Nota de Autor: Me gustó escribir este capítulo, ¡y espero que también les guste! Hubiera tratado el tema del capítulo desde antes, pero quería jugar a lo seguro, y eso significa que tenía que avanzar con el desarrollo de los personajes y todas esas cosas aburridas :v
¡Gracias por seguir leyendo! Y disculpa de antemano por el discurso filosófico~
Cortinas y Lavanderías
Una o dos semanas después, Haruka no sabía cómo o cuándo llegó a la puerta del modesto estudio en una seca tarde de verano. Casi hasta podría decir que no sabía por qué estaba ahí, pero ya podía oír la voz de sus maestros, quejándose en su mente ante tal idea. Tomando todo en consideración, el concurso infernal de repente dejó de ser la gran cosa, ahora que logró sobrevivir a éste. Después de todo, ¿qué tan difícil podía ser, si hasta a él lo aceptaron?
Así que, con un último respiro para mantener los pies en el suelo, Haruka abrió la pesada puerta y entró a un pasillo, con olor a madera vieja, y estampado y muebles sorprendentemente minimalistas, para un estudio de arte. El aire se sentía frío, después de cerrar la puerta, y estéril, en un sentido de abandono, como si no estuviera acostumbrado a la presencia de las personas. Ninguna luz de techo estaba encendida, las ventanas sin cortinas dejando entrar toda la iluminación necesaria. Voces, si se prestaba atención, tenían un eco distante.
Era acogedor, Haruka pensó.
"Disculpe, ¿estoy aquí por la exhibición…?" se dirigió al portero, un hombre aburrido e indiferente, haciendo que levantara los ojos de un libro y lo considerara un momento. Le pidió que registrara su nombre, antes de señalar a una puerta del lado derecho del pasillo.
Después de confundir la izquierda con la derecha y preguntarle a un conserje el camino correcto, Haruka llegó a lo que parecía ser un lounge. Bueno, definitivamente no es Future Fish, pensó, notando la falta de escaleras agonizantemente empinadas, pero tampoco es El Fantasma de la Ópera, agregó, notando la falta de candelabros y decoración ostentosa.
Fue pura suerte – y quizá un poco de ayuda de, lo que Rei llamaba, su aspecto de 'artista filosófico' (principalmente por su mirada distante, que, según Rin, lo hacía ver más 'aburrido con el mundo entero' y 'medio drogado' que como un 'artista') – que alguien lo observara con una llamada de "¿Geidai?" y lo salvara de una mañana perdida en un estudio de arte desconocido.
Una mirada de buena curiosidad brilló en ojos pintados por el sol. "¿Y, qué paso después?"
Haruka movió el popote alrededor de los cubos de hielo en su té. "Habían unas veinte personas, tuvimos que presentarnos, nos contaron la historia del estudio para pasar el tiempo en lo que llegaba el director, nos dieron la fecha de la fiesta de inauguración y una plática sobre la responsabilidad – para los estudiantes, supongo – y nos dejaron ir como a las ocho."
"Se escucha emocionante," Makoto sonrió, subiendo los hombros en una muestra pública de sus opiniones.
Haruka se recostó en la silla, llevándose su té con él. "No estoy seguro si esa es la palabra que usaría. Pero…," suspiró, "es algo."
"¿Ya le dijiste a Kisumi?"
Sabía que Makoto lo decía en el sentido de '¿ya le dijiste a tu amigo?', y no en el de '¿ya le dijiste a la potencial amenaza a nuestra relación?', pero no pudo hacer mucho para no virar los ojos. Tomó un trago de su bebida. "Intenté, pero estaba de camino a casa y no podía responder el teléfono, así que le dejé un mensaje."
Estaban en un lugar nuevo. Un café que, sucedía, tenía una sospechosa mesa disponible afuera, con hiedras colgando del pabellón, que hacía que la luz del sol sólo tocara el rostro de Makoto en pequeños parches desiguales. Haruka estaba disfrutando la vista, y no sentía la necesidad de hacer nada más.
"Mamá me envió cortinas," Makoto dijo repentinamente, haciendo que Haruka frunciera a medio sorbo. "Me dejaste una nota que decía que unas cortinas azules quedarían bien."
Ah, eso, Haruka recordó, y un minuto después sintió pánico subir por su columna. "¿No compraste…?"
