Celos y Arte

No importaba lo mucho que Haruka quisiera decir que no necesitaba a nadie que sostuviera su mano mientras esperaba su turno para entregar la pieza, porque en serio, en serio lo necesitaba. Así, decidió comprometerse y sostener su propia mano, dedos enredándose a los lados del bastidor, entre la tela que cubría la pintura, en lo que esperaba.

Era conveniente, el bastidor siendo lo suficientemente grande para darle una falsa sensación de seguridad y esconderlo del mundo exterior. Adicionalmente, era un lindo día, y desde su lugar en las escaleras del pasillo principal de la universidad podía ver la soleada vegetación afuera de las ventanas. Casi lo hace sentir menos asustado.

Pensó que sería porque no había esperado ver tanta gente esperando ahí también. Había múltiples eventos tomando lugar ese día. Se suponía que tres audiciones diferentes se llevarían a cabo en algún lugar del edificio – que, con su tamaño, seguramente lo haría posible – y, aparte de eso, estaban los ensayos de la orquesta sinfónica.

En breve, había mucha gente. Haruka, ocasionalmente, olvidaba cómo respirar.

Como cereza del pastel, Makoto no checo su celular esa mañana - así perdiéndose la plegaria de último minuto de Haruka de que por favor se quedara en la cama y durmiera y lo dejara morir una artística muerte por su cuenta – y, consecuentemente, llegó a la futura escena del crimen sólo quince minutos más tarde que Haru. Llevó café consigo, también, prohibiendo toda queja.

"Es algo abrumador," Makoto había dicho, como apreciación de la flora y fauna a sus alrededores. "Hay tantos colores." Palabras sabias, sin duda, pensó Haruka.

"Es para despistar a los maestros, así no te inscriben a teatro musical," dijo como si hablando del clima, con la sabiduría de aquel que ha sufrido. Makoto rio y le preguntó si eso le ha pasado cuando no carga su material de arte; apenas podía mantener la cuenta.


Haruka tomó un sorbo de su café caliente con la cautela de miles de vidas pasadas. "¿Qué pasa si termino en la sala equivocada?"

Sentado a su lado en las escaleras, Makoto cambió la página del libro que trajo. "En una es el concurso de arte y en la otra son audiciones para una banda de jazz." Levantó la mirada, con una sonrisa tirando a burla. "Creo que te darías cuenta en cuanto entraras."

Probablemente, pero aun así causaría problemas. No creía tener que preocuparse de terminar accidentalmente en una banda de jazz; optimismo inmortal.

"Sí, ¿pero ha pasado antes?" Pequeños gestos alrededor de su vaso de poliestireno.

Makoto pasó a otra página. "Posiblemente, si la organización era mala. Personalmente nunca he oído de algo como eso."

Genial, Haruka resopló, pequeñas bendiciones.

El lugar era silencioso, con la excepción del constante murmuro de sus compañeros estudiantes, hasta que llegó a la mitad de su café. Entonces, su mente pareció volverse a activar, sonora pero carente de palabras o ideas. Era casi como sintiera ansiedad sólo porque sabía que tenía que sentirse así. Tal como un espasmo, y sin quitar los ojos de dónde estaban enfocados en unos cuantos posters del otro lado del pasillo, Haruka tomó la mano de Makoto, prácticamente jalándola lejos del libro para hacerlo.

Resulta que Makoto, si así dicta su voluntad, es sorprendentemente capaz de un agarre firme. Mientras intentaba estabilizarle, Haru dejó que leyera tres páginas más, y luego dos más mientras terminaba el café. Había tanta gente, y a nadie le pareció relevante abrir los salones.

En cuanto Haruka empezó, inconscientemente, a desprenderse de la realidad, Makoto lo trajo de vuelta a la Tierra con el cierre estruendoso de su libro. En retrospectiva, puede que lo haya cerrado tan bruscamente porque algo más delicado no sería suficiente para llamar su atención.

"Vayamos por helado después," estableció, viendo a Haruka y relajando el apretón en su mano. Desorientado, Haruka asintió. "Y por algo de almorzar. ¿Quieres pasta o arroz?"

A Haruka le hubiera gustado un poco de confianza en su propia sobrevivencia, para variar. "Caballa," dijo, porque sentía que se lo merecía, si lograba llegar al almuerzo sin morir. Un premio por enfrentar su inminente perdición.

