EDITADO 28/03/2016


Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic

Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei


AMORES CRUZADOS

Capítulo 31: Chivo expiatorio

.

Kabuto contempló impasible la única cosa capaz de retener a Orochimaru con una especie de mueca satisfactoria en su rostro.

—Parece que me equivoque señor.

—Siempre lo haces —dijo Orochimaru como algo obvio.

Orochimaru sonrió con perfidia mientras observaba con veneración lo que tenía en frente.

—Falta tan poco.

Kabuto se limitó a mirar hacia un lado, pero volteó de inmediato con una gran interrogante plasmada en los gestos de su rostro.

—Hice todas las pruebas —Kabuto atrajo la atención de Orochimaru—, y es esto lo que debemos usar.

El muchacho de cabellos plateados extendió una pequeña ampolla. Orochimaru la tomó en sus manos.

—¿Estás seguro de que no habrá efectos secundarios?

—Ni uno solo señor. He hecho todas las pruebas.

—Perfecto.

Orochimaru tomó una jeringa y absorbió el líquido de la ampolla, luego con mucho cuidado, como un vampiro que acecha ansioso a una de sus víctimas, clavó la pequeña aguja en el cuello del futuro experimento, que reposaba inconsciente y absorto de todo.

—Despertara, pero no tendrá consciencia —Orochimaru pronunció la frase para si—, es lo que me has asegurado.

Kabuto asintió.

—Vámonos —ordenó Orochimaru, Kabuto fue tras su señor.

Tan solo faltaba algo más, y él podría concluir su experimento sin complicaciones.

—o—

Hinata miró a sus compañeros una vez más, con una delicada sonrisa dibujada en su cara. Le divertía, aunque no lo admitiera, ver las peleas de Naruto y Sasuke, quien a fuerza, por causa de ella, tendrían que comprar unos víveres en el pueblo. Tenían que aprender a convivir como personas normales, no eran bestias para tratarse como se trataban.

—¡Yo no quiero ir con el Teme! —volvió a rezongar el rubio.

Sasuke no dijo nada.

—Naruto kun, es necesario… —comenzó a alegar Hinata, pero Naruto la interrumpió.

—Ya se, ya se. Tengo que llevarme bien con este Teme —resopló furioso.

—No te pases, Dobe —advirtió Sasuke.

Naruto solo chasqueó la lengua reprimiéndose. Sasuke arrugó el entrecejo y caminó de mala gana a lado del rubio, Hinata solo agitó su mano despidiéndose de ellos, mientras los chicos se perdían en medio del frondoso bosque.

—¿No podemos comprar esto otro día?

Sasuke curvó una de sus cejas.

—No —reprendió con obviedad—… ya no tenemos comida.

Naruto infló sus cachetes inconforme.

—¿Por qué Dobe? —Sasuke sintió curiosidad.

—Tengo un mal presentimiento.

Ninguno de los dos volvió hablar durante el trayecto.

—o—

Hinata caminaba despacio con una enorme canasta en la cual llevaba unos trastes para lavar al río. Ese día en particular se sentía contenta, incluso el sol brillaba en lo alto. Todo era perfecto para su estado de ánimo.

Hubo un momento, sin embargo, en el cual se sintió observada, giró con lentitud su cabeza para observar encima de su hombro, pero solo continúo viendo el paisaje agreste y salvaje del frondoso bosque que quedaba a su espalda. Siguió su camino con la canasta, evitando tropezar con las raíces que aparecían, hasta que llegó al río, aunque a su parecer, por lo bajo que era, se veía más bien como un riachuelo.

Bajó las cosas al suelo, y sin importar mojarse se acomodó en la tierra, y comenzó a fregar uno de los múltiples platos que estaban dentro del enorme envase.

Un sonido veloz, como una espada cortando el aire, zumbó en su oído. Haciendo uso de sus excelentes reflejos se giró y alcanzó a esquivar una pequeña aguja que iba directo a su cuello.

No pudo evitar que toda su piel se erizara, sin embargo respiró hondo, y volteó. Se colocó en la posición típica del taijutsu que realizaba su familia, activo su Byakugan y esperó cualquier ataque. Las piernas le temblaban, quería echarse a correr. Pero debía ser valiente.

Una sustancia blanca apareció a uno de sus costados, parecía una tela de araña voladora, sacudió la cabeza incrédula, y realizo el Juuken, pudo a duras penas librarse de la sustancia, y jadeante giró sobre su eje. No alcanzaba a observar nada, se estaba desesperando.

