Nota: Las canciones estarán en negritas y la traducción solo en cursiva. Me pareció útil para no perder el hilo dela historia.


Una fina lluvia caía en el lugar. Era fría y a nadie parecía incomodarle. Estaban en medio de una fiesta.

—Apuesto a que no puedes hacerlo —decía QuickSilver, en ese tono que intentaba molestar a su hermana. John no fue capaz de oír de qué hablaban—. Es demasiado control de probabilidades, terminarás convirtiendo al cantante en un conejo —dijo riendo.

—Solo cállate —replicó la chica, enfurruñada, antes de tornar su expresión a una total concentración—. Pero prepárate para tomarnos y correr, solo por si acaso —ronroneó amenazante; solo por una fracción de segundo; luego rió.

La pelirroja retorció los dedos de sus manos, en movimientos rastreros, emanando una tenue luz roja de ellos, mientras miraba fijamente al cantante que estaba en el final de una canción.

John decidió ignorar a la Bruja escarlata. Si algo ocurría, al menos disfrutaría de la última canción por completo.

—Ahora, quiero que todos bajen —pidió el cantante, haciendo señas al público, luego de concluir la canción—. Todos con los pies en el piso, por favor.

La multitud obedecía cómplice, sin conocer el objetivo del hombre. Incluso John se reía de la ocurrencia del tipo.

—Hoy es el cumpleaños de alguien muy especial —decía—. Estamos celebrando el cumpleaños de St. John Allerdyce.

Pyro dejó de reír. Su mandíbula cayó, mientras Wanda, Pietro y Nick chillaban emocionados.

No era posible ¿Cómo siquiera podría estar pasando? ¡El tipo, incluso, había pronunciado bien su nombre!

—¡Vamos, John! Quiero verte por encima de todos ¿dónde estás? —pedía animadamente, mientras el público arengaba y el pequeño pirómano permanecía en shock. Su corazón se había disparado, y las manos le temblaban. No podía estar pasando.

Pero recordó que el don de Wanda era complicado. Ella era la Bruja escarlata. Ella controlaba las probabilidades ¿Y qué probabilidades había de que todo eso ocurriera si no había un mutante involucrado?

John oyó a Pietro dándole una orden a Avalancha. El grandote se reía, cuando se agachó detrás del castaño para; en un movimiento; meter la cabeza entre sus piernas y levantarlo en el aire, sosteniéndolo sobre sus hombros.

Pyro solo jadeó cuando sus pies dejaron el suelo. Estaba sobre todas las cabezas. Y eso era gracioso, él era pequeño, nunca estaba por encima de nadie, a excepción de las niñas.

—¡Ahí estás, cumpleañero! —gritó el vocalista, entre los chillidos de la multitud alrededor—. Los hermanos que encontraste esta noche tienen un regalo para ti. Esta va por ti, chico. Mantente renegado —le decía a John. Sí, se lo decía a él. Era un maldito sueño, jugando con sus esperanzas otra vez.

Comenzaron a cantar.

No matter how hard you try, you can't stop us now

No matter how hard you try, you can't stop us now

[No importa cuánto te esfuerces, no puedes detenernos.

No importa cuánto te esfuerces, no puedes detenernos].

Nick le dio una palmada en la rodilla, sin bajarlo, mientras Wanda y Pietro gritaban con todo lo que sus pulmones les permitían.

Pyro era el único que estaba sobre los hombros de alguien, de frente al escenario.

Since the Prehistoric ages and the days of ancient Greece

Right down through the Middle Ages

Planet earth kept going through changes

And then no renaissance came, and times continued to change

Nothing stayed the same, but there were always renegades

Like Chief Sitting Bull, Tom Paine

Dr. Martin Luther King, Malcom X

They were renegades of their time and age

So many renegades

[Desde la prehistoria y los días de la antigua Grecia

Derecho a lo largo de la Edad Media

El planeta tierra siguió funcionando en los cambios

Y entonces no renacimiento vino, y los tiempos continuaron cambiando

Nada se mantuvo igual, pero siempre hubo renegados

Como jefe Sitting Bull, Tom Paine,

El Dr. Martin Luther King, Malcolm X

Fueron renegados de su tiempo y año

Así que muchos renegados].

Las voces cantaban y John se dejó absorber por las sensaciones. La libertad, la emoción, el sentido poético de la canción. El extraño y enorme acto de cariño de sus nuevos hermanos. El hecho de que no se llamaran a ellos mismo amigos, sino hermanos.

Now renegades are the people with their own philosophies

They change the course of history

Everyday people like you and me

We're the renegades we're the people

With our own philosophies

We change the course of history

Everyday people like you and me

[Ahora renegados son las personas con sus propias filosofías

Ellos cambian el curso de la historia

La gente común como tú y yo

Nosotros somos los renegados, nosotros somos la gente

Con nuestra propia filosofía

Podemos cambiar el curso de la historia

La gente común como usted y yo].

—¡Vamos! —dijo el cantante, levantando un mechero en el aire, mirando directo a John—. Mantente ardiendo sin control.

