Nota de Autor: A veces ver fanart o fanfics Makoharu hace que me duela el pecho. My poor heart aches for my two swimming babies (ノ´-`)ノ
En fin, ¡espero que disfruten el capítulo!
Libros y Reflexiones
Como previamente establecido, Haruka odiaba otoño. Apenas había empezado Octubre cuando su horario de sueño cayó del techo, chocó contra varias ramas, y finalmente se rompió en mil pedazos sobre el suelo.
Haruka tenía sueño; pero lo podía controlar.
Al contrario de la creencia popular, su consumo semanal de cafeína no aumentó con el inicio del nuevo año escolar. En un 90% era porque ya no iba a Future Fish, y en un 10% era por su incapacidad de encontrar un buen café cerca de la universidad. Todo lo que parecía encontrar eran florerías o tiendas de antigüedades – a veces ambas en una sola.
Era placentero, aun así. Bueno, de hecho, era aterrador y estresante y Haruka olvidaba casi a diario recordarse que, oye, no eran los Juegos Olímpicos, y que nadie lo estaba obligando a hacer nada. Era algo bueno, también, porque al menos, ahora dedicaba el tiempo usado en preparar – y comprar – café en cosas que realmente quería hacer. Aunque no le gustara pintar o tocar música todo el tiempo, tan siquiera eran cosas en las que era decente y medianamente productivo, en relación a su carrera.
Era divertido pensar que, con unas cuantas decisiones de vida diferentes, quizá en realidad estaría de camino a los Juegos Olímpicos. Los Juegos Olímpicos del Arte hubieran sido interesantes. Ahora, si usaba bien sus cartas y seguía su horario, podía comprar un café a la semana – aunque, la mayoría del tiempo, no lo lograba, pero hacía su mejor intento aun así. Algo era algo.
Con las grandes cantidades de clases y los turnos alternados de medio tiempo, no era tan fácil toparse con Makoto. El cambio no era tan drástico, siendo que, incluso antes, sólo se veían en el café, máximo, tres veces a la semana, una tasa que fue reducida a una por semana. Si había algo que extrañar, no obstante, eran las caminatas lentas a casa. Pero no era la gran cosa; todavía tenían muchas cosas más.
El campus de Ciencias Sociales no tenía derecho a ser tan grande y moderno como lo era, Haruka pensó. ¿Pero qué podría saber él? Era un estudiante de artes, epítome de pobreza. Recordaba que Makoto dijo que el campus era compartido, o algo por el estilo, con los departamentos de Historia y Psicología. Haruka no estaba seguro de a quiénes temerle más, o si siquiera había necesidad de tener miedo.
Sólo había tenido clases teóricas ese día, así que se sintió como espía encubierto, navegando la universidad sin sus materiales de arte. Era una experiencia nueva, su primera visita, pero nada del otro mundo, decretó, y remarcó que, sí, los estudiantes aquí eran más platicadores, pero sin ser amenazantes. Es diferente cuando uno sabe que no hay clarinetes a la mano con los que abrirle la cabeza a alguien.
Haruka estaba, efectivamente, demonizando la vida universitaria, pero ese era uno de sus pasatiempos.
Era alrededor de las 10 am, y tenía dos horas para descansar y un boleto de ópera que conseguir. A medio camino, se detuvo para preguntarse si el edificio de Literatura sería el de las cien ventanas oscuras, el que estaba cubierto de arenisca, o el edificio café decorado de lo que parecía ser un muy feo mural.
Sacando su celular, escribió esa misma pregunta y se la envió a Makoto. Mientras esperaba una respuesta, Haruka miró los alrededores, observando los altos abedules de hojas amarillas, y enojándose con el viento, que había estado, gradualmente, aumentando su intensidad desde el día anterior. Estaba bastante nublado, pero pensó que, quizá, había exagerado con el cárdigan y la chamarra que se había puesto esa mañana.
