CAPITULO 1: LA ENTREVISTA

POV KATNISS

Estaba en el mejor momento del sueño cuando sentí una voz llamarme por mi nombre repetidas veces, una voz muy familiar pero no le di mayor atención, estaba muy cansada no había pegado un ojo en toda la noche. Había tomado unas pastillas para dormir cuando comprendí que no lo conseguiría sola, y luego de una media hora el medicamento comenzó a hacer efecto y pude dormir. Sabía que era algo exagerado, pero estaba muy ansiosa, nerviosa por lo que me tocaría a la mañana siguiente. Eso me había mantenido en vela la mayor parte de la noche. La voz siguió insistiendo, y empezó a tocarme el brazo.

-Katniss, despierta. Hoy es tu gran día.

¿Gran día? De pronto lo recordé. Martes. Mi entrevista de trabajo. Mejor dicho, mi primer entrevista de trabajo en Toronto, mi nuevo hogar.

-Katniss, es serio.

Tal vez no fue tan buena idea tomarme los somníferos. Pensé. Estaba tan cansada ahora, pero era mejor que estar toda la noche previa a mi entrevista despierta.

-Estoy despierta. –Le dije a mi amiga, abrí lentamente mis ojos. Hice mis brazos hacia atrás y me estire y bostece una última vez.

-Ahora sí. –Dijo mientras me senté en la cama.

-Buenos días, Hanna. –La salude, ella me sonrió.

-¿Mala noche?

-Si hablas del insomnio, si.

-¿Cómo te sientes?

-No lo sé.

-Te irá bien.

-¿Eso crees?

-Sí. Pero primero levántate, ven a la cocina y come algo. Ya te prepare el desayuno.

-Que detalle.

-No te acostumbres. –Dijo en tono serio, pero en broma.

-Tranquila.

-También te llevare a ese lugar en mi auto, para que no te pierdas.

-No hace falta puedo tomarme un taxi.

-Insisto, yo te llevare.

-¿Tu trabajo?

-Te llevare de pasada, llegaras a la entrevista más temprano que las demás. Lo cual te sumara puntos.

-Gracias.

-No me lo agradezcas. –Hizo una pausa. –Te dejare sola para que te arregles.

Asentí, ella salió de mi habitación y cerró la puerta. Yo me levante y me empecé a arreglar. Para empezar me di una ducha, luego me cepille los dientes y el cabello. Finalmente, me fui al armario y saque los dos trajes que había separado, porque no me había decidido. Los examine con detenimiento, pero termine optando por el que me había sugerido Johanna. Camisa blanca, chaqueta gris oscuro y una falda ajustada en el mismo tono que me llegaba a las rodillas con unas sandalias taco bajo de un color muy claro, casi blanco. Me vestí.

Salí de la habitación. Johanna estaba sentada en la mesa de la cocina terminando de desayunar. Me senté frente ella donde había servido mi desayuno, me prepare un café que era justamente lo que necesitaba.

Mi amiga se quedo mirándome.

-¿Qué? –Le pregunte al cabo de unos minutos.

-Debemos hacer algo con ese cabello, Katniss. –Soltó. Claro, con su exquisito gusto por la moda no se le escapaba un detalle.

-¿Qué propones?

-Eso estoy pensando. Podría hacerte… -se detuvo a mitad de la frase. –Podría hacerte una cola de lado con una trenza francesa. Te quedaría bien.

Asentí y me mostré conforme. Mientras desayune ella trajo sus cepillos, maquillaje y algunos accesorios y empezó su labor en mi cabello y mi rostro. No teníamos mucho tiempo en una hora debíamos salir. Cuando finalizo, tomo su espejo y lo puso frente a mi cara para que me viera. Me observe sorprendida, la imagen que me devolvió el espejo me hizo sonreír.

-Muchas gracias, me encanta.

-Ya hice todo lo que podía hacer, ahora el resto depende de ti.

Johanna se detuvo frente al edificio en el que se ubicaba dicho estudio jurídico.

-Buena suerte. –Me dijo antes de despedirse. Me di vuelta en la acera de frente al edificio y sentí el rugido del motor del auto de mi amiga al acelerar, unos segundos después ya no estaba. Mire hacia arriba, el edificio de un color gris oscuro, tenía unos cinco pisos de altura. Cambie mi carpeta a mi otra mi otra y respire hondo, antes de tomar valor y entrar.

Entre a un amplio hall y me dirigí a la mesa de entrada, le pregunte a la chica que estaba atendiendo donde debía dirigirme para la entrevista.