Pareciendo sentir el peligro del estrés porvenir, Makoto levantó las manos en son de paz. "No, no te preocupes, sólo pregunté si teníamos algunas. Encontró unas de mis abuelos, y me las mandó. No hubo problema."
Haruka relajó los hombros una fracción, acurrucando el vidrio cerca de su pecho, y continuando con su mirada sospechosa. "¿Ya las pusiste?"
Esta vez fue el turno de Makoto de jugar con el hielo en su vaso. "Todavía no. Tengo que lavarlas primero. Creo que las voy a llevar a la lavandería; mi lavadora es algo sensible."
"Ya veo," Haruka dijo, y se puso a mirar su té, y después a Makoto, y después a su té de nuevo, hasta que Makoto dejó salir un suspiro en falsa exasperación y bajó su vaso.
"Sí, supongo que puedes ayudarme," casi rio, y Haruka tuvo que tragarse una risa propia.
Dos días después, miraba a Makoto coser el borde de sus cortinas nuevas, y llegó a la conclusión de que, en comparación, él no tenía ni idea de cómo usar una aguja.
"Se me acaba de ocurrir," Makoto empezó, sin levantar los ojos de su trabajo, pero tampoco pareciendo poner mucho esfuerzo en él, lo que dolía más. "Jamás te pregunté cómo llegaste a tocar el violín."
Haruka pestañeó, estiró los brazos. "Una maestra lo sugirió en primaria, y mis papás decidieron llevarme a clases una vez a la semana. Fue poco después de que mi abuela muriera, así que probablemente esa sea la razón."
Desde su lugar en el piso, al lado de la cama, Makoto bajó el hilo y aguja y lo volteó a ver. "¿Te gustó, desde el principio?"
Haruka talló la cabeza contra la almohada. "No lo odiaba. Supongo. Sólo me dijeron que debería, y lo hice." Le ofreció a Makoto una pequeña sonrisa. "Me empezó a gustar, con el tiempo. Pero. No es como si se me diera muy bien, no como la natación. Todo esto son sólo 12 años de práctica."
Makoto le correspondió el gesto, y tomó la aguja de nuevo. "Tocas estupendo, de cualquier manera." A pesar de haberlo escuchado en el pasado, Haru no estaba del todo acostumbrado a los cumplidos; sintió su cara arder, y encontró difícil no negar las palabras. "Creo que le dan demasiada importancia al talento innato en lo que respecta al arte," Makoto continuó, elegantemente no volviendo a levantar la mirada. "Es una idea romántica, pero hace que las personas se rindan sin siquiera intentar."
"Me dijeron que, más bien, te debería motivar," Haruka dijo a secas, recogiendo a KitKat de dónde dormía en el piso, y llevándola a la cama para peinarla.
Ante sus palabras, Makoto soltó un respiro, entretenido, pero igual de seco. "¿Te motivó a ti?"
"¿…No en realidad?" Haruka respondió, tomando un peine para gato. ¿Lo molestó y decepcionó? Seguro. ¿Le dio una sensación de seguridad en su mediocridad? Quizá una o dos veces. No era la persona más fácil de motivar.
"Puede que le sirva a alguien, no digo que no," Makoto levantó los hombros, inspeccionando la tela azul en sus manos. "Pero, más que nada, parece sólo hacer de menos el trabajo duro. No tienes talento, así que debes trabajar más. Si tuvieras talento, sería más fácil. Haces todo lo que puedes, pero al final sigues por debajo de los verdaderos genios, ¿así que para qué molestarse?" Miró a Haruka con una disculpa en sus ojos. "No siempre es así. Todo requiere trabajo. Es sólo que la mayoría ve el talento como un atajo, y se amargan cuando no lo tienen."
"—y los que lo tienen no se molestan en buscarlo," Haruka agregó, algo avergonzado por sus propia poesía. Se preguntó si eso pensaba Rin de él, cuando dijo que no quería ser deportista profesional. Pero, bueno, ya ese asunto terminó.
"Quizá," Makoto sonrió. "Aun así, cualquiera puede hacer algo increíble si se lo propusiera. Tu música es en verdad hermosa, y amo la forma en que tocas."
