EDITADO 29/04/2016
Hemos llegado al final.
Gracias por estar aquí…
Arriba el telón… por última vez.
Notas: Explicaciones y demás, acerca de la historia y la narración al final del fanfic
Disclaimer: Ni Naruto, ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Kishimoto-sensei
Recomendación Musical: "En cambio no" de Laura Paussini.
AMORES CRUZADOS
Capítulo 36: Horizonte.
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Naruto observaba el todo rodearle, con calma aparente.
Un juzgado no era un lugar tranquilo, ni mucho menos, ingenuo seria pensar que solo había mensajeros corriendo a diferentes despachos a dejar unos cuantos papeles, a un montón de jueces mal encarados, con grandes y rizadas pelucas blancas.
De hecho, había más que eso, existía una cantidad inverosímil de fiscales, empujándose entre sí para movilizarse, de hecho el fiscal acusador en el juicio de su hermano, un sujeto gordito y calvo de expresión austera, había tropezado con su enorme toga, después de dirigirle una mueca de desprecio.
Como si aquellas cosas le importaran al gran Naruto, quien solo se alzó de hombros, no tenía ganas ni de reír.
Él solo estaba allí, meditando, repasando una y otra vez cada episodio de la batalla final. Le resultaba de cierto modo, increíble pensar, que todo el Consejo de los Reinos había hecho lo posible, e imposible por hundir a su hermano en el fango.
Por supuesto, como la corrupción en el Fuego le había facilitado las cosas a Itachi, por quien Sasuke no había tenido reparos en comprar a todo el que estuviese dispuesto a venderse, quedo limpio, y ahora, iba a ser rey.
Era esa la razón por la cual todos los monarcados se lanzaron a su hermano como aves carroñeras, porque era lo único que quedaba para destrozar, lo único que permitiría lavar una gran equivocación, era la última nube roja teñida en un cielo azabache, que se resquebrajo para dar paso en su lugar, a un intenso sol.
El deber del Consejo de los Reinos, era desintegrarlo, para intentar mostrar lo que no eran, unos soquetes.
De cierto modo, sentía que todo estaba en sus manos, la última carta para salvar lo insalvable.
Sus dedos se enrollaron en el pasamanos, que hacía de camino a la sala donde se dictaría la sentencia final a su hermano mayor, sentía su respiración más pausada, y un sudor frío recorrerle.
—Hola Naruto.
El rubio regresó la mirada hacia la aplacada voz de Sakura, quien lo miraba profundamente, como si entendiera las mil cosas que transcurrían a su alrededor.
—Hola Sakura chan —intentó sonreírle, pero le resultaba tan extraño verla—. ¿Qué haces aquí? ¿Y mi sobrina? —preguntó, Sakura sonrió.
—Sarada chan está bien —Sakura puso su mano en el hombro de Naruto—. Mi deber en este momento es estar con mi familia.
—Sarada chan es de la familia —debatió Naruto con rostro inocente.
—¡Claro que mi hija es parte de la familia! ¡Shannaro!
—¡Lo siento! ¡Lo siento! —Aclaró Naruto de inmediato—. Es solo, que no te esperábamos.
—Lo sé —Sakura se acomodó un flequillo—. Yo aprecio mucho a Deidara, y debo estar aquí, apoyándote a ti, a mis tíos —Sakura le miró a los ojos—. Quiero compensarles mi ausencia.
—No es necesario. Sarada conlleva tiempo, lo sabemos —Naruto sonrió sinceramente—. Pero gracias.
—Nada de gracias —le interrumpió—, hay algo más que debo decirte.
—¿Sobre qué…?
—Sobre nada.
Naruto giró sobre si, guiado por un timbre de voz grave y arrogante. Y ahí estaba, justo como lo había predicho, Sasuke, unos pasos más distante de él, Itachi.
—¿Y a que debo el honor de tu presencia, Teme? —Naruto se cruzó de brazos sonriendo de lado.
—No a ti. Eso es seguro, Dobe.
Sakura observó la escena. Y nuevamente tuvo que aceptar que era una ilusión vana, llegar a creer que ellos dos conllevaran una mejor relación que la actual.
—Buenos días —se acercó Itachi al grupo, con un enorme pergamino en las manos.
