mueca.

—Uhm, podrías ser más expresivo —se quejó.

—¿Qué se supone debo decir? —Itachi respondió con sequedad.

—No lo sé, hay días en que eres normal, y otros en que simplemente tú silencio molesta, uhm.

—Me da igual.

Deidara bufó con molestia, inflando los cachetes. Itachi rió internamente, fastidiar a Deidara era su pasatiempo favorito. El menor caía siempre en la misma trampa.

—Como que el día se puso caluroso ¿No?

Deidara comenzó abanicarse con su mano, a la par que soplaba al aire con la intensión de refrescarse.

—Sí —fue la única cosa que Itachi corroboro—, hay un rió por aquí cerca ¿vamos?

El Uchiha no pensó simplemente tuvo la vaga idea y la soltó al aire, los ojos de Deidara brillaron con intensidad.

—¡Claro, vamos!

Deidara se quitó el sombrero, sus mejillas estaban totalmente rojas.

—No sé porque debemos llevar estas cosas en este clima, uhm —Deidara tomó la capa con furia — ¿Qué pensó tu tío al poner un uniforme así, uhm?

Itachi se alzo de hombros sin contestar para simplemente seguir una bifurcación del sendero, en busca del lugar que lo refrescaría a él y su compañero.

A una distancia equidistante otra persona se aproximaba por el norte, ellos iban por el sur.

—o—

Era un día realmente foráneo para ser invierno, un calor exquisito recorría el ambiente y el aire golpeaba con poca intensidad.

Sin nada ya, que cubriese su cuerpo, hundió sus pies en el rió se encontraba exquisitamente refrescante, desató sus largos cabellos rubios y terminó de sumergirse en el agua.

Nadaba con agilidad, el suave mecer del agua resultaba muy relajante.

Por varios minutos Ino se dejó guiar por aquellas ondas liquidas que chocaban contra su cuerpo desnudo, no reparaba en la realidad, simplemente soñaba con utopías, reía sin razón, como si aquella situación fuese una exquisita droga que la envolvía en una marejada de placer inexplicable.

No obstante aun en las mejores ensoñaciones hay abruptos despertares, y para desgracia de ella, ocurrió así.

— ¡Oye deja eso!

Un simpático mono jugaba con sus cosas, en un determinado momento el travieso animalito tomó sus prendas y salió corriendo.

—Espera… monito…

Las palabras se atoraron en su garganta, y se quedó sin saber qué hacer.

Hizo una mueca de disgusto y a gran velocidad salió del agua para perseguir al mono.

Después de todo aquel bosque era solitario, ¿Verdad?

—o—

—Exageras.

Con una palabra, Itachi continúo con su camino ignorando por completo a Deidara.

El rubio solo lo observo atónito, no comprendía el aguante de ese Uchiha.

Itachi llevaba la indumentaria completa de Akatsuki, la característica capa cerrada al tope, por pura casualidad se había quitado el sombrero, en su piel ni siquiera se distinguía una gota de sudor, sin mencionar que sus mejillas seguían tan marmoladas como siempre.

Él, mientras tanto, tenía los pómulos teñidos de escarlata, y aun con la capa abierta en la parte superior y una de sus manos haciendo de abanico, no conseguía quitar la molesta sensación de elevada temperatura que había adquirido su cuerpo.

—Eres un fenómeno… uhm.

Volvió a quejarse Deidara a espaldas de Itachi, quien no paraba de reír mentalmente por la actitud del otro.

Artista, terrorista, mercenario… y se quejaba por algo tan vago como el clima.

La vida era demasiado irónica.

Aun meditando sobre toda la situación, Itachi se dispuso a dar un paso más por aquel sendero sin embargo algo lo detuvo, mejor dicho 'alguien' lo detuvo.

Deidara muy cerca de su compañero, y con una mueca indescifrable al igual que Itachi, pudo observar a un pequeño chimpancé correr con dos prendas en las manos.

—Bien, hoy hubo algo más raro que tú, uhm.

Itachi solo le observó con el rabillo del ojo, apretando los labios y frunciendo el ceño.

'¡Hey! Espera'

Una voz aguda se coló por los oídos de los dos, y sin pensar ambos giraron el rostro en la dirección proveniente del sonido.

De inmediato observaron una silueta moverse a gran velocidad.

Era una muchacha de larga cabellera rubia y… ¿estaba desnuda?

La joven en cuestión pareció caer en cuenta de la situación y deteniendo su paso, unos metros antes de los chicos, volteó.

Cuatro ojos azules se encontraron en el acto y el escenario desapareció de repente.

El corazón de Ino se detuvo breves instantes, sus labios se entreabrieron y sus ojos se abrieron enormemente con incredulidad, su mente dio un vuelco y fue incapaz de pensar.

