La verdad es que este capítulo ya lo tenía desde hace mucho, incluso lo había subido en mi Wattpad (Dense una vuelta por ahí por si les interesa, tengo el mismo nombre) pero por mi pereza no lo había subido por aquí. Perdón.

Kuroko no Basket no me pertenece~


No muy lejos de donde las gárgolas dejaban atrás la cuidad, dos hombres con un logo muy característico y uniformes de la D.U.G. miraban desde lo alto de un edificio por medio de unos binoculares especiales como aquellos seres horribles que ellos consideraban monstruos, se marchaban volando con aquellas pobres víctimas.

Uno de ellos, sonriendo al ver a aquellas bestias de nuevo, sacó de su bolsillo una especie de comunicador muy avanzado para esa época y enseguida contactó con la base central, sin perder contacto visual de aquellas dos figuras que volaban por sobre las nubes, ajenas a su alrededor. La voz de una chica resonó por el comunicador.

¿Dai-chan? ¿Qué sucede? – Preguntó la voz, interesada en recopilar datos.

– Satsuki, los tenemos – Habló con voz socarrona mientras apartaba la vista de los binoculares y veía por el rabillo del ojo a su compañero de cabellera verde que estaba tomando apuntes de las coordenadas en un aparato parecido a una tableta. Sonrió al saber que pronto volverían a tener a esos seres retorciéndose de dolor bajo su poderío.

Akashi-kun estará muy feliz cuando lo sepa, buen trabajo Dai-chan – Respondió la chica, mientras en la base por medio de la computadora frente a ella tecleaba algunas cosas para encontrar la ubicación de sus dos amigos y ver por medio de un mapa virtual unos dos puntos rojos que sobre volaban la zona – Tú también, Midorin.

– No fue muy difícil en realidad – Habló una tercera voz. El primero de los cazadores –un moreno de cabello y ojos azul oscuro– tan solo rodó los ojos ante la respuesta de su compañero. Vio como este se ajustaba las gafas que traía en el puente de la nariz.

Bien, entonces regresen a la base, mañana podrán cazarlos – Dijo la chica mientras luego recibía un entendido de ambos cazadores, solo para que ella pudiera decir cambio y fuera, y desconectarse de la línea que aquellos dos chicos de la asociación estaban usando. El hombre con anteojos guardó su equipo mientras el otro seguía observando a aquellos seres.

– Aomine, vámonos – Ordenó su compañero, mientras se lanzaba desde el techo de ese edificio para aterrizar perfectamente en el suelo. El nombrado Aomine siguió mirando un rato más hasta que de igual modo guardó sus cosas, y terminó por arrojarse desde lo alto para caer en el piso y seguirle el paso al otro cazador.

Ambos cazadores caminaron hacia donde estaba el edificio central de D.U.G. sin dirigirse ni una palabra, ni siquiera una sola mirada. Simplemente caminaron hasta llegar a donde se supone, estaba una de las entradas secretas del cuartel subterráneo. Un elevador abrió sus puertas y ellos entraron mientras la máquina se cerraba y los bajaba más.

Malditas gárgolas. Fue el único pensamiento que se instalaba en sus mentes, y quizá, la verdadera razón por la cual estaban unidos como cómplices en ese trabajo.

Cuando Kagami despertó, ya eran cerca de las 10 de la mañana. Para ser alguien a quien no le gustara mucho dormir cuando lo hacía lo hacía como roca. Su naturaleza, quizá. Se percató de que estaba solo en esa gran cama, por lo que supuso que Kise ya se habría levantado. Un olor nauseabundo le llegó desde la cocina.

Se levantó del colchón para vestirse apropiadamente, mientras se lavaba la cara con agua que estaba en un pequeño recipiente cerca de la cama. Salió de la habitación para irse con dirección a la cocina. Se encontró con el rubio ya vestido para irse a trabajar friendo algo en la sartén. El olor asqueroso de los huevos revueltos y el tocino le produjo arcadas, pero logró contenerse.

– Buenos días Kise – Saludó. Se hubiera acercado a darle algún beso pero el asqueroso olor de la comida humana se lo impidió. Seguro que si se acercaba terminaría por expulsar su cena de ayer. El rubio giró un poco el rostro para ver a su pareja alejarse de donde cocinaba. Sonrió. Si el pelirrojo fuera humano, ese gesto le hubiera hecho pensar que era un asco en la cocina.

