Cartas y Cafeteras
O Rin tenía poderes telepáticos que usaba para el mal, o en verdad estaba aburrido. Por lo menos, eso fue lo que Haruka decretó después de abrir su regalo de Navidad. A decir verdad, estaba esperando algo mucho más simbólico (ej. más barato), pero, al parecer, Rin le decidió regalar un suéter. No estaba mal, en serio –quizá una talla demasiado grande, pero se veía lindo, con delgadas rayas café y beige, y además era más suave que la mayoría de las prendas en su armario.
Está siendo amable, Haruka decidió, y no estaba seguro de como sentirse al respecto. No sabía cómo reaccionar cuando Rin abrió su propio obsequio para encontrar un tiburón tejido viéndolo a los ojos.
"¿Puedes creer esto?" Ahí estaba la persona en cuestión, dando pisotones por las escaleras, minutos después de intercambiar regalos.
Probablemente no estaba hablando del suéter de tiburón; en ese caso la pregunta se hubiera escuchado completamente diferente. Haruka levantó la cabeza, notando a Rin bajo el marco de la puerta, con la cara sonrojada y el ceño fruncido, sosteniendo un sobre en su mano.
"¿Qué cosa?" Haruka preguntó, manteniéndose sentado en medio de su cama, suéter descansando en su regazo.
"Ella—" Rin sacudió el sobre con furia. "¡Me envió una carta!" Nunca antes esas palabras se habían escuchado tan amargas.
Haruka seguía sin entender la situación. "¿De quién hablas?"
Con un gesto exasperado y un muy sugestivo rodar de ojos, Rin entró al cuarto y cerró la puerta de un empujón. "¿De quién crees? Obvio que de esa, esa–" pero no terminó, así que Haru levantó una ceja.
"¿Gou?"
Rin se lanzó a la cama agresivamente, golpeándose la rodilla en el proceso, y empujando al culpable (la pierna izquierda de Haru), casi haciéndolo caer de lado. "Sí. También te envió una a ti, por cierto," y tiró una carta en su dirección. No puedo evitar darse cuenta que su sobre era mucho más delgado que el de Rin. "El nervio de algunos, juro por Dios," Rin continuó refunfuñando mientras abría su carta.
En lugar de seguir su ejemplo, Haruka meramente lo vio hacerlo. Sus manos estaban rebuscando el papel, pero bajo el acto, podía ver que estaba haciendo un esfuerzo por no dañarlo. Era una carta de su hermana –todo el mundo sabía que Rin era físicamente incapaz de enojarse con Gou. Regresó su atención a su propio sobre, y lo puso encima del suéter todavía en sus piernas.
Rin vio la acción por el rabillo del ojo. "Se me olvidaba preguntar, ¿sí te quedó?" cuestionó, intentando sonar irritado.
"Eh, creo que sí. Gracias," dijo, pero dudaba que hubiera sido escuchado, pues Rin finalmente había sacado la carta. Tenía tres páginas enteras de longitud.
"¿Quién diría que Gou sabe tantas palabras?" dejó la pregunta retórica al aire, haciendo las hojas de un lado a otro. Se le olvidó poner su tono de enojo, esta vez. "De acuerdo," las bajó y se puso cómodo en la cama de Haru antes de comenzar a leer.
Estuvieron así por un largo rato, leyendo y hablando sobre lo que sus amigos habían hecho desde la última vez que los vieron, y se sintió bastante como las Navidades pasadas. Y, cuando Rin fue a la sala para buscar su regalo con envoltura amateur, reaccionó a la imagen del tiburón en su suéter con ligero desprecio, pero aun así se lo puso, al final del día.
No tenía salvación. Para cuando empezó la segunda semana de vacaciones, Haruka ya estaba levantado y atento, yendo y viniendo del Conservatorio. De acuerdo a su plan mental, podía acomodar al menos dos horas de práctica de violín en un día, en paz y lo que podía ser más o menos considerado silencio, siendo que la mayoría de los estudiantes de música seguían en sus casas. Haruka planeaba ir allí tres veces, para no sentirse demasiado culpable por estar sentado en casa, relajándose.
