Nota de Autor: No bromeo cuando digo que sentía que me daba un paro cardiaco cada vez que leía sus comentarios. Son todos muy lindos jfc (*‿*✿) Muchas gracias~

Éste capítulo es un poco más largo de lo usual, para compensar cualquier (posible) retraso que puedan tener las próximas actualizaciones. Mañana salgo de viaje y pues, voy a llevar mi laptop, pero sólo podría escribir en las noches y quién sabe si así pueda terminar los capítulos a tiempo.. voy a intentar seguir actualizando los viernes, pero, en cualquier caso, espero que no les moleste esperar tantito más o(´∀`*)

En fin, ¡ojalá les guste el capítulo!


Obsequios y Tiburones

"Tu cuarto no ha cambiado nada desde mi última visita," Rin se sintió obligado a comentar 5 minutos después de llegar.

Todavía vivo aquí, ¿por qué habría de cambiar en lo absoluto? Haruka pensó, viéndolo tirar la maleta en el piso antes de apoderarse de su cama.

"Hay un futón justo al lado, ¿sabes?" refunfuñó, porque era parte de la tradición.

Rin pretendió no escucharlo. Estaba demasiado ocupado hojeando los libros y partituras sobre el 'buró' – una pequeña mesa de centro que Haru robó de la sala. "¿Ha pasado algo interesante desde entonces?"

Haruka le dio una mirada que podría matar a varios organismos subdesarrollados. Pestañeó antes de que se hiciera daño a sí mismo y adoptó su característica expresión de tranquila reticencia. "No," respondió, cerrando la puerta despreocupadamente.

"Eso pensé," Rin se rindió demasiado fácil y Haruka se sintió extrañamente insatisfecho con la reacción.

Su cama no era gran cosa, ocupando el lado derecho de su habitación. Con las dos ventanas que el cuarto ofrecía, estaba colocada en la esquina más oscura. Haruka no tenía muchas pertenencias; la mayoría, incluyendo gran parte de su ropa, fueron comprados por su madre. Lo que indudablemente le pertenecía a él, era la inmensa cantidad de pinceles y libros de teoría musical, junto a otros materiales de universidad que había acumulado en libreros y cajones y cualquier otro espacio disponible. Haruka no estaba seguro de qué implicaba tal desorden, en relación a su personalidad.

"Entonces," Rin arrastró, estirándose sobre la cama mientras Haruka tomó asiento en la humilde silla de escritorio, dibujando algo que se veía sospechosamente como cierto gato nombrado en honor al chocolate.

No continuó hablando, así que Haruka dejó de garabatear para dirigirle la mirada. "¿Qué?"

"No había terminado," respondió instantáneamente, irritación en su voz. Haru regresó al papel con una virada de ojos. "¿Ya comprase mi regalo?"

Haruka hizo una mueca –hábito inducido especialmente por Rin. "Todavía no hago las compras navideñas…"

"Anda, ¿y a qué esperas?" preguntó, levantando la cabeza de la almohada. "Ni pienses que te voy a acompañar," se sentó, tomando la almohada en sus brazos y sosteniéndola defensivamente. "Le dije a Kisumi que iría con él en la semana."

"No te preocupes, no te lo pedí," Haruka le lanzó otra mirada antes de tomar su celular. Rin le ofreció un bufido forzoso, pero decidió ignorarlo en favor de escribir un mensaje.

Había esperado un par de días, considerando que tenía el derecho de hacerlo, al menos hasta que la temporada festiva empezase. Éste era el cuarto día. Todavía tenía la foto en su celular, y también había escrito la información en una nota adhesiva que pegó en su escritorio, sólo por si acaso.

Para: T. Makoto
De: N. Haruka
16:14 PM
El 23 va a haber una exhibición de cajas musicales, cerca de Odaiba.

Aunque Rin seguía sin hacerle caso – y, honestamente, era para el bien de todos – Haruka intentó reunir toda la fuerza que pudiera de su presencia, viendo el texto y enviándolo. Eso no fue precisamente una invitación, pensó, apretando los labios. Debí haberle preguntado más directamente. Bajó el teléfono y sus dedos, involuntariamente, comenzaron a tamborilear sobre el escritorio. Se relamía los dientes mientras esperaba.