En respuesta, Makoto lo pareció pensar un poco, mano contra la quijada. "Voy a tener que buscar un lugar decente para eso." Haruka casi le dice que no se moleste y vaya directo a una funeraria. "Pero descuida, encontraré algo."

"Todavía pienso que deberías ir a casa y dormir un rato," intentó, de cualquier manera. "Te llamaré cuando termine."

La mera sugerencia pareció sacar a Makoto de órbita. Miró, horrorizado, a los ojos de Haru. "¿De qué hablas? Claro que voy a esperar contigo."

"En serio no es —"

Aparentemente, a Makoto no le interesaba lo que en serio no era. "Hablé con—," insertó el nombre de uno de los profesores de música, "y me dijo que no van a usar el salón del piano, así que puedo entrar. No me voy a aburrir."

La última oración tenía el tono distintivo de una súplica. Haruka suspiró. "Si eso es lo que quieres, supongo—" pero se olvidó de suponer, porque en ese momento dio un vistazo a la multitud y pensó ver a Kisumi. Pestañeó. "Espera aquí," apoyó el bastidor contra las piernas de Makoto y se levantó de su petrificado asiento en las escaleras.

"No te pierdas," Makoto dijo, y sonrió inocentemente cuando Haru le entrecerró los ojos.

Logró avanzar hasta la mitad del inundado pasillo antes de que recordara que no le gustaban las multitudes, y entonces sólo se tragó los miedos y continuó su temblorosa marcha. "Ey," dijo, pero un clarinetista se puso en su camino. "Kisu—," se disculpó con el clarinetista. "Kisumi," y finalmente estuvo cara-a-cara con él.

Kisumi lo vio, impávido, y quizá medianamente impresionado. "Hola," dijo eventualmente.

"Hola," Haru respondió, ligeramente sin aliento, y sintiéndose algo estúpido. "¿Qué haces aquí?" Recordó el evento principal del día y quiso darse un golpe a sí mismo. Vio el estuche de un violín por el rabillo del ojo.

"Dijiste que era a las 9, ¿no?," empezó con una risa, y tuvieron que hacerle espacio a un par de bajistas. "Quería desearte buena suerte y después encontrar un lugar para…," levantó el violín unos cinco centímetros.

"Oh," Haruka se mordió el labio, y sonrió sin mucha dificultad. "Gracias, entonces." Recibió una sonrisa de vuelta. "Um, la organización está un poco lenta, y hay muchas cosas hoy…," pasó una manos por su cabello, mirando a su alrededor. "Así que nada está pasando, por el momento. Er, ¿has estado aquí antes?"

"No en realidad," Kisumi dijo, uniéndosele en la inspección de la multitud.

Haruka mutiló su labio un poco más, ojeando las escaleras, cerradas hasta nuevo aviso. "Supongo que debería llevarte a una sala…"

No es que supiera mucho de relaciones sociales, pero tenía la sensación de que el guardia de seguridad le ha adquirido cierto afecto, por todas las veces que ha caminado frente a él.

Al final, decidió que 'salir del camino de la estampida' era su prioridad. "Ven," dijo, tratando de encontrar un camino seguro para regresar al punto de origen, y ofreció su mano casi instintivamente. Lo que no significa que no se sorprendió cuando Kisumi la tomó.

Cuando llegaron a su destino, encontraron a Makoto leyendo, mejilla presionada contra el bastidor de Haruka, quien no era conocedor de las finas técnicas requeridas para presentar a alguien. Afortunadamente, Makoto alzó la vista antes de que tuviera que hacerlo.

"Hola," dijo con una sonrisa que había hecho que Haruka resintiera su cara por semanas en otoño. Kisumi le dio a Makoto una mirada medio confundida, medio curiosa.

Lentamente, Haruka soltó la mano de Kisumi y tomó aliento, como si recalibrando la máquina en su interior. "Um, Kisumi, éste es Makoto," dijo con la expresión universal de batería baja, así que Makoto tuvo que ponerse de pie y presentarse de mejor manera.

"¡Ah! ¿También pintas?" Kisumi preguntó una vez que terminaron con las formalidades – no gracias a Haru – y notó el bastidor.

