Hola nuevamente :) Aquí una nueva actualización del fic. Espero que lo disfruten.
CAPITULO 7: ¿Recaída?
POV KATNISS
Desperté por el ruido y unas voces que sentí, era Peeta hablando con una mujer. Él le estaba agradeciendo por algo, y ella le respondió. Después sentí el ruido de algo siendo depositado sobre la mesita a mi lado y más tarde pasos alejándose. Y finalmente, silencio.
Abrí los ojos. Era de día, el sol que entraba a través de la ventana iluminaba toda la habitación. Peeta seguía sentado a mi lado, con la mirada fija en un libro que tenía entre sus manos, pero cuando percibió mi mirada sobre la suya, cerró el libro y lo dejo en su regazo centrando su atención en mí.
-Buenos días. –Me saludo con una sonrisa en su rostro.
No respondí inmediatamente. Acerque mi mano buena a mi cara y frote mis ojos mientras bostezaba. Luego lo mire.
-Hola. –Susurre. -¿Quién estaba aquí?
-Te despertó.
-Sí. ¿Quién era?
-Una enfermera. Te trajo el desayuno.
Tan solo con la mención de Peeta sobre el desayuno, me dio hambre. Había pasado casi dos días sin comer. Mi cuerpo pedía comida.
-Ahora debes recuperar fuerzas y… debes estar muriéndote de hambre.
Mi mirada le dijo todo. Sonrió.
-Bien. Deja que ayude. –Peeta presiono algo al borde de la cama que yo no pude ver, y luego empecé a ascender, al menos la mitad superior de mi cuerpo. Hasta quedar sentada y derecha, solo inclinada levemente hacia atrás. Era una cama reclinable.
-Disculpa que no haya hecho esto antes. No sabía cómo funcionaba. Cuando estabas dormida, la doctora paso unos minutos a verte y me explico. ¿En esta posición estas cómoda?
-Es perfecta.
Luego tomo la bandeja de plástico, separo las patas de la base y las apoyo entre ambos costados de mis piernas. El desayuno era muy básico: cuatro galletitas de agua envasadas, mermelada en dos potecitos pequeños, un saquito de te común, sobrecitos de leche en polvo y azúcar. Arrugue la nariz. Me estaba muriendo de hambre y solo me daban esto.
-Se que no es muy apetitoso pero…
-Lo sé, no es un hotel.
-No iba a decir eso. Hasta esta simple comida te puede caer mal ahora. Tómalo con calma. ¿Qué vas a querer?
Agarre el sobrecito de leche, y él me lo quito de la mano. Echo el contenido en la taza y le agrego agua. Mientras yo lo revolví y le agregue azúcar a mi gusto, él le coloco la mermelada a las galletas.
-Gracias.
-Desearía que no volvieras a decir eso. Me hace sentir aun peor.
-¿Prefieres que este insultándote y maldiciéndote en este momento?
-Creo que tampoco me gustaría. Pero me sorprende que no lo hayas hecho.
-Creo que aun no asimilo del todo lo que sucedió.
-Es decir que es cuestión de tiempo.
-Si te sirve de consuelo sentí el impulso de golpearte cuando me lo dijiste, pero…
-Pero…
-Pero me sentía tan débil y confundida que me contuve.
-Puedes hacerlo cuando quieras. Me lo merezco. Fui un idiota. –Hizo una pausa y luego agrego: -De hecho, puedes hacer lo que quieras conmigo. No te detendré.
"Puedes hacer lo que quieras conmigo. No te detendré."
Esas palabras se introdujeron en mi mente e involuntariamente me ruborice. Extrañamente me inundaron un montón de ideas, planes y cosas que podía hacer con él. Pero ninguna incluía golpes o agresión, por el contrario, todas eran muy agradables.
Concéntrate. Me dije a mi misma sintiéndome una tonta por andar fantaseando con un joven hermoso que acababa de conocer. Apenas lo conocía. Y aunque era claro que él no tenía otra intención, mi mente malinterpretó sus palabras.
-Eres extraño. –Otro en su lugar me estaría rogando clemencia.
-Solo trato de ser justo contigo.
Empecé a tomar la leche, pero por alguna razón mi cuerpo rechazaba las galletas con mermelada que Peeta me había servido. Me obligue a comer una al menos muy lentamente mientras acababa la taza de leche. Pero sentí repulsión, nauseas y ganas de vomitar. Tuve que dejar lo que quedaba de la galleta en el plato.
