Nota de Autor: Sólo para aclarar: los capítulos 6-8 transcurren durante el 23 de diciembre. Por ahí dije que la exhibición de cajas musicales era ese día, pero nada más lo repito por si a alguien le pasó por desapercibido c:

(Escribir un capítulo cada semana es difícil cuando estás moviéndote de hotel en hotel. No sé cómo, pero logré terminarlo.. el jueves a las 12 de la noche ahahahahaahahaahahahah)

En fin. ¡Gracias por todos sus comentarios! Espero que éste capítulo también les guste~


Noches y Playlists

Fue idea de Makoto ver caricaturas por un rato, por lo menos hasta que el cielo se oscureciera lo suficiente para ver las luces de la ciudad - o hasta que KitKat demandara su paseo nocturno. Haruka no tenía nada en contra del plan, y es así que terminó con el gato entre sus brazos mientras Makoto acomodaba el sofá y la mesa de centro, de manera que ambos se sintieran cómodos usando la laptop.

Tenía una sensación de ligereza en su pecho, que había estado flotando sobre su corazón desde el momento en que aceptó quedarse. Era una esperanza constante. Quizá todo va a estar bien. Quizá hasta me divierta, y eso era lo que Haru cantaba en su mente, acariciando a KitKat con largos, cuidadosos trazos. Estaba ronroneando tan ruidosamente que ya ni siquiera podía escuchar sus propios latidos.

"Sabes, cuando la adopté, era tan pequeña. Bueno, todavía lo es, de cierta forma," Makoto relató a la vez que colocaba unas almohaditas de colores en los extremos del sillón.

Haruka arriesgó una mirada a KitKat, quien lo veía como si retándolo a decir que no era la cosa más diminuta que haya tocado en su vida.

"Sólo llevaba unos seis meses viviendo aquí cuando la encontré en una van de control animal." Terminando, Makoto enderezó la espalda y se acercó a ellos para unirse a la fiesta de mimos. "Nadie pensó que mi princesa se pondría tan bonita," arrulló, antes de levantar la mirada hacia Haru. "Ya puedes sentarte, por cierto."

"Pensé que era mayor," Haruka remarcó, sentándose en posición de loto sobre el sofá sin soltarla; se sentía algo orgulloso de éste logro.

"Oh, no. Todavía es una niña, así que podrás entender los berrinches," Makoto dijo desde la mesa de la cocina, en dónde estaba ocupado preparando chocolate caliente instantáneo. A Haruka le pareció que lo consentían más durante estas visitas que en cualquier otro momento de sus 20 años de vida. KitKat se acurrucó más en él, probando su punto.


En retrospectiva, todo fue absolutamente perfecto, viendo diferentes episodios de caricaturas que solían ver cuando eran niños. Por algún motivo, Makoto encontraba Shin Chan hilarante. Por su parte, a Haruka, en algún momento, le había gustado Detective Conan. Lograron estar de acuerdo con Doraemon, al cual ambos, indiscutiblemente, amaban.

"Adivina quién quería ser el próximo David Bowman cuando tenía diez años," Makoto dijo, cuando se encontraron hablando del espacio.

Haruka rio; no podía evitarlo. "¡No, eso es horrible!"

"Debatible," Makoto reprendió, pero estaba riendo también, columpiando a KitKat en sus piernas; había abandonado a Haru por manos con más experiencia. "Se veía tan asombroso, todo ese conocimiento…"

"Creí que lo decías por la nave espacial," Haruka sonrió levemente, jugando con su taza de chocolate caliente. "¿No hubiera sido muy solitario?"

"Ah, hay mucha gente solitaria en el mundo. Sólo tomé el conocimiento y falta de una manifestación corporal como un bonus," Makoto explicó, una sonrisa aun aparente en su voz. Parecía envolver algunas partes incómodas en el alma de Haru.