Makoto lo vio también, en confusión, y procedió a sacudir el libro por el aire. "Eso – no, sólo estoy aquí por apoyo moral y ejercicio temprano," sonrió. Kisumi sólo levantó las cejas.

Debidamente, Haruka tomó su proyecto. Parecía haber movimientos más entusiastas detrás de él, lo que llamó su atención. Sintió ganas de vomitar. "Lo siento," dijo después de unos momentos de indecisión, porque esa siempre era una frase segura. No sabía a quién de los dos referirse primero. "Um, Kisumi quería tocar," gesticuló en la dirección general del estuche de su violín. "¿Puedes…?"

Mirar a Makoto con ojos de cachorro pateado siempre ha tenido un efecto increíble. "Seguro, encontraremos algo," inclinó la cabeza, ojos cerrados, muy cerca de convertirse en el sol mismo. Disminuyendo a una expresión más educada, volteó a ver a Kisumi. "Yo toco el piano. Hay una sala desocupada en el tercer piso," explicó.

"Está bien," Kisumi pestañeó, aun modelando esa esa mirada de curiosidad. "Gracias," añadió un segundo después.

Detrás de él, el auditorio se abrió, al igual que el acceso a los pisos superiores. Personas de su edad iban por ahí como si no fuera una sesión de tortura a la que tuvieran que atender. Haruka los observó y se mordió el labio hasta un dolor reconfortante. Alguien estaba avisando dónde era cada evento. Escuchó el suyo, distraído, y guardó la información para usarla después; afirmó su agarre en el bastidor.

"Creo… que ya tengo que ir," dijo de la misma manera distraída, y volteó a Kisumi. "Perdona que sea tan pronto."

Kisumi meramente sacudió la cabeza. "Qué va, te veré después. Buena suerte."

"Gracias," intentó una sonrisa, escalofríos recorriendo todo su cuerpo. "No dejes que el maestro te inscriba a teatro musical," casi, casi logra sonreírle a Makoto.

"No prometo nada," Makoto le sacó la lengua, antes de darle un apretón de manos. "No te preocupes, vas a estar bien, pase lo que pase."

"Sí," Haru exhaló, se despidió otra vez, y dirigió sus pies a las escaleras.


La peor parte es que tenía que hacer un millón de cosas en lugar de entrar y salir y acabar con todo de una vez. No importaba si Haruka llegaba tranquilo y en paz a la primera sala, porque para cuando saliera, sus manos estarían temblando como locas y todavía le faltaría más de medio camino que recorrer.

Al menos, eso es lo que pasaba por la mente de Haru mientras caminaba por el pasillo hacia la sala indicada. Tenía suerte; sería uno de los primeros en pasar. No que eso signifique, claro, que no tendrá tiempo de que su cerebro se haga papilla antes de entrar. Como sus maestros le habían dicho, habían muchos más concursantes de los que esperaba. Vagamente empezó a cuestionar si la imagen de pequeña exhibición de arte independiente que había construido en su mente en realidad no sería tan pequeña. Uno listo.

No tengo idea de lo que estoy haciendo, concluyó, y se preguntó dónde podía conseguir un vaso con agua.

Aprensivo de dejar su bastidor por su cuenta, indefenso contra saboteadores y ratas imaginarias, lo cargó por el pasillo del segundo piso hasta encontrar un dispensador de agua y servirse un vaso frío. Intentó tomarlo con lentitud, pero no le resultó muy bien. Faltan dos.

Vio cabezas ir en la dirección opuesta y le dio un vistazo a los demás. No hacer contacto visual estaba prácticamente escrito en su código genético, pero aun así logró encontrar algunas caras un tanto familiares, tan asustadas como él se sentía. Por supuesto, la mayoría se veía bastante tranquilo, pero sintió alivio sabiendo que no era el único pensando que los cielos iban a caer. Si se iba a hacer justicia, no sabía qué pensar al respecto. Quedaba una persona delante de él y ya estaba yendo a la primera sala, así que apretó la base de madera sosteniendo el lienzo.

No puedo morir todavía, tengo helado que comprar, Haruka se dijo a sí mismo, alternándose en jugar con sus uñas y secarse el sudor en los jeans. No estaba tan mal. No estaba temblando tanto como esperaba. Se sentía extasiado de las formas más extrañas posibles, como si el aire no pudiera entrar lo suficientemente rápido a sus pulmones. Intentó regular su respiración y terminó rasguñándose la yema de los dedos. Rascó uñas gastadas sobre sus nudillos; miró cada rincón de la pared; su pie tocó música sobre el piso sin parar; trató de respirar más lentamente.