-Katniss. –No le respondí. Cerré mis ojos e instintivamente apoye mis brazos contra mi estomago. Sus manos buscaron mi rostro, de un segundo a otro había pasado de estar sentado en el pequeño sillón a la cama. -¿Estas descompuesta?
Sin abrir los ojos, asentí. Quería ir al baño, pero como estaba no me podía ni mover.
-Iré a buscar a alguien.
-No te vayas. Ya se me pasara.
-¿Segura?
-Sí.
Apoye mi cabeza en su hombro, mientras él acariciaba mi espalda. Poco a poco la sensación de molestia desapareció, las nauseas cedieron, al igual que el dolor de estomago y los mareos. Me volví a recostar en la cama, Peeta no insistió en que siguiera comiendo, y yo no pensaba hacerlo. Solo le acepte un poco de agua.
Unas horas más tarde y después de que me viera la doctora y me diera otras medicinas, me trajeron el almuerzo. Esta vez mi cuerpo rechazo la comida, o al menos eso pareció al principio.
En la tarde, Peeta se fue para resolver un asunto urgente de su trabajo, pero me prometió que en cuanto se desocupara volvería, me dejo su teléfono móvil para que lo llamara si necesitaba algo.
-¿Y tú?
-Tengo el de trabajo en mi auto.
-¿Cuál es el numero?
Peeta me quito el móvil de la mano y empezó a buscar en la agenda, pero permitiendo que yo también viera lo que hacía.
-Es este. –En la pantalla del teléfono solo aparecía una simple palabra "TRABAJO" y a continuación habían dos números: uno del teléfono fijo y otro del teléfono móvil. –Llama a cualquiera de los dos.
-Te llamare. –Le asegure.
Luego hizo algo que me tomo por sorpresa, a modo de despedida me dio un beso en la frente mientras murmuraba una simple palabra: "Adiós". Pareció no darse cuenta que me había vuelto a quedar sin habla, como había sucedido antes cuando él me había descubierto acariciando su rostro. Dio media vuelta y se fue.
Pasar las siguientes horas sola, sin poder moverme, encerrada en una habitación de hospital, no era precisamente agradable, pero trate matar el tiempo haciendo otra cosa, por suerte Peeta me había dejado su libro para que pudiera entretenerme y hacer más liviano el tiempo durante su ausencia. A veces pasaba alguna enfermera a controlar que estuviera bien, darme medicinas y luego volver a irse. Al parecer ya consideraban que estaba lo suficientemente bien, como para quedarme sola.
Pero unas horas más tarde me empecé a sentir realmente descompuesta, esta vez sí vomitaría. Las nauseas volvieron con más intensidad. Me apoye en el borde de cama y apoye mis pies en suelo. Apenas apoye mi pie malo, sentí una punzada que me recorrió el cuerpo entero. Reprimí un grito de dolor. Mentalmente calcule la distancia que me separaba del cuarto de baño, solo unos cuatro metros, podía llegar… Con mucho cuidado me puse de pie y camine tratando de mantenerme cerca de la pared y sin apoyar mi pie malo en lo posible, aunque el dolor continuaba. No sé como hice, pero llegue al baño y me derrumbe en el suelo, no podía soportar estar parada. El dolor atravesó toda mi pierna. De forma refleja, me sujete del borde de la tapa del inodoro. Luego de que expulse toda la comida del almuerzo, me alivie un poco pero aun me sentía muy débil e incapaz de moverme, y al parecer el esfuerzo que había hecho para llegar al baño, me había provocado mareos y finalmente sentí como lentamente me desvanecía.
No sé cuánto tiempo paso hasta que escuche que una voz desesperada gritaba mi nombre.
¿Peeta?
Tenía que ser él.
-Estoy aquí. –Murmure apenas con mis labios estaba segura de que no me escuchado. Sin embargo él llegó a mí. Que en ese momento era un simple cuerpo inerte en el suelo.
-¡Oh, Dios mío! Katniss ¿Qué te paso? –Lo escuche hablar.
Peeta se puso en cuclillas a mi lado. Por fin pude fijar mi vista en la suya y por un momento todo estuvo bien. Me quede mirándolo por un tiempo largo sin hablarle. Hasta que él me pregunto:
-¿Estás bien?