"Me solían gustar los libros de ciencia ficción, hace tiempo," dijo en lugar de darse gusto en dicha sensación. "Encontré toda la serie de Odisea Espacial en el estudio de mi papá, y recuerdo disfrutarlos. Me hizo pensar en lo vasto que es el universo, y extrañamente eso me tranquilizaba."

Era una idea graciosa, siendo que a veces el mundo se sentía demasiado grande para Haruka, y él tenía un mundo propio tan pequeño. Suponía que era cuestión de proporción.

"Últimamente no he pensado mucho en eso, pero recordarlo me ayuda a dejar de preocuparme y calmarme un poco. Somos cosas tan insignificantes…," se detuvo, rastro de vergüenza tatuado en su rostro. "Quiero decir, ser tan pequeño puede hacer que te olvides de tu propia existencia. Me sonó a que David ya no tenía eso. Y, no sé, me pareció algo triste."

Makoto lo reflexionó, mirada fija en un punto en el espacio. "Hay cierto consuelo en el abismo. Resiste al cambio, para empezar." Hizo una pausa, durante la cual KitKat encontró su oportunidad para estirarse mejor en sus piernas. "Entonces, el Planetario…"

"—me gustó," Haruka dijo antes de que Makoto pudiera continuar, sólo un toque demasiado rápido. Sip, eso lo cubrió bastante bien, su mente murmuró.

"Es un alivio," Makoto suspiró felizmente e hizo un intento – muy despreocupado, nada sutil, pero exitoso – de sentarse más cerca de Haru, con gato y todo.

Haruka lo vio, y odió que lo primero que le vino a la cabeza fue si era inmoral besar a alguien en frente de su gato. Después invirtió sus esfuerzos en decidir si quería quedarse así, próximos, pero sin tocarse, o si era mejor acercarse tantito más y recostarse sobre el hombro de Makoto.

KitKat se ve cómoda, ahí tirada, encontró una excusa para mantenerse firme, al final. No me gustaría molestarla, continuó, pero, aun así, colocó su mano en el espacio entre ellos y esperó.

Le fue de maravilla, también, porque Makoto simplemente reacomodó a KitKat en su regazo, para liberar su mano, y gentilmente la deslizó sobre la de Haru. Y eso, de alguna manera, fue suficiente.


Si Haruka había estado remotamente impresionado por la calma que inundaba el lugar, una vez que KitKat despertó, el apartamento pareció volver a la vida. Haru estaba pasando un buen rato, sólo inspeccionando los libreros de Makoto – inesperadamente llenos de literatura del Siglo XX -, cuando KitKat saltó sobre la silla de escritorio y, de ahí, a la cima de uno de los estantes, deliberadamente tirando una figura de reno al piso. Afortunadamente, no se rompió.

"Ven, baja," Haruka intentó susurrar con autoridad, y fue colosalmente ignorado. No era lo suficientemente alto como para tomarla en sus brazos sin tirar unos cuantos libros en el proceso. "Ven aquí…"

"Bajará en cuanto encienda las luces," Makoto dijo, volviendo a colgar las decoraciones del árbol que habían caído a causa de KitKat. Volteó a ver la ventana y sonrió. "Ya está oscuro. ¿Quieres ir a ver la ciudad?"

Sorprendido, Haru siguió su mirada y vio que la noche invernal ya había cubierto Tokio. Fue un recordatorio pasajero de la realidad, pero todavía sentía que había pasado mucho/poco tiempo desde la mañana. El mero pensamiento de que hace sólo unas horas estaba congelándose en las calles del distrito de Odaiba fue casi suficiente para lanzarlo en un océano de completo cansancio. Intentó ignorarlo.

Un par de suaves pantuflas fueron puestas frente a él, y antes de que Haruka entendiera lo que estaba pasando, Makoto ya lo estaba ayudando a bajar las mangas de su combo camisa-suéter. Haruka hubiera protestado si no encontrara el acto adorable. Además, Makoto se veía complacido de que su suéter envolviera por completo las palmas de sus manos.

