CAPITULO 3: ACONTECIMIENTO INESPERADO
POV KATNISS
En unas horas se iba mi amiga de viaje, nos habíamos levantado muy temprano. Ella para terminar de poner en orden todo y yo para ayudarla. Fui a la cocina a prepararle un café, ya habíamos desayunado pero, viendo el estado en el que estaba lo necesitaba. A los pocos minutos ella me siguió, avisándome que ya había acabado con todo. Me arrebato que había servido para ella y se sentó en un taburete alrededor de la mesa de la cocina.
-Gracias.
-No dormiste nada ¿verdad? –Le pregunte. Ella negó con la cabeza.
-Te dije que podíamos dejar la salida para cuando volvieras.
-No, lo necesitaba. Esta semana no he parado de trabajar con este viaje.
Eso era verdad, prácticamente no la había visto en la semana salvo en las noches y un rato en la mañana.
-Solo estoy un poco cansada. –Continuo. -¿Te gusto el restaurante?
-Es muy… elegante. La comida es exquisita. Pero ¿Cómo haces pagarte eso?
-La mayor parte de las veces voy por trabajo, para cerrar algún contrato o algo por el estilo. Corre por cuenta de la empresa. –Se encogió de hombros. –La verdad es que debí llevarte antes. –Luego hizo una pausa. -¿Vas a estar bien?
-Sí. No tienes de que preocuparte.
-Le avise a uno de mis amigos que estuviera pendiente por cualquier cosa que necesites durante mi ausencia.
-Johanna… -Me empecé a quejar.
-Tranquila, no es que piense que no te puedas cuidar. Pero si te pasa algo, tu madre me mata. Además, no está de más que tengas ayuda extra si pasa algo. Le avise a Cinna.
-¿Cinna? –Pregunte, luego recordé. –Oh, sí. No tuve oportunidad de hablar mucho con él ese día.
-Le causantes una buena impresión.
-Él también me cayó bien.
-Entonces supongo que no te opondrás a recurrir a él, en el caso de que necesites algo.
-No. –Le conteste.
-Bien. –Busco unas tarjetas en el bolsillo trasero de su pantalón y me los tendió. –Esta es su tarjeta con sus números particulares y de trabajo, -me paso una de un color muy claro, luego me paso otra de color negro con letras blancas –Y esta es del hotel. –Las mire un segundo y luego las deje sobre la mesa.
-¿A qué hora viene el taxi?
-Media hora.
-¿No quieres que te acompañe al aeropuerto?
-No es necesario. Mejor quédate aquí. Te llamare cuando llegue.
En realidad, llego antes. La ayude a bajar con todo su equipaje hasta la calle, donde el taxista la esperaba. El hombre le recibió la maleta y la mochila, y las guardo en el baúl. Johanna agradeció y se volteo en mi dirección. Me abrazo.
-Cuídate… y suerte en el trabajo.
-Gracias. Tú igual.
Se metió en el interior del taxi.
-Hasta la próxima semana. –Dijo al despedirse, antes de que el taxi desapareciera de mi vista.
Como prometió me llamo unas horas después apenas llego a Nueva York. Me conto, que ya se había instalado en el hotel y algunas cosas del viaje. Pero tuvo que cortar porque debía reunirse con su jefe y unos clientes en la noche y quería descansar unas horas. Me prometió llamarme al día siguiente. Y eso fue todo.
Yo trate de mantenerme todo el resto del día ocupada. Viendo televisión o leyendo. Últimamente tenia tanto tiempo libre que me aburría. Al final del día, termine durmiéndome en el sofá mientras leía uno de los tantos libros que Johanna tenía en su biblioteca. Que para mi sorpresa me había terminado gustando.
Cuando desperté, fue a causa del la luz que entraba por las ventanas y la puerta de vidrio que llevaba al balcón. Me frote los ojos protegiéndome de la luz que daba directamente a mi cara, hasta que me habitué a ella y abrí los ojos nuevamente. Me pare y me dirigí al balcón, abrí la puerta corrediza y por primera vez en días, disfrute del agradable clima. Afuera salía el sol y estaba cálido, un pequeño descanso en esta fría estación actual. Era un día perfecto.
Pensé que era una buena idea aprovechar el día y salir a hacer ejercicios como lo hacía regularmente, y pasear por el parque. Pero esta vez con más tranquilidad.
Unas horas más tarde, luego del almuerzo salí. Me fui en bicicleta todo el camino hasta el parque y después seguí a pie. Me agradaba este lugar, era uno de los parques más hermosos de la ciudad, siempre que se daba la oportunidad venia, aunque la mayor parte del tiempo venia sola. Me dirigí hacia la zona donde se encontraba una laguna, había muchas personas sentadas o recostadas en la orilla sobre el pasto, busque un lugar apartado donde pudiera estar más tranquila. Y disfrute de la sensación de libertad que me proporcionaba y por alguna razón también me traía recuerdos, recuerdos con mi familia y sobre todo con mi padre. Me hacía sentir cierta nostalgia.
