Lluvia y Siestas
Una vez que inició, la temporada de lluvias siguió y siguió, con pequeñas variaciones, por unas semanas más. Haruka le dirigió un vistazo a sus botas de cuero y se preguntó si viviría lo suficiente como para volver a ver el Sol. Pero, por otra parte – paradójicamente – la temperatura estaba subiendo.
Cuando no entraba a las clases abiertas de los viernes en el Conservatorio, Haruka se había acostumbrado a tomar un camino menos directo a casa, uno que usualmente le permitía encontrarse con Makoto, quién salía de su turno de tarde en el café. Y entonces tenían cerca de veinte minutos juntos antes de que tuvieran que tomar caminos distintos.
Dicho camino era, técnicamente, una inconveniencia total para ambos, pero no les importaba.
Un viernes en particular, Haruka salió del Conservatorio para ver calles decoradas de niebla. Era un poco desconcertante, siendo que el día anterior había estado soleado, pero no del todo sorprendente. Dobló hacia las angostas, gastadas calles del área residencial junto a la Universidad y emprendió su viaje, charcos destruyéndose bajo sus pies.
Después de un rato, el sonido de la ciudad se hizo distante; esa era una de las ventajas de tomar esta ruta. Haruka había encontrado una caja llena de sus antiguos cassettes en el armario, poco después de recibir el walkman. Pasó toda la noche revisándolos, temblando por algunos de los mix-tapes que hizo en secundaria, y seleccionando los que todavía le gustaban. A diferencia de antes, ya no escuchaba la música tan alta mientras caminaba; tan sólo con el suficiente volumen para tener un tipo de música de fondo.
Makoto lo esperaba en la esquina, su usual punto de reunión, ojeando un libro lleno de marcador y anotaciones que Haru vio, alguna vez, en lo que le gustaba llamar "el cajón de la educación", en el apartamento de Makoto. Le recordaba a Haruka de sus propios libros de teoría musical, apilados en una intimidante montaña debajo de su escritorio; y en el buró junto a su cama; y unos más en el piso.
Completamente absorto, Makoto no se dio cuenta de su presencia hasta que Haruka se detuvo relativamente cerca y se aclaró la garganta, un poco avergonzado por lo dramático de la acción. "Ey," Makoto dijo, pestañeando en su dirección. Cerró su libro y lo guardó en su mochila (que lucía como si estuviera llena de piedras), y volvió a ver a Haruka. "Hola."
Era ridículo lo animado que Haru se sentía, tomando en consideración la pesada niebla que los rodeaba como efecto de bajo presupuesto en una película de terror, pero las sonrisas de Makoto solían tener ese efecto en él. "Hola," sonrió también, quitándose los audífonos y dejando que colgaran de su cuello.
Pasaron sus veinte minutos hablando de películas y obras de teatro próximas y cómo deberían dividir sus salarios para ver tantas de ellas como fuera posible, y cuando llega la hora de despedirse, ambos miran a su alrededor, a la vacía calle gris, y dudaron por un minuto.
"Te acompaño hasta la próxima estación," Makoto dice, más como una pregunta tentativa que una afirmación.
No era muy lejos, y las calles parecían haber sido robadas de Silent Hill. Haruka asintió. "Estaba pensando en participar en un concurso de arte, en verano," comentó, una vez que avanzaron un poco y parecía que la neblina se estaba disipando un poco.
Makoto lo volteó a ver, las cejas alzadas. "¿Un concurso?"
Sin hacer contacto visual, Haruka lo afirma. "Vi el anuncio en la Universidad. Quieren piezas para mostrar en un tipo de exhibición…"
Esta vez, levanta la vista para encontrar a Makoto brillando como el Sol. "No esperaba eso," declara con una sonrisa y Haruka resopla.
