N/A: Muchas gracias a todos por vuestro apoyo... Me pidieron segunda parte y aquí está... He tardado un mes pero espero que merezca la pena...


Blaine estaba en el coche con su hermano y su madre, saliendo de casa de los Smythe donde se había realizado la fiesta de Año Nuevo. Se habían quedado a dormir para no tener que arriesgarse en una noche tan complicada. El moreno había aprovechado para pasar mucho tiempo con Sebastian, aunque los adultos les habían prohibido dormir en la misma habitación. Eso no había molestado a ninguno de los jóvenes ya que no tenían intención de tener sexo, aunque sí les habría gustado poder dormir juntos y abrazados.

– ¿Habéis hablado Sebastian y tú o sólo os habéis besado? – Pam preguntó mientras conducía.

– Hemos hablado y todo está bien. – El ojimiel tranquilizó a su madre.

– Me alegro, no quiero que sufráis. – La mujer suspiró aliviada.

– No haría nada que le dañe a él o que pueda afectar a tu relación con Pet. – El menor insistió.

– Tienes que entender que yo priorizo tu felicidad a la mía, en eso consiste ser madre. Algún día, tú lo entenderás. – La mayor sonrió.

– Bueno, tal vez no quieran hijos. No me imagino a Sebastian con un bebé. – Cooper intervino para aligerar el tono de la conversación.

– ¿No lo has visto con Em? Es muy dulce... – Blaine defendió a su novio.


Blaine decidió quedar con Tina y Sam para cenar y así contarles la nueva noticia. No sabía cómo reaccionarían. Habían sido muy comprensivos con el hecho de que su madre salía con el padre de Sebastian pero eso era muy diferente a contarles que había comenzado con él una relación. Sabía que no podía entrar en muchos detalles sobre lo que habían hablado y que había hecho que comprendiera muchas cosas que habían pasado un año antes.

Llegó a Breadstix y sus amigos ya estaban sentados en la mesa, por lo que no dudó en acompañarlos. El rubio lo miraba con los ojos entrecerrados, como si quisiera adivinar algo. Las mejillas del moreno se tiñeron de rojo porque no sabía qué pensaba.

– ¿Por fin sales con Sebastian? – El ojiverde cuestionó sin rodeos.

– ¿Qué? – El más bajo miró al otro asombrado.

– Te noto diferente... Más feliz... – Evans se encogió de hombros. – He supuesto que era porque por fin tenías una relación con el chico que te gusta... ¿He supuesto mal?

– ¿Cómo sabías que Sebastian me gusta? – El ojimiel estaba alucinado.

– Es de lo único que has hablado desde que tu madre y su padre comenzaron a salir... Te conocemos Blainey-Days. – La asiática sonrió.

– Está bien... Recibimos el año con un beso y después hablamos... Hemos decidido que nos vamos a dar una oportunidad. – Las mejillas de Anderson estaban muy sonrojadas y su amiga hizo un ruido de emoción por la confesión.

– Espero que te trate bien... Aunque creo que, como Cooper no está aquí, debo ser yo el que le de la charla de hermano mayor. – Sam hizo una mueca.


Sam llegó a casa de Blaine a primera hora el día siguiente de la cena. El moreno se extrañó al ver al otro pero no protestó cuando el otro le dijo que se vistiera, que iban a salir. Una vez estuvo listo y en el coche, el rubio pidió que lo llevara a casa de Sebastian. El ojimiel lo miró sorprendido pero no dijo nada, pensó que su amigo sólo quería pasar tiempo con su novio para conocerse mejor, así que llamó al castaño antes de presentarse en su casa para avisarle.

Cuando llegaron allí, Smythe propuso ir a una cafetería puesto que Emily estaba en casa y no creía que les fuera a dejar a solas ya que estaba aburrida. Ninguno se opuso a ello.

Cuando llegaron al Lima Bean, los tres pidieron sus bebidas y se sentaron en una mesa. La conversación comenzó sin problemas y los tres pasaban un buen rato. Sebastian intentaba agradar a Sam porque era el mejor amigo de su novio y no quería que sufriera. Por su parte, el rubio sentía que no necesitaba esforzarse ya que este Smythe era muy diferente al que había conocido el año anterior.