Eventualmente, su celular vibró. De reojo, pudo ver a Rin dándole una mirada sospechosa.

De: T. Makoto
Para: N. Haruka
16:21 PM
en serio? no sabia! se escucha divertido, quieres ir?
(^ _ ^)

Era como si su cuerpo fuera empapado por una ola de alivio sin precedentes. Quizá no se había permitido entrar en pánico, pero, de cualquier manera, había una considerable parte de su cerebro que no podía dejar de preocuparse.

Para: T. Makoto
De: N. Haruka
16:22 PM
Sí, ¿a las 9 am está bien?

16:22 PM
Después tengo que hacer unas compras para navidad…

No sabría decir si estaba siendo demasiado sutil o demasiado tosco. Se dio a sí mismo un regaño mental.

De: T. Makoto
Para: N. Haruka
16:23 PM
a las 9 esta bien

16:23 PM
puedo ir contigo? lo he estado posponiendo desde hace siglos

"Estás sonriendo como idiota," Rin anunció, la cama gruñendo bajo sus movimientos al levantarse.

Para: T. Makoto
De: N. Haruka
16:23 PM
Seguro.

Rin se aproximaba para ver por encima de su hombro, y, en un acto reflejo digno de un samurái sin mucho talento, envió el mensaje y escondió el celular detrás de su espalda. Cuando el pelirrojo intentó agarrarlo, Haru extendió un brazo hacia atrás por encima del escritorio, de manera que tendría que sentarse sobre él para poder alcanzarlo. Un esfuerzo que, sabía, Rin no estaba dispuesto a dar.

"En serio eres la persona más extraña que conozco, Haru," Rin le dedicó una mueca, golpeándole la frente con un dedo antes de volverse a tirar en la cama.


9 de la mañana, ¿en qué estaba pensando?, Haruka reflexionó, sus dientes apretados en lo que parecía ser un intento de cerrar su temblorosa boca para siempre. Pero, en su defensa, ¿quién sabía que el clima estaría tan condenadamente frío?

Yo sabía, se respondió, observando la hora en su reloj. Yo sabía, y ahora voy a sufrir por mis pecados, trató de esconder la cara en su bufanda pero esta, también, estaba helada y húmeda. No había nevado en dos días, pero con esa temperatura, cualquiera pensaría que estuvo nevando hace cinco minutos.

Había una agujero en su estómago que hacía que quisiera retorcerse en una posición fetal. Sentía que todo su cuerpo temblaba, ya sea por el remolino de emociones en su interior, o por la fría garra de la muerte prematura que estaba hundiéndose en su corazón. Llegó a la conclusión, así, que estaba nervioso; era la única explicación. Pero era difícil identificar un solo sentimiento cuando no podía quedarse lo suficientemente quieto ni para inhalar profundamente.

Tal vez no era tan malo. Después de todo, si la hipotermia lo alcanzaba antes de que Makoto llegara, se salvaría de una situación potencialmente vergonzosa. Por primera vez, estaba casi agradecido de su ineptitud social, pues probablemente escondería lo peor de sí mismo.

En un reprimido análisis interno de sus propios pensamientos, decidió que sentirse-incómodo-mientras-ordena-una-pizza no era diferente, a primera vista, de sentirse-incómodo-mientras-intenta-ignorar-el-hecho-de-que-se-besaron; eso era un alivio. No obstante, Haruka pasó 20 minutos, después de llegar a su casa esa noche, recordando el encuentro mientras sus manos construían grullas de origami agresivamente.

En verdad no sabía qué pensar de nada.

"Lo siento muchísimo, Haru." Cuando Makoto llegó, el Sol no iluminó el cielo, ni la nieve se derritió bajo sus pies para dejar que flores crecieran a su paso.

Fue bastante anticlimático, normal, para ser sinceros. Makoto se veía sin aliento, con un poco de sudor en su frente, y demasiado colorido. Dos de esas características eran consecuencia del metro; la otra, simplemente, era Makoto siendo Makoto.

"Llegaste temprano," jadeó, intentado regular su respiración. Haruka no lo dignó con una respuesta; se sentía ligeramente engañado, siendo que había sido él quien pasó los últimos quince minutos redactando mentalmente su testamento. "Tenemos que mejorar en eso de estar a tiempo," le dio un vistazo a su teléfono y rio, "todavía no son las 9."

