CAPITULO 8: ¿AMOR A PRIMERA VISTA?

POV PEETA

Siempre estaré contigo

Te imaginas, un cielo para ver cada mañana

Y tu silueta recortada en el quicio de la ventana

Una sonrisa que no necesite nada para estar ahí.

Alguien que luche y que muera por ti

Puedes conseguirlo, pero tienes que quererte

Que la felicidad, no es una cuestión de suerte

Yo se que eres fuerte, aunque ahora te sientas frágil.

No puedo prometerte que la vida será fácil

Pero te prometo que yo voy a estar contigo

Solamente tienes que llevarme en tus oídos.

Yo seré tú luz cuando todo quede a oscuras

Y hare lo posible para resolver tus dudas.

Tan solo te pido una sonrisa a cada hora

Y que sepas que yo nunca te dejare sola

Y esto va para todas, por tanto para ti

Porque no hay nada mas mágico que una mujer feliz.

CORO:

Quizá no sepa levantarte, pero no te dejare caer

Sé que lo que te propongas, lo puedes hacer

Solo tienes que creer que yo ya estoy creyendo en ti

Y tienes toda una vida por delante para ser feliz.

Y si no sabes volar te enseñare a correr

Todo es poco si lo haces por una mujer

Porque ellas nos dan la vida, nos hacen robar estrellas

¿Pero cuántos de nosotros podemos vivir sin ellas?

Déjate en casa el maquillaje y los tacones

Que eres perfecta sin adornos, ni decoraciones

Y al que no le gusta, que no mire, qué más da

Que le den al qué dirán, hoy te toca ser tu misma.

Y si algún tonto dice que no vales tanto

Dale una sonrisa y luego sigue caminando

Mantén el paso firme y ardiente la pasión

Y más alto que la frente, solo el dedo corazón.

Aprovecha la ocasión de mirarte en el espejo

Y entender que no hay nada más bello que tu reflejo.

Ama con locura que eso cura cualquier daño

Pero hazlo si concorde a tus principios y tus años.

No tengas prisa que la vida no es corta

Ni le creas al primero que te dice que le importas

Pero no pierdas la fe, muchos si valen la pena

El amor suele llegar cuando menos te lo esperas.

CORO:

Quizá no sepa levantarte, pero no te dejare caer

Sé que lo que te propongas, lo puedes hacer

Solo tienes que creer que yo ya estoy creyendo en ti

Y tienes toda una vida por delante para ser feliz.

Y si no sabes volar te enseñare a correr

Todo es poco si lo haces por una mujer

Porque ellas nos dan la vida, nos hacen robar estrellas

¿Pero cuántos de nosotros podemos vivir sin ellas?

Aunque no lo creas, vales más de lo que piensas

Escucha al corazón cuando camines inciertas

Un consejo quiera el que quiere estar contigo

A veces un príncipe azul vale menos que un mendigo.

No dejes que te digan que nadie va a estar a tu lado

Que no vale la pena, o que no es el adecuado

Si lo quieres de verdad, que nada te influya

Déjate aconsejar, pero la decisión es tuya.

Tú tienes la rienda de tu vida y de tus sueños

Y solo tú decides quien entre y sale de ellos

Que le jodan al mundo, si el mundo no quiere verlo

Yo sé lo que vales, si tú llegaras a hacerlo.

Sé que una canción no puede cambiar las cosas

Pero sueño como seria si lo pudiera hacer

Entregarte cada amanecer un ramo de rosas

Y hacer de esta canción un libro para la mujer.

CORO:

Quizá no sepa levantarte, pero no te dejare caer

Sé que lo que te propongas, lo puedes hacer

Solo tienes que creer que yo ya estoy creyendo en ti

Y tienes toda una vida por delante para ser feliz.

Y si no sabes volar te enseñare a correr

Todo es poco si lo haces por una mujer

Porque ellas nos dan la vida, nos hacen robar estrellas

¿Pero cuántos de nosotros podemos vivir sin ellas?

"Siempre estaré contigo"

PORTA

Katniss estaba dormida, pero yo por alguna razón lo único que podía hacer desde mi posición en el sillón era mirarla. No lograba conciliar el sueño, desde que ella había despertado e incluso antes me había pasado los días en vela. Al principio era porque la culpa, la preocupación y la incertidumbre de no saber si ella sobreviviría me mantenían alerta constantemente. Cuando me dejaron quedarme con ella y supe que ya había reaccionado y ya no corría ningún peligro, me sentía tan feliz que sentía como mi corazón se hubiera detenido y luego hubiera vuelto a la vida. Al menos no cargaría con la culpa de la muerte de una chica por el resto de mi vida. No soportaría algo así. La felicidad se multiplico por mil cuando la vi despierta hable con ella.

