Flores y Chocolate
El cielo estaba despejado cuando Haruka se abrió paso al apartamento de Makoto a las 10 de la mañana, equipado con su laptop, su cuaderno de dibujo, su violín, y suficiente ropa para asegurarle que, si no quería ir a casa más tarde, no tendría que hacerlo. El cielo estaba despejado, ciertamente, pero también era un hecho conocido que llovió la noche anterior, así que la temperatura era un poco baja para verano.
No tenía que reunirse con los profesores hasta el día siguiente – una preocupación menos mientras subía las escaleras. Alrededor del segundo piso, jadeando, se dio cuenta que, considerando su cargamento, el elevador sería más conveniente y cambió de ruta.
Una vez arriba, tomó pasos silenciosos por el pasillo. No lo había notado antes, pero tenía una atmósfera particularmente abierta. Haruka dio un vistazo a su alrededor y concluyó que sería gracias a las enormes ventanas en los extremos, dejando entrar el sol. Estaba callado y pacífico, y olía a tibia antigüedad.
En resumen, no tenía razón para sentirse diferente, siendo que ya había visitado innumerable cantidad de veces – las suficientes como para que el cartero lo salude cuando lo ve en el lobby, al menos – pero eso no lo detuvo. Siento como si me estuviera mudando, Haruka pensó. O, por lo menos, así es como creía que se sentía, pues no tenía esa experiencia en su portafolio. Frente a la puerta, sacudió la cabeza. Estoy siendo estúpido, y, porque suponía que ya estaba algo atrasado, la abrió.
Pasó un momento antes de que alguien notara su presencia. Finalmente:
"¡Haru! Estás aquí," Makoto exclamó, y dejó una colorida mochila tintineante sobre la mesa de la cocina, junto a un par de bolsas con lo que parecía ser agua y bocadillos.
"Siento llegar tarde," Haruka dijo, una sonrisa involuntaria en sus labios.
Hubiera dicho algo más si su mente no hubiera decidido concentrarse en los calcetines disparejos que Makoto modelaba bajo sus jeans remangados. Haruka observó su vestimenta, batalló contra la expresión que quería asientos de primera fila al espectáculo que es la playera estampada de ovejas, y se rindió cuando vio su bufanda de piano.
Inconsciente de todo esto, Makoto checó su reloj. "No es tarde. De hecho, llegaste un poco temprano. Te hice chocolate."
Haruka levantó la vista de dónde estaba desatándose las agujetas. "¿Desde hace cuánto que estás despierto?"
"Desde hace unas, um, ¿dos horas?" Makoto lo meditó por un segundo, mano contra la barbilla. "Hasta saqué a KitKat a pasear, pero entonces…"
Habiéndose quitados los zapatos y entrado a la habitación, Haruka siguió sus ojos hacia la bola de algodón reinando sobre la cama. No obstante, era un reinado bastante letárgico. Además, se veía mucho más pachoncita de lo normal. El rostro de Haruka cambió a uno de compasión.
"Llovió," dio el veredicto, y Makoto asintió con gravedad.
"Fue directo a tres charcos, y luego tuve que darle un baño y secarla con la pistola; mi pobre princesa quedó exhausta." Makoto informó con tristeza.
¿Y qué hay de ti? Pero Makoto se veía generalmente mejor a como estaba durante el periodo de exámenes, así que Haruka pensó que, si sobrevivió entonces, sobreviviría ahora. "Er, entonces, ¿ya no la saco a pasear hoy?" Tentativamente, acarició su pelaje recién lavado. No pareció molestarla.
"Nop, estás libre por hoy. Pero ten cuidado mañana, en caso de que vuelva a llover," y Makoto le entregó una cálida taza de chocolate, la cual aceptó con gracia.
"Intentaré," concedió, ya planeando en buscar métodos indoloros de bañar gatos gigantes.
Esto hecho, Makoto regresó a su mochila, entrando en un cauteloso proceso de añadir bocadillos y botellas de agua en sus bolsillos. Tomando lentos tragos de su chocolate, Haruka lo vio desde las bancas.