Haru no tenía nada con lo cual ocuparse; Makoto estaba usando su suéter a la perfección. "¿No vas a sacar a KitKat en su paseo nocturno?"

Tenía un sabor agridulce, el hablar de KitKat cada vez que se sintiera emocionalmente incapacitado. Haruka estaba sintiéndose cada vez más como una persona de gatos.

"Decidimos que no," Makoto se puso sus propias pantuflas y abrió la puerta del balcón.

Justo después de él, Haruka dio un paso afuera y encontró la inmediata necesidad de sostenerse de la baranda. No es que tuviera un problema con las alturas, sino que era el único lugar donde podía poner las manos. Nadie se molestaba en hacer balcones más grandes que un florero, al parecer.

No obstante, el centro de la ciudad estaba a sólo un par de estaciones subterráneas de distancia, y las principales calles comerciales, con sus luces y decoraciones navideñas, podían ser vistas entre parches de edificios vagamente iluminados.

"Mira, allá está el centro comercial," Makoto apuntó únicamente con los ojos, sus manos también aferrándose a la fría baranda de metal.

Era un gigantesco edificio coronado con luces amarillas y Haruka, una vez más, encontró difícil de creer que estuvo allá esa mañana, pudriéndose de preocupación. Makoto redirigió su mirada a la Estación Central, a dónde Haru iba de vez en cuando para visitar el campo y obtener su dosis compulsiva de terror y agotamiento. Después le mostró unos cuantos museos y, con un poco de dificultad, una angosta calle donde, Makoto aseguraba, residían las mejores tartas de frambuesas del mundo.

"Y ahí está el Planetario." El domo parecía brillar azul desde el interior, mientras que las paredes externas del Museo de Astronomía despampanaban de blanco. Si Haru forzaba la vista, casi podía ver las sombras de los planetas colgados. "El Acuario está del otro lado," Makoto agregó, escuchándose afligido.

Haruka se mantuvo en silencio por un rato más, buscando. "Ese es el Museo de Arte…," dijo quedamente, no apuntando con más que su mirada al edificio gris. Deberíamos ir, un día de estos, pensó, pero optó por no decirlo en voz alta. Una idea llegó a su mente y una cara casi se parte en una sonrisa. "No me digas. También eres gran admirador de Picasso y conoces todas sus pinturas y su biografía entera, ¿verdad?"

Ante esto, Makoto agachó la cabeza, intentando en vano esconder su sonrisa. "Prefiero a Jean Metzinger, de hecho."

"Por supuesto," Haruka murmuró, agraciado, ligeramente consciente de sus manos congelándose contra el fierro. "Hay que ir, algún día," dijo, con más confianza de la que esperaba. Estaba orgulloso de sí mismo.

"Mhm," fue la respuesta de Makoto, y cuando Haruka volteó a verlo, ojos verdes hicieron contacto con los suyos. "¿Tienes frío?" preguntó, temblando a la mitad de su oración.

"S-sí," Haruka admitió, sonriendo, desviando la mirada. Sus dedos dolían. "Pero todavía no quiero entrar…"

Había algo especial, en ver las calles desde un lugar tan alto, llenas de las personas que normalmente hacen que uno mismo se sienta tan pequeño.


Una vez que regresaron al apartamento, el cálido aire parecía casi surreal, y KitKat expresó su disgusto por el frío emanando de su ropa. "Quiero probar las luces, del árbol," Makoto dijo cuándo Haru estaba a mitad del cuarto. "Cambié algunas. ¿Puedo?"

Haruka le dio una mirada confusa y se encogió de hombros. "Si quieres."

En cuanto lo dijo, las luces de techo fueron apagadas y, por un momento, la única luz en la habitación provenía de la luna y de la ciudad brillando detrás de Makoto. Después, diminutos focos de colores comenzaron un lento proceso de encenderse a través del apartamento.

