Walkmans y Parques

En febrero, fueron medio persuadidos/medio secuestrados para ir al refugio animal en los límites de la ciudad.

Todo empezó de la forma más peculiar. Era un miércoles y, debido a un milagro perdido en sus horarios, se dieron cuenta de que podían reunirse a mediodía. Haruka, saliendo de su clase de Imagen en Movimiento, y, Makoto, de Mitología Clásica. Era una pequeña bendición, tener tiempo para encontrarse; si quería ver entre las líneas, podía notar que Makoto tenía una agenda mucho más ocupada, este semestre.

La nieve estaba aún presente en el suelo, y Makoto cargaba sus botas naranja. Haruka les dio una ojeada antes de decidir que ya se había hecho más o menos inmune. Ya ni siquiera le extrañaba verlo vestido con ridículos pantalones color mostaza. Tenía la vaga impresión de que el otro día lo vio con una razonable camisa de franela roja; verdaderamente un logro.

Makoto no tuvo ni la oportunidad de terminar de sonreír y decir hola, cuando un entusiasmado extraño fue hacia él, armado con varios folletos y articulando mil palabras por segundo. El primer instinto de Haruka fue escapar – o esconderse en algún lado hasta que el intruso se fuera, pero se sentía raro, dejando a Makoto solo en la calle, presa de depredadores sociales, cuando estaba a tan corta distancia. No obstante, eso no significa que haya caminado muy rápido para llegar a su lado.

" – y agradeceríamos toda la ayuda que nos puedas dar. Esta es la dirección, esperamos verte ahí," el ignoto finalizó y le entregó a Makoto un folleto, para luego darle el mismo amigable gesto, casi dándole un diminuto susto. "A ti también. ¡Que tengan un buen día!" Y se había ido.

"Uh," Haruka enterró las manos en sus bolsillos, observando el papel en posesión de Makoto. "Hola." A veces me pregunto si estoy haciendo esto a propósito, reflexionó acerca de su constante ineptitud, frunciendo hacia su propia voz.

"Hola," fue la respuesta que recibió, en un tono placenteramente ligero. Claro. Tenía que empezar a entender que Makoto ya se estaba acostumbrando a sus tonterías. No había necesidad de preocuparse por cada tropiezo que tenía. No tiene caso llorar por la leche derramada, la mente de Haru ofreció amablemente.

"¿Qué es?" apuntó al folleto, tomando su propio consejo de superarlo y seguir con su vida.

Makoto saltó sobre sus talones, lo que Haruka recordaba verlo hacer en un par de ocasiones, mas aun así, sintió su boca temblar en una sonrisa al presenciarlo de nuevo. "Querían ver si podíamos ir y acompañar a los animales en el refugio por unas horas, para jugar con ellos. Parece que no tienen muchos voluntarios." Se vio místicamente pensativo al decir esa última parte. Haru guardó esta información en su cerebro –ya sabía dónde iba a estar Makoto en su tiempo libre, a partir de ahora.

"¿Unas horas?" preguntó, con la paciencia de alguien que sabía que su destino había sido escrito en piedra.

"Bueno," el rostro de Makoto se fundió en una sonrisa apenada. "Dijeron que al menos media hora, pero…" dudó por un momento. Haruka esperó. "Pensaba que, quizá." Aparentemente, no planeaba añadir nada más.

De acuerdo a las circunstancias, Haruka decidió que, la mejor forma de aproximarse a la situación, era darle una cuidadosa inspección a sus propias botas, ligeramente manchadas por nieve enlodada. "Está bien."

"¿En serio?" Makoto se escuchaba placenteramente sorprendido. "Digo, no tenemos que ir, si no quieres," sintió la necesidad de notificar.

Haruka sacudió la cabeza, inspeccionó sus botas un poco más. "No me molesta. Podemos ir."