Luego de encontrarla tirada en el baño dos días atrás, apenas la dejaba sola, ni siquiera dormía o al menos trataba de no hacerlo. Resultaba difícil cuando apenas había dormido en los últimos cuatro días. Dormía unos minutos y me volvía a despertar alarmado ante cualquier ruido o movimiento involuntario que Katniss hiciera, o hasta por el simple hecho de escuchar voces en el pasillo, cualquier cosa me despertaba. Miraba nervioso a Katniss pensando que le pasaba algo, al instante me relajaba a darme cuenta que seguía dormida.

Le iban a dar de alta en unas horas. Solo estaba esperando que ella despertara, que viniera algún médico o enfermero y me diera el permiso de llevarla al departamento de su amiga.

Mientras me entretenía viéndola, se veía tan relajada y tranquila. Pensé que sería mucho mejor si despierta siguiera igual, sin quejarse de dolor cada vez que hacia algún movimiento o más fuerza de la que debía. Me partía el alma verla así. Pero no podía cambiar lo que había hecho. Solo acompañarla y ayudarla.

Era mediodía, deje a Katniss en la habitación con una enfermera que seguramente la estaría ayudando a vestirse y arreglarse para irse del hospital, mientras yo firmaba papeles y documentos en la administración para el alta de Katniss, y pagaba la cuenta del hospital por la internación, la atención recibida y todos los estudios que le habían realizado. También fui a la farmacia que se encontraba a una cuadra del hospital, y le compre la medicación que la doctora le había recetado. Cuando volví a la habitación, Katniss ya estaba preparada, se había colocado la camisa color rosa claro y pantalón de seda blanco largo. Ambos parecían hechos para ella, se adaptaban a su cuerpo de forma perfecta.

-¿Cómo me veo? –Ella parecía insegura.

-Te ves hermosa. –Le dije sin pensar en lo que decía.

Ella se ruborizo.

-¿Es una broma?

-Jamás bromearía con algo asi.

-Creo que jamás me he visto peor en mi vida, Peeta. –Se quejo.

-Mira, podrías tener mil cicatrices en tu cuerpo y aun asi verte hermosa. Además, si dices que te ves terrible, no quiero imaginar cómo te ves cuando estás en un buen estado.

Ella sonrió.

-Gracias por la ropa.

-De nada.

-¿Nos podemos ir?

-Cuando quieras. ¿La enfermera que estaba contigo?

-Dijo que iba a buscar una silla de ruedas.

Katniss sostenía las muletas que le habían prestado en el hospital para que pudiera manejarse sola para ir al baño o moverse, luego del incidente que tuvo. Le resultaban bastante incomodas y eran demasiado altas para ella, pero eran mejor que nada. De todos modos, le iba a conseguir otras por mi cuenta.

Cuando la enfermera llego, yo la ayude a pararse y apoyarse en las muletas, para luego ayudarla a sentarse. Tome las bolsas que contenían la ropa; y en la que quedo vacía guarde la medicación y las pocas pertenencias que Katniss traía al momento del accidente y algunos elementos básicos de higiene que le había comprado. También cargue con las muletas, mientras la enfermera se encargaba de Katniss. Nos acompaño hasta el estacionamiento del hospital donde había dejado auto y me ayudo subirla. Se sentó en el asiento del copiloto y le coloque el cinturón de seguridad cuando me di cuenta que ella sola no podría. Su muñeca seguía molestándole mucho.

-Muchas gracias. –Le dije a la enfermera.

-De nada. –Respondió con una sonrisa.

Luego se dirigió a Katniss y le deseo una pronta mejoría y se despidió de ambos. Coloque las muletas y el resto de las cosas en el asiento trasero del auto. Cuando subí al auto, ella se quedo mirándome un rato.

-¿Qué? –Pregunte.

-La chica pensó que éramos novios. –Dijo entre risas.

-¿En serio? –Pregunte.

-Sí.

No resultaba extraño que llegara a esa conclusión, teniendo en cuenta que era la primera vez que la veíamos.

Yo también me reí. La idea era tan ridícula. Solo la conocía hace cuatro días y no de la manera que hubiera deseado.

-Seria un pésimo novio si fuera asi. Uno que casi te mata. –El periodo de bromas había acabado tan solo con pronunciar la última frase. Me hundí en mi asiento y desvié la mirada de ella.

Katniss trato de animarme.

-Pero estoy viva.

