Prohibido: Versión NaruHina.
Género: Romance y Drama.
ADVERTENCIAS: Esta historia contiene contenido sexual, pedofilia, incesto, AU (Naruto tiene 32 años y Hinata 14)
-Prohibido-
Capítulo 3
Naruto suspiró y apretó el puente de su nariz, tratando de desterrar de su mente los sentimientos dolorosos de aquel día.
Desde esa noche, había deliberada y sistemáticamente cortado a Hinata fuera de su vida. Había dejado de volver a casa, pasaba las noches en el departamento de su novia y había tomado la decisión de hacer un doctorado fuera del país con el fin de mantenerse alejado de ella. Él casi nunca contestabas las llamadas de teléfono que le hacia su padre, y había quemado las tiernas cartas que le había enviado Hinata, sin abrir.
Su padre se había desconcertado en cuanto a la causa de la ruptura entre ellos; ya que aunque no eran muy unidos y por sus edades no parecían hermanos, sin mencionar que se conocían desde hace muy poco se llevaban medianamente bien y parecían disfrutar de la Compañía del otro. Naruto había estado esperando para ver si Hinata decía algo, y por un tiempo, cada vez que llamaba su padre, su corazón se encontraba en su garganta. ¿Lo acusaría de abusar sexualmente de su hermana menor? ¿Lo llamaría un monstruo y un pervertido? Era lo que se merecía, y en cierto modo, él lo deseaba. Él quería ser castigado por la forma en que se sentía. Pero nunca llegó, y al fin, sabía que no iba a llegar. Hinata había mantenido esa noche para ella sola. Era su secreto, pensó con amargura. Uno que jamás diría, a pesar de que los había destrozado.
Durante un tiempo él había esperado que sus sentimientos se desvanecieran, que se olvidaría de Hinata y seguiría adelante con Sakura. Lo había intentado había sido mas detallista con la mujer de cabello rosa, salía con ella todos los fines de semana e intento muchas veces hacerle el amor pero nada resultó. Nadie más le interesaba, nadie más aceleraba su ritmo cardíaco, Sakura Haruno, no hacía que sus palmas se humedecieran. Nadie más se sentía como la parte que faltaba en su corazón.
Yo todavía la amo. Que Dios me ayude, pero lo hago. Incluso ahora, después de mas de tres meses, todavía la quiero tanto... No podía concentrase en su trabajo o en la relación que tenía con su futura esposa, porque todo lo que podía ver era la cara de su hermana, sus ojos perlados llenos de lágrimas mientras susurraba sus últimas palabras cariñosas.
Naruto sabía que ella estaba herida, sabía que ella se preguntaba por qué había puesto un muro entre ellos. Pero tenía que vivir con eso, con saber que le había causado dolor. Aunque quería mucho a Hinata y se preocupaba por ella, aunque la amaba tanto, el jamás se podría explicar. Nunca podría decirle por qué era tan cruel y despectivo. Por qué siempre tenía que mantenerla lejos.
Pero ahora después de casi cuatro meses sin ver a su hermosa Imoto los sentimientos impuros y de felicidad lo inundaban de nuevo, ver a su hermanita con tan revelador vestido no ayudaba en nada en mantener su corazón y su pene quietos.
Hermosa y perfecta, pensó Naruto, mirando a la parte delantera del su vestido. El escote en v que llevaba revela las curvas cremosas de sus pechos en pleno desarrollo. Ella tiene unos senos demasiado desarrollados para su edad, pensó con inquietud. Podía ver los pequeños puntos de sus pezones asomándose por debajo de la seda lila. ¿Llevaba siquiera un sujetador? También sus caderas eran devastadoras, inclinado desde el exterior de su cintura pequeña, y hasta sus pequeñas piernas, bien torneadas.
Ella es hermosa... Absolutamente hermosa, pensó Naruto. La comprensión de eso lo golpeó con la fuerza de un tren fuera de control, haciendo que se sintiera débil y desorientado. Esa era su inocente hermana pequeña, la niña de sus ojos, la única capaz de hacerlo completamente feliz o en el peor de los casos el hombre más despreciable.
— H-hermano— Estaba emocionada de ver a Naruto, lo había extrañado como nunca y tenerlo de regreso la hacía verdaderamente feliz, Hinata, en su inocencia, obviamente pensaba que era su vestido el que admiraba y no lo que había debajo de él. —P...padre me lo compro, e...especialmente para tu recibimiento. —Ella se empinó y dio un tímido beso en la mejilla y lo agarró del brazo y tiró de él por la entrada principal. Naruto se fue con ella, demasiado sorprendido para protestar.