Fue una buena decisión, y no sólo porque Makoto lo había mirado con mejillas sutilmente sonrojadas durante todo el camino, sino porque también, una vez que llegaron al refugio – gatos. Honestamente, Haruka esperaba ver algunos perros, para cambiar la rutina, pero al parecer era la hora de comer de los caninos.

No hay forma de que esto pueda ser bueno para mi salud, predijo antes de que fueran admitidos y, diez minutos después, cuando Makoto estaba ocupado convirtiéndose en el mejor amigo de todos los gatos, acordó que había estado en lo correcto. Había otras personas ahí, obviamente, pero entre tantos animales, no se sentían tan oprimentes, así que Haruka sintió sólo su usual nivel de incomodidad.

Mejoró todavía más, un rato después, cuando se apoderó de una esquina del cuarto de juegos. Esquina de Haruka. Habitantes: Haruka y un viejo gato atigrado que no quería más que un tazón de leche tibia y una mano que la acariciase constantemente. Haruka se sintió más o menos identificado.

Sus padres no permitían animales en el apartamento, así que ahí estaba Haru, medio deseando tener una mascota, tan siquiera porque sería un ser silencioso e imparcial que aceptaría su compañía. Ya lo había superado, en cierto sentido, olvidado en los confines de su mente, pero, entonces, conoció a Makoto y a KitKat.

"Es bonito…"

Haruka levantó los ojos, sobresaltado por haber sido sacado de su tranquilo trance acaricia-gatos, y encontró a Makoto, dos mininos negros acurrucados en sus brazos, viendo la habitación con nostalgia.

"Me refiero al lugar. Es mejor que al que iban a mandar a KitKat," clarificó y cuidadosamente se sentó junto a Haruka en el piso. Los gatos en sus brazos estaban dormidos.

Terminó un poco más cerca de lo que estaban acostumbrados, especialmente cuando habían otras personas presentes, pero cabe notar que el poder de relajación que poseen los gatos es tan grande, que Haruka no se sintió incómodo. Tal vez, más tarde, tenga esta sensación cálida y pegajosa que haga que quiera estar todavía más cerca de Makoto; pero usualmente sólo le ocurría cuando llegaba a casa, a la privacidad de su cuarto, dónde no se podían hacer más intentos de contacto físico. Pero, por ahora, Haruka estaba bien, y Makoto parecía estarlo, también.


De: T. Makoto
Para: N. Haruka
17:18 PM
despues de una semana de negación, admito mi derrota

17:18 PM
kitkat se enamoro de la marca de comida que siempre le traes

17:19 PM
y esta enojada porque no le compre de esa. me puedes decir donde la compras haru?

Para: T. Makoto
De: N. Haruka
17:20 PM
Le puedo llevar más la próxima vez.

De: T. Makoto
Para: N. Haruka
17:21 PM
no no! en serio es muy muy amable de tu parte, pero no quiero darte problemas. solo dime donde la puedo comprar
(=´∇`=)


"De verdad trajiste más –Oh, Dios…" Esa, fue una reacción perfectamente razonable.

Tampoco era como si Haruka lo hubiera ido a visitar tantas veces desde Navidad. Bueno, tuvieron un cuestionable juego de Scrabble que requirió que fuera dos o tres veces para terminarlo, siendo que ocupaba toda la mesa de centro y KitKat se estaba fastidiando. Después de eso, sólo un par de inocentes noches de películas, al final de las semanas en que sus horarios no coincidían en lo absoluto.

No era demasiado, en lo absoluto, pero ahora Haruka sentía que se había excedido y se estaba imponiendo. Efectivamente, sólo hasta que se detuvo frente a la puerta de Makoto, se le ocurrió que, quizá, no quería que fuera, y por eso preguntó dónde compraba la comida. Interruptores, no engranajes. Es sólo que había asumido

Que siempre sería bienvenido.