– Buenos días Kagamicchi – Correspondió el saludo, entregando de nuevo su atención a la sartén. No era malo cocinando, la comida le salía como siempre, normal; pero el que a Taiga le disgustara la comida humana no podía saber cómo sabía su comida para otras personas. Sin proponérselo, se entristeció, solo un poco, pero lo suficiente para que el otro lo notara.

Kagami, notando un aura algo decaída en el rubio mientras seguía friendo, se acercó a este procurando no respirar por la nariz. Sabía perfectamente que su gesto de alejarse hacía que Ryouta se pusiera algo triste, pero es que casi no podía evitarlo, su naturaleza de gárgola le hacía sentir el aroma de la comida humana como una aberración.

En cuanto llegó a donde su chico seguía friendo, le abrazó de la cintura, rodeando con sus fuertes brazos la cadera un poco estrecha del joven. Ocultó su cabeza entre el hueco del hombro y el cuello, consiguiendo así respirar el dulce aroma que desprendía su amante, en lugar de esa asquerosa –para él– comida. Respiró profundamente y repartió besos, pero no se excedió. No quería perder el control.

– ¿Qué haces Kagamicchi? – Preguntó curioso el rubio, y también algo incómodo. Los besos en su cuello le producían cosquillas. Sin embargo, no se alejó del pelirrojo, pues sabía que este estaba haciendo su mayor esfuerzo por haberse acercado hasta él aun cuando estuviera cocinando.

– Me sentía solo en la mesa – Fue lo que escuchó Ryouta, pues la gárgola seguía enterrando su cabeza entre su ropa y piel, de manera que así no oliera nada más que a él, pero al mismo tiempo hacía que la tarea de entender sus palabras se volviera un poco más difícil. Si Kise no lo hubiera tenido pegado al cuerpo, seguramente no lo hubiera oído.

– Kagamicchi – Llamó el otro, el nombrado hizo un sonido ahogado dando a entender que le estaba escuchando, sin quitar su cabeza de donde estaba – No respires, voy a quitarlo de la sartén y ponerlo en el plato – Taiga como respuesta a esa acción, enterró más su cara en las prendas que cubrían la espalda del rubio. Kise hizo lo que dijo, y cuando la comida ya estaba en el plato volvió a hablar – Ve a la mesa, enseguida voy.

– Okey – Se escuchó apenas. No hubo necesidad de pedirlo dos veces cuando a una velocidad sorprendente el pelirrojo se alejó del cuerpo de su pareja hasta llegar a la mesa, visiblemente un poco mareado y provocado. En su rostro se veía la clara señal de que estaba aguantando las arcadas.

Kise abrió aún más la ventana de la cocina, esperando que así el olor caliente que producía el desayuno escapara por ahí para ya no molestar a su amado. Espero alrededor de un minuto y cuando se dio cuenta de que el olor ya no era tan intenso, lo llevó hasta la mesa, viendo a como su pareja le sonreía –o hacía el intento de sonreír–.Después fue por su café y pan tostado, y regresó a la mesa, para ahora sí, sentarse a comer.

– Kagamicchi, no es necesario que me acompañes en la mesa, no quiero que te enfermes – Habló preocupado el de cabellera dorada, pues aunque le gustara ese gesto por parte de Kagami, sabía que a este le repugnaba la comida humana. A él tampoco le hacía mucha gracia cortar carne humana o filtrar sangre de la misma, pero al menos no olía asqueroso. Casi ni se sentía el aroma.

– ¿Y no pasar este pequeño tiempo juntos antes de que te vayas a trabajar y no nos veamos hasta la noche? Olvídalo – Ironizó el mayor, mucho mayor en edad, mientras que con ayuda de su dedo pulgar e índice se tapa su nariz para respirar por la boca, haciendo así que su voz sonara de manera nasal. Ryouta se sintió enormemente feliz por ese acto de amor. Se sintió dichoso.