-Cuarto piso. Ve por el pasillo central y pregunta por la Sra. Wyatt. Puedes tomar el ascensor que se encuentra al costado por la izquierda. –Luego volvió su atención a la computadora.

-Gracias.

Me dirigí a donde me indico. Al llegar al cuarto piso, me fui por el pasillo central y al final del mismo había una gran sala, no me costó ubicarme sobre a donde ir. Un par de chicas estaban sentadas en unos asientos, con sus carteras y unas carpetas de color beige en su regazo. Supuse que tendría que ir allí. De todos modos, me acerque a ellas y les pregunte. Cuando una de ellas me contestó afirmativamente, me senté al lado de ellas. Aun no empezaban las entrevistas, habíamos llegado antes del horario.

Espere pacientemente, lo que me costó debido a los nervios que aun sentía. Pero intente relajarme. A medida que pasaba el tiempo más mujeres se sumaban al grupo. Paso cerca de una hora hasta que empezaron a llamarnos una por una. Una mujer de aproximadamente sesenta años de pelo rubio –con algunas canas- corto y ondulado, salió de la oficina y se quedo parada cerca del marco de la puerta.

En tono amable nos saludo, y nos explicó que nos haría pasar por orden de llegada. Nos pidió nuestros currículos y se los pasamos. Luego, entró nuevamente a la oficina. Unos minutos, mas tarde empezó a llamarnos una por una y fuimos entrando. Luego de llamar a las dos chicas que llegaron antes que yo, me toco a mí.

Respire profundamente, antes de ponerme de pie, en un intento de relajarme. Luego entre a la oficina. La mujer mantuvo la puerta abierta mientras yo entraba y luego la cerró a mis espaldas.

-Puedes tomar asiento. –Dijo indicándome la silla vacía en frente del escritorio. Asentí.

Cuando tomo asiento del otro lado del escritorio, me dirigió una sonrisa. Alrededor de sus labios se formaron unas arrugas haciendo evidente que tenía más edad de la que yo había creído. Luego volcó su atención a mi currículo.

-¿Katniss Everdeen?

-Sí.

-Bien. Empecemos.

Luego de una larga serie de preguntas y respuestas, dio por terminada la entrevista. Todo el tiempo se mostro muy amable y cordial. Eso me hizo sentir un poco más segura, al parecer estaba haciendo bien las cosas, o al menos la mujer no daba muestras de lo contrario. Me dijo que luego me llamaría –claro, siempre y cuando quedara seleccionada para el puesto-. Me indicó que podía retirarme. La mujer se levantó casi al mismo tiempo que yo. Justo en ese momento alguien golpeo la puerta. La señora Wyatt con pasos gráciles se dirigió a la puerta, mientras yo volvía a ponerme nuevamente el abrigo.

Ella empezó a hablar

-¿Qué necesitas?

-Oh, yo… siento haber interrumpido. Puedo volver después. –Escuche una voz masculina, joven y casi avergonzada.

-No te preocupes, ya había terminado con ella. ¿Es algo urgente, querido?

-De hecho, si. ¿Podrías venir a mi oficina en cuanto ella se vaya?

-¿Surgieron problemas?

-Algo así.

Esa voz… la voz del hombre me sonaba vagamente familiar, lo cual me parecía una tontería, no conocía a nadie en Vancouver, excepto a Johanna y a unos amigos de ella. Y tenía la seguridad de que ninguno de ellos trabajaba aquí.

-En cinco minutos estaré contigo.

-Te lo agradecería, Mary.

Me di vuelta para poder mirarlo. Pero fue demasiado tarde, lo único que alcance a ver fue su espalda cubierta por una chaqueta negra que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, su largo cuello casi blanco y su cabello rubio con leves ondas que caían sobre su cuello. Me quede sin habla y creo que hasta me olvide de respirar. Al segundo siguiente desapareció de mi vista por completo. Como si me hubieran tirado un balde de agua fría en la cabeza, volví a la realidad cuando la Señora Wyatt me habló.

-¿Todo bien? –Me preguntó con una sonrisa en su rostro.

Asentí.

-Sí. –Tomé mi cartera y la colgué en mi hombro. –Gracias por todo.

-Que tenga un buen día.

-Usted también.

Salí de la oficina. Una fila larga de chicas sentadas en los asientos de la sala esperaban por ser entrevistadas. La mayoría eran jóvenes, solo habían dos mujeres que debían tener poco más de treinta años. Tal vez no tenía posibilidades, pero al menos había hecho el intento. Ahora solo debía esperar.

