Pasteles y Frambuesas
"—entonces me dijeron que me dejarían salir en mayo, porque van a hacer unas remodelaciones y quieren la menor cantidad posible de personal en el edificio."
Vasos chocaron. Una nube de vapor se elevaba sobre ellos. "Escuché que van a hacer lo mismo en otras cuantas oficinas. Si llueve, la cuadra va a ser una verdadera pesadilla; no sé cómo voy a lograr llegar al café a tiempo. ¿Dos cubos de azúcar?"
"Sí, por favor. Podrías rodear la construcción, pasar por la calle de atrás." El agradable aroma de pan recién horneado emergió de un lado.
"No creo que mi bicicleta lo vaya a apreciar mucho, de cualquier manera. ¿Leche?"
Haruka asintió, jugó con las mangas de su chamarra mientras esperaba. Era día laboral, en la tarde, pero no había más que tres clientes en el café. Para pasar el tiempo, Haruka ojeó la tarta de frambuesa con mediano descontento.
"Si quieres una, sólo tienes que pedirla, ¿sabes?" Makoto sonrió desde dónde abusaba la cafetera. Haruka le dio la misma expresión. Naturalmente, fue un desperdicio utilizarla con Makoto. "¿Puede hacerle un dibujito?"
Un rápido vistazo detrás de él le indicó a Haruka que no había nadie esperando, así que se encogió de hombros. "¿No tienes a nadie que te ayude hoy?" preguntó al darse cuenta que su lado de la barra no era el único vacío.
"¿Oh? Ah, no. Hay alguien más, pero," Makoto dijo, jorobado sobre su obra maestra en progreso. "Está en su descanso."
Adivinando que estaba a punto de terminar, Haruka comenzó a buscar cambio en su billetera. Había tomado mucho esfuerzo, pero finalmente le había sido permitido pagar por su café dos de tres veces por semana. Iba a abusar de ese privilegio tanto como pudiera.
"Entonces, ¿tarta, o no tarta?" Era desenfrenada indulgencia, así que Haruka tan sólo pagó por su latte antes de tomar su vaso.
Había un extraño delfín dibujado en la espuma. Sonrió. "Gracias."
"De nada," Makoto se limpió las manos en un trapo, y luego se apoyó sobre sus codos frente a Haru.
Estaba sonriendo placenteramente, y, por alguna razón, Haruka no sabía qué debía hacer. Empujó su vaso a un lado y miró a su alrededor antes de regresar la vista a Makoto. Entonces, con una virada de ojos interna, se inclinó un poco y le dio un beso relativamente rápido.
Pero, al parecer, había leído incorrectamente la situación, porque cuando se alejó, la expresión en el rostro de Makoto era de pura sorpresa. "Um," Haruka dijo, porque, ¿qué más iba a decir?
Sin embargo, la sorpresa pronto se derritió en una sonrisa, labio inferior suavemente entre dientes, como si Makoto estuviera apenado de su reacción. No teniendo el corazón de dejarlo ahí solo, Haruka contempló la idea de comenzar a tomar su café de pie.
"¿Recuerdas que te hablé de una pastelería que encontré el año pasado? ¿Con las mejores tartas del mundo?" Aparentemente, era un crimen federal rechazar una tarta de frambuesa.
"¿Sí?" Haruka incitó, moviendo la cuchara en su café inconscientemente, y notando demasiado tarde que había destruido el diseño. Lo observó, miseria apareciendo en su pecho por un segundo.
No obstante, Makoto no hizo ningún comentario. "¿Te gustaría ir?" Se escuchaba como una actividad que no pondría en riesgo su salud y bienestar; Haru aceptó.
La pequeña pastelería estaba, inconvenientemente, situada en medio de un laberinto de angostas, desgastadas calles que Haruka pudo haber pasado toda su vida sin conocer. Afortunadamente, Makoto mantuvo una actitud enteramente optimista, aun cuando dobló en la esquina incorrecta cuatro veces seguidas.
Cuando finalmente llegaron, fue sólo porque las cortinas rojas en el interior llamaron la atención de Haruka. Había un minúsculo gnomo junto a la puerta. Haruka lo miró con ligera paranoia antes de entrar.
Lo que a la pastelería le faltaba en tamaño, ciertamente lo tenía en actitud. Haruka nunca antes había visto algo tan agresivamente adorable. "Es curioso," murmuró.
"¿Verdad que es lindo?" Makoto dijo, emoción en su voz.
