EDITADO 23/04/2016
Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic.
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei.
Todo el mundo sabe que no digo ni pio al iniciar los capítulos, pero debo advertir algo… disfruten, disfruten muchísimo del capítulo.
Porque es el penúltimo :(
AMORES CRUZADOS
Capítulo 35: Verdades
.
Kushina estaba impaciente, un sudor frío le recorría la espalda. No era una sensación precisamente molesta, más bien era una ansiedad inevitable.
—¿En qué demonios piensa Minato, suegra?
Tsunade vio a su nuera pasear de extremo a extremo por la lujosa sala, no sabía que decirle exactamente. Las únicas palabras de su hijo habían sido que llegaría ese día en dentro de poco menos de una hora, y que debían permanecer ambas en el salón, y no salir a recibirlo por ningún motivo.
Era una orden por lo demás extraña, pero su hijo era el rey, y más valía hacerle caso.
—Querida —Jiraiya se aproximó a Kushina y la detuvo en medio de su caminata. Tenía miedo de que cuarteara el piso con tanto andar—, mi hijo vendrá dentro de poco. No es necesario que te impacientes.
—Eso dice usted —reclamó de inmediato la reina pelirroja—. Como ya sabe las novedades que trae Minato.
Jiraiya suspiró.
Era cierto, su hijo le había enviado a él una carta explicándole las grandes noticias que traía, y se sorprendió a sí mismo de no haberse infartado con esas novedades. Minato tan solo previendo las reacciones de su Papá, había decidido que solamente él supiera el lío con su hijo mayor, ya que de seguro Kushina iba a salir corriendo como poseída a buscarlo, y Tsunade entraría en shock.
Así que él, solo él, el ermitaño sabio, sabía la gran noticia.
—Caballos —dio un respingo Tsunade—. Mi hijo ha llegado.
—Quieta mujer —advirtió de inmediato Jiraiya—. Minato fue claro al decir que lo esperáramos aquí.
—¡Ya lo sé Jiraiya!
Resopló enfadada la rubia. Kushina chocó sus manos y apretó los puños.
—o—
Deidara caminaba junto a su padre y su hermano en dirección a la sala principal. Después de tantos años fuera, una profunda nostalgia lo invadía al pisar aquel castillo que lo vio nacer y crecer, aquel lugar que había sido su hogar.
—Saben lo que deben de hacer ¿No?
Preguntó Minato a su par de retoños. Tanto Naruto como Deidara asintieron.
—Perfecto —continúo Minato—. Naruto —llamó al menor de sus hijos—, adelántate y tranquiliza a tu madre.
—Sí, Papá.
El menor continúo solo hacia la habitación donde lo esperaba su Mamá y sus abuelos.
—¿Qué ocurre uhm? —preguntó Deidara al mirar como su padre había enviado a su hermano adelante.
—Ocurre que tu madre me matara si te ve con esto —tomó las muñecas de su hijo para retirarle las esposas.
—Papá…
—Vamos.
Minato colocó una mano en el hombro del muchacho guiándolo hacia la sala.
El corazón de Deidara latió violentamente cuando se dio cuenta que su padre y él estaban de pie bajo el alfeizar de la puerta, mirando el rostro sorprendido de su abuela, la sonrisa de su abuelo, y a su hermano casi ahogado por un abrazo de oso que le estaba dando Kushina, quien le daba la espalda a los recién llegados.
Kushina pese a su gran emoción, no pudo evitar notar las extrañas expresiones en sus suegros y la mirada nerviosa de los inquietos zafiros de su hijo menor, y sintiendo algunas mariposas en el estómago dio vuelta para observar la razón del estado caótico de quienes le rodeaban.
Las piernas le fallaron y Naruto tuvo que sostenerla.
Parecía un sueño, de esos bonitos que en ocasiones solía tener, de esos en los cuales, su primogénito compartía la mesa con ella, donde la fatídica noche de despedida era inexistente…
Sueños en los cuales su hijo aún vivía.
