Regresos y Recuerdos
Ver a Kisumi debería ser más fácil de lo que se sentía. Haruka se dio una bofetada mental. ¿Por qué pensé eso? Porque, en serio, hasta ahora no ha habido nada que justifique tal idea.
En breve: no ha visto a Kisumi en casi dos años, con la mera excepción de reuniones relativas a clases de música, ya sea para ayudar a Kisumi con tal o tal proyecto. Puesto en perspectiva, se podría decir que habían intercambiado más mensajes en dos o tres piezas musicales por año que en todo el transcurso de la preparatoria. Pero, entonces, el Haruka de preparatoria era una historia completamente distinta a la del Haruka de universidad, volviendo la comparación inválida. O eso le gustaba pensar al Haruka de universidad.
Aunque su recuerdo más vívido probablemente siga siendo mi yo de preparatoria, así que no importa mucho, Haruka analizó en agotada ansiedad, tomando ventaja de una parada de autobús para arreglar su ropa una vez más.
No eran un recuerdo particularmente feliz, sus años de adolescencia.
Estaba Rin, no siendo del todo capaz de hacer amigos de la forma correcta, Kisumi, rodeado de gente y haciendo la vida más complicada de lo que debería, y él, rehusándose a tomar sus medicamentos, tan asustado de su depresión que no aguantaba ni el más mínimo recuerdo de esta; y su corto crush en Rin y Kisumi, una cosa fluctuante que lo dejó amargado e infeliz.
También estaba el hecho de que, en ese entonces, Haruka esperaba que las personas comprendieran lo que sea que estuviera pasando por su cabeza sin tener que usar palabras. Y él no era de ayuda, en lo absoluto, pero aun así los resentía por no entenderlo. Rin hasta se tomó el tiempo de deletrearle ese problema, pero Haruka llegó a la misma conclusión por su cuenta, después de un rato.
Era tanto irónico como decepcionante que sólo empezó a mejorar una vez que se mudó a Tokio. Quizá su miedo a la soledad había sido tan grande que, cuando finalmente terminó solo en la gran ciudad, fue increíblemente anticlimático. Era como si el terror lo estuviera siguiendo tanto tiempo que, cuando llegó a experimentarlo, se dio cuenta de que el vacío que dejó era más grande que la ansiedad misma; y no encontró con que llenarlo después.
Hasta hace poco…, se bajó del autobús.
Había viento. Antes de dejar el apartamento, se puso una de las playeras que llevó el primer día y, porque estaba consciente de que no la sacó de la mochila hasta entonces, nerviosamente tomó una de las camisas de franela de Makoto, dejándola sin abotonar sobre dicha playera, prometiendo que la lavaría en cuanto regresara. Era una prenda suave, roja con negro. Tenía un efecto extraordinariamente dramático contra el mal clima.
Se suponía que iban a encontrarse en la entrada de Geidai, que era relativamente central. Como llegaron a ese acuerdo, claro, era otra historia, con Haruka imaginando cientos de conversaciones en su cabeza, siendo incapaz de marcar el número, recibiendo miradas acusatorias de KitKat, fallando de nuevo, y después recibiendo un mensaje de Kisumi preguntándole si quería salir. Rin le habrá dicho.
Bueno, lo importante es que llegó ahí. Un poco temprano, ciertamente, pero no se podía esperar menos de él, esperando en la esquina de la calle donde el viento lo estaba familiarizando con el proceso de ser aventado a una secadora.
"Haru," escuchó, mientras estaba ocupado apretando la camisa a su cuerpo y viendo la vieja tienda de flores del otro lado de la calle, y se dio la vuelta.
Kisumi se veía un tanto más alto desde la última vez que lo vio, y también un poco diferente, como si estuviera más involucrado en su propia presencia, más ahí, en comparación a como se veía en el pasado, cuando parecía que se estaba difuminando a los lados, perdiéndose en una imagen falsa de él mismo. Se veía mejor – si no, a Haruka no se hubiera olvidado saludarlo.
