EDITADO 14/04/2016

Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic

Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei


AMORES CRUZADOS

Capítulo 33: La voluntad del Fuego.

.

Neji hizo una mueca de dolor cuando sintió el chakra de Ino sumergirse en lo profundo de su carne para terminar de cicatrizarla. El proceso fue rápido, y apenas hubo concluido, Neji apartó a la muchacha que lo había atendido con ímpetu.

—No deberías moverte aun.

—Hay algo que debo hacer… que solo yo puedo hacer.

No le regresó ni una sola mirada. Ino se quedó de pie observando como Neji se alejó.

Ella solo suspiró y volvió el rostro a la batalla que sostenía Deidara con Tayuya, torció los labios con disgusto. Todos necesitaban ayuda dentro de la guarida y el rubio solo se divertía. Deidara era poderoso y era tan evidente que la batalla le era tan sencilla, que solo jugaba a combatir.

'Irresponsable', pensó. Aun así, no fue capaz de reprocharle en voz alta. Solo negó con la cabeza.

—o—

Naruto corrió con gran desesperación por uno de los corredores de la guarida. Ya no tenía dirección, ni un sentido determinado a seguir, solo procuraba continuar, en un inútil intento de ignorar que ya había agotado todas sus posibilidades de encontrar a Hinata.

Una desesperación súbita le invadió el pecho y cuando quiso darse cuenta, sintió un sabor salado en los labios.

Estaba llorando.

Como un niño miedoso perdido en medio de una creciente bruma, estaba llorando cuando Hinata estaba en peligro mortal, lloraba por la impotencia, era algo…

Patético.

Se limpió la lágrima y volvió a continuar con su camino. No había tiempo para cursilerías.

Sin embargo…

Era algo que le sobrepasaba, estaba enamorado.

Idiota.

El amor espontaneo era una ridiculez con todas sus letras, no obstante él lo había experimentado, una noche en la cual una muchacha extraña le había llamado la atención. Un par de encuentros más que le habían hecho notar lo importante que se había vuelto esa criatura en su vida… y luego el todo, que hacia inevitable el hecho de que sin ella, él era nada.

Entonces lo supo. No lloró por miedo, lloró por furia, por ser débil y no poder protegerla.

Abrió una puerta más, y volvió hallar la habitación vacía. Apretó los puños y sus uñas se clavaron con ligera fuerza en su carne.

Cerró la habitación y volvió a retomar el camino hacia la nada.

—o—

No pudo moverse, lo deseó, lo quiso, pero le fue imposible.

Sasuke llegó frente a Orochimaru.

Pero Orochimaru no era la sombra del hombre y fornido rey que había sido siempre. Era ahora un ser insulso y pusilánime, no comprendió porque, pero tampoco se detendría a preguntar. Con gran velocidad sus manos armaron varios sellos y expulsó de su palma una gran ráfaga de chakra con rayos en el centro.

Era una de sus técnicas favoritas, la había aprendido hace algunos años del famoso ninja copia, Kakashi Hatake, cuando él había tomado clases privadas a petición de Orochimaru.

El millar de pájaros, mejor conocido como el Chidori.

El viejo sannin no pudo más que atravesar sus brazos por delante de él, con la intención de que la técnica no le diera de lleno, de inmediato su cuerpo comenzó a sangrar, sin embargo, y para el desconcierto de Sasuke, Orochimaru sonrió notablemente adolorido, pero lo hizo.

—Viniste… justo como lo había pensado —habló reposando en un confortable lecho.

—Estoy aquí por mi compañera y Sakura—contestó sin manifestar ninguna emoción—, pero supongo que lo sabes. Después de todo, me has estado espiando.

Caminó un par de pasos, y la mueca de Orochimaru metamorfoseó a una de puro dolor. El Chidori de Sasuke a larga distancia simulaba una espada, por ende, al aproximarse el muchacho hacia el rey, se hundía más en la carne, hiriéndola.

Orochimaru contempló como en un par de pasos los ojos negros de Sasuke transfiguraron a unos ojos rojos como la sangre, decorados con una especie de sello antiguo en el centro.

Era el sharingan.

—Insististe demasiado en mi compromiso con ella —expresó refiriéndose a Hinata—, y ahora la secuestras con una intención —ladeó la cabeza levemente—, que no comprendo. Y mucho menos entiendo lo de Sakura.

