Prohibido: Versión NaruHina.

Género: Romance y Drama.

ADVERTENCIAS: Contenido sexual fuerte, Pedofilia, incesto, AU (Naruto tiene 32 años y Hinata 14)

Si no te gustan los Fics con esta temática abstente de leer... Gracias!


-Prohibido-

Capítulo 1

Cuando Hinata se mudó con ellos, después de la muerte de su madre, en Naruto surgió un afecto especial por ella, era como si fuera una parte de él, una parte de su corazón que le faltaba y que finalmente había recuperado. Sin saberlo él Namikaze anheló tener entre sus fuertes brazos a su pequeña hermana, desde el primer momento en que la vio.

Quizás todo hubiera sido distinto, al compartir con su hermana como era debido, crecer juntos, confiando el uno en el otro, jugando los mismos juegos, y el como hermano mayor leyendo libros a su pequeña hermanita antes de dormir, Naruto protegiendo ferozmente a su hermanita, pero las cosas no eran así, ellos no se conocían eran dos simples extraños y él había caído ante su hermosa y pura inocencia.

Le dolía en el alma tener que rechazarla, cuando ella en su tan natural inocencia trataba de ser tomada en cuenta, Naruto se sentía mal por ella, por el dolor que le causaba, pero no podía evitarlo. Era mejor mostrarle al hombre frio, que hacerle daño en alguna forma permanente, así que hizo caso omiso de su pequeña hermana, pasando tanto tiempo como fuera posible fuera de casa, trataba por todos los medios estar lo mas alejado posible de ella.

Habían pasado dos semanas desde aquella excitante fantasía, donde besada y tocaba a su Imoto, de alguna forma no quería recordar, pero por mas que la evitaba, por mas que la tratara como una basura, por mas que le hiciera desplantes ella no se daba por vencida, Hinata no se rendía. La última noche antes de irse para a una capacitación médica, ella entro al cuarto de su hermano mayor y se deslizó en la cama con él.

No había nada inusual acerca de sus acciones, pues Hinata era tierna e inocente. Ella solo lo hacía porque quería hablar. Nada con segundas intenciones; pero Hinata no imaginaba que su Hermano luchaba contra cualquier tipo de sentimiento sexual hacia ella.

Naruto se despertó al sentir un cuerpo blando presionado contra el suyo, las cosas se estaban poniendo difíciles para el hombre mayor.

—O-oniisan—Ella estaba susurrando. —Naruto O-oniisan, despierta…

— ¿Qué...?—Murmuró con incertidumbre. — ¿Quién?

—Soy yo, H-hermano. ¿A la que h-has estado e-evitando estas últimas dos semanas?

— ¿Hinata?—Había tenido un sueño erótico, y ya estaba a media asta. Cuando escuchó su voz en su oído y sintió sus pequeños pero bien desarrollados senos rosando sus fuertes brazos, se puso completamente duro al instante.

—Si—dijo con voz ronca. —Y-yo sé que es t-tarde, pero te vas a ir te-temprano en la m-mañana, y yo quería hablar c-contigo antes de que te fueras.

—No deberías estar aquí, en mi cama—Naruto se sentó, frotándose el cabello rubio.

— ¿P-por qué no?—Hinata también se sentó, y él pudo ver que llevaba una tierna pijamita de conejitos. EL encaje estaba tensamente estirado contra sus desarrollados pechos, y el borde corto se estaba subiendo por sus suaves muslos.

—Por- porque, —tartamudeó, tratando de mantener la mirada lejos de su cuerpo—eres demasiado pequeña para estar haciendo esto. Demasiado pequeña para entrar a escondidas en la cama conmigo por la noche. Deberías quedarte en tu propio cuarto, Hinata.

—P-pero yo q-quería hablar contigo, Niisan—Sus ojos se llenaron de lágrimas. —He e-estado esperando para h-hablar contigo por las últimas dos semanas, pero me s-sigues ignorando y e-evitando. ¿P-por qué, Naruto N-niisan? Creí que podríamos ser amigos—Dejó escapar un sollozo, un pequeño sonido tan triste y solitario, que le rompió el corazón.

Naruto no pudo evitarlo. Tuvo que tirar de ella en sus brazos y consolarla. Las lágrimas de Hinata despertaban algo dentro de él, un instinto de protección tan feroz, que era casi primitivo. Odiaba verla llorar, porque sentía su dolor como si fuera suyo.

—Vamos, cálmate, Hinata—murmuró en su cabello mientras la abrazaba fuertemente. —Todo va a estar bien.

— ¿R-realmente va ser a-así?—Ella se movió contra él, y él sintió que sus pequeños senos rozaba su pecho desnudo. Sus pequeños pezones estaban erectos debajo del encaje elástico de su tierna pero sexy pijama, y su aliento era cálido y seductor contra su cuello. ¿Había pensado que estaba duro antes? Su polla estaba dolorosamente rígida ahora, marcando sus boxers, haciéndolo anhelarla de una manera que no tenía nada de fraternal.

