CAPITULO 9: PESADILLAS
POV KATNISS
"Lo que nos amenaza de verdad y cuesta más de combatir es algo que procede de nuestro interior. El impacto y el dolor de una pesadilla pueden ser mucho mayores que el de un puñetazo. Asimismo, a veces lo que duele no es tanto ese puñetazo como la emoción tras él."
John Katzenbach
"Tristeza es el vacio del alma por la ausencia de alguien."
Había tenido un sueño tan raro como aterrador.
Yo estaba cerca de un lago, el lugar me resultaba familiar. Había estado miles de veces con mi familia allí cuando teníamos un fin de semana libre. Pero aquí era diferente, solo estaba con mi padre y yo era tan solo una niña. Mi padre cantaba mientras buscaba algo en los alrededores. Y yo lo miraba fascinada. Escucharlo cantar esas melodías suaves y hermosas era una de las mejores cosas del mundo. Mi padre volvió conmigo trayendo consigo un puñado de frutos comestibles que le había pedido que me seleccionara de una planta.
-Aquí tienes, Kat.
-Gracias.
Mire lo que tenía en su otra mano, un ramo de rosas blancas. Cuando le pregunte para que las quería, se rio y me regalo una diciéndome que eran para las mujeres más importantes de su vida: yo, Prim y mama. Le sonreí y él me abrazo. Luego, insistió en que debíamos regresar a casa, porque mama debía estar preocupada por nuestra ausencia y se estaba haciendo tarde. Durante el camino de vuelta, ya en el auto, le pregunte a mi padre, cual era esa melodía que había escuchado tararear cerca del lago. Él me dedico una sonrisa, y me pregunto si estaba segura de querer saber. La intriga me gano y le dije que sí. Empezó esta vez a cantarla mientras manejaba, pero esta vez con letra. Decía así:
En lo más profundo del prado, bajo el sauce
Hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;
Recuesta tu cabeza y cierra tus adormilados ojos
Y cuando los abras de nuevo, el sol estará en el cielo.
Aquí es seguro, aquí es cálido
Aquí las margaritas te protegen de cualquier daño
Aquí tus sueños son dulces y mañana se harán realidad
Y mi amor por ti aquí perdurará.
Sentí una sensación agridulce, la letra era hermosa, la melodía dulce y suave, pero su significado por alguna razón me entristeció.
-Es hermosa. Pero…
-Triste. Si, lo sé. –Me interrumpió.
-¿Por qué la cantas?
-Me la enseño mi madre. Porque me recuerda a ella, supongo. –Pude ver tristeza en su mirada, pero sin llanto. Era evidente que le costaba mucho hablar del tema, debido a que ella había muerto recientemente, pero aun era muy pequeña para entender hasta que punto.
Jugué con el tallo de la rosa unos momentos y pregunte.
-Tú jamás nos dejaras ¿verdad?
-¿Qué te hace pensar eso, pequeña?
-No quiero que nos dejes como la abuela.
-Tu abuela estaba enferma y era mayor.
-Sí, pero esas cosas suceden.
-No sucederá.
-¿Por qué?
-Planeo vivir muchos… muchos años con ustedes. ¿O quien piensas que correrá a los novios de tu hermana y los tuyos en el futuro? –Bromeo.
-No planeo tener novio.
-Oh, claro que si, pequeña. Los tendrás. Pero que no sea demasiado pronto, si quieres que viva lo suficiente.
-Papa ¡no es gracioso! –Me queje.
-Tampoco lo es para mí. –Pero se rio de todas formas. –Hija, nada, ni nadie nos separara. –Volvió a ponerse serio. –Te lo juro. –Luego me miro con un amor y ternura genuina consolándome.