Pero el presente, eso era ilógico.
Dejo de apoyarse en Naruto y aun sin palabras en la boca, dio algunos pasos en dirección de su esposo y ese espejismo que lo acompañaba.
Minato le dio un par de palmadas en el hombro a su hijo mayor, quien se encontraba en un estado igual de catastrófico, eso lo despertó de su ensoñación, y fue capaz de dar varias zancadas hasta quedar cara a cara con aquella hermosa mujer que le había dado la vida.
Su madre seguía siendo tan bonita como la recordaba.
Y por primera vez el artista se dio el lujo de llorar.
Kushina aproximó una de sus manos delicadas y acarició con lentitud la mejilla de su hijo, quería convencerse de que era real, de que estaba ahí, a su lado, vivo, fuerte y sano. Su otra mano enredo parte de las largas hebras rubias del cabello de aquel apuesto hombre.
Porque ya había dejado de ser un jovencito, era todo un hombre.
Minato se aproximó a ellos, y Kushina emocionada, con sendas lágrimas en los ojos solo pudo alcanzar una de las manos de su esposo y besarla, estableciendo un contacto visual.
—Gracias —tragó saliva—, gracias por devolvérmelo, cariño.
Minato solo pudo sonreír y sentirse pleno. Como hace varios años no le ocurría.
—Mi amor, mi hijo.
En esa ocasión si estrechó en un abrazo a su primogénito, quien correspondió rodeándola con sus brazos y llorando en el hombro de su madre.
Y por primera vez el llanto no le pareció una acción de rebajarse frente a alguien, todo lo contrario, lo hizo sentir absolutamente vivo.
Y esa era la explosión de emociones más intensa que había experimentado hace mucho.
Supo que ese sentimiento era arte, porque solo el arte se sentía así… no.
Lo que sentía en ese momento era aún mejor.
—o—
Habían transcurrido algunos meses desde el fatídico incidente en la guarida de Lord Orochimaru.
Eso había transmutado de una forma u otra a Naruto; todo lo que era él como persona, su pasado, su presente y su futuro, la esencia de lo que era en sí. Ahora todo lo que observaba a sus espaldas el muchacho de cabellos rubios, era la enorme cicatriz de una guerra.
Eso era la post—guerra, dolor e incertidumbre que no parecía atenuarse, por nada, ni por nadie.
Por supuesto, eso no significaba que no existiesen personas con suerte, sobrevivientes, que son capaces de levantar las cabezas y construir un futuro nítido y mejor.
Eh ahí, casi frente suyo, los sobrevivientes de aquella guerra habían sido toda la estirpe Uchiha.
Sasuke había enviado un par de cartas, una dirigida a él, Naruto, y otra dirigida a la familia real.
La segunda carta había tenido datos meramente informativos de los cambios en la política del Fuego, y el anuncio oficial de la futura coronación de Itachi como el rey del monarcado. Recordaba el rostro esperanzado de sus padres, de que quizás Deidara corriera con tanta suerte como Itachi, y ahí venia el trago amargo de los recuerdos de las audiencias de su hermano, las cuales no había salido nada bien.
La carta dirigida a él, en cambio, era un enorme relato de la felicidad que embargaba a Sasuke, ahora mayor de edad y completamente libre de la enorme carga que representaba el ser el heredero del Fuego, y por sobretodo la gran buena—nueva de que, apenas Itachi se posesionara, él iría al Viento y les pediría a sus padres formalmente la mano de Sakura en matrimonio, ya que en sus propias palabras: 'el bastardo de su hermano' no tenía inconvenientes de que se casara con un miembro no perteneciente a la casa real Uchiha.
Y fue después de leer lo bien que estaba su amigo, su mejor amigo, que tuvo ímpetus de trizar esa carta con sus manos y gritar muy alto al vacío, pero entonces notó, que eso sería muy egoísta.