—Si—dijo en su tono habitual, pero por dentro se estaba muriendo. Su rostro en la luz de la luna era etéreo, sus rasgos tan finamente esculpidos, que podría haber sido una estatua de alabastro. Pero las estatuas no lloraban, y pudo ver el rastro de lágrimas bajando por sus sonrosadas mejillas. Las lágrimas que había puesto él allí. —No llores, Hinata, —le rogó. —Vamos, por favor, no…

—Yo... Yo no puedo evitarlo—Las palabras salieron torpemente.

—Pensé... pensé que podrías llegas a q-quererme, aunque fuera un poquito... Yo deseo tener una f-familia y yo estoy dispuesta hacer todo lo que sea n-necesario para que me q-quieras.

—Por supuesto que te quiero y tendrás una familia, padre y yo te queremos cerca de nosotros —Le dolía el corazón por ella por el sufrimiento que le estaba causando, Hinata era tierna, tímida y retraída, debido a su triste infancia. Naruto limpio sus lágrimas, la tomo tiernamente en sus brazos y la sentó en sus piernas, lentamente tomo su mentón y de alguna manera se encontró a sí mismo besando la pequeña y tierna boquita de Hinata.

Hinata se tensó contra él al principio y luego torpemente se fundió en el beso, entregándose a sí misma con una dulzura incondicional que empezó un incendio en su interior.

Naruto sabía que estaba mal, que debía parar pero no le importaba, no podía prestarle atención. A pesar de que nunca había hecho un solo avance sexual hacia ella antes, de alguna manera tener a Hinata en sus brazos y ser correspondido en su beso, lo segaba de cualquier pensamiento racional. Lentamente dirigió su mano por debajo del camisón, hasta llegar a sus pequeñas braguitas, las hizo a un lado y empezó a acariciarle el clítoris lentamente, tal y como lo hacía en su sueño. Hinata se tensó y quiso separarse de su hermano, pero Naruto fue mas rápido y afianzo su agarre sobre ella.

— ¿Naruto? ¿Hinata? ¿Todavía sigue despiertos?—El sonido de la voz de su padre lo sacó de su estado de lujuria, y Naruto rápidamente empujó a su hermana de su regazo. Oh, Dios mío, ¿qué hay de malo en mí? ¿Qué es lo que hice?

Junto a él, Hinata estaba jadeando, las mejillas encendidas y el cabello negro azulado alborotado. Miró en su dirección con incertidumbre, obviamente bajando del mismo frenesí en el que él había estado. Viéndola a ella, Naruto se dio cuenta de algo. Me habría dejado. Habría retirado las bragas y habría abierto sus piernas, sin preguntar. Yo podría estar dentro de ella ahora mismo, llenándola, tomando su virginidad, y ella se la habría dado sin preguntar. Porque me ama. Porque ella confía en mí.

Nunca se sintió más indigno de ese amor y confianza. Él era un monstruo. Una bestia. Un pervertido.

— ¿Hinata?—Era la voz de su padre cerca.

—Es...estoy bien, P-padre—La voz de Hinata fue casi un susurro. —M-me estaba despidiendo de mi hermano.

—Está bien, entonces, descansen—La voz de su padre se desvaneció. Obviamente se dirigía por el pasillo hacia su cuarto. —No distraigas mucho a Naruto, él va a tener un largo viaje mañana.

—E-está bien, O-otto-san—dijo Hinata, sonando ligeramente triste. Hubo un largo silencio, y luego Naruto escuchó la puerta de la habitación de su padre hacer clic.

—Esa es la razón por la cual no deberías estar aquí—Hinata quiso acercarse a él, pero Naruto la alejó bruscamente. —Vamos, sal de mi cama. Bájate.

—P-pero... pero, Oniisan—Se le quedo viendo herida y desconcertada. —Pensé…

—No importa lo que pensaste—le espetó. —Sólo bájate y sal de mi cuarto…

—Yo... yo—.. Sus ojos se estaban inundando de nuevo, pero esta vez no dejó que las lágrimas lo conmovieran. No podía permitir que lo conmovieran. A pesar de que lo matara verla llorar y que él fuera la causa de su miseria, era mejor eso que el riesgo de repetir lo que había ocurrido entre ellos.

— ¿Qué parte no entiendes?—dijo, haciendo que su voz sonara deliberadamente áspera y enojada. —Largo de...aquí.

—P-pero d-deberíamos hablar, no entiendo que acaba de pasar y…

—No quiero volver a hablar contigo otra vez —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerse, antes de que las pudiera moderar y hacerlas más dulces. Pero por otra parte, no iba a disuadir. Hinata era demasiado persistente para eso. Y tenía que deshacerse de ella, tenía que hacer que bajara de su cama.