Como si pensara que estar cerca de ellas causaría que dejaran de funcionar, Haru regresó al lado de Makoto. Makoto, quién, en medio del centelleante espectáculo de luces, le estaba sonriendo infantilmente. Haruka sintió su corazón latir con más fuerza y sus mejillas estirarse en una sonrisa; hizo que olvidara que sus manos estaban congelándose y las levantó hacia su rostro y se acercó.

Makoto lo besó como si lo conociera desde hace millones de años. Haruka, generalmente, sólo trataba de mantener su mente despejada durante el evento; no le estaba yendo muy bien.

Sus manos temblaban, y tenía miedo de que quizá estuvieran demasiado frías, de que quizá no eran bienvenidas. Tenía una sensación en su pecho, que no lo dejaba respirar. Sus labios estaban quebrados. Y entonces sintió manos sobre su cintura, subiendo lentamente por su espalda, y exhaló por la nariz, temblorosamente dejándose caer en aquel abismo.

Tal vez no era mucho, pero se sentía seguro, querido.

Era mejor ahora, Haruka advirtió, con sus manos libres para recorrer mechones de cabello y con los brazos de Makoto sosteniéndolo cerca, con sólo cálidas prendas entre ellos y sin necesidad alguna de escapar.

Era una maravilla como Makoto se detuvo para respirar al mismo tiempo que él, y que no sabían quién fue el primeo en reiniciar el beso. Era increíble, el sentir sus labios volverse más suaves bajo su toque, el saber que todo lo que tocaba era parte de la persona a la que estaba besando. Tenuemente, Haruka decidió que tenía un lugar especial en su corazón para las pequeñas risas que escuchaba cada vez que sus movimientos se tornaban algo torpes.

Cuando se separaron, fue mucho más fácil que la primera vez, y Haruka notó, en medio de su bruma mental, que sus manos ya no estaban temblando. "Um," especificó, regresándolas a sus lados.

"A-ah, sí," Makoto contestó, sin aliento, y alejó sus manos de la espalda de Haruka.

No se movieron, y Makoto lo observaba con calma, con afecto, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Después, en un segundo, pareció volverse a animar.

"Voy a hacernos algo. Puede que nos dé un resfriado por estar afuera tanto tiempo," se dio la vuelta para poner agua a calentar en cuanto terminó de hablar.

"Está bien," Haruka pestañeó. "Pero yo lavo las tazas," murmuró, siguiendo a Makoto en la cocina, tomando las tazas de sus manos. No hubo mucha resistencia por parte del más alto, esta vez.

Seguir y ver qué pasa, su mente concedió a sí misma.


Dejar a KitKat sin su caminata probó tener sus consecuencias. Así que, para cuando Haruka pensó que estaría viajando por el país de los sueños en el lavamanos – y es que tuvo un encuentro traumatizante con ella en el baño, cuando no esperó verla en el espejo -, ahí estaba ella, produciendo varios sonidos y miradas, pidiendo atención y juegos.

Al final, las campanas de Makoto encontraron un propósito noble, siendo que parecía que Makoto nunca tuvo la intención de colgarlas alrededor del cuello de KitKat. Haru pasó un cuarto de hora viéndolos a los dos – humano y gato – sentados en la alfombra, empujando las coloridas campanas de uno al otro antes de decidir hacer algo productivo. Sólo intercambiaron unas cuantas palabras antes de tomar la laptop de Makoto y sentarse en la cama con la computadora sobre sus piernas.

Le tomó un rato a Haru darse cuenta que sentarse en la cama de alguien más no era algo que hiciera regularmente – es decir, nunca – pero para entonces ya no tenía una buena excusa, para sí mismo o cualquier otro espectador, para moverse al sofá. Además, la cama era mucho más suave que la suya, encontrando comodidad en ella peligrosamente rápido. Sin mencionar el bono de que las sábanas de Makoto tenían un estampado de varios animales marinos.