—Eso no te interesa —jadeó Orochimaru antes de desviar el Chidori por encima de su hombro, la sangre brotaba con más abundancia.

A pesar de todo Orochimaru tuvo claro que Sasuke no tenía ni la más mínima idea del embarazo de su ardorosa amante.

—Me interesa —aclaró—. Ese estúpido compromiso me ha ocasionado muchos problemas.

—Lo importante —Orochimaru tomó una bocanada de aire —es que llegaste. Significa que por el momento, podre obtener algo que quiero.

—Deja los acertijos —amenazó—. No te conviene.

—No te has preguntado Sasuke kun, ¿Por qué el tiempo no pasa por mí?

Sasuke mostró un ligero gesto de desconcierto, pero fue tan breve que pareció imaginario.

—No deparo en tonterías.

—Deberías —volvió a jadear el sannin.

Y empezó un relato entrecortado de una técnica experimental que venía probando desde hace algunos años atrás, una técnica que consistía de cambiar su alma de cuerpo, tal como servir una misma agua en diversos recipientes.

Sasuke torció los labios asqueado.

—¿Y que con ello?

Orochimaru le dirigió una mirada lacónica.

—Que tú eres el próximo cuerpo que ocupare, Sasuke kun.

En esta ocasión Sasuke abrió más los ojos. Se sorprendió, y no pudo disimularlo, sin embargo sus ojos rojos adquirieron una expresión amenazadora.

Orochimaru era el culpable de que su vida estuviera al revés. Ya quería verlo intentando tomar su cuerpo.

El cuerpo de Sasuke Uchiha.

Vaya tontería.

—o—

Naruto se sintió en medio de un sueño, solo contemplando los inmensos corredores de aquella cueva. No sentía nada, tenía la impresión de que era una marioneta controlada por algo que iba por encima de sí mismo.

Entendía. Comprendía el no localizar a Hinata en ese enorme lugar, pero no podía explicar el hecho de no haber encontrado nada más, un cómplice, cosas… algo.

Su ensimismamiento fue grande que casi choca con algo que cruzaba a gran velocidad, en ese momento se detuvo y miró que no era solo un algo, eran más bien un alguien.

—Naruto —llamó con voz profunda Itachi.

El muchacho rubio no respondió, estaba intentando asimilar todo lo que acontecía en ese momento, por sobretodo, intentaba advertir como era posible que Sakura se hallara en brazos de su compañero de armas. Todo estaba liado como una madeja de lana. Era insoportable.

—Es bueno verte —continuó Itachi al no haber recibido respuesta—. Toma a tu prima —Itachi depositó a Sakura en los brazos de Naruto—, y sácala de aquí cuanto antes.

Fue en ese momento que Naruto volvió en sí, y miró con pánico a Sakura.

—¡No puedo! —Aulló—. Debo buscar a Hinata chan —buscó de inmediato devolvérsela a Itachi, pero él retrocedió un par de pasos.

—No —murmuró.

—¡Sí!

Itachi tomó de los hombros al rubio y lo agitó.

—Vas a sacarla de aquí —ordenó el Uchiha.

—Ya dije que no —levantó la voz—. Además que hace ella aquí, no entiendo nada… yo…

—Cállate.

Naruto obedeció al vuelo, el sharingan había aparecido en los ojos de Itachi.

—Harás lo que te digo, porque es una orden de tu superior —Itachi cerró breves instantes los ojos, al abrirlos, estos habían recuperado su tono oscuro. Su expresión volvió a ser relajada, como lo era habitualmente—. Estás perdiendo el tiempo, ¿No?

Naruto no comprendió la pregunta. Itachi suspiró brevemente.

—No conoces este lugar. Yo si, por ello, el hallar a esa muchacha me será sencillo, así como fue encontrar a tu prima. Además, estoy seguro de que Neji se unirá pronto, con el byakugan seguro la encontraremos rápido.

Naruto empezó a comprender con lentitud.

—¿Qué hace Sakura chan aquí? —preguntó más tranquilo, observando el rostro de la joven que reposaba en sus brazos.

—Tiene un encargo —dijo secamente. No sabia como explicarle a Naruto lo del bebe y tanta cosa. Él no era bueno con las palabras.