-Depende de lo que para ti signifique "bien".
-Kat… -Susurro. Esperaba una respuesta de mi parte.
-Me descompuse y vine aquí. –Lo interrumpí.
Peeta miro en dirección al inodoro. Seguramente vio algún resto de vomito, porque, asintió.
-Ya veo. –Dijo mientras tiraba de la cadena del inodoro.
Si no me hubiera sentido tan mal, me hubiera muerto de vergüenza y me hubiera ruborizado. De hecho, de por sí ya me sentía avergonzada.
-Algo me cayó mal. –Explique.
-Debe ser por toda la medicación que te dieron, y que es tu primer comida luego de casi dos días. Tranquila. ¿Viniste sola?
Asentí.
Peeta me dirigió una mirada de reproche. Si, tenía razón en molestarse. No había actuado de forma adecuada. Pero estaba sola ¿Qué podía hacer?
-No debí dejarte. Lo lamento.
No tenia caso consolarlo, porque por más bien que se estuviera comportando conmigo ambos habíamos sido imprudentes en mayor y menor grado. Y como resultado, yo me encontraba internada en un hospital con muchas varias lesiones.
-¿Te has caído? ¿Te hiciste daño?
-No. Pero no he podido levantarme. –Dije señalando mi pie. Cada vez que lo intentaba, me invadía un dolor tan intenso que me hacia desistir.
-Yo te ayudare. Ven. –Primero me ayudo sentarme en una posición cómoda. Después con toda la tranquilidad y cuidado del mundo me ayudo a ponerme de pie.
-Ay. –Mi rostro se contrajo de dolor.
-¿Te duele mucho?
Asentí.
-Ahora te llevare a la cama. Pero antes vamos a limpiarte un poco.
Él me sujeto por el costado con uno de sus brazos, mientras que con su mano libre abría la canilla y me pedio que me lavara las manos. Después me limpio el rostro apenas rozando las zonas heridas con jabón, agua y una toalla. Y me paso un vaso con agua de la canilla para que eliminara los restos de comida y vomito que pudieran haber quedado en mi boca. Tome y largue agua una y otra vez hasta esa desagradable sensación y sabor de mi boca desapareció. Me sentía como una muñeca de trapo en sus brazos, de lo débil que estaba.
Me di vuelta. Nosotros quedamos frente a frente uno con el otro. Era la primera vez que lo podía ver como realmente era. Sin estar "muriendo", bajo el efectos de drogas, acostada en una cama o sintiéndome tan terriblemente agotada que prestar atención a cualquier cosa resultaba una tarea imposible. Ahora, entre sus brazos resultaba imposible pensar en otra cosa que no fuera lo que tenía frente a mí. Y no lo decía de una manera romántica, lo decía simplemente porque… Ni yo sabía porque.
Pero, Dios ¡Era atractivo! ¿Cómo no me había dado cuenta de eso antes? Era unos centímetros más alto que yo, su piel blanca, sus ojos de iris azules –se sentía como estar viendo un pequeño trocito de cielo en sus ojos –y su cabello. Era fuerte, lo podía notar en el modo en que me sostenía y la seguridad con que lo hacía. También había algo adorable e inocente en sus expresiones, cuando reía, sonreía de lado; incluso cuando lo veía triste, apenado, con la culpa reflejada en todo su rostro; o cuando lloraba. Era buena persona.
Fue entonces cuando decidí, que no lo condenaría por lo que había pasado, por lo que me había hecho. Ambos habíamos sido irresponsables. Y aunque no fuera así, Peeta no lo había hecho a propósito y realmente estaba arrepentido. Aparte con las atenciones que me estaba dando, no podía recriminarle nada. Se estaba comportando como correspondía que lo hiciera en la situación, tal vez hasta mas involucrado todavía. Podría haberse limitado a acompañarme hasta el hospital, y luego marcharse para dejarme bajo el cuidado exclusivo de los médicos. Pero no lo hizo. Eso debía contar como un punto a su favor.
-¿Sucede algo, preciosa? –De nuevo esa sonrisa picara de lado.