"No pude evitarlo," Haruka empuñó y desempuñó las manos frente a él, queriendo evitar que se entumecieran. "Pensé que habría más tráfico," dijo sin mencionar que estuvo despierto desde las 6 de la mañana, que hizo tres diferentes platos de desayuno, y que intentó limpiar la bañera antes de rendirse y salir de casa demasiado temprano.

"Igual. ¿Quién diría que el transporte público es tan efectivo?" Makoto bromeó, ajustando su mochila en su hombro. "¿Cómo estás?"

Residuos de miseria treparon por su pecho cuando Haruka levantó la mirada. "Estoy bien," expresó, incómodamente consciente de que quizá estaba encorvándose. "¿Podemos entrar?" tomó la iniciativa, porque estaba empezando a dejar de sentir las piernas.

"Claro, perdona," la voz del más alto tembló un poco, imitando al resto de su cuerpo. Dando unos cuantos pasos, Haruka advirtió que había dejado una mano libre, para que Makoto la tomase. Primero pensó que no lo haría, porque el viento era demasiado fuerte y les arrancaría las manos, obviamente, pero sus argumentos probaron ser inválidos al sentir una palma envolver la suya. "No te vayas a perder," dijo entonces, recordando un momento en el Acuario.

Haruka hizo un puchero en reproche, pero no creyó que hiciera mucha diferencia. "No lo haré."


Cuando vio la palabra exhibición, Haruka se había preparado para ver quizá media docena de mesas, donde los ancianos podrían mostrar sus cajas musicales antiguas. Esto superaba todas las expectativas. De lo que podía ver, había al menos dos filas, una docena de mesas en cada una. Cierto, también parecía haber una feria de Navidad ocurriendo en los alrededores, pero, aun así, la cantidad de cajas musicales era increíble.

Apretó la mano de Makoto; ya no estaba tan seguro de que no se fuera a perder. "¿Por dónde empezamos?" preguntó el más alto, viéndose positivamente radiante al ver el enorme cuarto lleno de gente y objetos extrañamente coloridos.

"¿Estás buscando algo en especial?" Haru eventualmente preguntó cuándo no le llegó ninguna otra idea.

Makoto llevó una mano a su barbilla, una expresión pensativa en su rostro. "La verdad, no sé; pensé que lo sabría cuando lo viera… ¿Crees que tengan alguna que toque El Himno a la Alegría?"

Haruka dio un vistazo a los puestos cercanos. Era un lugar temible con muchas personas con más Espíritu Navideño que él. Ni siquiera le parecía que la Navidad tuviera mucha razón de ser. "Tal vez," contestó, porque no tenía una mejor respuesta, y así, se introdujeron en la multitud y fueron más o menos sistemáticamente, de una mesa a la siguiente.

No tardó mucho antes de que Haruka se diera cuenta de que iba a ser un muy largo día para él. Esta milagrosa epifanía llegó, probablemente, alrededor de la tercera instancia en la que Makoto se detenía a hablar con los ancianos que manejaban los puestos. Parecía caerles bien a los abuelos. Seguramente porque usan el mismo tipo de ropa, suplió su mente, ojeando los suéteres que usaban los sujetos en cuestión. En defensa de Makoto, al menos su elaborado estampado invernal estaba tejido sobre un fondo azul oscuro.

Sin embargo, no podía pasar tanto tiempo en la misma mesa sin sentir el terror inminente de que alguien fuera a hablarle a él, también. "Voy a ver por ahí," Haruka llamó furtivamente antes de caminar más adelante, esperando poder mantener su promesa de no perderse.

Intentó ir con toda la cautela posible, no queriendo sentirse como si estuviera partiendo el océano en dos cada vez que tuviera que atravesársele a alguien. Se detuvo frente a una hilera de cajas musicales pequeñas, sus dedos jugando con su bufanda, y escaneó sus títulos. Por su parte, no sabía que comprar, y tampoco tenía mucho dinero, aun si en Fish se sintieron inclinados a darle un pequeño salario justo antes de vacaciones. Haruka todavía estaba perplejo por eso.