Sin embargo, eso no iba a impedir que hiciera lo que quería hacer. Cuando Blaine fue al baño, Evans se dio cuenta de que esa era su oportunidad.

– Quiero dejarte algo claro. – Sam comentó con seriedad.

– Sabía que había algo que querías decirme. – El castaño sonrió con tranquilidad.

– Si le haces daño, vas a arrepentirte durante el resto de tu vida, yo me encargaré de ello. – El rubio informó con tono amenazante.

– No tengo intenciones de hacerle daño. Entiendo tu temor y me alegra pensar que hay alguien que se preocupa por él lo suficiente para hacer ésto. Nunca he estado enamorado y sé que voy a cometer muchos errores pero quiero hacer esto bien. Siento algo muy intenso por él, yo ya puedo decir que estoy enamorado porque llevo un año sintiéndome más atado a él. Ojalá pudiera prometerte que no le voy a hacer daño, pero no quiero prometer algo que sé que no voy a cumplir. – Smythe decidió ser sincero.

– No estoy hablando de hacerle daño porque cometas un pequeño error o vuestra relación acabe, eso ocurre. Lo que no voy a permitir que hagas es que juegues con él o lo dañes intencionadamente... No sé si me explico. – Evans intentó que el otro comprendiera.

– Te entiendo, puedes estar seguro de que jamás le haré daño con malicia. Lo hice una vez y me arrepentiré el resto de mi vida. – Sebastian lo miró a los ojos con la esperanza de que se diera cuenta de que decía la verdad, lo que sentía.


Blaine se sentía feliz. Sam y Tina tenían buena relación con Sebastian. Habían salido varias veces tanto la pareja con uno de los dos como los cuatro juntos. También habían tenido una cita doble con el rubio y Brittany y parecía que al castaño también le agradaba la chica. Todos los comentarios ácidos e hirientes habían quedado atrás y el lado más amable de Smythe era cada vez más habitual.

Los amigos que ambos tenían en Dalton también habían conocido la noticia y compartido tiempo con la recién estrenada pareja. Esa tarde estaban con Trent, Thad y Nick en casa del último pasando el rato charlando, viendo la televisión y disfrutando de la comida basura que habían llevado.

Sin embargo, el sonido del teléfono móvil de Anderson hizo que éste cambiara de expresión y se pusiera serio de repente. Todos lo miraron asustados pero él negó con la cabeza. En vez de decirles quién era, decidió que lo supieran al saludar a esa persona.

– Hola Kurt. – Blaine dijo con seguridad, no quería que el otro pensara que le tenía miedo o que estaba avergonzado. Sebastian apretó la mano de su novio con fuerza para apoyarlo, pero la dulce sonrisa que éste le dedicó sirvió para que se tranquilizara porque sabía que todo estaría bien entre ellos a pesar de la llamada.

¿Es verdad? – La voz del ojiazul estaba llena de rencor.

– ¿El qué?

Que sales con el Suricato.

– Sí, es verdad. Sebastian y yo somos pareja y estamos muy bien juntos... Agradecería que le llames por su nombre. Está a mi lado ahora mismo si quieres hablar con él.

Smythe abrió los ojos sorprendido por las palabras de su novio. ¿Realmente quería que hablara con Kurt? Él no tenía ninguna intención. Para él la Princesa de Porcelana había salido de sus vidas y esperaba que no volviera a ellas en ningún momento.

¡Por supuesto que no quiero hablar con él!

El grito de Kurt fue tan alto y agudo que Blaine tuvo que separar el teléfono de su oreja para que no le doliera el oído y hasta los demás lo escucharon y entendieron perfectamente. Todos contuvieron la risa.

– En ese caso... ¿Qué es lo que quieres? – El moreno preguntó con tranquilidad.

Tienes que romper con él. Si quieres que tú y yo tengamos una oportunidad...

– No quiero una oportunidad contigo. – Esas palabras hicieron que Smythe se tranquilizara. Una cosa era que estuvieran juntos y otra era escuchar como rechazaba a su ex porque estaba con él. – Estoy muy bien con Sebastian, sentimos algo muy intenso y, aunque no tengo que darte ninguna explicación, sí te diré que hemos hablado del pasado, del presente y del futuro y podemos con esta relación.

Hace unos días estabas deseando volver conmigo.