Era relativamente temprano en un fin de semana, así que se dieron el lujo de tomar la mesa junto a la ventana. Patrones rojos y blancos colgaban de ella. Haruka lo observó, miró la selección de postres en la vidriera, y vio tranquilamente a las paredes, para checar que no hubiera ninguna cabeza disecada del Lobo Feroz decorando el lugar.
"Voy a pedir nuestra orden," anunció Makoto, después de haber puesto su mochila en el respaldo de la silla. "¿Qué desea?"
Haruka le dirigió la sonrisa apretada que uno da cuando sabe que se avecina un chiste estúpido. "Lo que quieras," respondió, sin seguirle el juego, dándole a Makoto una mirada, en caso de que pensara en citar a Aladdin.
Makoto, en su lugar, tuvo éxito en mantener su sonrisa inocente mientras se ponía de pie, sólo levantando las cejas hasta que estaba fuera del alcance de Haru. Al final, regresó con dos tartas de frambuesa – como había prometido, en Navidad – mientras un chico de cabello plateado lo seguía con dos tazas de agua caliente.
Haru se esforzó en no sentirse angustiado por no ayudar, así que dio su mejor intento cuando llegó la hora de poner las bolsas de té en las dichas tazas. Logró hacerlo sin siquiera mojar las mangas de su chamarra, lo cual era una verdadera conquista. Después de ese largo invierno, a Haruka se le había olvidado cómo funcionar con sólo dos capas de ropa. Cuando el chico regresó con un pequeño jarrón de leche, supo que estaba siendo puesto a prueba.
"¿Qué le dijo el 0 al 8?"
"¿Huh?" Haruka regresó su atención a Makoto. "¿Qué?"
"'Me gusta tu cinturón'," Makoto sonrió. "Perdona, es sólo que de repente te veías muy serio."
No era como si Haruka pudiera admitir, así sin más, que había estado analizando las mejores formas de verter leche en una taza. Miró a Makoto por un segundo, procesó la información, y exhaló un resoplo combinado con risa. "No," dijo, arremangándose un poco el abrigo, preparándose.
"Okay," Makoto rio, antes de empezar a jugar con su cucharilla.
El clima soleado parecía tener un efecto visiblemente bueno en las elecciones de moda de Makoto, aunque Haruka no podía estar tan seguro, pues se había acostumbrado a los suéteres ridículos. Aun así, aparte de una que otra camisa con patrones extraños, Makoto no había usado nada particularmente desastroso.
Makoto usaba cárdigans, ahora; largos, y normalmente de colores sólidos, con bolsillos grandes. Era una mejora, Haruka tenía que admitirlo. Sí, era una mejora, pero también mostraba que Makoto tenía un hábito compulsivo de subirse las mangas hasta los codos.
Como ahora. "Pedí té rojo; espero que no te moleste." Antebrazos descubiertos, Makoto emprendió un extraño proceso de lidiar con las bolsas de té.
"No, está bien," dijo, porque no le molestaba nada cuando de Makoto se trataba. Dejó que él se encargara de las dos tazas, y luego empujó la jarra de leche hacia él, ya que estaba siendo tan productivo.
Aceptó el trabajo con gracia. "Cuando vine aquí por primera vez, estaba completamente vacío, así que terminé revisando sus ensayos de Inglés," indicó con los ojos al mismo chico de antes, quién llevaba café a otra mesa. "Se llama Nitori."
Haruka lo observó por un rato, y entonces sonrió para sí mismo. Rin hizo lo mismo por él, en su tiempo, aunque sin duda, Makoto no sería tan despiadado como Rin; en preparatoria, incluso utilizaba un lapicero rojo para marcar sus errores.
"Al menos estás haciendo amigos," aceptó la taza que Makoto le dio. La pastelería los había proveído con un par de tazas de porcelana gruesa, amarillas con mangos azules. Sólo verlas era como una terapia para el alma.
Makoto estaba vertiendo leche en la suya, pareciendo disfrutar también del efecto. "Me siento mejor cuando ayudo a las personas. O cuando me incluyen en grupos grandes, o cuando hablo con alguien al azar," hizo un gesto inarticulado. "Pero no soy bueno haciendo amigos cercanos. Supongo que es la consecuencia de crecer en una familia grande."
Haruka se encogió de hombros en lo que, esperó, sería un acto apropiado de simpatía. "Yo soy hijo único y también es difícil para mí."
Esto le ganó una pequeña sonrisa; estaba agradecido. "Hace unas semanas invité a unos compañeros de clase al apartamento; teníamos un proyecto en equipo. KitKat casi se encierra en el baño."