– Te amo, ¿Lo sabes? – Preguntó el rubio mientras procuraba comer lo más rápido posible, pero sin atragantarse. Aquella pregunta, hizo a Taiga mirarlo con sorpresa, solo para después embozar una gran sonrisa que apenas y se veía debido a la mano que cubría su nariz y parte de su rostro.

– Si lo sé. Yo también te amo, ¿Sabías eso? – Le cuestionó con el mismo tono de voz que el otro había usado anteriormente, aunque con el rostro un poco carmín. Kise terminó de beber un poco de su café para después enfocar sus bellos orbes color miel en la gárgola. Estos parecían brillar hermosamente.

– Claro que lo sé – Respondió con un leve sonrojo apenas visible. Le gustaba estar así, le gustaba saber que había encontrado a la persona –o más bien, gárgola– que amaría durante el resto de su vida, pues sabía que de la de Kagami, no la sería. El chico tenía más de 500 años, y él apenas y cumplía los 20. Este otro podía reemplazarlo, y él ya estaría muerto.

– ¿Qué sucede? – Preguntó el pelirrojo con esa voz nasal, notando de nuevo un aura deprimente alrededor de su amante. No le gustaba verlo así, le partía el alma –si es que aún tenía alguna–.

– No es nada – El rubio negó lentamente con la cabeza mientras terminaba su desayuno; no quería preocupar al pelirrojo. Estuvo a punto de levantarse para ir a dejar los platos en el fregadero cuando una mano le tomó de la muñeca evitando así su escape.

– Ryouta – Llamó el ligeramente más alto, haciendo que el mencionado le mirase a los ojos – Si hay algo que te moleste o preocupe, no dudes en decírmelo; sabes que yo estaré ahí para ti, por algo es que tú y yo estamos unidos. Yo te amo, tú me amas, ambos nos amamos. Tienes mi confianza, así como yo quiero tener la tuya – Aquellas palabras hermosas provenientes de Taiga, dejaron a Kise sorprendido.

– Lo siento, no quería que pensaras que yo… – Intentó explicarse, ya que no quería que aquella gárgola pensará que no confiaba en él. Le había entregado su confianza por completo, más que a cualquier otra persona –o humano– que había conocido durante su vida.

– Hey, no llores – Interrumpió Kagami, llevando su mano hacia donde vio cómo se resbalaba una lágrima por la pálida piel del joven. Este, se llevó la mano también a su rostro, notando que efectivamente, había dado indicios de querer llorar – Si no quieres decirme, está bien.

– No – Cortó el otro – Quiero decirte, demostrarte que tienes mi confianza – el de orbes escarlata le miró un poco sorprendido, pero esperando atentamente as palabras de su pareja. Ryouta se limpió el rostro mientras tomaba una gran bocanada de aire para hablar – Tú sabes que yo no viviré por siempre, solo soy un simple humano eso lo sé pero, no quiero que te olvides de mí. Quiero pensar que por más años que pasaran, yo… yo seguiré siendo alguien importante para ti – Farfulló, mientras sus ojos volvían a cristalizarse.

– Lo eres y siempre lo serás – Respondió el pelirrojo, tomando entre su mano la blanca del menor – Antes yo jamás pensé en terminar como pareja de un humano, pero entonces llegaste tú. Nunca me había importado tener pareja o algo, porque todas las gárgolas son mis hermanos y los humanos mi alimento así que cuando apareciste en mi camino yo… yo no sabía ni cómo hablarte. Pero una cosa te prometo, y es que por más años que pasen, yo jamás me voy a olvidar de ti – Bajó un poco el tono de su voz y escondió su rostro entre sus mechones rojo oscuros – Aun si tú… encuentras a alguien más…

– ¿Qué dijiste? – Preguntó el rubio, pues a pesar de las bellas palabras que habían hecho caer unas cuantas lágrimas por sus tersas mejillas, no alcanzó a escuchar la última frase. El pelirrojo solo negó con la cabeza mientras le sonreía para así calmar a su amante – Taigacchi… – Intentó insistir el otro pero la gárgola le detuvo.

– No es nada Ryouta – Dijo mientras se levantaba de su asiento para tomar los platos sucios del modelo y llevarlos él mismo al fregadero, por más nauseas que le provocaran. Cuando los dejó ahí volvió a acercarse al humano, el cual ya se había levantado – Será mejor que vayas a trabajar, te veré en la noche – Se despidió mientras le daba un beso en la mejilla.