—Yo te echado m-mucho de menos, hermano —susurró tiernamente. —E-estoy muy contenta de que estés en casa por un tiempo. Hay tantas cosas que quiero... decirte y hacer, a-además creí que estabas enojado conmigo.
Desafortunadamente Naruto encontró que había un montón que quería hacer el también, ninguna de las cuales eran legales. Si tan sólo pudiera dejar de mirar a Hinata, en su nuevo vestido y sus hermosas curvas. Pero era imposible.
Trató de no pensar en ello, trató de entablar conversación con su padre sobre el hospital y las clases de posgrado que empezaría a tomar, cuando se dirigían hacia el estudio donde les tomarían la foto familiar. Él estaba vestido con su mejor traje, la corbata lo ahogaba y los pantalones eran demasiado apretados, él se esforzó por hacer caso omiso de Hinata, que estaba sentada a su lado. Estoy bien. Todo está bien. Él gritaba una y otra vez en su cabeza y estaba casi empezando a creerlo, hasta que llegaron al estudio y se sentaron para la foto.
La foto familiar no era tan mala. Minato Namikaze y el en la parte de atrás, y Hinata en frente. Un par de fotos y eso sería todo. Pero entonces el fotógrafo empezó a hablar acerca del especial que tenía tres poses por el precio de uno. Una con el hermano mayor adorado y la pequeña hermana dulce, sugirió. Antes de que Naruto pudiera objetar, su padre estuvo de acuerdo.
—Okay, señorita, ¿Tú y tu hermano se llevan bien?—El fotógrafo estaba ocupado arreglando las utilerías y estaba poniendo un banco de cuero bajo que era casi un taburete para que posaran en él.
Hinata se ruborizó.
—Mi H-hermano... es muy importante para mí.
— ¿En serio? ¿No son ustedes dos suertudos de tenerse el uno al otro, entonces?—
Sonrió el hombre impersonalmente y asintió con la cabeza hacia el taburete. —Bien, entonces. Vamos a tomar una foto de los dos hijos juntos. —Ya sé, tú te sientas en el taburete, y tu hermana se sienta en tu regazo. Hablo el Camarógrafo.
— ¡E... esa es una gran i... idea!—Hinata sonrió tímidamente a Naruto. —
—Hum—Naruto se le quedó viendo con recelo al taburete, como si se tratara de una jaula llena de leones hambrientos. De hecho, en ese momento él preferiría enfrentarse a una jaula llena de hambrientos carnívoros que dejar que su hermanita se acercara a él por segunda vez.
— ¿Qué pasa, Naruto?—Su padre se le quedó viendo un poco confundido.
Nada. Solo estoy locamente enamorado de mi pequeña hermana. No es gran cosa. Sí, claro. Eso saldría bastante bien. Tenía que pensar en alguna excusa, y rápido, ya que todo el mundo lo estaba mirando.
—Hinata está bastante crecidita—dijo, sonando absurdo y rebuscado, incluso para sí mismo. —Una pose como esa la hará lucir como si fuera una bebe.
—Claro que no señor, Naruto—El Camarógrafo sonrió, agarró su mano y tiró de él hacia el centro de la habitación, donde el taburete estaba esperando. —Vamos señor, será divertido.
—Hum—.. Naruto tenía ganas de matar a ese hombre.
—Date prisa Naruto, vamos a hacer esto para que podamos ir a cenar— Comento Minato con voz firme.
Naruto asintió ¿Después de todo que podía salir mal? Hinata era su hermana solo eso.
Pero no importaba quién era ella cuando se sentó en su regazo, porque en todo lo que Naruto podía pensar era lo bien que se sentía. El sentir su cuerpo caliente, y la forma en que su cuerpo se presionaba contra él y la manera en que su vestido de seda corto que cubría su curvado culo se frotaba suavemente contra su entrepierna lo puso duro al instante. Para empeorar las cosas, ella seguía cambiándose en su regazo, tratando de acomodarse mientras que su sedoso cabello de color negro azulado rozaba su cara.