No solía asumir cosas antes, Haruka pensó, en pánico. "Yo, um, perdona… creí que sería… más fácil si yo lo traía," y levantó la caja de comida de gato con ambas manos. No era tan grande, pero, al mismo tiempo, se sentía como si hubiera robado la reserva nacional de comida de gato.

Ya me… voy, quería decir, pero quedó sólo como un pensamiento amargo.

"Ah… está bien. No tengo nada de qué quejarme," Makoto quitó su sorprendida mirada de la caja y le sonrió, causando que el doloroso nudo en el pecho de Haruka se desatara y lo dejara respirar. "Entra," abrió más la puerta y se retiró al apartamento.

Haruka entró, casi incrédulo, y dudó por unos momentos antes de cerrar la puerta detrás de él. "Okay…," dijo después, su mano todavía en el pomo, y miró por encima de su hombro, miedo detrás de sus ojos. "Pero, si estás ocupado…"

"No lo estoy," Makoto contestó desde dónde estaba poniendo agua a hervir. "Quítate la chamarra y déjanos envolverte en nuestro eterno amor y gratitud. Sólo tengo que hacer el té primero."

Haruka casi muere mientras se desamarraba las agujetas. Levantando la vista, y forzando la sangre a despintar su cara aunque sea un poco, se encontró con los enormes, curiosos ojos de KitKat, sentado en la alfombra naranja y observando la caja de comida con interés. La recogió en cuanto se deshizo de toda la ropa innecesaria, e hizo su mejor esfuerzo por ignorar la penetrante mirada que ella le estaba clavando en la espalda.

"No creo que le agrade mucho, en este momento," Haruka concedió, dejando la caja en la mesa de la cocina y siguiendo las manos de Makoto mientras servía agua en dos tazas moradas.

Ante sus palabras, Makoto alzó las cejas, sorprendido, y le dio un vistazo a su querida mascota. "Oh, no," le dio una sonrisa a KitKat, y otra a Haru, "te adora. Si pudieras…," señaló a un pequeño tazón junto a la salida del balcón, y Haruka entendió que era ahí donde debía dejar sus ofrendas.

Fue todo un milagro. KitKat estaba ronroneando, agachando la cabeza hacia el tazón lleno.

"¿Ves? Eterno amor y gratitud. Ahora ven aquí." Y lo hizo, sintiéndose un poco mareado al darse cuenta que recibiría su porción de amor y gratitud desde todas partes.

Makoto simplemente puso la cálida taza en sus manos, y eso fue todo. Haruka la vio por un momento antes de apreciar la sensación que el calor de la bebida mandaba a su cerebro. "Gracias."

"Por nada." Makoto estaba sosteniendo una taza idéntica, y ninguno de los dos parecía estar a punto de moverse al sofá. Tomó algo de fuerza de voluntad para que Haruka hiciera contacto visual, y luego un poco más para no ser vagamente victimizado por la forma en la que Makoto lo estaba mirando.

Makoto no iniciaba besos tan frecuentemente, y tampoco lo hacía Haru – y si bien los que han tenido hasta el momento, aunque pocos, fueron agradables, había ocasiones en las que Haruka deseaba que Makoto lo besara un poquito más seguido, tan siquiera para distraerlo del resto del mundo.

El té estaba quemando sus dedos, como si recordándole que se lo bebiera, así que Haruka obedeció, agradecido de tener otras actividades con las cuales ocupar su boca. Aun así, se movió unos centímetros más cerca de Makoto.

"Mira quién está feliz," Makoto comentó, causando que Haruka mirara por encima de su taza y hacia KitKat, quien yacía satisfecha en medio de la cama de Makoto. Asintió, ligeramente abrumado por su recién creado pasatiempo de hacer felices a las personas. Bueno, personas.

Un par de momentos después, Haruka observó su té con sospecha. "Nunca haces café en casa."

Makoto estaba limpiando el polvo de una de las diminutas macetas que mantenía en la ventana. Había adquirido unas cuantas cuando el clima empezó a mejorar. Lo miró con sorpresa. "Es que no me gusta tanto el café."