"Sí, yo tampoco." La niebla definitivamente estaba disminuyendo con cada centímetro que caminaban, y ya podía ver el letrero de la estación del metro, a dos calles de ahí. "No es como si… tuviera mucho más que hacer en el verano, y no pidieron profesionales, así que…" respiró hondo. "Puede que esté un poco aterrorizado."
"Yo digo que lo vas a hacer bien," Makoto pasó una cautelosa mano por su espalda. "Se escucha divertido," y quizá iba a decir algo más, pero fueron detenidos por las primeras cristalinas gotas de una lluvia.
Tenía que ser, Haruka pensó, buscando su paraguas. Una vez afuera y encima de sus cabezas, atravesaron la última calle. La lluvia parecía estar decidida a hacerse progresivamente más fuerte justo cuando llegaron a la entrada de la estación.
"Bueno, al menos no te vas a mojar…" Haruka intentó con un tono ligero y sonrió antes de sentirse apenado y desviar la mirada, como si la lluvia fuera la cosa más interesante del universo entero.
"Sí, supongo," Makoto golpeó los dedos contra el mango del paraguas, sosteniéndolo por Haru. Esperaron. Autos pasaron por la carretera vacía. La lluvia empeoró. Un gato maulló. Nadie se movió.
"Um," Haruka empezó, todavía viendo para otro lado, hasta que dejó sus ojos vagar hacia los de Makoto. "Si quieres, puedes venir a mi casa." Ahí está. Lo sacó de su sistema.
"¿De verdad?" Había alivio en la voz de Makoto; Haruka casi se sintió orgulloso. "Me gustaría."
Y, pues, eso. No hubo heridos ni muertos. En el camino a casa, incluso tomaron el autobús.
"Qué lindo," Makoto vociferó, dos pasos adentro del apartamento, y Haruka batalló contra la necesidad de rodar los ojos mientras se quitaba las botas.
"Seguro que sí," murmuró sarcásticamente, sólo porque recordó la inquisición de ratas que su madre llevó acabo el verano pasado. "Um, probablemente no haya nadie en casa, aún," tomó el abrigo de Makoto mientras éste estaba demasiado mesmerizado por los pájaros de madera sobre la puerta. Se pone atento para percibir cualquier sonido; falla en interceptar alguno.
Claro, con excepción del rítmico sonido de la lluvia. "Gracias por invitarme, Haru," Makoto dice, su voz pareciendo ser amplificada por la música de las gotas.
"No es nada," Haruka cayó en su hábito doméstico de ser más un parásito que un ser humano, y arrastró los pies por el pasillo. "Ah," se detuvo y se dio la vuelta, sólo un poco sorprendido de ver a Makoto en la sala de su casa. "Voy a hacer la cena." El cielo se había oscurecido tanto que era difícil recordar que, en realidad, no era tan tarde. "O el almuerzo," añadió, incierto.
"¿Te ayudo con algo?" Makoto ofreció, todo ojos brillantes y expectativas, y por comparación, Haruka se sintió como una triste nube gris.
Supongo que es eso o dejarte solo en mi cuarto. No estoy preparado para verte tan traumatizado, razonó y asintió antes de abrir la puerta a la cocina.
"Haz té," Haruka indicó, y prácticamente empujó la caja en los brazos de Makoto.
Fue mientras Haruka evaluaba el camino más corto al lavabo para evitar que Makoto lavara los platos – y es que ha aprendido mucho durante los últimos meses – que el cielo decidió dramatizar la atmósfera todavía más y lanzó un estrepitoso trueno. Tanto él como Makoto le dieron una mirada acusadora a la ventana.
Bien, ha llegado la hora, Haruka respiró hondo y se levantó de su silla, manos en un vacío tazón de arroz. Makoto, inmediatamente, lo miró expectante, llevando un brazo a su propio tazón. Haruka frunció; necesitaría un mejor plan. Un tipo de distracción.
Otro trueno se hizo presente en el exterior. Haruka recogió otro plato. "Er." Repetición. "Puedes quedarte, si quieres."