—Eh… Hola Itachi —saludó Naruto sin dejar de observar el curioso objeto—, ya que tú eres más tratable, me podrías decir ¿qué hacen el Teme y tú aquí?
Itachi rodó los ojos hasta el pergamino que sostenía en sus manos.
—Yo debo hacer algo muy importante —habló con calma, antes de mirar a su hermano—, en cuanto a Sasuke. Él ya es un hombre —Itachi puso una mano en el hombro de Naruto—. Nos vemos.
Lo que Sasuke tenía de odioso, Itachi lo tenía de extraño. Naruto esperaba de corazón que su sobrina se pareciera a su familia, aunque tal vez esperara demasiado, después de todo, Sarada, era una réplica femenina e infantil de Sasuke.
Naruto alcanzó a ver a su padre en ese momento, quien se dirigía en su dirección con pasos premurosos, y ahí quedo su examen de la consanguinidad.
—El juicio de tu hermano está a punto de empezar, Naruto —habló de prisa Minato, antes de notar a sus acompañantes— . Sakura chan, Sasuke san… —Minato asintió con la cabeza, la pareja correspondió de igual manera.
—Vamos, Papá.
La voz de Naruto sonó firme, antes de caminar hombro a hombro con su padre.
Cada paso parecía más largo. No quería llegar, pero avanzaba y la estúpida sala tercera de la corte judicial se mostraba elegante, con aquel tipo de petulancia hipócrita, típico de la nobleza.
Irónicamente él era un noble, pero era diferente.
Caminaron por el amplio salón, siendo escrutados por un millar de ojos, que por un mínimo de respeto no levantaron dedos acusadores en su dirección. Naruto sintió nauseas, estas terminaron cuando divisaron entre la multitud una llamativa y larga cabellera roja.
—Querida —llamó con voz tenue Minato, Kushina elevó el rostro sin soltar un rosario de sus manos.
—¿No me quitaran a mi hijo de nuevo' ttebane? —preguntó, sus ojos estaban vidriosos.
—No lo sé, Kushina. No lo sé.
Naruto se sentó a lado de su madre y la abrazó.
—Mi hermano estará bien, Mamá. Ya lo veras 'ttebayo.
Minato se sentó a lado de su hijo menor y su esposa, completamente enternecido, e infinitamente preocupado. Sasuke y Sakura se colocaron una fila más atrás.
Un guardia con traje medieval, al mirar a todos en sus lugares, sacó un gran papiro de un tubo metálico, lo sacudió en el aire con prepotencia y leyó las líneas escritas ahí, agravando la voz:
—Se llama a la corte a Deidara Namikaze. Acusado de terrorismo, actos criminales, entre otros.
Otro tipo, alto, similar a un buey de raza fina sobre dos piernas, empujó al muchacho rubio desde un cuarto ubicado a lado del estrado del juez.
Deidara era un muchacho apuesto, siempre lo había sido, pero indudablemente se apreciaba en su hermosa tez, una fisonomía azotada y unos ojos envejecidos por los golpes de la vida.
—Levanta la cabeza, crío.
Amenazó al oído el guardián de Deidara, quien solo sintió cuando el tipo le haló de sus cabellos con el propósito de mostrar su rostro a todos los presentes de la sala. No opuso resistencia, se sentía terriblemente agotado, en su examen por el salón, sin embargo, halló una buena razón para volver hacer uso de la rebeldía propia de él.
Ino lo observaba desde la puerta de la sala, había llegado en ese momento. Ella apretó los labios y asintió con seguridad para él, fue entonces cuando se sacudió para sacarse de encima al sujeto que le sostenía.
—Es suficiente —se desprendió de él y caminó hasta su abogado, sin regresar la vista a los ojos asesinos de su guardián.
—Todo bien, muchacho —preguntó el hombre de cabello negro.
—Todo bien, Asuma san, uhm —respiró profundamente—. Acaba con esto de una vez.
—Como quiera, su alteza —sonrió el aludido.
El artista tenía las de perder, lo sabía. Pero no quería renunciar, no teniendo al mejor abogado de toda la franja de los reinos. Asuma Sarutobi.
No podía perder.
Por una jodida vez en su vida, quería creer en Dios.