"Pobre niña," Haru llevó la taza a sus labios para suprimir su risa. Vio la mirada de Makoto, vio cómo su sonrisa cambiaba cada vez que Haruka comenzaba a hablar como si hubiera adoptado a su gato, y vio como no hacía ningún comentario.
Pensó un poco en lo que Makoto le dijo. Le molestaba infinitamente no ser mejor leyendo a las personas. Ni siquiera sabía si era algo particularmente triste para Makoto. Y no es que Haruka sea bueno dando consejos, como ha establecido antes, pero, aun así, tenía la necesidad de intentar.
"Conocí a Rin porque nuestras mamás fueron a la universidad juntas," se encontró diciendo, ojos fijos en la mesa y manos tomando agarre de una servilleta. "Crecimos juntos por eso, así que no hubo que poner mucho esfuerzo de nuestra parte. No creo que siquiera nos hubiéramos dirigido la palabra si no fuera por eso." Podía contar en una mano el número de veces que Rin insinuó que su amistad era producto de circunstancias. Por lo menos era superior al promedio en ese aspecto; a diferencia de los demás, él podía contar dichas instancias.
Apoyando un codo sobre la mesa, Makoto dejó que su mejilla cayera en su palma. "Hmm, no recuerdo si alguien fue a nuestra casa cuando era niño. Mis hermanos siempre andaban yendo de un lado a otro, y yo tenía que cuidarlos. Recuerdo que cuando venía más familia de visita, nos encerrábamos los tres en el ático." Tenía la mirada perdida en la ventana, y Haruka disfrutó de la nostálgica sonrisa que se extendió en sus labios. "Les contaba cuentos, jugábamos video juegos. Era divertido," sonrió, y después suspiró. "Pero después de que les dijera a mis papás de mi… 'estilo de vida'…" le dio a Haru una expresión significativa, haciendo un ademán entre los dos. "Todos nos empezamos a distanciar. No digo que hayan sido malos conmigo, pero aun así, no los he ido a visitar mucho desde que vine a Tokio. Aún hablamos, pero ya no tanto como antes."
Su sonrisa era apenada, avergonzada, pero la que Haru puso en respuesta no era más que seca. Puso su grulla de origami-con-servilletas junto al azucarero. "Mis padres siempre estaban viajando." Le dio a su taza una vuelta experimental. "Y no me molesta, pero me hubiera gustado haberlos visto más seguido."
"¿Te dejaban solo?" Makoto pregunto, tomando la grulla de servilletas.
Haruka sólo se encogió de hombros, tomando otra servilleta para hacer una más. "No realmente. Me dejaban con mi abuela, así que no tengo mucho de qué quejarme." Honestamente, le gustaba pasar tiempo con su abuela, le encantaba escuchar sus historias; que sus padres no estuvieran con él todo el tiempo ciertamente era triste, pero, igual, tuvo sus beneficios.
"Entonces no es una pérdida muy grande," Makoto comentó con un tono un tanto distraído, y Haruka levantó la vista para encontrarlo poniendo la grulla frente a la ventana, siendo bañada en el sol. Su sonrisa regresó cuando sintió la mirada de Haru, regresándolos a territorio conocido. "Pero, sería una verdadera pérdida si no los comiéramos antes de que se enfríen," y apuntó a los platos.
Era un buen cambio de tema. Las tartas todavía estaban frescas, lanzando un poco de vapor en el aire. El olor a frambuesas podría poner a Haruka en un trance; había intentado no prestarles mucha atención, por miedo de comer inapropiadamente. Vio a Makoto tomar alegremente una cucharada, extendiendo su brazo para que el bocado quedara frente a Haruka, quién dio su mejor mirada escandalizada.
"No. Eso fue sólo una vez," sintió sus mejillas arder mientras Makoto reía, regresando la cuchara a su lado. "Y mis manos estaban ocupadas," murmuró, tomando delicadamente su propia cuchara.
El plan original era visitar, también, el museo de arte, pero al final decidieron quedarse por otra taza de té, siendo que les había tomado tanto tiempo llegar a la pastelería, en primer lugar. El camino de regreso a la civilización fue mucho más corto, ahora que le pidieron direcciones al tal Nitori – quién dibujó un rápido croquis mientras le decía a Makoto que había aprobado su clase de Inglés.
