Nota de Autor: Ok, primero que nada, este capítulo es largo, y tal como el resto de la historia, la narración es altamente subjetiva. Por tanto, les recuerdo que todas las opiniones siguientes son subjetivas también, y puede que no se identifiquen con ellas. (Aunque claro, si sí se llegaran a identificar, lo que es completamente normal y válido, les recomiendo investigar un poquito más por su cuenta, ya que aquí lo trato a grandes rasgos) (*◡▽◡)ノ

En segunda, me tardé escribiendo esto ( /o\ )

En tercera, ¡gracias por seguir leyendo hasta ahora y por haber dejado tan lindos comentarios! Espero que este capítulo también les guste~


Angustia y Romance

El pensar en sexo no era algo que le llegara naturalmente a Haruka; así que siempre ha tenido que ser un proceso muy activo. Siempre, no obstante, típicamente significaba casi nunca. Era bueno, de cierta forma, porque probablemente sería más propenso al pánico con eso constantemente en su cerebro. Probablemente; en realidad no sabía.

Cuando había tantas personas alrededor suyo que era imposible no oír de ello, su reacción más fuerte era una ligera mueca que nadie sabía si era por aversión o confusión. Haruka tampoco estaba seguro de lo que era, tampoco, pero suponía que tenía que ver más con confusión. Aparte de eso, no es que le importara en lo particular.

Verdaderamente, lo que llamaba su atención era la emoción que las personas mostraban al hablar de sexo. Recordaba cómo Rin se quejó una vez, diciendo que no era tan bueno como decían, y que por tanto lo declaraba una pérdida de tiempo. Esa había sido su primera y última charla respecto al tema, y Haruka no volvió a pensar en ello.

Probablemente se relacione con el hecho de que Haruka jamás pensó que todo eso se pudiera aplicar a él. No por odio a sí mismo, ni por miedo, ni por nada, sino simplemente porque no se le ocurrió que estuviera hecho de la misma materia que los demás, y que fuera capaz de sentir las mismas cosas que ellos. No era tan complicado como sonaba.

Había pensado en ello — como, dos veces — el año pasado. Se sentía raro, el finalmente aceptar que esas cosas podrían aplicarse a él, pero ignoró la idea con la vaga excusa de que, cuando el momento llegara en que tuviera que pasar, se le sería informado explícitamente. No había pasado hasta ahora. En los días buenos, se le olvidaba; en los malos, era una presión extra en su subconsciente.


"¿Qué crees que deberíamos hacer para Navidad?" Makoto preguntó una tarde a finales de noviembre, danzando por su apartamento con dos tazas vacías de ponche de huevo.

Es demasiado temprano para el ponche, era la opinión de Haruka, pero le gustaba la bebida, así que ayudó con la mezcla de canela. "¿El 25?" preguntó, para estar seguros, trayendo sus pies sobre la cama. Patrón de calabazas, esta vez, probablemente olvidadas desde Halloween.

"Bueno, um," Makoto ahogó el sonido del agua llenando las tazas. "Cuando tengas tiempo, si vas a hacer algo con tu familia…"

Era un hecho conocido que se le incluía más en las actividades del hogar durante época navideña, pero Haruka no creía que sus padres tuvieran problema. Y aunque estaba Rin, usualmente se quedaba por al menos dos semanas, así que un par de días no lastimarían a nadie. Haruka no sabía lo que Makoto tenía en mente. Le preguntó.

"Pues, sólo pensé…," puso las tazas limpias junto al lavabo y se secó las manos en una toalla verde, mirando a Haru. "Podríamos ir a algún lado. No muy lejos, no con todas las tormentas de nieve, pero — a algún lugar. O, si quieres, podemos ir a quedarnos con mi familiar por una noche o dos. Estoy seguro que les gustará conocerte. Y también hay varias pistas de hielo."

"No patino," Haruka dijo mientras Makoto tomaba asiento junto a él sobre las calabazas "Y, uh, no sé, yo—," se detuvo, buscó las palabras adecuadas, no las encontró, "no sé…"

Agraciadamente, Makoto se ocupó a sí mismo tomando sus manos y enredando sus dedos en lugar de pensar mucho en sus balbuceos. "No tenemos que hacer nada, sabes," lo miró a los ojos, y sonrió. "Sólo estaba dando sugerencias."

"Si necesitáramos boletos de tren, tendríamos que saber nuestros planes antes de tiempo," Haruka intentó jalar su mano, encontró resistencia, así que sonrió y las sostuvo con más fuerza.