"Preciosa" esa palabra pronunciada de sus labios, me hizo estremecer. No solo por lo que significaba. Sino porque me recordaba alguien de mi familia. Alguien que cada vez me ve empieza a llamarme así, sobre todo cuando pierde la paciencia conmigo o se quiere burlar de mi o simplemente provocarme. Para mi tío Haymitch, "preciosa" era mi apodo personal. Y resultaba extraño, porque aparte de él, nadie se dirigía a mí de ese modo. Hasta hoy.
-¿Te parezco preciosa? –Pregunte curiosa, porque realmente minutos antes cuando me vi al espejo me asuste al verme tan herida y llena de moretones. No me veía precisamente atractiva en mi actual estado.
-¿Y a ti te pasa algo? –Me respondió con otra pregunta.
-Primero tú. –Me queje.
-No. Yo empecé a preguntar. Si contestas, yo lo hare después. –Al parecer esta situación le divertía.
Suspire. Tratando de hacer memoria de lo que quería decir.
-Quería decirte que decidí no tomar ninguna medida contra ti. Y que espero que dejes de culparte por lo que paso. Fue solo un accidente. Voy a estar bien, eso es lo único que importa. Y quería decirte principalmente que te perdono.
-Gracias. –Susurró.
-Pensé que el "gracias" estaba prohibido. –Bromee, acariciando su mejilla con dos de mis dedos. Aunque no sabía de dónde había sacado el buen humor en una situación así.
-Solo para ti. Yo puedo decir gracias las veces que quiera. –Aclaró –Ahora basta de charla. Te llevare a la cama. Debes descansar.
-No te atreverías. –Dije cuando note que su intención era alzarme.
-¿Qué apuestas? –Me desafió.
Me quede callada mirándolo.
-Katniss, acabas de confesarme que no te podías mover. Si caminas aunque estés sujetándote de mí, no será agradable para ti. Te llevare con cuidado ¿confías en mi? –Lo mire arqueando las cejas. –Bien, fue una pregunta estúpida. Pero, en serio, seré cuidadoso.
Él lo iba a hacer de todos modos.
Me rodeo con sus brazos y me alzo. Yo me aferre a su cuello con mis brazos para sostenerme. Al principio su contacto me resulto extraño, pero finalmente me relaje. Unos segundos después ya estaba al borde de cama, Peeta se las arreglo para correr las sabanas y dejarme sentada sobre la cama.
-¿Ves? No soy tan malo después de todo. –Dijo en tono tranquilo.
-Jamás dije que lo fueras. –Le sonreí.
Él me devolvió la sonrisa un segundo después.
En ese nos dimos cuenta de que alguien nos estaba observando. Nuestras miradas se dirigieron directamente hacia esa persona. La doctora Paylor. ¿Desde cuándo estaba parada en el marco de la puerta? ¿Cuánto había escuchado? Bueno, tampoco importaba. No era como si nuestra conversación fuera privada. Por eso me parecía extraño que me avergonzara tanto su presencia. Ella tenía una extraña sonrisa en su rostro.
-Bueno… veo que se están llevando bien. –Comento.
-Algo así. –Respondí.
-Perdón que interrumpa, pero debemos hacerte otro estudio, Katniss. Ahora.
-¿Qué tipo de estudio? –Pregunto Peeta.
-Solo será un chequeo para ver que evolución tuvo ella.
-Yo creo que sería mejor esperar. –Agrego Peeta.
-¿Por qué, Peeta? –Pregunto curiosa.
-Ella no se siente bien. Se ha descompuesto y cuando llegue recién la encontré tirada sobre el suelo del baño. Realmente me asuste, pero al parecer no fue nada grave.
-Katniss, explícame. –La doctora se acerco a mí.
-Fue como dijo él. Me sentí mal, fui al baño como pude, vomite, pero luego no pude volver sola por el dolor. Y luego Peeta llego.
-Ahora ¿cómo te sientes?
-Mejor.
-Puede por la medicación, es muy fuerte. No te preocupes, veremos si podemos cambiártela por otra. O suspenderte alguna.
-Acabas de decir que sentías dolor.
-Mi pierna. –Explique.
Después de hacerme una rápida revisión en la zona, me advirtió nuevamente que debía tener más cuidado en los próximos días y no volver a moverme de la cama sin ayuda de alguien mientras estuviera en el hospital.
-¿Y lo que me tienen que hacer? –Pregunte.
-Peeta, tiene razón. Te lo haremos mas tarde.
Cuando ella se fue, Peeta se sentó al borde de mi cama y tomo mi mano entre la suya. Yo hable antes que él.