Naruto estaba en exquisita agonía. Estaba seguro de que en cualquier momento Hinata iba a darse cuenta del extraño bulto en su pantalón que era la razón por la que estaba siendo imposible para ella que se acomodara era su polla dura. Entonces ella se daría cuenta que ella era la causa de esa dureza. Y si se daban cuenta de que se había puesto duro por su propia hermanita...
Enfermo. Estoy muy enfermo. ¿Por qué no puedo parar? Se trata de Hinata de quien estamos hablando, no de una fácil compañera de la escuela mixta que se ofrecía a hacerle sexo oral si era su tutor en introducción del álgebra.
Pero nada de lo que se dijo a sí mismo le ayudó. Por primera vez, estar cerca de su hermana era algo inquietante, una prueba que tuvo que pasar más que un placer, parecía que Kami Sama se las estuviera cobrando por lo mal que había tratado a su hermanita aquella noche. La única gracia salvadora fue que Hinata no dijo nada, aunque sí se le quedó viendo sonrojada, cuando se bajó de su regazo. Haciendo caso omiso de la duda y la incertidumbre en sus ojos, Naruto se dirigió derecho al baño, agarrando su chaqueta en lo que esperaba fuera una cortina informal frente a su entrepierna. Una vez que estaba encerrado con seguridad en el Baño de su casa, puso su cabeza entre las manos y tomó una profunda respiración con calma.
Su polla le dolía como nunca lo había hecho antes. Dura e insistente, y exigía ser liberada de su prisión tras su cierre, pero Naruto se negó. No voy a hacer eso. No me voy a masturbar mientras imagino… Pero él ni siquiera podía controlar sus morbosos y pecaminosos pensamientos, así que empujo hacia abajo sus pantalones, puso sus dedos alrededor del pene; cerro sus ojos pensó en el dulce beso que le había dado a su pequeña e inocente hermanita y eso fue más que suficiente para aumentar su lujuria.
Soltó su pene y ensalivo su palma y empezó a mover su mano muy lentamente mientras pensaba en Hinata se movía más rápido, Podía fácilmente imaginar sus grandes y callosas manos recorrer la suave piel de su hermanita; hasta encontrarse con ese par de precisos senos en pleno crecimiento, los cuales chuparía y mordería a su antojo.
El primer disparo de semen llego, Su pulgar presiono contra la cabeza de su pene y otro chorro siguió al primero, continuó trabajándolo hasta que la ordeña se secó.
Cerró sus ojos y batallo en calmar su respiración. No había tenido un orgasmo así nunca. El arrepentimiento y la culpa no tardaron en llegar, ¿Qué había hecho? ¿Qué estaba mal con él? Él era un monstruo, un ser despreciable, lleno de lujuria y malos pensamientos hacia un ser tan puro, una pequeña que era la personificación de un ser celestial en la tierra. Su Ángel.
Hinata era inocente, no era culpa de ella que le afectara tanto. Soy yo. Yo soy el equivocado. El enfermo. El que debía ser fusilado por incluso pensar en ella de esa manera. Soy un asqueroso incestuoso.
Encontró una toalla sucia en su bolsa de la lavandería y se limpió. Tomó unos minutos para calmarse, se mojó con agua fría la cara y suspiro derrotado. Nada. No es nada. Puedes lidiar con esto. Sólo actúa normal. Se tú mismo. Se el hombre mayor que eres. Tomando otra respiración profunda, se fue de vuelta al estudio de su padre para encontrar a su familia que ya lo esperaba. Murmurando una excusa acerca de un malestar estomacal, se sentó miserablemente y en silencio a través de su comida pos foto, no tratando de ver, hablar o pensar en Hinata de cualquier manera.
Hinata yacía en la oscuridad en medio de la cama por lo que parecieron horas, mirando el techo oscuro. Naruto la odiaba, quería evitarla, por eso se había ausentado tanto tiempo de casa. ¿Por qué?
Todo se remonta a aquella noche. Pero, ¿Realmente su aversión a ella podría ser remontada a ese único beso? Ha esas suaves caricias, que le habían hecho sentir de una manera extraña, pero agradable.
Hinata se volvió a su lado. Estaba muy triste después de eso. Tan devastada. Y dolida, no entendía porque su corazón se quebraba cada vez que su hermano la ignoraba, pero tenerlo de regreso la hacía enormemente feliz, por fin podía arreglar las cosas con su hermano mayor y aunque Naruto volvió a comportarse de la misma manera fría y distante después de la foto familiar, Hinata tenía la esperanza de llegar a su corazón.
¡Gracias por leer!