Pero de un segundo a otro, todo se volvió una pesadilla. Mi padre manejaba con una sola mano, mientras que con la otra acariciaba mi rostro unos segundos. Maldijo entre dientes, al ver algo extraño que yo fui incapaz de ver hasta que estuvo frente a mi por la niebla y la oscuridad. Un camión apareció ante mi vista, el conductor venia a contramano y estaba fuera de control. Choco contra nosotros. Perdí la consciencia casi de inmediato. Cuando volví a reaccionar, seguía desorientada y con un terrible dolor en cada célula de mi cuerpo. Pero no pensé en mí, busque de inmediato a mi padre, seguía a mi lado herido e inconsciente, su rostro estaba casi irreconocible por las heridas y la sangre. Empecé a llamarlo y no contestaba. De algún modo pude mover mi dolorido, magullado y débil brazo para poder tocar su rostro, que cayó hacia un costado y comprendí la situación real. Estaba muerto. Y él ramo de rosas que habían caído entre medio de ambos asientos habían dejado de ser blancas. Solo había sangre y más sangre en sus pétalos blancos. Su sangre. Lo había perdido para siempre…
-Katniss… ¡Katniss! Por favor, mírame. –Me grito alguien. Pero yo lo ignore. Seguí gritando hasta que me quede sin voz. Espere a recuperar algo de voz y seguí gritando. –Katniss, no es real. Es solo un sueño. Estas a salvo. –Alguien me rodeo con sus brazos y me atrajo hacia su cuerpo con rapidez y fuerza sorprendente. Pero luego el abrazo se torno tierno y reconfortante. –Tranquila, ya estás bien. –Los gritos se convirtieron sollozos, gemidos y llanto. Todo al mismo tiempo. –Lo que sea que hayas soñado, no fue real ¿me oyes?
No le respondí, aun no podía afirmar nada, la imágenes de mi pesadilla seguían paseando por mi mente y atormentándome. Ni siquiera había sido capaz de abrir los ojos y ver quien me estaba consolando. Sin embargo, escondí mi rostro en su pecho y rodee su espalda con mis brazos, acercándome aun mas a él, reduciendo el espacio que nos separaba al mínimo. Necesitaba ese contacto, necesitaba sentir que no estaba sola y que todo no había sido más que una terrible pesadilla. Que cuando abriera los ojos, todo volvería a la normalidad. Él empezó a acariciar mi espalda, mi cabello y mi cuello. Poco o poco fui calmándome, pero aun seguía con lágrimas en mis ojos. Había pasado tanto tiempo así, que moje parte de su camiseta con mis lágrimas, pero a él no pareció importarle. Emití tal vez uno de mis últimos sollozos.
-¿Ya te sientes mejor? –Me pregunto en tono tranquilo. Asentí, aun si apartar mi rostro de su pecho.
-Bien. Ahora, mírame. Mira a tu alrededor. Veras que todo está en orden.
Abrí los ojos y mire hacia los costados sin apartarme de él. Primero, un lado; después otro. Estaba en mi habitación, la habitación que Johanna había preparado para mi él día que le dije que deseaba pasar una temporada con ella. Vi los brazos fuertes que me sostenían y consolaban y una camiseta blanca mojada en una pequeña zona por mis lagrimas. Luego lo mire a él.
Peeta.
Fije mi mirada en la suya. Peeta me miraba con preocupación, como si temiera que de un momento a otro perdiera el control de mi misma y volviera a entrar en ese estado de desesperación. Pero no iba a pasar. No a menos que esa pesadilla volviera como me pasaba cada cierta cantidad de tiempo. Peeta aparto su brazo derecho de mi espalda, y yo temí que se apartara de mí y me dejara sola con mis pesadillas abrumándome. Definitivamente no quería estar sola esta noche. Pero no me dejo, mientras continuaba sujetándome con un brazo, empezó a acariciar mi rostro con su mano libre y limpiar mis ojos mi rostro lleno de lágrimas con sus dedos. Ese gesto me sorprendió tanto, que me quede atontada viéndolo. Su gesto era dulce y delicado. Había olvidado la última que alguien que no fuera mi hermana, o mis padres me habían tratado así.
-No me gusta que llores. Haces que yo también me sienta mal.
-Lo sien-to. –Dije con voz cortada.
-No lo sientas. A veces llorar es bueno.
-No es bueno.
-Pero ayuda. –Agrego él.
-¿Por qué viniste? –Le pregunte con curiosidad.