-¿Pudiste resolver todo?
-No. Pero no quería dejarte tanto tiempo sola.
-¿Qué haces? –Pregunte.
-Soy abogado. –Lo mire sorprendida. -¿Te sorprende? Oh, ya sé lo que dirás… que todos los abogados somos corruptos.
-Si creyera eso no me hubiera me hubiera metido en la escuela de leyes.
-¿Tú también?
-Estoy estudiando. Espero terminar el próximo año.
Él sonrió.
-¿Dónde?
-En Estados Unidos.
-Entonces ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar allí?
-Ahora estoy estudiando a distancia.
Él asintió.
-Llamo alguien mientras tú no estabas. –Le dije antes de que me olvidara.
-¿Quién?
-Me dijo que era tu padre. Están preocupados porque hace unos días que no saben nada de ti y no vas al trabajo, ni a visitarlos.
-Ya hable con ellos. Me preguntaron quien eras tú.
-No les habías dicho.
-Estaba con mis pensamientos demasiado fijos en ti como para pensar en otra cosa. Ahora ya lo saben. –Hizo una pausa. –Cuando venia hacia aquí, te compre algo.
-¿Qué? –Eso me tomo por sorpresa.
-Necesitas ropa.
Peeta se paró y busco algo. Tomo dos bolsas que había dejado en el suelo y me las paso.
-No sabía que comprarte, le pedí ayuda a una vendedora que era parecida a ti. Espero que te quede.
Las bolsas contenían una blusa y una camisa en colores claros, y por otro lado dos pantalones livianos y sueltos, uno era largo y el otro me llegaba a la rodilla. Supuse que su elección se había basado en lo resultara más cómodo para mí y me daba a escoger entre esas opciones.
-Lindo detalle de tu parte. – En otra situación lo hubiera rechazado, pero teniendo en cuenta que mi ropa seguramente la habían hecho desaparecer y no tenia modo de llamar a alguien para que fuera por mi ropa, no lo podía rechazar. -¿Cuánto?
-¿Cuánto qué?
-Vamos. Esta no es ropa barata. –Me di cuenta al reconocer el nombre de la tienda impreso en las bolsas.
-¿Acaso importa? No pienso cobrártelo.
-Peeta, una cosa es que pagues la cuenta del hospital. –Me había dicho que se haría cargo de todos los gastos. –Pero, esto…
-No me debes nada. –Me interrumpió. –Considéralo un regalo. Y aunque insistas no te aceptare nada. Ahora solo debes preocuparte por tu recuperación ¿sí? –Dijo mientras apartaba un mechón de cabello de mi mejilla.
-Sí. –Acepte.
Unas horas después, desde el hospital se comunicaron con mi madre. Sabía que seguramente por más que ellos le aseguraran que estaba fuera de peligro, yo también debía darle una explicación razón por la que Peeta me prestó su teléfono móvil para hablar con ella. Me costó un rato tranquilizarla, y luego convencerla de que no hacía falta de que se hiciera un viaje hasta aquí, que yo estaba bien cuidada en el hospital y que Johanna volvería en unos días. Además estaba Peeta, aunque no sabía por cuánto tiempo. Pero pensé que una vez que me dieran de alta y volvería al departamento podría comunicarme con Cinna para hacerme compañía o ayudarme en caso que fuera necesario. Si Johanna confiaba tanto en él, no iba a cuestionar sus motivos. Pero me tomo por sorpresa cuando mi madre, pidió hablar con Peeta. También me asusto un poco. Mire a Peeta, que estaba de pie apoyado en la pared, cerca de la puerta. Le dije que no era necesario, pero insistió. La conocía lo suficiente para saber qué era lo más conveniente. Él no se lo tomó mal, me arrebato el teléfono y hablo con ella. No supe que hablaron porque Peeta salió rápidamente de la habitación y volvió veinte minutos más tarde.
-¿Qué te dijo? –Le pregunte preocupada.
-¿Además de querer matarme?
-¿Te dijo eso?
-No con esas palabras pero me lo dio a entender. No sería tu madre si no lo hiciera. No te preocupes. No fue tan malo. Al final pareció comprender y aunque no confía en mí, agradece que me haya hecho cargo y te este acompañando.
No dijo más.