Haruka igual había aprendido que Makoto obtenía inmensa satisfacción de sacar sus dedos del infinito que son las mangas de su chamarra. Y lo hacía ver tan fácil, como si hubiera tenido entrenamiento profesional. Ni siquiera Haruka encontraba sus propias manos tan rápido.
"Me gustaría viajar," Makoto comentó, justo cuando salieron del área residencial.
Haruka lo siguió por la ajetreada calle, hacia lo que parecía ser un cruce en la distancia. "¿A dónde?"
"No sé…" Apretó su mano un poco más, rodeando una estación de autobús. "A algún lugar… bonito." En lo que esperaban a que el semáforo se pusiera en rojo, Haruka se encontró, involuntariamente, tallando su pulgar sobre los nudillos de Makoto. "¿Te gusta viajar, Haru?"
Haruka había tenido la oportunidad de salir del país, en las ocasiones que sus padres lo convencía de salir con ellos. Aun así, suponía que no le desagradaba del todo. "Supongo que sí."
"Entonces, quizá—…" La luz roja cortó los pensamientos de Makoto, y pareció ser permanente, porque no volvió a tocar el tema aun cuando llegaron a la otra banqueta.
Caminaron en relativo, contento silencio, hasta que fue hora de despedirse de Makoto en la estación del metro. Haruka iba a tomar el autobús. "Um, si KitKat necesita más comida…," dijo, para calmarse mientras soltaba la mano de Makoto.
Makoto, quién rio un poco ante sus palabras. "Puedes visitarnos cuando quieras, Haru," dijo, y su tono casual casi hace que Haruka se sonroje. "Tanto a KitKat como a mí nos encantaría."
La respuesta fue un casi inaudible 'ah', y un corazón agradecido. "…Gracias por hoy. Fue divertido." Era más de lo que se creía capaz.
Makoto lo miró por un momento, y su rostro pareció iluminarse. "¡Me alegra! Me gusta salir contigo." Haruka no supo cómo contestar a eso. "Cuídate."
Y bajó las escaleras a la estación. Haruka pestañeó, y decidió quedarse en su lugar mientras sacaba el walkman de su bolsa. Se mantuvo ahí, desenredando los cables de los audífonos y poniéndoselos, y entonces, sólo porque era un lugar cómodo y nadie lo había ido a mover, se quedó ahí mientras seleccionaba una canción. No notó a Makoto subir de nuevo por las escaleras hasta que estuvo directamente frente a él. Haru se sacó un audífono y pestañeó una vez más.
"Cambié de opinión," dijo, sin aliento, una sonrisa jugando frenéticamente en sus labios.
Haru hubiera preguntado sobre qué, pero no lo hizo, porque un segundo después, Makoto lo estaba besando. En medio de la calle. Dejó que sus labios se rozaran por un momento antes de aplicar más presión. No duró mucho, pero, aun así, dejó a Haruka un poco mareado.
Makoto se separó un poco, y le dio a Haruka una sonrisa tranquila. "Cuídate," y se fue de nuevo.
Haruka volvió a colocarse el audífono mecánicamente, y no tuvo dificultad llegando a la parada de autobús después de eso. Fue sólo después de esperar ahí por uno o dos minutos que entendió lo que había pasado, y se mordió el labio por un instante, antes de llevarse una manga a la boca, para intentar esconder su sonrisa.
Lo normal es que las vacaciones no lleguen más pronto de lo esperado. O eso es lo que Haruka pensó cuando, en medio de la clase de Historia del Arte, el profesor mencionó las vacaciones de primavera, las cuales, aparentemente, empezarían en unos días. Al final del curso, Haruka recogió sus papeles apresuradamente – compraría una perforadora y los metería en una carpeta, se prometió a sí mismo – y salió del salón.
En su camino a la próxima clase, sacó su celular y, culpa cayendo de él en cascadas, intentó actuar indiferente.
Para:M. Rin
De:N. Haruka
12:43 AM
¿Vas a venir en vacaciones?
Estudiantes se reunían en pequeños grupos, algunos comenzando sus siestas de 2 horas, y Haru estaba, subrepticiamente, tomando su medicamento de mediodía cuando la respuesta llegó. Su teléfono vibró silenciosamente en su bolsa.
De:M. Rin
Para:N. Haruka
12:47 PM
Mira quién decidió recordar al resto de la humanidad. Lo voy a pensar
Para:M. Rin
De:N. Haruka
12:47 AM
De acuerdo. Cuídate.