– Bueno, Kurt. Me dijiste que no y yo decidí superar lo nuestro. No era difícil porque si somos sinceros, nuestra relación terminó el día que te marchaste a Nueva York y no me dejaste que te acompañara al aeropuerto porque querías tener ese momento a solas con tu padre. Incluso puede que antes ya que durante meses todo lo que te interesaba era NYADA y Nueva York y no se podía hablar de otra cosa. Preferías Nueva York a estar conmigo y ahora no puedes protestar porque no estoy contigo. Tú has tomado tus decisiones y yo las mías. Tú tienes que hacer frente a las consecuencias de tus decisiones. Yo lo hice, podía haberte ocultado la infidelidad pero fui sincero. Deberías estar feliz por mí, porque yo lo soy. Yo me alegraría de enterarme de que has encontrado a alguien que esté a tu lado. – Las palabras de Blaine eran totalmente sinceras, sus amigos se sorprendieron de que fuera capaz de decirle todo.

¿Incluso si esa persona fuera Chandler?

– Incluso si esa persona fuera Chandler

Casi te deja ciego...

– Viejas noticias, Kurt. Ya lo sé, era mi ojo... Pero lo hemos hablado y no tengo que darte más explicaciones. Soy libre de hacer lo que me de la gana. – El moreno se estaba enojando con esa conversación. Smythe se sintió avergonzado porque era un recuerdo que no necesitaba. La mano de su novio se entrelazó con la suya y levantó la mirada para encontrarse con los ojos avellana que lo miraban con amor mientras sonreía con cariño. Esa fue la primera vez que se dio cuenta de que si novio lo había superado, no había motivo para que él no hiciera lo mismo.

No podemos ser amigos si estás con él.

– Tampoco lo esperaba. Supongo que esto es un adiós.

Adiós.

Anderson suspiró mientras colgaba y miró a su novio. El castaño lo entendió rápidamente y lo abrazó con fuerza.

– ¿Estás bien? – El ojiverde quiso saber.

– Mejor de lo que pensaba que estaría. Llevo días preparándome para esta conversación. Me siento liberado. – El moreno le dio a su novio un rápido pico antes de volverse a sus amigos. – ¿Qué estábamos haciendo antes de esta inesperada interrupción.


Sebastian fue a buscar a Blaine esa noche. Estaba realmente nervioso porque tenía una sorpresa para su novio. Después de verlo enfrentarse a Kurt para defender su relación, quería hacer algo por él. Llamó al timbre y en cuanto el moreno abrió, le entregó el ramo de flores que le había comprado. Era el primero de varios detalles que quería tener con su novio. Pensaba que el moreno se merecía todo lo que pudiera darle y él, que contaba con más dinero del que el ojimiel podría imaginar, quería mimarlo y asegurarse de que esa noche la sonrisa no abandonaba los labios de su amado.

La pareja llegó a un restaurante japonés realmente romántico. Era pequeño y había biombos que separaban las mesas, dando algo de privacidad. Todo era muy elegante y había unas velas y unas flores en cada mesa para darle el toque perfecto.

La cena fue tranquila y los dos disfrutaron mucho. Realmente era su primera cita a solas y no podían haber deseado mejor situación. Después fueron a dar un paseo por Westerville a la luz de la luna, con sus manos entrelazadas y charlando de cosas poco trascendentes mientras se "robaban" algunos besos.

Era una noche casi perfecta y todo estaba saliendo tal como él había deseado. Sólo faltaba una cosa antes de que tuvieran que volver a casa. Pararon en un banco y se sentaron para disfrutar de ese momento. Sebastian sacó la pequeña caja que había en su bolsillo. Al ver la expresión de su novio se rió. La caja tenía el tamaño de la que contendría un anillo de compromiso, por lo que no le culpaba de estar asustado.

– Tranquilo, bebé. No es ningún anillo. – El castaño besó a su pareja en la mejilla.

Blaine lo miró como pidiéndole disculpas mientras cogía la caja y la abría para descubrir una cadena de plata con una púa para tocar la guitarra que estaba grabada, por un lado ponía el nombre de los dos separado por un corazón y por el otro lado tenía la fecha en la que habían comenzado su relación.