—o—
El juicio se había prolongado demasiado, Naruto sentía el estómago revuelto y la cabeza enredada, como un enorme nido de pájaros. Su corazón palpitaba con fuerza y su respiración era inconstante. Pero debía estar firme, recto e inflexible al pie del cañón.
Sus manos sujetaban con fuerza una de las manos de su madre que tenía su cabeza recargada en el hombro de Minato, llorando silenciosamente , mientras mostraba un acopio de valor, que solo una madre podía llegar a tener.
Aun quebrada, Kushina no desprendía los ojos de su hijo mayor, deseaba tanto abrazarlo y decirle que todo estaría bien, como cuando aún era un niño que creía en monstruos del armario.
Pero en esos momentos, solo quedaba la incertidumbre, la espera y el valor ciego.
—Sarutobi sama, tiene más argumentos que debatan la acusación del señor fiscal.
Asuma apretó los puños, intentando por todos los medios prolongar la audiencia.
Era un excelente abogado, el mejor de todos, y no iba a perder aquel complicado caso. Nunca había perdido, y no iba a ser por primera vez, además, le habían pagado bien, y por sobre todo, su rey, Lord Hiashi Hyuuga, le había pedido como favor personal que librase de prisión al príncipe denigrado, después de todo, Deidara siempre había combatido en contra de Orochimaru, el bastardo que había arruinado la vida de Hinata.
Y eso Hiashi Hyuuga lo tenía en cuenta, y Asuma como su fiel vasallo, también.
Esa era la razón por la cual el Reino del Agua se mantenía más ecuánime respecto a la situación.
—Ruego, Danzo sama —se dirigió con cautela al conocido "Juez de Hierro", quien mantenía una expresión adusta—, un poco de más tiempo.
—Cuanto más —elevó la voz Danzo, sin alterarse—, cuanto más, Asuma.
—No más, Danzo —intervino, una anciana, quien era parte del Consejo de los Reinos.
—Déjalo, Koharu —repuso otro anciano a lado de la vieja mujer—. Danzo sabe qué hacer.
—Tan solo debe decir que ese mozuelo inconsciente es culpable, es todo, Homura.
Minato se tragó una gran ola de furia al escuchar al par de viejos hablar tan a la ligera de la condición de su hijo. Y tuvo en ese momento también, que lidiar solo con la inquietud de que el extremista de Danzo condenara a su hijo a la horca, apoyado de forma idiota por un par de consejeros que obraban en prole de ideas caducas y mal enfocadas.
—No más Sarutobi sama —Danzo tomó el martillo para declarar sentencia. Asuma se sintió derrotado y Deidara acorralado.
—Señor… —intentó replicar el abogado.
—No más —volvió a clarificar el juez.
—Y no tendrá que esperar más, Danzo sama.
Itachi caminó por medio de toda la sala, atrayendo miradas hacia él, su porte se realzó con la oscura y elegante toga, que todos los magistrados utilizaban para las audiencias. Aun llevaba en sus manos el enorme pergamino.
—¿Quién lo ha autorizado a intervenir en este juicio, Itachi sama? —reclamó Danzo colocando de nuevo el martillo en su lugar.
—El honor —pronunció pasando a lado de Deidara, quien lo miró inquieto. Itachi supo, en cierta forma, que el carácter de su amigo había sido domado— y las leyes.
—Disculpe mi intervención —Asuma se aproximó a Itachi, tomando en sus manos el pergamino—, pero esta es la causa por la que he rogado constantemente una prorroga en el proceso.
—¿Qué es eso? —indago el juez.
—La prueba de que está a punto de acabar con la vida de un inocente.
Deidara entreabrió los labios, y una expresión tonta y esperanzada apareció en sus suaves rasgos.
Kushina finalmente quitó los ojos de su hijo y los volvió hacia Minato, quien sonreía de forma extraña. Naruto simplemente sintió una gran adrenalina recorrerle el cuerpo.
Una fila más atrás, Ino bajó la mirada con el corazón casi en la garganta de tanta inquietud, mientras sintió como Sakura le apretó la mano con fuerza, dándole todo el apoyo que necesitaba.
—Todo va a estar bien, Cerda.
—Lo sé, Frente de marquesina.
Ino miró a Sakura. Ambas sonrieron.
Eran las amigas más idiotas del planeta.