Estaba en una de esas excursiones, justo después de Año Nuevo – el cuál había sido una pacífica noche de video juegos multijugador mientras él y Rin hacían sus mejores intentos para beber una botella de licor de crema que Rin había comprado para la ocasión – cuando Makoto pidió su ayuda en la difícil tarea de consumir una pizza. Básicamente, lo invitó a cenar.
Si es pizza, debería estar bien, pensó Haruka, todo un connoisseur de la cantidad de tiempo que uno podía matar cortando una sola rebanada en pequeñas piezas estéticamente placenteras. Para empezar, la escasa existencia de cuchillos aptos para tal tarea lo llevaría de la mano a través de la charla banal.
Makoto lo estaba esperando en el pasillo central de la universidad, en dónde estaba a salvo del frío, tranquilamente leyendo un libro. A Haruka le hubiera gustado refunfuñar, al menos internamente, sobre la ineficiencia de haber sido citado ahí en lugar de la pizzería, pero estaba un toque demasiado complacido. No había forma de detener la suave sonrisa que se dibujó en los labios de Haru mientras se acercaba, pero aun así hizo un valiente esfuerzo.
No obstante, dicho esfuerzo disminuyó notoriamente una vez que vio la mirada triunfante y empática que Makoto le dirigía a su ropa. Ni siquiera se había dado cuenta de que se puso el suéter que le obsequió Rin antes de salir de casa. Mi suerte, como siempre. Jamás olvidará esto.
"¿Te gustan los cuentos de hadas?" Makoto preguntó antes de pedir las bebidas.
Haruka lo observó inquisitivamente, bajando un poco el menú. "¿Supongo? Soy imparcial al respecto…"
Esa no fue la mejor respuesta que pudo dar. Quince minutos después, Haruka se encontró llegando al fondo de su limonada mientras escuchaba a Makoto contar renovadas versiones de cuentos de antaño. La comida no había llegado aún. No podía distraerse cortando una rebanada de pizza, como había planeado.
"Entonces la bruja dice 'Pondré a los niños en el horno.'" Makoto gesticuló con su servilleta.
"Pero –"
La servilleta conectó con la mesa por decimotercera vez. "¡Ya sé! Lo precalentó y todo, pero ellos la empujan al horno y al final logran escapar."
"Um."
"Sí, pues… esa es una. Me sé cómo mil cuentos; se los contaba a mis hermanos – que son gemelos, por cierto, Ren y Ran - para que se durmieran. ¡Ah, tengo otro! Se llama – " Pero, esta vez, el mesero afortunadamente se aproximó a la mesa, y Haru por fin pudo dejar de sorber su casi-vació vaso de limonada. Makoto le dio una sonrisa apenada desde el otro lado de la mesa de madera, como si apenas se hubiera dado cuenta de lo mucho que habló.
Haruka sacudió la cabeza, aunque estaba aliviado de por fin tener un poco de silencio. Además, era difícil estar de mal humor cuando tienes algo tan glorioso como es la pizza de caballa con piña frente a tus ojos. Le dio un vistazo al pepperoni adornando el plato de Makoto ¿y por qué no estaba sorprendido? antes de comenzar a desenvolver cuidadosamente sus cubiertos.
"¿Qué pidió un huérfano en la pizzería?" preguntó, mirada vacía enfocada en su servilleta. Makoto hizo un sonido de interrogación y Haru sólo se sintió ligeramente insensible y despiadado antes de decir "Dos familiares para llevar."
"¿Qué es un carrusel?"
Veinte chistes después, y sólo habían comido una rebanada de pizza cada uno. Haruka contempló la posibilidad de que había conocido a su alma gemela. "¿Qué es?"
Después de darse cuenta de que una sola bebida no les abastecería por toda la cena, Makoto había tomado como si responsabilidad el ordenar complejos jugos frutales. El de Haru no era tan malo, aunque tenía un contorno morado que rodeaba la gran masa verde. Makoto, por su parte, estaba modelando un vaso de intimidante color rosa neón, con el cual se ocupó antes de entregar el remate. "Un carro con un celular."