-Te escuche gritar desde el living, y pensé que te había pasado algo. Cuando entre a verte estabas moviéndote, tu cuerpo se sacudía como si estuvieras tratando de escapar de algo y me di cuenta que estabas dormida. Te estuve llamando mucho tiempo, me estaba preocupando. También mientras gritabas decías el nombre de alguien.
-¿Jerome? –Pregunte. Peeta asintió. –Mi padre. –El solo decir eso, hizo que volviera a derramar un par de lagrimas más, que Peeta se encargo de hacer desaparecer.
-¡Oh, Katniss! ¿Él murió? Soñaste con eso ¿No? –Luego se cayó al darse lo que dijo. –Lo siento. No me debería meter. Ni siquiera nos conocemos.
-No. Está bien. Supongo que debo darte una explicación luego de esta escena.
Y para que no piense que estoy loca.
Espero pacientemente.
-Sí, mi padre murió hace unos años atrás. No me gusta hablar de eso.
-No es necesario que lo hagas.
-Mi pesadilla tuvo que ver con eso, en cómo murió. Hacía mucho que no tenía esta pesadilla, y mucho menos tan vivida e intensa, tan… -busque una palabra que pudiera resumir lo que sentí. –Fue tan real. Supongo, que el accidente reavivo mis pesadillas nuevamente.
Mi padre había muerto en un accidente automovilístico, pero no había tenido la suerte de salvarse como yo la tuve días atrás, no había tenido a nadie que lo ayudara, el conductor abrió se había dado a la fuga, dejándolo abandonado y solo en la ruta mientras agonizaba. Cuando lo encontró alguien que pasaba, llamo a la policía y ambulancias, ya fue demasiado tarde…
Decidí no pensar más en eso, no quería volver a quebrarme emocionalmente nuevamente. Peeta descanso mano detrás de mi cabeza y dejo que apoyara mi cabeza sobre su hombro. Agradecí internamente su gesto. Era justo lo que necesitaba en ese momento.
No me importaba que él cuatro días antes casi me matara, ya se había disculpado y yo le había creído, fue un accidente, jamás tuvo la intención de herirme. Además no podía odiarlo después de todo lo que había hecho por mí desde el accidente. Se había pasado más de un día, esperando por tener alguna noticia, para asegurarse de que estuviera bien y despertara. Y cuando lo hice, jamás me dejo sola, me atendió y estuvo pendiente de cada cosa que necesitaba. Eso debía contar para algo. Como sabia que estoy sola aquí, que mi amiga estaba de viaje y no conocía prácticamente a nadie, se había ofrecido para quedarse conmigo, y aunque me negué en un principio, él no cedió. No se iba a ir, no pensaba dejarme sola en mi estado. Al pensarlo bien, él tenía razón. Aun me sentía muy débil, molesta y mi fractura de tobillo, con la maldita bota que me habían obligado a usar no era de mucha ayuda. No podía hacer casi nada con mi mano derecha, cada vez que hacia un movimiento aunque fuera mínimo lloraba de dolor. Me sentía una inútil total. La doctora me había dicho que con el transcurso de los días disminuiría el dolor y me iría recuperando. Que ya me encontraba lo suficientemente bien para hacer reposo en casa y me había dado turnos para que fuera a verla regularmente durante el periodo de recuperación. Cuando, Johanna llegara le tendría que pedir a ella que me acompañara al principio. Por ahora tenía a Peeta para ayudarme.
-Deberías intentar dormir, Katniss. –Susurro al cabo de unos minutos. Él también había apoyado su cabeza en mi hombro.
-No quiero… no podría. –Volver a dormir me aterraba, si dormía las pesadillas volverían. Y eso no lo soportaría.
-Son las tres de la mañana. Y tú necesitas dormir para recuperar fuerzas.
-Ya lo sé. Pero tengo miedo.
-No debes tenerlo. –Hizo una pausa. –Hagamos una cosa.
-¿Qué? –Esta vez ambos levantamos nuestras cabezas y nos miramos. Nuestros rostros solo se encontraban separados por escasos centímetros. Podíamos sentir el aliento del otro sobre nuestro rostro.