Haruka se aseguró de modelar todos sus sentimientos encontrados en su expresión.

"Ya sé, ya sé. Pero, créeme, es más común de lo que crees," Makoto sonrió, tomando un trago de té para acentuar su declaración. "De ahí en fuera, me gusta todo."

En toda seriedad, Haruka tachó un objeto de su lista de cosas que no le serviría a Makoto cuando eventualmente lo fuera a visitar a su casa. "Como digas…," dijo, preguntándose cómo podía inquirir sutilmente sobre su opinión acerca de la caballa asada.

"Como, por ejemplo, ¿sabes qué me gustaría en este preciso momento?" Makoto preguntó después de una pausa filosófica.

Haruka dejó de nombrar recetas de caballa en su cabeza. "¿Qué?" Makoto tenía la mirada perdida en la ventana, ahogado en sus pensamientos.

"Helado," respondió, dándose la vuelta para ver a Haruka con un radiante gesto, y el movimiento fue dramatizado por los rayos de sol que caían sobre su cara. Haruka quería señalar que no había pasado ni una semana desde que las temperaturas subieron por encima de los 0 grados, pero, al final, sólo sacudió la cabeza y ofreció su compañía a la heladería más cercana.


Fue mientras estaban sentados en una de las mesas dentro de la heladería – Makoto escarbando en uno tamaño grande de oreos, y Haruka modestamente jugando con su vaso de yogurt congelado – que Haru recordó la muy, muy importante petición que Rin le había hecho.

"Uh, hay algo que te quería preguntar," se preparó, enterrando su cuchara en la pequeña esfera de yogurt. Makoto pausó su festín, prestándole toda la atención del mundo. Tomándolo como pauta para continuar, dijo, "¿Recuerdas que un amigo se quedó conmigo en invierno? Pues, él estudia en Australia – bueno, no estudia, sino que está entrenando para nadar profesionalmente, y está buscando un roommate," estaba hablando demasiado y sentía que su garganta estaba reseca, pero Makoto asintió, motivándolo a continuar. "…Y quería saber si conocías a alguien que quisiera estudiar allá… o algo."

Makoto lució pensativo por unos segundos. "Hm, puede que sí. Un amigo está estudiando fisioterapia del deporte en Kyoto, y le gusta la natación y todo, así que puedo preguntarle, si quieres."

Eso fue mil veces más fácil de lo que esperaba. Asintió, dejando salir un pequeño suspiro de alivio. Sacando su celular lentamente, como si dándole tiempo a Makoto de arrepentirse de su oferta. Comenzando a teclear un mensaje para Rin, preguntó, "¿Cómo se llama?"

"Sousuke Yamazaki."


Parecía ser que, aquel ecosistema que se formó en el interior de Haruka poco después de conocer a Makoto, finalmente había decidido florecer, para variar, en primavera. Si es que podía llamarse primavera al húmedo, opaco Marzo que había fuera de su ventana. Haruka frunció aprehensivo a las nubes grises cubriendo la mitad del cielo.

Quizá salir no sea tan buena idea, pensó, pero una parte suya se rehusaba a eliminar esa opción. Había una pequeña lista frente a él, escrita en un post-it, como si pensara que si la hacía tan pequeña como podía, sería más fácil de desvanecer de la existencia.

Pero entonces, no tengo nada, apretó los labios en una línea dolida, y tocó repetitivamente el escritorio con su lapicero. Le dio otro vistazo a los tachados nombres de varios museos y bistrós; todos ellos, ya los había visitado antes.

Una vez más, a Haru se le ocurrió que no estaba hecho para esto. Murmuró tal cosa para sí mismo aun cuando buscaba el nombre de Makoto en su celular y lo marcaba. Tuvo tiempo de decirlo una vez y media antes de que el otro contestara el teléfono.