"Juro que no te vuelvo a dirigir la palabra," Haruka dijo bajo el aliento, intentando en vano esconder su sonrisa. Al final, ocultó su vergüenza tras su propia bebida radiactiva.
Se le ocurrió a Haruka que Makoto era la mejor persona con la cual quejarse sobre sus maestros, siendo que probablemente los conocía y lo entendería. Así que eso fue lo que Haruka hizo, en lo que terminaban de batallar con los últimos trozos de comida.
Los llevó a una discusión sobre la subjetividad y objetividad de las materias impartidas, lo que condujo a profesores expresando sus opiniones personales en frente de los estudiantes y lo que esto significaba, tomando en consideración los distintos niveles de autoridad.
"Suele sonar estúpido cuando yo lo digo," Haruka se quitó el flequillo de los ojos.
"No creo. Me pareció que sonó bien. Honesto, incluso."
Era evidente que Makoto era mucho más hábil con las palabras y sus significados, pero Haruka apreciaba que nunca usara su propia falta de fluidez para fortalecer sus argumentos. Makoto escuchaba atentamente en lo que lograba formular una idea coherente, y mucho más cuando sentía que no había expresado exactamente lo que quería.
Eventualmente dejaron el tema por otros más ligeros, luego de que los platos fueran sido recogidos y Makoto sugiriera esperar un rato antes de decidir si postre sería una opción válida. "Gracias por el playlist, por cierto."
Haruka lo volteó a ver, sus manos jugando con el popote azul sumergido en lo que quedaba de su bebida. "Lo apresuré un poco…"
"No lo he tocado, así que puedes continuarlo cuando quieras," Makoto sonrió, y Haruka, involuntariamente, comenzó a doblar una servilleta. "Me gusta Shostakovich, ¿por qué no lo habías mencionado antes?"
"Hace tiempo que no lo escuchaba," Haru se encogió de hombros brevemente. "Casi olvidaba a Rachmaninoff, también."
Vio cómo Makoto se inclinaba sobre la mesa, desde el rabillo del ojo, así que desvió la mirada de su compulsiva pieza de origami. "Ey," Makoto sonrió otra vez, cuando recuperó su atención, "¿te parecería ir a la ópera, un día?"
"¿A ver qué?" Haruka tamborileó los dedos sobre su obra maestra sin terminar.
Makoto levantó un hombro. "¿Aida? ¿Nabucco? O, tal vez, Eugenio Onegin; depende de lo que haya en ese momento."
Asintiendo a la propuesta, Haruka dio un vistazo a la ventana. "Cuando no esté nevando tanto."
Contento con la respuesta, Makoto volvió a recostarse sobre el respaldo de su silla. "Y cuando haya más calor, también." Hizo una pausa, durante la cual observó las manos de Haru. "Eres bastante bueno en eso."
Haruka bajó la mirada, sólo para encontrar la grulla incapacitada que formó mientras hablaban. "Sí, bueno…," hizo una cara antes de deshacerla.
Podría decirle a Makoto sobre cómo una vez pasó días en un curso en línea de origami, sólo porque creía que se vería menos extraño que estar jugueteando con sus dedos mientras se sentaba en una mesa con alguien más. También podría contarle sobre cómo se había acostumbrado tanto que, incluso en casa, doblaba papel cuando se sentaba en su escritorio por largos periodos de tiempo. No era por presumir, pero ya se había convertido en un maestro en el arte del origami.
Haruka vio a Makoto por debajo de sus pestañas. Quizá en el camino a casa, decidió.
Era un martes, y estaba lloviznando – sorprendentemente. Tomando en consideración el nivel de nieve en el suelo y las temperaturas que ha habido desde, básicamente, Noviembre, Haruka llegó a la conclusión de que el mundo era una broma. Y ahí estaba él, botas congeladas abriéndose paso a través de un manto de nieve que le llegaba a los tobillos, y un paraguas sobre su cabeza. No ayudaba que las clases hubieran empezado el día anterior, ni que tuviera que regresar a Future Fish hoy.