"Acabo de recordar, tengo algo que mostrarte," Makoto dijo, sonriendo a la vez que lanzaba dos campanas esféricas hacia KitKat, quien quedó desconcertada, dejando dos patas en el aire, no sabiendo cuál tocar primero.

Huh, imagina eso, Haruka le dio un vistazo curioso al felino y discretamente abrió un nuevo playlist en el iTunes de Makoto. "¿Qué es?" preguntó, una vez que estuviera seguro que no tenía que moverse.

"Ah, es…," pausó para empujar una campana verde más lejos. Los ojos de Haru vagaron de ellos a la pantalla y rápidamente agregó un par de canciones al principio de la lista. "Algo que encontré hace poco. Son muy lindos, quería que fueran una sorpresa." Levantó la mirada para darle una sonrisa tímida, la cual Haru regresó mientras añadía Preludio Suite No. 1 de Bach.

Permitiéndose no ser del todo imparcial, Haru procedió a poner Cello Concerto No. 1 de Saint-Saëns, seguido de La Battaglia, de Biber, en lo que Makoto buscaba algo en la cocina. Ojeando el reloj, Haruka se dio cuenta de que ya casi era medianoche.

Una chispa de alarma nació en su estómago al ver que había perdido el rastro del tiempo, pero desapareció en un segundo. Era difícil entrar en pánico cuando Makoto había insistido en prestarle un par de pijamas que eran unas tres tallas demasiado grandes para él. Por lo tanto, se enfocó en lo que realmente era relevante acerca de la hora. Pronto tendré que darle su regalo. Dándole casualmente un vistazo, Haruka agregó Canción a la Luna de Dvorak.

"Ok, aquí está," Makoto se acercó a la cama momentos después, con una caja negra en sus manos. Miró las piernas cruzadas de Haru y al vasto espacio vacío a su lado, y levantó las cejas. "¿Puedo?"

Haruka frunció, como para mostrarle lo ridículo que era pedir permiso para sentarse en su propia cama, y acercó la laptop a su pecho. Todavía no estaba listo. "Claro," respondió, por el bien de la formalidad.

La cama rebotó un poco con la emoción de Makoto. "Mira," dijo, y, una vez que Haru pudo confirmar que no podría espiar su playlist, lo hizo. "Me parecieron realmente bonitas, así que compré dos cajas," Makoto explicó mientras Haruka observaba las rendiciones de los planetas enmarcadas por plástico negro. La inscripción en la caja le indicaba que estaban hechas de chocolate, aunque no podía pensar en una explicación. Se preguntó quién tendría el corazón para comérselas. "Esta es para ti," Makoto continuó.

"Ah, no," Haruka dijo por instinto, alzando la mirada para ver a Makoto con una expresión desconfiada. Regresó a la caja. "No tenías que comprarme nada."

"Lo sé," Makoto sonrió y cerró la caja. Haruka en serio pesó que tomaría la caja y la volvería a guardar, pero, en lugar de eso, la puso en su regazo, a un lado de la laptop "Pero quería darte algo. Feliz Navidad, Haru."


"No está envuelto," fue la cosa más casual que se le ocurrió decir a Haruka, cuando le entregó su regalo a Makoto, quien estaba acomodando la cama. "No sé tu opinión del papel de regalo."

"¿Mi opinión del papel de regalo?" Makoto pareció tragarse una risa con la ayuda de una ceja levantada.

Dejó que la sábana marina cayera de vuelta al colchón para tomar la caja musical. Se veía mucho más pequeña de lo que Haruka recordaba. Intentó no sentirse avergonzado.

"Oh," Makoto dijo una vez que le dio un buen vistazo a su regalo, y puede que Haruka guardara la respiración por un momento.

Estaba descalzo en la alfombra naranja de Makoto, en medio de su casa, a medianoche. Seguramente las cosas no podían ir tan mal.