Una vez en el departamento, me puse a poner orden, y preparar mi almuerzo. Johanna no llegaría hasta bien entrada la tarde. Habitualmente por el trabajo de Johanna, estaba todo el día sola, excepto en la noche y los fines de semana. En el tiempo que ella tenía libre me había llevado a muchos lugares y había conocido a varios de sus amigos y amigas, sobre todo amigos. Al parecer, su nueva obsesión era conseguirme pareja. Nada había funcionado según sus planes y la verdad no me importaba.

En la tarde revise mi correo y pude comunicarme online con mi hermana. Las extrañaba. Sabía que por al menos un tiempo no las vería. Solo habían pasado tres semanas desde que deje nuestra casa y me vine aquí. Tal vez, era algo egoísta. Sobre todo, porque desde la muerte de mi padre años atrás, mi hermana se había vuelto mucho más unida a mí y mi madre casi no estaba presente. Desde la muerte de mi padre, trabajaba más que antes para mantenernos, aunque el verdadero motivo era que era el único lugar en el que realmente se sentía bien, una manera de superar el dolor de su perdida. De cierto modo, la entendía. Pero unos años hacerlo.

Prim me empezó a hablar de cómo fue su semana y de lo que había estado haciendo o iba a hacer. También me repitió por millonésima vez que me extrañaba y que esperaba que pronto pudiéramos vernos.

-Te lo prometo, patito. –Le dije en tono cariñoso.

-Hey, quedamos en que no volverías a llamar así.

-Cierto, lo olvide. Mi hermanita esta grande. ¿Cuántos años tienes ahora? ¿Doce? –Le pregunte, sabiendo que se molestaría. Me divertía hacerla enojar. También extrañaba nuestras peleas.

-Quince. Casi dieciséis. –Casi gruño.

-Pues para mí siempre serás mi pequeña hermana. Y no te dejare de llamar "patito". –Hizo otro berrinche casi cómico y luego me saco la lengua. –Puedo verte. Eso es de mala educación, Primrose. –Se encogió de hombros. Y luego se rió.

-Como sea.

Yo también me reí.

-¿Cómo esta mamá? –Le pregunté.

-Bien. Tuvo su crisis los primeros días luego de que te fueras, pero ya se acostumbro. Lo está llevando mejor de lo que creí. Recién se acaba de ir al hospital.

-Mándale saludos de mi parte y dile que luego hablare con ella.

-Lo haré. –Hizo una pausa y continuo hablando, pude ver en su mirada a través de la pantalla de mi laptop que tocaría un tema serio. –Kat ¿Cómo te sientes?

-Bien.

-Lo pregunto en serio.

-Estoy bien, Prim. No te preocupes.

-No te ha vuelto a llamar ¿verdad?

-Cambie de teléfono y número, y lo borre de todas mis cuentas. No creo que vuelva a molestarme. ¿Por qué preguntas?

-Nada, Katniss. Solo tenía curiosidad.

Miente, pensé.

-Tú nunca hablas porque si. Algo paso. Dilo.

-Kat, no pasó nada. En serio.

-¿Las ha estado molestando? –Pregunte sentía como la rabia iba apareciendo. Ese idiota las seguía acosando, era seguro.

-Ha llamado un par de veces, casi exigiendo que le pasáramos tus datos para poder "disculparse" ya que no contestabas sus llamados. Aseguraba que estaba muy arrepentido y miles de cosas más. Obviamente, no le dijimos nada, ni siquiera sabe donde estas. Pero desde hace casi dos semanas parece haber decidido resignarse.

Seis meses… hice una cuenta mental del tiempo desde que yo lo había dejado. ¿Es que nunca se iba a cansar de hacer el ridículo y comportarse como un enfermo acosador? Y él me preguntó porque quería terminar con él –aparte de los motivos obvios-. Ridículo. Puse los ojos en blanco.

-Probablemente fue lo mejor que te fueras. –Continuó.

-Sí. Pero manténganme al tanto ¿sí? No quiero provocarles problemas a ustedes, o mejor dicho que él les de problemas.

-Nosotras podemos cuidarnos solas. Además, no creo que siga insistiendo… al menos no con nosotras. Pero cuídate ¿sí? Esta medio trastornado.

-Esta trastornado. –Corregí. –Tranquila, yo estoy bien aquí. Demasiado bien. –Hacía mucho tiempo que no me sentía tan en paz. Decidí cambiar de tema. –Hoy tuve una entrevista.

Primero me miro sin comprender, luego la vi sonreír al comprender.

-¿De trabajo?

-Precisamente.

-No dijiste nada.

-Le dije a mama ayer ¿no te conto nada?

-No. Seguramente se le olvido. ¿Cómo te fue?

-Bien, creo. Tengo que esperar ahora.