– Quiero que siempre recuerdes nuestro momento, no importa lo que pase en el futuro, sabes que soy tuyo. En cuánto la vi pensé en ti, la música en general me recuerda a ti. – Smythe susurró antes de besarlo. Cuando el beso terminó, el ojiverde puso la joya donde pertenecía.


Siendo su último curso en el instituto, Sebastian decidió planear un viaje en coche a un lago que no estaba demasiado lejos. Las vacaciones de primavera coincidían para él y su pareja de casualidad y él quería aprovecharlo. Quería que acudieran tanto los alumnos del McKinley como los de Dalton que eran importantes para él y para Blaine. Artie, Brittany, Tina, Nick, Jeff, Thad y su novia Anne, Trent, David y su novia Blair y Hunter habían confirmado su asistencia, pero el castaño no estaba nada satisfecho porque Sam había dicho que no iría. Todos sabían que era por el dinero y eso era lo que más le enfurecía. Si el que el rubio estuviera con todos era algo que hacía feliz a su novio, Smythe estaba dispuesto a pagar de su bolsillo todos los gastos de Evans. Sin embargo, éste se sentía mal por ser invitado.

Por eso, cuando la idea llegó a él, supo que sería perfecta. Aparcó su coche en el aparcamiento del McKinley para esperar a que la reunión del Glee Club terminara. Sabía que seguían ensayando aunque habían sido eliminados de la competición. Pronto vio a los cinco seniors del coro salir juntos y el castaño sonrió. Le encantaba ver a su novio en ese apretado uniforme de animador.

– Hola Seb. – Brittany fue la primera que se acercó y le besó la mejilla.

– Hola Britt, ¿qué tal? – El estudiante de Dalton sonrió a su amiga. Jamás pensó que se llevaría tan bien con ella pero era tan dulce que era casi imposible no amarla.

– Emocionada, tengo tantas ganas de ir al lago... – La rubia miró a sus amigos algo decepcionada porque ellos no estaban tan emocionados como ella. Sebastian besó a su novio en los labios y puso su mano en su cintura.

– ¿Conocéis a alguien más que quiera venir? Los padres de Nick y Trent nos dejan sus vehículos que son de siete plazas para que no tengamos que ir en tres coches y ahorremos en gasolina. Somos trece, por lo que aun cabría una persona más en el coche sin aumentar el gasto. Además, el hostal nos cobra por habitación y no hay ninguna en la que quepan tres personas, o tienen dos camas o una doble. Eso hace que pueda venir alguien más sin aumentar el gasto, esa persona sólo tendría que pagar su comida. – Smythe anunció y notó la sonrisa de Blaine y Artie al comprender sus intenciones.

– No tenéis que hacer eso, podríais buscar a alguien y pagar todos menos. – Sam comentó, consciente de que todo eso era por él.

– O vienes tú o no queremos la compañía de nadie más. O vamos trece o vamos catorce si tú te decides a venir. No creo que sea tan complicado de entender. Además, todos los chicos están de acuerdo. – Sebastian explicó.

– ¿Hunter también? – Anderson frunció el ceño, eso era una sorpresa para él.

– Incluso Hunter. – El castaño jamás confesaría que había tenido que hacer un trato con Clarington para que lo aceptara, pero no era nada que no estuviera dispuesto a hacer para que Blaine tuviera a todos sus amigos junto a él en el lago. Blaine miró a su amigo con esa expresión de perro abandonado en una noche lluviosa que nadie podía resistirse.

– ¡Está bien! Iré.

En cuanto Sam aceptó, su mejor amigo lo abrazó para celebrarlo. Si había la más mínima duda en Smythe de que estaba haciendo lo correcto, se disipó en ese mismo momento.


El primer día de sus vacaciones lo pasaron de manera tranquila. Cuando llegaron al hostal, distribuyeron las habitaciones y después se fueron al lago. Pasaron un rato nadando y relajándose al sol antes de ir a cenar a un restaurante de comida rápida. Después dieron un paseo por el pueblo para ver lo que había y decidieron ir a descansar. El resto de días podrían organizar fiestas y divertirse, pero el viaje había sido largo y estaban cansados.

Blaine y Sebastian compartían habitación y tenían una cama grande para los dos. Eso hacía que tuvieran que dormir juntos. La pareja se puso el pijama intentando darse privacidad porque todavía no se habían visto desnudos. Lo más cercano que habían estado había sido esa misma tarde cuando habían estado en el lago en bañador.

