Peces y Estrellas

De: T. Makoto
Para: N. Haruka
18:24 PM
kitkat me puso la ley del hielo (ノД`)

18:24 PM
le estoy dando salmon fresco y miradas dolidas como ofrenda de paz..

18:25 PM
hablando de peces, escuche que abrieron un nuevo acuario! quieres ir el fin de semana?

Haruka había acabado con su repertorio de excusas; le gustara o no, Makoto y él tenían una rutina. El fin de semana pasado, tuvo que ayudar a su mamá a desempacar un nuevo set de muebles para la sala; con este evento, Haruka recordó cómo, exactamente, es que se veía el resto del apartamento, siendo que pasaba todo su tiempo encerrado en su habitación o en el baño. No obstante, si no hubiera sido por eso, sería la tercer semana seguida en la que Makoto lo invitaba a salir. Al mundo exterior.

Si no se conociera a sí mismo, pensaría que estaba emocionado, viendo que sus piernas no podían quedarse quietas desde la mañana. Desafortunadamente, sí se conocía, así que podía confirmar que, en realidad, estaba absolutamente volátil con ansiedad. De pie junto a una pequeña pecera por la entrada principal, sentía que había demasiado oxígeno en su cuerpo. Muy pronto, empezando por la punta de sus dedos, explotaría y sus restos flotarían por el aire hasta llegar a la estratósfera. La desaparición perfecta.

"¡Los tengo!" Makoto regresó a su lado con dos tickets con estampado de burbujas, una sonrisa radiante estirando sus mejillas. Estaban rodeados por niños y luz opaca azulada; en la humilde opinión de Haru, la sonrisa de Makoto parecía estar a la par de la de los críos. Hacía que él mismo quisiera imitarla.

"No te pierdas," dijo en un intento de buen humor mientras esperaban en la fila.

Makoto estaba literalmente saltando sobre sus talones. "No te preocupes," respondió, su expresión no perdiendo ni una gota de felicidad, y enganchó su dedo índice con el de Haruka sin ver en su dirección.

Lo cual estaba bien. A Haru no le gustaría ver su cara en ese momento, tampoco. Tenía la sospecha de que se estaba transformando en un tomate del cuello para arriba. Era una pena, la verdad. No le gusta el tomate.

"¿Tenemos un plan, para recorrer el lugar?" preguntó para mantenerse algo ocupado en lo que sus tickets eran recibidos. Niños gritaban en asombro por todas partes y padres reían para motivar su curiosidad. La iluminación era tan mala que Haruka estaba comenzando a preocuparse de que Makoto fuera a aplastar un niño por error y aniquilarlo en el proceso; los padres serían implacables.

"Si no te molesta, creo que estaría bien improvisar un poco." Makoto caminaba al mismo paso que Haru, nunca jalándolo o imponiendo un camino en específico, pero sus ojos iban de lado a lado, recorriendo las paredes cubiertas de tanques en un intento de admirar todos los detalles.

En un increíble acto de compasión, Haruka disminuyó la velocidad de sus pasos. "Creo que deberíamos," y se detuvo para dejar que una niña llena de energía cruzara frente a ellos, "esperar a ver dónde van los demás, y después ir en la dirección contraria."

Pararon frente a un tanque lleno de pequeños peces tropicales. Haruka recuerda haber querido uno de esos, cuando era niño; ahora le parecía que se veían como Doritos.

"Pez Ángel," murmuró Makoto, mesmerizado. Haru le lanzó una mirada sorprendida antes de voltear al otro lado, soltando una única risa. Cuando regresó su atención al barista, éste lo estaba viendo como si hubiera presenciado un milagro.

Seguro que sí; Haruka sabía que su risa sonaba bastante estúpida. Tenía suerte de que había decenas de niños haciendo sonidos mucho más extraños. Continuaron caminando, primero viendo los tanques de un lado del corredor, y luego volteando a ver los del otro, ambos distraídos con peces fluorescentes. Para cuando terminaron de inspeccionar esa sección, la mayoría de las personas se había ido.

Escuchando voces infantiles proviniendo de la dirección opuesta, decidieron ir al área de agua salada. "¡Oh! Estos me son familiares," Makoto comentó, llevando a Haru a una pecera llena de pequeños peces koi. "Creo que tenía algunos cuando era niño."

