Encuentros y Música
Haruka Nanase, en teoría, no vivía solo; el apartamento no era, en ningún sentido, suyo, sino de sus padres, quienes se habían mudado a Tokio por razones de trabajo mientras él terminaba la preparatoria en Iwatobi; sin embargo, siendo los espíritus libres que son, rara vez lo ocupan, optando por ver el mundo con la excusa de que son viajes de trabajo.
Pero no les tenía rencor. Tenían buenas intenciones, y si bien no siempre estuvieron muy al pendiente de él, no tenía mucho de qué quejarse.
Así que, cuando fue aceptado en Geidai, en Tokio, en lugar de buscar un apartamento propio, decidió quedarse con sus papás. Después de la primera semana de clases, tal como había imaginado, ellos habían partido a Francia.
Haruka Nanase, en práctica, vivía solo. Y no tenía ningún problema con eso.
Cuando inició, la universidad lo había sumergido en una ola de estrés e inseguridades. Ya había pasado un año desde entonces, y podía decir que se había acostumbrado a los melodiosos llantos de estudiantes de arte desesperados por una gota de inspiración. Casi agradecía las horas que pasaba junto a la gente gritona de Future Fish. Casi.
Haruka seguía siendo un burrito de miseria y sudor cada vez que llegaba a la oficina; el clima no parecía decidir si quería ser más frío o caluroso. La mitad de su cara estaba cubierta en una bufanda azul que su madre dijo le perteneció a su abuela. No sentía una gran conexión hacia la prenda, pero no podía ser exigente con la ropa, especialmente cuando era gratis. Tenía esa bufanda desde hace años. La desenterró él mismo del armario de su madre.
Usualmente iba a Fish en las tardes, cuando tenía clases de mañana o quería practicar violín a mediodía; otras veces iba temprano, cuando tenía un seminario en la tarde o una pintura que terminar en la noche. Era en este último caso que decidió ir y pedir la primera orden de café antes de subir las escaleras a la agencia de publicidad. Si no lo hacía ahora, le pedirían que fuera por la dosis diaria de cafeína más tarde, y no era como si sus pedidos fueran a variar mucho.
Habían pasado un par de semanas y finalmente se dio cuenta de que los baristas cambiaban de vez en cuando. Definitivamente no había prestado atención intencionalmente; simplemente no podía evitar notar cuando no era ese tipo el que le estaba sirviendo.
Haruka tuvo que alejar físicamente la bufanda de su boca para poder solicitar lo de siempre. Era temprano en la mañana, silencioso, justo antes de la hora punta. Eran las únicas dos personas en el café. Haru mantuvo sus dedos ocupados con el material tejido e intentó no pensar en ello.
"¿Cómo va el trabajo?" preguntó el de ojos verdes, sirviendo café negro en un vaso de poliestireno. Makoto Tachibana, Haruka leyó una vez en la tarjeta pegada a su mandil.
Sus ojos vagaron nerviosamente hacia él y hacia todo a su alrededor. "Va... está bien," respondió, las primeras palabras que había dicho en el día. Se sentía extraño, como si estuviera contestando al diálogo de una película.
"Oh... es una pena, lo del clima. No envidio a nadie que tenga que salir de la cama tan temprano con esta temperatura," Makoto dijo y llenó el tercero de cuatro vasos. Haru tamborileó los dedos levemente contra su bufanda, cuestionando la realidad, cuestionando si en verdad alguien le estaba hablando sobre el clima. "Digo, yo también estoy aquí, después de todo," continuó, dándole una sonrisa.
"Supongo...," masculló, casi inaudiblemente. Por quién sabe qué motivo, siguió hablando. "Vengo en el metro, así que... no está tan mal."
"Ah, es bueno oírlo," llevó los cuatro vasos en una bandeja de cartón. Se escuchaba casi sincero, pensó Haru, desanimado. Ya quisiera. "Ahora que lo pienso, ¿no es demasiado temprano para ti?" Makoto preguntó mientras Haru pagaba por las bebidas.
