Panqueques y Duetos
¿Cómo llegué a esto? Haruka observó su celular a la medianoche. Pintaba blanco y azul sobre su rostro, el cuarto iluminado sólo por un poste de luz afuera de la ventana.
A Haruka no le llegaban las amistades, y mucho menos las que no tenían razón de ser. Sólo se hizo amigo de Rei y Nagisa en preparatoria porque sucedía que ellos igual iban al techo de la escuela en el receso. Una vez que partió a la universidad, empezó a oír de ellos sólo en Navidad. Ocupados, se imaginó. Tampoco es como si él pusiera mucho esfuerzo de su parte, a decir verdad.
A pesar de sus miedos, Makoto le enviaba mensajes muy ocasionalmente. Y la mayoría eran para mantener a Haruka al tanto del ánimo de su gato. No había tomado a Makoto como un amante de los gatos. Pero, bueno, qué puede saber él.
Se sentía raro, al principio, ver su celular vibrando y no encontrar el nombre de Rin en la pantalla. Ahora que lo pensaba, tendría que cambiar la contraseña, en caso de que éste se pusiera a curiosear durante las vacaciones de invierno.
Y, entonces, el infierno se desató sobre la Tierra.
De: T. Makoto
Para: N. Haruka
15:37 PM
te gustaria salir a comer mañana? (人 •͈ᴗ•͈✿)
El mensaje había llegado en la tarde, así que no era nada irrazonable. A Haruka le dio un ataque de toz, ahogándose mientras tomaba sus suplementos herbales; su madre, habiendo llegado de Singapur junto a su papá hace unos días, le dijo que dejara de ser tan dramático y que tomara algo de jarabe. No había visto a Makoto ese día; sus turnos no coincidían, lo cual hacía la situación todavía más confusa.
Decidió dejar el mensaje descansar por un rato. Probablemente se equivocó de número, reflexionó, conteniendo el aliento. Esperó en la cocina siete minutos antes de admitir que podía haber una diminuta posibilidad de que el mensaje fuera para él. Intentó teclear.
No me gusta comer en públ—
Y se detuvo. ¿En qué estaba pensando? Salió de la cocina, caminó a su cuarto en silencio, para no perturbar a sus padres más de lo necesario. Una vez detrás de puertas cerradas, hizo otro intento.
No creo poder, lo sien—
Pausa de nuevo. Era cierto, no le gustaba comer en público y, francamente, no creía ser capaz de actuar lo suficientemente normal como para ir. ¿Por qué no podía ser otra noticia sobre su gato?, pensó afligido, tomando asiento frente a su escritorio. La mera existencia de ese texto sin responder estaba devorando sus intestinos. No sabía cómo rechazar a alguien. Usualmente no le daban la opción.
Makoto era amable. Pedía permiso para todo y siempre esperaba una respuesta. Era ridículo. ¿A qué le tengo miedo? Frunció el ceño y se mordió el labio.
Para: T. Makoto
De: N. Haruka
15:51 PM
Bueno.
Pasó una eternidad y media antes de que el celular volviera a sonar en su mano.
De: T. Makoto
Para: N. Haruka
15:53 PM
aaaahh! a las 3.30 te parece bien? (๑ᴖ◡ᴖ๑)
Qué estoy haciendo, qué estoy haciendo, su mente coreaba para mantenerse distraída mientras Haruka activamente intentaba no tener un paro cardiaco. Apretó la quijada.
Para: T. Makoto
De: N. Haruka
15:55 PM
Sí.
Sentía como si estuviera cayendo, pero en un proceso lento. Inhaló profundamente y, de alguna forma, se sintió un poco mejor.
De: T. Makoto
Para: N. Haruka
15:58 PM
nos vemos en la estación cerca del conservatorio entonces~ (ノ*´▽)ノ
Para: T. Makoto
De: N. Haruka
16:00 PM
Está bien.
Haruka se preguntó si Makoto en verdad sonreía mientras escribía.