—Teme bruto —pronunció Naruto para sorpresa de Itachi—, como se le ocurrió embarazar a Sakura chan.

Itachi se tranquilizó, al menos ahora no sería tan difícil explicar la situación.

—Es por eso…

—Ya entendí —rezongó Naruto, acomodando mejor a Sakura en sus brazos—. Por favor —miró a Itachi—, busca a Hinata chan —se dio vuelta—. Tu eres más inteligente que el Teme y si lo de Neji es cierto… —las palabras se atoraron en su garganta y optó por darle una mirada de soslayo a su superior—, confió en ti-

Itachi asintió ante una última mirada de Naruto, quien de inmediato se perdió en la oscuridad de la cueva.

Perfecto.

Su sobrino estaría a salvo junto con su madre. Ahora él tenía que encontrar a la otra muchacha y sacarla de ahí, luego buscar a su hermano y partirle el crisma por baka… y, antes de ello, darse tiempo para clavar su espada en Orochimaru y Kabuto, quien de seguro lo estaba ayudando.

Itachi comenzó a caminar en dirección opuesta a la que había seguido Naruto.

Todo estaba en orden. Justo como le gustaba.

Las paredes continuaban escurriendo con disgustoso sosiego agua que se filtraba de las entrañas de la montaña. Itachi no le prestaba realmente atención, simplemente continuaba con pasos lentos, intentando asimilar todo a su alrededor.

Sería el mentiroso más grande de la historia si aseveraría sin lugar a replicas que no deseaba hacer lo que estaba haciendo. Lo quería, lo deseaba… lo haría.

Jamás le había urgido tanto enterrar una espada en el pecho de alguien mientras sus pupilas se deleitaban con cierto morbo en el escurrir de la sangre.

Sus ojos brillaron extrañamente con aquella idea, el brillo se acentuó mas cuando miró a la primera víctima que perecería bajo sus penetrantes ojos.

Kabuto no disimuló su sorpresa al ver a Itachi al frente de él, con cierta torpeza acentó una caja en el suelo, de inmediato el sonido de varios vidrios chocar se expandió en el estrecho y oscuro lugar.

Los fantasmas no regresan, y sin embargo el legítimo heredero al trono del Fuego estaba ahí, parado en frente suyo.

Un leve cosquilleo le recorrió la espina dorsal como prueba fiel, de un presentimiento que anunciaba un hecho innegable.

Moriría a manos de aquel al que él y su señor le habían arrebatado todo.

No le importaba realmente, sabía que no sucumbiría en la tranquilidad de su cama, como una persona común.

Perecería en batalla.

Su vida estaba a punto de extinguirse, pero haría todo lo posible para prolongarla, así eso se redujera a unos miserables segundos.

El sharingan en los ojos de Itachi destelló como una chispa dispuesta a encender fuego en el propio infierno.

Y Kabuto, simplemente vagó en un puente irreal, camino al inframundo, donde su alma jamás tendría paz.

—o—

Ino quería hablar, pero las palabras se habían perdido en algún lugar.

Finalmente la pelirroja nombrada como 'Tayuya', yacía inconsciente en el suelo.

No inconsciente.

Repitió mentalmente.

Muerta.

Ese era el término justo.

Era una ninja medico talentosa, había aprendido personalmente ninjutsu medico con la famosa sannin Tsunade. Además, había entrenado con su padre con el propósito de no dejar en el olvido la técnica de transferencia mental, por la cual era precisamente famosa su familia, había sido preparada para ser una guerrera y sin embargo…

Sin embargo…

Ella estaba lejos de tener la sangre fría como para matar a otro ser humano.

Ahora que sus ojos aguamarina observaban aquella criatura en el suelo, sintió resquebrajarse algo dentro de ella, tembló un tanto y se dejó caer débilmente sobre sus rodillas, sus manos se asentaron en el barro húmedo del suelo y empezó a respirar con cierta dificultad.

Era cierto que aquella mujer había sido uno de los captores de Sakura, que se había mofado de ella, y aun así le era tan difícil observar aquel cuerpo inerte.

—Ino.

La voz de Deidara se escuchó lejana. Pero ella sabía que él estaba ahí, sentía la mano de él sobre su hombro.

La misma mano que había acabado con la vida de otra persona.