"Kisumi," dijo, soltando la camisa a la voluntad del viento. "Perdona, sé que fue repentino, ayer…" Porque, realmente, no había pasado más que un día.
"Meh, no importa," y su voz era inesperadamente suave en el viento, pero sin duda, seguía siendo la voz de Kisumi. Debió haber aprendido, Haruka reflexionó, que tratarlo a gritos y exclamaciones y plena verbosidad no lo llevarían a ningún lado. "¿A dónde quieres ir?" Directo al grano.
La pregunta lo hizo sentir como un niño, por un momento, y después pasó y Haruka seguía en posesión de su persona actual. "No sé," dijo, a la vez que empezaban a caminar sin rumbo. "¿Quieres té, o algo?"
"¡Ah, seguro! Conozco un lugar, con una decoración que no te imaginas, y la selección de té más grande del mundo-" Kisumi balbuceó, así tirando a Haruka de regreso en territorio conocido.
El atuendo de Kisumi estaba limitado a colores pasteles. Haruka notó que, antes, sólo usaba colores neutros, blancos, cafés y negros, porque los chicos populares no usaban suéteres rosa, y los basquetbolistas de preparatoria no usaban leggings floreados. Tenía que contrarrestar el tono de su cabello, sería su lógica.
"¿Están renovando los dormitorios?" preguntó, mientras caminaban por las ajetreadas calles del centro en busca de la dichosa tienda de té.
Sacudió la cabeza, y, de alguna forma, el viento no le empujó el cabello a los ojos. Por su parte, Haruka se estaba sintiendo como un paracaídas o, alternativamente, una bolsa de plástico, pero no le molestaba demasiado.
"Renté un apartamento por mi cuenta, al final del semestre," Kisumi explicó, viendo las tiendas de lado a lado.
Haruka apretó la tira de su bolso messenger. "¿Ya vives solo?"
Esta vez, asintió, y Haruka suprimió un nudo doloroso que intentó formarse en su pecho. Nada que hacer, sus situaciones eran distintas. Él llegaría ahí también, algún día.
"Mis papás me envían el dinero exacto para la renta y las compras," vino la segunda explicación. "Hice los cálculos el año pasado."
"Ah," Haruka pestañeó, no esperando sentirse más ligero tan pronto. "¿No te gustaba, tener un compañero de cuarto?"
"Pues, supongo, pero aun así," Kisumi se encogió de hombros metafóricamente. "Ya necesitaba un poco de tiempo a solas."
Entiendo lo que dices, Haruka pensó, antes de inclinar la cabeza a un lado para llamar su atención a un letrero rojo. "¿Ese es el lugar?"
Era un restaurante pequeño y acogedor, con mesas y piso de madera, y unas escaleras que llevaban al segundo nivel, pero se quedaron en el primero, encontrando una mesa cercana a una ventana. No era un lugar que Haruka conociera particularmente bien, siendo que sólo lo había visto de reojo en sus visitas al centro de Tokio, pero afortunadamente no era muy intimidante.
Sólo se dio cuenta de que sus brazos estaban helados hasta que tomaron asiento. A pesar de sus propiedades místicas, la camisa de Makoto no era muy gruesa.
Consciente del frío, sus ojos divagaron a los propios brazos de Kisumi. Vio viejas cicatrices en sus muñecas, antes de que se reacomodara las mangas del suéter.
"¿Cómo van las clases de arte?" Kisumi preguntó mientras Haruka intentaba disimular su falta de tacto.
En su defensa, sólo saltó un poco. "Más o menos," ofreció, y dejó que sus dedos retumbaran en la mesa. "No tengo mucho con qué compararlas…"
"¡Ya sé! No son como las clases de verano en la prepa," Kisumi respondió fácilmente y abrió su menú.
Haruka lo miró un momento, y procedió a ocuparse leyendo el menú de té rojo. A diferencia de él, Kisumi sí eligió la carrera en Música, estudiándola en Toho Gakuen, también en Tokio. Cuándo le preguntaron, pareció tomar la idea de irse de Iwatobi como una mera inconveniencia.