No sabía por qué, pero incluso el apartamento tenía un ambiente diferente, con los rayos del sol filtrándose y el viento golpeando las cortinas colgando sobre el balcón. Se sentía más fresco, más vacío, como si Haruka ya pudiera sentir el silencio que lo inundaría una vez que estuviera solo (con excepción de KitKat). Una extraña sensación de adrenalina lo cubrió ante la idea, pero no trató de darle sentido.
Probablemente sea sólo la sensación de aprovecharme de su independencia, Haruka analizó, poco impresionado consigo mismo, y terminó con su taza justo cuando Makoto fue a ponerse una delgada chaqueta verde limón, una señal infalible de que ya estaba llegando la hora.
"¿Estás a tiempo?" Makoto lo confirmó, dando saltitos hacia su cama, donde KitKat lo observaba con aterrado interés. "¿Tienes todo listo?" Haruka estaba en una misión de hacerse sentir menos inútil.
"Sí," Makoto lo entretuvo, incluso mientras le daba a KitKat unas cuantas docenas de besos esquimales. "Pórtate bien y obedece a Haru," dijo, sobándole el cuello. "Te voy a extrañar," y con una última caricia, volteó a ver a Haruka, quien, como mecanismo de defensa, levantó las cejas. "Te voy a extrañar a ti también."
Haruka bajó las cejas lo suficiente para darle una sonrisa. "Igual."
"Si necesitas ayuda con algo, llama a la señora Tamura, en la puerta de al lado," Makoto le dio por sólo la quinta vez, antes de checar su reloj. "Ya debería irme. Ven aquí," lo cual era algo engañoso que decir, siendo que fue él quien caminó hacia Haruka antes de caer en una abrazo.
Sólo en caso de que fuera a tener la necesidad de abrazos en los siguientes días, Haruka enterró su cara contra su pecho, disfrutando tanto la calidez como el olor a lavandería que le había empezado a encantar. "No trabajes demasiado," aconsejó, tallando levemente su nariz contra el cuello de Makoto, haciéndolo reír.
"Trataré de no hacerlo," sonrió cuando dieron un paso atrás y tomó agarre de su mochila. "Dejé las llaves y tarjeta de entrada en el escritorio. Diviértanse. Te a—… ¡te quiero! ¡Cuídate!"
"Tú también," Haruka dijo, voz temblando por razones indescifrables, y con eso, Makoto se había ido. Haruka se quedó viendo a la puerta por un rato; entonces dio una semi-pirueta y miró el resto de la habitación. Haciendo contacto visual con KitKat, frunció el entrecejo. "No me pongas esa cara."
Porque ni el gato se veía sorprendido con sus tonteras.
Posteriormente, pasó una hora haciendo nada. Salió al balcón, al principio, para ver si podía ver a Makoto en su camino a la estación de tren, pero no estaba del lado correcto del edificio. Después, cuidadosamente seleccionó una tetera y puso más agua a hervir mientras lavaba su taza. Todos era procesos lentos, cada clink audible en el silencio del soleado apartamento. KitKat había vuelto a dormir para cuando el agua comenzó a hervir.
Luego de eso, revisó la tierra de cada una de las plantas de Makoto, y dio cuenta, demasiado tarde, del post-it pegado a la pared junto a la ventana, con todas las instrucciones necesarias para regarlas. Espero que no termine matando una de ellas, Haruka había pensado sin mucha esperanza, pero entonces recodó que había cuidado vagamente de las plantas de Rin cuando lo visitó y ellas habían sobrevivido. Viéndolo bien, estas son las únicas plantas que tiene…., fue otro pensamiento que fue seguido por una nota mental de visitar el mercado de flores uno de estos días.
Después de esta primera hora de nervios, sin embargo, Haruka logró, más o menos, recordarse que no estaba en ningún lugar peligroso y/o desconocido, y que la posibilidad de romper algo en el apartamento era relativamente baja. Se sintió más relajado entonces, y finalmente se quitó el suéter. Sin pensarlo, lo dejó caer en la cama sobre KitKat, y rápidamente lo recogió, pero no mostró indicio de estar despertándose.