"Makoto," Haruka empezó, un verdadero romántico empedernido, y veinte minutos de desvaríos y estratégica elusión del tema finalmente lo llevaron a "Si el clima está bien, pensé que podríamos salir a caminar por el parque, éste fin de semana…"


Y, pues, puede que Haruka no fuera muy bueno con la planeación de eventos, o con las citas, o con la planeación de citas, pero que no digan que no lo intentó. Con un paraguas colgando con incertidumbre de su muñeca izquierda – al cuál sacudía de vez en cuando, para que dicho paraguas azul no fuera a sentirse excluido – y preguntándose si, quizá, el clima todavía no era apropiado para vans, Haruka tomó refugio bajo un poste de luz.

Ya era un poco tarde para las formalidades, pero eso no lo detuvo de ponerse una camisa de botones. Tal vez era demasiado suave, y demasiado grande, y demasiado cómoda como para ser considerada formal, pero es la intención lo que cuenta. Esta era la primera vez que invitaba a Makoto a salir, específicamente, en una cita, en un lugar para citas – ejemplo: un parque.

Ausentemente, viendo un charco de agua temblar en el viento, Haruka ponderó si todas las salidas contaban como citas una vez que las personas en cuestión entraran en una relación. Sería un poco raro; no veía nada romántico en salir a comprar ingredientes para curry. Resopló al ver una rana saltar por el pavimento.

Lo más notable de Makoto, cuando llegó, era que estaba usando una camiseta sin estampados extraños. Seguro, estaba debajo de un abrigo y un cárdigan, pero algo es algo. Haruka ya se sentía refrescado incluso antes de saludarlo. "¿Crees que vaya a llover?" Makoto cuestionó, ojeando el paraguas, sin aparente conocimiento de que estaba siendo investigado.

Haruka se mordió el labio, frunció, y comenzó a abotonarse la chamarra. "Claro que no. La traje sólo para ahuyentar animales salvajes."

Makoto rio entonces, pero fue una reacción demasiado pronta. Después de todo, era Haruka de quién se hablaba, y nadie debía estar sorprendido cuando la lluvia empezó a caer sobre ellos, media hora después.


A pesar de las feroces protestas de Haru, entraron a un café al lado del lago del parque. No pudo evitar sentirse despechado, y el goteante paraguas junto a él era una exquisita representación de su humor actual.

Aun así, Makoto - algo húmedo y con el cabello pegándosele a la frente – parecía estar de perfecto buen humor, sonriéndole a la joven barista y tomando una mesa frente a la ventana, la cual estaba cubierta con gotas de lluvia. Haruka lo siguió, pero con mucho menos entusiasmo, profundamente convencido de que, si hubiera sido Makoto el que planeó la cita, el cielo se hubiera partido en dos para dejar que el Sol iluminara su caminata.

"No hay problema, de verdad," decía ahora, viendo el mudo estrés de Haruka con simpatía. "Mejorará en un segundo. Estas lluvias no suelen tardar mucho."

Haru no volteó a ver a los otros clientes, pero estaría extremadamente agradecido si, en ese instante, todos le dieran a Makoto la misma mirada incrédula que él le estaba dirigiendo. No lo hicieron, todos ocupados con sus propias vidas, así que Haruka era el solitario soldado enfrentándose a un batallón entero de optimismo.

Todo, irremediablemente, mejoró en cuanto llegó la hora de ordenar. Haruka pidió, por puro hábito, una taza de café, pero Makoto pareció encontrar algo verdaderamente gracioso en la situación, escaneando el menú y preguntando sobre los diferentes artículos listados. Haru se dio cuenta, después de que el confundido barista se fuera, de que Makoto probablemente no tenía muchas oportunidades para tomar el papel de cliente.

Una sonrisa no-muy-apenada se expandió en su rostro. "No pude evitarlo," dijo, prácticamente confirmando las sospechas de Haruka. "Te traje algo."