"¿Quieres algo de comer?" preguntó Haruka, sólo para hacer conversación, cuando llegó a la lista de sándwiches y pasteles excesivamente caros.
El rostro de Kisumi hizo el equivalente a un sonido de desinterés. Desde su mitad de la mesa, Haruka hizo intentos sutiles de encogerse. Hasta ahora recordó que, en ciertos puntos de su vida estudiantil, Kisumi le compartiría de su comida, casi forzándolo a tragar lo que le ponía en frente. Una práctica estúpida e infantil que siempre dejaba a Kisumi con migajas en su plato. Claro, en el momento Haruka no le tomó importancia; le tomó como año y medio darse cuenta de que Kisumi lo estaba haciendo a propósito, cuando dejó de ir a clases por una semana para ir a rehabilitación – o eso le había comentado Rin.
"Eh, ¿por qué no?" Kisumi aceptó, no obstante, después de haber consultado la página requerida.
El escape a un problema, consecuentemente, llevaba a otro, consistiendo del hecho que Haruka recordó repentinamente que, esencialmente, todavía odiaba comer en público. Era sólo que, hasta ahora, había estado demasiado ocupado perdiéndose en los ojos de Makoto como para recordarlo. Así, de hecho, era como le gustaba justificar sus bajas de guardia, últimamente.
Después de un satisfactorio debate de tres o cuatro frases, se decidieron por el cheesecake. Parecía una opción segura, incluso para los estándares de Haruka.
"Entonces… ¿has visto a Rin, últimamente?" Llegó el té, jarrones de agua caliente y tazas decoradas.
Kisumi hundió la bolsita de té en una jarra en fascinación. "No recientemente. Pero salimos la navidad pasada."
Eso, Haruka recordaba. Rin le habló como por 3 horas de todo menos de Kisumi, cuidadoso de dejar suficientes "pistas" para que Haruka supiera todo lo que había pasado.
"Fui a verlo en primavera," Haruka contó, sintiéndose algo egoísta por hablar sin que le hicieran una pregunta, pero sabiendo que sería eficiente. "Ahora tiene muchas plantas."
Se quemó los dedos ligeramente cuando recolocó la tapa de la jarra, pero mantuvo la valentía y lo volteó a ver. Se sentía extraño. No estaba intimidado ni incómodo, como había esperado. Se sentía bien, a decir verdad.
Por su parte, Kisumi se veía bastante bien, también. "¡Oh! Planté unos tomates cherry antes de mudarme," admitió, y Haruka sonrió involuntariamente, lo que sorprendió a Kisumi, pero entonces él también sonrió y empezó a decir más de sus logros agricultores. Era increíble lo mucho que uno podía hacer en un dormitorio universitario.
Para ser completamente honestos, Haruka no estaba seguro de qué, exactamente, fue lo que hizo que Kisumi le gustara, aunque sea por una breve cantidad de tiempo, allá en la preparatoria. No era como si hablaran mucho, siendo que Kisumi tenía docenas de amigos y él tendía a evitar a todo el mundo, con sólo unas pocas excepciones. No era como si tuvieran algo en común, aparte de, quizá, el gusto general por los violines. Ni siquiera era como si se llevaran particularmente bien.
Aun así, Haruka recordaba sintiéndose ligeramente reconfortado por la presencia de Kisumi. Con Rin dando su mejor esfuerzo para encajar (a veces intentaba demasiado), no había espacio para ser antisocial en su compañía. Quizá le gustaba pensar que Kisumi lo entendía, el sentirse solo a pesar de estar rodeado de tanta gente. Quizá le gustaba pensar que, si hiciera un poquito más de esfuerzo, serían amigos cercanos. Quizá era por eso que se sentía tan resentido cuando parecía que a todos se les hacía fácil hablar con él, menos a Haruka.
O quizá, sólo quizá – y a Haruka le gustaba pensar que ésta era la verdadera razón – le gustaba porque Kisumi, también, prefería a Rin en su gruñón estado natural, cada vez que salía a la superficie; porque una vez, en uno de sus mejores días, Haruka medio murmuró un chiste y Kisumi le sonrió; porque, por muy molesto y charlatán que fuera, Kisumi era una buena persona.