Makoto estaba moviendo su pulgar sobre sus nudillos. "Cruzaremos ese puente cuando lleguemos a él," dijo, con esa cualidad distante en su voz que le decía a Haru que estaba listo para dejar el tema en cuanto él quisiera.

"O lo quemaremos," Haruka dijo, porque a veces le gusta tener la última palabra.

A veces, Makoto le dejaba tenerla, también, así que, cuando se acercó y presionó sus labios contra los de Haruka, lo hizo sin palabras. Olía a vainilla y como canela torpemente molida; pero puede que sea sólo licencia poética.

Cuando se apartó, Haruka no estaba seguro de qué hacer, así que le dio un apretón a las manos de Makoto, para asegurarse que fueran un punto seguro de estabilidad, y se inclinó hasta que pudieran besarse de nuevo. Era linda, pensaba, la forma en que Makoto nunca parecía buscar nada particularmente profundo de estos besos. La forma en las que sólo se acercaría, se alejaría, como si sólo quisiera sentir los labios de Haruka contra los suyos, y estuviera satisfecho una vez que logrado. Era la parte favorita de Haruka, también, ese suave roce que parecía alegrarlo en cualquier momento. Todo lo demás venía como un extra, más o menos innecesario.

Después de un pequeño periodo de meditarlo por su cuenta, vino como un alivio el saber que Makoto no tenía la necesidad de poner demasiado fervor en ello, tampoco. Claro, lo intentaron algunas veces, más por la atmósfera y el momento que por cualquier otra cosa, y estuvo — bien. Seguro, la quijada de Haruka dolió por un rato, y Makoto entró en un tratamiento de helado inmediatamente después, pero había estado bien. Igualmente hubo un sentido de incomodidad abstracto, pero nada a largo plazo. Habían acordado no intentar tan seguido, después de todo.

"¿A dónde podríamos ir?" Haruka se encontró preguntando en cuanto hubo una distancia apropiad entre ellos, y dirigió una mirada inquisitiva al mundo en general — en este caso, a las absurdas sábanas.

"Hm," Makoto inspeccionó el techo y paredes. "Un lugar con árboles," sonrió y mientras Haruka era absorbido en un tartamudeo, inclinó la cabeza para presionar un beso en su frente.

Era lindo, pensaba, el fácil toque de piel, y la emoción que uno siente cuando marcan una ligera diferencia en calidez. Eran cosas pequeñas, pero se sentían tan importantes, como una taza de chocolate caliente en un día deprimente.

Empezó a contar los diferentes nombres de los pueblos cercanos que no quedarían bloqueados por una tormenta de nieve, o no tanto que no puedan regresar a casa, y Makoto continuó presionando sus labios — tibios contra sus mejillas, sienes, nariz.

"Sólo quiero árboles," Makoto dijo al final de su reverencia, alegría en sus ojos. Haruka transformó su pregunta en una expresión y se la puso. "Para las ardillas."

No debió haber sido gracioso.

No hubiera sido gracioso, si no fuera por el recuerdo de 14 meses atrás resurgiendo en la mente de Haruka en ese preciso momento. En cuanto empezó a reír, inconscientemente cayó de espaldas sobre la cama, manos aun agarradas de las de Makoto, así empujándolo consigo. Claro, caer de una posición de loto tiene sus desventajas, también, así que la cabeza de Makoto colisionó con su pecho, lo que hizo que riera con más fuerza.

De cualquier manera, dejó que sus manos recientemente liberadas navegaran por el cabello de Makoto, aun cuando estaba intentando recuperar el balance, y aun cuando el mismo Haruka intentaba detener su risa. Era un poco difícil, a decir verdad, y le dolía la cara, y le dolía el corazón, y simplemente seguía y seguía riendo.

Haruka no había estado tan feliz en años.

"¿Qué sucede?" Makoto preguntó en cuanto logró levantarse un poco sobre él. Haruka seguía sobre la cama, soltando risillas.

Ardillas moribundas, hubiera dicho, pero probablemente se hubiera escuchado horrible, si no se explicaba el contexto con detalle. No se sentía como para hacerlo por ahora, así que sacudió la cabeza, llevó sus dedos al rostro de Makoto.

Su pecho seguía tan ligero y doloroso. Haruka tomó un respiro. "No es nada —Es sólo, soy yo. Es una larga historia," dijo, tomando otro respiro hondo, y sintiéndose más como sí mismo.