Se metieron en la cama y se abrazaron, dispuestos a dormir así. El moreno besó a su novio con dulzura para desearle buenas noches pero, sin saber cuál de los dos era el responsable, ese beso fue volviéndose más intenso. Las manos del ojimiel se colaron por debajo de la camiseta del otro y en ese momento todo se precipitó.

Habían querido esperar para tener una primera vez especial, para que Anderson comprendiera que era importante para el castaño, para que ese momento no fuera uno más en la vida del ojiverde. Sin embargo, los dos se dejaron guiar por su amor, entregándose de una manera que ninguno de los dos había experimentado antes.

Por un lado, Blaine había tenido sexo con Kurt pero ninguno tenía experiencia y no sabían lo que les gustaba ni qué hacer, por lo que, aunque habían tenido buenos orgasmos, ninguno había sido tan intenso como el que sintió con Smythe.

Para Sebastian, esa vez fue muy especial porque probablemente era la primera vez que hacía el amor. Sus anteriores veces sólo habían sido sexo con desconocidos y no le había importado si disfrutaban. Sin embargo, con Anderson ese no era el caso y había disfrutado más al verlo completamente enloquecido y extasiado durante su orgasmo que con el suyo propio.

Los dos sabían que jamás olvidarían esa noche.


La semana en el lago fue perfecta, una combinación perfecta entre divertirse con los amigos y pasar momentos románticos e íntimos con su pareja. Sin embargo, el lunes, cuando Blaine llegó a la sala del coro, su felicidad desapareció al ver a Kurt junto a Finn esperando a que todos los miembros de New Directions tomaran su sitio. Notó la mano de Sam en su espalda en un silencioso apoyo, aunque también era una sorpresa para él puesto que todavía no había ido a la casa de los Hummel-Hudson a pesar de que vivía con ellos porque como llegaban tarde decidió quedarse con los Anderson. Gracias a Mercedes y Santana, los dos sabían que Hummel no había superado la ruptura por lo que sabían que ese momento sería de lo más incómodo.

Por suerte, los últimos miembros del coro entraron y la clase comenzó con normalidad. Marley fue la encargada de cantar la primera canción y luego Artie, Ryder y Jake hicieron un trío muy divertido. Después de eso, todos comenzaron a discutir sobre qué canción deberían hacer como parte del número grupal de la semana.

Al final de la clase, Blaine intentó salir de ahí cuanto antes pero Kurt le pidió si podía esperar para hablar a solas. Sam miró a su mejor amigo cómplice antes de darle un golpe suave en la espalda antes de salir. Tina le dio un beso y le dijo que le esperaría en el aparcamiento. Los demás se despidieron para dejar a la expareja a solas.

– ¿Qué es lo que quieres? – El moreno preguntó.

– Quiero que retomemos nuestra amistad. – El castaño comentó con seguridad, acercándose a su ex mientras éste caminaba hacia atrás.

– No creo que sea posible, tienes la costumbre de insultar a mi novio y eso me duele. Estoy muy enamorado de él. – El ojimiel aseguró. Sin darse cuenta, él estaba contra la pared y el otro seguía acercándose peligrosamente.

– ¿Estás seguro de que no sientes nada por mí? – Hummel preguntó antes de juntar sus labios con los de su ex.

Anderson sintió los labios de Kurt sobre los suyos, pero eso fue todo. No sentía las mariposas en el estómago que solía sentir en el pasado, ni su cuerpo le pedía aumentar la intensidad. Sólo podía pensar en el daño que ese beso podía hacerle a Sebastian.

Cuando el castaño se separó, Blaine salió de allí corriendo, sin decir nada, se sentía muy mal. Cuando llegó al aparcamiento, Sam y Tina lo estaban esperando. Se asustaron al verlo llorando y decidieron que debían hacer algo.


Sebastian estaba en la puerta de Dalton junto a Nick y Trent. El castaño estaba muy nervioso y miraba su teléfono cada pocos segundos.

– Relájate, Seb. Seguro que todo está bien. – Duval quiso tranquilizarlo.

– No puede estar bien. Según Sam, Blaine no ha parado de llorar desde que ha salido del McKinley. – El ojiverde casi gritó.