A veces, Haruka pensó, eso era suficiente.
Una hora más tarde los encontró en los callejones de un parque cercano, con Haruka tan concentrado como su existencia le permitía en el recuento de unos momentos especialmente memorables de sus clases de arte. Ningún artista fue herido en la realización de esa producción en particular, cabe aclarar.
No era como si estuviera diciendo mucho, pero al menos estaba hablando, algo importante que hacer mientras Kisumi estaba dispuesto a escuchar. Recordaba decir las cosas más ridículas en el pasado, al más mínimo destello de interés en su complexión. No obstante, siendo que esto involucraba al Haruka del pasado, todas esas ridiculeces fueron murmuradas en lugar de ser dichas claramente. Eso probó ser una bendición en disfraz.
"¡Espera, espera! Se me había olvidado," Kisumi dijo después de que Haruka terminara su historia, mientras ambos veían algunos patos en el estanque.
Haruka estaba preguntándose si el artículo que leyó sobre cómo el pan era peligroso para los patos era veraz o no. "¿Hm?"
Sin prisa particular, Kisumi enfocó la vista en un pato aleatorio antes de pestañear y empezar a rebuscar en su mochila. Haruka logró ver al menos tres labiales de colores diferentes, pero decidió que no era de su incumbencia y volvió a prestar atención a sus emplumados compatriotas.
"Toma," Kisumi dijo sólo unos momentos después, y Haruka se encontró frente a frente con un paquete envuelto de azul pastel.
Lo tomó con mucha más gentileza de la que parecía necesaria. Luego, miró a Kisumi, esperando que sus ojos fueran lo suficientemente expresivos para comunicar una línea entera de dialogo.
Kisumi no pareció entenderlo, pero respondió de cualquier manera. "Es por tu cumpleaños," golpeó agraciado el hombro de Haru. "Aunque algo atrasado."
"Ah," Haruka enunció inteligentemente, olvidó cerrar la boca por un rato, y después tomó el paquete con un poco más de fuerza. "Gracias."
Realmente, si no fuera por una llamada extremadamente temprana de Nagisa y Rei por ahí de las 5 de la mañana, ni cuenta se habría dado que era su cumpleaños. Parecía surreal que Kisumi lo recordara. Parecía bastante obvio, también, por más raro que suene.
"Espero que te guste." Lo dijo como si fuera algo requerido de él, así haciéndolo sonar como una carta de 'mejórate pronto', pero Haruka sonrió un poco.
Entonces vino un proceso agonizante, porque podía ver que Kisumi esperaba que lo abriera ahí mismo, mientras que Haruka hubiera preferido hacerlo en la soledad de un cuarto vacío. Lo abrió, de cualquier forma, y encontró una copia con tapa de cuero de varios cuentos cortos. Recordaba haber visto a Rei leyéndolo, hace mucho, o eso creía recordar.
Se lo agradeció un par de veces más, pero Kisumi decidió ignorarlo.
Todavía más tarde, estaban aproximándose a la entrada del parque, y el cielo estaba adquiriendo una complexión naranja. Al menos el viento ya se había calmado.
"No estoy seguro si los van a hacer en los salones o el auditorio, pero van a hacer unos festivales de música, así que probablemente podrías encontrar un lugar dónde tocar," Kisumi estaba explicando.
"Ya veo," Haruka asintió casi imperceptible. Había expresado un interés en visitar el conservatorio de Toho, siendo que el de Geidai estaba ocupado por los ensayos para un concierto sinfónico a finales de agosto.
Tal línea de pensamiento le recordó que, sí, el concurso era en una semana. En cierto punto, se lo mencionó a Kisumi, en un tono exageradamente casual. Lo puso nauseabundo.
"Quiero ir a ver cómo te va," dijo Kisumi de repente, y, en serio, ¿por qué alguien querría ir a verlo?
Esto, pensándolo bien, no era una pregunta muy razonable para un artista que espera tener sus obras en exhibiciones.