Qué días fueron aquellos, su mente suplió lacónicamente, aparentemente recuperando el control. Tenía lágrimas en los ojos, notó, pero no lo suficiente como para requerir pañuelos. Se secarían pronto por sí solas.

"¿Estás bien?" Makoto cuestionó, después de un minuto de ver el estado de Haruka.

"Sí," respondió, tallándose un ojo. "Sí," repitió con más claridad, respiración casi nivelada. "Disculpa," añadió, por hábito.

"No te disculpes," Makoto dijo con gentileza. "Nunca te he visto tan feliz."

Haruka traga con mediana pesadez. "He estado feliz," y no ha tenido nada que ver con la destrucción masiva de ardillas.

"Lo sé," Makoto sonrió. "Es sólo, que nunca lo has expresado tanto."

Fijando sus ojos en un punto en blanco en el espacio, Haruka se tragó otra risa. Entonces, miró a Makoto, quién lo seguía observando igual, pero ya no había más palabras que decir, y aún así intento encontrarlas, abriendo su boca en esperanzas de que llegaran a él.

No lo hicieron, pero Makoto sí, y era diciembre otra vez, y su boca no podía quedarse cerrada, y quizá había algo bueno en todo esto, también. Le gustaba la sensación del aliento de Makoto entre sus labios. En realidad, también le gustaba la sensación de las manos de Makoto en su cabello. Pero más que nada, no podía dejar de preguntarse si los brazos de Makoto estarían entumiéndose.

Haruka recordaba tratar de leer en la cama, sosteniéndose en sus codos, y eso dejó de ser cómodo después de tres minutos. Así que probablemente le duelan. Sus manos fueron a los hombros de Makoto; su justificación mental entre masajearlos para aliviar el dolor hipotético, y no poner peso de más sobre ellos.

Era mejor ir lento. Haruka dejó sus dedos ir a mechones castaños, luego mejillas, oídos y boca, y cuando se separaron una milésima de centímetro, sonrió. "¿Cómo se llama un café que acaba de salir de la cárcel?"

Era exhilarante sentir la risa de Makoto bajo las yemas de sus dedos. "¿Cómo?"

"Expreso," Haruka dijo en un suspiro, pero terminó riendo aun así, resultado de los sonidos de adoración de Makoto. Había estado guardando ese para un día lluvioso.

Y Makoto dejó su frente descansar contra su pecho por un momento, lo que le dio a Haruka tiempo suficiente para enredar sus dedos en su cabello, una vez más maravillándose de cómo algo que parece desconocer la gravedad puede sentirse tan bien. En el techo, las estrellas fosforescentes que compró formaban constelaciones que sólo Makoto conocía.

"Si te duelen los brazos…," Haruka eventualmente ofreció, moviendo una mano por su espalda.

"Sólo un poco," Makoto admitió contra su camisa, y se movió un poco, haciendo que Haruka lo soltara, y se acostó a su lado. El ecosistema de calabazas hacía maravillas a su complexión.

Haruka lo admiró, notó la oscuridad creciendo en el cuarto, y buscó la mirada de Makoto. "¿Cómo son los zombis que van a tu casa?"

Sorpresa se convirtió en cariño más rápido de lo que a veces le tomaba a Haru convertirla en pánico. "No lo sé."

Resistió la necesidad de esconder su cara en la almohada. "Zombienvenidos."

Makoto siempre sonreía tanto; cuando lo conoció, Haruka solía llegar a casa y preguntarse por qué las mejillas le dolían tanto, sólo para darse cuenta que era por asociación. Makoto usaba su felicidad en la manga, pero Haruka nunca, nunca dejaría de apreciarlo.

"¿Qué es un oso montado en bicicleta?" ahora le preguntó a Haruka.

Era peligroso, siendo que probó su tendencia a ataques de risa ese día, pero no le importó. "¿Qué es?"

"Un vicioso," Makoto sonrió, y su satisfacción era mortificante de la forma más adorable. Haruka le lanzó un vago puño a su hombro, antes de hacer la acción opuesta, y traerlo en un medio-abrazo. Era lindo, así. Era lindo, aun si unos minutos después, KitKat se despertó y saltó directamente sobre ellos.