La puerta se abrió, y tan pronto se levantó, entró al océano, y cada movimiento era demasiado lento y demasiado rápido al mismo tiempo. Recordó enderezar la espalda antes de entrar, por puro milagro.

En sólo un par de horas, estaré lejos de aquí, almorzando con Makoto. Todo esto habrá terminado y no me va a preocupar, respiró arena en su garganta.

Sólo tengo que sobrevivir hasta entonces.

Uno de sus peores miedos, cuando era pequeño, era tropezarse frente a otras personas. Algo común y no necesariamente fatal, pero Haruka siempre ha sido muy cuidadoso de sus pasos. Al menos nadie lo estaba apurando, aún si sintiera que cada segundo tardaba una eternidad. Sería gracioso pensar que alguien pudo haberlo visto y pensado que estaba completamente calmado.

Así que, manejó el formulario e identificación con simulada tranquilidad, se dio la vuelta, y caminó con cuidado al lugar asignado. Se sintió ajeno a su propio cuerpo por unos largos segundos, colocando el lienzo en el caballete, antes de aclararse la garganta y reactivar su cerebro.

Explicó el significado el significado de su pintura, su inspiración y la técnica, todo el rato intentando no auto-evaluarse a sí mismo, siempre uno de sus malos hábitos, siempre desalentándolo. Tomó mucho esfuerzo ignorar sus propios tartamudeos, pero fueron muy pocos, y logró decir casi todo sin problemas, así que eso ayudó, probablemente, al final. Ayudó su estado mental, por lo menos.

Mejor no salir corriendo, se recordó una vez que dio gracias y le dieron permiso de retirarse de la sala. No había marcas en el suelo, así que no tiró ni rompió nada. Ningún juez colapsó. Prácticamente fue un éxito. Salir despacio.

Uno listo, inhaló temblorosamente y regresó a esperar en el pasillo, esta vez para la segunda puerta. Los artistas que llegaron antes que él se veían, o más aterrados, o más felices que antes. Haruka no sabía qué pensar de eso. No obstante, todos tendrían que entrar al mismo tiempo, para una comparación, así que había tiempo de ir por otro vaso con agua.

Como esperaba, sus manos temblaban un poco, y estaban un tanto entumecidas, pero sabía por experiencia que podía ser peor. Le han pasado peores cosas. Nunca olvidemos esa carrera en secundaria, cuando tuvo un ataque de nervios a la mitad de la piscina y se quedó paralizado. No pasó a las finales, por supuesto, ni cerca estuvo.

Como consecuencia, Rin se enojó con él como por una semana. Le gustaba nadar con él. Se habían divertido, cuando nadaban solos. Debería invitarlo a nadar, la próxima vez que lo vea, Haruka pensó dentro del agua.

Más gente salió de la primera sala y se preguntó, en un frenético intento de mantenerse distraído, si Makoto y Kisumi se estarían llevando bien. No había sido muy amable de su parte, dejar a Kisumi con un desconocido. Aunque, bueno, era Makoto, prodigio en el arte de la comunicación, y ciertamente no lo molestaría si sintiese que Kisumi no quiere hablar, pero Kisumi no sabe eso. Haruka desearía no ser tan bueno distrayéndose. Ahora tiene dos cosas de qué preocuparse.

Siguiente, entonces. Deshaciéndose de todo pensamiento de lo malo que era como persona, entró a la segunda sala. Lo más fácil, claro, sería simplemente esperar a que calificaran su trabajo, mientras veía por la ventana o algo. Ese era un buen plan de acción; sólo que, Haruka siempre ha tenido una prolífera parte de su mente manejando su autoestima.

Inhaló hondo, se recordó que, dentro de poco, estaría con Makoto, y esperó. Ayudó que la chica a su lado, Yazaki, a quién reconoció de su clase de Teoría del Arte, se veía muchísimo más asustada que él, si sus uñas masticadas eran alguna indicación. Lo ayudó a calmarse. Quizá de eso trata la vida – de aprovecharse de los más débiles. Esperaba que no, porque él podría considerarse de ese grupo, y probablemente termine muerto en un callejón.

