CAPITULO 6: SEGUNDA OPORTUNIDAD
POV KATNISS
Había despertado en un lugar que no conocía. Una habitación completamente blanca, la luz en un principio me obligo a cerrar los ojos nuevamente. Luego de estar sumida en una oscuridad total, la luz tan fuerte me molestaba. Volví a abrir mis ojos y mire alrededor.
Seguía en el hospital, pero me habían cambiado de habitación, o eso creía yo. Todo se volvió muy confuso, no entendía como había terminado aquí. Mi mano choco contra algo suave y cálido. Cuando mire hacia un costado, un rostro apareció ante mi vista. Un joven de piel muy clara y cabello rubio vestido con ropa de sport, estaba dormido con la cabeza apoyada en el colchón de mi cama a la altura de mi codo. ¿Quién era y que hacia dormido a mi lado?
Sentí una punzada de dolor en mi cabeza, muy cerca de mi frente. Lleve la mano allí, una venda cubría mi cabeza como si fuera una vincha. Mi pierna izquierda también estaba elevada y colgando en el aire gracias a algún tipo de soporte. Empecé a ser consciente poco a poco del dolor que sentía, no solo de mi cabeza o pie, también del resto de mi cuerpo. Había tenido un accidente y el joven que dormía a pocos centímetros de mí por alguna razón había estado allí. Tal vez había sido alguien que presencio el accidente y quiso socorrerme.
Recordé unos ojos azules fijos en los míos, y llenos de lágrimas. Era él. Ahora dormido tenía un aspecto tranquilo y relajado. Unas mechas de su cabello rubio cenizo (lo recordaba más brillante y dorado. En realidad, recordaba todo más brillante e irreal como en un sueño) cayeron sobre su frente cuando este movió su cabeza y sonrió aun dormido. Creo que estaba actuando sin pensar, porque acerque mi mano a su rostro aparte esos mechones de cabello de su frente, y luego sin retirar mis manos de su rostro continúe bajando siguiendo el contorno de su rostro, continuando con su mejilla, su mandíbula y su mentón. Lo repetí un par de veces más, hasta que note que estaba reaccionando ante mi contacto. Me paralice, mientras observaba como poco a poco despertaba. Al principio vi confusión en su mirada, luego sonrió como si verme fuera lo mejor que le paso en la vida, y eso me resulto extraño.
-Hola. Al fin tenemos la oportunidad de vernos.
No respondí. Él acerco su mano a mi rostro, y yo no supe que hacer, me quede paralizada de la sorpresa mientras observaba como acariciaba con cuidado mi rostro.
-Está todo bien. No te hare daño. Soy Peeta. ¿Cómo te llamas?
-Katniss. –Respondí luego de varios minutos de intentar encontrar mi voz. ¿Qué me habían metido en la garganta? Me dolía demasiado y mi voz sonaba ronca. Era la misma sensación que sentía cuando me enfermaba, pero peor.
-¿Cómo la planta acuática?
-Me sorprende que sepas que es una planta acuática. Algunas personas no lo asocian.
-Bueno, la he visto un par de veces. La primera vez, cuando era muy pequeño, mi padre me llevo de excursión y la vimos cerca de un lago. Me dijo su nombre. Por eso lo recuerdo.
-Mis padres amaban ese nombre.
-Escogieron bien.
No sabía si lo decía como un halago, o simplemente deseaba quedar bien.
Peeta pareció notar mi molestia porque al instante siguiente, ya me estaba sirviendo agua en un vaso y ayudándome a sentarme en la cama para que pudiera beber.
-Esto ayudara un poco. Debes tener sed.
-Gracias. -En realidad me estaba muriendo de sed, le tuve que pedir que me sirviera dos veces más. Ya con el tercer vaso, la molestia en mi garganta disminuyo considerablemente. En un momento apreté con demasiada fuerza el vaso, y un dolor punzante atravesó todo mi brazo empezando por mi muñeca. Me di cuenta que me habían vendado la mano izquierda hasta la muñeca. Fruncí el ceño.
-Tienes un esguince. –Me explico el chico a mi lado.
-Bien. Debí suponerlo.
-No debes preocuparte por eso. Aunque espero que no seas zurda.
Negué con la cabeza. Tenía razón, tener que escribir por ejemplo ya sería una tarea casi imposible.
-Diestra.
-Es bueno saberlo. –Sus ojos brillaron de emoción y me sonrió. Por un instante me lo imagine alrededor de un montón de mujeres, dejando a su paso más de un corazón roto. Tenía un rostro de ángel, una sonrisa adorable, sus ojos eran bastante expresivos y si el llanto y sus ojos llenos de lágrimas no me los había imaginado, también era sensible. Además de tener un físico ideal y una hermosa voz. Cualquier mujer moriría por obtener una sola mirada de él. Aunque claro también parecía alguien inalcanzable para mí.
-Yo te recuerdo. –Le dije.
-¿Me recuerdas?
Cuando me lo pregunto, creí que hasta en eso me estaba confundiendo. Tal vez no fuera el mismo que yo había visto en la calle.