-Lo estas. –Sonreí. –Creo que es lo único bueno de todo esto. –También que me hayas perdonado y me dejes acompañarte, dije para mis adentros. Aunque no me lo merecía, me hubiera sentido peor si me dijera abiertamente que me odiaba y ni siquiera entendía el motivo. –Dime donde debo llevarte. –Finalice.

Ella me empezó a dar indicaciones sobre cómo llegar, pero no me hicieron falta y la hice callar, ya sabía donde quedaba el edificio de departamentos. Siempre pasaba cerca de allí cuando iba al trabajo.

Veinte minutos más tarde ya habíamos llegado, la ayude a bajarse y tome las llaves del departamento, luego volvería por el resto de sus cosas. Vivía en el séptimo piso asi que tuvimos que subir por el ascensor, pero aun asi le resulto difícil, mientras caminaba por momentos el dolor la paralizaba unos instantes y debíamos detenernos. Y en el ascensor deje que se apoyara en mí, mientras yo la sostenía de la cintura. Finalmente, llegamos a su piso y departamento. Abrí la puerta del departamento, la deje abierta para que pudiera pasar y entre yo. Era un lindo y amplio departamento y su amiga debía tener muy buen gusto, porque cada mueble, cada adorno combinaba con el resto de la habitación. Katniss se quedo mirándome inmóvil a unos pocos metros de mí.

-Adelante. –Me dio permiso para seguir.

Yo me había quedado inmóvil cerca de la puerta. Esperando no sabía muy bien qué cosa.

Asentí y cerré la puerta detrás de mí con llave.

Katniss siguió adelante tomándose su tiempo. No sabía a donde pensaba dirigirse, hasta que doblo, y paso por un pequeño pasillo que nos llevo al living. La ayude a sentarse en un cómodo sofá negro y largo ubicado en la mitad del living. Habían dos sofás y luego unos pequeños sillones ubicados alrededor de una mesa cuadrada de madera negra, de tal manera que estos formaban la mitad de un cuadrado casi perfecto. Y contra la pared de en frente se encontraba una un gran mueble con el televisor y cajones o vidrieras donde guardaban adornos, DVD's o CD's y papeles, algunos libros y adornos.

Le pase un par de almohadones para que se recostara y el otro se lo puse a sus pies para que apoyara su pierna mala.

-Gracias.

-¿Necesitas algo?

-No. Solo descansar un rato.

-Bien. Iré a buscar tus cosas al auto ¿sí? Enseguida vuelvo.

-No te vas ir y dejarme ¿verdad?

-No te dejare. –Le asegure.

-No te olvides de llevar la llave. –Me recomendó Katniss. Claro ella no podría abrirme la puerta.

Solo tarde unos minutos, pero cuando volví con las cosas de Katniss, ella ya estaba dormida. No quise molestarla. Asi que me fui del living, e inspeccione el departamento, la ubicación de cada habitación. Hasta que descubrí donde estaba la cocina. Pensé que sería una buena idea prepararle un buen almuerzo, luego de una dieta obligada y escasa en el hospital. Ahora debía recuperar fuerzas. Revise en la heladera y la despensa, mientras pensaba que podía cocinar con cada alimento que encontraba. Debía ser algo liviano -ya que no se encontraba muy bien estos días- pero algo que al mismo tiempo le resultara apetecible. Demore bastante en decidirme, no encontré mucho que cumpliera con ambas características. Además tenía el inconveniente de no saber que le gustaba a Katniss, pensé en despertarla y preguntarle, pero no sería correcto. Ella estaba tan pacíficamente dormida, que despertarla era un crimen. Solo tome una manta que se encontraba doblada y acomodada sobre otras en un pequeño sillón, y la tape con ella.

Decidí hacer tartas pequeñas con diversos rellenos, de ese modo Katniss podría escoger el que le gustaba más. No había masa de tartas en la heladera por lo que me tocaría prepararla por mi cuenta. No me molestaba, la vida entera me había pasado ayudando a mis padres a cocinar y de verdad me gustaba. Pero me tomaría más tiempo. Esperaba que Katniss durmiera unas horas más, lo que me daría tiempo a preparar todo.

Solo faltaban una media hora de cocción para última tanda de tartas, la mitad de las que había preparado ya estaban sobre la mesada tapadas con unos repasadores de tela gruesa blanca que destinaban para ese uso, no quería que perdieran de todo el calor cuando despertara Katniss. Me había inclinado cuatro distintos tipos de rellenos, esperaba que fueran de su agrado y había preparado dos o tres tartas con cada relleno. Cada porción era redonda y tenía el diámetro de una mano. Era una suerte que encontrara casi una docena de moldes de tartas de ese tamaño o similares.