"Sí, sí, yo igual te amo," Haruka sonrió sin pensar al gato en su regazo.
Le tomó un momento a su cerebro entender lo que acababa de decir, y detuvo su mano. Levantó la mirada, pero Makoto seguía cosiendo. Otro momento, y él también se detuvo. Lentamente, Makoto alzó la cara, y sus ojos se encontraron.
"Ah," dijo, suavemente, boca un poco abierta. Haruka no podría dejar de verlo ni aunque quisiera. Pareció pasar una eternidad antes de que respirara de nuevo. "También te amo."
Al parecer, KitKat no tenía interés en permanecer en las piernas de Haru si iba a tardar tanto peinándola. Saltó al piso, y Haruka fue dejado a la deriva, sin nada para protegerlo de la extraña mirada de asombro de Makoto, y nada más qué hacer que devolvérsela.
Al final, sonrió, tentativamente, sintiendo mil cosas moviéndose en su pecho, un zumbido que era casi placentero, y sus manos habían perdido el tacto. Pasó un segundo sinfín antes de que Makoto le sonriera también, pero lo hizo, ladeando la cabeza, y se sintió maravilloso.
Entonces, miró a la cortina sin terminar en su regazo, y cuidadosamente la puso sobre la cama. "Creo que, antes de que las llevemos, debería lavar el resto de la ropa," dijo, poniéndose de pie, y Haruka dejó el cepillo, pasivamente envidioso de la compostura de algunas personas.
Haciendo lo que anunció, Makoto caminó por el apartamento, recogiendo camisetas olvidadas y abandonadas fundas de almohada, y se abrió paso al baño. A la mitad del camino, pausó frente a Haruka y se inclinó frente a él, como si fuera a contarle un secreto, sólo para dejar un cálido beso en sus labios.
Después, permaneció cerca por un momento antes de separarse por completo, dejando que sus ojos se encontraran, y Haruka reconoció en ellos una mirada similar a la que le dio antes de que tuvieran su primer beso. Era cuidadosa, como si estuviera checando que Haru en verdad siguiera ahí.
Haruka no podría ni imaginar no poner completa atención a estas ocasiones, pero apreciaba el gesto, de cualquier manera.
"¿Y cómo aprendiste tú el piano?" Le preguntó cuándo Makoto fue al baño, arrodillado frente a la máquina lavadora. Haruka se apoyó en el marco de la puerta para verlo bien, y una vez más se preguntó cómo encontraba espacio para tanto en un lugar tan pequeño.
"Tomé unas clases en secundaria," contó Makoto. "Nada profesional, ni nada. Sólo por diversión, y lo retomé cuando entré a la universidad."
"¿Por qué?"
Makoto le sonrió por encima de su hombro. "No sé. No tenía mucho más que hacer, supongo...," continuó metiendo ropa en la máquina. Le habló de uno de sus maestros de piano, y Haruka le contó de su maestra de violín. "¿No era mala contigo, verdad?" Makoto finalmente preguntó, echando detergente.
"No, era agradable," Haruka afirmó, y arrastró los pies al sofá para acompañar a Makoto mientras continuaba con su costura. "Amakata se enojaría si viera lo poco que he practicado desde que me fui de Iwatobi."
"Podemos practicar juntos cuando quieras, Haru-chan," Makoto le dijo con notable orgullo, y Haruka le tiró uno de los cojines a la cabeza.
Sólo tomó otra media hora para que las cortinas fueran declaradas útiles, aunque seguían un poco polvorientas y opacas. Makoto las puso a contra luz con una mirada experta en su rostro. "Creo que están bonitas."
"Están bonitas," Haruka acordó, porque eran azules y tenían espirales blancas en ellas.
"¡Genial!" y fueron alegremente metidas a una enorme bolsa, listas para ir a la lavandería. "Probablemente sea mejor si esperamos a que termine la lavadora antes de ir, no quiero inundar por accidente a los vecinos de abajo." Se talló el cuello. "Si no tienes nada más qué hacer."
"No, está bien," Haruka agitó una mano, tomando la bolsa para tocar la tela. Más áspera de lo que aparentaba.
"Okay. ¿Tienes idea de a dónde fue KitKat?"