En realidad no era eso lo que quería decir, pero Makoto se veía tan sorprendido como él, así que Haruka tomó la oportunidad para tomar su plato también y apresurarse al lavabo. Nadie más que Rin se ha quedado a dormir. Sus padres solían alentarlo a invitar amigos más seguidos, así que seguramente no sería un problema. Pero aun así. Tendré que contarles de Makoto.
"O sea, si no estás ocupado," agregó abruptamente, ocupándose con un mandil.
"De hecho, tengo un examen mañana," escuchó a Makoto decir detrás de él, y luego sintió manos atar su mandil por él. Estaba listo para admitir la derrota. "Pero es en la tarde. Puedo quedarme."
Un par de vigorosas cascadas de lluvia más, sólo en caso de que estuviera pensando en arrepentirse de su propia oferta. "¿No tienes que estudiar?" Haru giró para ver a Makoto, tazón de porcelana enjabonado en su posesión.
La sonrisa que Makoto le dio fue, cuando mucho, tímida, aproximándose a avergonzada. "Era parte del plan original, sí."
Después de pestañear tres veces, Haruka regresó a los platos. "Pues, puedes estudiar aquí. No suele haber mucho ruido por aquí, excepto durante las horas pico."
Eso pareció divertir a Makoto lo suficiente como para hacerlo reír. Estrés por los exámenes, Haruka teorizó, dejando los platos a secarse.
Se retiraron a la habitación de Haruka después de eso, y vivieron en pacífico silencio hasta que el resto de la familia Nanase llegó. Tomando en consideración que, por las últimas dos horas, no han hecho más que estar callados mientras Makoto continuaba leyendo su desesperadamente subrayado libro y Haruka invertía su tiempo en un cuaderno de dibujo, no era tan difícil romper su pequeño santuario.
Haruka había estado preocupándose por esto desde hace un tiempo. Sentía que pasaba demasiado tiempo en el apartamento de Makoto y, en cambio, él nunca lo había invitado al suyo. Le dio un vistazo a su habitación, incomprensivamente, como uno hace cuando tiene visitar. No era como si tuviera mucho que enseñar.
Con sólo ligera insistencia, había sentado a Makoto en un lado de su cama. A decir verdad, no habían muchos lugares dónde sentarse en su cuarto, siendo que su silla de escritorio era el hogar actual de todos los libros que aún no regresaba a la biblioteca. Al principio, se sintió raro, tener a alguien que no fuera Rin en su habitación.
"Voy a avisarles que estás aquí," Haruka anunció en cuanto estuvo seguro que lo que escuchaba afuera de su cuarto eran las voces de sus padres.
Sin prisa alguna, Makoto cerró su libro. "¿Puedo ver por ahí?"
Era como si hubiera estado esperando al momento adecuado para preguntar. Haruka amusgó los ojos, pero eventualmente concedió la petición y salió. Probablemente olvide cualquier trauma que reciba aquí una vez que esté frente a su examen de mañana, intentó ser optimista.
Era inusual que Haruka entrara a la cocina mientras sus padres estaban ahí. Su humor habitual casi hace que haga una mueca de disgusto cuando le preguntan si invitó a una chica. De hecho, requirió toda su fuerza de voluntad no hacerla, por las caras que pusieron después. Pero, el punto es, que el mundo no explotó y le dieron permiso.
Cuando regresó, encontró a Makoto, para nada perturbado, mirando por sus libreros y cualquier otra área donde Haru pensó apropiado guardar cosas. Si alguien preguntase, diría que no hay mucho que ver, pero Makoto estaba haciendo pequeños comentarios y preguntas en cuanto cerró la puerta.
"Me gusta, tienes muchos libros históricos en medio de los de fantasía," remarcó a la vez que Haruka lo veía desde el borde de la cama.
"Eh…," Haru se mordió el labio y caminó a su escritorio, sacando una caja de cartón debajo de éste. "No del todo," resumió y le mostró a Makoto su antigua colección de novelas de Ciencia Ficción.