Con sólo un pequeño tremor, Haruka le ofreció una sonrisa forzada. "No creo que la entrega de proyectos esté abierta al público," y gracias a Dios por eso.
Kisumi lo pensó por un segundo, lo aceptó, y asintió. "¿Entonces puedo ir a verte después de que termine?"
"¿Supongo?" se encogió de hombros. "Voy a estar allá desde las 9 hasta las 4 de la tarde, en el mejor de los casos." Es decir, si no había retrasos y/o no se desmayaba.
"Okas," Kisumi decretó y ese fue el fin del tema. Aún había piedad en el mundo.
Después salieron del territorio del parque, y vagaron por las esquinas de las calles, tomaron algunos callejones inciertos para regresar a las calles más ocupadas del centro, y las cosas fueron generalmente bien. Haruka no volvió a tener ningún pensamiento particularmente amargado hasta que Kisumi interrumpió una de sus oraciones con la intensidad de su mirada.
"¿Qué…?" preguntó, porque no sabía cuándo renunciar o cómo proteger su salud mental.
Kisumi lo siguió observando por un momento, antes de regresar la vista al frente. "¿Sabes, Haru? No sé por qué, pero te ves… más feliz."
Bueno. Um. Okay, no había una respuesta apropiada para eso. "Y-yo…," vino la divina gracia de una gran respuesta. Haruka se tragó la sorpresa, entonces, y pensó un poco. Un poco más, porque sus cejas fruncieron ligeramente. "¿Gracias?" intentó de nuevo. "Tú también."
Kisumi le sonrió y asintió. Respuesta correcta, aunque nadie sabía por qué, y Kisumi no volvió a mencionarlo.
Esta era su última noche solo, y no se sentía tan desamparado como esperaba; pero tampoco se sentía especialmente nostálgico. La luna empezaba a subir, y KitKat estaba bien alimentada y feliz, y alguien en la calle tenía la radio con el volumen muy alto, y Haruka estaba acomodando las latas de especias de Makoto mientras les pegaba notas sutilmente.
En su segundo día de estancia tuvo la brillante idea de que esa sería una acción bienvenida. Tuvo que batallar con sus usuales pensamientos de que tonto o es innecesario o a quién le va a importar, pero lo superó y llegó a esa decisión.
Por tanto, ahora el apartamento de Makoto estaba lleno de pequeños mensajes escondidos en sus esquinas más recónditas. Como, por ejemplo, en medio de las tarras de galletas y debajo de libros o detrás de lapiceras. Haruka había sido inesperadamente ingenioso con sus ubicaciones. Aquí algunas muestras:
(en el romero) Va bien con la caballa. (en un libro de colorear) Pinté las páginas 48-51. (en la 2da alacena) Nuevos envases: azul – mezcla para panqueques; amarillo – canela y el resto de la vainilla; verde – menta deshidratada; naranja – pasas y albaricoques. (al lado de la ventana) Cortinas azules quedarían bien. (pegada detrás de la maceta de jacintos) Esta se ve bonita.
Junto con esto, eventualmente compró un paquete de estrellas fosforescentes y las dejó para que Makoto las pusiera si quería. Algunas no luminiscentes Haru pegó a las cajas de té. Esperaba que se sintieran bienvenidas ahí.
Ahora que había terminado relativamente con eso, y con su estancia temporal, Haruka se sentía algo despojado. Esto no era algo que hiciera normalmente, aún si uno contaba los paseos de gato. Dejar notas, quedarse en la casa de alguien – dejar su marca en la existencia de otra persona, en resumen. No había sido angustioso hasta que lo volvió a considerar. No en lo absoluto; porque sentía que a Makoto le hubiera gustado.
Haruka se hundió en medio del sofá y ahí se quedó, codos en las rodillas y cabeza en las palmas. Miró a su alrededor, pensó un poco más.
En verdad, sentía que a Makoto no le hubiera molestado si hubiera hecho más. Haruka lo pensó pasivamente, como usualmente pensaba todo. Sabía unas tantas cosas, las descubrió en el camino. No había tenido opción, realmente. Makoto era tan increíblemente adorable la mayor parte del tiempo.