Confía en el sentido de la moda de Makoto para hacer que incluso Haruka se sienta adecuado en público. Se quedó viendo por un momento antes de acercársele. Botas naranjas, fue una de las primeras cosas que notó. Y una bufanda con estampado de peces. Tenía que admitir, esa le gustaba. Por su parte, él tenía demasiado frío como para usar algo que no fuera su ropa más gruesa, lo cual era… básicamente todo lo que había estado usando esas últimas semanas.
"Perdona," articuló, porque eso es lo que le enseñaron a decir cuando no era el primero en llegar. Yo también llegué temprano…
A Makoto no perecía molestarle. Estaba escaneando el boulevard con una sonrisa. Una vez satisfecho con lo visto, miró a Haruka. "¿Tienes frío?" Se escuchaba -quién sabe por qué- casi sorprendido. Ojos azules se amusgaron en su dirección cuando el otro volteó. "Tienes la nariz roja," continuó Makoto, su mirada todavía vagando por el lugar, una risa escondida en su voz.
"¿Qué buscas?" el violinista cambió de tema. Seguía siendo persuadido para hablar, y sus dientes dolían del frío.
Esta vez, ojos verdes se posaron sobre él. "Palomas," anunció, con simpleza. "¿Dónde te gustaría comer?" Haruka se encogió de hombros. "Pues, si te parece, yo me siento como para panqueques." Debió haber sentido la mirada fija que recibió. "¿Qué pasa?"
Haruka ajustó su bufanda y decidió mantener la boca cerrada.
Suponía que no debía estar tan sorprendido de que Makoto lograra encontrar un restaurante específicamente de panqueques. Era Tokio, después de todo; con mil veces más variedad de restaurantes que Iwatobi.
El lugar estaba en el segundo piso de un local con paredes de ladrillo. No llamaba mucho la atención, con sólo letras de neón rojas sobre la angosta puerta enunciando el nombre del restaurante. El interior era pequeño -incluso más que el café dónde trabajaba Makoto- con decoración minimalista, y si bien carecía de espacio, lo recompensaba con los asientos más cómodos que Haruka haya tenido el placer de conocer. Ayudaba con la atmósfera. Eso sí, las mesas no eran muy grandes.
"Nunca te veo los fines de semana," Makoto recuperó su atención. "En el Conservatorio," clarificó.
Ojos azules viajaron de su acompañante hacia el helado encima de su orden. Continuó tocando el pan con su tenedor. "Son mis días libres, sólo voy cuando tengo clases de arte en la mañana…"
En retrospectiva, debió haber sabido que esa no era la mejor respuesta que pudo haber dado. "Ah, ya, supongo que sería demasiado ir todos los días cuando esa ni siquiera es tu carrera. Pero, hablando de días libres, ¿qué pasatiempos tienes, Haruka?"
El susodicho lo vio por debajo de sus pestañas, mordiéndose el labio, intentando transmitir su respuesta por medio de únicamente esa mirada. Regresó a sus panqueques, negando con la cabeza.
"¿Ninguno? ¿Estás seguro?" Preguntó Makoto, entretenido, continuando con su comida, la cual había pedido, inexplicablemente, del menú infantil, desconcertando infinitamente a los empleados del restaurante. Eran panqueques decorados con jarabe de chocolate, semejando una tabla de surf, con helado de chicle a los lados para representar las olas, y una taza (con una cara feliz, incluso) llena de galletas glaseadas en forma de estrellas. Haruka se preguntó si Makoto tenía un deseo insaciable por conseguir diabetes.
Concluyendo que también quería empezar a comer, compuso una oración corta. "A veces nado… y supongo que también escucho música y leo un poco." No quiso mencionar su hábito de esconderse en la tina por horas; no era algo que Makoto, ni nadie, necesitara saber.