Me quede allí hasta que empezó a oscurecer y ya no quedaba casi nadie a mí alrededor. Era tiempo de emprender el camino de vuelta. Tome mi bicicleta y me subí a ella. Cuando al fin salí del parque, pude ver que el transito había aumentado en las ultimas, claro esta era la hora en la que muchos salían de sus trabajos. Trate de encontrar un atajo lo que me resulto difícil porque obligatoriamente debía pasar por la intersección de la calle Bloor y la avenida Lansdowne, cuando llegue allí, debía cruzar la calle, me quede observando desde la vereda. No vi ningún vehículo realmente próximo en ninguna dirección y el semáforo estaba en rojo. Avance aun subida en la bicicleta, pero hice un mal movimiento y mi pie resbalo del pedal, haciendo que doliera nuevamente. El mismo pie que casi tres meses había sufrido un esguince. Ese dolor punzante me paralizo, y ya había llegado casi a la mitad de la calle. Y segundos más tarde un auto doblaba la esquina, pero no pude ver al conductor. Cuando se dio cuenta de mi presencia, empezó a frenar pero ya era tarde, a la velocidad que venía, alcanzo a rozarme… rozarme no… choco contra mí con fuerza y yo casi salí volando desde la bicicleta a la acera de la calle. Sentí un crujido y luego como mi cabeza choco contra el pavimento. Mi cabeza empezó a doler… doler de verdad. Y más tarde, no sentí nada, estaba empezando a perder la consciencia con una rapidez sorprendente. Quise moverme, o abrir los ojos. Pero era como si mi mente estuviera encerrada en algún lugar completamente separada de mi cuerpo y sin relación alguna. Dos entes separados.
Sentí la voz lejana de una persona, pero no entendía lo que decía. Luego otras se sumaron a la primera, y luego otras más. Todo se volvió confuso, me costaba pensar con claridad y ya no escuchaba, ni sentía nada. O eso creí, hasta que unas manos recorrieron cada parte de mi cuerpo de manera casi frenética. ¿Qué me estaban haciendo? Quería gritar y decir que me dejaran, pero no encontraba mi voz. Pero luego deje de sentir ese contacto y lo agradecí, por con cada mínimo toque en algunas zonas, volvía el dolor. Pero luego volví a sentir una presión sobre mi pecho, mas tarde sobre mis labios y así consecutivamente. Tarde en comprender lo que realmente estaban haciéndome. Intentaban salvarme. Aire empezó llenar mis pulmones poco a poco. No me había dado cuenta hasta ese momento que no podía respirar. Pero cuando logre hacerlo fue un alivio. Tosí, sentía que sentía la garganta seca. Pero aun me sentía incapaz de moverme o hacer cualquier otra cosa.
-Respira. –Dijo alguien con voz gruesa. –Y su pulso se regularizo. Buen trabajo.
Alguien a mi lado suspiro audiblemente, parecía aliviado. Unas manos rozaron mis mejillas.
-¿Me escuchas? –Susurro un hombre con voz suave, pero sonaba preocupado y nervioso. -¿Me sientes?
Tenía ganas de contestar "¡SI!... ¡SI!" pero no podía.
-Si lo haces, por favor… dame una señal. Lo que sea, pero hazlo. –Había dolor en su voz. Pero, de nuevo seguía sin encontrar mi voz y tampoco me sentía capaz de moverme. –Lo siento mucho.
Casi podía jurar que estaba llorando. Sentí que unas mechas de cabello caían sobre mi rostro, también pequeñas gotas de algo tibio que no reconocí hasta que llegaron a mis labios y las saboree involuntariamente. Un líquido con un sabor salado. Eran las lágrimas que pertenecían a la persona que lloraba sobre mi cuerpo. Lloraba por mí. Podía escuchar sus sollozos con tanta claridad, que me resultaba desgarrador. Y yo quería aliviar ese dolor, como si al aliviarlo, yo también me aliviaría. Estúpido pensamiento ¿no?
Hice un esfuerzo sobre humano, por mover mi mano. Y lo hice… levemente. Pero pareció no darse cuenta, ya que no se movió, ni dejo de emitir ese llanto desgarrador. O tal vez, no la había movido como creí. Me esforcé más, pero esta vez intente abrir los ojos. Parecía que gracias a las maniobras de él o de alguien más para reanimarme, había recuperado algo de control sobre mi cuerpo, al menos lo suficiente para abrir los ojos unos instantes. Un destello dorado capto mi atención en un principio. Era su cabello. Algunos mechones más largos caían sobre mi rostro. Nuestros rostros se encontraban a tan solo unos centímetros de distancia. Respire por la nariz y su cabello se movió. El chico de cabello rubio, sintió eso. Se detuvo en seco, levanto la cabeza un poco y abrió los ojos sorprendido. Sus ojos estaban rojos y vidriosos por el llanto, pero no pudieron ocultar sus hermosos ojos azules como el cielo. Me miro como si no pudiera creer lo que estaba viendo, luego su rostro se ilumino al encontrarse con mi mirada, me dedico una media sonrisa que le duro un instante antes de desaparecer nuevamente.
-Quédate conmigo ¿sí? Te prometo que todo estará bien. Te llevaran a un hospital para curarte. Solo resiste… un poco más. –Su voz sonaba ahogada. –Resiste, por favor. –Rogó aun con lágrimas en sus ojos.
Y eso fue lo último que escuche y vi, porque un segundo más tarde estaba sumiéndome nuevamente en un estado de inconsciencia del que no sabía cómo, ni cuándo saldría. Solo me deje llevar por esa oscuridad a la que me estaba arrastrando.