-¿Peeta? –Escuche alguien gritar a lo lejos.

Katniss.

Baje el fuego del horno al mínimo, no quería descuidarme y que se quemara el resto de las tartas.

-¡Peeta! ¿Está todo bien? –Siguió diciendo en voz alta y cantarina, pero al mismo tiempo en su voz podía percibir preocupación. -¡Peeta! –Esta vez grito tan fuerte que hasta yo me asuste.

Salí corriendo de la cocina y me encontré con Katniss a medio camino entre el living y la cocina. Solo tarde un minuto a llegar a ella, por suerte siempre fui rápido. Por eso había gritado tan fuerte. Fue una suerte llegar con tanta rapidez porque justo en el momento que llegue a ella, la sostuve para evitar que se cayera. Un segundo más que me demorara y Katniss hubiera caído al suelo de mármol, y solo Dios sabe que otro daño hubiera sufrido. Pero luego fui yo el que di el paso en falso que me llevo directamente al suelo a mí y en consecuencia a ella. La abrace instintivamente de forma protectora, dejando que ella cayera sobre mi cuerpo, mientras yo recibiría la mayor y con suerte total parte del impacto, y no Katniss. Fue todo muy rápido, yo fundiéndome en un protector abrazo a ella. Ella cayendo lentamente siempre pegada a mi cuerpo. Yo impactando en el suelo de lleno. Ella ilesa gracias a mi abrazo. Un fuerte dolor en mi espalda y yo gimiendo de dolor. Mi cabeza cayendo preparándose para el impacto duro y frio contra el suelo de mármol y yo mentalizándome que perdería la conciencia momentáneamente cuando eso ocurriera. Pero en su lugar un brazo y una mano cálida llenaron el escaso espacio entre mi nuca y cuello, y el suelo impidiendo el impacto. Y finalmente los labios de la mujer más hermosa y cautivante de la tierra –no solo de la tierra, sino del universo- sobre los míos. Había tratado de no pensar en ella de ese modo, verla como una chica más que tuvo la desgracia de cruzarme en mi camino por obvios motivos. De hecho, había estado censurando mis pensamientos sobre ella durante todo el día. Pero resultaba difícil con su cuerpo y sus labios sobre mí. Era tan jodidamente hermosa. Y dulce. Y buena… No me hizo falta mucho tiempo para darme cuenta de eso. Sentí que mi mundo se detenía en ese instante, que todo a mí alrededor perdía sentido y lucia borroso, excepto ella, su cálido cuerpo contra el mío y sus labios. Que ahora besaban los míos con ternura y yo besaba los de ella correspondiéndole en sentimiento e intensidad. ¿Qué importaba el dolor de mi espalda? ¿De mis brazos? ¿O mis piernas? La estaba besando. ¡Dios! La estaba besando, no podía créelo. Y mucho menos podía creer que ella me devolviera el beso. Su aliento era fresco y cálido al mismo tiempo, y de su boca desprendía un aroma y delicioso sabor a frutilla. Me pregunte porque tenía ese delicioso sabor en sus labios y toda su boca, hasta que recordé los caramelos y chupetines que compre en el buffet del hospital para ella, seguro acababa de comer alguno de ese sabor. La frutilla convertía la actividad de besar sus labios, aun más tentadora. Sin duda había sido un accidente que sus labios cayeran sobre los míos. Pero estaba seguro que volvería a repetir la experiencia con tal de sentir sus labios acariciando los míos, mientras yo hacía lo mismo con los de ella.

No entendía que me pasaba… que nos pasaba. Yo no era asi, jamás había sido asi… tan… tan impulsivo. Jamás me había sentido asi. Jamás había sentido por alguien algo asi y de forma casi instantánea. Al menos no desde los trece años.

Yo me dejaba llevar por el momento. ¿Y ella porque lo hacía? Bueno, eso era un misterio. Pero lo estaba disfrutando. Requirió mucho esfuerzo de mi parte, pero recordé el motivo por el que habíamos acabado besándonos casi de forma desesperada, anhelante y al mismo tiempo extremadamente tierna. Habíamos caído y yo solo temía por ella. Aun con los ojos cerrados le rogué con voz preocupada y ronca, esta ultima por la sensación de placer que me provocaron sus besos.

-Por favor, dime que no te lastimaste. –Susurre contra sus labios, proporcionándole nuevas caricias con cada roce.

-No. –Contesto con una extraña voz, muy poco común en ella seductora, ronca y molesta. Y me dio un último beso en mis labios. En todo ese tiempo no habíamos apartado nuestros rostros ni un centímetro, solo habíamos apartado unos segundos nuestros labios para tomar aire y recuperar el aliento, para volver a nuestro labor.