Haruka mantuvo la mirada sobre Makoto, mientras éste rebuscaba algo en su mochila y sacaba un paquete envuelto en papel amarillo. Por un momento, frunció. ¿Trajo algo especialmente para distraerme? pensó, porque pensar era divertido; sabía que Makoto era demasiado… pues, Makoto, para hacer tal cosa.

La caja fue empujada sobre la mesa en su dirección, y ningún café fue derramado, ni siquiera el minúsculo azucarero. "Um, ¿gracias?" Haru intentó, tocando el papel con cautela. Todavía no estaba seguro de que fuera un regalo. Aunque, qué otra cosa podía ser en estas circunstancias, no tenía idea.

"No me agradezcas aún. Puede que haya tenido una falla en el camino, y eso haría el asunto muy incómodo."

Ya me asusté, le dio a Makoto una mirada desconcertada e intentó desenvolverlo. "¿Qué…?" comenzó en cuanto llegó a la caja bajo el papel –ésta se abrió con más facilidad y los contenidos cayeron sobre su regazo. "Oh."

No había visto uno de estos en años; ni siquiera había tenido uno en sus manos desde que el suyo se rompió en una excursión que hizo con sus padres, cuando era niño. Todo se sentía un poco surrealista.

"¿De dónde lo sacaste?" le preguntó a Makoto, agitando el walkman en su mano.

"Encontré las piezas en el ático de mi casa, en mi última visita. Pensaba repararlo para pasar el tiempo, aunque no esté seguro de que tan útil sea, estos días…" Todo se sentía extraordinariamente surrealista.

Haruka se apresuró a responder. "No, tengo varias cintas en casa, solía tener uno de estos hace años. Yo… um." Pausa súbita, la pena por fin lo había alcanzado. "Gracias," luchó por no susurrar eso último.

Makoto sonrió, mejilla recargada contra una palma. "No hay de qué. Sólo, recuerda enviarme un mensaje para decirme si funciona."


Resulta que, siendo que aún era el día de Haruka y aún era, a los ojos del universo, el responsable de la cita que estaban teniendo, la lluvia no se detuvo. Era cuestión de tiempo para que se cansaran de estar en el café – y para que Haruka estuviera dispuesto a admitir derrota a la Madre Naturaleza – así que, más tarde, se encontraron en medio de la tormenta.

Haru hizo un valiente intento de usar su paraguas, pero probó no tener éxito desde las fases tempranas. A penas llevaban afuera quince minutos y ya estaban completamente empapados. Con sus mejores intenciones en mente, Haruka hizo una silenciosa plegaria de que su bolsa se volviera a prueba de agua, así de la nada.

El normalmente-desarreglado cabello de Makoto caía pegado a su cara, y la lluvia probablemente ya había traspasado toda su ropa, pero eso no parecía disminuir su buen humor en lo absoluto. Haruka debía admitir, estaba impresionado.

"Entonces, antes de que mis papás nos compraran los peces koi, yo era el único que tenía mascotas," Makoto narró diferentes partes de su infancia, sus pies pasando por charcos sin cuidado. Los pies de Haruka eran mucho más cuidadosos en su camino. "En primaria, tenía tres grillos. Los tenía todos en una bolsa de plástico en mi cuarto, y en la noche abría la ventana para que pudieran escuchar a sus amigos afuera."

Sintió que un millón de leyes universales lo obligaron a hacer su pregunta.

"¿Grillos?" Haruka lo vio de reojo, lo cual era mucho más difícil de lo que sonaba, con toda el agua de lluvia que se le estaba metiendo a los ojos. No se consideraba a sí mismo un ser material, en ese momento.

Cuando Makoto sonrió, lo primero que Haru pensó fue si agua de lluvia se le metería a la boca. "Hershey, Ferrero y Cadbury. Los dejé ir después de unos meses, pero fue divertido."