A pesar de todo, se sentía vagamente feliz – lo cual no era muy común, pues era un sentimiento casual; sin una razón específica detrás de él. Contento, Haruka trató de describir de mejor manera. Eso no se escuchaba del todo correcto, tampoco. Sin agitación, sentía que ya casi lo tenía. En calma.
Haruka estaba en calma. Nada particularmente inusual, a excepción de que era una calma dada por una falta de preocupación en lugar de un constante sentido de desgracia. Se preguntó si era porque había tomado el autobús en lugar del metro del infierno.
No había notado lo cerca que estaba del edificio hasta que entró y aire caliente lo golpeó en la cara. La recepcionista no parecía estar incómoda con ello, lo cual Haruka consideró nada saludable, pero él no era quién para hablar de salud. Un milagro fue lo único que lo salvó de un resfriado, este invierno.
En Fish, el tipo detrás del primer escritorio – un tal Uozumi, si no le fallaba la memoria – hasta le sonrió brevemente a Haruka, cuando entró a la habitación. Haru estaba un poco perturbado por esto, siendo que podía significar que el trabajo iba a ser extra-pesado, como regalo de bienvenida.
Estaba a punto de recoger la primera carga de contratos-por-triturar cuando otro interno entró a la oficina, una sonrisa en rostro y una mirada intensa que parecía estar dirigida a Haruka.
"No vas a creer esto," dijo – éste se llamaba Minami, y Haruka dudaba que se hubieran dicho más que bueno días/tardes/noches el uno al otro en todo lo que llevaban trabajando ahí. Produjo una expresión apropiadamente curiosa. "¡Consiguieron una cafetera!"
Era cierto, Haruka descubrió una vez que llegó al área recreacional. Era una máquina complicada con demasiadas funciones y un interfaz extremadamente intimidante. Dándole una inspección más de cerca, Haruka decidió que la máquina podía preparar más tipos de café que los que el personal entero de Fish conocía; pero era sólo su opinión.
"Así que, supongo que esos son unos cinco o seis viajes por las escaleras que te vas a ahorrar," el interno soltó una risilla, y Haruka entendió el punto: Oh, eso significa que tendré que aprender a usarla.
Aun así, asintió. "Supongo." Eso pareció satisfacer al otro lo suficiente como para dejarlo solo. Miró la cafetera de nuevo, sintió su cara contorsionarse en una mueca de desaprobación. No más viajes por las escaleras. No más visitas al café.
Rin todavía no se iba, lo cual no molestaba tanto a Haruka. Era sólo el primer periodo después de Año Nuevo, no tenía prisa por ir a ningún lado – sus clases no empezaban hasta dentro de una semana, y sus padres lo amaban, así que aún era bienvenido en la residencia Nanase. El único problema era que, ahora que Haruka tenía que regresar al trabajo y a la universidad, Rin se aburría en el apartamento. No es que lo dijera en voz alta, nada más le enviaba mensajes de texto a cada rato durante el día.
Como ahora; un par de horas en el segundo día de trabajo, Haru decidió responder sus textos con quejas pasivas sobre la cafetera, textos que Rin, o ignoraba, o contestaba agresivamente. Haruka estaba irritado de que parte de lo que Rin le dijo lo ayudó a entender cómo usar la máquina. Ya comenzaba a añorar los días aquellos de trituración de hojas.
De: M. Rin
Para: N. Haruka
14:23 PM
Si escucho una pregunta más sobre la cafetera voy a meterte mi futura medalla de oro en el trasero
14:23 PM
a qué hora sales del trabajo ?
Para: M. Rin
De: N. Haruka
14:24 PM
Como en una hora.