Fueron unos momentos extensos en los cuales las voces de los ancianos se elevaron para chillar quejas en contra de Danzo, quien revisó los documentos a detalle, obligado por la gran astucia de Itachi y Asuma.
Tenía constancia que Itachi era hábil con las leyes, un requisito odiosamente obligatorio para todos los reyes. Técnicamente era un abogado que no había ejercido la profesión, por circunstancias adversas.
En cuanto a Asuma, de él, Danzo esperaba todo.
Deidara por su parte, observó la intermitente revisión del largo pergamino que había llevado Itachi.
Todo acabaría en un momento.
En un instante, tan breve como un suspiro, Danzo enrolló el pergamino y lo asentó sobre su podium, observando de forma neutra a todos los presentes, pasando desde los miembros del consejo, hasta el acusado.
—Comprendo los puntos expresados, Itachi sama —las manos de Danzo se entrelazaron—, pero eso no disminuye los hechos.
—Pero los justifica —Itachi se adelantó a Asuma, pidiendo permiso con la mirada—. Yo lo sé mejor que nadie.
Danzo aferró con molestia el pequeño martillo para dictar sentencia. Detestaba verse superado por un mocoso como Itachi.
—Yo, Danzo Shimura, con el poder que me confiere la ley, retiro los derechos reales al acusado nombrado como Deidara Namikaze…
El príncipe de cabellos rubios sintió un enorme vacío apoderarse de él.
¿Iban a matarlo?
¿Acabaría todo en un instante?
Y por primera vez, deseo ser eterno, y no efímero como su arte.
—Prohibiendo —continuó Danzo con la sentencia— acceda a su genuino derecho de sucesión al trono.
Danzo no cambió su expresión hosca al explicar el dictamen.
—El crimen sigue ahí, pero concuerdo en que es justificado. Por tanto, prohíbo te conviertas en rey, permitiéndote conservar solo el título nobiliario de príncipe —Danzo tomó aire, antes de pronunciar lo demás—. Quedas en libertad. Esa es mi sentencia.
El martillo sonó en la sala, y un grito poco elegante resonó en el lugar.
Deidara se llevó las manos al rostro, con ganas de llorar, gritar o reír. Pero no podía, la voz parecía haberse muerto en su garganta, y sus expresiones haberse quedado rezagadas en cualquier parte, fue entonces cuando una mano se posó en su hombro, regresando en sí.
Se puso de pie y no tuvo reparo en abrazar a Itachi emocionado.
Le debía la vida a ese Uchiha, y eso era insoportable.
—Gracias —pronuncio turbado, Itachi ladeó la cabeza sonriendo de lado.
—Muchacho —dijo Asuma, el rubio volteó y le tendió una mano emocionado.
Lo demás, simplemente fue un bálsamo que se esparció en la sala, un anuncio de mejores tiempos venideros.
El Consejo de los Reinos en ese momento fue rezagado a un profundo rincón, envolviéndose en la enorme cizaña que habían socavado, ladrando improperios que delataban lo miserables que se sentían al no haber podido conseguir, el vil objetivo de derramar sangre inocente.
Pero las energías negativas morían ahí, los reyes simplemente estaban ebrios de felicidad. Su primogénito no sería rey, pero estaba vivo, y eso era suficiente.
Naruto también felicitó a su hermano, sencillamente sintió que su dolor se atenuó un tanto. La felicidad no era completa, pero la alegría se sentía bastante bien.
—Naruto san.
Las cavilaciones del rubio fueron interrumpidas por la voz discreta de uno de sus guardias.
—¿Que ocurre, Minoji?
El hiperactivo príncipe se separó del grupo para acercarse al hombre, que sostenía un sobre en la mano.
—Es una carta para usted —Naruto mostró un ligero asombro, y el corazón le latió con extrañeza—. De parte de Lord Neji Hyuuga.
Naruto agradeció distraídamente el encargo, y sintiendo ese sobre algo privado, en demasía cabe aclarar, a largos pasos salió con discreción de la sala, abrió el sobre en un lugar apartado, y con dedos temblorosos y una esperanza de plomo, leyó la carta:
.
Naruto, no pienso ir con rodeos en esta ocasión, ni llenar tres hojas, solo escribirte estas escasas líneas.