-Si te eligen ¿Qué harías?

-Secretaria… de algún abogado. –Pensé en aquel hombre que entró a la oficina cuando ya me estaba por retirar. Lo había visto de espaldas, pero notar que era muy joven. Me pregunte si seria él la persona para la que me tocaría trabajar.

-Eso sería genial. –Dijo en tono alegre.

-Seria un comienzo. Pero no nos adelantemos. –Le sonreí.

Del otro lado de la pantalla se escuchó un lejano ruido. Prim miró hacia otro lado y luego a mí.

-Te debo dejar, Kat.

-¿Viene alguien? –Le pregunté.

-Mis amigas, quedamos en juntarnos para hacer un trabajo. Deben ser ellas.

-¿Se quedaran en la casa?

-Sí.

-Está bien. Cuídense y si se les ocurre salir. Avísale a mamá.

-Como siempre. –Asintió. En ese sentido me quedaba tranquila. Prim era muy responsable.

-Hasta mañana, Prim.

-Que pases una buena noche. Te quiero.

-Y yo mucho más. Adiós.

Cerré mi laptop. Y me recosté en el sofá del living. Creo que debí quedarme dormida a los pocos minutos mientras veía un programa en la televisión. Me desperté tres horas más tarde, ya era la hora de la cena.

Empecé a preparar la cena, mientras esperaba que mi amiga llegara. Estaba en ese proceso, cuando se abrió la puerta del departamento.

-¡Que rico huele eso! –Dijo apenas entró a la cocina. –Contigo me estoy ahorrando una fortuna en cocinera.

-Tú nunca tuviste cocinera aquí.

-Cierto, pero en la casa de mis padres si tienen. –Se puso a mi lado. – ¿Puedo?

Asentí, y me hice a un costado. Ella me arrebató la cuchara de madera que tenía en mi mano, y probó lo que estaba cocinando.

-Nada mal. –Luego me sonrió. –Le falta algo de cocción aun.

-Lo sé. –Respondí. Se fue a sentar a uno de los bancos alrededor de la mesa de la cocina, yo la seguí y me senté a su lado.

-¿Cómo te fue hoy?

-Creo que bien. Pero hay muchas postulantes.

-¿Fue larga?

-Bastante. –

Luego de contarle más o menos lo que había sucedido en la entrevista me dijo:

-Estoy segura que te irá bien.

-¿Y tú con el trabajo? ¿Cuándo tocara viajar a Nueva York?

-El viernes temprano.

Solo faltaban dos días.

-¿Tienes todo en orden?

-Casi. Por suerte en la empresa ya se encargaron de todo. Mañana te entregare algunas tarjetas con los números de los lugares en los que nos hospedaremos, por si necesitas hablar conmigo.

Cenamos y ella se fue a descansar. Yo me quede un rato viendo una película antes de irme a mi habitación a dormir.

A la mañana siguiente, recibí una llamada. Johanna ya se había ido al trabajo. Mire el número en mi teléfono antes de contestar

¿Número desconocido?

No estaba segura de contestar. No luego de lo que me había dicho Prim. Pero, recordé la entrevista de trabajo y me decidí.

-Hola.

-¿Señorita Everdeen? –La voz de una mujer sonó al otro lado de la línea.

-Sí, soy yo. ¿Quién habla?

-Mary Wyatt. La entreviste ayer.

Me aclaro, aunque no era necesario.

-Bueno, la llamaba para informarle que la semana próxima tendrá que venir para una segunda entrevista. –Me quede unos segundos sin hablar, no podía creerlo. Me estaban considerando para el trabajo, al menos había pasado a una segunda instancia. –No le adelantare mucho, pero creemos que usted es la indicada para el puesto. De todos modos, programaremos una nueva cita para que podamos aclarar ciertas cuestiones y le informemos como se manejan las cosas aquí.

-¿Para cuándo?

-Cuando sea más conveniente para usted. La semana que viene en lo posible.

-¿El jueves?

La mujer dejó de hablar, posiblemente revisando la agenda.

-Ese día podría ser a las once de la mañana o en la tarde.

-En la mañana estaría bien.

-Perfecto. La estaremos esperando.

Y eso fue todo. Le envié un mensaje a Johanna informándole la noticia. Casi al instante me respondió felicitándome, y diciéndome que festejaríamos en la noche.

¿Festejar? Sabía en qué consistían sus festejos. Y teniendo en cuenta que al día siguiente tenía que tomar un vuelo le pregunte que pensaba hacer. Pero no pensaba decirme nada hasta la noche, solo me dijo que ya estuviera vestida para cuando llegara en la noche y que trataría de llegar temprano.