Haruka tenía una relación especial con la literatura de todo tipo, lo cual significaba que la usaba para perder el tiempo y les daba puntos extra si hacían que olvidara su propia existencia. Durante ese último periodo de su vida, Makoto había hecho apasionados, pero naturales, esfuerzos por hacerlo más inquisitivo. Habían terminado haciendo que Haruka se sintiera un tato paranoico cada vez que abría un libro. Al menos lo mantenía ocupado.
En un instante de inesperado silencio, Haruka levantó la vista de dónde estaba analizando el libro de Mitología de Makoto, y lo vio estudiando una foto en su buró.
"Hmm," fue todo lo que Makoto ofreció por su paciencia, y Haruka entendió que su presencia era requerida para la conversación.
"Es mi abuela," explicó cuando notó la foto en cuestión. Podría decirse que él también aparecía ahí, pero no estaba del todo inclinado a hacerse responsable de su apariencia a los 4 años.
"Eso pensé; se parece mucho a ti," entonces sonrió. "Es hermosa."
Haruka frunció el entrecejo ante la tibia sensación en sus mejillas. "Era," dijo, para mantenerse distraído. "Murió hace años, ya no recuerdo mucho de ella." Afortunadamente, tampoco sentía mucho al respecto, ya no. A veces lo asustaba la forma en la que se adaptó a la falta de su abuela, pero aparentemente así era como las cosas debían ser.
Makoto, sin embargo, le ofreció una mirada que era, al mismo tiempo, triste y compungida. No era exagerada, no intentaba expresar un sentimiento que no tenía, y eso era más que suficiente. "Lo lamento."
"Descuida," Haruka intentó sonreír, dando un paso atrás. Había sido un rato desde la última vez que tuvo que hablar de esto – nunca se sintió cómodo con la lástima que usualmente seguía. "Como dije, fue hace mucho tiempo. Me acostumbré. Lo olvidé, prácticamente…"
"La mayoría de las personas no piensan así," Makoto dijo con una sonrisa tentativa. Se veía un poco melancólica. "Siempre está la ideas de que si hubiera pasado esto o aquello, las cosas serían diferentes, y eso es lo que más duele. No hay desesperación tan absoluta como la que sobreviene en los primeros momentos de nuestra primera gran tristeza, es lo que dijo Eliot."
"Es que," Haruka se encogió de hombros, desviando la vista a sus pies. "Nunca tuve el talento de imaginar mundos alternos dónde las abuelas nunca mueran"
Volteó a ver a Makoto cuando dio una risa inintencionada. "Perdona," murmuró y Haru sintió su corazón derretirse. Dejó que lo hiciera, que sus restos cubrieran su alma. "¿Puedo darte un abrazo?"
No tienes que pedir permiso, idiota, es lo que quería responder, pero lo sustituyó con un "Por favor," y rio avergonzado, pero para entonces Makoto ya lo había rodeado con sus brazos.
Esto es peligroso, Haruka pensó un momento después, cuando se percató que no quería separarse de Makoto por el resto de la eternidad. Sólo era la acción adecuada en el momento adecuado, pero podía asegurar que nunca antes había anhelado tanto un abrazo. Involuntariamente, enterró su cara aún más en el pecho del otro. Estaba usando una gastada camisa morada, era ridículo. Haruka estaba feliz.
Los estándares humanos indicaban que el abrazo debió haberse vuelto incómodo unos minutos después, pero no lo sintieron. Luego de un rato, Makoto comenzó a tararear, quedamente, casi imperceptible, pero era difícil no escucharlo, no sentirlo, cuando estaban tan cerca el uno del otro. Era, extrañamente, relajante.
Pero si no me separo ahora nunca lo haré y vamos a quedarnos parados en medio de mi cuarto por el resto de la noche, Haruka musitó, ajustando su mejilla un poquito en el pecho de Makoto. Todavía podía escuchar la tormenta afuera; junto con todo lo demás, le estaba dando sueño. Haru dio un paso atrás y pensó que esto era cómo romper tu propio corazón debe sentirse.