"Nos parecemos, entonces" sonrió como si el sol por fin hubiera salido de las nubes. "Dejé de nadar en preparatoria, pero todavía me gusta. Igual voy al Conservatorio cuando no tengo mucho que hacer, y en la noche saco a pasear a KitKat."
KitKat se escucha como una gata demasiado consentida, pensó Haruka, masticando con la paciencia de un millón de universos. Pero, de cualquier manera, Makoto parece bastante normal, le lanzó una mirada, para checar que su último pensamiento no haya hecho que de repente le crecieran alas o algo, tan sólo para llevarle la contraria.
Todo esto y a Haruka todavía le costaba creer que Makoto no estuviera viviendo su vida en otro lugar. Le resultaba extraño verlo en su trabajo, leer sus mensajes sobre lo mucho que le gustaba a su gato esconder sus calcetines, y estar aquí, almorzando con él un sábado por la tarde, y saber que todo esto era parte de la vida de Makoto. Que no era un tipo de relleno entre eventos importantes.
"KitKat ha de ser agradable," Haruka comentó, porque hasta el momento nunca ha dicho nada de ella, aun si Makoto no ha parado de hablar de ella desde que intercambiaron números hace semanas.
El otro sonrió. "Lo es." Y se embarcó en una emocionante historia sobre cómo la otra noche la encontró peleando con un búho en el balcón y tuvo que meterla a su apartamento por la fuerza. Haruka dedujo hace tiempo que Makoto vivía solo; otra cosa que lo hacía parecer inalcanzable. "Te la tengo que presentar, un día de estos."
Haruka dejó de jugar con su comida. "¿A mí?"
Duh, imaginó a Makoto diciendo. "Somos los únicos aquí, ¿no?" aseguró el otro en su propia versión de lo que Haruka había pensado.
Emitió un sonido desde su garganta, el cuál esperaba sonara afirmativo, y puso toda su atención de vuelta en su platillo. De alguna forma, esa última declaración lo ponía de nervios, aunque no estaba seguro del por qué. Desearía poder dejar de jugar con su comida y comerla, tan siquiera para distraerse.
"Eh, Haruka," y los dedos de Makoto rozaron sus nudillos por un momento, contrastando piel ligeramente bronceada con su propia tez pálida. Al principio, Haruka no podía moverse. Después pensó hazlo de nuevo. "¿Qué tan bueno dijiste que eras con el violín?" Se veía completamente en calma.
Su mano estaba entumecida alrededor del tenedor. "¿Por qué preguntas?" cuestionó con cautela.
No importaba. Makoto tenía una sonrisa indescifrable en sus labios. "¿Alguna vez has tocado en un dueto de violín y piano?"
Makoto estaba obsesionado con los cupones. Cada vez que Haruka iba a pedir café para los de Fish, se veía demasiado complacido de canjear cada una de las tarjetas de Haruka, diciéndole que regresara después por una cappuccino gratis. Cuando no era él quien le atendía, el sistema funcionaba perfectamente y al violinista le daban sólo un cupón al día, como tiene que ser. Por supuesto, al día siguiente, Makoto vería el trozo de cartoncillo como verías a un niño malcriado y le daría tres cupones más.
Haruka decidió seguirle el juego. Sería un tipo de castigo por no haber aceptado ni un café gratis cuando empezó a frecuentar el lugar. Seguía sin entender, sin embargo, a qué venía y en qué se basaba toda la amabilidad de Makoto. No era como si Haruka tuviera madera para ser un buen amigo. No tenía madera para… pues, nada.
"¡Buenos días, Haruka!" Makoto dijo en esta ocasión, regocijándose en la soledad de la tienda. Había otro barista, detrás de él, lavando los platos, pero eso era todo. Haruka había llegado un poco temprano, de nuevo. Ya había dejado de intentar convencerse de que no lo hacía a propósito.
"Buenos días," sacó el dinero necesario para el pedido de los demás empleados y comenzó a desabotonar su abrigo mientras esperaba a que Makoto terminara de llenar los vasos.