Exhaló con lentitud, concentrándose en la música de fondo. Shostakovich, Bizet y Beethoven acompañaban el sonido de lapiceros escribiendo calificaciones en papel. Terminó antes de que se diera cuenta, y salió con la idea de que había tenido multitud de errores a la hora de pintar.

Bueno, si los hay, ya no hay nada qué hacer al respecto, pensó, luchando por mantener su expresión serena mientras esperaba a que comenzara la tercera fase: resultados. Nada qué hacer. Excepto que en serio, en serio, en serio quería hacer esta única cosa bien. Sólo una cosa.

"No es el momento…," Haruka dejó salir un suspiro, levantando los ojos del piso, apeas susurrando. No era el momento de pensar ahí. Estaría bien, pase lo que pase. Makoto dijo que así sería. Haruka frunció imperceptiblemente a la pared y sintió su garganta contraerse un poco. En verdad quería hacer esto bien.

Después de tomar otro vaso con agua – esta vez Yazaki le hizo el favor de llevárselo – Haruka pasó tiempo pensando que, por la mayor parte de su vida, no había sido una persona particularmente afectuosa. Los pocos momentos en los que deseó contacto, insatisfecho, habían pasado.

No sabía cuándo cambió, excepto por el hecho que ocurrió después de que empezó a sentirse mejor. Si no, no hubiera estado sentado ahí, bajo enorme cantidad de estrés, calmándose con la idea de por fin cumplir el ridículo deseo de Makoto de construir un fuerte de almohadas y acurrucarse ahí juntos toda la noche.

No debería pensar en esto con el estómago vacío, Haruka se regañó, tirando su tercer vaso de papel en el bote. Apropiadamente, recordó el almuerzo; recordó a Kisumi; miró al techo; se preocupó. Ojalá que los dos sigan vivos allá, pensó, y vio a uno de los jueces salir al pasillo, aclarándose la garganta. Pronto, entonces.


El final fue una brisa de aire fresco entrando por la ventana, trayendo consigo el vago aroma de flores. Haruka observó el buen clima y pensó lo hice, con toda la maravilla reservada para aquellos que han sobrevivido a un salto desde un rascacielos. Miró sus manos, respiró, y pensó de nuevo. En verdad lo hice. Participó en un evento sin tener algún tipo de ataque. Se sentía increíble. Se sentía feliz.

Entusiasmado, se tambaleó por el pasillo por un rato; encontró un baño, respiró un poco más, tambaleó por la puerta, y finalmente recordó que tenía que encontrar a Makoto y Kisumi, ojalá sanos y salvos también. Subió las escaleras al tercer piso con todo el cuidado de un bebé dando sus primeros pasos. Sus piernas temblaron un poco, junto con el resto de su cuerpo. ¡Pero lo hizo!

Tuvo que abrir unas cuatro puertas, casi interrumpiendo ensayos, antes de encontrarlos. No era un salón particularmente bien-mantenido, siendo que había una conglomeración de objetos que nadie se quiso quedar, pero estaba iluminado y airado y casi vacío, y el alivio de Haruka pintó la imagen más positiva posible.

Kisumi estaba viendo unas partituras sobre el piano, violín en una mano, así que no dio cuenta de su presencia inmediatamente, pero Makoto alzó la vista después de que el viento jugara con las hojas y sus ojos se encontraron. "¡Haru!"

Haruka sintió la primera sonrisa formarse en su rostro, como resultado de su estado de ánimo. "Terminé," dijo, innecesariamente, pero no le importó.

"¿Estás bien?" Makoto se levantó del piano, una mirada de aliviada alegría.

"¿Cómo te fue?" fue la pregunta de Kisumi, esta vez, antes de que Haruka tuviera un segundo para responder la primera.

Tomó un par de pasos más dentro de la sala, sintió sus rodillas temblar demasiado para su comodidad, pero para entonces Makoto ya había caminado hacia él, manteniéndolo dentro de la realidad actual con una mano en su hombro. Gracias a todas las sillas alrededor, Haru no tuvo problema en sentarse antes de que sus piernas se rindieran.

"Estoy… bien. No fue tan malo como esperaba…," respondió a los dos, intentando apretar los puños sólo para descubrir que estaban haciendo todo el tembloreo que no hicieron antes.