Deidara tenía sus labios entreabiertos y los músculos entumidos, la vida debía estarle jugando una mala pasada, tal vez no estaba en un bosque, estaba en el desierto, y probablemente el agobiante calor estaba haciendo mella en él, y finalmente estaba imaginando cosas que no eran, pero a pesar de las chocantes ideas algo pudo salir de su boca.

—Ino…

Itachi observó la escena sin que ninguna emoción se manifestara en su rostro, pero un par de cosas hicieron cambiar sus acciones.

Ino… Yamanaka Ino…

Reconoció la identidad de la muchacha de inmediato, y como era característico de él, dio un paso atrás y con la mayor de las discreciones volvió sobre sus pasos.

Ahora le entiendo… pero rubio tonto, esa no es una niña.

Finalmente se colocó el sombrero, no sin sacudirlo para ver si bajaba el sonrojo en sus mejillas.

¡Vaya reacción inapropiada en Itachi Uchiha!

Los leves ruidos de la naturaleza era lo único que se seguía escuchando en el ambiente, los dos seguían de pie sosteniendo la mirada, intentando comprender los caprichos de la existencia.

Ino deseó levantar la voz, pero las palabras se atoraron en su garganta, entonces cayó en cuenta de algo. El mono se había llevado sus cosas. Con gran vergüenza se abrazo a si misma cubriendo sus pechos, y empezó a rehilar.

Deidara pasó de la sorpresa al bochorno cuando cayó en cuenta del resto.

Sus ojos claros descendieron por toda la anatomía de la muchacha.

Debía ser una pesadilla.

La más erótica de sus pesadillas.

—Cúbrete.

No supo de donde saco el suficiente valor, pero conteniendo sus impulsos, y sus ojos que bailaban y morían por volver a observar ese paraíso hecho mujer, se quitó su capa y rodeando a la muchacha deslizó su indumentaria sobre los hombros de la rubia.

Aquellos hombros estrechos y delicados.

Tuvo que inhalar reiteradas veces para calmarse; por instinto se colocó frente a Ino, que mantenía la cabeza gacha.

La tormenta que se había generado en su conciencia empezaba a disiparse, y las ideas comenzaban a fluir, aún con dificultad. Pero aquel maravilloso despeje fue abruptamente interrumpido.

Ino no salía de su shock, el colapso nervioso había sido demasiado fuerte. Su raciocinio estaba bloqueado, su hemisferio cerebral derecho fue lo único en reaccionar, y sin tomar en cuenta nada a su alrededor, se abalanzo a los brazos de Deidara, y lo abrazó con toda la fuerza que poseía.

El artista no se movió, se quedo atado por hilos invisibles al suelo sintiendo los brazos de la joven rodearle con asombrosa lentitud.

La capa cayó al suelo. Ninguno de los dos reparó en ello.

—Estas vivo…

Susurró Ino con los ojos vidriosos, hundiendo el rostro por completo en el hombro de Deidara.

Ahí, en la silenciosa oscuridad se permitió gemir y desatarse en llanto, tal cual lo había hecho seis años atrás, cuando lo creyó muerto. Hoy la vida se lo devolvía. Un nuevo amanecer se visualizaba en el horizonte.

Todas las forzadas conclusiones de Deidara quedaron en el vacio con aquella acción, la encrucijada a la cual había vivido atado, se fue como diminutas motas de arena en el viento, y se dio el mayor goce que jamás se había permitido. El mayor placer que jamás había sentido en años.

Sus manos se posaron en la estrecha cintura de la muchacha y con la más grande parsimonia, entre el temor de perder el instante vivido, y la ensoñación, subió sus manos tallando la espalda descubierta de la joven, para finalmente abrazarla con fuerza, con la fuerza del impulso y el ardor que ocultaba dentro.

Porque el arte y la belleza juntos, significan explosión.

CONTINUARA…


Notas de Autor (ORIGINALES):

Pues tal como lo había prometido, estoy intentando ser puntual.

Como siempre espero que este capítulo les haya gustado. Tal vez suene pretensiosa, pero creo saber las reacciones que ocasionara, aun así esperare pacientemente sus comentarios.

Me he vuelto una mujer de pocas palabras, no tengo mucho que decir, salvo, gracias y mil gracias de nuevo por seguir siempre estas locuras salidas de mi mente.

Quiero extender un saludo a siskachisky por su review.

Y recuerden, dudas, comentarios, sugerencias, amenazas de muerte, tomatazos… para ello tienen ese botoncito más abajo llamado review.

Atte.

Kumiko Uchiha.

Besos. ^.^


Notas de Autor (ACTUALES): Gracias por leer, con amor, Aredhiel ;)