Lo hizo completamente por costumbre. Hasta dónde sabía, no solía responder mensajes de texto de esa manera. No sin antes tener una charla emocionalmente desgarradora. Aun así, puede que Rin no lo note, Haruka apagó su celular por completo una vez que vio al profesor entrar al salón. Suspiró, y se transformó en un bostezo. Sólo unos días más de esto, se recordó.
En realidad, no había mucho que Haru pudiera hacer durante el descanso, Haruka pensó al día siguiente, mientras perforaba sus documentos en la biblioteca. Se le había olvidado ir a la papelería para comprar una propia.
Nada, por supuesto, aparte de forzar su cuerpo en un perpetuo estado de letargia, en un intento de conseguir tanto sueño como fuera posible antes de los exámenes. Usualmente no le funcionaba, tomando en cuenta sus genes de persona madrugadora, pero Haruka no estaba a punto de rendirse ante la Biología.
Mientras engrapaba otros papeles, consiguió llevar a cabo el increíble logro de engrapar sus propios dedos. Esto le ganó una indigna mueca de dolor, junto con la vaga idea de que las coloridas curitas que Makoto le regaló en algún momento del pasado por fin serían de utilidad. Tenían dibujos de delfines, por el bien de la moralidad.
Usó una, de cualquier manera, tragándose la vergüenza, y regresó a la engrapadora antes de que algún otro alumno se la pudiera robar. Si le fueran a preguntar – y nadie lo haría – admitiría que hasta les dio nombres a los delfines.
Rin aún no le daba una respuesta definitiva.
"¿Yo?" Makoto preguntó por encima de un plato de panqueques con demasiada crema batida. Sus horarios coincidieron ese día, y el restaurante (parecía ser un recuerdo lejano, la primera vez que fueron ahí) tenía una buena selección de almuerzos – aunque, técnicamente, eran desayunos, pero Haru no era nadie para juzgar. "Decidí visitar a mi familia por unos días. Quizá arreglar las cosas entre nosotros."
Todavía le resultaba difícil imaginar a Makoto discutiendo con alguien, pero ya no era tan imposible. "¿Vas en tren?" Asintió, y otra idea, más importante, apareció en su mente. "¿Qué hay de KitKat?"
"Vamos a ir juntos," Makoto declaró orgulloso, mecánicamente juntando todas las fresas en su plato en una única pila. "Ha viajado en tren antes, pero no creo que lo recuerde." Pareció reflexionar un poco al respecto. "Pero vamos a estar bien. ¿Y tú?"
"Yo -…" Haruka tragó, cortando un trozo de su propia comida. "No sé. Nada en especial, supongo. Nadar, dormir,…" ofreció, llevando un par de fresas de su platillo al de Makoto.
Pareció hacerlo feliz, al menos. "No tienes que hacer grandes planes. Puedes pasar las vacaciones relajándote, nada más," acordó, empezando un proceso sistemático de comerse todas esas fresas exiliadas.
Haruka masticó cuidadosamente un bocado de pan. Por como lucían las cosas, no tendría nada mejor qué hacer.
Ese viernes, apenas había podido cambiarse de atuendo a un par de pantalones holgados y una de sus playeras excesivamente grandes, cuando recibió una foto de KitKat, viéndose sombría dentro de un bolso de transporte. Al parecer, todavía estaban esperando su tren, así que Haruka tomó esa oportunidad para desearles, de nuevo, un buen viaje. No podía ser culpado por ser algo escéptico.
Estaba leyendo una de las epifanías de Makoto sobre los bocadillos que había empacado, que su celular comenzó a vibrar en su mano. En un momento o dos, el nombre de Rin apareció en la pantalla, así que Haru llevó sus rodillas contra su pecho y se preparó para lo que, probablemente, sería una muy educativa plática.
"¿Estás en clase?" fue lo primero que escuchó. El ruido del tráfico servía de fondo para su voz.
"No, acabo de llegar a casa." Cruzó las piernas, para enfatizar.
"Genial. Entonces." Hubo una pausa, y el ruido cesó. "Estás de vacaciones también, ¿cierto?"
Esta vez, su voz tenía un pequeño eco. "Sí, terminé hoy." Fue a la biblioteca una vez más después de clases, y salió con dos curitas más pegadas a sus dedos.
"Y no tienes ningún plan," Rin anunció con simpleza, y Haru ni lo notó hasta que se detuvo y añadió, "¿o sí?" Algo confundido, Haruka confirmó que no tenía nada en mente. "Correcto. En ese caso, ¿quieres venir? Puedo reservarte los boletos de avión."