De: M. Rin
Para: N. Haruka
14:24 PM
Ya estás. Te veo en la salida. Me vas a llevar por café
Por supuesto, Haruka realmente no esperaba encontrarlo ahí. En la preparatoria, Rin siempre hacía esto. O bueno, siempre que Haru aceptaba salir de la casa por él. Rin diría una hora y lugar en un arrebato, Haruka iría ahí para regresar a su hogar horas después, música en su celular al máximo volumen, como si eso fuera a ayudarle a no sentirse tan mal por haber sido plantado. Al día siguiente, Rin lo vería, medio sorprendido, medio harto, y diría que no recordaba tal cosa, o que Haru debió haber sabido que no tenía ganas de salir.
Ahora, sin embargo, sí estaba ahí. Haruka tuvo que detenerse en la puerta para observarlo, con su beanie negro, chaqueta y tennis y su cabello rojizo. Había tanto aire que hacía que flotara alrededor de su cara. Estaba de brazos cruzados, y tenía un porte como si hubiera decidido ser la única persona en pie, aun si el viento decidía destruir todo a su alrededor.
Haruka tomó nota de todo esto y asintió para sí mismo. Con esto podría lidiar. Soltando la bufanda para enterrar las manos en los bolsillos de su abrigo, se aproximó a Rin.
"Vaya que te tomas tu tiempo," le envió una mirada impaciente, despegándose de la pared de dónde se recargaba. "Estuve así de dejarte e irme a comprar café yo solo," y le dio la espalda y comenzó a caminar sin voltear para asegurarse de que Haru lo estuviera siguiendo.
Y no tenía que hacerlo, porque Haru, efectivamente, estaba unos pasos detrás de él. Pasaron una parte especialmente concurrida de la banqueta – Haruka pensó por tres o cuatro momentos que iba a ser aplastado hasta morir bajo el montón de gente – y cuando escaparon, vio con una interesante mezcla de emociones que Rin estaba dirigiéndose al café de Makoto. Bueno, no de Makoto, pero, sí, prácticamente.
"Ah, ¿seguro que quieres ir ahí?" Haruka preguntó en un aliento, intentando alcanzar a Rin antes de que otra ola de personas llegara a meterse en su camino.
"Lo busqué en Maps, es el café más cercano en el área." Antes de llegar a la entrada, encaró a Haru con entrecejo fruncido. "¿Por qué, su café sabe a mierda?"
Haruka suspiró, más hacia su vida que a otra cosa. "…No, sabe bien."
"Vale, entonces," giró sobre sus talones energéticamente y abrió la puerta, haciendo una entrada tan digna que incluso la campana sonó con más gravedad de la normal. Haruka se deslizó después de él con el aura de un animalito pateado. Rin vio el menú en la pared por un segundo antes de apartarse. "Pídeme algo grande, con tanto expreso como sea legal," estaba bajando el cierre de su chaqueta y caminando a una mesa cerca de la ventana. Tenían suerte de que el lugar no estuviera tan lleno, Haruka pensó. Tenían: plural – refiriéndose a todos en el café, menos Rin. "Y jarabe," añadió después de meditarlo un poco, tomando asiento.
Claro…, inhaló profundamente y fue al mostrador, donde una chica de más o menos su edad le sonrió, y el desvió la mirada. Naturalmente, no iba a ser tan predecible como para buscar a Makoto, así que ordenó, pidiendo tanto expreso como él considerara saludable en la bebida de Rin. Fue mandado a su mesa con la promesa de que las bebidas estarían listas pronto.
Rin estaba de mal humor. Tuvo que haberlo notado antes. Estaba cabizbajo, sus dedos retorciendo las mangas de una camisa que no estaba segura si era de él o de Rin. Uno pensaría que, después de tanto tiempo viviendo consigo mismo, ya podría reconfortar a otras personas miserables, pero, obviamente, ese no era el caso. Como es lo usual, Haruka se sentó y decidió esperar hasta que Rin se animara lo suficiente como para empezar a hablar.
Le tomó, quizá, unos cinco minutos; entonces lo vio a través de sus mechones desarreglados. "Olvídalo, esa mirada de tarado que tienes puede sacar hasta al más infeliz de su miseria." Viniendo de alguien más, eso podría sonar casi como un cumplido. Haruka sonrió levemente. "Ugh, eso es todavía peor. ¿Desde cuándo puedes hacer eso con tu cara?" Pero pronto estaba escondiendo una sonrisa propia, así que todo estaba bien.