Le llevó un momento entender a lo que se refería — le dio un vistazo al reloj en la pared. "Todavía falta media hora antes de que tenga que entrar, sí...," concedió, aunque sea sólo porque ahora que finalmente estaba hablando, no sabía cómo detenerse.
Haciendo todo en exceso, Rin dijo una vez. Haru no podría estar más de acuerdo. Sólo tenía interruptores, no engranajes.
Sin embargo, Makoto se veía impávido por su inusual sociabilidad. Todo lo contrario, de hecho. "¿No te gustaría que te traiga un café a ti también? Puedes irte a sentar, si quieres, no voy a tardar."
"No, yo..." Haru entró en pánico por un segundo, estrujó su bufanda, la soltó. "Um... sí, gracias."
Un gesto cálido iluminó el rostro del otro. "Lo llevaré a tu mesa." Era un cambio tan sutil de sus sonrisas anteriores. Haruka consideró la hipótesis de que todo esto era una enorme alucinación suya.
De cualquier manera, tomó su bandeja y caminó a una mesa bastante cerca de la barra. Luego de un momento de duda frente a la silla, desenrolló la tela de su cuello y se quitó el abrigo. El aire del establecimiento se sentía mucho más frío con sólo una camisa negra holgada.
"Nunca entendí cómo tomas tu café," Makoto dijo antes de que Haru tuviera oportunidad de tomar asiento. Se congeló y vio por encima de su hombro. Makoto le sonrió sobre la cafetera. "No creo que me lo hayas dicho antes."
Haruka desvió la mirada al piso de madera, labios resecos apretados en una línea. "Dos sobres de azúcar y leche," murmuró antes de sentarse.
"Entendido," Makoto presionó el botón y enseguida el lugar estaba inundado con el aroma de café molido.
Fue suficiente tiempo para que Haru analizara lo que estaba haciendo, o al menos para que lo intentara. Aquí estaba, sentado en un café vacío, a una impía hora de la mañana, hablándole al barista como si fuera una persona normal. Una persona completamente funcional que no encontraba aborrecible la idea de abrir los ojos cada mañana, y que podía interactuar sin problemas con los amables, guapos baristas que desplegaban una sonrisa en su dirección cada vez que lo veían.
Una persona completamente funcional no estaría haciendo un drama de todo esto. No estaría haciendo nada de todo esto, Haruka se regañó a sí mismo. Sólo era plática de relleno. Trivialidades. No importaba que a veces las conversaciones triviales fueran el único tipo de conversación que Haru tenía en todo el día.
"Aquí tienes," una taza de cerámica apareció frente a él. No había notado que la cafetera había terminado.
Instintivamente, la envolvió con sus manos. Debió haber traído guantes. "Gracias...," dijo sin quitar los ojos de la bebida, a pesar de que sabía que Makoto todavía estaba de pie junto a la mesa.
El otro no hizo ningún comentario, y pronto, Haruka fue dejado a solas. La barra estaba detrás de él, así que no podía voltear a ver sin ser extremadamente obvio, pero por los sonidos que había, seguramente Makoto no estaba haciendo más que acomodar tazas y platos.
Puede que hasta me empiece a gustar el café, si continúo tomándolo todos los días, pensó, y se sorprendió de sentir un toque de alivio ante eso. Tomó un sorbo y asintió ligeramente la cabeza. Definitivamente. Así quizá deje de sentirse como un pez fuera del agua cada vez que va.
Estuvo ahí por veinte minutos, por primera vez tomando su café mientras éste seguía tibio, y se colgó de nuevo el abrigo antes de llevar la taza a la barra. La tienda seguía vacía, aunque alguien había entrado por un expreso para llevar hace un rato.
Makoto estaba secando cerámica con un trapo cuando Haruka bajó su taza, llevando una mano a su bolsillo en busca de su billetera.
"No te preocupes," lo escuchó decir, como siempre, pero aun así colocó el dinero correspondiente junto al vaso. "Ten un buen día," Makoto rio.
Haruka no estaba acostumbrado a que la gente le sonriera de esa manera, como si fuera algo específicamente para él y no por una broma o situación. Hacía que se sintiese vacante e inadecuado, siendo que nunca podía regresar el favor con un gesto propio. Para empeorar las cosas, todavía estaba haciendo paz con el hecho de que en serio le gustaba la cara del barista, con o sin sonrisa. ¿Por qué no podía controlar mejor sus sentimientos?