Por un impulso alejó de inmediato aquella mano y levantó su mirada trastornada hacia él.

Deidara curvó una ceja y arrugó la frente. Estaba desconcertado.

—¿Qué ocurre? —Preguntó él sin entender.

—La mataste.

E Ino comprendió en ese instante porque su susceptibilidad ante la muerte de esa desconocida. Era por su asesino. Era por Deidara.

En lo profundo de su consciencia entendió por qué le afectó tanto el ver como el hombre de sus sueños no vaciló en hacer lo que hizo, hirió la imagen que tenia de él.

El título de príncipe era algo más profundo, era la idealización de aquel héroe con el que sueñan muchas chiquillas a su edad.

Ante Ino, él no era príncipe por un título.

Él era un príncipe encantado, como de un cuento de hadas.

Y fue demasiado cruel y doloroso tener que aceptar que Deidara no era un príncipe azul, era un hombre con un título nobiliario y punto.

Un hombre con defectos y debilidades.

Un soldado a carta cabal.

Un artista obsesionado.

Un hombre… ahí terminaba cualquier conclusión.

Aun temblando y negándose a sujetar la mano que le extendió Deidara, se puso de pie y le miró de frente. No pudo evitar notar como el muchacho rehuyó la mirada incómodo.

Y a pesar de los defectos…

Le amaba.

Príncipe azul o hombre, le amaba, por el simple hecho de ser él.

Y no importaba si Deidara no sentía lo mismo, bastaba con lo que ella sintiera.

Dio un par de pasos y se abrazó a él, en un intento de entrar a un mundo imaginario donde sus sentimientos eran correspondidos.

Entre tantos líos y demonios internos, Ino ignoraba lo evidente.

Deidara la abrazó también, sintiéndose torpe.

Veintiún años y no tenía ni idea de cómo lidiar con el romanticismo como tal. O quizás todo fuera tan complicado por el sencillo hecho de tratarse de ella.

El arte podía comprenderlo, pero ella…

Ella era bella como su arte, no obstante…

Algo pareció romper con la calma del momento y un sonido abrupto se escuchó en los oídos del par de rubios que se separaron, tan solo para contemplar como una veloz sombra pasó por encima de sus cabezas con un cuerpo en los brazos.

Deidara e Ino olvidaron en que estaban y se apresuraron a correr en dirección de un agotado Naruto y una desvanecida Sakura.

—Frentona.

Ino se postró ante el cuerpo de su declarada rival y mejor amiga. Activó su chakra y de inmediato inicio una revisión.

—Uhm… Naruto.

El rubio menor estaba agotado, y Deidara no entendía porque. Sin duda dentro del refugio había hecho un recorrido maratónico, pero su estado le pareció exagerado.

Tambaleándose sobre sus talones, casi a punto de caer, Naruto dio vuelta en dirección al refugio y murmuro una única cosa.

Hinata chan.

Deidara por su parte lo tomó del brazo y lo giró hacia él. El rubio lo miró asombrado y comenzó a removerse nervioso.

—Deidara, ¡Suéltame ´ttebayo!

—No, uhm. No estás bien.

—¡Hinata chan me necesita!

La mujer que amaba su hermano lo necesitaba. Deidara podía comprenderlo, sin embargo había algo que él priorizaba.

Y eso era a Naruto.

Lo intuía, lo veía, lo sentía, Naruto no estaba bien, y por mucho aprecio que le había agarrado a la chiquilla, estaba por encima la salud de su hermano.

Fue en minutos breves, inexistentes realmente, antes de que Naruto dejara de forcejear y tuviera que apoyarse en el brazo de su hermano.

Se sentía débil, y realmente no lo entendía.

—Ella me necesita —Deidara hizo una mueca y posó su mano en el hombro de su hermano menor—, yo debo…

Era él hermano mayor, como tal tenia autoridad, no iba a ceder, sabía que no debía hacerlo.

—No, Naruto.

El aludido soltó el brazo de su hermano y se apoyó de espaldas contra un árbol, fue descendiendo lentamente hasta quedar sentado en el suelo.

No tenía fuerzas, no comprendía nada.

Deidara observó de inmediato como Naruto perdió la consciencia.

Genjutsu.

Eso era.

En ese instante no supo si debía en un futuro agradecerle o reclamarle a Itachi.