Yo la veía y no lo podía creer. Sus pupilas estaba muy dilatadas y sus irises grises ya casi ni se veían, poco a poco fue cambiando, el tamaño de su pupila se contrajo hasta el tamaño normal y fue en ese momento que otros sentimientos la dominaron: la sorpresa, la incredulidad, la duda y el miedo.

Ella seguía encima de mí cuando me pregunto:

-¿Qué hicimos? –Todo su cuerpo temblaba, no obstante no entendía el motivo.

-Creo que nos besamos ¿no? –Dije, yo también con la voz y el cuerpo temblando.

-Fue extraño. –Reconoció.

-Fue sorpresivo. –De verdad, me había tomado por sorpresa.

-No debe volver a pasar.

Esas cinco palabras me partieron el corazón en mil pedazos. Pero no quise demostrar esas emociones frente a ella, porque ni siquiera yo entendía de donde surgían, ni la razón.

-No volverá a pasar. –Asegure en tan solo un susurro inseguro.

-Besas bien. –Dijo en tono confidente y por lo bajo. Un halago inesperado.

No sabía que contestar a eso, dije lo primero que se me vino a la mente.

-Tú también.

Creo que se había ruborizado, yo debía estar igual.

-Fue un error. –Dijo en un suspiro.

Si, lo había sido. No debió pasar asi. Cuando paso la emoción que experimente ante nuestros besos, me sentí extremadamente avergonzado y con una culpa tan grande como la que sentí permanentemente en el hospital. Había arruinado todo definitivamente. Ahora Katniss me pediría que me fuera, para no volver nunca más, por mi atrevimiento. Todo estaba espantosamente mal.

-Lo siento. –Le dije con voz quebrada. –Lo siento tanto, Katniss. Arruine todo. No volverá a pasar. Te lo prometo. –Solté todo de forma atropellada. Necesitaba que me perdonara, que confiara en mí.

-Fue algo de dos. Los dos nos… besamos. Yo también lo siento.

La situación se volvió tensa e incómoda para ambos. Pero al menos, no parecía odiarme. Y eso muy en el fondo me tranquilizo. Katniss se sentó sobre mí con sus rodillas casi rozando mi cadera. Ella estaba convaleciente, le resultaba imposible moverse más que eso.

-¿Te has hecho daño? –Le pregunté nuevamente preocupado.

-Tú me protegiste. ¿Y tú?

-Tú me protegiste del peor golpe que pude haber recibido. Gracias.

Porque si mi cabeza hubiera golpeado el suelo, -y ella no hubiera puesto su mano entre medio- hubiera recibido un buen golpe en mi cabeza. Tal vez me hubiera desmayado con la rapidez e intensidad con la que caímos.

-¿Y el resto de tu cuerpo? No creas que no sentí el golpe del impacto y tú quejándote de dolor.

-Sobreviviré. –Intente agregarle una nota de humor a mi voz. Aunque mi espalda dolía, en algunas horas se me pasaría. Con algo de dificultad y ayuda de Katniss me senté. Nuestros cuerpos quedaron peligrosamente cerca y podía sentir su aliento golpeando agitadamente mi rostro. Yo seguía aturdido por la caída y por lo que había seguido. Pero trate de ocultarlo y mantener la calma. Ayudamos a levantarnos mutuamente, alce a Katniss y la lleve a la cocina, la senté en uno de los taburetes con respaldo que había alrededor de la mesa.

-Algo se está quemando. –Me advirtió ella con la mirada fija en mí.

Tenía razón. Al segundo siguiente, corrí a apagar el horno, me había olvidado completamente del almuerzo. Por suerte las tartas se habían salvado, apenas se habían quemado en la orillas, pero la masa estaba aun más dura que las de las anteriores. También había arruinado su almuerzo. Al parecer todo me salía mal con Katniss. La había atropellado, besado sin permiso y quemado su almuerzo.

Lance un insulto en voz alta, mientras depositaba la bandeja en la mesada y revisaba los daños.

-No te preocupes, Peeta. A mí también se me quema la comida a veces. –Me susurro de forma tranquilizadora. –No debí interrumpirte. Pero de verdad estaba preocupada.

-Preocupada… -Repetí, saboreando la palabra. ¿Por qué estaría preocupada?

-Desperté y no estabas conmigo. Pensé que te habías ido, vi un maletín de cuero que no había visto jamás junto a las dos bolsas y supe que estabas un uno de los sillones vacios. Te empecé a llamar y no contestabas, me preocupe cuando sentí olor a lo lejos, no pensé que estabas cocinando. Me levante y decidí buscarte por mi cuenta, de paso averiguar de dónde venía el olor.