Finalmente los augurios y la vida le han dado a Hinata sama lo suyo, en cierta forma, una funesta y no tan recompensada situación. Da igual, el punto es que ha despertado. Mi prima y el resto de la familia han vuelto a la vida.
Los pronósticos son varios, y los médicos viven escandalizados, no sabría…
.
Naruto leyó el resto de la carta con una sonrisa en los labios y un tic en el ojo.
Hinata había despertado. Había vuelto a la vida.
Y la vida, de repente, tenía sentido.
—¡SÍ, DATTEBAYO!
Gritó, atrayendo la atención de varios fiscales y abogados que circulaban en el pasillo, mientras su puño estrujaba la carta. Estaba ebrio de felicidad, y Hinata… Hinata estaba viva.
Ahora todo era completo.
Caminó a pasos torpes, intentando no danzar como un loco, cuando sus ojos alcanzaron a visualizar a su hermano y a Ino mirándose a los ojos en medio de un enorme círculo de gente.
No supo que paso, pero al instante siguiente, su rubia amiga se lanzó a los brazos de su hermano plantándole un beso desesperado en los labios.
Sabía que Ino estaba un poco loca, pero no entendía el resto, y por qué su hermano en lugar de apartarla, la estrujo con fuerza, como si no hubiera besado a nadie en mucho tiempo.
Aunque, pensándolo bien, él había estado en prisión, tenía derecho a besar a todo el mundo.
—¡¿Quién te crees para hacerle eso a mi hijo' ttebane?!
Escuchó gruñir a su madre mientras se acercaba.
—Me creo… ¡Soy la mujer que lo ama, y él es mío!
—¡Mi hijo es mío, no tuyo! ¡¿Cómo te atreves a enfrentarme, mocosa malcriada?!
—Malcriada sí, pero no alterada como usted…
Naruto llegó al lugar, mitad perturbado y mitad extrañado, su madre no solía ser tan brusca con la gente, y su expresión en ese instante daba miedo, tal vez intentaría comerse a Ino o algo similar.
—Esta es la nuera que siempre quise, Minato —Kushina volteó radiante a ver a su marido—, se parece a mí, tiene carácter.
La pelirroja hizo un puño y sonrió antes de acercarse a Ino y tomarle la mano. Deidara estaba completamente rojo, y la hermosa rubia desconcertada.
—Bienvenida a la familia, niña.
Ino le tomó de la mano aun desconfiada. Kushina Uzumaki era una mujer de carácter fuerte, la hacía sentir pequeña. Pero ella jamás se acobardaría, menos tratándose de Deidara.
Naruto rió y miró de casualidad a Sakura, que tomada de la mano de un Sasuke serio, estaba en igualdad de condiciones, era una contemplación cómplice la de los dos, porque eso siempre habían sido y seguirían siendo.
Finalmente el Reino del Viento volvía a vivir sus tiempos de gloria.
—o—
El invierno se tornó primavera.
Las flores, pequeñas y frágiles luchaban por abrirse paso a través de la escasa nieve que aun cubría los extensos jardines del Castillo Hyuuga.
Señal innegable de que se vivían tiempos mejores.
Esa idea siempre circundaba en la mente de Naruto, hasta ese día, en el cual era feliz por simplemente ver dar unos cuantos pasos a Hinata.
Los estupefacientes habían marcado aún más de lo esperado la vida de la princesa.
Y no era, que sintiese añoranza de los tiempos remotos, de hecho deseaba olvidarlos, rezagarlos a un profundo rincón de su memoria, pero la mella seguía ahí, la cicatriz no desaparecía, y lo recordaba día a día.
Él deseaba olvidar, como lo había hecho ella, pero ese derecho le estaba negado, por no haber sido él, el portador de los ojos benditos.
El Byakugan.
La pieza del desastre.
Aun recordaba el extenso dialogo sostenido con Neji a principios de marzo, cuando luego de celebrar la boda de Sasuke y Sakura, había podido ir finalmente al Reino del Agua.
Sabía que no podía esperar cosas color rosa, una Hinata sonriente con los brazos abiertos, gritándole: 'te amo', pero lo hallado era demasiado.
Vida.
Hinata estaba con vida, pero jamás volvería hacer la misma.
Las consecuencias que tuvo cada una de las ampollas que le había inyectado Orochimaru, se traducía a lagunas mentales.