Por un momento, no estaba del todo seguro a lo que se refería Rin. "Espera, ¿a Australia? Uh, yo… ¿por qué?"
Casi podía escuchar cómo se encogía de hombros. "¿Por qué no? El vuelo sólo dura un par de horas. Hasta pondré una almohada en el sofá. Puedes quedarte unos días."
Tenía que haber un motivo oculto detrás de la invitación. No preguntó, por temor a saber la razón. "¿Estás seguro que hay suficiente espacio?" No es como si lo fuera a necesitar, pero preguntaba por educación.
"¿Sí?" A veces, Rin usaba los signos de interrogación más como insultos abreviados que como signos ortográficos. Esta era una de esas veces. "Me mudé hace poco, con mi nuevo roommate. La casa es más grande que la anterior." Era bueno escucharlo; la última vez que lo visitó, tuvo que dormir entre la lavadora y la secadora.
"Está bien."
"¿Sí vienes?"
No entendía por qué Rin se escuchaba tan sorprendido. El distante sonido de llaves chocando unas contra otras le dijo que Rin había llegado a su casa. "Sí," reiteró.
"Okay. Nos vemos."
Esa misma tarde, Rin le envió los detalles y la reservación del boleto, lo que le recordó a Haruka de lo terriblemente puntual que Rin solía ser durante sus años de escuela juntos, y cómo eso, usualmente, significaba que él también debía ser puntual. Rin no permitía que sus compañeros flojearan a su alrededor. Quizá es por eso que sólo está un poquito estresado por sus entrenamientos.
Mientras tanto, sin embargo, Haruka tuvo tiempo de preparar la cena, tomar un baño, y estar al tanto del viaje de pesadilla de KitKat. Aunque, no era tan de pesadilla; Makoto le envió otra foto de ella después de que habían tomado sus asientos, y en esa instancia, se le veía igual que a Haruka antes de una presentación oral. Recibió un mensaje después de eso, asegurándole que KitKat se encontraba mucho mejor.
Luego, mientras cortaba vegetales en trocitos desastrosamente pequeños, le llegó otra actualización. Fue afortunado de haber estado sosteniendo su celular con ambas manos, porque si no, ya hubiera caído dentro de su sopa-en-progreso.
Al parecer, las circunstancias habían hecho que KitKat fuera liberada de su colorida prisión, y ahora residía en los brazos de Makoto. Era imposible capturar tal cosa sin que Makoto apareciera en la foto también, así que ahí estaba él, ofreciendo una de sus impotentes pero felices sonrisas. Haruka apagó su cerebro por un segundo mientras guardaba la foto en cuestión – la volvió a abrir una vez que regresó a la seguridad de su habitación.
A partir de ahí, comenzó a recibir fotos de algunas de las estaciones dónde se detenía el tren – y de KitKat inspeccionándolas con sus patas contra la ventana. Aparentemente, Makoto vivía mucho más lejos de lo que creía. Haruka ofrecía varias breves respuestas y, en general, se tomaba su tiempo. Era viernes, y eso significaba que sus padres no llegarían hasta el anochecer.
Mientras hacía un show de añadir tofu, su celular vibró de nuevo con un último mensaje, informándole que estaban cerca de su destino, y que no habían muerto en el camino. Haruka preparó el arroz con una inusual alegría, después de eso.
De:T. Makoto
Para:N. Haruka
08:48 PM
error de calculo: no crei que ren y ran se enamorarian tan rapido de kitkat (ノД`)
08:48 PM
mi princesa no puede soportar tanto cariño
Eran las 8 de la mañana. Haruka había estado leyendo tranquilamente, exasperado por sus hábitos de sueño, por una hora. Tuvo la mirada fija en la pantalla, dejó escapar un bostezo que había estado conteniendo desde hace media hora, y tecleó.
Para:T. Makoto
De:N. Haruka
08:49 PM
Buena suerte.
En respuesta, le llegó una foto de KitKat, acurrucada entre un par de niños, mirando a la cámara de mal humor.
Nota de Autor: Damas y caballeros, he aquí la mitad del fic. ¿Qué?, dirán ustedes, ¿todavía faltan 12 capítulos más? Pues sí, así es ( ͡° ͜ʖ ͡°) Pero no teman, mis niños, lo que queda es un recorrido tranquilo: aparecen otros personajes, se responden algunas preguntas, se exploran territorios que usualmente van relacionados con el estar enamorado, y shalalá, shalalá, shalalá~
¡Espero que les haya gustado el capítulo! Kiss Kiss !