Una hora después, en lo que Makoto calentaba una cacerola de fideos, KitKat pareció haber decidido que, en lo que a ella respecta, sus planes del futuro implicaba la ósmosis completa en los brazos de Haruka. Intentó acariciar su cabeza, porque temía que la repentina ausencia de Makoto la hubiera entristecido, y su reacción inmediata lo había tomado por sorpresa. Literalmente estiró los brazos, una pata en su camisa como si intentando llegar a su cara, y empezó a ronronear, como si fuera un carro antiguo intentando funcionar.

Pero era tan suavecita. Haruka encontraba difícil guardarle rencor por su agresiva muestra de afecto. En su lugar, recorrió una mano por el pelaje de su panza. "¿Hacía esto cuando era pequeña, también?"

Makoto los volteó a ver, pareció derretirse un poco, y regresó a servir la pasta. "Sí. Aunque era mucho más divertido cuando era del tamaño de una uva."

Acariciándola, Haruka sonrió. "¿Nunca se te perdió o algo?"

"Ni me lo recuerdes," Makoto soltó una risa en forma de suspiro, sirviendo los fideos en un tazón. "Creí haberla perdido tantas veces. Es muy buena escondiéndose, pero con ese tamaño prácticamente era invisible. Tuve que empezar a dejar el guardarropa abierto, sólo para saber dónde encontrarla. Pero se hizo más fácil cuando empezó a crecer." Y vaya que creció, pensó Haruka. "¿Te estás divirtiendo?"

Haruka asintió, masajeó las patitas por un momento. Suaves, calentitas y adorables. Quizá se estaba empezando a convertir en una persona de gatos, si es que era algo que pudiera considerarse un logro en la vida. "No me la puedo imaginar más pequeña que ahora," admitió.

Esto, sabía claramente, era una pregunta peligrosa, siendo que, sin duda, habría cientos de fotos de bebé KitKat en la laptop de Makoto, pero no le molestaba. Tenía curiosidad. Tal vez el viento afuera lo estaba haciéndose sentir más relajado de lo normal. Afuera estaba oscuro y frío, de lo que podía ver de las ventanas, el clima perfecto para quedarse todo el día en casa, lo que, coincidentemente, era lo que habían estado haciendo.

"Era como una bola de algodón," Makoto dijo con afecto. "Puedo mostrarte algunas fotos."

Era tiempo de que Haruka la dejara descansar en la cama, para ir y ayudar con los platos. "Sí, por favor," dijo, dejando que KitKat se deslizara de sus brazos y sobre el colchón.


Luego, como premio por haberse terminado sus vegetales y por aceptar sentarse por una presentación entera de la ternura temprana de KitKat, a Haruka le fue dado un vaso de jugo de granada. Se preguntó de dónde Makoto sacaba tantas ideas, pero posiblemente sea su pasatiempo entre coser ropa vieja y salvar gatitos.

Se divirtieron pasando por las fotos, no obstante, y eso llevó a Makoto a admitir que tenía álbumes viejos de fotos, en algún lugar del apartamento, lo que consecuentemente llevó a Haruka a disfrazar su curiosidad tan torpemente que terminó con los álbumes en las manos antes de que pudiera decir algo.

"Hay un festival de teatro la próxima semana," Makoto dijo después de haberse sentado cómodamente en el sofá, sosteniendo a KitKat en su regazo y jugando con sus patas.

Haruka miró el contraste que el gato hacía con la playera estampada de pájaros y disfrutó de la ironía. "Ya sé," respondió, regresando a donde se había quedado en el álbum de Polaroids. En defensa de Makoto, la mayoría eran fotos de árboles y pájaros tomadas a los 7 años, antes de que la cámara se rompiera. "Oí de él, al menos," cambió la página y vio una imagen borrosa de un zorro. "¿Algo a lo que quieras ir?"

Makoto empezó a tararear algo que bien podía ser, o Música en la Noche, o The Song of Purple Summer, así que Haruka lo dejó cantar. Resultó ser el último, pero Haruka se mantuvo callado, ocupado cuestionando si tenía la moral y fortaleza mental necesaria para ir decirle que guardara silencio. En sus brazos, KitKat comenzó a mostrar indicios de revolución contra el régimen totalitario de abrazos.

"Quizá Antígona," Makoto musitó en un evento anticlimático. "O, tal vez, creo haber visto algo de Stoppard también. Si quieres." El gato revolucionario saltó sobre una barricada de piernas y alcanzó el territorio democrático de la alfombra. Larga vida, Haruka pensó.

"Qué hay de malo con El rey Lear," murmuró con falsa seriedad.