Así que Haru tuvo que reescribir algunas de sus emociones casuales. Había sido un proceso lento – porque se conocía a sí mismo mejor de lo que admitía – y todavía no terminaba. Pequeños pasos, como dejar una nota en el escritorio de alguien porque sabía – tenía que recordárselo – que estarían felices de verla ahí.
Ni siquiera tenía algo que ver con su autoestima o su abatimiento – sólo estaba acostumbrado a eso. Los hábitos siempre han sido los más difíciles de combatir; porque se sentían tan natural que uno se olvidaba que eran nocivos. Recordándose que no estaba siendo simplemente tolerado; porque todos tenían problemas, al final, y él no era un estorbo.
Desde la alfombra en el piso, KitKat lo miró en cuestionamiento y dejó salir un pequeño sonido. Vino en la mitad de su siesta, también, mientras yacía ahí en los últimos rayos del día.
Haruka la observó, cara inexpresiva sólo en caso de que se llegara a ver en un espejo. Maulló de nuevo. Haruka alzó una ceja, quijada aún contra su mano.
Al tercer sonido, sonrió, y al parecer eso era lo que KitKat estaba esperando, porque de inmediato saltó a su regazo.
El mensaje llegó quince minutos antes y desde entonces Haruka se puso a preparar curry verde, peinó a Kitkat, y puso agua a hervir en una sartén. En el momento, estaba añadiendo inciertas cantidades de hojas de té a su burbujeante masa. Ojalá no demasiadas, pero había comprado una caja extra, así que podía costearlo.
Para no serle una inconveniencia – y era lindo cómo seguía actuando como si Haru tuviera una vida social activa aún después de conocerlo por diez meses – Makoto tomó el tren de la tarde a Tokio de lo que esperaba hubiera sido un cumpleaños exitoso. Haruka sólo podía asumir, siendo que no habían tenido una conversación más larga que dos mensajes de texto en cuatro días. Había sido implícito que todo se le sería relatado en cuanto fuera posible.
Checando el tiempo desde donde estaba parado, le bajó a la flama y vertió leche en el sartén. Haruka frunció el entrecejo. Ahora empezaba el verdadero desafío. Mantuvo una cuchara y un tazón de agua fría a la mano en caso de que perdiera la pelea contra la leche. En serio no quería destruir la cocina de Makoto minutos antes de que llegara.
Afortunadamente, fue salvado no por estas precauciones sino por, literalmente, la campana. El timbre de la puerta, para ser precisos; y honestamente Haruka estaba seguro que Makoto era el único que sabía dónde estaba el timbre, sin mencionar que era el único que esperaría a que lo dejen entrar a su propia casa.
Así pues, Haruka apagó la estufa, puso el té vagamente burbujeante a un lado, y se apresuró hacia la puerta, recordando demasiado tarde que tenía que respirar. Aun así, logró verse apropiadamente exasperado cuando abrió la puerta.
"Hola," Makoto le sonrió incluso antes de dar un solo paso dentro del apartamento, y Haruka dejó que su exasperación se derritiera en una sonrisa.
Era extraño, saludarlo desde el otro lado de la puerta. "Hola," Haruka dijo también, antes de sacudir la cabeza y reiterar. "Bienvenido a casa."
"Estoy en casa," Makoto respondió, quitándose los zapatos y dejándolos cuidadosamente al lado de la puerta. Luego, miró a Haruka y su expresión se suavizó aún más. "Te ves bien."
Fue demasiado repentino para que Haruka acomodara su expresión a una pregunta educada, así que Makoto recibió una mirada llena de sorprendida sospecha. No pareció molestarlo, sin embargo, siendo que lo abrazó de cualquier manera.
Tal vez Haruka también debió haberse preparado para súbitas muestras de afecto, para asegurarse de que no se fuera a morir en los brazos de Makoto, pero bueno. Makoto olía como el sol mismo y a Haruka le gustaba poder abrazarlo así. Si no hubiera tomado té esa mañana, hubiera llorado. Metafóricamente.