Sakura y su hija recién nacida, iban a estar muy bien, su amigo 'el cubo de hielo Uchiha', también iba estar bien. Todo ello solo era felicidad.
Pero Naruto no era feliz.
El juicio de Deidara se había prolongado más de lo esperado, y no parecía haber muchas posibilidades de que saliese bien.
Era cadena perpetua, el destierro permanente o la horca.
Y desgraciadamente la última opción parecía la más fiable al ojo de la justicia.
Bien, su vida familiar de pronto se había ido al caño, pero eso no era todo, aún quedaba otro asunto que le hacía desear extinguirse, morir tal vez, y ese motivo era Hinata.
Había tenido la suerte de que Neji fuera lo que se denominaba un caballero, y lo informara permanentemente del destino de su linda princesa. Desgraciadamente no había mucho que decir, simplemente Hinata había entrado en un estado aun no tan conocido para la época, una cosa llamada "coma".
Según había averiguado, el tal "coma" era un trance en el cual una persona parecía desmayada permanentemente. Bien, se podría decir que un desmayo no era una cosa tan grave, lo difícil era que aquellos que ingresaban al "coma", podían despertar en un par de días, semanas o meses, y otros tantos, no despertaban nunca.
Y era esa idea la que consumía su espíritu, el terrible temor de que quizás Hinata no regresara jamás.
Quería correr al reino del Agua con ella, pero el propio Neji le había sugerido que no lo hiciera. Hinata continuaría igual estuviese él ahí o no, y aunque no le gustase eso, era absolutamente cierto.
No obstante, eso no evitaba que se recriminase el no haber podido cuidar de ella, si él hubiese podido evitar que el psicópata de Orochimaru le inyectase esa sobredosis de estupefacientes, eso no habría pasado.
Naruto no pudo evitar estrujar con cierta impotencia la última carta que le había enviado Neji.
No había novedades, Hinata seguía igual.
Pero eso no le importaba.
Él la esperaría toda la vida, la eternidad, si fuera necesario.
—o—
Deidara observó el cielo a través de los barrotes de su celda. El destino era tan irónico, que él, alguna vez príncipe, ahora no pasaba de un prisionero privilegiado.
Su padre había movido todos los templados hilos que pudo, para asegurarle, hasta cierto punto, una estadía 'decente' en prisión, pero él estaba consciente que esperar más, sería un pecado en pro de la ingenuidad.
Sus padres y sus abuelos eran muy correctos, gente partidaria de la ley y los principios soberanos de un reino de fantasía, como el legendario Ilion, de la épica historia de la Ilíada de Homero, un lindo texto occidental que había leído en sus años mozos.
Pero la realidad era fatídica y difícil, sus padres eran demasiado idealistas, al grado de que estaba seguro de que ellos confiarían en la justicia y su perfecta balanza, mas no era un asunto tan sencillo, la balanza y la justicia estaba regida por hombres, y los hombres no son perfectos, se equivocan, porque son criaturas estúpidas.
Pero era algo que esperaba, aunque no estaba listo para afrontar.
Pasó sus dedos por sus hebras rubias que caían desordenadas sobre su frente y suspiró intentando animarse.
—La vida es hermosa, por ser algo transitorio… como mis explosiones.
Y esa frase susurrada en intimidad era lo que lo mantenía en pie, listo para afrontar cualquier cosa, o era eso lo que se esforzaba por creer.
Escuchó algunos pasos tenues aproximarse, seguramente sería alguno de los oficiales con alguna de las tres comidas, lo cual le pareció ridículo, pues estaba seguro de que estaba a media mañana, aunque no tuviera certeza en realidad, del transcurrir del tiempo.
—Deidara.
Y el artista reconoció esa voz con prontitud, giró la cabeza en esa dirección con cierto asombro.
—Uhm… ¿Cómo entraste?