De:T. Makoto
Para:N. Haruka
10:38 PM
tercera puerta a la izquierda del de arenisca
10:38 PM
solo entra! no te van a pedir la credencial ni nada ~
Bueno, obviamente, Haruka ni siquiera había sido cuestionado cuando pasó frente al guardia en la entrada. Si lo detuvieran ahora, sería completamente superfluo. Fue allí y observó cómo, de cerca, aparentemente tenían ventanas oscuras que sobraron del otro edificio.
No se detuvo por mucho tiempo – recordemos: estudiantes caminando a todas lados; entró.
No fue difícil encontrar a Makoto, siendo que desde hace una semana había empezado el clima de suéteres. Aunque, de acuerdo, no estaba tan mal. Era uno azul marino con pequeños botes. Estaba bonito. Haruka temió que hubiera desarrollado algún tipo de inmunidad.
"Perdona, me tardé un poco en clase," Makoto dijo en cuanto encontraron una esquina vacía donde pudieran hacer la transacción de boletos.
Haruka lo vio sacar una libreta con estampado de orcas de su mochila. "¿Qué clase?"
"Lengua, Cultura y Sociedad," fue la respuesta, viniendo junto a un boleto brillante. Haruka lo colocó con cuidado en uno de sus propios libros. "Es interesante, después de que superas el constante dolor de las clases a las 8 de la mañana," Makoto dijo con una sonrisa que no corroboraba sus palabras. "¿Fue tedioso el camino aquí?"
"No mucho," Haruka metió sus manos en los bolsillos de la chamarra, dejando sus ojos vagar por el pasillo. Mucho vidrio, no suficiente iluminación, y con estilo moderno; incluso tenían un jardín interior.
"¿Probabilidad de lluvia?"
Mirándolo de reojo, Haruka alzó una ceja. "¿Tan grandes como siempre lo son?"
"Oh." Makoto pareció desmotivarse. Haru continuó mirándolo. "Estuve bastante distraído esta mañana," empezó la explicación, acompañado de un gesto avergonzado. "Hubo un desacuerdo sobre la última taza de leche entre KitKat y yo, y duró más de lo necesario. Entonces, esencialmente, olvidé mi paraguas," se encogió de hombros, impotente. "Y mi parka, también."
Una expresión igual de impotente yacía en la cara de Haruka, en el momento. Y suspiró, comenzando a rebuscar en su bolso.
"Puede que esté un poco estresado," Makoto dijo, en disculpa.
Haruka estaba en proceso de sacar su paraguas retráctil. "Igual yo. Hace dos días, estaba de camino al Conservatorio cuando recordé que era domingo."
"Lo siento," Makoto dijo, observándolo; posiblemente un siento que seas tan estúpido que termines haciendo tu vida cuatro veces más difícil de lo que ya es. Pero no, ese era sólo Haru. Con Makoto, usualmente significaba siento que hayas tenido un mal día, y espero que puedas descansar un poco al final. Verdaderamente, Makoto era un ángel. "Mejorará con el tiempo, estoy seguro."
Cuando Haruka le dio una mirada extraña, sólo sonrió. "…Eso espero," Haruka suspiró, pasándole el paraguas, y reacomodándose el bolso. "Uh, gracias por el boleto, por cierto."
"No hay problema. Llegaré para el Acto 2, si todo va bien."
Haruka asintió; no estaba seguro de lo que iban a ver, pero si Makoto estaba dispuesto a correr por la ciudad para ver la mitad de esta, seguramente sería buena; o extravagante; o un completo misterio.
Aún seguro de todos los estudiantes recorriendo el área, vio a Makoto inspeccionar el paraguas con una sonrisa y un sonrojo. Iba para mostrar que no había una gran diferencia entre ellos; él también era capaz de cuidar de Makoto, quien parecía contento con los peces decorando la bolsita.
Haru frunció el entrecejo. "No seas lindo."
Lo cual, al analizarlo, era como decirle a la lluvia que no fuera húmeda, pero valía la pena intentar. Una mirada de sorpresa fue dirigida hacia él, y entonces Makoto se mordió el labio en un intento de no sonreír. Tuvo el efecto contrario de lo que Haruka había pedido de él.