Recordaba retazos de su vida, su infancia, su familia, y a él… a él lo había olvidado.
"El medico dijo que probablemente su mente bloquea los recuerdos relacionados con Akatsuki, porque le hacen daño."
Recordaba haber escuchado decir a Neji con voz resignada y apagada, aun sabiéndose el futuro Rey del Agua.
Por boca del propio Neji, supo que Hiashi Hyuuga —con quien apenas había cruzado palabra— había realizado todos los trámites para heredar el trono a Neji —el miembro de la familia real Hyuuga en el cual había la manifestación del Byakugan más pura—. El rey había aludido cansancio, mas rumores por ahí, aseveraban que era un intento inútil de enmendar los errores. De querer intentar darles a sus hijas un padre, y no un tutor que pasase señalándoles lo incompetentes que eran.
Quizás para la menor de las hijas de Hiashi, la idea estuviese a tiempo. Sin embargo, para Hinata era tarde, sin memoria, y aun paso de ser mujer, no había mucho por hacer.
Pero así habían sido las cosas, y Naruto aun repasaba el momento que la había vuelto a ver.
Linda seguiría siendo toda la vida, pero aun recordaba la furia que le había invadido al verla en una silla de ruedas, notablemente delgada, débil y con la mirada perdida en la nada.
Esa había sido, otra de las grandes obras póstumas de Orochimaru.
El haber estado en coma, había repercutido en la movilidad de sus extremidades inferiores, si bien, podía recuperarse, no quitaba el daño hecho.
Ahora, a principios del soleado mes de abril, él solo podía recordar.
Inicialmente había entrado en pánico por saberse olvidado, pero el tiempo había sido el aliado perfecto para ayudarle a conllevar eso.
Y ahora, él estaba esa fresca mañana a lado de Hinata.
Porque, aunque ella le había olvidado, él jamás se había olvidado de ella, y no lo haría. La volvería a enamorar, la volvería amar. Porque era la mente de Hinata, la afectada, pero su corazón seguía bien, y era ahí donde se alojaría el recuerdo del sentimiento que los había unido.
Y su corazón lo recordaría, lo sabía.
—Na… Naruto kun —llamó con voz tenue, apoyada en unas muletas.
—¡Bien Hinata chan! Da el siguiente paso.
Animó él con voz emocionada. Estaba roto, pero su deber era ser fuerte por los dos.
Hinata dio el paso, y los músculos le cimbraron adoloridos. Se mordió el labio, y dio otro paso.
Quería recuperarse, deseaba con locura hacerlo, cuando Naruto estaba ahí.
Le admiraba, mucho. Admiraba su carácter distinto al suyo.
—Diez pasos Hinata chan. ¡Lo hiciste' ttebayo!
Pegó un gritillo, antes de ver como las manos de Hinata fallaron al sostener las muletas y precipitarse al frente.
Pero él detuvo la caída, sosteniéndola en sus brazos, sintiendo el frágil candor de ella.
Y sus ojos conectados con los suyos.
Como en aquella lejana noche del baile, cuando ambos se habían visto por primera vez, sin siquiera sopesar lo que el destino, un padrastro cruel y desalmado, les tenía preparado.
Pero ahí seguían ambos, distintos, heridos, pero juntos.
Hinata sintió una brisa ligera envolverle, y en su mente pasear unos ojos azules acompañados de una sonrisa arrogante.
Había sido la primera vez que había visto a Naruto, e internamente lo supo, mas calló, para limitarse a verlo con dulzura.
—¿Quieres ser mi novia, Hinata chan?
Insistió una cuarta vez.
Y lo seguiría haciendo el resto de su vida, aun si ella se negaba, como lo había hecho ya tres veces.
En ese segundo cortejamiento, las cosas se habían suscitado con calma, y no con la prisa y locura anterior.
La mente olvida cosas, razones y sentimientos, pero el corazón no, lo que se graba allí es eterno.
Hinata recordaba con el corazón, lo que su cabeza no volvería a rememorar jamás.
—Sí —contestó con dulzura y una tierna sonrisa en los labios.
—Gracias.
Manifestó aquel muchacho, dueño de una testarudez única, con emoción reprimida.