¿Desde que abandonó a Haruka, dejándolo enfrentarse a su vida amorosa por su cuenta? "Balcón," dijo con un suspiro, dejando la bolsa junto a la puerta de entrada.
Makoto miró afuera. "Ahí está, sí," abrió y cerró los puños. "Me duelen los dedos."
Obvio, esa fue una cantidad titánica de costura, Haruka consideró, observándolo. Aunque los titanes jamás han cosido nada, su mente continuó. Fue por instinto que caminó hacia Makoto y tomó su mano entre las suyas, presionando entre los nudillos, en sus dedos, y en la mitad de las palmas, un proceso por el que había pasado más o menos regularmente, ya sea por dolor o ansiedad.
"Se siente mejor," Makoto dijo eventualmente, después de que Haruka comenzara con su otra mano. "Gracias, Haru."
"No es nada," Haruka respondió, porque, en teoría, no lo era. Entonces recordó las pesadas lecciones de Rin sobre interacción humana y le ofreció a Makoto una sonrisa reconciliatoria. "No hay problema."
Le consiguió una risa por parte de Makoto, quien, pronto, tenía su frente contra la de Haruka mientras sostenía sus manos, y Haru sintió todo los sentimientos parcialmente reprimidos de antes volver a su pecho. Empezó a besarlo casi inconscientemente, así probando la necesidad de Makoto de hacer revisiones como la de antes.
Se besaron lentamente, luego profundo, luego entre risas cuando casi se tropiezan con el kit de costura de Makoto. Hubiera sido mejor idea tomar asiento en la cama, pero aun así terminaron en el piso, Haruka encima de Makoto, sus piernas en ambos lados.
"Si perdí una aguja y te pincha, lo siento muchísimo," dijo Makoto en cuanto pudo, y Haruka apenas logró darle una mirada indignada antes de que Makoto lo besara de nuevo, labios húmedos moviéndose con facilidad mientras Haru dejaba sus brazos caer alrededor de su cuello.
Se sentía tan bien, pero esta vez se separaron antes de que la sensación de exceso de la última vez pudiera aparecer. Makoto dejó que sus manos recorrieran sus costados, jugando con el borde de su camisa, y Haruka empezó a dejar pequeños besos en su quijada.
Eran pequeños movimientos, apenas perceptibles, sólo ligero contacto de sus labios sobre piel, pero las manos de Makoto empezaron a vagar más abajo en consecuencia. Haruka descubrió que le gustaba la sensación de su piel bajo sus labios, de la misma forma en que le gustaba sostener su mano o abrazarlo. Era lo mismo, pero también diferente, porque ahora estaban tan cerca, y su corazón estaba latiendo tan, tan rápido.
Makoto presionó su mejilla contra mechones azabache, y, lentamente, las manos de Haru fueron de su cuello a sus hombros, a su pecho, a su abdomen, y de regreso, escuchando la respiración entrecortada de Makoto. Mantuvo el mismo paso, quizá un poco más lento, escondiendo su rostro en el cuello de Makoto; la presión en su espalda era constante. Así siguió por un momento; se lamió los labios involuntariamente para dejar sólo un beso más en su cuello, cuando sintió un apretón por detrás, y soltó un pequeño gemido inintencionado, casi vergonzoso, haciendo que el aliento de Makoto se detuviera por un segundo.
Haruka levantó la cabeza cuando sintió que Makoto dejó de moverse, no muy lejos, sólo para ver cualquier señal que necesitara. Una mano bajó a su muslo, trazando el músculo y dejando escalofríos en su camino. Haruka suspiró ante la sensación, esta vez mojándose los labios conscientemente, y se mordió el labio al encontrar los ojos de Makoto, medio desenfocados, pero concentrados, aun así, como si buscaran algo.
Exhaló. "No, Haru, espera," Makoto dijo, casi indistintamente, no del todo convincente, pero, aun así, Haruka se sentó de inmediato, terminando sobre las piernas de Makoto, y haciendo que éste desviara la mirada con un sonrojo. Parecía querer decir algo más, pero, justo cuando Haruka se preparó para un regaño, Makoto empezó a reír, un sonido nervioso cuando se combinaba con el rojo de su rostro y el hecho de que parecía encontrar el techo más interesante que Haru. "No es nada, es sólo que… creo que — voy a estar en una posición algo… incómoda, si seguimos… y, no sé, si tú quieras seguir," logró decir entre pequeñas risas, finalmente obligándose a ver a Haruka a los ojos.