Cuando el café llegó, el de Rin era una torre de sueños rotos y futuras noches llenas de arrepentimiento – es decir, un vaso alto de líquido perfectamente negro con un tenue olor a vainilla. El de Haru era una taza mediana de intimidante café con leche. Pero no estaba examinando eso, por el momento.
No, por ahora, su mirada estaba magnéticamente adherida a la de Makoto, quien lo volteó a ver mientras ponía las bebidas en la mesa. Habían sido tan sólo un par de semanas desde la última vez que vio a Makoto con su uniforme de barista, pero ya se le hacía inusual verlo usar negro y blanco, sin estampados exóticos por ningún lado. Deberían dejar que él escoja su atuendo en ocasiones especiales, se dijo, imaginando toda su ropa temática. Pero le gustaba la camisa negra, de cualquier manera; le gustaba que no le irritara los ojos y la forma en la que los brazos de Makoto se movían bajo las mangas. Su boca rogaba por decir algo, pero era una súplica en vano.
Finalmente, tomándose su dulce tiempo en poner el café de Haruka frente a él y entregarles unas cucharas y servilletas, Makoto lo sacó de su desgracia. "¿Significa que la deus ex machina de Future Fish sigue funcionando?" Dijo en voz baja, conversacionalmente, y Haruka supuso que era debido a la presencia de Rin. Maldito Rin.
"Um, sí, he estado usándola por dos días, pero todavía sirve. Es un poco… robusta," dijo sin molestarse en disfrazar su disgusto, viendo su taza y dándole vueltas sin levantarla de la mesa.
Leyó la sonrisa de Makoto en sus palabras. "Es una pena," respondió con inusual franqueza, pero todavía con una expresión contenta.
Hubo una pequeña conmoción detrás del mostrador que causó que Makoto viera por encima del hombro con curiosidad, y Haruka supo que regresaría al trabajo en un momento, pero no encontraba que más decir, así que lo dejó ir sin más.
Giró en su silla para ver a Rin, quien, al parecer, había acabado con ¼ de su bebida mortal mientras los veía conversar. Estaba tratando de aparentar que no había nada en el mundo que le interesase, pero en un par de minutos ya le estaba dando a Haru una mirada indescifrable. Sus penetrantes ojos rojos eran algo aterradores cuando los veías por encima de más de 0.51 de café puro.
Haruka supo que, cuando hablara, sus palabras pondrían todos sus pensamientos sobre la mesa. Todo llegó con un frío "¿El café es gratis?"
Lo que lo hizo pestañear, y jalar su café hacia su pecho. "No."
Rin resopló y tomó otra bocanada de café-demasiado-negro, procediendo a mover la cabeza a la derecha, pareciendo admirar el resto de las mesas, sus ocupantes y todo lo demás.
Haruka no recordaba la última vez que Rin había estado tan callado en su presencia, aparte de esas semanas en secundaria cuando no hacía más que jugar video juegos en casa de Kisumi. Eso había sido una absoluta irritación para Gou y su madre, mientras que, para Haru, fue un absoluto horror. No recordaba estar tan asustado de alguien tanto como de Rin, en ese momento. Pero ya lo había superado.
Haru contó sus sorbos, y cuando llegó al quinto, habló. "¿Querías decirme algo?"
De una forma completamente esperada, Rin lo miró aburrido. "No. Me voy en dos días," soltó las noticias y, como si usando eso como base, continuó apresuradamente, "¿Quién era ese?"
Haru tomó otro trago antes de bajar la taza. "Makoto," respondió, igual de apurado. "Dos días es muy pronto. ¿Ya compraste tu boleto de avión, o…?"
Rin siguió su ejemplo, pero mantuvo sus ojos en el resto de su bebida. "Le pedí a tu mamá que me lo comprara, cuando fueron en su viaje de Año Nuevo. Todo está listo. ¿Lo conozco?"