En medio de sus nervios observó una silueta fina que saltó por encima de su cabeza, ingenuamente posó sus ojos ahí, sin embargo fue su mayor error, y terminó emboscada, justo como querían quienes la rodeaban.

—Después de todo no eres tan inútil.

Tayuya rió al ver el Doro Doumu de Jirōbō, en el cual permanecía encerrada Hinata, aparentemente intentando derrocar inútilmente la prisión de tierra desde su centro.

—¿Cuánto tiempo te llevara absorberle el chakra, Jirōbō? —intervino Sakon.

—Diez minutos —murmuró a modo de contestación.

—Que sean nueve —ordenó Sakon, mientras paseaba como un animal salvaje enjaulado.

Tayuya y Kidōmaru, simplemente se sentaron a descansar. La misión que les había impuesto su Lord, había resultado más sencilla de lo previsto.

—Esto ha sido aburrido —bostezó Kidōmaru.

—Han sido rivales muy débiles, es obvio idiota —pronunció con aburrimiento la muchacha en medio de los varones.

—No hables así —volvió a reprender el enorme calvo.

—Joder, contigo ni eso se puede decir.

Sakon solo hizo una mueca. Vaya equipito que le había tocado liderar.

—o—

El sol estaba en el cenit, el día era completamente despejado, hacía un calor endemoniado, si no fuera por el constante soplo del viento, Naruto juraría y perjuraría que no soportaría ese trayecto.

Miró de soslayo a Sasuke, quien aparentemente no notaba el aumento de temperatura en el ambiente. Estaba sobrio, sus mejillas continuaban pálidas, y no había sudado ni una sola gota. Para Naruto era incomprensible, él iba con la capa abierta, y estaba a punto de asarse. Sasuke iba con la capa cerrada y estaba tan fresco como la vegetación alrededor. No había lógica.

Intentó decir algo, pero optó por mantener la boca cerrada. Su relación con Sasuke era mejor así, en silencio, expresando todo solo con acciones.

Reprimió un suspiro al pensar eso. Con Sasuke ya no bastaba el silencio, su lazo con él se había afianzado demasiado, y aunque odiara admitirlo, ese Teme era su amigo, y para su pesar se había convertido en el mejor de sus amigos.

Eres un idiota, Naruto.

Se dijo a sí mismo. Sasuke era su mejor amigo, porque había hecho lo que nadie había hecho por él. No juzgarlo.

Naruto podía ser muy príncipe, y muy heredero, pero la verdad, el ostentar esos títulos había sido una carga demasiado pesada.

Desde la supuesta muerte de su hermano, con escasos diez años, había estado ante el ojo público. Observado por los consejeros de su padre, por sus instructores, y juzgado en todos sus aspectos.

Pero que va, a toda esa panda de estirados les valía una nimiedad el porqué de sus acciones, por qué gustaba de pintar las paredes del palacio, o por qué a él le importaba en lo más mínimo la historia de su país.

No era su culpa, él tenía otras prioridades. Quería sentirse amado, protegido, saber de algún modo que todos los que le rodeaban permanecerían ahí, siempre. Había creído perder a su hermano, y toda su alegría sufrió una metamorfosis a rebeldía. Pero nadie jamás pregunto sus motivos.

Por eso apreciaba a Sasuke, porque aun, siendo él un 'Dobe', habiéndolo juzgado, con sorna Sasuke se había apartado y tomado todo del mejor modo.

Porque eran similares, careciendo de una persona especial e irremplazable. Inclusive viviendo amores prohibidos.

Sasuke era cabal, era su amigo y nadie cambiaría eso.

No importaba lo que ocurriese, Sasuke era y seguiría siendo su mejor amigo.

—Naruto —llamó con voz tenue el Uchiha —, llegamos.

El rubio volvió a la realidad y sonrió ampliamente asentando los víveres en el suelo.

—¡Hinata chan! —fue lo primero que artículo. Sasuke negó con la cabeza—. ¿Dónde estás? —la continuó llamando.

Sasuke siguió a Naruto cuando este caminó en dirección al río, quería decirle a Hinata, que era lo que quería comer.

Pronto el joven de cabellos negros llegó a lado de Naruto, y avanzó a la par con él. Se desconcertó un poco al notar una especie de lana blanca en uno de los árboles. Sin pensarlo tomó a Naruto del brazo.

—Sasuke… —farfulló Naruto entornando los ojos, sin comprender.