Quizás lo primero era lo apropiado…

Dando paso a su egoísmo, debía admitir que su hermano estaba bien, y que seguiría así mientras se hallara a su lado, él le protegería, por otro lado Hinata…

Hinata no era nada suyo.

No le incumbía.

Quitó el sombrero de la cabeza de Naruto y le abrió un poco la capa. Su hermano pequeño necesitaba descansar.

Un pequeño tubo de metal rodó hacia Deidara, intentó encontrarle la dirección pero no la halló, abrió el tubo y sacó el mensaje.

.

Madara sama envió un halcón, me voy. Enviare noticias pronto.

Por cierto, ya termine con el tal Sakon, yace en medio del abrazo mortífero de una de mis marionetas.

Sasori.

.

Sasori era una sombra, se escurría letal y sigilosamente. Sabía que no iría hasta la central, pero si se alejaría un tanto para tener una comunicación fluida. Su ex maestro, era un verdadero genio. Deidara hizo una mueca y continuó con el tubo y el mensaje entre los dedos. Tenía una corazonada extraña.

El fin se aproximaba. Lo sabía.

—o—

Observó sin emoción alguna suscitarse los hechos a su alrededor. Como si un hecho contara el ver el constante flamear de una vela.

Madara volvió a exhalar profundamente, lo que sentía en esos momentos era algo que venía presintiendo.

Todo debía tener un fin, aun si aquello desviaba su concepto a la evolución… la noche, terminaba al amanecer, la oruga se transformaba en mariposa, todos los días los árboles se secaban, todos los días los hombres morían.

La existencia era irónica.

Había vivido persiguiendo un ideal, y le sorprendía en cierto modo saber que todo se extinguiría de un modo tan breve. Hubiera deseado ver muchas cosas, sobretodo sus triunfos, la puerta de la revolución que con tanto esfuerzo había abierto.

Y ahora eso, parecía desvanecerse.

—Madara sama.

Konan abrió con cierta dificultad la puerta del cuarto del líder de Akatsuki, mientras luchó para evitar que algunos medicamentos y un vaso con agua, cayeran de la bandeja que sostenía.

—Llévate eso.

Dijo el hombre mirando en dirección contraria a ella. Konan miró al suelo y lo contradijo de inmediato.

—Lo necesita, usted no está bien.

—Precisamente —en medio de un manto vaporoso encontró sus ojos oscuros, con la mirada fuerte de la joven que había reclutado varios años atrás—. No quiero pelear una guerra que perderé.

—Es verdad que hay muchos problemas —Konan asentó la bandeja a lado de la vela y comenzó a manipular los medicamentos—, precisamente por ello debería… —sintió que su vocabulario se redujo de repente —luchar. Itachi y Sasuke, no es tan preparados, ya vio lo que hizo el menor fue…

—Konan.

Interrumpió con voz profunda. Ella regresó la mirada, no consideraba a su líder como el 'mejor' tipo del mundo, estaba lejos de tenerle un aprecio verdadero, pero le admiraba y le respetaba por ello. Además, servirle como una pieza de ajedrez en su juego era su razón de existir.

Pero ahora que aquella bomba de tiempo había explotado, no sabía qué hacer.

—Señor…

—Lárgate —los ojos de la mujer se tiñeron de indignación y meneó la cabeza confusa—. Lárgate con Yahiko. Ve a vivir lejos. Continúa haciendo tus juguetes de papel, pero no para combatir. Ten diez hijos —Madara tuvo que interrumpirse con el propósito de exhalar algo de aire—. Olvida a Akatsuki e inicia una vida nueva. Haz lo que te he dicho en este mismo momento y no me rezongues.

—¡Usted está mal! ¡No puedo…!

—¡Es la última orden que te daré!

Levantó la voz Madara y se colocó frente a ella, sus ojos lagrimeaban, Konan comprendió que finalmente su líder estaba pagando el precio del Mangekyo Sharingan Eterno. Dicha técnica de eterna, solo tenía el nombre. Se calló.

—Sabes perfectamente que no hay nada más que hacer —continuó él.

Konan en esa ocasión no dijo nada, dejo un frasquito ennegrecido que sostenía sobre la mesa y comenzó a caminar en dirección a la puerta, cuando sus finos dedos alcanzaron el mango, ella volteó a verlo por encima del hombro.