Quizá era su imaginación, pero creía escuchar más tarareos de canciones de Handel desde que dijo que era uno de sus compositores favoritos. Haruka no tenía idea de cómo Makoto podía tararear tan claramente El Herrero Armonioso, pero helo aquí.
"Hoy hace más frío de lo normal," comentó, deteniéndose a mitad de la canción. Haruka levantó los hombros sin mucho interés, observando sus manos mientras ponía los vasos en la bandeja de cartón. "¿Quieres chocolate caliente?"
Haruka estaba, efectivamente, congelándose, pero no pensaba decirlo en voz alta. Bien podía haber perdido la circulación en los dedos, sus manos ligeramente azuladas y su nariz sonrojada por la baja temperatura. Después de tantas semanas con tal clima, tal vez el invierno finalmente llegaría.
Asintió, jalando la bandeja hacia su cuerpo, calentando sus dedos contra el tibio poliestireno. "Sí, gracias."
"¿Aún sigues libre el sábado?" preguntó Makoto mientras alistaba sus herramientas. Principalmente era cocoa y canela y, Haruka frunció, jarabe de avellana, por alguna razón.
La respuesta estaba en la punta de su lengua cuando el barista se dio la vuelta e intercambió palabras con el otro empleado, quien ahora acomodaba las tazas. El otro entró a la cocina detrás de la barra y Makoto, todo sonrisas, volvió con Haruka.
"Sí, eso creo," respondió, trazando el borde de los vasos con la punta de un dedo. "¿Crees que nos dejen entrar?"
"Claro," Makoto sirvió una taza de chocolate frente a él, el vapor flotando por encima, e inició un extraño ritual para añadir crema batida. "Voy todo el tiempo, y nunca nadie me ha dicho nada, ¿y creo que a ti tampoco?" el artista negó con la cabeza. "Además a esa hora usualmente ya no hay clases."
"Ya sé, pero…," a Haruka se le dificultaba concentrarse mientras lo veía hacer diferentes formas en la crema. "Pedir el salón de piano nada más para nosotros es diferente que entrar a clases abiertas."
El barista continuó con la preparación, esparciendo cocoa en polvo sobre su obra maestra. "Tal vez no estudiemos música específicamente, pero vamos a Geidai, de cualquier manera; me parece que eso contaría en nuestra defensa."
"¿…Estás en Geidai?" y Haruka no reconoció del todo su propia voz en ese momento.
Makoto lo vio de reojo y sonrió. "Ah, ¿no sabías? Pensé que sería obvio, cuando nos encontramos en el Conservatorio."
"Dijiste que sólo ibas a escuchar –me imaginé que… ¿no estudiabas?" ¿En serio, Haru? ¿En serio?, casi lanza la cabeza contra la barra.
"¿Eh? ¿De verdad?"
Haruka pestañeó. "¿Entonces sigues en la universidad? ¿En mi universidad?" Makoto hizo un sonido en acuerdo. "Pero estás aquí todo el tiempo," agregó, confundido, y el barista, muy para la sorpresa de Haruka, se echó a reír.
"Eso es sólo una muy afortunada coincidencia." Hasta ahora se dispuso a agregar el jarabe, lo cual no tenía mucho sentido. Haruka se preguntó cómo iría a saber esa cosa.
"¿Qué estudias?" inquirió, ojos aún enfocados en la taza.
"Literatura y Escritura Creativa," le dirigió la mirada y debió haber notado la mueca de Haruka, porque se puso a reír de nuevo. "No pongas esa cara," casi arrulló y Haruka no quería más que esconderse detrás su bufanda.
Desafiando sus instintos, continuó frunciendo. "Es mi cara normal."
"No, no lo es," Makoto cubrió su boca con una mano, mas sus ojos delataban su sonrisa. Haruka sintió su cara sonrojarse. Por suerte, el de los ojos verdes eligió ese momento para ver por encima de su hombro, al escuchar al otro barista regresar. "Espera un segundo."