-Cuando tengo pesadillas, hay algo que ayuda.
-¿Qué?
-Ver películas, por ejemplo. O leer un buen libro, escuchar música, pintar. Algo que me relaje y mantenga mi mente despejada. Algo que me haga olvidar las cosas malas que me atormentan.
-¿Y te funciona?
-A veces no. Pero algo debo hacer.
Pensaba decirle que me dejara en paz, despierta. Pero cuando vi su rostro pude ver lo cansado que él estaba y las grandes ojeras que se formaban bajo sus ojos. Los últimos días los había dedicado exclusivamente a mí y prácticamente no había dormido, o lo hacía de a ratos, debido que se despertaba al menos diez veces para asegurarse que estaba bien. Y en la posición más incomoda sentado en un sillón pequeño o torcido con su cabeza sobre el colchón de la cama del hospital y el resto del cuerpo en su sillón tal como lo había encontrado cuando desperté en la habitación común por primera vez. Eso no era nada cómodo. Sino, lo hacía por mí, debía hacerlo por él. Esa sensación de querer hacer lo mejor para él, me trajo a la mente otra situación. Cuando todavía estaba en la calle, y él y un doctor que no conocí, pero trabajaba en el hospital (según Peeta) estaban intentando mantenerme con vida mientras esperaban a que llegara una ambulancia. Yo escuchaba su voz llamándome y pidiéndome que me quedara, que resistiera. Y yo intentaba con todas mis fuerzas hacerlo y no dejarme arrastrar por la oscuridad que me llamaba cada vez con más intensidad. Pero no por mí, sino por esa persona que lloraba sobre mi cuerpo. ¿Por qué tenía ese efecto sobre mí? Esa una gran pregunta, al principio sin respuesta. Pero luego de pensar en un motivo lógico que lo justificara, llegue a la conclusión que por algún motivo él podía representar a mis seres queridos y lo que sufrirían si me pasara algo. Era la explicación con más sentido que pude encontrar. Aparte, no razonaba coherentemente en esos momentos.
-Quiero ver una película. –Le dije al cabo de unos minutos. –Pero ¿te puedo pedir una cosa?
-Lo que sea.
-Quiero que te quedes conmigo. Aunque sea hasta que me duerma. –No creía que pudiera conciliar el sueño de otra manera.
-Kat…
-No tienes que aceptar, sino quieres. –Le interrumpí al notar que estaba algo incomodo con la idea. –Olvida lo que dije, yo me las arreglare. –Tal vez tenia novia y le estaba pidiendo demasiado. Pero, la pesadilla me había dejado tan asustada, que si me quedaba sola me volvería loca. –Lamento haberte pedido esto. Puedes irte a dormir. Yo estaré bien.
Peeta se levanto dispuesto a irse, besándome la mejilla a modo de despedida. Luego se fue. Me sentí mal, rechazada, herida y ni siquiera entendía porque. Él no era nada mío, no me debía ni cariño, ni lealtad, ni atención. Me había ayudado lo suficiente hasta ahora. No debía importarme, ni afectarme, pero lo hacía.
La puerta volvió a abrirse menos de diez minutos después. Un Peeta alegre apareció en el marco de la puerta. Con dos pilas de películas en sus respectivas cajas.
-¿Romance o comedia? –Pregunto.
Me quede mirándolo con los ojos como platos. No esperaba que regresara.
-Disculpa la demora. Tu amiga parece ser una gran cinéfila. Me costó encontrar alguna adecuada. Tuve que descartar las de acción y terror. No te ayudarían a ti ahora.
-¡Oh, sí! Ama el cine. ¿Comedia romántica?
-Déjame ver. –Miro entre la pila de películas y leyó la contraportada de las películas que él no conocía. –Estas cuatro. –Dijo mientras dejaba el resto de las descartadas sobre el escritorio donde yo solía trabajar y estudiar. Donde ahora mismo estaba mi notebook. Se acerco, se sentó en la orilla de la cama y me paso las películas. Vi los títulos y le mostré una. Peeta sonrió. –Por mi está bien. –Peeta la tomó y prendió la televisión, lo configuro para poder ver la película y luego coloco el DVD en el reproductor. Espero que empezara a reproducirse y luego se acercó. Se sentó al otro lado de mi cama y se quito el calzado. No preste atención a los créditos iniciales, solo a él ¿Qué iba a hacer?