"No me odies mucho para cuando termine la semana…," Haruka le murmuró a su durmiente cabeza y dobló su suéter, dejándolo en el sillón.
Después del infierno que fueron los exámenes finales, Makoto había conseguido limpiar el lugar bastante bien, desde la perspectiva de Haruka – porque, obviamente, recibió varias fotos de KitKat jugando sobre documentos una vez que dejaron de ser considerados relevantes – pero mencionó hace un tiempo que aún no había tenido tiempo de ir al centro de reciclaje. En ese momento, todos sus papeles usados estaban apilados en dos bolsas bajo el escritorio. Haruka los vio, e hizo otro recordatorio mental de llevarlos allá él mismo.
Parece que creo tener más tiempo libre del que en realidad tengo, teorizó luego, pero, aun así, decidió hacer una pequeña agenda para que no se le olvidara nada. Estaba, por primera vez en su vida, descubriendo la productividad que venía con quedarse en la casa de otra persona.
Makoto se había llevado su laptop, así que el escritorio estaba vacío, al menos parcialmente; el resto funcionando como hogar de una pequeña impresora, un par de lapiceras extrañas, múltiples libros de poesía y unas tantas carpetas coloridas. Haruka tomó asiento en la silla de madera y empezó a escribir su lista de QUEHACERES en una hoja blanca que encontró tirada.
Entre otras:
Regar las plantas.
Comprar flores.
Reciclar papel.
Sacar a pasear a Kit.
Miró por encima de su hombro, para asegurarse de que KitKat no hubiera despertado mágicamente para castigarlo por darle un apodo. No había moros en la costa. Viendo el calendario que colgaba en la pared frente al escritorio, Haruka hizo unas cuantas anotaciones:
Regar las plantas.
Comprar flores. 26/28 (si está abierto)
Reciclar papel. 27/29/30 (en la mañana)
Sacar a pasear a Kit. TODOS LOS DÍAS NO LO OLVIDES
No era mucho, pero estaba moderadamente orgulloso. Con más reverencia de la necesaria, pegó la nota en la pizarra de Makoto, esperando que no se le olvidara quitarla antes de su regreso. Posteriormente, tomó la decisión inconsiderada de ver los libreros de Makoto.
Unas horas después, cuando Haruka terminó con El Viejo y el Mar, el casi perfecto silencio del apartamento, finalmente, fue roto. Eso no había pasado desde que KitKat despertó, le maulló y ronroneó un poco, y salió al balcón, donde Makoto había preparado una almohada para que ella pudiera sentarse a disfrutar del sol.
Haruka no había visto necesario sentarse en el sofá o en la cama o en cualquier superficie ligeramente levantada. En su lugar, tomó la – racional, en su momento – decisión de sentarse en el piso, donde, en su defensa, Makoto había dejado dos grandes almohadas esponjosas, indicando que las elecciones de Haruka no eran tan inusuales. Sin embargo, cuando, al oír risas y saltos en el pasillo, Haruka hizo el intento humano e innecesario de ver a la puerta, como si pudiera ver a través de esta la fuente del ruido, notó las consecuencias de su decisión.
Era bueno que hubiera terminado el libro, porque no pensaba que fuera a sentarse en el piso de nuevo, juzgando por el dolor en su espalda.
Un tenue maullido proveniente de atrás y muy, muy arriba hizo que saltara y se diera vuelta de un golpe, pero era sólo KitKat, en la mesa de la cocina, viéndolo.
"¿Siempre haces eso?" Haruka le crujió la nariz, antes de recordar que no le estaba hablando a un mini-Rin, y que, por tanto, debería tenerle más respeto. "¿Quieres algo?"
Aparentemente complacida por la elocuente respuesta, KitKat le ofreció otro suave maullido. Haruka se aproximó a la mesa. Sentada con tanta elegancia, en toda su gloria, KitKat estaba al mismo nivel que su esternón. Palmó su esponjosa cabeza.
"¿Tienes hambre?"