Había sido parte del acuerdo que KitKat llegara y le saltara encima a Makoto en cuanto se quitara los zapatos y dejara sus maletas, pero Haru notó con decepción que KitKat no era de fiar. Una vez más, estaba por su cuenta, y ella estaba, seguramente, durmiendo por ahí.
"Tengo," Makoto dijo, quitándose la bufanda, "tantas," quitándose la chaqueta, "cosas," colgándolas en la percha, "que contarte."
Para este punto, empezó a contar los invitados, los familiares, los reproductores de música, el número de personas que habían sido asustados hasta morir, las atroces cantidades de pastel, y muchas otras cosas, terminando todo con que él, Makoto, estaba en mucho mejores términos con su familia.
"Fue divertido," Makoto suspiró en conclusión. "¿Conseguiste descansar un poco?"
La sonrisa que le contestó fu un poco culpable; Haruka se había olvidado por completo de esa sección del contrato. "Mentalmente," admitió, y puede que haya sido verdad, en comparación.
"Me alegra, entonces," Makoto aseguró, todavía a medio metro de distancia, y Haruka hubiera preferido que se sentara; se escuchaba cansado.
Sólo por si acaso, le dio un vistazo, analizó sus jeans descolorados, sus calcetas con estampado de tréboles, su playera del sistema solar. Makoto debió haber sido una estrella en el club de astronomía, literalmente.
"¿Vas a volver al trabajo pronto?" preguntó, en el comienzo de lo que esperaba sería un exitoso acuerdo para mandarlo a dormir por 12 horas.
"No por," Makoto movió los ojos a diferentes espacios vacíos en el aire, "un mes, creo." Haruka le informó de su propuesta y él, en turno, rio. "Vale, lo haré."
Su trabajo había sido fácil. Como agradecimiento, Haru intentó familiarizar su cabello con las leyes de la gravedad. Como siempre, no funcionó, pero Makoto bajó la cabeza un poco, hacia el toque de Haruka, como para ayudarlo con la tarea. Tuvo el efecto contrario, en que hizo que Haruka se sintiera como si lo hubieran salido volando de la superficie de la Tierra.
Así, como un verdadero astronauta, recordó que todavía no terminaba de preparar el té. Sólo podía rogar que siguiera siendo consumible.
"También hay curry verde," Haruka anunció, involuntariamente jugando con sus dedos. "Y brownies en el refrigerador," también contó, sirviendo el té. Era suficiente para dos.
"¿De verdad?" Makoto preguntó en esa voz de niño-tímido-recibiendo-su-primer-regalo y Haruka le hizo una cara. "Gracias. Hace mucho que no tomo té con leche," le dio una mirada innecesaria de adoración a su taza.
"Yo también, normalmente sobrecaliento la leche y termina siendo un desastre," se encogió de hombros, preguntándose si KitKat pensaba que estaban bajo ataque o sólo estaba durmiendo en el baño.
Los ojos de Makoto empezaron a vagar por todo el apartamento, y los de Haru también, en consecuencia, revisando que ninguna de sus notas estuviera a plena vista. Fue de lo más sutil. También escondió su lista de quehaceres horas antes. Todo lo que estaba a la vista era la media docena de plantas que compró. Makoto pareció verlas sin disgusto alguno.
Era bastante angustiante. "Creo que KitKat está dormida," explicó en un intento de conversación.
"Naturalmente," Makoto asintió al reloj. "Tiene un horario."
Eso era algo que Haruka desconocía, pero se sintió mejor sabiendo que Makoto no estaba ignorando activamente a su gato para hablar con él. Bajó la vista a su té, gloriosamente aún tibio, e hizo un listado mental de cosas que podría contar.
"Salí con Kisumi hace dos días," empezó de una manera excepcionalmente cautelosa, y Makoto le dio su completa atención. Demasiada atención, podría decirse; pero Haruka optó por continuar la historia, lentamente eligiendo palabra por palabra al principio, para luego, gradualmente, relatar todas sus pequeñas aventuras en un tono más natural.