Era mientras pensaba en qué conseguirle a Rin (cosa que era de la mayor importancia: tenía que ser el regalo perfecto si no quería ser víctima de miradas despechadas), que vio una pequeña caja musical púrpura. Entonces, quizá, sí estaba buscando algo en particular. Sus ojos se extendieron ligeramente y se acercó, observándolo, casi impresionado con el hecho de que tal objeto pudiera existir en el universo. La cosa que hacía esta caja especial, era que tocaba El Himno a la Alegría.

Su primer instinto fue llamar a Makoto, pero logró controlarse. Con el ceño fruncido, Haruka se cubrió la boca con su bufanda en contemplación. Notó mentalmente que esta parecía ser una muy afortunada coincidencia, una que no volvería a pasar; y faltaban sólo unos días para Navidad. El único problema sería – miró con sospecha a la persona atendiendo el puesto – que tendrá que hablar.

"Um," comenzó inteligentemente, volviendo a bajar su bufanda. "Quiero comprar esta, por favor," señaló con cuidadosa precisión y dio un vistazo a sus alrededores en lo que el vendedor lo envolvía en una bolsa de papel. Todavía no había sido descubierto. "Gracias," dijo y lo guardó culpablemente en su bolso Messenger, cubriéndolo con toda la basura que tenía ahí (muchos paquetes de pañuelos y varias botellas de vitaminas) para asegurar que no llegara a ser visible.

Uno menos, Haruka soltó un suspiro. Cuando encontró a Makoto, éste estaba inspeccionando una variedad de campanas. Haru se detuvo a su lado.

"¿Encontraste algo interesante?" Makoto preguntó mientras apilaba campanas en su palma.

"No en realidad. Digo, unas se veían bien, pero, ah, ya sabes… y, pues eso," tendría que recordar no volver a sobreestimar sus habilidades sociales de aquí en adelante; obviamente carecía de ellas. "¿Para qué son esos?"

Las campanas ahora sonaban desde el interior de una mochila. "Son para KitKat. Se me ocurrió que le gustaría uno, pero no puedo elegir."

Haruka imaginó a KitKat usando una campanita alrededor de su cuello mientras vagaba por el apartamento; seguramente, eso convertiría a Makoto en Peter Pan. En lo personal, él se sentiría más como el Capitán Garfio. Después pensó en Makoto tratando de adivinar qué campana le gustaría más, y ahí estaba el ecosistema en su estómago, de nuevo, haciéndolo sentir todo tembloroso y lleno de… algo. Que adorable es, permitió que su cerebro dijera, y le ofreció a Makoto una sonrisa dudosa.

"Estaba pensando," Makoto mencionó, unos pasillos más adelante. Haruka hizo un sonido inquisitivo, jugando con el globo de nieve en sus manos. "Con respecto a la música. ¿Alguna vez has intentado cantar, Haru?"

El globo fue devuelto a su lugar, y Haruka amusgó los ojos hacia él. Makoto tuvo el cuidado de poner su sonrisa más angelical. "Me rehúso a darte esa información."

No entendió por qué Makoto se echó a reír tan abiertamente.


Usualmente, uno no tenía muchas opciones cuando de postales se trataba, especialmente cuando ibas a enviárselas a personas que ya conocían gran parte de la ciudad. En consecuencia, Haruka estaba bastante agradecido de que las festividades trajeran más posibilidades.

Recibió un correo electrónico el día anterior, diciendo, en un tono medio-afligido, medio-apresurado, que Rei y Nagisa habían decidido pasar las vacaciones en las montañas, así que no podrían irlo a visitar este año. Haru no tenía problema con eso, o al menos eso es lo que puso en su respuesta. Por una parte, había tenido una porción de interacción social más grande de lo usual, con Rin hospedándose en su casa y Makoto siendo él mismo, y, francamente, estaba un poco cansado. O quizá muy cansado. Haruka estaba agotado.

Pero por otra parte, el cambio de planes lo ponía algo nervioso; ya podía ver lo distantes que llegarían a ser en el futuro.