No hubo respuesta. Con los ojos cerrados, ella sólo ronroneó.
"¿Sed?" Haruka intentó de nuevo, pero el resultado fue el mismo – aunque no esperaba lo contrario. "Sabes que no podemos salir hoy, así que trata de no aburrirte de mí." Por la cantidad de ronroneos, esa no parecía ser muy probable. "Lo siento," Haruka dijo, por si acaso.
Por un par de minutos, continuó recorriendo su mano por su largo pelaje, y eso pareció satisfacerla, pero cuando dio señal de que quería recostarse de lado – o, posiblemente, rodar panza arriba, como el gato que era – Haruka hizo uso de los atributos que venían con ser un humano y la tomó en sus brazos.
Fue exactamente lo que ella esperaba que hiciera, porque colocó una pata en su hombro mientras empujaba su cabeza contra su cuello, un gesto que sólo había podido observar hasta entonces. "No discriminas en lo absoluto, ¿verdad?" Haruka preguntó, y cuando por fin logró ver a KitKat a los ojos, ella le dio una mirada tan fría que entendió el mensaje. KitKat podía discriminar mucho; él tenía que sentirse honorado.
Decir que Haruka no tuvo un momento de pánico cuando despertó a la mañana siguiente sería una mentira piadosa, pero no sería divertido si no, así que lo tuvo. En su defensa, tenía más que ver con KitKat presionando pesadamente contra su pecho y viéndolo dormir que con que haya olvidado temporalmente el lugar en donde estaba.
"¿En serio tienes que hacer eso?" balbuceó mientras pescaba su celular de debajo de la almohada. Aparentemente satisfecha con su nivel de consciencia, KitKat se bajó de la cama.
Haruka revisó la pantalla, y vio que todavía era relativamente temprano. Su primera noche en la propiedad había consistido de una cena de sándwiches y leche fría, teniendo que sobrevivir con los materiales en la cocina, seguido de una larga sesión de acurrucar a KitKat y escuchar música en la cama, y finalmente, de una llamada tarde en la noche, Makoto queriendo checar su estado de salud y darles noticias. Al parecer, todo estaba bien, así que no tenían que preocuparse.
KitKat hizo un sonido desde el piso, y Haruka, instintivamente, supo que tenía que abrir la puerta del balcón. Una vez hecho, permaneció bajo el marco de la puerta, mirando los rayos de la mañana cortar sobre la ciudad, y con el aire fresco una vez más fue golpeado por la suave adrenalina que parecía ir de la mano con vivir solo. Makoto había tenido razón; quizá necesitaba esto.
Su madre había sido bastante apacible al respecto, cuando Haruka le explicó su plan de acción de la forma más vaga posible. Le dijo que ya era mayor de edad, y prácticamente de vacaciones; no tenía que preocuparse de cosas como pedir permiso. En las palabras de su madre, sólo saber sus paraderos era suficiente para ella.
Fue el recuerdo de esto, junto con la creciente relajación inspirada por el pequeño, alegre apartamento, que permitió a Haruka preparar un omelette sin preocuparse mucho de incendiar el lugar accidentalmente. No era, después de todo, la primera vez que hacía uno. Además, sí sabía cocinar. Tenían que darle ese crédito, al menos.
Pasó la mañana con KitKat observándolo desde su tazón de comida, rastreando sus movimientos mientras él comía su desayuno e intentaba hablar con ella.
"Y, pues, puede que no sea tan aterrador," Haruka le contó del concurso mientras ponía mantequilla a una tostada. "Nadie ha dicho que lo sea," continuó, añadiendo un delgado trozo de omelette sobre su pan. "Yo creo, que estaré bien," concluyó, antes de dejar que el silencio los cubriera una vez más.
Para celebrar su aparente libertad, le dio una ración extra de su comida favorita, pero eso sólo la mantuvo ocupada por un corto periodo de tiempo. Naturalmente, verlo masticar era mil veces más interesante. Se preguntó si era ella quien estaba haciendo guardia en lugar de él.