—Ha ocurrido algo.

Naruto cambió su expresión, mirando el rostro inquisitivo de Sasuke.

—Mira —el Uchiha señaló la sustancia blanca del árbol.

—Parece una telaraña —dijo Naruto mirando fijamente.

—No lo es —continuó con obviedad—. Las arañas tejen, no dejan bolas de hilo por ahí.

Naruto tuvo que admitir que Sasuke tuvo un razonamiento acertado. Ahora fue el príncipe del Fuego quien lidero esa caminata, sin embargo se detuvieron al poco tiempo de andar. Sasuke le impidió el paso a Naruto al poner su brazo frente a él.

—Mira el suelo —ordenó Sasuke. Naruto obedeció.

A sus pies Naruto observó un cumulo de piedras y rocas, parecía que la tierra se había cuarteado sin razón alguna.

—¿Qué paso?

Naruto se puso de rodillas, intentando analizar todo en detalle.

—Parece el efecto de un terremoto —Sasuke se colocó en la misma posición que Naruto—, pero es imposible, un terremoto no se da en una superficie tan pequeña.

—¿Qué… qué ocurre? —preguntó el rubio al ver los ojos de Sasuke fijos en un punto.

Sasuke no respondió. Naruto simplemente dirigió sus ojos azules al lugar que miraba Sasuke.

Varios trastos estaban rotos y dispersos en el suelo.

Hinata lavaba siempre en las mañanas.

Naruto intuyó todo y perdió el habla.

—o—

Aire.

Quería aire, no podía respirar, todo era oscuro, tenía la impresión de estar ciega.

Moverse, no. No era una opción, aun si lo hubiese intentado, tenía la sensación de estar atada por millones de hilos invisibles.

Entonces sintió algo, pero lejos de tranquilizarse eso la desoló. Eran lágrimas. Estaba llorando, estaba desesperada.

Sintió un movimiento fuerte y de repente un intenso golpe azotó las palmas de sus manos, se había precipitado al suelo y para atenuar la caída, no había tenido más remedio que apoyarse en sus manos.

Una fuerte mano la jaló de la nuca y la hizo arrodillarse, hubiera querido defenderse, pero no tenía energía, se sentía realmente mal. Alcanzó a entornar los ojos y miró un rostro que se le hizo vagamente familiar.

—Lady Hinata —un hombre joven de ojos oscuros y cabellos plateados le sonreía de un modo extraño. Tembló sin poder evitarlo.

—Deja de jugar. Hazlo ya —la siguiente voz la reconoció y con incredulidad, bajó la mirada intentando enfocar algo.

Inquieta por lo que visualizo, se removió con prisas y cayó de bruces al suelo. Estaba a los pies de Orochimaru, quien solo la miraba inconmovible.

Hinata sintió que el aire disminuyo de nuevo, por reflejo levantó la vista otra vez y frente a ella, igual de imponente, continuó como una imagen espectral Orochimaru. Sus ojos la atraparon y pronto se vio frente a una hermosa y gigantesca serpiente, sus escamas fluctuaban con brillo dorado, era una criatura aterradoramente maravillosa.

—Lady Hinata.

En esta ocasión él la tomó del cuello, y ella gimió aterrada.

—Lo… Lord…

—No hables —ordenó. Ella obedeció hipnotizada—, Kabuto —llamó a su sirviente—, la jeringa.

El aludido simplemente tomó lo solicitado y se lo tendió a su señor. Orochimaru no tardó, y se lo inyectó a una Hinata ausente, en el cuello.

Aquel acto tuvo el poder de despertarla, y lejos de caer en un sopor más fuerte, ella se removió desesperada, Orochimaru apretó la mandíbula, y su mano se enroscó con cierto sadismo en el cuello de Hinata.

—No… aux… auxilio… —alcanzó a articular desesperada, Orochimaru sostenía su cuello con demasiada fuerza.

—Dame otra jeringa —ordenó enfadado.

Kabuto obedeció, tomó otra jeringa y otra ampolla, luego de arreglarlas para su señor, le tendió el artilugio médico. Orochimaru sujeto la jeringa, y con menos delicadeza que antes, volvió a atravesar el cuello de la muchacha, que se removió a una más exasperada.

—Suel… teme… no… por… por favor…

Las manos de Hinata se alzaron a las manos de Orochimaru, en una búsqueda inútil de hacer que este la soltara. El sannin la miró furioso, arrugó el entrecejo y le dirigió una mirada fulminante a Kabuto.