Todo había terminado. Y ella seria finalmente lo que había querido ser.

Simplemente Konan.

—Gracias. Y hasta siempre.

Madara creyó ver un brillo de vivacidad en los ojos de su discípula, y eso fue suficiente para hacer que el día mejorara.

Con pasos lentos, propios de la edad que llevaba a cuestas, se tendió sobre la cama en la que había reposado por varios años.

Era curioso creer que una vez que cerrara los ojos, ya no los volvería abrir.

Después de mucho tiempo, en la soledad de aquel lugar, se permitió una sonrisa sincera.

Había construido el mundo que merecían los Uchiha, había impartido justicia a diestra y siniestra, había manejado a seres humanos como piezas de ajedrez, o como simples fichas de batalla en pro de sus intereses, y aunque desgraciadamente no vería los frutos de toda aquella revolución, estaba contento.

Su legado había sido heredado a dignos descendientes con sangre de fuego.

Su legado…

El legado de Madara Uchiha.

El rey ensombreció sus rasgos y repaso brevemente su vida. El día en que murió su hermano Izuna, como de inmediato tomo los ojos de aquel. El reinado de Fugaku, y finalmente Itachi y Sasuke.

Sasuke no era más que una mala versión de Itachi, le tenía cierta lastima de hecho, porque Sasuke no podía entender que él era él, e Itachi era Itachi, pasaba siempre haciendo inútiles intentos de imitar a su hermano mayor. Al final, las cosas habían caído por su propio peso y la diferencia primordial era aquella criatura que reposaba en el vientre de una muchacha que no tenía nada especial.

Diferencias…

Pensó con cierto sarcasmo. A Sasuke no le había importado en lo más mínimo entrometerse con una adolescente que tachaba a lo común, fuera del título de condesa y su extraño cabello color rosa.

Mientras sabía que Itachi siempre escogía a las mujeres por un algo especial.

Bellas, con Kekke Genkais, o simplemente algo digno de la estirpe de un rey.

Itachi reunía todos los requisitos para ser un rey más competente que Sasuke.

Sasuke era demasiado joven e inestable, y aun con un carácter tan hosco, había demostrado no pensar lo suficiente con la cabeza fría. A veces una inteligencia magna se ve opacada por los impulsos. Y ese era el caso del menor.

Itachi difería. Si bien a primera vista podían parecerse demasiado, tal como las huellas digitales entre una y otra persona, en el fondo tenían diferencias insalvables.

Itachi había crecido con más presiones que Sasuke, asumiendo deberes que no le incumbían a su edad, y a pesar de todo había conseguido destacar en todos los ámbitos y ser un príncipe con más popularidad que su padre, que Madara y que Izuna, en sus respectivos tiempos.

Calculador, centrado, frio y talentoso.

No era el príncipe perfecto, pero era el prototipo de príncipe ideal.

La voluntad del fuego, cuando todo acabara, recaería en hombros de Itachi. Finalmente Sasuke dejaría de lidiar con cosas que no le competían, y él podría descansar en paz.

Madara cerró los ojos.

Después de mucho tiempo las cosas estaban como debían estar.

La voluntad del Fuego… en hombros de Itachi.

Perfecto.

—o—

Sus ojos se entornaron sobre el gran corte que atravesaba la sección izquierda de su vientre. La sangre aparecía a borbotones.

Con dificultad, demasiada cabe recalcar, alcanzó a esquivar un nuevo ataque de la enorme serpiente en la que se había transformado su tutor, aun así, y pese a la vista nublada se mantenía en pie, estaba debilitándose, era muy cierto, pero él era Sasuke Uchiha, Príncipe del Fuego y no había de mostrarse débil frente aquella repugnante criatura.

La habilidad natural le permitió continuar así por varios minutos, inclusive fue capaz de realizar el Chidori, pero la sangre perdida comenzó a cobrar factura y trastabilló en el suelo, cayendo de manera poco elegante, muy al contrario de lo que era él.

—Eres mío, Sasuke kun.

Pronunció con fingida voz melosa Orochimaru, mientras se aproximaba velozmente al muchacho que estaba en el suelo.