El pirómano correspondió el gesto en espejo. Click.

Y se replicó el gesto, un centenar de veces a su alrededor.

El niño cerró los ojos, levantando el mentón para recibir de lleno cada pequeña gota de lluvia, extendiendo los brazos a los costados.

Ninguno se los mecheros se apagó, bajo la fina lluvia.

Nadie, en ese público, sabía que era por la euforia de un piroquinético que celebraba ser lo que era en su cumpleaños.

We're the renegades of funk

We're the renegades of funk

We're the renegades of funk

We're the renegades of funk

[Somos los renegados del fuck.

Somos los renegados del funk].


Coloso blasfemaba en ruso, ante la fina lluvia. Debía ir muy despacio para su gusto, en medio de una misión importante para todos. Se concentró lo mejor que pudo para no hacer un exceso de presión en el volante del auto que lo destrozara o algo por el estilo. De una u otra forma llegarían hasta su amigo. Lo iban a lograr.


Cuando los pies de Pyro tocaron el suelo; se dejó absorber por el sentido metafórico que eso tenía; Wanda enroscó los brazos alrededor de su cuello en un abrazo.

—¡Feliz cumpleaños! —chilló por enésima vez en la noche.

—¡Feliz cumpleaños! —gritaron Pietro y Nick, uniéndose en un torpe abrazo grupal.

—¡Feliz cumpleaños a ti…! —comenzó a cantar Pietro, haciendo que su hermana y su amigo se unieran; sin soltarse del abrazo grupal, en medio de saltitos y vueltas en el lugar.

Y John volvió a reír. Porque esa canción siempre fue una estupidez, pero si le sumabas a un grupo de lunáticos mutantes que le daban énfasis intencional a esa estupidez, encontraba algo muy divertido en ello.

—¡Ahora en griego! —gritó Nick, haciendo que comenzaran con un canto extraño, esta vez.

Na dsisis agápi

Ke jróñia polá!

Megalos/i na ginis

Me aspra malliá

John oía palabras desconocidas para sus oídos, y a pesar de que la pronunciación de Pietro y Wanda difería mucho de la de Avalancha, notó que en realidad parecían tener una vaga idea de lo que intentaban decir.

Partú na skorpqidsis

Tis gnosis to fos,

Ke óli na léne

Na énas/mía sofós

—¿Qué fue eso? —preguntó John riendo, cuando notó que habían terminado.

—Es la canción del cumpleaños griega —replicó Pietro, rápido y fluido, antes de que el grandote pudiera hablar—. Nick nos la enseñó. Es mucho mejor que la americana. Aunque más difícil de pronunciar.

—Siéntete orgulloso, Nick solo la canta para los hermanos —dijo esta vez Wanda, tomando la cintura de John con ambos brazos.

—¿Por qué? ¿Qué dice la letra? —curioseó Pyro.

Que vivas por muchos años, mi amor —al fin Avalancha tomó la palabra, con algo muy parecido al orgullo cuando canturreó—. Que te conviertas en viejito con pelo blanco. Que por todos lados disemines la luz de tus conocimientos, y que todos digan "he aquí un sabio".

John sonrió en respuesta. Pietro tenía razón, esa canción le sonaba mejor. Quizás porque le deseaban sabiduría. Quizás porque se la cantaban a él y no a cualquiera. Quizás porque seguían llamándolo hermano.


Cuando los pequeños X-men llegaron al lugar, los últimos acordes retumbaban en el aire. Sus corazones comenzaron a latir más a prisa, en medio de la búsqueda de John.

Y a pesar de todos los planes, nada pudieron hacer en contra de sus miembros paralizados, al divisar a la distancia a un pequeño castaño que caminaba directo hacia ellos.


La música había cesado. La banda brindó la canción extra, al pedido del público y luego todo acabó. Los oídos de John tenían un leve zumbido, su enorme sonrisa enseñaba todos los dientes y sus músculos se sentían como salidos de una clase intensiva de combate táctico con Scott. La camiseta pegándose en la espalda debido a la traspiración. El cabello ya no peinado, cayendo un poco sobre los ojos, obligándolo a peinarlo con los dedos hacia atrás, lo más que podía.

Wanda, Pietro y Nick se habían separado del pirómano en medio del tumulto ajetreado, en los últimos minutos, así que cuando se comenzó a disipar todo, Pyro comenzó a caminar un poco sin rumbo; ya que él y los chicos no establecieron un lugar de reunión por si se separaban. No eran los niños del Instituto Xavier después de todo.

Nada importaba realmente, todo había acabado, bien podía largarse, sintiéndose tan feliz y libre que podría seguir sonriendo por algunos minutos ininterrumpidamente, tal vez, sin sentirse un idiota.

Una risa baja se deslizó por su garganta al contemplar sus pies, mientras caminaba, cubiertos de lodo, con marcas de pies ajenos y uno de ellos con las agujetas desatadas. No tenía idea de porque, pero era gracioso.

Su mano mantenía firmemente su mechero envuelto en un puño, tanto que al separar los dedos dolieron un poco. No había notado la presión que ejercía hasta ese momento, se había perdido en el éxtasis. Aunque no importara lo feliz o distraído que estuviera, jamás iba a perder ese mechero, quedando desprotegido.