Hubo una casi risa viniendo del otro miembro de la conversación, y entonces Makoto tenía los labios contra su hombro. Haruka pestañeó, sintiendo el calor de ellos a través del material. "Nada," Makoto dijo, recostándose con una sonrisa satisfecha.

Había una decisión que tomar en este caso, y una de las opciones involucraba cerrar el álbum. Pero, habían fotos de zorros y conejos. Haruka eligió algo en medio, sólo dejando que una manos alcanzara y se deslizara bajo la manga de Makoto, acariciando su muñeca. Okay, Haruka estaba más afectuoso de lo usual.

"Podemos hacer un compromiso," Haruka dijo al libro, y Makoto se acercó para escuchar sus palabras. "Supongo, podemos elegir una obra cada uno, y…"

"Perfectamente razonable." Tomó un solo intento para que Makoto entrelazara sus dedos. "Podemos ir después de clases."

"Mhm," Haruka cambió a la siguiente página, amusgó los ojos. "¿Eres tú?"

Interesado, Makoto se movió hasta que sus cabezas estaban lado a lado. "Sí," dijo con obvia diversión en su voz. "Y, mira, aquí," usó su mano libre para señalar un par de manchas de color en el fondo, "están mis hermanos. Déjame ver si encuentro más fotos de ellos."

Naturalmente, ese fue un curso de acción que dejó a Haruka indefenso y mareado para cuando terminó.


No era certero cuándo Haruka empezó a hacer costumbre de usar la ropa de Makoto para dormir, pero era extrañamente cómodo ponerse algo holgado y suave después de una larga ducha. A veces, aun así, lo agotaba, forzando sus pensamientos lejos del conocido camino de la duda. Haru llegaría a casa, suspiraría, y sentiría su pecho pesar y sus huesos doler sin saber qué lo había puesto tan mal. Otras veces, las mismas cosas lo hacían sentir ligero sobre sus pies.

Era extraño, y confuso. Pero hoy, se sentía bien.

Aunque, después de haber estado en casa dese la mañana hasta la noche, tenía que admitir que estaba inesperadamente somnoliento; las sábanas de calabaza de Makoto se veían como un trozo de cielo. La rapidez con la que se acurrucó en su neblina causó una risa del otro lado de la habitación.

"¿Luces fuera?" Makoto preguntó de dónde estaba arrullando a KitKat. Haruka sólo pudo asentir contra la almohada. "Okay," y sintió la oscuridad cubrir el cuarto.

Tenía la sospecha distante de que estaba, descortésmente, acostado en medio de la cama, pero Makoto no comentó en esto, y pronto, Haruka sintió parte de la sábana moverse y el colchón hundirse a su lado. Estaba científicamente comprobado que tales situaciones dejaban a uno con ganas de abrazos, pero la información siempre parecía llegar demasiado tarde.

Haruka se identificaba por completo con KitKat, en ese momento. Había algo fundamentalmente bueno en la forma en que Makoto encajaba con él, la forma en que su brazos descansaba fácilmente sobre la cintura de Haruka; aun si eso último era porque estaba intentando no caer de la cama que Haru estado acaparando.

Bueno. Haruka se hizo más a un lado, y llevó a Makoto consigo.

Habían veces en las que se dormían de inmediato, y habían veces en las que yacían despiertos por horas antes de rendirse y empezar a hablar de nuevo, contando de su semana una vez más, pero de distintos ángulos, para que hubiera algo nuevo y completamente trivial que añadir. A veces, Makoto habría terminado de leer otra serie de fantasía, y se lo explicaría a Haruka tan abstractamente como pudiera mientras gesticulaba a las estrellas en el techo. Otra veces, Haruka habría terminado de pintar un cuadro, descubierto un nuevo compositor favorito, aprendido una canción, y eso daría de qué hablar, también.

Algunas veces, estaban en silencio. Ahora lo estaban, momentáneamente, y el brazo de Makoto seguía alrededor de Haruka y Haruka pensaba que su shampoo olía a miel, y que debía ser nuevo. No podía recordar, ahora que la pregunta surgió en su mente, cómo olía el viejo shampoo de Makoto. Coco, quizá, o algo más. Creía haber identificado kiwi, una vez.

Después de haberse acostado, ya no tenía tanto sueño, pero tampoco tenía ganas de levantarse. Su mano encontró el borde de la playera de Makoto, una simple camiseta negra, y cuidadosamente la deslizó abajo, sintiéndose tranquilo por la cálida piel de su espalda.