Sasuke no tenía la energía suficiente para ponerse de pie, y aun cuando el pulso se le aceleró por las circunstancias, su mirada continuó impasible en medio del rojo de la sangre.

Era un Uchiha, y como tal, aun si había de morir, lo haría con la cabeza en alto. No mostraría ninguna debilidad, aunque estuviera al borde de un colapso.

Instintivamente, propio de la debilidad, cerró los ojos desactivando el jutsu, cuando su fría mirada oscura se levantó de nuevo, vio a una enorme criatura similar a un samurái con armadura. Era demasiado grande para ser un humano, y el aura que lo rodeaba… no era normal.

—Sasuke.

El aludido tomó la mano que le ofreció su hermano, sorprendiéndose al mirarse dentro de aquel extraño jutsu.

—¿Qué… es esto? —Jadeó apoyándose en Itachi.

—El Susanoo —contestó de modo natural, mientras sostenía a su hermano menor—, es un jutsu que crea un humanoide espiritual. He pasado meses intentándolo perfeccionar, hoy he llegado al tercer nivel.

Sasuke asimiló la información con cierta dificultad, mientras en sus ojos brilló de nuevo el sharingan, que se enfocó en los objetos que portaba el gran espíritu.

—¿Un espejo?

Recitó vagamente al mirar la mano izquierda del enorme jutsu.

—Sí —explicó Itachi—, es Yata no Kagami, el espejo sagrado, había aparecido antes.

—Lo que sostiene en la mano derecha es una espada.

En esta ocasión no preguntó, afirmó los hechos.

—Es Totsuka, apareció hoy.

Y Sasuke comprendió instantáneamente que Itachi era el portador elegido por la espada.

El único digno de ser rey.

—Itachi kun, ¿vivo?

Orochimaru se inmiscuyó en la conversación de los dos hermanos e Itachi le regresó una mirada fría, su rostro permanecía serio y de sus labios no se expulsó ninguna frase.

—Mejor aún.

Volvió a hablar la enorme serpiente, y en un breve instante, los tres estuvieron en otro lugar, que daba la impresión de ser una habitación sin fin, con un piso lleno de una resbalosa y espumosa sustancia. Sasuke hizo un mohín de disgusto, y apretó con fuerza el brazo de su hermano para no caer, todo estaba escurridizo.

—¿Qué es este lugar?

—Una dimensión dentro de mi cuerpo —contestó con petulancia Orochimaru a la pregunta de Itachi—, aquí tendrá lugar el ritual de transferencia. Sasuke kun, suelta a Itachi kun para que podamos empezar.

Sasuke no soltó a Itachi, fue el propio aludido quien apartó a su hermano de sí.

—Quédate ahí —ordenó el mayor. Sasuke se sintió frustrado, él también quería pelear.

Aquella sustancia viscosa empezó a enrollarse en los tobillos de Itachi, pero él no se inmuto, solo fijó la vista en el sannin. El espejo y la espada seguían brillando en aquel lugar.

Orochimaru vivía un sueño. Siempre había deseado el cuerpo de Itachi desde que empezó con los jutsus de transferencia, pero todo se había frustrado.

En la ceremonia de coronación del muchacho, había planificado todo para darle un medicamento especial que lo pondría en un estado de catalepsia, y así, teniéndolo en la inconciencia, hacerse de su cuerpo.

Todo quedó en el olvido, con las manos de Akatsuki metidas ahí, él no había podido hacerlo, tuvo que pasarse a un cuerpo de emergencia, y esperar pacientemente a que el jutsu terminara con su efecto y a que Sasuke se desarrollara en algo.

Pero Itachi estaba ahí, vivo, con aquellos ojos hermosos que reflejaban un desarrollo del sharingan a maravilla.

Su deseo estaba a punto de realizarse, obtener el cuerpo del heredero…

En cuanto a Sasuke, inconscientemente la sustancia viscosa empezó a subir por las piernas del menor, que miró de soslayo el hecho, pero regresó la vista hacia el que había sido su maestro.

Estaba débil, demasiado, pero no bajaría la mirada.

Si había de morir, lo haría como un verdadero Uchiha.

El momento era delicioso, dos pares de magníficos ojos frente a él. Se sintió como un chiquillo en una dulcería.