Una hora después, cuando sus padres se habían ido a su habitación, y así dejando que la casa se inundara de silencio una vez más, Haruka advirtió que KitKat no estaba ahí. Bueno, era algo obvio que no estaría ahí. Makoto hasta llamó a una de sus ancianas vecinas (se llamaba Tamura, Haruka descubrió) para rogarle que cuidara de KitKat. Al parecer, tenía una solución para todo.
Aun así, no era eso a lo que Haru se refería. Hasta ahora, KitKat ha sido una valiosa adición a su relación, ya sea distrayéndolos o llamando su atención cuando entraban a territorio desconocido. No siempre necesitaban de su ayuda, pero el esfuerzo era apreciado.
Haruka se dio cuenta de la falta de su presencia cuando Makoto, de nuevo inmerso en su libro de Mitología, se movió un poco más hacia él, haciendo que sus hombros hicieran contacto. Lo hizo tan casualmente, que Haru no pudo evitar sentirse un poco celoso. Si KitKat estuviera ahí, ya habría aprovechado para estirar su esponjoso cuerpo en medio de ellos, restringiendo toda posibilidad de acurrucarse.
Haruka dejó de trazar líneas en su cuaderno. Sin nada más que hacer, emprendieron en la importante misión de acomodar la cama para que pudieran entrar ambos, de buscar una segunda almohada en el armario de Haru, y de ofrecerle a Makoto varias playeras que probablemente le quedarían (playeras que Haruka sólo usaba cuando no planeaba salir de su habitación en lo absoluto – colgaban de él como una sábana, pero eran tibias y cómodas.) Estaban medio cubiertos por sábanas azules, recargándose en almohadas sobre la cama de Haru, y cada quien concentrado en su propia actividad cuando ocurrió.
Ha de tener sueño, Haruka razonó y, sintiéndose sentimental por el abrazo pasado, cerró su cuaderno y, cuidadosamente, se reposicionó hasta que su cabeza quedó sobre el hombro de Makoto y estiró un brazo sobre su abdomen, abrazándolo perezosamente. Aunque, en ese caso, puede que esto no sea de mucha ayuda, Haruka pensó, pero no hizo intento alguno por alejarse, hasta que sintió a Makoto suspirar y cerrar los ojos.
Por un tiempo, Makoto siguió intentando leer su libro, haciendo parecer que su atención no había disminuido en lo absoluto, pero, eventualmente, Haruka notó la creciente lentitud con la que cambiaba de páginas. Hizo que su corazón se saltara un latido.
Era un misterio cómo lograron caer dormidos en esa posición, pero cuando Haruka abrió los ojos un indeterminado tiempo después, vio que se habían deslizado a una posición más natural. Su brazo izquierdo estaba entumecido, habiendo, de alguna manera, terminado bajo la espalda de Makoto, mientras que el brazo derecho de éste estaba posicionado bajo la cabeza de Haru. El libro de Makoto estaba enterrándosele en las costillas.
Aun así, era un comienzo. O, al menos, una ocurrencia muy especial que sucedió en ese momento. Haruka no tomaba siestas. Considerando que mostrar respeto haría que la naturaleza se compadeciera de él, clasificaba todo acto de yacer en su cama como dormir. Haruka no tomaba siestas porque apenas podía hacer que su cuerpo tuviera un horario de sueño decente.
Pero ahí estaba él. Los labios de Makoto estaban tan cerca que Haruka tuvo que batallar con el deseo de besarlo. Y lo hubiera hecho, quizá, si eso no tuviera el potencial de mandarlo de vuelta al reino de los sueños. Así que tan sólo trató de sacar su brazo izquierdo con lentitud, para después tomar el libro de Mitología y ponerlo sobre el buró. Su celular decía que no habían dormido por más de una hora, y también que era un poco pasado de media noche.