Recordé su voz desesperada llamándome

-No debiste moverte. –Le susurre.

-Lo sé. Reposo absoluto. Me dieron de alta con esa condición. –Hizo una pausa. –Aparte me siento muy torpe ahora con esto y usando esas muletas. Y odio profundamente el piso de mármol del pasillo. –Agrego haciendo alusión al lugar donde nos habíamos caído y posteriormente besado. –No me ayuda en nada ahora. –Tenía razón, yo me había resbalado a pesar de tener mis dos piernas sanas. Era muy resbaladizo. Por suerte por lo que pude ver, solo se encontraba en el pasillo y el recibidor.

-No dejare que te caigas nuevamente. –Me miro una forma extraña. Pude notar que estaba recordando lo sucedido. Trago saliva, y nerviosa como estaba desvió la vista.

Lo que reafirmo en mi mente la idea de que había sido un grave error.

Pero intente decir algo que la aliviara.

-No fue planeado, pero fue solo un beso. –Dije sin pensarlo. –No tenemos de que avergonzarnos.

Aun asi no dejaba de ser incomodo. Katniss lucia ausente durante el almuerzo. Lo único que hizo fue elogiarme por la comida. Era la primera vez que la veía comer alegre. Ella había odiado la comida del hospital, ni siquiera llegaba a comerse la mitad del plato que lo dejaba. A veces cuando le daban algo más o menos apetecible pero se sentía descompuesta, insistía en que yo comiera lo que le quedaba, porque si ella comía un bocado más vomitaría. Era en el único momento que aceptaba su propuesta. No era buena mintiendo y su cuerpo en esos casos la delataba. Sino seguía insistiendo en que se alimentara. Ahora Katniss comía con tantas ganas, repitiéndose porciones, no había rechazado las que estaban algo quemadas tampoco. Eso me hizo sonreír, no me había equivocado. Yo había cortado en cuatro partes cada tarta de diferente relleno, y nos íbamos sirviendo la cantidad que desaseábamos. Katniss probó al menos una porción de cada una, pero la napolitana parecía ser su favorita. Porque la repitió un par de veces. Comió el doble que yo. Cuando se quedo satisfecha, dejo el plato y los cubiertos a un costado. Comprendí que Katniss había pasado más hambre en el hospital de la que aparentaba, luego de pasar varios días descompuesta sin probar prácticamente nada. Era bueno ver que se estaba recuperando y que las molestias cedían hasta desaparecer. Y verla más animada y relajada en su hogar. En el hospital, no había estado asi. A veces era opacada salvo por la obvia tensión entre nosotros. Y volvían los momentos incómodos, pero con el paso de las horas tratamos de olvidarlo y al parecer lo conseguimos de cierta forma porque durante la cena hasta unas horas más tarde acabamos conversando animadamente sobre cosas irrelevantes o comunes de nuestra vida, sobre las cosas que amábamos y odiábamos, nuestras manías, nuestros pasatiempos. Fue agradable. Pude conocerla como realmente era y viceversa. Con cada palabra que decía, estaba más seguro de una cosa: deseaba conocerla mucho más.

Katniss ya había hablado con su amiga. Al parecer no fue una tan buena charla. Johanna estaba hecha una furia al principio, porque Katniss no se había comunicado con ella en días y estaba preocupada, incluso había llamado a un amigo para que fuera al departamento para constatar porque Katniss no le hablaba. Su amigo tenía la llave del departamento y había entrado, pero después de recorrer todo el departamento no había encontrado a nadie. Su amigo le aviso a Johanna y ella se quedo aun más preocupada. Luego de que supiera lo que había ocurrido, lo único que sintió fue preocupación, pero se sentía impotente porque no podía volver antes de que se cumpliera la semana. Katniss la tranquilizo y le dijo que estaba conmigo, que yo estaba cuidando de ella, incluso durante la internación. Y que si necesitaba ayuda extra se la pediría a Cinna, tal como habían quedado de acuerdo, y que si no lo había llamado a él antes era porque no sabía su número de memoria y no llevaba su teléfono móvil al momento del accidente. Hablaron hasta que Johanna se tranquilizo y quedaron de acuerdo en algunas cosas más que Katniss no me conto.

Ya era casi medianoche cuando luego de que terminara una película le dije a Katniss que se fuera a dormir. La acompañe hasta su habitación y luego la deje sola avisándole que me quedaría cerca por si necesitaba algo. Pero cuando golpee la puerta veinte minutos más tarde, ella me dejo pasar. Ya estaba recostada en la cama, tapada protegida del frio.