Se lanzó de inmediato hacia los dos hermanos que lo miraban con gélida presunción. Cualquiera de los dos serviría, pero quizás Itachi fuera mejor, era mayor, más maduro, y sus ojos habían visto mucho más que los de Sasuke.

Sasuke apretó los puños inconscientemente con la cercanía, Itachi hizo lo mismo, a excepción de una cosa, avanzó un paso.

La mano derecha del Susanoo se levantó en el aire y se dirigió a un entusiasmado Orochimaru que avanzaba deprisa.

Pero Orochimaru se detuvo, apenas la espada rozó su pecho antes de clavarse enteramente en él. Era una sensación horrenda, quemaba mucho, cada célula de su cuerpo empezó arderle.

Sasuke notó que no había sido el Susanoo, quien había enterrado la espada en el pecho de su maestro, había sido el propio Itachi.

Desapareció el asqueroso lugar y su propietario junto con él.

Cuando Sasuke se dio cuenta estaban en la cueva de nuevo, finalmente y sintiéndose a salvo, se desplomó en el suelo. Su cuerpo había alcanzado su límite.

Itachi avanzó hasta Sasuke, y lo sujetó contra si mientras del techo de la húmeda caverna empezaron a caer piedrecillas.

El lugar iba a derrumbarse.

—Descansa.

Cargó a su hermano sobre su espalda, como cuando este era un niño. Pero esos tiempos quedaban lejanos, Sasuke había demostrado con creces que había madurado, había peleado la mejor batalla de su vida.

Con su hermano a cuestas Itachi salió del lugar con presteza.

—o—

Tenía prisa, mucha prisa. Había hecho una carrera olímpica.

Una roca se precipito sobre él, sin embargo fue capaz de esquivarla por sus grandiosos ojos.

Miró detrás de él. El lugar se iba a resquebrajar como un delicado vidrio.

Regresó la mirada hacia la persona que llevaba.

—Estaremos bien, Hinata sama.

Prometió Neji a la inconsciente muchacha que cargaba en los brazos.

CONTINUARA…


Notas de la autora (ORIGINALES):

Ohayo…

Bien, antes de que alguien pregunte porque actualización hoy y no ayer, es porque aunque llegaron más de cinco reviews, no hubieron cinco personas que me lo pidieran, así que no se me quejen.

Otra razón por la que actualizo en este día tan atípico, es porque el fin de semana voy de paseo… ideas de mi señora Madre, soy su adoración de cierta forma, así que para no quedar mal, pongo a su disposición este episodio, además, esta larguito, ni para quejarse.

Por cierto, no sé si recuerdan que estoy participando de nuevo en el concurso de fics minakushi, y que si votan por mí, me harían muy, pero muy feliz, y si comentan el fic del concurso, también.

El concurso es: "¡Aventuras Sobrenaturales!" del foro "MinaKushi; ¡Irresistiblemente naranja! Y participo con el fic Princeps inferni.

El link de la cuenta donde estará el poll de la encuesta, lo podrán encontrar en mi perfil, y los votos se receptaran durante el periodo del 27 de agosto al 05 de septiembre, así que no se olviden de votar por mí.

En cuanto a la actualización, llueva, truene o relampaguee, la tendrán entre el miércoles o el viernes de la próxima semana, solo que si aun ando de parranda, no prometo responder los reviews… pero lo hare luego, lo juro.

Y gracias mil veces por los reviews, y por tener paciencia con toda esta sarta de extravagancias que leen…

Besos ^^

PD. Dejen reviews para ser acreedores a peluches en forma de Kyuubi… xD

Ja ne.


Notas de la autora (ACTUALES):

Hola, a todos y todas quienes leen el fic este 2016. Solo deseo recordar una vez más, que este fic es viejisimo, que por circunstancias que no traere a colación aquí, fue borrado a partir del capítulo 16 hasta el final, y que decidí subirlo completo de nuevo, porque era una descortecia muy grande de mi parte no tenerlo terminado, cuando muchas personas querían saber su final.

Es necesario aclarar entonces que las "Notas de la autora (ORIGINALES)", corresponden a lo que escribí para los lectores en la fecha que se publicó, mientras las "Notas de la autora (ACTUALES)" corresponden a ciertas aclaraciones que necesito hacer actualmente en algunos capítulos, como este precisamente.

Gracias.

Aredhiel. 14/abril/2016.