CAPITULO 5: RECUPERACIÓN
POV PEETA
"A todos nos gustaría volver atrás, todos tenemos al menos una cosa que arreglar. Pero no se puede. Hay que vivir con los remordimientos. Solo se puede intentar olvidarlos o superarlos. Hacer algo que te permita sentirte mejor. Pero no podemos renunciar a la vida por algo que tal vez hubiera ocurrido de todos modos."
Federico Moccia
Abrí los ojos.
Mi cabeza estaba apoyada en una orilla de la cama contra el colchón a unos centímetros de su brazo. Su mano se había detenido al notar que yo había despertado y la aparto de repente, emitiendo una queja casi silenciosa, un ruido proveniente de su garganta. Sentía dolor, pero estaba consciente. Consciente. No podía sentirme más feliz en ese momento.
Levante la cabeza y me concentre en ella. Estaba sonrojada, pero con la mirada fija en mí con curiosidad. Cuando fije mí vista en sus ojos, me pareció que se había sonrojado más. Seguramente por haberla sorprendido tocándome y porque para ella era un desconocido.
-Hola. Al fin tenemos la oportunidad de vernos. –Decidí que lo mejor era ir lento.
Ella no hablo. Me miro, notoriamente confundida. Acerque mi mano a su rostro, algo temeroso por su reacción. Ella se quedo inmóvil de la sorpresa, conteniendo el aire. Su cabeza descansaba en la almohada. Pero me dejo tocarla. Había algo en su temor y confusión reflejada en sus expresiones que la hacía ver adorable. Pero no deseaba que sintiera temor de mí.
-Está todo bien ¿ves? No te hare daño. –O al menos más daño del que te hice, pensé. –Soy Peeta. ¿Cómo te llamas?
-Katniss. –Murmuro. Le costaba hablar, suponía que era normal luego de lo que sufrió. Eso sumado a que era la primera vez que hablaba desde el accidente.
-¿Cómo la planta acuática? –Se me vino a la mente la imagen de una planta con pequeñas flores blancas de tres pétalos y centro en violeta y amarillo.
-Me sorprende que sepas que es una planta acuática. Algunas personas no lo asocian.
-Bueno, la he visto un par de veces. La primera vez, cuando era muy pequeño, mi padre me llevo de excursión y la vimos cerca de un lago. Me dijo su nombre. Por eso lo recuerdo.
-Mis padres amaban ese nombre.
-Escogieron bien. –Recordé lo que había pensado mientras estaba inconsciente. Pensé que tendría un nombre hermoso, pero poco común, tan exótico como su belleza. No me había equivocado.
La ayude a sentarse y le di agua. Eso pareció aliviar un poco su molestia.
-Yo te recuerdo. –Me dijo en un momento.
-¿Me recuerdas? –Solo me había visto un segundo en la calle. Pero en el estado que estaba no creí que fuera acordarse de mí.
-Tú me salvaste. Allí en… la… No sé, solo recuerdo tu rostro, y tu mirada… ¿estabas llorando o me lo imagine?
No pude evitar lanzar una pequeña carcajada. Fue más consciente de lo que creí.
-Estaba llorando. También te hable. ¿Recuerdas algo de lo que te dije?
-No, no sé. Todo es muy confuso. Hay cosas que no recuerdo… como llegue aquí por ejemplo. Sé que sufrí un accidente, pero… Tampoco entiendo porque llorabas.
-Porque te hice mucho mal. Porque pensé que… te había matado. Y no lo soportaba.
-Fuiste tú ¿verdad?
Hice una mueca y asentí.
-Lo siento, Katniss. –Decir esas tres palabras, hizo que el dolor y la culpa volvieran. –Si pudiera volver el tiempo atrás y cambiar eso, juro que lo haría. No fue a propósito, pero paso.
Katniss me miraba, pero yo me sentí tan avergonzado que desvié la mirada. Los minutos pasaron y el silencio se hizo más incomodo. La mire. Había cerrado los ojos, pero sabía que estaba despierta.
-Seguro me odias por esto. Y lo entiendo. –Le dije.
-No te odio. –Me contradijo. Abrió los ojos y giro su cabeza hacia mí. –Estaba haciendo memoria de todo lo que paso, no recuerdo lo que sucedió después, pero si lo que sucedió antes. Fue mi culpa también, no mire si venia un coche en tu dirección. Y luego, me detuve, por que sentí dolor. Y vi tu auto y me paralice. Y luego todo pasó en una fracción de segundo. Demasiado rápido para asimilarlo. ¿Cuánto llevo internada? ¿En dónde estoy?
-En Toronto General Hospital. Y llevas… -No sabía qué hora era, me fije en mi reloj. Abrí los ojos sorprendido no creí que habían pasado tantas horas. –Al menos unas treinta horas internada.
-¿Tanto?
-Sí. Pero estas recuperándote.
-No lo parece.
-¿Qué sientes? –Pregunte inclinándome más hacia ella, coloque un mechón de pelo que caía sobre su rostro detrás de su oreja.
-Me duele todo. –Susurró. –Y me siento mareada.
-¿Quieres que llame a la doctora?
-¿Esa mujer alta de pelo oscuro?
-Supongo que sí. Es la doctora que se está encargando de ti.
-Si, por favor.
-Bien, ya vuelvo.
Me aleje ella. Yo estaba en la puerta con la mano en el picaporte listo para abrirla, cuando ella me hablo.
-Peeta.
-¿Si?
-¿Hace cuanto tú estás aquí?
-Nunca me fui. Pero recién me dejaron que me quedara contigo cuanto te trasladaron aquí. –Me miro sorprendida. –No te sorprendas. De verdad estaba preocupado. Me alegra que hayas despertado.
Como no recibí respuesta me fui. Estaba muy pensativa, muy metida en sí misma, sabía que me había escuchado, pero su mente estaba muy lejos, como si tratara de encajar las piezas una por una de todo lo que había pasado. Estaba confundida. Era normal. Pero lo importante era que estaba viva. Y yo al fin había recuperado algo de paz.