-Tú me salvaste. Allí en la… ¿calle? No sé, solo recuerdo tu rostro, y tu mirada… ¿estabas llorando o me lo imagine?
Se rió.
-Estaba llorando. –Un hombre que reconocía que lloraba. Eso no se veía todos los días. -También te hable. ¿Recuerdas algo de lo que te dije?
-No, no sé. Todo es muy confuso. Hay cosas que no recuerdo… como llegue aquí por ejemplo. Sé que sufrí un accidente, pero… Tampoco entiendo porque llorabas.
Ni siquiera me conocía. Pensé.
-Porque te hice mucho mal. Porque pensé que… te había matado. Y no lo soportaba.
Tarde un segundo en comprender.
-Fuiste tú ¿verdad?
Su expresión se contrajo de dolor y asintió.
-Lo siento, Katniss. Si pudiera volver el tiempo atrás y cambiar eso, juro que lo haría. No fue a propósito, pero paso.
Eso explicaba porque estaba conmigo. Se sentía culpable y responsable por lo que había pasado. Intente reconstruir la escena en mi mente. Yo en bicicleta a punto de cruzar la calle, no mire bien si venia alguien cerca en esa dirección. Mi pie resbalando del pedal y el dolor que siguió. Luego vi el auto aproximándose, no tuve tiempo de moverme. Solo de prepararme mentalmente para él impacto.
Peeta parecía estar realmente arrepentido.
Pero eso no quitaba que hubiera actuado como un irresponsable al atropellarme y casi matarme. Mi primer impulso hubiera sido insultarlo o golpearlo en una situación normal. Pero me sentía débil y confusa, que me pareció mejor esperar a saber la historia completa antes emitir una opinión o hacer cualquier cosa. Y eso debía esperar.
-Seguro me odias por esto. Y lo entiendo.
-No te odio. Estaba haciendo memoria de todo lo que paso, no recuerdo lo que sucedió después, pero si lo que sucedió antes. Fue mi culpa también, no mire si venia un coche en tu dirección. Y luego, me detuve, por que sentí dolor. Y vi tu auto y me paralice. Y luego todo pasó en una fracción de segundo. Demasiado rápido para asimilarlo. ¿Cuánto llevo internada? ¿En dónde estoy?
-En Toronto General Hospital. Y llevas… Al menos unas treinta horas internada.
-¿Tanto?
-Sí. Pero estas recuperándote.
-No lo parece. –El dolor solo parecía aumentar a cada segundo.
-¿Qué sientes? –Pregunto inclinándose más hacia mí, colocando un mechón de pelo detrás de mi oreja.
-Me duele todo. También me siento mareada.
-¿Quieres que llame a la doctora?
-¿Esa mujer alta de pelo oscuro?
-Supongo que sí. Es la doctora que se está encargando de ti.
-Si, por favor.
-Bien, ya vuelvo.
Se alejo rápidamente. Cuando ya estaba en la puerta le hable.
-Peeta.
-¿Si?
-¿Hace cuanto tú estás aquí?
-Nunca me fui. Pero recién dejaron que me quedara contigo cuanto te trasladaron aquí. No te sorprendas. De verdad estaba preocupado. Me alegra que hayas despertado.
Luego desapareció de mi vista. Minutos más tarde entro Peeta junto a la doctora que yo había visto la primera vez que desperté y una enfermera.
-Hola, no sé si me recuerdas. –Me dijo. –Soy la doctora Paylor. Estuve presente cuando despertaste.
No sabía su nombre, pero la había reconocido.
-Tú eres Katniss ¿verdad? –Ella examino mis ojos con una luz y movió mi cabeza de un lado para el otro. No sabía que estaba haciendo.
Asentí.
-Bien, Katniss ¿cuál es tu apellido?
-Everdeen. Katniss Everdeen.
La doctora me miro y luego anoto algo en su carpeta. Mire hacia un costado y Peeta ya no estaba en la habitación. No me había dado cuenta en qué momento salió.
-Le pedí que nos deje solas mientras te hacemos un control. –Dijo ella mirando hacia la misma dirección que yo.
La enfermera y ella empezaron su trabajo. Cuando concluyeron el control y verificaron que todo estaba en orden.
-Peeta me dijo que estabas mareada.
-Sí. Un poco.
-Leeg, trae esto, por favor. –dijo pasándole una pequeña hoja. Leeg la recibió, asintió y salió.
-¿Hay alguien a quien podamos llamar? ¿Algún familiar o amigo?
Pensé en Johanna estando tan lejos, recibiendo la llamada de que había sufrido un accidente y estaba internada. O en mi madre y Prim. No. No podía preocuparlas, Johanna querría dejar todo y volver, pero el trabajo que tenia estos días era muy importante para ella. No quería traerle problemas. Y mi madre perdería la cabeza, no sabía cómo reaccionaría. Prefería hablar con ella, cuando todo esto pasara y me encontrara en mejor estado.
-Soy nueva aquí. Llegue hace dos semanas. Vivo con una amiga pero ella tuvo que viajar por trabajo, y no vendrá hasta la semana próxima.
-¿Y tu familia?
-Mi madre vive en Estados Unidos.