Para cuando terminó, Makoto tenía una mirada relativamente soñadora en su rostro, y había tomado una posición más o menos cómoda en la silla, recargándose contra la barra de la cocina. "¿Puedo conocerlo?"
Puede que la expresión de sorpresa en Haruka haya sido muy poderosa. Makoto le dio una diminuta sonrisa vagamente apenada.
"Digo, como también va a ir después del concurso…," explicó, y claro. Haruka estaba un poco avergonzado. "No tienes que decir que sí," Makoto añadió.
"No, está bien," y sólo un poder divino lo salvó de atragantarse con su té. "No importa."
Mientras seguía sorbiendo su té nerviosamente, Makoto encontró los jacintos - estaba justo al lado de su codo, así que no era muy difícil encontrarlo – y le sonrió a la planta y, subsecuentemente, a la pequeña nota de Haru. Hizo unos cuantos comentarios en el hecho de que era tan lindo, y que en serio le gustaba, y que era un buen gesto de parte de Haruka. Todo en un día de trabajo, Haruka pensó.
"¿Todo va bien?"
Estaba siendo apartado de su taza vacía, por razones de limpieza. "¿En qué sentido?"
"Sobre el concurso," Makoto clarificó, colocando las tazas enjabonadas bajo agua fría.
Haruka hizo una mueca, que fue pasada por desapercibida. "Er, sí…" golpeó los dedos por un segundo sobre la mesa. "O sea, estuve practicando, y ya casi termino con la pieza. Aún no me han dicho que es horrible, así que supongo que tengo oportunidad."
"Por supuesto que sí. Eres increíble con la pintura," Makoto dejó las tazas bocabajo junto al lavabo, para que se secaran. "Entonces estamos bien," y ahora lo estaba viendo a los ojos.
"Sí," Haruka respondió, sin romper el contacto visual. "Honestamente," agregó con un tono más pacífico cuando Makoto pareció estar pensando demasiado.
Luego, Makoto estaba bastante entusiasmado con su nuevo libro de cuentos – eso es, después de que lo encontró en su cama, debajo de una almohada y la mitad del edredón, donde había sido dejada después de una lectura madrugadora. No obstante, cuando Haruka procedió a decirle de las circunstancias en las que lo recibió – léase, su regalo atrasado de cumpleaños – Makoto se vio positivamente mortificado.
Haruka casi entra en pánico antes de que entendiera que el horror venía de haberse perdido un evento tan importante en la historia de la humanidad. Estaba por encima de su nivel de crueldad hacer un chiste al respecto, viendo la expresión destrozada de Makoto. Consecuentemente, decidió sacarlo al restaurante elegante en el que ha estado pensando desde los exámenes finales; y pronto.
Cuando Haru le preguntó cuándo era su cumpleaños, todo lo que Makoto hizo fue sonreír enigmáticamente y esquivar el tema, empezando a comer su curry verde.
Nota de Autor: Después de seis meses de actualizaciones casi constantes, ya era hora de que entrara en un periodo de desaparición – lo siento! Miren, aquí hay un pastelito como ofrenda de paz 且_(゚◇゚;)ノ゙
Por un momento me pasó por la mente hacer que Kisumi le regalara maquillaje a Haru, porque genderqueer!Haru es mi vida y los fics en los que usa maquillaje son mis favoritos, y con lo bishonen que son casi todos en Free! quedaría de anillo al dedo ( ՞ਊ՞) por ejemplo uno de mis fics makoharu favoritos es donde, ejem, pinta la paleta con labial azul pastel, y les pondría el link pero está en inglés y está lleno de pecados y este fic es inocente…
…
A ver ( ͡~ ͜ʖ ͡°) que tanto ( ͡~ ͜ʖ ͡°) dura ( ͡~ ͜ʖ ͡°) eso ( ͡~ ͜ʖ ͡°)
…
Okokokokokokokok es broma. O, digo, es al menos 50% broma
(Como siempre, espero que les haya gustado el capítulo~ Kiss Kiss!)