"Al menos yo no tengo hoyuelos," fue el contrataque murmurado, y Haruka tuvo un momento para verse ofendido antes de que Makoto dejara su sonrisa a toda gloria. "Gracias."
Haruka apenas podía creer que hubiera sobrevivido un año de esas sonrisas.
La ópera probó ser una mezcla surrealista de mímica, baile, e imágenes psicológicas extrañas; fue divertido. Tomó un poco más de una semana para que Haruka recuperara su paraguas, no obstante, y cuando pasó, tenía un aura diferente, con un ligero olor al apartamento de Makoto. Haruka tenía que hacer algo con su obsesión. Algún otro día.
Makoto no sabía cómo navegar librerías, Haruka notó en Noviembre.
La conclusión fue formulada al final de un largo proceso. Empezó con un mensaje de texto, anunciando la entrega inesperada de objetos a la puerta de Makoto. Fue seguido por una serie de fotos, todas mostrando cuatro o cinco cajas sospechas depositadas en su piso.
Como es costumbre, un par de fotos extra fueron de KitKat, yaciendo dramática y sensualmente sobre una de las cajas, con la panza al cielo.
Fue continuado con la explicación de cómo las cajas contenían libros viejos y álbumes de música, y cómo eran un regalo de los respectivos áticos de sus familiares. Lo que se le ocurrió a Haruka era que sólo habían querido deshacerse de cosas viejas. Makoto sólo rio a la idea, diciendo que, aunque algo irónico, sólo estaban intentando ser amables.
Aun así, no había espacio para todos ellos en la casa de Makoto, así que eventualmente decidieron buscar librerías de segunda mano, y embarcarse como ayudantes de Santa, mochilas llenas de libros. Al principio, había ido bien, las primeras paradas consistiendo de pequeñas librerías anticuadas, atendidas por dulces ancianitos.
Se volvió confuso una vez que llegaron a las librerías más grandes. Y aquí fue donde Haruka se dio cuenta. "¿Cómo has podido encontrar todos tus libros?" preguntó después de que Makoto expresara una inquietante cantidad de sorpresa al hecho de que el orden alfabético estuviera marcado en los estantes también.
Ante eso, Makoto tuvo la decencia de sentirse apenado. "¿Tiendas en línea?"
Haruka hizo un puchero, y lo ayudó a cargar los bienes al cuarto de intercambio. Siendo honestos, la única razón por la que estaba más familiarizado con las librerías que Makoto, era que pasó la mitad de sus años de preparatoria vagando por ellas. Eran lo suficientemente grandes, lo suficientemente calladas, y lo suficientemente distractoras como para entumir su mente de vez en cuando. Y, claro, siendo que usualmente buscaba distracciones de su vida, en ese entonces, era un hecho que conocía todos los secretos de las librerías del mundo.
No estaba seguro de por qué no intentó conseguir un pequeño empleo en una de ellas, sólo apuntando a las personas a dónde estaban los libros. Probablemente por no estar propiamente calificado; y, de acuerdo, ansiedad social.
"Ya casi está," Makoto anunció después de lo que parecía ser una amistosa charla con uno de los empleados, desde lejos. "¿Quieres hacer algo, después?"
Haruka levantó los hombros; era su único día libre entresemana, y ciertamente habían peores formas de pasarlo que enseñándole a Makoto cómo acechar librerías.
"¿Brontë?" Makoto miró al estante, lleno de columnas doradas y borgoña.
Haruka estaba analizando un libro de poesía con portada gastada. "Depende en cuál de todas."
Makoto tomó un libro, y volvió a observar el siguiente. "¿Shelley?"
"Igual depende de cuál," dijo sin levantar la vista. Makoto tomó otro libro, una vez más sin solicitar mayor clarificación. "¿Estás eligiendo al azar?" Haruka sintió justificación suficiente para preguntar.
"Tal vez." Entonces tuvo que tragarse su risa. "¿Eliot?"