Más vale tarde que temprano, Haruka adaptó el dicho a su situación, como el descarado egoísta que era. Sonrió a Makoto, quien, habiéndolo guiado a la silla, lo miraba con un educado nivel de preocupación.

"No me desmayé," mencionó, también innecesariamente.

Makoto sonrió. "Eso puedo ver." Entonces, luego de bañar a Haruka en orgullo, enderezó la espalda con propósito. "Voy a buscarte algo de agua."

Parecía que todo lo que Haru hizo ese día fue beber agua. Lo más saludable que ha estado, de cierta forma. Con Makoto fuera del cuarto en una valiente búsqueda por hidratación, Haruka y Kisumi fueron dejados a solas. No se veía molesto, no como Haruka había temido que estuviera, pero, claro, a diferencia de él, Kisumi sabía cómo funcionar alrededor de otras personas.

"Perdón por dejarte solo," dijo después de un periodo de tiempo decente.

A lo cual Kisumi sacudió la cabeza con una sonrisa incrédula. "No estaba solo." Y como posdata, "pudiste haberme advertido que me ibas a presentar a Makoto. Haber sabido que iba a conocer a alguien tan guapo, me hubiera arreglado más."

Eso tuvo el efecto de plasmar sorpresa en Haruka, acompañado de una adecuada dosis de confusión, celos irracionales, y ganas de no haberle dicho nada a Kisumi en primer lugar. Con toda honestidad, sabía que era grosero de su parte. Makoto era intimidantemente atractivo, después de todo. Obviamente lo notarían otras personas. Obviamente lo notaría Kisumi, bien conocido por su tendencia a complicar las cosas.

Aun así, intentó no hacer mucho caso al comentario. "Uh, bueno. En fin," jugó con sus manos un momento, trayendo el tacto devuelta a ellas.

"¿Y entonces sí quedaste en la exhibición?" Kisumi cambió de tema, posiblemente leyendo la incomodidad de Haru. Se aseguró de bajarle a la sonrisa pícara, sustituyéndola por algo ligeramente más suave, la que Haruka reciprocó. Se sentía como un niño, tan inseguro.

"Sí," estrujó los dedos de su mano izquierda para desentumirlos. "Gracias."

Afuera de la puerta abierta, Makoto pareció haber sido atrapado en una conversación educada con uno de los profesores. Haruka rogó porque no lo fueran a incluir. Kisumi se veía bastante indiferente, observando a Makoto con una sonrisa. Fue una conversación corta.

"Aquí tienes," Makoto le pasó el vaso de agua fría después de entrar, y respondió a su agradecimiento con una caricia, dejando que su mano reposara sobre el hombro de Haru por un rato antes de volver al piano. Haruka tuvo que suprimir todo pensamiento relacionado con fuertes de almohadas. Kisumi guardó su violín en el estuche. "¿Almuerzo?" Makoto los miró a ambos con ojos brillantes, reuniendo sus partituras.

"Seguro," Haruka dijo, porque ya estaba un poco (bastante) harto del olor a salón de clases. Bajó la vista, viendo por debajo de sus pestañas como Kisumi accedía la invitación con mucho más entusiasmo que él.


En lo que seguramente sería tiempo récord – especialmente porque el único acceso a internet que tuvieron fue en un celular – Makoto logró encontrar un bistró. Puntos extra porque también tenía un menú tanto comprensible como inofensivo.

Era un bonito lugar, verde y aireado con un jardín interior, en donde encontraron una mesa de madera, sentados entre música ambiental y el murmullo de los otros clientes. Todo intento de averiguar qué hicieron Makoto y Kisumi durante las horas del concurso fue interrumpido por una orden de varias limonadas sospechosas, a las que Makoto se veía feliz de someterlos.

"Y… ¿pasó algo…?" Haruka trató de nuevo, después de un que una bebida de limón y melón fuera colocada frente a él.