– ¿Por qué no en los labios? – Se quejó el chico de hebras doradas haciendo un adorable puchero que a su edad, era bastante infantil.

– Tú nunca me quieres besar en los labios después de terminar de comer, pues bien; ahora te lo regreso – Se mofó el otro, notando como el ceño de Kise se fruncía y apretaba los labios visiblemente enojado. Se rio a viva voz mientras apretaba las mejillas pálidas de su pareja, y al soltarlas estos consiguieron un color rojo.

– ¡Te odio! – Le gritó sin verdadero enfado mientras también le besaba la mejilla con fuerza innecesaria y rápidamente tomaba su maleta para salir casi corriendo del comedor. Cuando Kagami escuchó como estaba abriendo la puerta se apresuró en gritar él también.

– ¡Eso no es lo que dices en las noches! – Escuchó perfectamente un bufido irritado que más bien casi parecía el gruñido de algún animal. Se rio de nueva cuenta y cuando oyó como la puerta se cerraba de un portazo gritó aún más fuerte – ¡También te amo! – Escuchó varios quejidos enfurruñados, y así supo que Ryouta le había oído.

Miró el fregadero donde reposaban los platos sucios de lo que había comido su amante. Suspiró mientras tomaba los guantes de hule para lavarlos, pues aunque no se hubiera ofrecido directamente, cuando le quitó los platos al rubio dio la indirecta de que él los lavaría. Se colocó un cubre bocas blanco –que además le tapara la nariz– para evitar oler la comida humana.

– Terminaré en menos de lo que canta un gallo – Se dijo a sí mismo. Y con eso en mente, abrió el grifo dejando al agua caer libremente, tomó la esponja previamente bañada en el líquido lava trastes, y se dedicó a tallar cada uno de los platos y tazas sucias, hasta dejarlos relucientes. Después los secaría y los colocaría en su lugar.

Luego de su labor, se iría a vagabundear por ahí hasta que llegara la noche. Además, según Kise le había mencionado, se estaba quedando sin el alimento de la semana. Sonrió aunque debido al cubre bocas no se notó. Sus ojos rubí adquirieron un brillo salvaje y mortal, mientras recitaba las siguientes palabras en un sentido figurado, pero que él sabía exactamente el significado.

Hoy es día de ir de compras…

Kasamatsu caminaba tranquilamente con dirección a su trabajo. Nuevo, a decir verdad. Lo había conseguido solo dos días antes de que Kuroko le diera la noticia de la organización, pero ahora supo que era bueno haber hecho ese acto. No siempre podría vivir con el dinero y cosas de valor que tuvieran sus víctimas. Aunque la idea era tentadora, pero no.

Ahora se había convertido en un guía de turistas que daba recorridos alrededor de toda la catedral de Notre Dame. También hacía recorridos de París enteros pero por el día de hoy le tocaba la catedral. Con ayuda de los papeles falsos que junto con sus hermanos logró obtener, pudo presentarse para el trabajo como un humano corriente.

Claro que, al ser una gárgola que había vivido más de 500 años se había dedicado a leer y aprender toda clase de idiomas además del francés –su idioma natal–, ahora también sabía hablar inglés americano e inglés británico, español latino y castellano, italiano, portugués, japonés, coreano, chino e incluso sabía ruso. Y esas cualidades, le ayudaron a conseguir su trabajo demasiado fácil.

– Ah, Yukio – Le habló uno de sus superiores apenas verle –, Que bueno que al fin llegas; te toca atender al primer grupo de la mañana. Suerte – Con solo decirle eso y una palmada animosa en la espalda, el hombre aparentemente mayor y castaño desapareció por ahí. La gárgola suspiró, caminando hacia donde el grupo de italianos, esperaba curioso e impaciente, mirando hacia todos lados.

Buenos días, mi nombre es Kasamatsu Yukio, seré su guía el día de hoy – Habló el pelinegro con una sonrisa y en perfecto italiano, atrapando así la atención del grupo de turistas. Pudo notar que había dos parejas jóvenes, una familia de cinco integrantes –en total había 2 niñas y 1 niño de diferentes edades– y una pareja de ancianos que parecía haber salido a viajar a conocer el mundo.