Haruka intentó imaginarse a una versión pequeña de Makoto haciendo, bueno, lo que estaba haciendo en ese momento: observando los peces bicolor con estrellas en los ojos. Aunque, tenía que admitir, dichos peces llamaban mucho la atención. Probablemente era a causa de la luz en el tanque.

"¿Qué quieres ir a ver, Haru?" preguntó Makoto, colocando ligeramente un dedo contra el vidrio para ver si algún pez se acercaba a él.

Haruka tuvo que pensarlo un momento. "Cualquier cosa está bien," anunció sin mucho interés.

Makoto sonrió y puso más presión contra el cristal. Haruka abrió la boca para dejar salir un poco del oxígeno en su sistema. "Yo quiero ver los delfines."

¿En serio? casi pregunta (no entiende por qué a tantas personas le fascinan los delfines; en su opinión, eran sobrevalorados; por mucho que intentase no les encontraba el atractivo) pero cuando volteó a ver, Makoto le estaba sonriendo a él, habiendo terminado de admirar los peces, y la pregunta falleció en la punta de su lengua. "Creo que están por allá…," vio por encima del hombro de Makoto y hacia las señales y carteles de la siguiente sección.


Se reencontraron con la manada de niños al llegar al nuevo pasillo, dónde los delfines y otras criaturas enormes podían ser vistos, y Haruka sólo sintió su vida amenazada muy ligeramente. Makoto tomó su mano firmemente mientras cruzaban la multitud –sólo para detenerse al final del pasillo y sentarse junto a un grupo de preescolar, con la intención de escuchar lo que la maestra tenía que decir sobre los tiburones y las orcas y los delfines.

"¿Seguro que podemos?" Haruka cuestionó con cautela a la vez que Makoto se ponía cómodo en el piso, llamando la atención de algunos niños con los conejos tejidos en el estampado de su cárdigan.

"Sí, no pasa nada," susurró en respuesta, haciendo un ademán para que Haru escuchara a la profesora.

Era tranquilizante y divertido y Haruka no tuvo tiempo de preocuparse sobre lo ridículo que se veían, sentados en el piso de un museo. Además, en poco tiempo dejaron de ser los únicos.

Cuando la gente empezó a dispersarse, ambos se levantaron para ver a través de los tanques.

Sorprendentemente, le gustó ver a los delfines, con sus acuarios enormes y diversos juegos de luces, y Makoto regresó a saltar sobre sus talones por un rato. Haruka las observaba hasta que su cuello dolía o hasta que Makoto cambiaba su atención a otro delfín.

Nunca había prestado mucha atención a los delfines, pero, viendo a Makoto, entendió por qué a tanta gente les gustaban; se veían elegantes, etéreos, sumergidos entre la infinidad de agua cristalina. No parecían ser de este planeta.

Pero lo mejor era lo feliz que ponían a Makoto. Si podían llenar esos ojos verdes con asombro y alegría, seguramente tenían que ser extraordinarios.

Quizá fue sólo por esa infantil razón que decidió que, bueno, los delfines no eran mal candidato para ser su animal favorito.


Para cuando llegaron al final del recorrido, cinco horas habían pasado – Haru tuvo que revisar su reloj dos veces.

"¿Tienes hambre?" Makoto le preguntó en cuánto salieron del Acuario.

A decir verdad, se sentía plenamente famélico; pero, al mismo tiempo, no quería arruinar el día con su temor a comer en público, así que lo negó.

"¿Y qué me dices de algo de beber?" Con eso, Haruka estaba más cómodo. "Debería haber un lugar, por aquí cerca," el más alto meditó ante el cielo azul, despejado y congelante. Su mano, involuntariamente, buscó la de Haruka. No hizo nada por impedir que la sostuviera.

Pero sólo la tomó por un momento; Makoto le dio un cálido estrujón y la soltó.

Con la gélida brisa, no había motivo para que Haruka se sintiera como si estuviera evaporándose, pero al parecer a su cuerpo le daban igual las leyes de la naturaleza. "¿Ya te reconciliaste con KitKat?" intentó calmarse con meras palabras.