Makoto miró a Kisumi, y Kisumi le sonrió alrededor del popote azul de su limonada de kiwi. "No, no mucho," Makoto concedió, muy para el alivio e indignación de Haru. Lo último pareció evocar una sonrisa en Makoto. "Nada malo, al menos. Fuimos a la sala que me habían asignado, y apenas estaba checando si el piano estaba afinado cuando alguien nos sacó porque iban a usar la sala, para unas audiciones para el coro. Entonces, vamos a la siguiente que encontramos vacía y esperamos un rato. Unos estudiantes de teatro entraron porque, al parecer, en ese salón estaba el único clavicémbalo del edificio y necesitaban practicar con él para una obra. Así que cambiamos de salón de nuevo. Esta vez, casi chocamos con un grupo de personas llorando mientras escuchaban Wagner—"

Era casi divertido de observar, pero en el camino al restaurante Haruka llegó a la conclusión de que la mejor manera de describir la actitud de Kisumi a Makoto era que estaba disfrutando hablar con él. Era un ser humano asqueroso por estar molesto por ello. En ese momento, Kiusmi reía, escuchando el relato que él mismo vivió.

"—y decidimos irnos otra vez, llegamos a donde nos encontraste unas horas después, y tocamos cuatro canciones y media," Makoto terminó con un toque de satisfacción en su voz, completamente inconsciente de las emociones que estaba provocando.

"Al menos nadie salió herido," Haruka murmuró, y volteó a Kisumi. "Terminé el libro que me diste," anunció, listo para cambiar de tema. Después de todo, no es que Kisumi en general le molestara. Es sólo que preferiría que no fuera amigo de sus amigos.

Se preguntó qué decía eso de su persona.

Kisumi lo miró desde donde inspeccionaba unas plantas del lado opuesto de la mesa. "¿Tan rápido?"

Haru casi regresa al hábito de pensar demasiado en su respuesta antes de encogerse de hombros. "Lo leí entre ratos, cuando no tenía nada qué hacer." Hubiera continuado, y mencionado que los cuentos de hadas siempre son más aterradores cuando los lees de grande, pero la paz fue perturbada por el mesero llevando su comida.

"Makoto me estaba diciendo de todas las variaciones culturales de El Gorrión con la Lengua Cortada," Kisumi dijo luego de que los platos fueran depositados sobre la mesa y la atención de Haruka regresara de la salsa naranja adornando su caballa guisada. Esperaba con toda honestidad que sólo la parte de arriba fuera la afectada.

Pestañeó, pensó un poco, y miró a Makoto, una silenciosa forma de preguntar, ¿El gorrión con la lengua cortada? "Es interesante," Makoto dijo en su defensa. "Hay muchas historias que aparecen en culturas aparentemente desconectadas. Era parte del programa. Arquetipos de la Literatura."

Kisumi buscó un lugar alejado de todos los codos para su limonada. "Y yo tomé un curso el año pasado," explicó.

"Hablamos hasta llegar a un acuerdo con el tema," Makoto añadió, con sonrisa brillante y todo.

Bueno, Haruka pensó, mirándolos a ambos. Al menos Makoto también está feliz. Era más alivio que temor a ser dejado atrás, aunque una no necesariamente anulaba la otra. Aun así, era bueno verlos reír.

"Mientras no regreses a contar tus versiones de los cuentos," Haruka advirtió, moviendo un trozo de caballa por su plato antes de ponerlo en su boca. "Sigo recordando el del horno," murmuró en voz baja.

Por encima de un plato de pasta, Makoto le dio una sonrisa de campeón. Hubiera sido el final perfecto para el tema si Kisumi no hubiera levantado los ojos de su ensalada.

"¿Horno?" preguntó, y era claro en su tono que no conocía la tormenta que se avecinaba, siendo lo único por lo que Haruka estaba dispuesto a perdonarlo. Con un trago preparativo de su limonada, Makoto entró en modo cuentacuentos.


Nota de Autor: Ya saben, de cuando Makoto contó Hansel y Gretel en el capítulo 9. Aquí está de nuevo ᕕ( ᐛ )ᕗ Se siente como si hubiera pasado una eternidad. Pero una eternidad pequeñita :v

He estado estudiando para los exámenes de admisión, para la universidad y todo, y no he tenido mucho tiempo de escribir.. Así que aquí está el capítulo con un poquito de retraso, ¡pero bueno! Al fin ya no quedan tantos capítulos, para bien o para mal haha (*´◡` *) sólo me tendrán que aguantar a mí y mis desvaríos un ratito más (?)

¡Espero que el capítulo les haya gustado! Bye~