"Intenté tener un perro, cuando tenía doce; se llamaba Makkou, pero entonces descubrimos que mi papá era alérgico y nunca más volvimos a hablar de eso," Haruka contribuyó, habitualmente poniendo sus manos en sus bolsillos, sólo para sacarlos al sentir la asquerosa humedad que había dentro.

Makoto lo consideró por un minuto. "Cuando vivas solo, ¿quieres tener una mascota?"

Cuando vivas solo – las palabras se tambaleaban por la mente de Haruka. Como si fuera fácil. A decir verdad, no se imaginaba como un ser humano independiente y funcional. Al menos, no del tipo con un techo y comida sobre la mesa. Naturalmente, tampoco esperaba pasar toda su vida con sus padres. Más que nada, estaba esperando al día en que tuviera que buscar refugio en una calle, o en el sillón de Rin. Aunque, claro, puede que eso sea una exageración.

"Tal vez," contestó, no pudiendo contener un suspiro. Algunas cosas tenían que ser dichas en voz alta. "Aunque no creo ser capaz de tener una condición lo suficientemente estable como para tener una…" O para poder mantenerme a mí mismo en primer lugar. Pensar era divertido, como dijo antes.

"Vas a estar bien," Makoto anunció, sin dudar. "Mientras vivas, siempre habrán oportunidades para ser feliz. Vas a estar bien, siempre que tengas eso en mente."

Los sauces silbaban alrededor de ellos, y la lluvia ya no se sentía como más que una masa compacta de frío, pero Haruka logró extender los ojos hacia él, y algo dolió en su interior, incluso después de desviar la mirada.

¿Cómo podría no haberme enamorado de él? Otra persona podría estar en mi lugar, y aun así, hubieran caído por él. Pero no fue nadie más; era él con quien Makoto quería pasar su tiempo, y quizá eso era todo lo que importaba en este caso.

"Eres increíble," Haruka comentó quedamente, lluvia recorriendo sus labios.

Se sentía un poco apenado por decirlo, pero Makoto no hizo de menos sus palabras; no rio, no lo miró extrañado, nada. No había más que esa mirada, sutilmente diferente a las demás, que le daba cada vez que estaba a punto de decir algo que sólo Haruka tenía el derecho de escuchar.

"No tanto como tú."


Nota de Autor: Oh, por Dios, demasiadas lindas personas están leyendo esto, y ? renazco cada vez que leo los reviews que dejan \(*T▽T*)/

Con las clases y el montón de tarea y proyectos que me dejan, creo que ya es hora de decir adiós a las actualizaciones semanales de los viernes, y decir hola a las actualizaciones de los sábados cada dos semanas. Y sé que no quieren escuchar mis excusas, pero en verdad intenté terminar éste capítulo al menos para el sábado pasado, pero la escuela es una dama cruel…

En otras noticias, oficialmente éste es mi fic con más capítulos/palabras, y créanme que es todo un logro para mí haaaaa. Eso es lo bueno de los OTPs: te motivan a seguir y a seguir y a seguir y a seguir y a seguir y a seg-

(…huelo Sousukes en la distancia…)

También los invito a darse un paseíto por mi blog, tachxbana .tumblr .com, que es todo un coctel de anime, free! y MakoHaru (plus, ahí tengo una barra con actualizaciones de mis fics, así que si tienen dudas sobre cuándo voy a subir el siguiente capítulo o lo que sea, pueden revisar allá), y si tienen una pregunta que necesita una respuesta inmediata, o sólo me quieren decir algo, igual pueden hacerla por mi blog –ni siquiera tienen que tener una cuenta de tumblr para hacerlo *wink wink*

¡Y, pues, eso! Como siempre, sería muy muy lindo de su parte si pudieran dejar un pequeñito comentario; verdaderamente es una de las cosas que más me motivan, y si tienen el tiempo de escribir uno, lo agradecería infinitamente~~ ¡Bye Bye! ( ◞・౪・)