Haruka en serio deseaba haberse dejado la bufanda. Era extrañamente insatisfactorio, el golpear sus dedos en la mesa y en la cerámica. "No. ¿Entonces ya empacaste todo?"
"Uh, ¿obvio que no? Tengo unas cosas que quiero que planches por mí," dijo como si fuera la cosa más natural en el mundo. "¿Y de dónde lo conoces tú?"
"No voy a planchar tus ropa, Rin," Haru sintió la necesidad de cruzar los brazos. "Y te había dicho que tenía que bajar por café todos los días antes de que trajeran esa… cosa."
Rin levantó la mirada, luciendo exasperado. "No puedes dejar que yo planche. Recuerdas lo que pasó la última vez, ¿verdad?" Y, notando la mueca que Haruka hizo al recordar pantalones quemados y un olor que no dejó la sala por días, se reclinó en su silla, triunfante, y tomó otro trago de café. "¿Y son amigos o qué? Por cierto, igual me voy a llevar unas de tus playeras – necesito algo que usar en el gimnasio."
Haruka intentó verse lo más descontento que uno puede verse mientras bebe café suave. "Vete al diablo."
"Después de ti," contestó Rin, terriblemente interesado en el reflejo en su cuchara. Unos cuantos minutos pasaron, y volvió a prestarle atención, evidentemente informándole que no había pasado por desapercibido aquella respuesta oculta.
Ni siquiera pudo decir adiós apropiadamente; Haruka estaba especialmente molesto con eso. Para cuando Rin decidió que ya se quería ir, el lugar se había transformado, con muchos hombres y mujeres de negocios entrando por una orden para llevar, y Makoto se veía bastante ocupado atendiendo a los clientes. Todo lo que Haru logró fue un ademán de despedida a través de filas de personas. Makoto le sonrió cálidamente, así que sabía que no había problema, pero, aun así, no sentía que hubiera sido suficiente.
Rin estaba paseándose por la nieve con pisadas descontentas, y la calle se veía incómodamente oscura y fría. Rin parecía estar pensando en algo, así que Haruka tomó la oportunidad para seguir su berrinche interno a la vez que intentaba no caer de cara en la nieve enlodada.
"En serio no te aguanto. De verdad." Rin dijo, a unas cuadras del complejo departamental donde vivían los padres de Haru.
Haruka lo miró sorprendido, pero descubrió que Rin ni le estaba dirigiendo la mirada. "¿…Por qué lo dices?"
Hubo silencio por un rato. "Porque," Rin empezó, puntualizando su palabra con una patada al suelo. "Con todos mis demás amigos – y es que ellos son normales – simplemente les puedo preguntar si les gusta alguien, o si están durmiendo juntos, o lo que sea. Pero tú," y dio un enorme suspiro y otra patada, "todo lo que haces, lo haces tan raro, que creo que ni sabes de lo que te estoy hablando."
Haruka lo pensó un poco, inclinando la cabeza para ver el oscuro cielo estrellado. "Dijiste que era un caso de caridad," le recordó.
Los tennis de Rin cayeron sobre un charco, esparciendo agua de lluvia como si lo hubiera ofendido personalmente. "Sí, bueno, no te veo rogando por nada en este momento, ¿o sí?"
Decidió no hacer más comentarios. Era más que suficiente comida para el cerebro como para durarle hasta que Rin volviera a decir algo. Caminaron en silencio, atravesando caminos memorizados en el pavimento, tratando de evadir parches de nieve tanto como podían.
Estaban a poco de llegar al apartamento cuando Rin volvió a hablar. Inició con otro suspiro enfático, tal como si creyera que le estaba haciendo un favor. "¿Estás saliendo con alguien, Haru?"
Su boca se secó; sentía una fiebre, pero, al mismo tiempo, tenía frío. "Sí."
Rin asintió. Su beanie sacudiéndose ligeramente en su cabeza. "Bien. Me alegro por ti. ¿Con ese barista?" Haru dijo que sí. "Genial," respondió. No dijo más en los siguientes pasos, estirando los brazos sobre su cabeza, en lo que parecía ser un esfuerzo por verse menos inquieto. "Si soy honesto, no tengo ganas de volver a Australia. ¿Ya te había dicho que mi compañero de cuarto es, como que, estúpido e insoportable?"