– ¿Les queda mucho para llegar? – Nixon quiso saber.

– Según Sam casi están. – Smythe respondió y justo en ese momento vio el coche de su novio, que era conducido por Tina.

Sebastian corrió hacia su novio, que justo en ese momento salía del vehículo. No tardó en darse cuenta de que estaba llorando y quiso abrazarlo, pero Blaine no se lo permitió.

– Lo he besado... No me puedo creer que lo haya vuelto a hacer... ¿Qué está mal conmigo? – El moreno se lamentó entre sollozos y todos lo miraron sorprendidos. El castaño luchó por no dejar que los celos y el dolor le nublaran la vista y decidió poner la mano en la espalda de su novio para dirigirlo hacia la sala de los Warblers. Los demás decidieron dejarlos a solas, creían que era algo que debían solucionar juntos.

El ojiverde le pidió al otro que le contara lo que había pasado y Anderson accedió, no dejándose nada sin decir. Le contó toda la conversación y todo lo que había sentido antes, durante y después del beso. Quería ser sincero aunque eso supusiera perder a su novio.

– Oh, B... – Smythe abrazó a su pareja y le besó la frente. – No vuelvas a darme un susto como éste. Tú no has hecho nada malo... Tú me has defendido y no has besado a Kurt, él te ha besado a ti pero tú o has respondido.

– He vuelto a hacerlo, he vuelto a ser infiel... – Blaine seguía llorando.

– No, mi bebé. Tú no querías besarlo y eso es lo importante. Deja de llorar, por favor. La Princesa de Porcelana no merece ni una de tus lágrimas. – Sebastian agarró con suavidad las mejillas de su novio y lo obligó a que lo mirara a los ojos. – Si te soy sincero, lo único para lo que ha servido ésto es para que yo me sienta aun más amado.

– ¿En serio? – El moreno detuvo su llanto sorprendido por las palabras de su novio.

– Responde a unas preguntas. ¿Has comenzado el beso?

– No.

– ¿Has movido tus labios durante el beso o has hecho algo que indique que estabas disfrutando de ese beso?

– ¡Por supuesto que no! No quería besarlo y no he sentido nada.

– ¿Has hecho o dicho algo que diera pie a pensar que no sientes algo por mí?

– No.

– Y con esas respuestas... ¿Dónde crees que me has fallado, me has sido infiel o me has traicionado?

– No... No lo sé... – El ojimiel se sintió avergonzado porque se dio cuenta de que su pareja tenía razón.

– Ven aquí mi tontito. – Smythe lo besó con dulzura, sintiéndose aliviado porque todo había sido un error y ellos podrían seguir estando juntos y amándose sin problemas... Aunque sabía que tenía que hacerse cargo de algo antes.


Como Blaine estaba afectado por lo ocurrido con Kurt, Tina accedió a llevarse el coche con ella y al día siguiente ser ella la que pasara a buscar a sus dos mejores amigos para ir al McKinley y así Sebastian pudo llevar a su novio a casa y asegurarse de que se quedaba tranquilo. Pam estaba en casa cuando llegaron y acabaron contándole lo ocurrido. Decir que la mujer estaba enfadada sería ser demasiado suave. Si al castaño le quedaba alguna duda, ésta se disipó al ver a la novia de su padre en ese estado.

Por eso, cuando salió de la casa de los Anderson, decidió ir a la de los Hummel-Hudson. Tenía que asegurarse de que su pareja no volvía a derramar una sola lágrima más por culpa de su ex. Sabía dónde era porque había ido alguna vez a buscar a Sam, que vivía ahí ya que su familia se había tenido que mudar por trabajo.

Dedujo que la persona que le habría la puerta era el padre de Kurt, por lo que hizo todo lo posible para sacar su lado más respetuoso.

– Buenas noches, supongo que usted es el señor Hummel. Soy Sebastian Smythe, amigo de Sam. Siento venir tan tarde pero necesito hablar con Kurt lo antes posible.

– Seamos claros... ¿Eres el novio de Blaine? – Burt cuestionó.

– Sí. – El ojiverde no iba a mentir, mucho menos cuando sabía que Blaine sentía mucho cariño y respeto por ese hombre.