Al día siguiente, Peeta fue a reunirse con la doctora. Al parecer ella lo había llamado para informarle sobre mi estado. No entendía porque no podían hablarlo junto a mí. Pero cuando volvió, lo hizo con una sonrisa extendida en su rostro, mostrando sus perfectos dientes blancos. Se veía más hermoso cuando sonreía.
-Tengo buenas noticias.
-¿Cuáles?
-Mañana temprano te darán de alta. Esta todo bien. Consideran que puedes seguir haciendo reposo en tu casa a partir de mañana. Me ha dado algunas indicaciones, y deberás a venir a controles durante estas semanas. Ya te lo explicara más tarde personalmente.
-Es una excelente noticia.
-Sí. –Asintió. –Se cuanto odias este lugar.
-Oh. No tienes idea de cuánto.
-Créeme que la tengo.
-¿En serio?
-Cuando era más pequeño pase tres semanas internado. Y estaba mucho peor que tú, como imaginaras.
-¿Por qué?
-Un accidente. –Se encogió de hombros. –Casi muero.
-Pero sigues aquí.
-Sobreviví. Supongo que tuve suerte. –Me sonrió e inclino su rostro hacia el mío depositando un beso en mi frente, que me hizo enrojecer de vergüenza y disfrutar en la misma medida. –Tú también estarás bien. Estoy para cuidarte.
Este chico que estaba frente a mi ¿era real? Era demasiado perfecto, demasiado dulce, respetuoso y protector. Parecía irreal aunque no lo era.
Chan Chan Chan
¿Les gusto el capitulo?
¿Ustedes también perdonarían a Peeta en el lugar de Katniss?
¿Creen que Katniss ya se esté enamorando?
¿Peeta actúa movido por la culpa y la preocupación que una persona decente en su lugar debería tener? ¿O hay algo más que lo mueve constantemente a estar con ella? Al menos la cree una joven hermosa ¿Sera simple atracción o algo más profundo?
Hasta la próxima actualización. Gracias por sus reviews, me hacen inmensamente feliz.
¿Qué creen que pasara en el siguiente capítulo contado por Peeta?
P.D. (1): A partir del siguiente capítulo, las cosas se pondrán mas movidas. Sé que lo están esperando y yo también. Este capítulo y el siguiente serán el comienzo de una hermosa relación Everlark. :)
P.D. (2): He subido dos fics más.
Uno es una carta que Peeta escribió a "Katniss" apenas fue sacado de la arena por el Capitolio. Él ha pasado cinco días internado en el hospital, y han pasado tres días desde que le dieron de alta y lo trasladaron a su piso. Peeta piensa que es el único vencedor que vivió y que todos los demás murieron, incluida Katniss. Ni Snow, ni nadie le han informado sobre la rebelión y los tributos que fueron sacados con vida de la arena. Razón por la cual Peeta está literalmente destrozado por la "muerte" de su único amor y para descargarse escribe una carta dirigida a ella en su diario, aunque sabe que ella nunca la leerá, que nunca volverá a él y que la perdió para siempre.
Y el otro está titulado "I'LL NEVER LET YOU GO" por un pequeño fragmento de la canción de Taylor Swift, "Safe and Sound". El titulo se puede traducir como "Nunca te dejare ir". A continuación dejo la sinopsis:
I'LL NEVER LET YOU GO
SINOPSIS
¿Qué hubiera pasado si la relación entre Katniss Everdeen y Peeta Mellark hubiera sido real desde el comienzo? Si Peeta hubiera dejado sus miedos de lado y se hubiera atrevido a confesarle sus sentimientos desde pequeño y siempre hubiera estado para ella. Si Katniss le correspondiera sin dudar en sentimientos desde aun antes de los Juegos. Si Prim hubiera sido cosechada y Katniss se presentara igualmente voluntaria y Effie no hubiera sacado el papel con el nombre de Peeta de la urna de los hombres ¿Qué hubiera hecho Peeta con tal de proteger a su novia, su único amor? Simplemente no la podía dejar ir. ¿Pero cuál sería el costo de todo esto? ¿Conseguirían milagrosamente sobrevivir los dos? Era algo improbable y hasta imposible. Pero valía la pena el riesgo.
Los otros fics pueden buscarlos en mi perfil.
Con esto último me despido. Pasen un lindo fin de semana.
Saludos.
Lucy N. Mellark Eaton