"Vaya, es increíble," continuó, una afirmación dicha tan suavemente que no parecía ir dirigida a él. Makoto le dio vuelta a la llave y escuchó atentamente a las notas. "Oh," dijo, de nuevo, a nada en particular, y luego volteó a ver a Haruka y sonrió, un sonrojo en sus mejillas. A Haru no le parecía que su regalo microscópico fuera merecedor de tanta admiración. "¿Puedo besarte?"

Una pausa. Haruka enterró sus pies en la alfombra. "Sí," dijo, esperando que no fuera una pregunta retórica. Probablemente no lo era, siendo que Makoto no hizo ningún otro comentario.

Makoto presionó sus labios contra los suyos, y lo hacía parecer tan fácil; lo hacía parecer tan natural que el corazón de Haru apenas se saltó un latido. De cierta forma, notó que el beso también era una manera de decir gracias. Y, aunque nunca supiera cómo responder a eso, decidió dar un beso propio sobre el de Makoto. Sintió que fue la decisión correcta.


La sábana era demasiado grande para la cama, pensó Haruka, viendo como caía por un lado y sintiendo cómo cubría su espalda por completo. Incluso las almohadas, envueltas en el mismo material que el resto de los cobertores, eran muy grandes. Pero Haruka no estaba quejándose; tan sólo era una observación.

"¿Estás seguro que no te incomoda?" Makoto preguntó, acostado de lado y viéndolo desde su propia almohada gigante. "Puedo irme al sofá, si quieres. De verdad no me molesta."

Había más que suficiente espacio entre ellos, aun considerando que Haruka no adoraba que lo tocaran mientras dormía. En ese instante, ni siquiera sus rodillas chocaban, simple consecuencia de todavía no estar del todo relajados con tal cercanía. Más que nada, era que ambos temían que el otro fuera a molestarse si llegaran a rozarse.

"No, estoy bien," Haru respondió en voz baja, como si la oscuridad lo presionara a quedarse callado. Podía escuchar a KitKat caminar por el baño.

"Está bien," Makoto se movió un poco, pareciendo darse cuenta de que las sábanas estaba cayendo y volviendo a cubrir a Haru con ellas. "¿Tienes algo que hacer en la mañana?"

Haruka lo pensó, inconscientemente trazando la figura de una orca con la punta de su dedo. Probablemente podría cocinar el festín navideño en la tarde. "No," dijo, y miró a Makoto, sólo porque disfrutaba ver su cara levemente iluminada por la luz de la luna. "¿Tú sí?"

"No," Makoto sonrió, y después de un momento, tocó los dedos inquietos de Haru. "No tengo clases durante vacaciones."

"Nunca te he visto yendo a clases," Haruka debatió, devolviéndole el toque a Makoto. "Siempre estás en el café."

"Tengo un horario súper misterioso," la mano de Makoto probó ser un oponente digno hasta que Haru, eventualmente, optó por entrelazar sus dedos entre los del más alto. Makoto no opuso resistencia, hecho en lo cual se regocijaba. "Yo voto por un desayuno tardío, ¿te parece?"

Era tarde; Haruka asintió. Algo mantuvo su mirada pegada a sus manos unidas.

"Por cierto, puede que KitKat se suba a la cama más tarde." Haru regresó su atención a Makoto. "Después de su primera siesta en el lavamanos, eso es. Es sólo para que me pueda despertar en la mañana."

Ella es tu despertador, Haruka pensó, impotentemente, y no pudo evitar la sonrisa que llegó a sus labios con esa imagen.


Horas después, cuando despertó con un peso adicional empujándolo del lado de Makoto, estaba confundido. Pero eso no fue nada en comparación, sin embargo, a la desorientación que siguió más tarde, cuando dicho peso pareció haberse mudado a su pecho, desde dónde hacía, de vez en cuando, pequeños ronroneos.