Al parecer, el otro tipo había ido a buscar una variedad de postres para el mostrador. Makoto regresó con un par de galletas recién horneadas y las colocó en un plato, junto a la bebida de Haruka.
"Voy –voy a llegar tarde," separó sus manos de los vasos para agitarlos un poco frente a él, en un intento de remarcar su oración.
"No te preocupes," Makoto utilizó esa voz - un tono suave que podría calmar a cualquiera – a la vez que tomaba un plato en una mano y el chocolate en la otra, indicándole a Haruka que fuera a una mesa. "No se pueden quejar; les vas a llevar café."
"Ese… ese es el punto…," murmuró, derrotado, y lo siguió. "Quién sabe cómo se pondrán sin cafeína…"
"¿Extra felices de verte cuando llegues?" el más alto puso 'su orden' sobre la mesa y se le quedó mirando hasta que Haruka se rindió y se quitó el abrigo.
"Me van a despedir por tu culpa."
Ante esto, Makoto levantó una ceja, su cara tornándose un poco preocupada, y Haruka no sabía por qué tal imagen lo frustraba tanto. "¿Te pagan?"
Resopló, desviando la mirada a un punto en la distancia. "Por lo visto, no…"
Escuchó una risilla ahogada y sintió la mano de Makoto recaer en su hombro. "Pues, si te despiden, puedes irte a quejar conmigo el sábado."
No lo despidieron. Claro. Ni se dieron cuenta de que llegó tarde. Pero Haruka no tenía ningún plan de admitir eso la próxima vez que viera a Makoto. Su padre lo vio raro cuando salió del departamento por segundo sábado consecutivo, pero quizá sólo fue porque de repente recordó que Haruka vivía ahí también. Sea como sea, no se quedó a averiguarlo.
Llegó al Conservatorio demasiado, demasiado, temprano, y tuvo que esperar diez minutos afuera. Dada la usual elección de vestuario de Makoto – si podía llamarlo usual por las cuatro veces que se vieron fuera del café – no tenía ninguna duda de que podría ubicarlo fácilmente cuando llegara, pero aun así se sentía mal entrando sin él. El aire estaba tan frío que parecía ser estático, la brisa no podía pasar entre él.
Y por supuesto que el tiro le salió por la culata, porque cuando llegó, Makoto se preocupó mucho más de lo que lo creía capaz e hizo un escándalo innecesario sobre cómo debiste haberme esperado adentro, hace demasiado frío, ¡podrías enfermarte, Haruka!. Tuvieron que pararse frente a un radiador por quince minutos antes de que Makoto declarara que era seguro entrar al salón del piano.
Una vez allí, Haruka sacó su violín del estuche y lo observó con aprehensión. ¿Qué tanto ha sido? ¿Dos semanas? No recuerdo, lamió sus labios agrietados e hizo un espectáculo del desabotonar de su abrigo. No es de vida o muerte, pero si no toco bien va a ser bastante incómodo para los dos.
"¿Haruka?" llamó Makoto, regresándolo a la Tierra. Estaba de pie junto al piano, usando un suéter verde con un gato cosido al frente que casi hace sonreír al violinista.
"Um," se preparó, "No estoy seguro de qué tan bien vaya a tocar…" Nunca había tocado un dueto; aun cuando entraba a las clases abiertas, sólo se sentaba en una esquina a practicar. Aunque dijo que él tampoco era muy bueno con el piano, así que…
"No te preocupes, sólo puedes mejorar," Makoto tomó su lugar en el piano. "Además sé que lo harás bien. Tienes manos de músico."
Haruka optó por no sentarse, en su lugar parándose a un lado de Makoto. Puso su violín contra su hombro y tomó su arco. "¿Cómo sabes?"
"Intuición," sonrió, sus manos flotando sobre las teclas. "¿Estás listo?"