Él pareció no darse cuenta que lo estaba observando, al menos no al principio. Se sentó en la cama con su espalda en el respaldo como yo y se tapo con las sabanas. Era una suerte que la cama fuera de dos plazas en vez de una. Me miro, sus ojos se encontraron con los míos. Pude ver algo brillando en ellos unos instantes o tal vez era mi imaginación. No podía creer lo que le había pedido y mucho menos como él acepto. Me estaba volviendo loca. Jamás había hecho algo así con un desconocido. "Oye, tengo una pesadilla ¿podrías pasar la noche conmigo?" Definitivamente el accidente había afectado el escaso sentido común que me quedaba.
Pero de todos modos no me importo cuando él me pregunto.
-¿Hasta que te duermas?
-Gracias.
-De nada.
La película era una de mis favoritas. Contaba la historia de Henry, un biólogo marino al que no le gustaba el compromiso e inventaba miles de excusas diferentes a sus conquistas para que luego lo dejaran en paz. Pero todo cambia cuando conoce a Lucy, una joven que un año antes había sufrido un grave accidente que le había dejado secuelas. Ella vivía su vida normal durante el día. Pero, al día siguiente no recordaba nada de lo que había hecho el día anterior. Henry se enamora ella, y hará todo tipo de locuras para reconquistarla cada día. Cuando estaba comenzando la película me di cuenta de que era un error ver esta película con Peeta, muchos hombres odian las películas que hablan sobre sentimientos. Debí haber escogido una de comedia. Pero cuando lo vi sentado cerca de mí, con la mirada fija en la televisión sonriendo y riendo en las partes divertidas, mi miedo de quedar en ridículo desapareció. Peeta también la estaba disfrutando.
-¿Qué pasa? –Me pregunto en un momento que me había descubierto viéndolo.
-Nada.
-¿Te sientes mejor?
Asentí. Él sonrió de lado y me tendió la mano. Tome su mano entre la mía.
Cuando la película termino seguíamos despiertos, pero ya empezaba a notar que el sueño nos estaba venciendo a ambos. Peeta había cabeceado un par de veces pero no se había dormido completamente seguramente por mí. Peeta apago el televisor y se dirigió a mí.
-Intentemos dormir un poco.
Yo acepte. Me recosté con ayuda de Peeta, porque en cuanto me moví mi pie me dolió tanto que me hizo llorar.
-¿Te duele mucho?
Asentí.
-Podría darte el calmante ahora. De todas formas tendrías que tomarlo en una hora. No hay mucha diferencia.
-De acuerdo.
El volvió a salir de la habitación y regreso minutos después con un vaso de agua en una mano y una pastilla en otra. Me dejo la pastilla en la palma de mi mano buena, la coloque en mi boca, y aguante las ganas de vomitar, el sabor era horrible aun sin masticarla. Peeta me paso el vaso de agua y empecé a tomar hasta que finalmente pude tragarla. Después continúe tomando agua hasta dejar vacio el vaso, para eliminar el horrible sabor que había dejado en mi boca.
Peeta se rio a carcajadas. Se estaba divirtiendo a lo grande a costa mía. Yo le dedique una mirada dura.
-Ya me gustaría verte a ti tomando toda la medicación que me dieron.
-Lo siento. Es que te veías graciosa. –Dijo aun sonriendo y con sus ojos azules brillando. -¿Quieres más agua?
-No.
-¿Necesitas algo más?
-Solo ven a dormir. Luces aun más cansado que yo.
Se volvió a recostar en la cama a mi lado.
-Peeta.
-Dime. –Se giro en mi dirección. Sus ojos me examinaron detenidamente. Dude un instante entre preguntárselo o no, pero la intriga me mataba.
-Cuando hablaste de que tu también habías sufrido un accidente. Cuando aún estaba internada. ¿Cómo fue?