"¿Qué quieres para cenar?" preguntó después de terminar su tostada y regresar a su té. Grandes ojos azules parecían imitar los suyos. "Porque no voy a estar para el almuerzo," clarificó, y creyó imaginar una expresión de mediana alarma en KitKat. "Práctica," dijo pacientemente, y tomó un trago de té.
Un corto rato después, cuando dejó el apartamento – y se sentía raro, llevarse la llave consigo – no ocurrió ninguna escena dramática de despedida entre ellos. De hecho, dejó a KitKat siguiendo los rayos de luz en el piso. Rogaba que no fuera a encontrar ningún artefacto roto cuando regresara.
A decir verdad, Haruka no estaba seguro, exactamente, de lo que buscaba en el mercado de flores. No era como si tuviera suficientes recursos para comprar algo asombroso, y tampoco era como si Makoto tuviera suficiente espacio para una flor majestuosa, pero supuso que encontraría algo. Así, la tarde pasó entre varios comerciantes, viendo sus macetas y semillas desde una distancia segura.
No podía quedarse por mucho tiempo, siendo que todavía había cena que preparar y KitKats que acariciar y preparar para sus paseos nocturnos. Y así, después de recibir, por pura piedad, una caja de cartón de una señora, y agradecerle profundamente por ello, Haruka reunió unas cuantas suculentas de distintos colores, un bonsái, algunas violetas africanas, y una maceta de jacintos. Al final, porque le quedaba un poco de espacio en la caja, tomó unas últimas hortensias y se apresuró a llevarlas a casa.
Por supuesto, Makoto llamó justo cuando entró al complejo departamental, y Haruka tuvo que cargar la caja con una mano, presionar el botón del elevador con la otra, y rezar que su hombro no fuera a romperse mientras lo usaba para cargar su celular.
"Te escuchas estresado," Makoto remarcó del otro lado de la línea.
No en realidad, Haruka pensó, y tomó agarre de su teléfono en cuanto el elevador comenzó a ascender. "No lo estoy," dijo en su lugar, porque la voz de Makoto tenía un tono casi quejumbroso. "Apenas estoy llegando a casa." Hubo un momento insignificante de silencio, y analizó el techo antes de temblar por sus propias palabras. "O sea, tu casa."
"Ah, entiendo," Makoto exhaló con la explicación. "Me asustaste; creí que algo había pasado."
"No, todo está en orden," Haruka se permitió llevar la vista al techo en familiar afecto. "No iba a dejar que tu gato muriera de hambre, después de todo."
Una diminuta risa en su oído. "Estoy seguro de que tiene docenas de cuerpos inocentes escondidos en algún lugar, si tuviera la necesidad." Ante la idea, ambos se dieron un momento para hacer una mueca, la imagen mental demasiado fuerte para sus débiles corazones. "Aparte de eso, ¿te sientes bien?"
"Sí," Haruka confirmó, sintiendo el triunfo de llegar a su piso sin tener que compartir el elevador con nadie. "Está bastante callado." Los raros momentos de risillas infantiles cuando las clases terminaban eran casi insignificantes. Abriendo la puerta, dio un paso adentro, y se sintió extrañamente contento.
"Eso pensé también, cuando me mudé," Makoto dijo alegremente, sonido de fondo igualmente alegre. "Oh, tengo que contarte. Hicimos un pequeñísimo error cuando ordenamos las campanas –" Por qué necesitan campanas para un cumpleaños, Haruka hubiera preguntado, pero se contuvo. "—y ahora tenemos como doscientas campanitas embolsadas. ¡Me dieron permiso de usarlas todas para decorar!"
Tan feliz, Haruka se mordió el labio para contrarrestar una sonrisa, y dejó la caja de flores en la mesa. "¿Seguro que es una buena idea?" preguntó, por el bien de la educación.
"No veo cómo no podría serlo," vino la inocente respuesta.
Bueno, yo puedo ver cómo…, pero se las guardó, cuidadosamente quitando a KitKat de la mesa y mandándola a esperar por su tazón mientras Haruka dejaba su mochila en un espacio seguro y se quitaba el abrigo.