"Ah," soltó una risa, el sonido contrastado con el horrible clima. "Ya casi. Todavía le tengo que llevar pescado. Pero…" hizo una mueca, probablemente habiendo visto pasar todo los peces del Acuario frente a sus ojos.

Haruka frunció, experimentando lo mismo. "Quizá después," ofreció.

"Quizá después," Makoto aceptó, llevando una mano contra su nuca.


Finalmente, después de meses de cargar cientos de cafés por dos o más pisos, de subir y bajar escaleras, y de triturar contratos de Samezuka, Future Fish le dijo a Haruka que no lo necesitarían hasta después de Año Nuevo. Con sólo un par de semanas más de clases antes de las vacaciones de invierno, Haruka Nanase no estaba seguro de qué hacer con su vida.

Se había acostumbrado tanto a acomodar tareas y trabajos escolares en cada minuto libre que tenía, que ahora una tarde entera libre parecía unas vacaciones improvisadas. Su horario de sueño había mejorado, aunque sea. Agradece las pequeñas bendiciones.

Una tarde, todavía vestido en sus pijamas, se encontraba haciendo café en la cocina, lo cual nunca antes había intentado. Después de tomar un par de sorbos cuidadosos, recordó exactamente por qué. Lo único que lo salvó de tener que terminarse la taza fue una llamada furiosa de Rin. Y, a pesar de no entender del todo si éste estaba enojado con él o con el mundo en general, supuso que ambos casos solían ir entrelazados, así que lo escuchó y anotó en un post-it el número de vuelo y la hora a la que iba llegar para su visita navideña.

"¿Qué carajo te pasa?" preguntó al final de un eterno discurso sobre un tipo en su equipo de natación.

Haruka seguía esperando a que su café del demonio se enfriara – para que no se sintiera tan culpable al tirarlo por el drenaje. "¿…De qué hablas?"

"Ha pasado media hora y no has hecho ninguno de tus estúpidos gemidos de zombie. ¿Si quiera me estás prestando atención?" se escuchaba irritado, pero no menos expectante de una respuesta.

"Uh… ¿Sí? Estabas hablando de alguien en la práctica de relevos," derramó el café en el lavabo. Todavía podía sentir la amargura sobre su lengua, desagradable pero evocando recuerdos de las otras variantes que ha tenido el placer de probar.

"Sí, no sé por qué me siguen emparejando con idiotas. Creí que había escapado de ese ciclo vicioso cuando me deshice de ti," resopló Rin.

Buscó sus llaves en los bolsillos de su sudadera. No es cómo si te hubiera hecho perder ninguna carrera, contestó en su mente. Tenía el buen juicio de no decirlo en voz alta. "Mis más sinceras condolencias," murmuró en su lugar; notó que sus zapatos estaban junto a la puerta de entrada y se dirigió a su cuarto.

"¿Qué dijiste?" Rin usó ese tono especial suyo, ese que usualmente significa que estás muerto.

"Nada," Haruka dijo después de un pequeño suspiro, sentándose sobre su cama. "Entonces, le diré a mis papás que vas a visitar." Con lo mucho que les gustaba ignorar a Haru, a su madre - e incluso su padre - parecían adorar a Rin, por una extraña razón. Por una extraña razón, seguro, se dijo para sí.

Desde la bocina, Rin bajó el tono de su voz. "¿En serio me vas a dejar colgado?"

Miró la ropa que había juntado en su brazo libre; no recordaba haberla buscado. "Uh, sí. Voy a salir." Tales palabras nunca habían salido de su boca.

"¿A salir? ¿?" Presionó Rin, escandalizado. "¿A dónde?"

"Er…," vio el anochecer a través de la ventana. "Voy por café."


Había una fila medianamente larga cuando Haru llegó a la tienda a una hora inusual de la noche. Baristas iban de aquí a allá –todo bastante intimidante, pero la línea estaba avanzando rápidamente; podría soportarlo. Cuando eventualmente alcanzó la barra, Makoto tardó un poco en reaccionar, pero sonrió como si alguien le hubiera dicho que iban a cubrir absolutamente todos los gastos de su universidad. Pero quizá ese era Haruka proyectando en él sus deseos.