-¿Quieres algo?

-No. Estoy bien.

-Voy a dormir en el living, si necesitas algo solo grita y yo vendré. Pasare a verte de vez en cuando de todos modos.

-No. Tú mejor aprovecha y duerme. Lo necesitas más que yo. –Me dijo en tono tranquilo.

Katniss repentinamente se perdió en sus pensamientos. Perecía avergonzada. ¿Y esta vez por qué?

-¿Pasa algo?

-Nada. –Cuando hable, volvió en sí misma. –Que pases una buena noche, Peeta.

-Lo mismo digo.

Me pase unas cuantas horas dando vueltas sobre mi cama improvisada en el sofá, tapado con dos mantas y varias almohadas en mi cabeza. Me moría de sueño, pero me sentía incapaz de dormir. Insomnio. Eso me pasaba cuando me sentía ansioso por algo. Y no me resulto difícil entender el motivo. La culpable era la chica que en estos momento dormía en su habitación. Podría haberme repetido a mi mismo que yo me sentía asi solo porque estaba preocupado por ella, pero eso sería mentira. Lo que me tenía realmente sorprendido, exaltado, asustado era lo que había pasado hoy. Pensé que si Finnick estuviera conmigo aquí ahora se estaría partiendo de risa al verme. ¿Qué me había dicho un millón de veces? Debía salir con chicas. No había salido con Katniss, pero la había besado. Si, Finnick se estaría riendo de mí, luego me daría unas palmadas en el hombro y me felicitaría. Creo que la forma y el contexto en el que se había producido todo lo sorprendería inicialmente.

No era que no hubiera salido con nadie, ni que nunca hubiera besado. Lo había hecho. Había salido con chicas en la secundaria, pero jamás se dio algo realmente serio como un noviazgo. Ninguna había dejado una huella en mí. Jamás me había enamorado. Y desde la época de universidad solo había puesto mi atención en los estudios, mi familia y mis amigos. Y el trabajo. Lo demás había pasado a un segundo plano para mí. Tal vez no exactamente a un segundo plano, pero como había recordado Finnick algunos días atrás, estaba esperando a la persona adecuada con la cual compartir mi vida. Y aun no la había encontrado. Por todo eso, me resultaba aun más desconcertante mi reacción ante Katniss. Jamás me había comportado de ese modo. No entendía que me pasaba, ni porque ella me hacía sentir asi. Era una locura teniendo en cuenta no la conocía.

En algún momento conseguí dormirme. Al fin.

-¡AHHHHHHHHH! –Un grito desgarrador me despertó de mi sueño. -¡AHHHHHHH!

Me desperté algo aturdido y alterado. No entendía que pasaba. ¿Qué había sido ese grito? ¿Parte de un sueño… mi imaginación… o era real?

Más gritos siguieron cada vez más lúgubres, más hirientes. Entonces lo comprendí.

-Katniss. –Hable sin pensar, casi de forma automática. En mi cabeza me imagine los peores de los escenarios, pero no permití que eso me afectara. Debía averiguar que le pasaba, que provocaba esos gritos. Corrí hasta llegar a su habitación, abrí la puerta y la cerré después de entrar. Lo que me encontré me sorprendió, me desespero y me asusto en la misma medida. Katniss estaba en la cama moviéndose de forma desesperada mientras su cuerpo se contorsionaba con cada movimiento, lloraba, gritaba, gemía y no dejaba de repetir entre sus gritos el nombre de alguien… Jerome. Era una pesadilla. Seguramente una muy mala para que ella reaccionara asi.

Me acerque a ella, y empecé a gritar su nombre desesperado por tratar que apártala de esa pesadilla. No podía explicar con palabras que sentía al verla asi. Me destrozaba ver a las personas sufrir de esa manera, pero con Katniss era diez veces peor, jamás había visto sufrir, llorar y gritar tanto a una persona mientras dormía. Ni siquiera a mi hermanita que de pequeña tenía tantas pesadillas y venia a mi habitación o la de mis padres llorando en busca de consuelo, o nosotros que la escuchábamos a lo lejos e íbamos a verla, y luego yo me quedaba contándole cuentos, leyendo en voz alta un libro o simplemente hablándole para tranquilizarla hasta que ella se dormía, y si me lo pedía, yo pasaba el resto de la noche con ella, protegiéndola de sus peores temores. Pero jamás había visto a mi hermana como Katniss estaba ahora. Una pesadilla tan vivida e intensa. Y eso me asusto. Debía encontrar una manera de despertarla.