Su fuerte voluntad, le devolvió lo que la vida intentó arrebatarle.
Sus labios buscaron los de ella, quien correspondió temblando, teniendo la certeza que ese sabor le era conocido, sintiendo flamear llamas en el pecho, mientras enredaba en sus brazos la nuca de Naruto, quien apasionado, la apretó contra su cuerpo.
El pasado y sus consecuencias finalmente dejaban de doler. Sufrir, caer…olvidar. Los hechos relegados al pasado.
Y ahora, sólo quedaba el horizonte.
Fin
Notas de la autora (ORIGINALES 16/09/2011):
Que decir ahora, es la primera vez en mí, que me van hallar seria. Porque en este momento no puede ser de otra manera.
No sé qué decir, me invaden sensaciones mixtas. Siento ganas de reír, de llorar…
Desgraciadamente no puedo más que agradecerles, me gustaría decirles muchas cosas más, pero las palabras están atoradas, no fluyen, y técnicamente estoy colapsada.
Tengo ganas de llorar, han sido dos años del inicio de este proyecto, y aunque me siento feliz, no puedo dejar de sentir esta nostalgia. Este fic inicio como algo tan chiquito, sin guiones, faltas ortográficas, OoC, una Hinata sue, redundancias… y ahora está recomendado en un foro, y ha tenido tan buenas críticas…
Qué difícil es decir adiós…
Heero, amigo mío, te ubico primero en mi lista por ser uno de los lectores que me acompañado desde el inicio de esta aventura, cuando este fic no era más que una cosita insignificante. Gracias por tu apoyo durante estos dos años, y por tenerme paciencia, a pesar de molestarte tanto.
Rock kun, leerás esto, lo sé, a ti también te agradezco mil, fuiste mi primer review, y yo no lo he olvidado, y aunque circunstancias adversas te han mantenido algo alejado del fic últimamente, yo no dejo de recordar tu apoyo. Gracias.
Lila chan, mi hija ficticia, no estuviste desde un inicio conmigo, pero desde que entraste a este fic, me hiciste tremendamente feliz. Eres probablemente la lectora que más me cuestiona, y eso no tiene precio, ya te lo he dicho. Un escritor crece por gente como tú. Y gracias por la paciencia, en lo que concierne a Sasuke.
Tsuki chan, no puedo dejar de incluirte, si Lila era mi juez, tú eras mi mejor comentarista, nunca se te escapo detalle, abarcabas todo con un toque de humor único, y me hacías sonreír cada vez que posteabas. Gracias, mil veces.
En cuanto a los demás, gracias de nuevo, gracias a: Deltaporsiempre (por ser tan linda, y agregarme a tu comunidad), Anagaara(chica, tú me levantabas el ánimo, siempre), Oyuki chan(tú eras la más dulce de mis lectoras, gracias), Hanonkurumi(gracias por no dejar que se me suba el humo a la cabeza), hiNAru chan(a ti también, gracias, aun siendo una lectora intermitente, nunca me abandonaste y me apoyaste en mis locuras. Gracias.)Aiko (chica, tú has sido una de mis lectoras más fieles. Gracias)
Y a otros tantos que se perdieron por el camino, y a otros que se ocultan tras la máscara de internet.
Esta aventura ha terminado, gracias por haber compartido esto conmigo… por dos años.
Besos.
PD. No me pidáis epilogo, no lo hare, porque si lo hago tendrá un fin de 'Tara-novela', y no quiero eso, espero lo entiendan.
Hasta luego… porque de corazón espero que esto, no sea un adiós.
Gracias, mil veces. Esto ha sido por y para ustedes…
Notas de la autora (ACTUALES 29/04/2016):
La corrección de errores de tipeo y faltas ortográficas de este fanfic —Amores Cruzados—, finaliza hoy, viernes 29 de abril del año 2016. Aclarando que el único cambio significativo —haciendo notar el hecho de que, ni la narración, ni los hechos sufrieron modificación alguna— es la inclusión de Sarada en lugar de un personaje OC, como hija de Sasuke y Sakura, con el propósito de guardar la mayor fidelidad con el canon de la serie.
Gracias a todos y todas, quienes se unieron en este corto y nuevo camino, viviendo esta historia con la pasión que fue escrita en su tiempo.
Aredhiel