-No creo que quieras escuchar la historia ahora, pero prometo contártelo en la mañana.
Algo cambio en su mirada cuando hablo de eso. Definitivamente había tocado un tema doloroso. Que estúpida había sido.
-Yo sé lo que te pasa. –Susurro. –No tienes nada que temer. Y si vuelves a tener una pesadilla, recuerda que estoy contigo.
Peeta se acerco más a mí y me envolvió con sus brazos tiernamente. Dejo que me acomodara y apoyara mi cabeza sobre su hombro, había creado una especie de almohada con su brazo. Me sorprendió al principio, pero me sentía a gusto entre sus brazos, envuelta en la calidez de su cuerpo, sintiendo su presencia y el aroma de su piel. Por algún insólito motivo me sentí segura con él. Sentía que nada malo podía sucederme.
-Me quedare toda la noche, si eso te ayuda.
Sonreí. Eso sonaba perfecto.
No me tomo mucho tiempo. Minutos después me deje llevar por el mundo del sueño, pero esta vez sin preocupación alguna y lo más importante… sin pesadillas.
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Doremi, dazulu y 1Virus 20 Gracias por sus reviews :)
1Virus 20 cuando leí tu review del Cap. 7, ya tenía escrito el Cap. 8. Me sorprendió porque acertaste en todo respecto a lo que le sucedería a Peeta en el capítulo siguiente, casi como si me hubieras leído la mente XD
Doremi Katniss tiene a Peeta loco, loco, loco y de cabeza, lo tiene todo dando vueltas mareaito con su amor XD (OK Me declaro fan de Chayanne ). Peeta se enamorara aun mas que ahora y se volverá más profundo el sentimiento. Falta mucho por ver.
dazulu Si, eso parece. Capte tu atención :) ¿Pero a cuál de las recompensas te refieres? Ambas son tentadoras. Jajajaja. Voy a editar algunos capítulos más cercanos a este para tirarles algunas pistas. Me parecería interesante que lo descubran por su cuenta, de hecho ya les tire una pista en los capítulos anteriores. ;)
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Les dejo un adelanto del próximo Capitulo 10
"Tome un puñado de harina en mi mano y se lo avente a Peeta que se encontraba tan solo a dos metros de mi frente a mí. Una parte cayó en su espalda. Él no reacciono la primera vez y continúo de espaldas a mí. Volví a repetir lo mismo una segunda vez.
-¿Pero qué...? –Peeta se volteo sorprendido. –Katniss… -Me reto.
-No hice nada. –Puse mi mejor expresión de inocente. Peeta puso los ojos en blanco. Al ver que no molestaba nuevamente se dio vuelta para seguir lavando. Lo volví a atacar, esta vez la harina había caído en su cabello y su cuello. Tome un puñado más de harina en cada mano. Me voltee para no mirarlo, en el fondo quería provocarlo. Podía sentir su mirada atrás mío. Y ya no se sentía el ruido del agua corriendo. Un minuto más tarde, lo tenía frente a mí. Con una rapidez increíble movió mi taburete hacia un costado para que quedáramos frente a frente. Coloco sus manos a los costados de mis piernas sobre los bordes del asiento y su rostro tan cerca del mío, prometía venganza.
-Señorita Everdeen. –Dijo con voz dura y segura. Pero no podía ocultar que algo le divertía la situación. –Temo informarle, que usted está en serios problemas. No importa que tan herida este.
-No lo creo, señor Mellark.
-¿Por qué? –Me desafió.
-Usted jamás lastimaría a una mujer.
-¿Eso cree?
-Sí. –Y en ese momento le largue el resto de la harina que quedaba en mis manos. Él cerró los ojos como auto reflejo, y los volvió a abrir. Su cara estaba blanca como la de un payaso, con la diferencia de que un payaso se maquillaba y a Peeta yo lo había bañado de harina, hasta sus pestañas y cejas estaban llenas de harina. Se veía muy gracioso. Me reí a carcajadas. –Ahora si te ves guapo. –Bromee.
-Asi que la señorita quiere guerra. Pues guerra tendrá.
(…)"
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Saludos,
Lucy.