"Gracias...," dijo, y regresó a la mesa para abotonar su abrigo y ponerse la bufanda. La temperatura no había mejorado, pero, por algún motivo, su ropa se sentía más cálida. Salió del café, preparándose para regresar en unas horas.
Haruka no esperaba encontrárselo en, de todos los lugares posibles, la calle. Era bastante absurdo, de hecho, considerando que el 50% del tiempo que pasaba fuera de casa era, efectivamente, en la calle, con un 40% adicional que pasaba en la universidad. Aun así, Haru nunca se topa con conocidos. Las coincidencias simplemente no eran algo que le sucediera a él.
Entonces, fue toda una sorpresa casi chocar con Makoto justo cuando estaba a sólo unos metros del Conservatorio de Geidai. Pero no había problema, siempre podía esquivarlo y actuar como si nada. Es decir, ¿quién en su sano juicio le sacaría conversación a su barista al encontrarlo en la calle? Era como si se pusiera a charlar con el cajero fuera del supermercado, intentó razonar.
O razonar no era su fuerte, o era la única persona razonable que quedaba en el mundo, porque Makoto empujó su bicicleta un poco más hacia él. "Hola," saludó, como si fueran amigos de toda la vida. Haruka ni siquiera estaba seguro de que el tipo supiera su nombre, por mucho que recordara haberlo atrapado ojeando su propia identificación, una vez.
"Hola," ofreció, no pudiendo resistir, porque es un ser con poca fuerza de voluntad. No había notado lo alto y, francamente, enorme, que era el de los ojos verdes; Haruka sólo le llegaba al hombro – quizá hasta la nariz, si se paraba de puntitas. Supuso que debió haberse dado cuenta desde la primera vez que lo vio, pero, bueno, él nunca ha sido la persona más perspicaz o atenta del mundo.
Makoto apuntó al Conservatorio. "¿También vas allá?" Haruka asintió, tomó un respiro hondo, intentado tranquilizar sus nervios. Por un momento, la sonrisa de Makoto se expandió, pero entonces algo pareció hacer clic detrás de sus ojos. "¿Sabes tocar algo?" Preguntó, como si fuera algo impresionante, el aprender música. No hay nada de interesante en eso, Haru pensó, recordando todas las miradas de lástima que recibió cuando dijo que, aunque iba a estudiar artes visuales, quería seguir involucrado en la música, porque vas a desperdiciar tu vida, gastándote en cosas insensatas como las artes, Nanase. Asintió de nuevo. "¿Qué tocas?"
Y de repente estaban caminando juntos, él hacia el edificio y Makoto quizá en busca de un lugar dónde dejar su bicicleta. Hace demasiado frío, ¿cómo puedes andar montado en esa cosa? Haruka formó un pequeño puchero con sus labios y escondió la quijada tras su bufanda.
"Violín...," dijo y se detuvo a esperar mientras Makoto encadenaba su bicicleta a un tubo. No podía imaginarse al barista conduciéndola, a decir verdad: no había forma de que alguien de su tamaño pudiera verse remotamente decente sobre una bicicleta color naranja tenue en pleno invierno. Era una imagen bastante absurda.
"¿En serio?" dijo al terminar, y sus ojos parecían brillar en la tempestad. Si tuviera que asemejarlos a algo, Haruka diría que le recordaban a las estrellas, pero tenían más vida, más fuerza. Las estrellas se quedaban cortas a comparación. "Sé un poco de piano, pero no es nada especial." Soltó una pequeña risa. "Más que nada sólo me gusta escuchar música. ¿En qué año estás?"
"Segundo," mencionó Haru, subiendo las escaleras a la entrada principal. "Pero, uh, no es mi carrera; estoy tomando artes visuales. Sólo me gusta venir a tocar."
"Ah, entiendo," Makoto hizo un sonido en el fondo de su garganta, terminando en una risa contenida. "Segundo año, entonces. ¿Y ya estás trabajando en Future Fish?"