O Makoto estaba intentado ser humilde, o en serio subestimaba su propio talento, porque tocaba el piano como un profesional. Tocaba con tanta fluidez que Haruka tuvo que detenerse en cierto punto y sólo admirar la rapidez con la que tocaba aun con los ojos cerrados. Sintió la necesidad de ver las partituras para asegurarse de que Makoto en verdad las estuviera respetando y no sólo moviendo los dedos a lo loco.
De una u otra manera, se escuchaba bien, aun cuando Haruka lo acompañaba con el violín, así que superó su estupefacción y tocó junto a él, logrando no sentirse como si estuviera en peligro mortal cada vez que desafinaba un poco.
"Te lo dije," Makoto le sonrió al terminar, las esquinas de sus ojos arrugándose, "sabía que haríamos buen dueto, Haruka."
Y, quizá porque ver esa sonrisa nublaba su mente y no lo dejaba pensar, murmuró, "Haru."
"¿Disculpa?"
"…Puedes llamarme Haru…" aclaró, la sangre en una carrera por llegar a su cara. Permitirle a alguien que te llame por un apodo no debería sentirse tan íntimo.
"Entonces, ¿quieres intentar tocar esta pieza también, Haru?" Makoto sonrió, y Haru notó que las puntas de sus orejas se veían un tanto coloradas.
Sacó una partitura nueva de su mochila y se levantó para mostrárselas al violinista. Caminó hacia él, e, ignorando cualquier regla social acerca del espacio personal, se acercó tanto que su brazo chocaba con el de Haru, inclinándose un poco más hacia él para poner las notas en el campo visual de los dos. El olor a detergente que desprendía su ropa fue lo único que hizo a Haru notar lo cerca que estaban, y, subsecuentemente, la notoria falta de desagrado ante la proximidad; hasta podría decir que se sentía cómodo estando a su lado. Sólo se dio cuenta de que estaba relajado cuando dejó de sentirse así.
"Como quieras," asintió para sí mismo, forzándose a regresar a ese estado de tranquilidad. "Só-sólo… trata de tocar más lento, por favor," balbuceó, sus mejillas sonrojándose de vergüenza, advirtiendo los ojos a otro lado; Makoto soltó una risa, aceptando sus términos y acomodando las hojas en su lugar.
Las mangas de su sudadera le caían hasta los nudillos cuando bajaba las manos, y regresaban a su muñeca cuando las levantaba. Le gustaría poder tranquilizarse y dejar de mirar tanto sus manos. Que su arco dejara de temblar cada vez que el tempo de la canción aceleraba. Que escalofríos no recorrieran su columna cada vez que veía a Makoto de reojo y lo encontraba tan inmerso en la canción. No es gran cosa, se dijo, cerrando los ojos, por fin logrando entrar en paz y concentrarse en la tonada. Y si Makoto se percató de la pequeña sonrisa decorando su rostro, no hizo más que tocar con más entusiasmo.
Nota de Autor: Nadie nunca sabrá por cuántas bodegas y ventas de descuento pasó ese suéter de gato antes de terminar en el armario de Makoto…
El restaurante al que van lo basé en uno que se llama Sunday Jam, en el distrito de Harajuku en Tokio; el plato de Makoto, ese de la tabla de surf, de hecho era uno de edición limitada que tenían ahí el año pasado, pero me tomé muchas libertades e hice que fuera parte de un menú infantil permanente, porque Makoto comiendo dulces y siendo adorable es mi fuerza vital wooo (ノ*0*)ノ
Y sobre cada cuánto actualizo la historia: por el momento estoy intentando subir un capítulo todos los viernes, pero después va a depender un poco de si salgo de vacaciones o algo (/Σ/)
¡Muchas gracias por sus comentarios, agregar a sus favoritos y seguir la historia! Ojalá que les haya gustado el capítulo, y como siempre, sería lindo si pudieran dejar su opinión en un review, si tienen un poco de tiempo~ ¡Gracias por leer! Bless! (*^^*)