Haruka se detuvo, cerró su libro, y le dio una mirada incrédula. "¿Lo estás haciendo a propósito?"
Incluso en sus peores momentos, Makoto no se veía como nada menos que vagamente inocente. "Me atrapaste. Toma," mostró los libros que había acumulado.
Desconfiado, Haruka los observó todos. Bueno, la mayoría eran los que él hubiera elegido. "Brontë," corrigió.
Makoto tomó la elección errónea de sus manos, y lo miró en decepción. "Pensé que te gustaría lo oscuro."
"Eso no es oscuro, es estresante." Tendría que saber, la pasó mejor incluso leyendo Frankenstein.
Frunciendo ligeramente el entrecejo, Makoto seguía inspeccionando la portada, como si intentando recordar detalles de la trama. "Cierto," eventualmente dijo, apariencia relajándose. Regresó al estante, y continuó. "¿Dumas?"
Con eso, Haruka podía lidiar. "Sí," se unió a Makoto en su exploración. Tomó un segundo y, "pensé que no ibas a comprar nada." Acababan, después de todo, de deshacerse de varias docenas de libros.
Makoto sonrió al voltearlo a ver. "Cambié de opinión, siendo que es mi cumpleaños." La mirada ofendida de Haruka sólo pareció hacer que Makoto brillara más. "Te invito un pastel más tarde."
Un pastel entero…, Haru casi repite, pero lo contuvo a favor de hacer su expresión más elocuente.
Al parecer, cuando Makoto dijo pastel, exactamente se refería a eso. Excepto, que uno muy pequeño. Makoto, literalmente, se compró el pastel más pequeño del mundo, y estaba dispuesto a compartirlo. Era como una metáfora de su existencia entera, Haruka musitó.
Sus mochilas no pesaban tanto, pero todavía tenían media docena de libros en ellas, y estaban en uno de los lugares más discretamente raros que Haruka ha visto. Makoto juró que nunca antes había estado ahí, pero Haruka no podía evitar preguntarse, ¿cómo encuentras un lugar así en tu primer intento?
Había cajas de madera pegadas a la pared, y algunas de ellas sostenían jarras de hojas rotas de diversos colores. Té, la mente de Haru sugirió, pero Haruka tenía sus propias nociones acerca del té como una sustancia lógica, y estas ciertamente no lo eran. Aun así, les fue otorgada una tetera tan grande como para servir a ambos, dos tazas pintadas a mano, dos cucharas de té, y un pastel extraño en un plato de madera.
Apenas estaba por encima de una tarta, pero Haruka no iba a juzgar a la pobre pequeñez. Después de todo, tenía otras cosas en la mente, como el hecho de que Makoto se veía demasiado complacido con la fiesta sorpresa que se organizó él mismo, y, también, que el regalo que le había comprado hace unas semanas – sólo para estar seguros – aún estaba en su propia casa. Aunque, Makoto probablemente pueda sobrevivir sin una colección de fundas de almohada del Sistema Solar (puede que Haruka hubiera estado algo desesperado) por unos días más.
Está bien, Haruka se lo merecía; él tampoco le había dicho cuando era su cumpleaños, al final. Podía admitir derrota, esta vez. "Feliz cumpleaños," sonrió, y Makoto dejó de servir té en las tazas para mirarlo con afecto y alegría.
"Feliz cumpleaños a mí," dijo, y le pasó a Haruka una taza de caliente, nada-lógica imitación-de-té.
Era una rara ocasión de soleado clima de Noviembre cuando se abrió paso al café, sólo para detenerse afuera y mirar la pizarra junto a la puerta. Era una impresionante exhibición de blanco y morado, con la ocasional estrella o punto amarillo. También había, por supuesto, una que otra palabra sobre las variedades de café y té que vendían.
Haruka entró, campana sonando inofensivamente, miró las cuatro o cinco mesas ocupadas, y fue a la barra, donde Makoto y uno de sus compañeros estaban poniendo mucho esfuerzo en organizar el plato perfecto de galletas de trigo.