Ya podía sentir como la deseaba otra vez, queriendo tomarla en sus brazos y besar esa dulce boca, sentir su cuerpo cálido y suave presionado contra el suyo. Mal, lo que sentía estaba tan mal, y ella era demasiado inocente para verlo. Lo siento mucho, Hinata. Pero tengo que hacerlo. Tengo que lastimarte para mantenerte a salvo.

—Tú...Tú no lo dices en serio, v-verdad—susurró mientras las lágrimas se desbordaron y bajaron por sus mejillas. —No p-puedes d-decirlo en serio, Onisan.

—Sí lo digo en serio—dijo con fiereza. —Cada palabra.

—Perdón—exclamó. —La... lamentó haber dejado que me b-besaras. Sé que no debí hacerlo, pero se s-sentía tan... tan bien. Te juro que n-nunca va a vo-volver a suceder, ¿de a-acuerdo? Por favor Onisan, de-deja que me quede para que po-podamos ha-hablar.

Estuvo a punto de acceder, al escuchar que ella había disfrutado lo ocurrido tanto como el, casi la atrajo hacia sí y le dijo que lo iban a arreglar. Que arreglarían esta cosa rara que había brotado de repente entre ellos como una virulenta y mala hierba verde. Pero si lo hacía, si se permitía tocarla de nuevo, incluso como amigos, él se perdería, quería que supiera que el malo era él y que ella no debía disculparse.

No voy a poder parar la próxima vez. No seré capaz de detenerme. Y ella me lo va permitir, sin hacer preguntas.

Espontáneamente, la imagen de Hinata abriéndose para él apareció en su mente. Casi podía verla, su cabeza inclinada hacia atrás para mostrar su garganta blanca, su hermoso cabello corto sobre la almohada, mientras ella tímidamente gemía su nombre cuando él la penetraba con sus dedos y después La tomaba con su larga y dura verga. Tomaba lo que no podía tomar y lo que no podía devolver.

—No—dijo él, endureciendo su corazón. —No, baja Hinata. No quiero hablar de esto otra vez.

—Pero quiero estar a tu lado, eres mi hermano…

—Basta con esa mierda. Yo no soy tu hermano, ¿de acuerdo?—Él escogió deliberadamente las palabras más cortantes que pudo encontrar. — ¿Se te ha ocurrido pensar que la razón por la que he estado evitándote es porque no necesito a mi hermana tartamuda detrás de mí en cada lugar al que voy? Eres solo una niña Hinata. Tengo cosas más importantes que hacer que perder mi tiempo contigo.

Las palabras eran como una flecha en su corazón, él pudo darse cuenta por su expresión afectada en su rostro. Pero al menos la estaba haciendo entender.

—Hmn—bajando de la cama. —Lo siento.

—Perfecto. Lo mejor es que te acuestes a dormir—Él mantuvo su voz áspera y cruel, pero se estaba muriendo en su interior. La expresión de su rostro estaba tan herida, tan rota. Y él era el que le estaba haciendo daño. Él preferiría cortarse una de sus manos antes que verla con tanto dolor. Pero lo tenía que hacer.

—Q-que descanses Her… Naruto San— Hinata salió de la habitación, tambaleándose mientras sus lágrimas la cegaban. Naruto sentía un nudo en la garganta, pero lo contuvo con gravedad. No podía permitirse el lujo de hacerle ver lo mucho que le dolía a él. Lo mucho que aún le importaba.

—Naruto San—dijo en voz baja, ahogada. —No me importa cómo te sientes por mí. Yo… Yo... te amo, hermano mayor. Te amo y s-siempre lo haré.

Estaba a punto de decirle que la amaba, que todo era una broma. O mejor aún, explicarle lo que estaba sintiendo y pedir disculpas por lo que había pasado.

Pero no puedo. No puedo porque todavía la quiero demasiado. ¿Por qué no puedo dejar de quererla? Se volvió a recostar en la cama y puso un brazo sobre sus ojos. No podía dejar de recordar las palabras cuando dijo que lo amaba. No podía dejar de repetir sus últimas palabras una y otra vez en su mente.

Pero el amor que ella sentía por él, era el de una hermana hacia su hermano mayor, en cambio él, la amaba como se ama a una mujer.

Eso era lo peor que no era sólo deseo lo que sentía por ella. Cuando él la había tenido en sus brazos, era como si ella pertenecería allí. Como si ella fuera la única persona en todo el mundo, en el todo el universo, que lo pudiera completar y dejarlo entero. Naruto nunca había tenido sentimientos tan fuertes por una mujer.

Naruto Namikaze estaba condenado a un amor imposible.


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