Él seguía en su divague mental, caminando sin rumbo, cuando levantó la vista del suelo, quitándose el cabello del rostro, tirando de él hacia atrás, al peinarlo con sus dedos. Mantuvo los dedos clavados en las hebras de cabello, cuando su mirada se cruzó con un grupo de niños muy familiar. La sonrisa cayó de sus labios de forma inconsciente, sin saber que una punzada de dolor era recibida por Bobby y los demás.

Unos segundos pasaron sin ninguna reacción, cuando:

—¡John! —se oyó el chillido de mujer, interrumpiendo el momento— ¡Ahí estás! —gritaba Wanda, en total euforia, saltando para enroscar sus brazos en torno al cuello del castaño para atraerlo y depositar un beso en sus labios.

Los pequeños-X-men observaban atónitos.

Cuando se separaron, Wanda giró para dedicar una sonrisa maliciosa al grupo de niños.

—Así que ellos son los idiotas —comentó calma y despectiva.

—¿A quién rayos llamas idiota? —vociferó Jubilee, fuera de sus casillas, dando un paso hacia adelante, dejando escapar algunas chispas de sus manos cerradas en puño.

—Yo no haría eso —dijo Pietro, apareciendo tan rápido que no fue un borrón, sino pareciendo transportarse de repente, junto a su gemela. Su voz era calma y amenazante, su expresión seria.

John nunca admitiría en voz alta que esos chicos tan geniales, que compartieron la mejor noche de su vida con él, le daban escalofríos. Y mucho menos admitiría que seguían pareciéndoles fantásticos.

Coloso tomó a Jubilee de una de sus muñecas para darle un pequeño tirón que le indicó que se calmara. Ella obedeció a regañadientes. Sus amigos sabían que solo lo hacía porque seguían en la misión de rogar perdón y no por otra cosa. Ni siquiera por la energía roja de los dedos de la pelirroja. O porque su estómago se encogiera ante la escena: John junto a la pelirroja, detrás un grandote de cabello castaño, que actuaba como si guardara su espalda y el patán de cabello plata que hacía su mejor imitación de un perro guardián.

—Debemos irnos ya. Mañana tenemos trabajo —dijo Pietro, girando sobre su eje para darle la espalda, deliberadamente, al grupo futuros-X-men. Eran unos idiotas ante sus ojos, y en varios niveles. No solo por traicionar a su amigo, sino por el movimiento con su hermana.

—No puedo creer que tu padre nos dé solo un día libre —se quejó Nick.

—Sé agradecido de que lo convencimos de darnos, al menos, un día libre.

—¿Necesitas que te llevemos? —ofreció Avalancha a Pyro.

—No, gracias Nick —se negó—. Traje auto.

—¡Oh, solo oye eso! ¡Un niño rico! —se burló Pietro de buen humor.

—Vete al diablo —espetó en el mismo tono—. Se lo robé a mi maestro de Ciencias políticas.

El velocista no dijo nada, pero sonrió ampliamente, como si lo felicitara por ello.

—Muy bien, adiós —se despidió Wanda con un abrazo—. Nos veremos. Las probabilidades están de nuestro lado —dijo cómplice con un guiño de su ojo, haciendo reír al chico.

—Espero leerte en algún libro —dijo Nick por su lado.

—Espero verte en alguna revolución —agregó QuickSilver.

—¡Una vez más, de despedida! —pidió Wanda.

—¡Pero en griego! —advirtió Nick. Y comenzaron a cantar:

Na dsisis agápi

Ke jróñia polá!

Megalos/i na ginis

Me aspra malliá

Un abrazo más de cada uno, mientras cantaban y concluían tomando su rumbo lejos de Pyro, quien sonreía ampliamente.

Partú na skorpqidsis

Tis gnosis to fos,

Ke óli na léne

Na énas/mía sofós

John observó cómo sus hermanos agitaban las manos a modo de despedida a lo lejos. Y nuevamente se halló teniendo esperanzas tontas. Esperando volver a verlos, que lo leyeran o cruzarlos en la revolución que tanto deseaban.

Se halló esperando y no se maldijo por ello.


Jubilee sintió que sobraba allí. Su amigo se merecía esas risas y juegos tontos. Y ella no se las brindó.

Sintió celos de esos chicos que había usurpado su lugar. Se odió por permitir que eso ocurriera.

Se odió por fallarle a su amigo y no sentirse capaz de solucionarlo.

Odiaba ser una de las personas de la larga lista de John, de imbéciles que pudieron tenderle la mano y no lo hicieron.

Se odiaba porque John tenía todo el derecho de decepcionarse de ella y nunca perdonarla. Porque ella misma no lo haría si la situación fuera a la inversa.


Nota: Para los que no lo sepan, Avalancha es de Creta (Grecia) por eso la cuestión de la canción.

Un capitulo más y esto termina. Crítica, comentario, lo que sea a la cajita de comentarios.

Be free, be happy.