-Le debemos avisar a alguien, Katniss. ¿Has conocido a alguien aquí?
-Sí, pero no recuerdo ningún numero.
La mujer suspiro. La poca información que le di, no era de mucha ayuda.
-Entre tus pertenencias, no encontramos nada que nos sirviera de ayuda, un teléfono móvil o alguna identificación. Necesitaremos documentación tuya, documentación sobre antecedentes médicos o estudios… Si alguien puede traer eso, alguien de confianza sería muy bueno. Pero no importa, ya lo discutiremos después.
-Pero antes te hare una serie de preguntas ¿sí? –Dijo al cabo de un minuto.
-De acuerdo.
Entre ellas me pregunto si había sufrido alguna lesión recientemente en los últimos meses, le conté sobre el pequeño incidente que había sufrido el cual dio como resultado la lesión de mi tobillo meses atrás. Con el accidente, había tenido un retroceso en mi recuperación y debía volver la incómoda férula nuevamente.
Luego me conto en resumen cuales habían sido mis lesiones, que me esperaba para los próximos días y como sería mi recuperación.
-¿Cuánto tiempo estaré aquí?
-Todavía no lo decidimos, si todo va bien en dos o tres días.
Pensé en la entrevista de trabajo, no podría ir, no en mi estado. Y menos si pasaba tantos días internada.
-No me pueden dar de alta antes ¿cierto? –La idea de pasar tres días en un hospital no me agradaba para nada. No me gustaba ni siquiera ir a las consultas médicas.
-Ya lo veremos.
La joven enfermera a la que la doctora había llamado Leeg entro por la puerta con mi medicina.
-Gracias, Leeg. –Dijo mientras Leeg colocaba la pequeña bandeja de mental al alcance de la doctora. Después se dirigió a mí. -¿Has bebido agua?
Asentí.
-Bien. Ahora necesito que tomes esto. Son algunos calmantes y antibióticos.
Tome la medicación sin quejarme.
-Supongo que ya sabes lo que te paso.
-Sí.
-Lo siente de verdad ¿sabes?
-Eso me dijo.
-No justifico lo que paso. Pero… Ha estado todo el tiempo contigo. Pendiente de ti. Creo que deberías saberlo. –En otras palabras me estaba diciendo que no fuera tan dura con él. Bien, yo aun no había decidido que hacer. –Pasare a verte más tarde, Katniss.
Se fue junto a la enfermera.
Veinte minutos más tarde, entró Peeta. Se sorprendió al verme sola. Seguro pensó aun seguían atendiéndome.
-¿Está todo bien? –Me preguntó.
-Eso parece. Solo me dieron medicación y se fueron. ¿Adónde fuiste?
-A la cafetería.
Se acerco y sentó en el mismo sillón en el que se había dormido.
-¿Cómo te sientes?
-Mejor…creo.
No era buena entablando conversaciones con la gente que no conocía. Y lo que empeoraba todo era que no sabía que pensar sobre él. Hablar con él resultaba incomodo, podía notar que también lo era para él. Nos quedamos mirándonos fijamente por un tiempo que pareció eterno. Parecía que ambos estábamos tratando de mirarnos más allá de lo nos mostraba nuestra imagen exterior, algo más profundo. O al menos yo lo estaba haciendo, sentía curiosidad.
-¿Hay algo de lo quieras hablar? –Me pregunto al cabo de unos minutos.
-En realidad, si.
-Dime, no muerdo. –Bromeo. Eso me arranco una sonrisa. Él me devolvió la sonrisa.
-¿Por qué sigues aquí?
-¿Quieres que me vaya?
-No. Solo trato de entenderte. Ya sabias que estaba bien y que me estaban atendiendo los médicos… ¿Por qué quedarte? No es como si me conocieras.
-No quería dejarte sola hasta ver con mis propios ojos que estuvieras bien. Pensé que lo mejor era quedarme hasta que apareciera algún familiar tuyo. Y la verdad, me siento incapaz de irme, contigo así. Puedes necesitar ayuda. ¿Ahora te puedo hacer una pregunta ti?
-¿Qué?
-¿Con quién puedo hablar para avisarles lo que te sucedió?
-No tengo familia aquí. Y mi amiga viajo a Nueva York ayer. Va estar varios días por trabajo.
-¿Vives con ella?
Asentí.
-Temporalmente.
Me miro como pidiéndome que continuara.
-Llegue hace casi dos semanas. Y la verdad no he hecho amigos. Podría llamar a algún conocido de ella con los que me he encontrado recientemente, pero, no recuerdo sus números.
-Entonces, luego llama a tu amiga.
-Lo hare. Por cierto ¿Qué hora es?
-Las cinco de la madrugada. Tal vez podrías dormir un poco más. –Me propuso.
Buena idea. Pensé.
La verdad era que lo único que quería hacer era dormir, me sentía agotada. Con mucho cuidado me volví a recostar en la cama. Peeta acomodó la almohada bajo mi cabeza y me tapó.
-Gracias.
-¿Estas cómoda?
Aunque estaba lejos de estar cómoda en mi estado, asentí. Sin embargo, minutos más tarde ya estaba dormida.