"¿Crees que hayan pastelerías abiertas a esta hora?"

Con un año en esta relación, Haruka ya ni podía fingir sorpresa. "Probablemente no," respondió acordemente. "Necesitan ingredientes frescos para los pasteles y así…"

"Hmmm," fue toda la respuesta de Makoto, completamente preocupante. "De repente me dio este antojo por un babá al ron."

"Raro," Haru dijo, porque no estaba del todo seguro de lo que estaba hablando.

Makoto se movió un poco, y la mano de Haruka terminó aún más arriba en su espalda, pero era un detalle menor en la imagen general. "Son estos…," Makoto movió las manos en un peculiar gesto, "Pequeños pastelillos esponjosos con ron o jarabe, y cubiertos o llenos de crema batida."

"Oh," Haruka anunció en la dirección de su clavícula. "Ya veo."

"Son muy ricos," Makoto afirmó, dispuesto a convencer. Haruka asintió.

La cosa con Makoto era que, aunque su gusto en ropa era problemático, usualmente estaba en lo correcto en otros ámbitos. Por tanto, había que poner fe en sus balbuceos nocturnos. "Compraremos unos mañana," Haruka le aseguró.

Eso pareció hacerlo feliz. Si la felicidad puede ser interpretada como dejar de gesticular para meter sus manos bajo la playera de Haruka también. Se sentía bien. Y parecería que no aprendió perspectiva en sus clases de dibujo, porque se inclinó para adelante cuando quiso sentirlo mejor, en lugar de hacia atrás. Pudo haber sido incómodo, pero Makoto juntó sus frentes con una carcajada.

Se quedaron así por un rato, Haruka trazando su columna hasta sus hombros, y Makoto dibujando en su espalda, espirales y estrellas y otras cosas que Haruka no identificaba. En cierto momento, cuando su mano llegó a un lado de su torso, Haruka fue iluminado con el conocimiento de que Makoto era cosquilloso. No sabía qué hacer con esa información. No era lo suficientemente cruel para usarla.


"Estaba pensando," Haruka inició un tiempo después, sin intención. Se detuvo y se mordió el labio, tragándose sus pensamientos.

Cuando nada más siguió, sin embargo, Makoto le dio un toque a su frente en pequeña cuestión. Todavía nada.

"¿Sobre qué?" eventualmente preguntó.

Honestamente, Haruka no estaba seguro. "Estaba pensando…," dijo de nuevo, involuntariamente tamborileando sus dedos sobre la piel de Makoto. "Esto está... bien, ¿verdad?"

Aparentemente decidiendo que Haruka necesitaba más tiempo para organizar sus pensamientos, Makoto se quedó en silencio.

Si estaba funcionando o no, nadie sabría. Los dedos de Haruka pararon, y conscientemente bajaron por la espalda de Makoto, y se detuvieron otra vez. Su problema era meramente un tema de sintaxis. Semántica, también, quizá, pero estaba intentado ser claro. Había demasiada ambigüedad en dejar que Makoto lo entienda sin usar palabras; tenía que ser específico.

"Quiero decir, después de la última vez…" Bueno, en realidad, nunca hubo una última vez. "De hecho, no… er, espera." Parecía que todo lo que hacía era esperar, pero Haruka quería asegurarse. En fin, ordenó a su mente. "¿Alguna vez has pensado que deberíamos…?" Deberíamos. Haruka hizo una mueca. "Digo, ¿sientes que quieres…? Er." Miró arriba, encontró los ojos de Makoto. Makoto alzó las cejas. Estaba oscuro.

Todo el tiempo, la mente de Haruka movía el pie impacientemente. Estoy demasiado viejo como para no ser capaz de decirlo en voz alta, pensó, sintiéndose ofendido. En serio, pensaba que le daba mala imagen. No quería escucharse infantil.

Makoto seguía viéndose curioso, así que Haruka jaló un poco de su camisa, besando una expresión ligeramente decepcionada. Esperaba que el contacto visual ayudara, porque era algo difícil de mantener con las luces apagadas.

Makoto debió haber entendido un poco de la implicación, porque bajó las cejas, aunque se mantuvo callado. Duró un momento, y Haruka se ocupó en reacomodar su camisa.

Eventualmente, Makoto inhaló, preparándose para hablar, y Haruka contuvo el aliento. "¿Tener sexo?"

Honestamente, ¿por qué esperaba oír palabras al estilo de copular, fornicar y otros –ar?