"Unas mil veces, sí. ¿Por qué no rentas un apartamento, o una casa, si tanto te enoja?" Haruka ofreció, agradecido por el cambio de tema.
"¿…Porque son caros y yo, pobre?" Rin le dio una mirada indignada. "Necesitaría otra persona para pagar, y ciertamente no voy a pedirle a otro condenado australiano que sea mi roommate." Chasqueó la lengua contra su paladar, frunciendo el ceño. "Voy a preguntarle a Kisumi si conoce a alguien que quiera estudiar en Australia o algo." Vio a Haru de reojo. "…De hecho, sé que eres antisocial y que no conoces a nadie, pero también pregunta por ahí, si a alguien le interesa." Escuchó a Haruka resoplar y viró los ojos. "O dile a tu novio, el barista de dos metros, a lo mejor él conoce a alguien... o hasta puede que él quiera irse a vivir conmigo. Ahora que me vio, seguro que no me puede sacar de su mente."
"Ya cállate, Rin."
Rin rio, golpeando a Haru levemente con su hombro. "Anda, sabemos que soy irresistible." Haruka bufó en respuesta. "Pero, ya en serio, no sé por qué me siento tan mal cada vez que me voy."
Haruka no necesitaba que lo dijera en voz alta; lo había visto estar malhumorado esos últimos días. "Puedes volver en las vacaciones de primavera," comentó, esperando que Rin no fuera a acusarlo de condescendiente.
"Sí." Aparentemente, no sentía la obligación de ser tan grosero cuando Haru no podía verle la cara. "Creo que lo haré," pareció dudar por un segundo antes de pararse bajo la luz que traspasaba la puerta de vidrio del edificio. Luego, giró para encararlo, con una mueca que mostraba sus dientes. "¿Qué, vas a ser un fenómeno, o me vas a abrazar?" Rin era tan obvio que Haruka se encogió de hombros y actuó como si estuviera indeciso por un segundo antes de acercarse. "Pero no si no quieres," Rin agregó, pero sólo después de que estaba seguro de que el abrazo iba a pasar, y así dejando que la oferta perdiera valor.
"Te voy a extrañar," Haruka dijo, ganando confianza del simple hecho de que Rin se había sometido voluntariamente a la incomodidad de un abrazo en medio de la calle. Pero, sea como sea, se sentía bien; había sido un tiempo desde su último abrazo.
Sintió a Rin asentir en su hombro. "Igual yo a ti," y, un momento después, le dio un pequeño empujón, cruzando la corta distancia que quedaba para entrar al edificio y después dirigirse al elevador – todo con un exceso de despreocupación. "¿Cuál es el número de Blacows? Esta noche, ahogaremos nuestras penas en hamburguesas."
Nota de Autor: Ahh, por fin de vuelta en casa~ Siento mucho no haber podido actualizar el viernes pasado –el capi fue igual un poquito más largo de lo usual, y con las preparaciones para el viaje de regreso, no tuve tiempo de escribir. ¡Pero aquí está, y espero que les haya gustado! Apreciaría muchísimo si pudieran dejar un comentario c:
Para todos los que querían más Rin: Deléitense, éste capítulo contuvo 90% más Matsuoka que los demás. Y también hubo un breve cameo de Minami y Uozumi (en los cuarteles de Fish, se rumorea que son pareja en secreto y tienen sepso en el cuarto de limpieza. Pero esa es una historia para otro día. /Es broma/.)
Rin siempre está con Kisumi esto y Kisumi aquello. El KisuRin es fuerte en este fic. /También es broma. SouRin 4ever/.
Por cierto, hice otro blog en Tumblr, pero éste es en español y pongo anime y ships y probablemente cosas de fics y toda la cosa. Vayan a llorar conmigo por nuestros OTPs (o a hacerme preguntas de mis fics o a lo que quieran) en tachxbana .tumblr .com. ¡Gracias por leer! Kiss Kiss !