"Estaré con usted en un momento," Makoto dijo, distraído, añadiendo dos galletas más y dejando que el otro pusiera los detalles finales. Una mirada de placentera sorpresa invadió su rostro cuando lo vio. "¡Hola!"
"Hola," Haruka jugó brevemente con la tira de su bolso, y miró el menú. Tenía la intención de elegir algo hoy, lo que requería una alta dosis de concentración. "¿Tú dibujaste en la pizarra afuera?"
Makoto sonrió, lo que temporalmente quitó su atención de los sabores de cappuccino. "La pizarra sólo está a cargo de empleados de medio tiempo, al parecer. Ya empezaba a preguntarme por qué nunca me lo habían encargado a mí." Eso explicaba la anterior falta de estrellas. Una pausa decente precedió sus palabras siguientes. "¿Qué quieres pedir?"
Haruka se mordió el interior de la mejilla, pensando, y medio deseando haber traído su bufanda, para mantenerlo ocupado en situaciones por el estilo. No había suficiente frío. "Uh, moka."
"¿Caramelo o vainilla?"
Se encogió de hombros. "Vainilla."
"En un momento."
Unos cuantos clientes más entraron después de que Haruka se moviera al otro lado de la barra para esperar su café. El sonido de tintineos predominaba, mezclados con conversaciones murmuradas y la risa ocasional. La cafetera rompió la atmósfera por un momento, pero una vez que terminó, la sensación de paz cayó sobre el café, de nuevo, como anillo al dedo, o como pesada neblina.
Había extrañado esto. Repentinamente dio cuenta de que se sentía mejor. Mejor que qué o cuándo, era difícil decir. Era algo tan oscilatorio. Aun así, se sentía mejor.
"Aquí tienes," Makoto le presentó una taza hirviendo, decorada con un dibujo de un corazón en la espuma. "Más leche y menos azúcar."
Haruka sonrió. "Gracias."
Los ojos de Makoto parecían estar pegados en algún lugar debajo de la clavícula; Haruka tenía miedo de checar. "Qué bonito," Makoto inclinó un poco la cabeza.
Ante tan positivo veredicto, Haruka bajó la vista en cuestión. Oh, eso. Era un suéter, suave y holgado, que compró hace un tiempo, con zigzags y puntos y líneas de azul marino, café y verde azulado. Sólo se dio cuenta de su crimen de la moda cuando llegó a casa, pero – era muy, muy cómodo, y le recordaba a Makoto.
"Sí," declaró apropiadamente.
Para entonces, la fila había avanzado, así que se despidieron con la mirada, Makoto regresando a su deber como ingeniero-de-café y portador-de-sonrisas, y Haruka retirándose a una de las mesas más aisladas. Sin el apoyo de su abrigo, ahora colgando en el respaldo de su silla, las mangas del suéter se sentían demasiado largas. Había amarillo y café bajo en ellas, justo en el borde. Las miró mientras calentaba sus dedos sobre la taza de café.
Tomó un momento para respirar, admirar su café, y observar el lugar. Era interesante cómo, a pesar de estar lleno de madera oscura, aún lograba verse tan bien iluminado. Una, dos veces más, y el sonido de la cafetera pareció envolver a la atmósfera.
Un sorbo de café después, Haruka se relajó en su asiento. Pausó para pensar en todo lo que ha cambiado en el transcurso de un año; después de todo, los cambios siempre suelen ocurrir, pero era más fácil verlos una vez que los has pasado.
Miró a Makoto, ahora caminando entre las mesas con dos platos de tartas de limón, y pensó que, si esto fuera a terminar, si un día despertara y Makoto ya no estuviera ahí, o al menos, ya no lo estuviera para él, estaría triste. Triste, y con el corazón roto, y frágil, pero sintió que sería una tristeza normal, natural, justificada, por una vez en su vida. Si todo esto fuera a terminar, Haruka estaría indescriptiblemente triste, pero estaría bien. Haber tenido la oportunidad de estar con él, aunque sea por tan breve tiempo, era más que suficiente.