El techo de Makoto era blanco, pero poco amenazante. Por un momento, Haruka jugó con la idea de comprar y poner estrellas fosforescentes por el techo. Demasiada libertad, decidió al final, forzándose a actuar de su edad. Lo que sea que eso significara.
Enviando una corta plegaria a otros planos existenciales, Haruka empezó a acomodar las flores nuevas en la ventana de Makoto, en el balcón, y en la recién-vacía esquina del escritorio. Por último, puso una de las suculentas en medio de sus antiguas plantas, porque no había mejor lugar para ella. La plegaria continuó para que KitKat no fuera a tirar ninguna maceta. Aun así, tomó la precaución de no colocarlas en lugares muy frecuentados por ella.
Después de eso, puso más esfuerzo y concentración en regar las plantas de Makoto que en toda su vida académica. O eso le gustaba decir.
Le llevó algo de tiempo recolocar el sistema de sonido de Makoto, pero, con todo el tiempo que tenía en las manos, no le importó en lo absoluto. Después de revisar varios playlists, Haruka obtuvo una idea general de lo que quería escuchar, así que la dejó reproduciendo mientras preparaba lo que le gustaba llamar un "bocadillo tardío" – porque claro que se saltó el almuerzo, con toda la cacería de flores.
En poco tiempo, KitKat ya lo estaba viendo raro. Más explícitamente, comenzó en cuanto comenzó a añadir queso en una docena de rollitos primavera. Haruka la volteó a ver casualmente unas tantas veces mientras trabajaba, le frunció la nariz mientras los enrollaba, y le amusgó los ojos mientras ponía el aceite a calentar.
Entonces, se dio cuenta de que, probablemente, KitKat no estaba sorprendida por su talento culinario, sino por el tarareo. Tarareo, porque no había forma de que Haruka admitiera que había estado articulando las palabras. Como dijo en su momento, no le daría esa información a nadie, ni siquiera a su propia consciencia. No obstante, no sostendría represalias contra KitKat, puesto que la pobre no tuvo más opción que ser sometida a su tortuosa voz.
"Esto se queda entre nosotros," estableció con claridad, sacudiendo una espátula en el aire. KitKat se veía tan impávida como siempre, y en unos segundos ya estaba volviendo a tararear. Conociendo su propia falta de disciplina, esta sería una situación recurrente por los próximos días.
"Entonces, ¿a dónde quieres ir?" KitKat traía puesto un collar con correa, y Haruka casi muere intentando ponérselo. Pero fue más por su propia inseguridad, porque ella se veía bastante cómoda con el accesorio.
Le había sido sugerido que tomaran el paseo por las calles detrás del completo departamental, pues eran más verdes y pacíficos, siendo parte de un área residencial más grande. Intentando ser tan optimista como fuera posible, Haruka los dirigió allá.
En el exterior, KitKat no se veía muy impresionada. No obstante, una vez que Haruka descendió los tres escalones al pavimento, KitKat se sintió lo suficientemente magnánima para seguir sus pasos. Fue entonces que el sol empezó a tornarse de amarillo-blanco a naranja, y los rayos pigmentados golpearon los edificios a su alrededor. Habían unas cuantas personas afuera, algunas paseando a sus perros o niños, y otros regresando del trabajo.
Haruka nunca había sacado a pasear un gato – o un perro, o un niño – pero no había que hacer mucho aparte de mantener un paso constante y evadir los perros más grandes. No queriendo decir, claro, que hubieran perros de tal calibre en ese momento.
"No lo hagas," le susurró a KitKat un rato después, cuando la encontró ojeando un par de pájaros comiendo migajas.
KitKat se dio vuelta para darle una mirada de total indiferencia, pero pasaron por los pájaros sin ningún problema.
"Las estrellas fosforescentes quedarían bien," Haruka reiteró más tarde esa noche, cuando, luego de un exitoso paseo y compra de pan fresco, llegaron al apartamento y se dejó caer sobre la cama.
