Taiki caminaba con dificultad entre arbustos y rocas, con una pesada mochila a sus espaldas, cuando una rama que no logró evadir le golpeó de lleno en la cara.
Hizo una pausa y cerró los ojos, recordándose una vez más el por qué se encontraba en el Monte Oyama, tratando de disfrutar de la naturaleza sin morir en el intento.
Detuvo su andar a mitad del sendero que llevaba a la plataforma de observación de la ladera.
Mientras retiraba los restos de polvo y telarañas de su rostro, sintió un pinchazo en una de sus piernas. A pesar de la gruesa tela de su pantalón, los mosquitos seguían molestándolo, dejando ése incómodo ardor en su piel tras el contacto.
La noche anterior –la cual, justo ahora le parecía tan lejana como un universo desconocido– Amy le había comentado por teléfono que planeaba una experiencia de pareja fuera de lo común para ellos.
Definitivamente, lo que él imaginó ante la idea nada tenía que ver con esto.
– ¡Vamos, hermano! Apura el paso. Te estás separando del grupo.
Y, por sobre todas las cosas, ninguno de sus planes en pareja incluía a Seiya.
– No seas tan exigente con él, recuerda que es la primera vez que hace esto.
Tampoco a Lita, obviamente.
Pero ya que intercedía a su favor, agradecía la presencia de quien pronto sería su cuñada.
Sin duda, las vueltas de la vida provocaban situaciones tan extraordinarias como su relación. El destino logró unir sus dos corazones rotos para dar inicio a su propia historia, dejando en el olvido los desenlaces tristes, por fin.
– ¡Amor, date prisa! Ya casi llegamos.
Que optara por ésta actividad le sorprendió solo por un instante. Pues, Taiki tenía muy presentes las ocasiones en que, con la añoranza latente en su mirada y en su voz, ella le había contado sobre las postales que su padre le enviaba durante cada uno de sus viajes.
Quizá ésta vivencia le daba una sensación de cercanía que atenuaba la melancolía en su corazón. Y por eso, él no dudó en apoyarla organizando la salida de acampada en tan exuberante lugar, rodeado de vegetación, islas y volcanes.
Amy iba de la mano de Kino, al frente, con su rostro sonrojado por el ejercicio y pleno de júbilo a tono con su enorme sonrisa.
Le quedaba claro que su amada se había guiado por el instinto de supervivencia al elegir acompañante para la excursión.
Aquello le había dolido. Sin embargo, podía pasarlo por alto.
Sonrió a su vez, y aceleró el paso.
Por seguridad, tenían que montar el campamento antes del anochecer.
Pronto estarían asando bombones, alrededor de la fogata, cantando y charlando alegremente.
Quizá mañana cada uno de sus músculos estaría adolorido por el esfuerzo.
Dudaba que pudiera conciliar el sueño.
Pero, entre todo eso, la evidente y contagiosa felicidad de su novia hacía que se sintiera capaz de escalar una montaña tras otra.
Una locura, ciertamente.
¿No se trata de eso el amor?
Lanzó la pregunta al viento, y se dispuso a dar alcance a Amy.
¡Hola, buena tarde!
Mientras escribía la continuación de "You", la imagen de Taiki vino a mi, requiriendo atención.
Esperando que la lectura haya sido de su agrado, les agradezco que llegaran hasta aquí.
* Un saludo muy especial a mi querida Anny Mizuno, cuyo cumpleaños es el motivo de que exista éste fic.