—No me dijiste que esta droga seria perfecta —reclamó.

—Le aseguro señor que así es. No comprendo…

—¡Cállate! —Orochimaru había perdido definitivamente la paciencia—. Dame otra.

—Pero señor… —intentó decir algo, pero fue acallado.

—¡Que me des otra!

Kabuto chasqueó la lengua y se giró. Tomó otra ampolla, y con la aguja de la jeringa, repitió el procedimiento anterior. Volteó hacia su señor y le extendió la aguja médica. Orochimaru volvió a tomar la inyección, y sin precaución alguna enterró la aguja en el cuello de la joven otra vez más.

Hinata en esta ocasión no fue capaz de hablar, pero comenzó una lucha sin tregua por librarse de su captor.

Efectivamente, la droga debía estar haciéndole efecto, pero su instinto de supervivencia era más fuerte.

Orochimaru soltó a Hinata del cuello, pero la tomó del cabello, halando muy fuerte para mantenerla quieta.

—¡Dame otra! —exigió.

—Señor, eso puede ser peligroso… —Kabuto intentó razonar con su señor.

—¡Otra!

Orochimaru no escuchaba de razones, la furia nublaba sus sentidos, no había tenido problemas hasta ese momento, no iba a empezar a tenerlos por culpa de esa estúpida chiquilla.

Kabuto no tardó y con la mano ligeramente temblorosa tendió una nueva inyección para el sannin.

El rey del Fuego sujetó la aguja, y de una sola estocada la hundió en el cuello de Hinata, la zona de la aplicación estaba roja.

En esta ocasión Hinata perdió notablemente la energía para defenderse, a pesar de ello siguió removiéndose inquieta.

—O-t-r-a — traqueteó los dientes, observando a su presa con rencor.

—¡Señor! —Exclamó Kabuto—. Una inyección más podría matarla.

—O-t-r-a —volvió a repetir.

—Señor…

—De todos modos —Orochimaru miró fijamente a los ojos oscuros de su ayudante—, tendremos que asesinarla más adelante.

Kabuto fue incapaz de debatir, y sin sentir un ápice de compasión se aproximó con la aguja a Orochimaru, pero no se la entregó, él mismo inyecto el fatal líquido en el cuello de Hinata.

La joven sintió desfallecer, no pudo moverse, todo se fue nublando a su alrededor. Podría haber jurado que vio a unos tipos con grandes cuernos saltando a su alrededor con morbo en los ojos, y lo que parecía una figura capada con una enorme guadaña, seguida de cerca de la hermosa y enigmática serpiente.

Había fuego.

Entre el fino hilo de la realidad y la locura, más allá de sus verdugos, ella observó una delicada figura que reposaba sobre una especie de camilla, era sublimemente hipnótica, parecía a su concepción, una hermosa princesa durmiente.

La muchacha que la acompañaba en la habitación, tenía algo que la hacía indudablemente bella.

Su contemplación duro segundos, luego el delirio y la realidad simplemente se esfumaron para darle paso a una profunda oscuridad.

Todo se volvió nada.

—o—

—¿Por qué insistes con esto?

Deidara suspiró a la par que seguía a Itachi a través del bosque. Estaba agotado sentía sus mejillas doloridas y azotadas por la gran velocidad que él y su compañero le habían imprimido a su paso.

—Ya te dije.

—Uhm… ¡Itachi!

Rezongó el rubio. No comprendía el afán. Era muy cierto que hace un par de noches atrás, había ocurrido un fenómeno muy extraño, la luna menguante que decoraba el cielo con discreción había desaparecido de un momento a otro. No habían sido las nubes, simplemente una oscuridad perpetua había cubierto todo. Era extraño, verdad. Pero a su concepción, nada realmente grave para alarmarse.

Su vista enfocó en medio del trayecto un lugar en especial, su corazón se aceleró un breve instante y se detuvo, haciendo que Itachi le imitara.

—Hmp… ¿Qué ocurre? —pregunto secamente.

—Quisiera ver a —su boca se secó, e intentó reprimir lo obvio—… mi prima, aunque sea de lejos.

Itachi no dijo nada, simplemente ladeó la mirada con disimulo. Deidara era como un libro abierto, y su frase se traducían en una única palabra: Ino.

Pero era lo suficientemente discreto como para no decir nada.

—Vamos.

Itachi no dijo nada más, y Deidara con una sonrisa que no pudo disimular dibujada en los labios, le siguió.