"Qué vacaciones más cortas, ¿estás aquí en una misión secreta? ¿Café, o té?" extendió una mano para recibir el cupón de Haru.

"Café. Y no," le entregó el cartoncillo a regañadientes, ojos yendo de izquierda a derecha, preocupado de que alguien fuera a comentar en la cantidad ilegal de cupones que Makoto le seguía dando. "Vine de casa."

Makoto se movió a las cafeteras, dejando que alguien más tomara su posición en el cajero, y Haruka lo siguió. "Deberías tener cuidado, escuché que va a nevar hoy." Hizo contacto visual, su expresión tomando un tono más afectuoso. "Pero gracias por venir a verme."

Haruka se mordió el labio en contra del repentino calor extendiéndose por su rostro. "¿Tienes cómo llegar a casa?" Dejando el dispensador de crema batida, ojos verdes lo miraron inquisitivamente. "Di-digo, por si nieva…"

"Sí, no tengo problema," puso la taza de… algo a su alcance, para después chasquear los dedos. "¡Ah! Antes de que se me olvide, te quería preguntar si quieres ir al Planetario esta semana."

Tomó la cerámica con cuidado, observando con curiosidad la superficie espumosa. "Podríamos. La próxima semana tengo que terminar unos… proyectos," dijo con un escalofrío, a lo que Makoto respondió con un gesto de compasión, aun cuando se movía para trabajar en otra orden.

"Suerte con eso," expresó al fin. "Luego nos ponemos de acuerdo con la hora y lugar, cuando termine mi turno."

Y así, Haruka asintió y llevó su café a una mesa milagrosamente vacía. Por un rato, se sintió tan orgulloso de su esfuerzo en el ámbito social que casi le envía un mensaje a Rin, para mantenerlo al tanto de su desarrollo personal. Esto fue impedido únicamente porque sus nervios seguían presentes, sin importar que tan regularmente Haru tomara sus vitaminas invernales. Pero seguía siendo una idea tentadora.

La primera nevada del año lo atrapó en el camino a casa.


Era bueno que el Planetario fuera silencioso, porque era viernes y Haruka había sido sometido a muchas, muchas clases y lecciones, y ruidosa música sinfónica ese día. Sin mencionar que no había dormido las requeridas 7 horas desde hace días – no se explicaba por qué, ya que aparentemente el estrés inducido por los exámenes no era una excusa aceptable – y el mero silencio estaba amenazando con ponerlo a dormir.

Sentándose y mirando a las billones de estrellas en el techo, Haruka sintió que bien podría ya estar soñando. Si no fuera porque, de vez en cuando, Makoto le susurraba algo sobre esta o aquella estrella - ¿y cómo es que sabe tanto de constelaciones? – Haru podría haberse olvidado por completo del mundo real.

El Museo de Astronomía se extendía por todo el domo. Vagaron de un cuarto al siguiente, descansando un poco en cada uno, inconscientemente siendo lo más callados posibles. Cuando llegaron a un pasillo con planetas colgando sobre ellos y ventanas enormes mirando hacia el brillante y helado mundo exterior, los ojos de Haru cayeron sobre Makoto; sonrió, dándose cuenta del suéter negro con grandes estrellas pálidas decorándolo.

"Combinas con el lugar," anunció espontáneamente, y Makoto advirtió la vista del modelo del planeta Venus.

Había sido, en la opinión de Haruka, un comentario relativamente inofensivo, pero el más alto se le quedó mirando por un largo rato, sus ojos inspeccionando toda su cara antes de hablar. "Tienes hoyuelos," informó, como si fuera algo importante.

Haruka desvió la mirada a un lado. "¿Qué?" No es como si no le haya sonreído antes, su cerebro comenzó a argumentar.

¿Cierto?

Makoto no consideró darle una respuesta. En cambio, tocó su brazo levemente y dirigió su atención a otro cuarto. "¿Telescopios?"

Se veía como otro cuarto con muy poca luz, lo cual probablemente obstaculice el contacto visual, así que Haru aceptó. "Telescopios."