Completamente exhausta, KitKat lo miró cansada antes de unírsele en la cama. Estaba un poco despeinada y su nariz estaba fría, pero su presencia era bienvenida, especialmente cuando se convirtió en una bola felpuda a un costado de Haruka. Acarició su cabeza hasta que se sintió en peligro de quedarse dormido, punto en el que se forzó a llevar a cabo su ritual de nocturno y fue a buscar su cepillo de dientes.
El día siguiente, el punto medio de su estancia, Haruka pasó la mañana sumergido entre las almohadas en el piso, habiendo decidido organizar su día usando descansos de 2 horas con Kurt Vonnegut entre tareas. Hace unas horas, salió y recicló los papeles de Makoto, después de, obviamente, enviarle un mensaje para asegurarse que no había nada importante en ellos. Luego, hizo una jarra de café con un sabor drásticamente mejor y descendió a su guarida.
KitKat tenía su propia almohada mágicamente colorida en el balcón, donde dormía y absorbía los rayos de sol y polvo. No parecía estar sufriendo por la ausencia de su dueño, así que Haruka sólo podía suponer que estaba haciendo un trabajo decente.
Justo cuando terminó su segunda taza de café y se levantó del piso, su teléfono vibró… en algún lugar. Haruka ojeó el apartamento con vaga confusión, e intentó guiarse a sí mismo a la fuente de sonido. Por fin, lo encontró, perdido bajo una almohada, haciendo que una medusa de tela brillara.
"¿Interrumpo algo?" Rin preguntó, porque había esperado hasta el noveno timbre.
"No, no podía encontrar el celular," Haruka murmuró, apenas dándose cuenta del dolor en su espalda. Creí que ya habíamos aprendido la lección, le dijo a su esqueleto. "¿Cómo estás?"
"Bien," suspiró. "Las vacaciones aquí son aburridas; ya ni me quieren dejar entrar al centro de natación, porque según van niños a clases de verano y tienen miedo que les vaya a pegar o algo."
"¿Y no lo harías?" Haruka preguntó distraído, arreglando el cobertor de la cama en una posición más natural.
"…En fin, hablé con Kisumi esta mañana," y aquí Haruka tuvo que pausar y escuchar la conversación. "Dijo que están remodelando su casa o lo que sea, y que no tiene nada que hacer."
Haruka falló en ver cómo esa información le podría ser útil, pero sólo se mordió el labio. "En serio," dijo sin mucho interés.
"Sí," Rin enfatizó la palabra como una advertencia. "Y le dije que te iba a preguntar si querías salir con él y caminar por ahí o platica o, yo que sé, comprar cuerdas de violín."
Haruka se quedó viendo un punto vacío en la pared, palabras colgando de sus labios. "¿Por qué le dijiste eso?"
Hubo un gruñido audible. "Porque son amigos, y eso hacen los amigos."
"No," tuvo la inconsideración de sentirse ofendido, "Kisumi y yo sólo—"
"¡Okay, no importa! Llámale como quieras," Rin refunfuñó y, porque hoy Haruka no parecía tener respeto por la vida, rio levemente. "Voy a darte su número, ¿va? Ustedes resuélvanlo solos, yo estoy de vacaciones con Sousuke," se escuchó más tranquilo al final, y después de escucharlo teclear por unos segundos, Haruka notó la llegada de un nuevo mensaje de texto. "Por cierto, ¿cómo va el concurso?"
Inhaló profundamente y empezó a relatar los capítulos más recientes de su vida.
Nota de Autor: ¿Un capítulo? ¿En DOMINGO? Σ(・口・) Resulta que ayer lo terminé de escribir en la noche, pero me dormí antes de subirlo, y pues, ya para no esperar hasta la próxima semana, pensé en subirlo de una vez~
El próximo capítulo será el debut de Kisumi, alias KissMe – el personaje más importante, el más querido, quien ha sido mencionado como mil ocho mil veces y sin embargo no ha aparecido ni una sola vez 。゚(TヮT)゚。
Muchas gracias por los comentarios, como siempre~ espero que este capítulo les haya gustado ^^ bye bye!