Hacia buen clima, a pesar del constante soplo del viento, la nieve cada vez era más escasa, solo quedaba como una delicada estela alba que decoraba ciertas hojas aisladas. Dentro de pocos meses llegaría la primavera.

En determinado trayecto el par de terroristas observaron algo que los inquieto, habían huellas de ramas quebradas en los árboles. Deidara se desconcertó mucho, y comenzó analizar todo con extremo detalle, intentando encontrar algo. Itachi no necesito evaluar nada, una teoría inmediatamente se tejió en su mente.

Lejos de esperar a su compañero, Itachi obró de modo contrario y dejo al rubio atrás, cuando el más joven del equipo lo alcanzó, ambos estaban frente a una casa modesta perdida en medio de las lides del bosque.

—¿Qué paso? —Deidara abrió los ojos al notar como los muros estaban resquebrajados, y las ventanas rotas.

—Muévete.

Itachi prefirió abstenerse de las preguntas obvias y agarrando a su compañero del brazo, lo llevó a dentro de la casa a rastras.

Al abrir la puerta pudieron notar inmediatamente una cantidad de porcelana de recuerdos tirada, los finos muebles con hilos de oro volcados, un montón de retratos arruinados, con los vidrios resquebrajados y las cortinas totalmente rasgadas.

Tuvieron que atravesar todo con cierta lentitud, intentando no pisar las cosas que estaban desperdigadas con el suelo. Alcanzaron las escaleras de madera y unos cuantos rechinidos los acompañaron en su trayecto al segundo piso, fue entonces cuando notaron ciertos pergaminos, shurikens pequeñas que se perdían entre la vista por el grado de desorden. Estando en el segundo piso, Deidara se adelantó a su compañero, con un leve palpito en el pecho, fue entonces cuando sus ojos vagaron hasta sus pies, y vio fijamente un abundante cabello rubio.

—Hmp…

Itachi reaccionó antes que Deidara y movió con delicadeza el cuerpo, la muchacha parecía estar dormida.

—¡Ino!

Deidara reaccionó con violencia de su abstracción e intentó tomar a la muchacha de los hombros, para zarandearla seguramente, pero antes de que lo intentase, Itachi con una sola mano lo detuvo, el rubio se paralizo nuevamente, y el Uchiha lo soltó, pero luego abofetearlo con fuerza.

—Cálmate.

Exigió Itachi. Las pupilas de Deidara tintinearon, mientras observaba como su compañero despejaba un Jutsu ilusorio.

Itachi era insoportablemente perfecto, y el rubio ya no lo toleraba.

Fue aun peor cuando Ino empezó abrir los ojos.

—¡Deidara!

La muchacha se arrodilló y abrazó al rubio de nuevo. Itachi como siempre permaneció al margen de esas muestras de afecto.

—¿Qué ocurrió?

El contacto de Ino para Deidara, como siempre se tornó apremiante, sin embargo, la despegó de su lado tomándola de los hombros y clavó sus brillantes ojos azules, en los perspicaces ojos aguamarina de ella. La joven solo abrió los labios, y un par de lágrimas rodaron de sus ojos, luego de que los recuerdos acudiesen con velocidad a su memoria.

—Sakura…

CONTINUARA…


Notas de la autora (ORIGINALES):

¡Hola! ^o^

Como lo prometí, aquí me tienen con el episodio de esta semana.

Debo confesar que hubo un momento que se me fue la inspiración… ¡todo es por Harry Potter!

Ya vieron la última película, yo sí, y me deshice en llanto cuando murió Snape… TT_TT, gracias a Kami sama, los cines son oscuros, sino me hubiera muerto de la vergüenza.

Es tan triste pensar que fue la última película, que se fue una parte de mi infancia.

Lo bueno es que un par de días después recibí una notificación que me puso mega feliz, y fue la de saber que este fic, el eterno Amores Cruzados, fue recomendado en un foro… n_n

Creo que es todo por esta semana, por lo tanto me despido, no sin antes recordarles que agradezco mucho sus reviews, son el motor del fic.

Y la amenaza de la semana anterior sigue en pie, iré a buscarlos a su casa y les hare cosquillas en los pies, hasta que comente y lean.

Besos. ^_^


Notas de la autora (ACTUALES):

Este capítulo fue publicado una semana después de estrenarse la última película de Harry Potter. Dios santo... solo noten que viejo es el fic xD

Los/Las amo. Aredhiel ;)