Hice de todo, le hable, le grite, la tome de sus hombros sacudiendo su cuerpo, acaricie su rostro, le di palmadas a sus mejillas… Nada funcionaba. Me desesperaba verla asi. Seguía llorando, gritando, moviendo violentamente su cuerpo, sus brazos. Lagrimas salían de sus ojos. Ya no sabía que mas hacer para alejarla de ese suplicio.

-¡Katniss! Por favor, mírame. –Le grite. –Katniss, no es real. Es solo un sueño. Estas a salvo. – Hice lo último que me quedaba por intentar. Si eso no funcionaba, no sabía de qué otra forma aliviar su dolor. La abrace y la atraje hacia mí mientras ella gritaba. Como para demostrarle que no estaba sola, que nada de lo que soñaba era real y que la protegería. –Tranquila, ya estás bien. –Los gritos se convirtieron sollozos, gemidos y llanto. –Lo que sea que hayas soñado, no fue real ¿me oyes?

Ahora, si. Katniss había despertado, pero seguía aterrada. Se aferro a mi espalda, clavándome las uñas de sus manos de forma inconsciente, pero no me importo. Lo único que sentía por ella era pena y unas enormes ganas de consolarla. Escondió su cabeza en mi pecho. El espacio que nos separaba se redujo, como si de eso dependiera su vida. Katniss seguía llorando, pero no se atrevía a mirarme. Sabia como era seo, las pesadillas a veces te acompañan hasta cuando estas despierto. La consolé y acaricie. Espere con paciencia hasta que se tranquilizo y emitió un último sollozo.

-¿Ya te sientes mejor? –Le pregunte al cabo de unos minutos.

Ella asintió, aun sin mirarme.

-Bien. Ahora, mírame. Mira a tu alrededor. Veras que todo está en orden.

Ella obedeció, pero a la inversa. Miro hacia cada costado como una forma de asegurarse de que no estaba en ese lugar tan horrible de su pesadilla. Después de eso, centro su atención en mí. Sus labios se movieron claramente queriendo pronunciar mi nombre, pero el sonido nunca salió de ellos.

-¡No me dejes! –Me rogo… imploro. Había interpretado mal el hecho de que justo en ese momento haya apartado uno de mis brazos de su espalda. Pero no pensaba dejarla, solo quería borrar cada rastro de dolor de su rostro, empezando por las lagrimas que caían por sus mejillas y humedecían sus pestañas y su piel. Ella solo me miro y trate de sonreírle dándole ánimos.

-No me gusta que llores. Haces que yo también me sienta mal.

Me maldije a mi mismo una vez que lo dije en voz alta. Eso sonaba muy… profundo. Pero al fin al cabo asi me sentía.

-Sonríe y tranquilízate, porque no te dejare.

-¿Lo prometes?

-Lo prometo.

Katniss sonrió ante mi repuesta.

Verla animada y feliz era lo que más quería en la vida.

Hola aquí tienen el nuevo capítulo, personalmente me gusto mucho escribirlo. Aquí empezó la acción entre Peeta y Katniss.

¿No es un tierno Peeta? : 3 Ya se enamoro de Katniss. Katniss también, pero es un poco cabeza dura como para reconocerlo. Y ya tuvieron su segundo beso… Se preguntaran "¿Pero qué dices? Si, este es el primero." Pero se equivocan ustedes, no yo. Y como soy muuuuuuuy mala, no les diré nada ¿Se mueren por saberlo? Pues, quédense con las ganas. Ya lo descubrirán a su tiempo XD Bueno, tal vez les diré un poco, como que tienen un pequeño momento del pasado que compartieron juntos, pero que aun no se reconocen. Presten atención a los próximos capítulos, las conversaciones entre Peeta y Katniss y sobre todo anécdotas de la niñez de Peeta o cosas en común que tenga con Katniss y se pueden dar una idea aproximada de lo que es. Si lo descubren antes de tiempo, les tiro un rico pan quemado… hecho por Peeta. Hablando en serio, si en el momento que publique cierto capitulo, lo descubren o tienen una leve sospecha díganme en sus reviews. Si alguien lo descubre publicare un pequeño fragmento con la anécdota del momento exacto en que sus vidas se cruzaron por primera vez. ¿Les gusta la idea?

Pobre Katniss, torturada por la muerte de su padre incluso en sus pesadillas :( Pero al menos, ahora tiene a Peeta para consolarla. *-*

Otra cosa ¿Les gusto la canción que escogí para la introducción del capítulo? La encontré cuando estaba editando el capitulo y me pareció muy hermosa, que refleja lo que Peeta está empezando a sentir por Katniss.

Hasta la próxima actualización :)

Los quiero.

Lucy N. Mellark Eaton