Haruka ocultó la cara en el pecho de Makoto. "Sí, tener sexo," murmuró, avergonzado de sí mismo.

Aun así, al menos su reacción llevó a un suave y divertido temblor contra su rostro. "Independientemente de que quiera o no…," Makoto se detuvo para soltar un suspiro. "No creo que sea una charla que debamos tener a oscuras."

Haruka estaba plenamente de acuerdo, así que se alejó tantito. De cierto modo, era demasiado fácil ignorar palabras dichas al borde del sueño, o mientras estás acostado en la cama. Era fácil, tal vez, decirlas también, con la realidad detrás de una profunda capa de sombras. Pero, Makoto estaba en lo correcto; deberían platicarlo con la realidad a plena vista.

Eso no detuvo a Haruka de crujir la nariz cuando la lámpara de piso fue encendida, al pie de la cama. "Lo siento," Makoto sonrió, y esas dos palabras eran suficientes para describir la vida entera de Haru a la perfección.

Mientras tanto, se sentó con las piernas cruzadas, lo suficientemente cerca de la pared para apoyarse en ella. Cuando Makoto regresó de su épica aventura, asumió una posición similar, para que ninguno tuviera ventaja. Makoto seguía sonriendo, de cualquier manera. Haruka no sabía cómo interpretarlo.

¿Se supone que repita todas las mismas líneas de nuevo?, se preguntó vagamente. Debió haberse dormido y ya.

"No estoy seguro," Makoto dijo, y Haruka pestañeó, recordando el punto en que se quedaron. "¿Tú quieres?"

"Er," Haruka frunció el ceño, no sintiéndose preparado.

Era cierto que esos sentimientos que esperaba que le llegaran aún no lo hacían, pero no conocía el tiempo límite para que aparecieran. Quizá no había tenido la oportunidad. Pero entonces, pasó esa vez, en el suelo de Makoto; una vez antes de eso, también. En lo que respecta a oportunidades, ha tenido suficientes. Lo que es más, Haruka sentía que había algo inherentemente mal en preocuparse porque el momento llegara.

En realidad, no quería hablar de ello. Sólo lo quería fuera del camino. Llegar a una conclusión, y listo.

Apenas había pensado en estas cosas antes, y seguía sin darle mucha atención, pero no sabía en qué momento algo, lo que sea, se lo podría recordar, y reiniciar el pánico una y otra vez. Sólo porque Haruka se preocupaba por muchas cosas no significaba que aceptara indiscriminadamente nuevas cosas en esa pila. Y esto lo estaba molestando.

Pero, bueno, decirlo en voz alta era algo diferente. Quiero hacerlo, para poder quitarlo del camino, se escuchaba impersonal y descuidado. No quiero, porque no siento la necesidad, se escuchaba infantil y de mente cerrada. Al menos, si iba a tener una opinión, quería buenos argumentos para ella. Pero, ¿qué buen argumento podría haber cuando se trataba de él?

Dios, decir que no quería participar en una interacción humana básica, era un jodido fenómeno.

Haruka tragó con pesadez, miró a Makoto. Nunca antes le había mentido. No iba a dejar que algo tan estúpido lo cambiara. "¿Tenemos que?"

De expectativa, la expresión de Makoto se transformó en triste confort. "Claro que no," dijo, como Haruka sabía que diría. No había otra respuesta que Makoto pudiera dar a esa pregunta. Haruka se sintió horrible. "A decir verdad, he estado nervioso desde hace tiempo," Makoto se talló un brazo. "No mucho, obviamente, pero…," levantó los hombros y los dejó caer sin decir nada. "Sólo. No creo que sea para mí," y ahí soltó una risa nerviosa que casi rompe el corazón de Haruka.

Haru se dio cuenta de que era algo tonto sentarse como estaban, como si estuvieran teniendo un debate, así que se acercó un poco, mordió su corazón y tomó la mano de Makoto. Un estrujón después, Makoto pareció listo para continuar.

"Se oyó raro, perdona," dijo, mirando sus manos. "Quise decir que no siento que quiera intentarlo." Abruptamente, agitó su mano libre frente a él, una sonrisa frenética en su cara. "¡Sé que no es nada malo! Es bueno, y parecer ser muy importante para muchas personas, pero yo…," bajó la mirada y masticó su labio, y se le ocurrió a Haruka que esto debó haber estado preocupando a Makoto desde mucho antes.