E Ino resopló mirando al suelo. ¿Qué podía decirle? ¿Que había aplicado un jutsu ilusorio y dormido a toda una tropa?, eso era legítimamente cierto, pero sabía que él no le creería.
—No importa.
—Vete —exigió él.
—No quiero —chirrió los dientes la rubia, mientras sus dedos se enrollaron en los barrotes.
—Lárgate Ino.
—Ya te dije que no quiero.
Desafío ella, ocasionando que Deidara se pusiera de pie y se le aproximara con un gesto amenazante.
—Te dije…
—¡No me voy a ir! —interrumpió ella ofuscada.
Deidara era tan estúpido, tan tonto, tan idiota, tan orgulloso… e Ino era sencillamente terca.
—¡¿Qué pretendes al venir aquí?!
—¡No lo sé! —Su voz se interrumpió con un suspiro tenue, y lágrimas amenazaron con desbordarse de sus grandes ojos aguamarina—. Tener la certeza de que estas bien… vivo.
Y Deidara sintió su corazón latir a prisa con esas palabras.
—Uhm —resopló—, vete, este lugar no es para ti —aludió con más calma.
—Ni para ti tampoco —rebatió Ino con astucia.
Deidara la miró directamente a los ojos, pero la joven no se inmutó, trago las lágrimas y paso una de sus manos por los barrotes, inconscientemente Deidara tomó la mano intrusa.
Necesitaba sentirla, ya que tal vez para él, no existiese un mañana.
—En dentro de dos días será la audiencia —Ino le apretó la mano fuertemente—, te dictaran sentencia.
—Sí. Supongo que has oído… uhm… los rumores respecto a la condena —Deidara intentó que no le temblase la voz.
—¡Pero eso no va a ocurrir! ¡No iras a la horca! —Ino le soltó la mano furiosa.
—¡Es inevitable! ¡Se lógica! Uhm…
Deidara calló de inmediato al ver la mirada acuosa de Ino, y las lágrimas que no había podido evitar derramar.
—Lo siento —dijo mecánicamente él por su rudeza.
Las manos de Deidara al igual que las de Ino se enlazaron en los barrotes, sin embargo ella soltó uno de los barrotes y volvió a enredar con delicadeza sus dedos con los del muchacho.
—Esto es muy humillante —Ino sostuvo la mirada—, para mí, que he sido pretendida por nobles y ricos herederos —Deidara sintió un escalofrió—, pero debo decirlo —sus dedos apretaron con fuerza la mano del artista—. Te amo.
Te amo.
Sonaba bonito, porque lo había dicho Ino.
Deidara sintió algo infinitamente más intenso que el placer de una explosión.
Deseo… impulso…
Y ningún termino alcanzaría a describir el todo que lo embargaba.
—Sé que me odias, pero yo…
—Odiarte —Ino apenas alcanzo a oír ese susurro. Deidara miraba al suelo—, eso es imposible. Sería como aceptar la estupidez de que el arte es eterno.
—Si no me odias, me has ignorado —pronunció Ino con el corazón desbocado.
—Te ignoro… ¡Porque sé que existes! —admitió exaltado—. En mi vida —fue ahora él quien estrechó los frágiles dedos de Ino—, he conocido algo más bonito que tú, ni si quiera el arte… no tienen comparación.
Ino comenzó a temblar con emoción contenida.
—¿Entonces?
—Eres muy joven —Ino negó con la cabeza—, poco más que una niña.
—Itachi y tú han sido los únicos en verme sin ropa —sus pálidas mejillas se sonrojaron—, y creo que es claro, que de niña, ya no tengo nada.
Las respiraciones de ambos se volvieron erráticas, su conversación se estaba tornando demasiado reveladora.
Ino ya libre del peso de ocultar algo tan importante pudo finalmente aproximarse al joven a través de los barrotes.
Besarlo, eso quería. Y eso haría.