"¿Qué hace una vaca en la calle?" Makoto preguntó después, cuándo se detuvieron en la cafetería del museo por un almuerzo tardío. Cinco horas de clases seguidas no eran benéficas aún con el estómago lleno, y Haru no recordaba cuándo había sido su última comida.

Lo observó, esperando.

"Va-caminando" La expresión de Haru ha de haber sido hilarante, porque Makoto se echó a reír cuando lo vio. "Okay, aquí va otra. Déjame pensar…"

Se llevó una mano a la quijada, cejas fruncidas en concentración; eso fue suficiente para hacer que Haru se olvidara de comer por el momento.

"¿Por qué… a un arqueólogo le deprime su trabajo?"

"¿Tiene algo que ver con Indiana Jones?" Haruka intentó.

"Porque su carrera está en ruinas," sonrió, encantado con la risa incrédula de Haru. Varias mordidas de emparedado después, continuó con su cruzada. "¿Por qué los elefantes no juegan con el ordenador?"

Haruka estaba en proceso de dar su segundo bocado; volvió a bajar la comida. Decidió seguirle el juego. "¿Por qué?"

"Porque les da miedo el ratón."

Los hombros de Haru temblaban. Era ridículo; se encontraba riendo más por la realidad de Makoto intentando decir chistes que por estos mismos. "¿Los sacaste de internet?" logró articular cuando su respiración se reguló.

Había un gesto de orgullosa dicha en la cara de Makoto. "Quizá," proclamó.

Haruka levantó la mirada. Seguía sonriendo, y le dolían las mejillas, pero había una sensación placentera en su pecho. Era agradable, poder ver a alguien a los ojos y no sentir la necesidad inmediata de ver a otro lado. Se preguntó por cuánto tiempo duraría esa comodidad.

Sintiéndose bien en el momento, Haru se inclinó hacia adelante, apoyándose en sus brazos. "¿Cuál es el animal más viejo del mundo?"

El concepto de paciencia emocionada podría ser ilustrado por Makoto en ese momento. Haruka volvió al respaldo, tomando su emparedado en sus manos como protección.

"La cebra, porque está en blanco y negro." Meses atrás, se habría muerto de pena con sólo pensar ese chiste en público, pero mírenlo ahora.

Valió la pena, porque Makoto estaba riendo como colegiala, asegurándole a Haru que, de los dos, él tenía mejor sentido del humor. Pero, de nuevo, riendo como condenada colegiala. En un momento de valentía extrema, Haruka continuó comiendo, tragándose toda ansiedad de comer en público junto al pan, y no se detuvo hasta que ambos habían terminado con sus almuerzos.

"¿Ya te cansaste?" Makoto preguntó cuándo salieron del restaurante y comenzaron a subir las escaleras de vuelta al museo.

"Estoy bien," lo decía en serio, pero estaba seguro de que esa noche tendría su primer sueño profundo en semanas.

Llegaron al primer piso y Makoto jaló de la manga de Haru para guiarlo a la izquierda. Caminando juntos, sus manos estaban lo suficientemente cerca para rozarse, y fue una elección mutua cuando se agarraron de las manos.

"Esperaba poder seguir en el Planetario un rato más," confesó Makoto después de que el silencio robara todo sentimiento pesado flotando en el aire.

Haruka asintió para sí mismo. "Me gustaría."

Sintió un gentil apretón a su mano. "Tienes una hermosa sonrisa, ¿sabes, Haru?" Makoto dijo suavemente, sin provocación alguna. Haruka lo miró sorprendido, su aliento atorándose en su garganta.

Sin embargo, cuando Makoto atrapó su mirada y le dirigió una sonrisa reconfortante, Haruka no pudo evitar darle una propia.


Nota de Autor: Intentemos no pensar en cómo se vio mi historial de internet después de buscar esos condenados chistes (/(エ)\)

Estaba un poco preocupada de no poder terminar el capítulo a tiempo; con la clausura oficial de clases (y todos los líos que conlleva) no encontraba tiempo de escribir, ¡pero lo logré! (•̀ᴗ•́)و ̑̑

¡Gracias por sus comentarios –me alegra que el suéter de gato haya sido tan bien recibido huehue! Espero que éste capítulo igual les haya gustado~ ¡Gracias por leer! Bless!