"Sólo estoy de interno." Se sintió un poco irritado ante el comentario, para ser sinceros, abriendo la puerta y sosteniéndola para su acompañante. "Tenía que buscar un tipo de experiencia laboral. No es como si esto," hizo un breve ademán en torno al lugar, "me vaya a servir de mucho."
Escuchó la condenada risa de nuevo. "No digas eso, las artes son importantes. De las mejores creaciones de la humanidad."
¿Eres real? Haruka volteó a verlo, medio asustado de que no lo fuera, medio asustado de que sí. No esperaba que alguien como él fuera a defender las artes. Makoto se veía tan... capaz de hacer algo con su vida, aún si por el momento estaba trabajando de barista.
"¿Qué compositores te gustan?" preguntó Makoto cuando Haruka no habló, inclinando la cabeza a un lado.
"No sé... Saint-Saëns, Handel," Haruka intentó hacer la pregunta de menos, actuando como si no pasara gran parte de su vida escuchando y tocado música.
"A mí me gusta Beethoven, y Vivaldi. ¿También te gusta Bach?" Haruka asintió por milésima vez, y Makoto entró al elevador junto a él. "Me imaginé que sí," sonrió. "Hay un minueto en G mayor, ¿creo que es el BWV 841? ¿Lo has escuchado?" Otra vez asintió, porque al parecer decir un simple sí es mucho trabajo. "Me gusta bastante."
El elevador avanzaba con agonizante lentitud, algo que Haruka no había notado hasta ese momento, y tenía que ir a uno de los pisos más altos. Incluso ahí dentro, el sonido de las otras clases podía ser escuchado. No era sorpresa que Haruka frecuentemente saliera con todas esas melodías aun revoloteando en su cabeza.
"Ey... ¿Haruka?" se enfocó en Makoto instantáneamente, recibiendo una sonrisa más a cambio. "Nada, sólo quería asegurarme." Haruka en verdad no tenía idea de lo que estaba pasando, pero el otro le ofreció una mano. "Makoto Tachibana."
Haruka asintió, se dio cuenta de que sacudir la cabeza de arriba abajo no iba a bastar, contuvo el aliento, y tomó su mano. "Haruka Nanase." ¿Cuándo fue la última vez que tocó la mano de alguien? Probablemente en segundo de primaria, cuando Rin me obligó a ir con él al techo de la escuela.
A Makoto le gustaba improvisar; esto lo descubrió cuando indirectamente le comunicó que no le importaba mucho cómo hiciera su café, siempre y cuando no fuera demasiado fuerte – ya tenía suficientes problemas para dormir, no necesitaba un exceso de cafeína para agravarlos.
No sabía cómo actuar, viéndolo de nuevo en el café después de haberlo encontrado en el Conservatorio, pero pronto se dio cuenta de que era incapaz de actuar de otra manera con las personas. Interruptores, no engranajes, como dijo antes.
En su defensa, estaba intentando ser lo menos torpe posible, pero le daba la impresión de que a Makoto le daba igual. Cuando le llevó su taza, era una masa vaporosa de crema, chispas y jarabe, y Harukq intentó no verlo con tanto escepticismo.
"¿Esto no cuesta una fortuna...?" preguntó, tomando unas cuantas servilletas en caso de que fuera a derramar un poco en el camino a su mesa.
"¡Para nada! Es tu bebida +1," Makoto declaró, casi orgulloso, y Haruka pestañeó un par de veces en su dirección.
"Pero... a penas me dieron el cupón ayer."
Y, por supuesto, el barista inmediatamente le entregó uno nuevo. "Y ahora te estoy dando otro. ¡Espero que lo disfrutes!"
¿Por qué te ves tan complacido contigo mismo?, Haruka analizó, sospechoso, antes de regresar a su asiento. Estaba anocheciendo y el café estaba lleno, pero podría soportarlo. A este paso, no es misterio que me dé insomnio todas las noches. Su horario de sueño se había transformado en un monstruo que empezaba a las 3 de la mañana, si es que tenía suerte. Aunque no podía decir que todo era malo. Le gustaba tener a alguien con quien platicar.