¿Puedo preguntar en el camino o tengo que esperar a que termine? – Preguntó levantando la mano una de las niñas que Kasamatsu pudo calcularle, era la mayor de sus hermanos. Supuso que anteriormente le habían dicho que se mantuviera callada hasta el final. Le sonrió cálidamente mientras volvía a hablarle.

Puedes preguntarme lo que quieras, no es necesario terminar el recorrido; después de todo es algo bueno que los niños pregunten lo que les llama la atención – Le respondió mientras se acercaba hacia ella y se agachaba hasta su altura para revolverle un poco los cabellos. Después rápido se apartó para no incomodarla ni molestar a sus padres.

¿Se puede tomar fotografías? – Preguntó uno de los hombres de las dos parejas.

Claro, siempre y cuando no sean con flash – Respondió para después darle la espalda al grupo y quedar frente a la entrada de la gran catedral – Bien, comencemos – Dijo mientras entraba al edificio con los turistas detrás de él.

El paseo fue normal, él explicaba todo lo que sabía sobre la catedral, ya que otra de sus cualidades en ese trabajo fue que supiera más que los otros guías de turistas en lo que se refiere a la historia de aquella iglesia. Claro que todo lo que sabía, era por lo que había visto, además de unos datos más que investigó antes de que él despertara de su sueño.

¿Qué son esas cosas? – Preguntó el niño, y el que parecía ser el de en medio de los tres hermanos. Yukio miró hacia donde el niño apuntaba curioso pero al mismo tiempo con miedo, pues se aferraba fuerte al faldón de su madre. Una sonrisa amarga se instaló en su rostro.

Esas cosas, son gárgolas – Respondió mientras apuntaba algunas de las estatuas de piedra que sobresalían por los muros de la catedral. Sus hermanos que se habían mantenido aun dormidos, y los que decidieron quedarse en la protección de la iglesia, en vez de ser libres.

¿Por qué son tan feas? – Fue ahora la hermana mayor quién preguntó, haciendo una mueca al ver la apariencia de aquellas cosas. La niña de edad menor, estaba entre los brazos de su madre mientras escondía su cara en la ropa de esta, señal de que las gárgolas de piedra le habían asustado.

La historia nos ha dicho que son las almas condenadas por sus pecados, a las que se impide la entrada en la casa de Dios – Comenzó a explicar, también acaparando así la atención de los adultos –, Esta podría ser una interpretación apropiada, especialmente, para las gárgolas más visibles y terroríficas como la que están señalando, que pueden servir como ejemplo de lo que puede ocurrirle a los pecadores – Explicó mientras comenzaba a seguir caminando por la parte alta de la catedral, pasando por más gárgolas.

¿Qué son entonces? – Volvió a preguntar la niña mayor, pues parecía que inevitablemente, aquellas estatuas de piedra de apariencia horrible, le habían llamado la atención.

De todas las explicaciones posibles – Le respondió –, La más aceptada es aquella que nos habla de ellas como guardianes de la Iglesia, signos mágicos que mantienen alejado al diablo. Esta interpretación puede explicar el porqué de tan diabólicos y espantosos aspectos y su ubicación fuera de la catedral.

– ¿Entonces no son ni buenos ni malos? – Preguntó esta vez el hermano de la niña, el mediano, acercándose hacia Kasamatsu pero tomando la mano de su hermana mayor. El pelinegro le sonrió con amabilidad, para que viera que no haya que temer.

Exactamente, son como una balanza que permite que ninguno de los dos lados se caiga – Explicó mientras hacía un gesto de equilibrio con sus manos –, ¿Comprendes? – El niño y la niña asintieron a su explicación, entonces él volvió a darles la espalda para continuar con el recorrido. No sabía por qué, pero quería que este paseo terminara pronto.

Cuando terminó con el final del recorrido, y salieron del edificio, los niños y los adultos le despidieron con una sonrisa que él les devolvió. Entonces supo que era hora de un pequeño descanso, porque a otro guía le correspondía el siguiente recorrido. Tomó un sorbo de agua de una botella –cosa que si podía beber– mientras miraba el edificio de la catedral.