Por lo tanto, se dispuso a prevenir tal desenlace de la manera más pasiva posible, para no agotar lo que quedaba de energía. Es por eso que, en ese momento, estaba examinando postales navideñas. Aunque no quería admitirlo, le estaba prestando más atención a aquellas con mensajes pregrabados.

"¿Ya casi?" escuchó de repente, y Haru sintió estar en todo su derecho de saltar del susto. En realidad, sólo pestañeó, vagamente sorprendido.

Estaban afuera de un centro comercial en Odaiba, y hacía tanto frío como en la mañana, aunque la multitud de personas los protegía del viento. Por supuesto, Haruka no estaba completamente seguro de que estar en la presencia de tanta gente valiera la pena.

Makoto estaba haciendo un muy buen trabajo pretendiendo estar tranquilo, a pesar de que Haruka lo había atrapado viendo la multitud sutilmente de vez en cuando. Por ahora, no obstante, se veía en calma, pues encontró una banca cerca del puesto callejero que Haru estaba explorando, y también porque, naturalmente, les consiguió a ambos chocolate caliente gratis de la feria de Navidad. Haruka desearía poder elegir dos cartas y terminar con esto, para así poder tomar su chocolate antes de que se enfriara.

"No sé, no creo…," respondió, con un puchero, y continuó rebuscando entre las postales. "Perdona, no creí que me fuera a tardar tanto."

Makoto no se detuvo a medio sorbo para argumentar en contra suya, pero sí le dio una mirada agraciada por encima del vaso. Eran esas pequeñas cosas, Haruka se dio cuenta, lo que lo hacían parecer más como una persona de verdad. En contra de la opinión popular, no le gustaba tener su disturbio mental constantemente mimado.

"No pasa nada, tómate tu tiempo," Makoto finalmente vocalizó su opinión, bajando el vaso.

Haruka golpeó sus dedos contra la bufanda un par de veces. "No, creo que éstas están bien," y tomó dos postales ligeramente aterradoras, sin un mensaje escrito, y las llevó al cajero.


"De acuerdo, entonces tengo… casi todo. Sólo me falta uno." Era impresionante la facilidad con la que Makoto manejaba su vida – aún con sus manos llenas de bolsas coloridas. Haruka lo consideró con una mano en su barbilla, los dos sentados en otra banca vacía. Afuera. En la nieve.

Esos son muchos suéteres, opinó. "No pensé que tu familia fuera tan grande," dijo sin querer, y, por pura fuerza de voluntad, resistió el deseo de darse una cachetada él mismo. Las personas normales tienen amigos también, se recordó.

Makoto rio levemente. "Oh, no, sí que lo es. Es sólo que, últimamente, no les caigo muy bien. Pero a veces me llaman, ¿así que supongo que enviarles regalos no estaría de más?"

Había pantallas de error parpadeando dentro del cerebro de Haruka. ¿Cómo pueden no adorarte? Ni siquiera sabía qué palabra quería enfatizar más en esa pregunta. Buscó una posición más cómoda en su mano y fingió desinterés. "Si tú lo dices…"

Makoto levantó la mirada de los futuros obsequitos y se inclinó un poco más al lado de Haru. "¿Qué hay de ti?" Su tono le recordó de largas horas en el Acuario, de palabras emocionadas y de una mano sosteniendo la suya. Enterró su cara en la bufanda.

"Uno más, creo… y habré terminado." Teóricamente, mentalmente, y físicamente.

No era como si Haruka tuviera muchos regalos que comprar, de cualquier manera. Hacía tiempo que decidió que, en lugar de comprarle algo a sus padres, cocinaría la cena navideña. Después, consiguió unos detalles pequeños para algunos de sus primos, que usualmente hacían el intento de desearle una feliz navidad.

Y eso dejaba sólo a Rei, Nagisa, Kisumi y Rin, en su lista de regalos. Consideró enviarle a Kisumi una caja de chocolates, aún si no lo había visto desde la graduación -Rin hacía el intento de mantenerlos en contacto, siendo la única conexión actual entre ellos, aparentemente, Kisumi preguntaba constantemente por él. Rin insistió en que debería actuar como un ser humano medianamente decente y enviarle aunque sea un pequeño obsequio, para Navidad.

Por lo tanto, su mayor problema en ese momento era saber qué conseguirle a Rin: el único regalo que tenía que ser relativamente impresionante si no quería estar en malos términos con él.