Le llevó unos cuantos meses, pero finalmente Haruka logró que le dieran algo más que hacer además de triturar papel. Aparentemente, ahora tenía que llevar documentos al piso más alto del edificio, bajar al quinto, ir al tercero, regresar al octavo, y así sucesivamente. Durante la primera semana de su nuevo programa de actividades, sus rodillas parecían temblar a toda hora.
En ocasiones, sin embargo, todavía trituraba peticiones de Samezuka hasta que le daban permiso de irse, así que todo estaba bien.
¿Será que me estén observando como parte de un experimento social? Haruka se preguntó un día, bajando apresuradamente las escaleras, un kilo de hojas estrujado entre sus brazos. ¿Qué tanto están dispuestos a soportar los estudiantes universitarios por un poco de experiencia?, dio vuelta en una esquina y continuó bajando. ¿Qué tanto los podemos abusar? Ahora tocaba ir arriba. ¿Qué tanto pueden llorar en un día?
Se había encontrado – por pura coincidencia – con Makoto en el Conservatorio exactamente tres veces durante ese tiempo. No habían hablado mucho, lo que Haruka consideró espléndido. Aun con su vaga comprensión de las personas, entendió que, si bien Makoto era bueno sacando conversación con la gente, no siempre tenía la necesidad de hacerlo. Hacía que respirar en su presencia fuera más fácil.
Después de otra ronda de correr arriba y abajo, la lenta caminata al café se sentía casi como una siesta. O, tal vez, sólo estaba increíblemente cansado y en peligro de desmayarse a mitad de la calle. Sus horas de trabajo habían cambiado un poco, y fue alrededor de las 12 del día que pasó a la tienda antes de ir a su apartamento — y, de ahí, pasaría el resto del día trabajando en un proyecto que debía entregar en unos días. Suponía que no debía estresarlo tanto que un desconocido estuviera ahí para tomar su orden. A veces pasaba, naturalmente; Makoto no podía trabajar todo el día, todos los días.
Pidió un té para llevar, como hacía siempre que el barista no tenía ojos color esmeralda, y estaba en proceso de salir cuando escuchó pisadas detrás de él.
"¡Espera!" hablando del Rey de Roma, ahí estaba Makoto, con su ridícula parka y pantalones color mostaza y chalina roja. Como siempre, Haru ojeó la elección de vestuario con asombro y ligero horror. "Suerte, estaba a punto de salir por la puerta trasera," anunció con una expresión radiante, como si no le costara nada levantar las comisuras de sus labios, ni una onza de energía, y Haruka abrió la puerta por él.
Afuera, estaba acurrucando su té de leche con ambas manos, como un escudo, rezando que su mochila no fuera a deslizarse por su hombro, e intentando reprimir el castañear de sus dientes.
Makoto, en cambio, se veía como si nada en el mundo pudiera derrotarlo.
Me pregunto cuándo dije que estaba de acuerdo con esto, Haruka enterró su cara en la bufanda azul. No sabía si hablarle a alguien de vez en cuando fuera del trabajo era suficiente para que caminar juntos sea considerado normal. Entonces, la idea más perturbadora cruzó por su frágil mente.
¿Somos amigos?
"¿Cómo te fue hoy?" Makoto preguntó, como siempre hacía.
"Bien," Haruka respondió, como casi-siempre hacía.
No he hecho nuevos amigos desde hace años. Estaba entrando en pánico, pero eso no era nada nuevo. Bebió un poco de su té, la sensación disipándose hasta sólo ser un zumbido en el fondo de su pecho. Caminaron en silencio. Haruka no estaba seguro si debía o no decir algo antes de llegar a la estación del metro.
"Oye, Haruka," Makoto, afortunadamente, resolvió el dilema por él, y Haru lo miró en plena gratitud. "¿Te molestaría darme tu número de celular?"
Casi se le cae el té.
Nota de Autor: Makoto y Haru son los nerds supremos. ¿Qué clase de lunático dice "Minueto en G Mayor, BWV 841" en medio de una conversación casual? Apuesto a que Makoto ni siquiera sabe de qué habla y sólo se memorizó el nombre para seducir pobres, inocentes violinistas.
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