"A algunas personas no les gusta la ensalada, tampoco," hizo un mal intento de ser de ayuda, pero Makoto resopló una risa, así que quizá no estaba tan mal. Apretó su mano otra vez.

"Puede ser," concedió, como si nunca hubiera escuchado de personas que no les gustaran las ensaladas. Haruka no hizo ningún comentario al respecto. "Pero aun así, dije que sabía que era algo bueno, nada de lo que estar asustado o avergonzado, pero al mismo tiempo, no tenía ninguna inclinación de intentarlo, y me sentía tan, tan mal," dijo las últimas palabras en un aliento, como si intentado aligerar el mensaje, pero sin lograrlo. "Me estoy contradiciendo, ¿no es así?" dejó que la pregunta flotara en el aire mientras nivelaba su respiración.

Haruka se sentía un poco mareado, pero Makoto sonrió, y se veía más como sí mismo.

"Eso fue… hace unos años, de hecho. Cuando elegía un tema en el que pensar y a veces terminaba mal," se encogió de hombros, y observó a Haru. "Mejoró con el tiempo, pero bien puede que sólo estuviera ignorando el problema, siendo que obviamente aún me incomoda."

Era increíble cómo alguien podía hablar tan claramente sobre sus sentimientos, Haruka mustió. No había soltado la mano de Makoto, y ahora colocó su frente sobre su hombro, cerrando los ojos para obligar su cuerpo a relajarse.

Quizá no estaba siendo tan infantil, después de todo. Bueno, las razones de Makoto diferían de las suyas, y no se escuchaban tan egoístas, pero la esencia seguía siendo la misma. Se sentía como si la conversación no tuviera punto. Aún para sus estándares, Haruka creía que no tendría que ser tan complicado. Al menos, parecía que estaban preocupándose por todas las razones incorrectas.

"Eres una buena persona," Haruka le dijo, cursimente, en la misma posición.

Makoto rio, y se escuchó más tranquilo, reposando su cabeza sobre la de Haruka. "También eres una buena persona, sabes. Por eso quise conocerte en primer lugar."

Sin más motivo que por el tono de obviedad, Haruka rio contra su hombro. "Um," empezó, deseando tener un vaso de agua cerca. "No creo quererlo, tampoco," y se escuchó tan poco original que continuó, "seguía intentando encontrar razones para hacerlo, en lugar de razones en contra, y la idea siempre me pareció como un quehacer. No creo que hubiera sido tan malo si no sintiera que era algo que debería querer…" Tomó la fuerza de un sistema solar para sacar a Haruka de su escondite, pero lo hizo, de cualquier forma, tan siquiera para ver a Makoto a los ojos. "Yo…," y fue su turno de encogerse de hombros y mirar a su alrededor. "Hubiera estado… dispuesto. Si era contigo. Quiero decir… Todavía lo estoy."

Su voz estaba temblando, y lo odiaba, pero Makoto soltó su mano para abrazarlo, y se sintió bien, siempre ha sido suficiente, y Haruka casi olvida devolver el abrazo.

"También pensé que… quizá, es algo que llega con el tiempo," continuó sobre el hombro de Makoto, porque todavía tenía interruptores, no engranajes, y no había terminado de hablar.

Era tan extraño, cómo Makoto lo abrazaba con su cuerpo entero, como si no fueran sólo sus brazos alrededor suyo, sino su presencia entera, envolviéndolo en cariño. "Puede que lo sea," respondió, aliento haciéndole cosquillas a la nuca de Haru. "Supongo que difiere de persona en persona." Hubo un silencio con las palabras que ambos podían escuchar. Aun así, Makoto las pronunció. "¿Quieres que lo intentemos?"

A él aún le sonaba como si estuvieran haciendo una excepción, casi como si intentaran complacer una idea abstracta que no tenía nada que ver con ellos. Era sospechoso, cuando ambos tenían que forzarse a hacer algo que deberían haber querido desde el principio.

Abrazándolo fuerte, Haruka sacudió la cabeza. "No, creo que no."

"De acuerdo," Makoto puso punto final a la conversación, y se dejó caer en la cama, llevando a Haru consigo. "Entonces, como habíamos dicho, mañana vamos a comprar pastelillos."

Probablemente ya eran las 3 de la mañana. Haruka rio en su cuello. ", okay." Probablemente una mala decisión, puesto que el clima no se escuchaba mejor ni a través de dos capas de vidrio, pero estaba dispuesto a intentar.