Haruka sacudió el hombro de Makoto tentativamente, y luego con un toque más de determinación. "Makoto."
El susodicho murmuró algo que pudo haber sido un buenos días en otra dimensión. Provocó una sonrisa en Haru, y salió de la cama para buscarles un par de vasos con agua.
Cuando regresó, Makoto estaba, más o menos, de vuelta a la realidad, aunque su cabello parecía no haberse acostumbrado todavía a las leyes de gravedad. Estaba jugando, pensativo, con las hojas de su libro.
Haruka colocó los vasos junto a su lámpara – una de las ventajas de tener una mesa de centro en lugar de un genuino buró era el espacio que ofrecía. "Perdona por no despertarte antes," dijo. Y también por no dejarte concentrar, pensó, culpable.
Makoto lo miró como si estuviera en medio de repasar todas sus clases en su mente; lo cual probablemente fue lo que hizo. Pareció pensarlo por un rato, y luego sonrió. "No, creo que ya me aprendí todo," y dejó el libro.
"Buena suerte, entonces," Haruka sonrió también, y comenzó a acomodar un poco las sábanas. "¿De vuelta a la cama?"
"Seguro," Makoto esponjó las almohadas. "A quien madruga, Dios le ayuda."
"Es tarde, no creo que vayamos a despertarnos tan temprano," Haruka dijo, no deteniendo la virada de sus ojos, y Makoto rio. "¿Tienes más proverbios que decir?"
"Por el momento, no, pero ya pensaré en algo," Makoto dijo placenteramente, tomando un trago de agua.
Tiempo después, cuando fueron envueltos en la oscuridad, y la lluvia había cesado lo suficiente para dejar que la luna encontrara un espacio entre las nubes y les ofreciera un poco de iluminación, Haruka recordó la Navidad, recordó cómo vio esa misma luz caer sobre el rostro de Makoto esa noche. Claro, a su cuarto le faltaban las luces navideñas, y la única otra fuente de luz era el poste afuera de su ventana, pero el efecto que tuvo en su corazón fue el mismo. No pareció latir más rápido, sino con más fuerza.
"Se me ocurrió algo," Makoto dijo, como por arte de magia, en ese preciso momento. Habían estado tomándose de las manos, esperando a que el sueño los alcanzara.
"¿Qué es?" Haruka preguntó en un tono similarmente bajo, ojos azules atentos, como si fueran capaces de ver su voz.
Makoto sonrió y la luz de la luna jugó sobre sus labios. "Por ti nací, por ti tengo la vida, por ti he morir y por ti muero."
En cualquier otra circunstancia, Haruka hubiera resoplado y dicho lo ridículo que era. En esta, sin embargo, lo miró con admiración y besó la luna en sus labios. Sintió la risa de Makoto contra su boca. Sintió su mano en su cabello, en su cuello, su pulgar en su mejilla. Lo sintió exhalar contra sus labios antes de corresponderle el beso. Fue la cosa más silenciosa, como si dijera Estoy aquí, y Haruka escondió su sonrisa en su almohada antes de finalmente dormir.
Nota de Autor: Las frases corresponden a George Eliot y Gabriel García Márquez, respectivamente~
La semana pasada me distraje escribiendo RentBoy y admito que descuidé éste capítulo hasta ayer y lo terminé el sábado por la mañana… o sea, hoy – al momento de escribir esta nota, estoy atragantándome con mi desayuno en un desesperado intento de subir el capítulo a una hora razonable haaaa 」( ̄▽ ̄」)
Mis bebés MakoHaru siendo adorablemente domésticos son mi fuerza motivacional ^^
Y… no se me ocurre mucho que decir así que hasta aquí lo dejo. ¡Muchísimas gracias por todos los reviews! Como siempre, apreciaría mucho si pudieran dejar uno, si no es mucho problema. ¡Gracias por leer!