Aunque, impresionante – Haruka arriesgó una diminuta mueca adolorida hacia la enlodada banqueta – quizá no era la palabra indicada. En serio no era bueno para estas cosas. Además, el hecho de que Makoto pareciera poder quitar un persona de su lista cada vez que entraban a una tienda no ayudaba mucho a su estado mental. Sólo le quedaba desear tener mejor suerte en los siguientes puestos.

No había advertido que había estado mordiendo su ligeramente húmeda y algo congelada bufanda hasta que Makoto lo volteó a ver y frunció el entrecejo. Típico, Haruka desvió la mirada y alejó la tela de su boca. Vaya manera de impresionar a alguien. Debería escribir un libro.

"¿Puedo darte algo?" lo escuchó preguntar. Regresando su atención al más alto, lo primero en pasar por su mente fue ¿Píldoras? ¿Un mordedor para perro?, pero Makoto se veía bastante serio respecto al tema, así que se encogió de hombros. "Okay, um…," una sonrisa incierta se abrió paso al rostro de Makoto mientras abría su mochila. "No estoy seguro si te guste o no, pero ésta la compré para ti," y le ofreció la… la cosa a Haruka.

En cualquier otra circunstancia, Haruka no hubiera creído posible que alguien pudiera encontrar no sólo una copia casi idéntica de la bufanda de su abuela, sino una que tuviera unas 300 veces más variedad en colores. Sin embargo, éste era Makoto, quien seguramente tenga un gorro en forma de manatí esperándolo en su armario.

"Ah…," se atrevió a mover y girar la cosa después de observarla por un rato. Sus manos estaban congelándose, pero eran lo suficientemente funcionales como para decirle que el material era mucho más suave que el de la bufanda actualmente en su cuello. Probablemente porque, a diferencia de la de su abuela, ésta no tiene unos 50 años de antigüedad. "Gracias, pero, ¿por qué…?"

"La veía todos los días cuando iba al café, en la vitrina de una tienda de ropa, y pensé, ¿por qué no?" Makoto respondió con facilidad. Haruka, involuntariamente, comenzó a estrujar la nueva bufanda.

Hace unos días pensé que no me volverías a hablar, y aquí vas, comprándome un regalo, murmuró en su mente, agobiado. Ese prácticamente era un resumen de su relación con el barista. Um, Haruka intentó razonar un contraargumento, pero se rindió prematuramente.

"¿Regalo de Navidad?" finalmente preguntó en voz alta, sin saber qué exactamente hacer con sus manos.

"Claro," Makoto sonrió, convirtiéndose en un sol dentro de la frenética avenida. "Ahora," y su sonrisa se disminuyó a una menos peligrosa, dándole un vistazo a la calle; Haru hizo un tímido intento de cambiar su bufanda por la nueva. "¿Te parece ir por nuestras últimas compras?"


Debió haber dicho que no. Pero, en ese caso, hubiera dejado que mi cerebro continuara pudriéndose hasta morir mientras intentaba no ser aplastado por la estampida de personas, Haruka analizó. La tienda se veía mucho más pequeña e inofensiva desde afuera; en el interior, era una cabina de madera, segundo hogar de abuelitas aburridas.

"No puedo creer que me estés haciendo esto," Haru se quejó con un tono casi infantil – casi -, permitiendo que Makoto lo guiara por la tienda.

Makoto, quien meramente reía ante sus palabras, lo cual probaba su presentimiento de que estaba disfrutando esto y de que lo hacía a propósito. "Confía en mí, no es tan malo como parece."

Por supuesto que lo es, Haruka dirigió una mirada seca a la espalda frente a él, y entonces se detuvieron en un rincón, justo debajo de la escalera de madera. Si esto resultaba ser exitoso, Rin le estaría en deuda de por vida.

"Realmente no creo que le vaya a gustar…," murmuró, inspeccionando los diferentes suéteres colgando a su alcance. Fue por puro instinto que empezó a buscar entre ellos. Honestamente. Instinto y un toque de desesperación.