Ino tomó la mano de Deidara, y con sutileza lo jaló hacia los barrotes, él no opuso resistencia, simplemente se dejó mangonear por esa mujer.
Porque Ino estaba demostrando en definitiva, que era toda una mujer.
Los labios de ambos se encontraron con cierta brusquedad en medio de los barrotes, y el rubio artista tuvo que admitir, que no había sensación que superara eso.
Ino no era mejor que su arte, simplemente era distinta.
Era una abrupta sensación que le nublaba y lo elevaba a un cielo desconocido.
Y solo era un beso…
El beso del ser que él anhelaba convertir en mujer, porque indudablemente en medio del abrupto intercambio de esencias, el artista había sentido la vacilación propia de una doncella.
Ino se separó de Deidara antes de dar un tenue suspiro.
Ese beso, había sido indudablemente más profundo que cualquier cosa que le hubiera permitido hacer a cualquier hombre en el pasado, y no era el hecho, de que no hubiese besado a otros, todo se reducía, a que se trataba de él.
Deidara.
El prisionero intentó decir algo, pero Ino se adelantó.
—Eres inocente, saldrás libre. Lo sé —afirmó con seguridad—. Prométeme que si todo va bien, te casaras conmigo.
Deidara se sintió desconcertado, y frunció el entrecejo.
—¿Qué?
—Lo que oíste.
Finalmente el príncipe de cabellos rubios se rindió, no sin poner una última condición.
—Uhm… de acuerdo. Pero debes prometerme que si las cosas no salen como quieres, continuaras con tu vida y mandaras mi recuerdo al demonio.
Ino pegó la frente a los barrotes, Deidara la imitó. Se miraron profundamente a los ojos, la distancia era escasa. Los alientos de ambos se entremezclaban.
—Es un trato —Ino sonrió—. Yo ganare.
Deidara también curvó los labios, seduciéndola con una arrebatadora sonrisa.
CONTINUARA…
Notas de la autora (ORIGINALES):
Penultimo capitulo, ¿Lo pueden creer?
Honestamente me está costando despedirme de esto, han sido dos años en los que agarraba la computadora para escribir exclusivamente este fic, y ahora simplemente el adiós…
Pero bueno, llorare en el capítulo final, no en este.
Quiero en primer lugar hacerles participe de una alegría enorme, enorme, enorme que les debo a ustedes…
¡Princeps Inferni gano el primer lugar en el concurso!
¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!
Porque sin ustedes, eso no hubiera sido posible… ah, y también gracias para los que me extendieron sus felicitaciones por Mp. Son lo máximo.
Hare un MinaKushi, como celebración… pero después, hay algo que me tiene cabezona momentáneamente.
Muchos, fueron lindos, re-lindos al decir que no debería dejar fanfiction, que respetarían mi decisión, aunque lo considerarían una verdadera pena.
Respecto a ese asunto, lo puse porque… no me faltan ideas buenas y malas, mentiría si digo lo contrario, pero tengo una en especial que me tortura…
Pero ustedes confían en mí, y sus reviews realmente me hicieron pensar, que el dejar una idea, por no poder encajar bien una trama, seria de cobardes.
Así que lo anuncio, van a tener más NaruHina. No me voy… espero poder entramar últimos detalles de la idea, hasta la próxima semana, y poderos dar así el final del fic, pero el inicio de un nuevo proyecto.
Ah chicas (y chicos, no Heero, no me olvido de ti), me encomendare a Dios y a la musa para que el ultimo capitulo satisfaga sus expectativas, a fin de cuentas sin ustedes, este fic y yo, no seriamos nada.
Besitos, me voy… y disculpen de nuevo que no spoilee (¿?) nada, pero ya llega el fin.
Y recuerden, que amo sus reviews, me hace bien saber que al otro lado del computador hay alguien que se molesta en leer mis locuras.
Ja ne. ^^
PD. Próxima semana… el Gran Final… xD