– ¿Puedo saber por qué quieres hablar con el ex de tu novio? – El mayor estaba intrigado.

– Respeto mucho a Blaine por lo que no seré yo el que se lo cuente. Tal vez deba preguntarle a su hijo qué ha hecho esta tarde. – Por mucho amor y respeto que tuviera por su amado, empezaba a perder la paciencia.

– Vaya... ¿Un beso y vuestra relación se tambalea? Tal vez no sea amor lo que os une después de todo... – Kurt sonrió al llegar junto a su padre. Había escuchado la última parte y le complacía saber que algo había pasado para que Sebastian fuera hasta allí. – Yo me encargo, papá, todo estará bien.

– Nuestra relación no se tambalea. – El castaño informó cuando el señor Hummel se marchó. No le habían dejado pasar pero no le importaba. – Si realmente amas a Blaine querrías que fuera feliz y no lo pondrías en la situación que lo has puesto hoy. ¿Sabes que ha venido a Dalton llorando porque se sentía culpable? ¿Sabes que creía que me había sido infiel y eso le estaba quemando por dentro? ¿Eres consciente de que pensaba que yo no querría estar con él?

– Yo... No... – El ojiazul no había querido dañar a Anderson.

– Por suerte, he conseguido que me lo explique todo antes de que cometiera una locura... Bueno, por suerte y por Tina y Sam que lo han llevado a Dalton... Él te ha olvidado y sé que nunca me respetarás ni te agradaré pero te pido que no te metas en mi relación con Blaine... Hazlo por el amor, aprecio, agrado, respeto o lo que sea que sientes por él. No se merece que pongas más mierda en su vida. Eso es todo lo que tengo que decirte... – Smythe iba a volverse cuando se dio cuenta de algo. – ¡Ah! No. Hay algo más. Cuando tú me insultas te pide que me respetes pero no me dice nada cuando te nombro con algún mote despectivo...

Esa vez sí, el Warbler caminó hacia su coche y se metió en él para alejarse de allí. Kurt cerró la puerta y se encontró con Sam, parecía que llevaba un rato ahí.

– Seb tiene razón, hoy le has hecho a Blaine mucho daño. – El rubio comentó, era algo que él mismo había querido decirle pero no había encontrado el momento porque quería hablarlo a solas.

– ¿Seb? ¡Se me había olvidado que ahora os hacéis la manicura juntos! – El castaño estaba enfadado.

– ¿Tan malo es que me lleve bien con el novio de mi mejor amigo? Él lo quiere, lo cuida, lo ha ayudado a superar vuestra ruptura, lo hace feliz... ¿Qué más puedo pedir para Blaine? Pam sabe que fue él quién le lanzó el Slushie y hay cosas que tanto ella como Blaine saben que no me han contado pero que sé que hacen que comprendan lo que pasó. B te dijo hace tiempo que el prejuicio es ignorancia... Bueno, no seas ignorante, olvida tus prejuicios hacia Seb. – Evans se encogió de hombros y se marchó, dejando al otro muy pensativo.


Cuatro semanas después del regreso de Kurt a Nueva York, todo estaba perfecto para la pareja. Blaine tenía el campeonato nacional de las animadoras en Los Angeles y Sebastian fue a apoyarlo junto a Cooper. La rutina que habían preparado era espectacular y el moreno era el centro del espectáculo.

Nadie se sorprendió al saber que los Cheerios del McKinley eran los ganadores. Blaine corrió a abrazar a su novio y su hermano en cuanto estuvo libre, quería compartir con ellos su felicidad. El beso que Smythe y él compartieron fue intenso y largo.

– ¿No sois adorables? El líder de los Campeones Nacionales de Animadores con el líder de los Campeones Nacionales de Coros, una pareja de éxito. Seguro que seguiréis triunfando en Nueva York. – El mayor los abrazó a los dos.

– Será complicado, nos vamos a ver poco... Pero seguro que lo conseguimos... – Smythe besó la mejilla de su amado.

– Tenemos que conseguirlo, quiero que nuestra relación sea para siempre. – El más bajo hizo un puchero, no quería pensar que esa no fuera una opción.

– Será para siempre. – Volvieron a besarse sin saber que esas palabras eran más ciertas de lo que ellos mismos imaginaban porque su amor iba a ser "para siempre".