"A todo el mundo le gustan una vez que tengan que pasar su primera noche sin calefacción," Makoto comentó, como si fuera un hecho de la vida, y Haruka se detuvo para levantar una ceja en su dirección. Sonrió, sin siquiera tener que voltear a ver a Haru. "Primer año de universidad, me acababa de mudar."

"Por supuesto," y regresó a enfocarse en los artículos de ropa.

Al cabo de un par de minutos, Haruka estaba trabajando en admitir que algunos de esos suéteres se veían bien. Los estaba poniendo en dos categorías, dependiendo si podía imaginar a Makoto usándolos o no; lo cual no era una idea muy brillante, hizo que se diera cuenta de lo bajo que estaba dispuesto a ir tan sólo por una bonita sonrisa.

Cada tanto, revisaba que Makoto estuviera cerca, para asegurarse de que no fuera a comprar la mitad de la tienda mientras no le prestaba atención. Pero Makoto se estaba comportando, tomando su sagrado tiempo para elegir el último obsequio que necesitaba para su inconcebible familia. Al menos las extravagantes prendas lo ayudaban a mantenerse distraído y no pensar en las cosas indeseables que podrían ocurrir en un lugar tan cómodo como ese, con quizá un poco más de chocolate caliente, menos gente, y más silencio.

"Oh, éste es perfecto," Makoto, eventualmente, susurró entusiasmado, mostrándole su hallazgo a Haruka. "¿Qué opinas?"

No tenía idea de cómo encontraba esas cosas, pero éste suéter era de color naranja pálido, con ojos estampados en el pecho y mangas. No era algo que Haru fuera a clasificar como perfecto, pero después recordó que Makoto, unas tiendas atrás, había estado extasiado cuando encontró uno con un enorme romboide azul en el centro.

"Se ve… bien," logró decir entre dientes. Tal reacción pareció complacer a Makoto, aun así.

Ojos azules captaron algo detrás de él, y empezó a moverse en automático. Lo vio, el regalo perfecto, allá arriba; sólo tenía que alcanzarlo. Con su baja estatura, sin embargo, esto probó ser una tarea más difícil de lo anticipado.

"¿Necesitas ayuda?" Makoto inquirió, y Haru sacudió la cabeza; se rehusaba a hacer todavía más evidente la diferencia de altura entre ellos.

Haciendo caso omiso del rechazo a su oferta, Makoto extendió un brazo y bajó el suéter en cuestión, entregándoselo a Haruka con una sonrisa. En su defensa, Haru sólo mantuvo su consecuente puchero por quince segundos y tres cuartos.

En serio esperaba que a Rin todavía le cabreara ser asemejado a los tiburones; no quería que su regalo perdiera la ironía.


El asunto de las compras terminó relativamente pronto. Una vez de vuelta en la calle, Haruka observó como uno o dos copos de nieve hacían intentos desganados de llegar a la tierra, sólo para arrepentirse y regresar al cielo. No los culpaba.

"¿Todo listo?" Haru asintió. "Bien," Makoto declaró con satisfacción. Haruka se preguntó si el más alto era físicamente capaz de cansancio. Entonces ojos verdes se posaron sobre él para darle una sonrisa, y pensó que daría lo que fuera por que Makoto fuera feliz el resto de su vida. "¿Quieres hacer algo?"

Por un instante, Haru bajó la guardia y estaba tan fuera de sí que no le importaría ir a un lugar callado y cálido donde pudieran sentarse juntos y sostenerse de las manos por un rato. Luego, la realidad cayó sobre él tan pesadamente que rompió las ventanas de su alma. "Lo que tú quieras."

Una charla, la parte racional de su cerebro dijo. Una charla estaría bien. ¿Qué hay del beso? ¿Significa que estamos juntos? ¿O pretendemos que nunca ocurrió?

Obviamente, Haru no podía preguntar eso, así de la nada. La mera idea lo lanzó de regreso al mar de nervios que había estado habitando esa mañana. No le quedaba más que esperar. Por primera vez en su vida, la posibilidad de una respuesta positiva era alta.

"Tengo hambre," Makoto reflexionó, viendo la calle extendiéndose ante sus ojos. Haruka hizo un sonido que pudo haber significado sí, igual, o bien, creo que dejé la estufa encendida. "Si preparara un almuerzo rápido, ¿considerarías acompañarme a casa?"