Aun no estaba muy seguro de que haber obtenido su libertad y escapar de ahí fuera la mejor decisión, pero de lo que si estaba completamente seguro, era que esa, era la correcta.

Takao caminaba tranquilamente por las calles de París, mientras miraba por los ventanales de las tiendas en busca de alguna oferta de trabajo que le llamara la atención. Él no quería uno tan profesional para estar detrás de una oficina todo el día, con uno simple de medio tiempo –ya sea de noche o de día– se conformaba.

Sin embargo, en su búsqueda de empleo, sentía la extraña sensación de que le venían siguiendo. Si bien decidió ignorarlo al principio por lo que pensó podrían ser paranoias suyas, esas hipótesis dejaron de tranquilizarle hace un rato. Se sentía observado, escaneado, como si alguien estuviera esperando el momento preciso por el cual se quedara solo para poder atacar.

« Kazunari, ¿Tienes algún problema? » – La voz de Himuro resonó en el interior de su mente, probablemente tuvo una corazonada al sentirle tan inquieto. Una de las formas que ellos tenían para comunicarse era por medio de la mente, algo así como los celulares para los humanos, por lo que con esa información no podía comprende por qué Haizaki no aparecía.

« No es nada Tatsu-chan, es solo… que creo que me han estado siguiendo » – Contestó mientras seguía avanzando procurando estar siempre rodeado de gente. Quería estar equivocado con respecto a sus pensamientos, pero no estaba de más estar precavido.

« ¿En dónde estás? Con todo esto de la organización exterminadora debes tener cuidado. Dime en dónde te encuentras, iré para allá » – Ahora fue la voz de Kagami la que resonó en la mente de aquellos dos pelinegros, Tatsuya también pensó en ir, pero primero esperó a que la gárgola menor se los dijera.

« Estoy en la calle 35, avenida Le Brun, cerca del arco del triunfo » – Explicó mientras veía los señalamientos, decidió entrar a una pequeña pastelería que tenía bastante gente adentro – « Ahora mismo estoy entrando a la pastelería Lasserre, no me voy a quedar parado ahí afuera a esperar a que vengan » – De inmediato se sentó en una silla de una mesa vacía.

« Bien, iré para allá. Tatsuya, ¿Vienes también? » – Preguntó el chico pelirrojo, esperando la respuesta de su otro hermano, sin embargo, fue alguien más quien le contestó.

« Yo también ya estoy enterado, iré en cuanto termine con unos asuntos pendientes, les veré en esa pastelería » – La voz de Kasamatsu se escuchó en la mente de cada uno, y supusieron que se verían con su otro hermano de mal temperamento un poco más tarde.

« Enseguida voy para allá » – Fue lo único que dijo Himuro, mientras se desconectaban de su conversación mental. A Takao solo le quedaba esperar a que sus hermanos aparecieran por ahí.

En los pocos minutos que el pelinegro estuvo ahí, una mesera se le acercó a pedir su orden. Pidió una botella de agua diciendo que era por mientras, ya que esperaba a que alguno de sus hermanos apareciera en la pastelería. Estuvo atento a su alrededor, así como pretendió seguir mirando el menú cuando la campana pequeña de la puerta volvió a sonar.

Miró por el rabillo del ojo al recién entrado, y notó a un hombre de cabellera verde, alto, quizá más que su hermano pelirrojo; su cuerpo estaba bien formado, traía anteojos que le daban un aspecto serio y maduro a su rostro, y era muy atractivo. En su ropa, apenas visible –pero lo suficiente para una vista tan desarrollada como la suya– se encontraban unas extrañas iniciales.

Cuando se fijó como los orbes esmeralda del sujeto escaneaban la tienda hasta posarse casualmente en él, sonrió. Ya sabía quién era quien lo estaba siguiendo, así como también sabía que, apenas sus hermanos llegaran, aquella estúpida organización se quedaría sin un miembro de su unidad.


¡Cha Chan! Eso es todo por el momento.

Tranquilos que no mataré a nadie... aun *risa malévola(?)*

Espero puedan seguir al corriente de esta historia, y comentar si les ha gustado. Besos~