Haruka, quien primero le dio una mirada preocupada y confundida, y luego una preocupada y sorprendida cuando entendió la implicación. No estaba seguro de cómo responder. "…Lo siento."
"No — está bien," Makoto respiró, sus manos regresando a los hombros de Haru, moviéndose en un gesto reconfortante/nervioso. "Yo sólo, um…"
A pesar de la gloria que era ver a Makoto perder la elocuencia, Haruka estaba apenado, también; no había tenido la intención de hacerlo-hacerlo (se burló de sí mismo en su mente, porque al parecer era un niño de doce años y no un adulto de veintiuno), no había pensado en nada sexual, para ser sinceros, sólo se dejó llevar, pero no sabía cómo decirlo sin que sonara como una queja. Porque, honestamente, era todo lo contrario a una. "¿Estás bien?"
Esta vez, Makoto detuvo sus movimientos y lo miró en leve sorpresa. "Sí. Claro. Sólo pensé que era mejor decirte — en caso de que…" Hizo una cara y Haru la imitó, con sólo un poco más de amargura. No sabía si se sentía mal por su falta de tacto, o porque su falta de tacto no fue suficiente.
"Yo no…," bajó la mirada, y esperó que los espacios en blanco pudieran transmitir su mensaje con claridad.
Makoto sonrió suavemente. "No pasa nada." Y tras la mirada dudosa de Haruka: "No hay un límite de tiempo para estas cosas."
Lo que era gracioso, porque, en primera, esa no era una de sus preocupaciones; y en segunda, por primera vez, no sentía que era él quien necesitara consuelo. No tenía problema con el curso que estaban tomando las cosas, pensándolo bien. Puede que todo sea culpa de los estúpidos celos y Kisumi, el querer 'reafirmar' su relación, y es que jamás había estado interesado en esas cosas, y lo ponía un poco nervioso, claro, pero, al final, si era Makoto, sentía que todo estaría bien.
No parecía que Makoto pensara lo mismo.
"Debería levantarme, entonces," murmuró, porque lo último que quiere es incomodar a Makoto, quien sólo ríe ligeramente y advierte la mirada.
Aunque sentía un poco de alivio por haberse detenido, también se sentía rechazado. Era estúpido y egoísta de su parta — no tenía ninguna prisa, después de todo, pero, bueno, los rechazos, por muy insignificantes y gentiles que fuesen, tienen fama de siempre doler.
No era algo universalmente conocido, pero Haruka nunca antes había entrado a una lavandería, de esas que uno tiene que meterle monedas a las máquinas; no estaba del todo confiado de sus habilidades en dicha situación, tampoco. Claro, no es que tuviera que hacer algo, pero tenía cierta dignidad, por más escasa que fuera, y decidió que era su deber.
Después de todo, no es como si haya sido de mucha ayuda hoy. Todos motivos razonables. Por lo que hora estaba viendo una lavadora con inseguridad, bolsa de cortinas colgando de un brazo.
"¿Seguro que no quieres ayuda?" Makoto intentó por sólo la centésima vez, desde las bancas, y Haruka sacudió la cabeza con determinación.
"Puedo yo solo," dijo con más convicción de la que sentía.
Luego de eso, Makoto le permitió tener privacidad con la máquina y las cortinas, lo cual hubiera sido lindo, si no hubiera significado completa derrota de parte de Haru.
Quince minutos después, Makoto – recién llegado de una valiente búsqueda por una cafetera – lo encontró recargado contra una de las mesas de la lavandería, ojos entrecerrados a la puerta centrífuga, con cabello húmedo y agua en su camisa y jeans. Haruka casi le manda la misma mirada a Makoto, como advertencia para que no se le ocurra ningún chiste de su situación, pero fue un intento muy vago.
"Gracias," Makoto dijo sin rastro visible de sarcasmo, viéndolo como si navidad hubiera llegado temprano y se ha portado bien todo el año, y no como si Haru acabara de perder la guerra contra una lavadora.
"Tú te encargas de la secadora," Haruka le contestó con un puchero, enfatizado cuando unas gotas de agua en su cabello cayeron sobre su rostro.
